[Rol con Yomisma]

Cachorros y Amos  ♥  Agradecimientos  ♥   Entrevistas ♥  FAQ  Música ♥  Mis Arts FanartsRol 

 

Este es uno de los primeros roles que escribí con una amiga muy querida, Yocita. Esta incompleto, pero me ayudó mucho para comenzar con mis personajes de Cachorros y amos.

 

Advertencia: contenido homoerótico

 

Todavía no se acostumbraba del todo al oficio que estaba ejerciendo. Le gustaba el sexo, sí pero jamás planteó trabajar de eso. Además ahí no podía elegir a quien se follaba, estaba a disposición del dinero. La persona que tuviera dinero, se lo follaba, así de simple. Tenía veinte años y ya sentía que estaba muriendo por dentro.

Caminaba por la calles sin mirar realmente lo que estaba a su alrededor. No le interesaban las otras personas, no le interesaba ni siquiera él mismo. Hace mucho tiempo comprendi que solo estaba existiendo ya que haba olvidado como vivir. ¿Patetico? Posiblemente, pero era su existencia y no la del resto.

Hacía frío y René necesitaba abrigarse de alguna manera. Se metió en el primer callejón que encontró y sopló sus manos; a lo mejor de esa manera podía dejar de temblar. No, no funcionaba. Sacó un cigarro de su bolsillo izquierdo, l encendió y dio la primera calada con verdadero deleite.

Miró a ambos extremos del callejón y se sorprendió a no encontrarlo vacío. Seguramente no era el único que trataba de protegerse del frío. Un poco de conversación no le haría mal. Se acercó a los dos muchachos que estaban allí y los saludó con una inclinación de cabeza. Sacó el paquete de cigarros y se extendió.

Dos pares de ojos silenciosos y solo una mano que se estiró a tomar lo que se ofrecían. La más pequeña sin embargo. Momento siguiente una más grande se los arrebató. Tomó tan solo uno y le tendió la cajetilla luego de colocárselo entre los labios. Esperando que se haga la luz o que el cigarro se encendiera espontáneamente.

Sonrió de medio lado  ante la acción de los muchachos. Eran desconfiados, eso se podía notar a leguas. Sacó el chispero del bolsillo y le encendió el cigarro. Le dio otra calada al suyo y los miró fijamente.

—Supongo que no están aquí porque les agrada el frío. ¿Cuál de ustedes se vende?

Sabía identificar a sus compañeros de oficio a kilómetros. A lo mejor era porque ya llevaba tres años en eso. O quizás era porque algo en la cara de las personas lo evidenciaba.

La pregunta a quemarropa caló más que el viento helado en sus huesos. Noel tuvo la necesidad de retroceder pero como en todo lo que hacía, se contuvo. Apenas resopló ligero y ladeó la cabeza. A su lado Pat respiró pesadamente.

—¿Quién quiere saberlo?  — preguntó el pequeño rubio robándole las palabras a su hermano.

Fumó nuevamente de su cigarro y los evaluó. El rubio carecía de dominio de sí mismo. Oh, se mostraba un poco desafiante y en control pero realmente no lo tenía. Le recordaba un poco a él mismo cuando era pequeño. Por otra parte el moreno si era más dominante, por lo tanto no se vendía.

—Solo un compañero de profesión. Todavía son demasiado jóvenes para follármelos, sin ofender.

Fumó y sonrió. Se acercó al que parecía más pequeño y enarcó una ceja.

—Se ve que eres tú el que se vende. Sumiso, pasivo con una pose de desafío para cobrar lo que tú piensas que vales. Sí, definitivamente tú eres el puto.

Un escalofrío recorrió su cuerpo y hasta hizo que los cabellos de la nuca se le levantaran. Estuvo tentado de esconderse tras Noel pero al voltear a verlo lo encontró igual de pasmado. Hubiera deseado que dijese algo, cualquiera cosa, pero se limitó a soplar algo de humo hacia un lado.

No tenían que responderle, tampoco necesitaban a alguien que les hiciera perder el tiempo. De todos modos la noche estaba algo lenta y el frío espantaba a la gente de las calles. Maldita sea, quería un cigarro también como quería una chaqueta más abrigadora, un plato de sopa caliente y tener un lugar a donde ir a refugiarse del tiempo inclemente. No iba a ser posible nunca y menos esa noche.

Sobretodo con semejante estorbo en el panorama.

—Gracias por el cigarro, mejor nos vamos.

Por fin la voz de su hermano, huyendo como un cobarde. Detestaba a Noel con la misma intensidad con la que lo adoraba.

Suspiró y desvió la mirada. Orgullosos habían salido los mocosos. Sabía por lo que estaban pasando. No, no es que sintiera empatía por ellos, jamás había sentido algo así pero los podía comprender mejor que nadie.

Le dio la última calada al cigarro y lo tiró lejos. Las cosas se haría a su modo d, de eso estaba seguro.

—Venga, tienen frío, seguramente tienen hambre. Yo los invito a comer y pueden quedarse en mi apartamento. No intentaré nada, como dije recién, me gustan mayores y mejor alimentados.

Patrick hizo una mueca y ahogó una grosería. Sonaba interesante la idea pero iba costar más que eso para que Noel confiara en un desconocido aunque desde el momento que le aceptó el cigarro empezó a pensar que ese no era su hermano. El rey de la paranoia había recibido el tabaco como si fuera pan del cielo. A decir verdad se estaba muriendo de hambre.

Noel aún conservaba el cigarro en la boca y lo sostenía como si lo necesitara para vivir.

—Queda muy lejos?

Definitivamente algo raro tenía ese bendito cigarro. Noel iba a ir de la mano de aquel desconocido a su departamento como una mascota amaestrada si es que se lo permitía. Seguro que si los dejaba solo también iba a comer de su mano. No podía permitirlo.

—¿Vamos a ir con él?

No era que no lo hubieran hecho antes pero siempre terminaban en un cuarto de motel de medio pelo. Un lugar conocido, nunca demasiado lejos de la puerta, siempre una vía de escape a la mano. Pat se dio cuenta que se estaba volviendo igual de paranoico que Noel.

—A unas cuantas cuadras de aquí.

Volvió a sonreír y se giró, dándoles la espalda. Sería interesante evaluar el oficio desde una perspectiva distinta a la suya. Seguían interesándole las personas ¿qué podía decir? Eran juguetitos interesantes sobre todo si eran dos críos que no sabían las mañas todavía.

No le interesaba enseñarles, pero a lo mejor escuchándolo algo podían aprender. Con toda la mala intención del mundo miró al rubio y sonrió.

—Tú puedes quedarte aquí si quieres.

Patrick no se contuvo más y tomó el brazo de sus hermano sin ningún tipo de vergüenza. Noel era suyo y nadie se lo iba a quitar. Como era de esperarse empezaba a caminar detrás de él como el perrito que era, seguro que hasta le iba a mover la cola.

—¿En serio vamos a ir con él?

Le preguntó en un susurro. Noel no tuvo que responderle, bastaba con que lo mirara con la misma expresión neutra de siempre. Giró el rostro para que no se le perdiera de vista.

Podía entender la preocupación de Pat pero estaba haciendo demasiado frío y necesitaban comer algo de cuando en cuando. Inclinó ligeramente una mejilla sobre la cabeza rubia que iba adherido a su lado, eso bastaba para tranquilizarlo. Ese sujeto que iba delante de ellos le recordaba a alguien más. Su manera de hablar, el modo como caminaba, como se movía, hasta la forma de su cuerpo. Mejor concentrarse en lo importante, un plato de comida y hasta que un baño con agua caliente. Si había algo de eso al final del camino iba a caminar hasta el mismo infierno si era necesario. Lo malo es que siempre terminaba arrastrando a Pat en todo eso. Al final que estuvieran ambos en el negocio como lo había mencionado el desconocido, era también culpa suya.

Su apartamento no era demasiado grande, pero sí era cómodo y era suyo. Tres años de polvos en los mejor círculos sociales de la ciudad había bastado para que René tuviera el dinero suficiente para pagarlo.

Abrió la puerta y entró mientras sacaba otro cigarro de su bolsillo. Lo encendió y se dirigió a la despensa para ver qué tenía de comer. Nada. Tendía que probar en el congelador. Nada tampoco. Frunció el ceño y decidió poner el hervidor eléctrico para preparar café mientras esperaban la pizza que iba a pedir por teléfono.

—Pónganse cómodos, pediré una pizza por teléfono ¿O prefieren comida china?

Caminó en busca del teléfono inalámbrico y de paso buscó unas mantas dentro e un armario. Las tomó y se las pasó a sus invitados.

—Si quieren pudo prender el calefactor.

No perdieron el tiempo y se envolvieron en el pedazo de calor que les brindaba su anfitrión. De pronto él hacía demasiadas preguntas. Pat respondió  que estaban bien así, porque era cierto. Noel estaba a punto de hundirse dentro del confort que le brindaba la cobija y la superficie tan blanda bajo su cuerpo. El sillón tenía la suavidad de una pluma y la habitación de los más acogedora, tanto que por un momento bajó la guardia no por  mucho tiempo, recobró la compostura casi avergonzado. Pat a su lado recorría con los ojos el espacio que lo rodeaba, los colores de las paredes, los cuadros y las cortinas pesadas cubriendo las ventanas. Parecía un palacio de aquellos cuentos que su imaginación adoraba recrear. Sin duda estaban en una especie de palacio y su anfitrion debía ser de la realeza.

De pronto le pareció tan extraño estar sentado en ese lugar. No había nada más ajeno a un espacio tan elegante que los dos sentados en medio. Ante la luz artificial sobre sus cabezas pudo ver claramente la realidad de ambos. Mal vestidos, bastante delgados y tan fuera de su realidad como piedras entre nubes.

Quizá no fue una buena idea después de todo. Noel no tenía remedio, empezaba a arrepentirse muy pronto de sus decisiones. Les dijo que les daría algo de comida, eso era suficiente. Un rato de calor y algo en el estómago iba a ser bastante para mantenerlos vivos en aquel frío durante el resto de la noche. Apenas se fueran de aquel departamento iba a mandar a Pat a descansar aunque de verdad deseaba quedarse en ese lugar tan cálido el resto de sus dias.

Llamó al local de comida china. Viendo a los muchachos era mejor que comieran algo medianamente decente y una pizza no lo era. Colgó el teléfono y y fue a la cocina para servir tres cafés. Los puso en una bandeja y los dejó en la mesa que estaba frente al sofá donde estaban sentados su invitados. Se podía ver que la vida no les había tratado bien. Lo más probable es que se movieran sólo por la calle, un lugar no del todo bueno para trabajar de puto. Tomó una de las tazas de café y bebió un pequeño sorbo para después dejarla sobre la mesa y encender otro cigarro.

No solía simpatizar con nadie pero esos pequeños le recordaban a él cuando recién comenzó. Le dio una calada al cigarro y frunció el ceño en busca de las palabras adecuadas.

—Miren, no tengo problemas con que se queden a dormir acá. El sofá es desplegable así que pueden usarlo como cama. No les cobraré, no les pediré que me la chupen ni nada de eso.

Patrick casi deja caer la taza de entre sus dedos, no porque estuviera caliente sino porque aún se le llenaban las mejillas de color ante la más chiquita insinuación. ¿De qué estaba hablando? Si no quería dinero ni otro tipo de favores ¿Qué era lo que quería?

Noel evitó responder bebiendo apurado y a sorbos el líquido caliente, no le gustaba mucho hablar de todos modos, nunca tenía nada que decir. En casos como estos la experiencia le enseñó a quedarse en silencio y sobrellevar la situación, lo que no le enseñó era a actuar cuando no sabía con que iba a pagar la “bondad” espontánea. Según él eso no existía, por lo menos en el mundo que le había tocado conocer. Todo cuesta, todo tiene un precio, hasta un trocito de tranquilidad como el momento presente.

Ante la mirada intensa de su anfitrión llevó sus ojos grisáceos al suelo, al lado de sus pies sobre la delicada alfombra que decoraba el lugar. Pero él lo seguía mirando, quería que le respondiera o quizá solo que dieran una señal de vida. Entonces solo asintió volviendo sus ojos sobre aquel gentil desconocido.

—En qué lío se había metido? Sabía como serían sus reacciones, él mismo las había tenido hace un tiempo atrás. Suspiró y le dio una calada al cigarro. Debía explicar las cosas o los mocosos creerían cosas equivocadas.

—Estuve donde están ustedes ahora. Sé lo que es vivir en la calle, sé lo que es el frío y tener que chupársela a alguien sólo para poder entrar en calor. Por eso les ofrezco mi casa. Me hubiese gustado que cuando yo me encontraba en esa situación alguien me ayudara.

Se levantó y fue en busca de un cenicero. La comida tardaría unos cuantos minutos más en llegar y él, milagrosamente, no tenía clientes esa noche.

—Entonces ¿Lo haces por qué te damos lástima? Eso es peor que tener que hacerlo por dinero. No necesitamos tu ayuda y la de nadie. Ni siquiera debimos venir aquí, seguro que eres un enfermo y… y un perverso de esos que… Nunca debimos haber venido, mejor nos largamos. No necesitamos nada de ti.

Si había algo que podía esperarse de Patrick era que hablara de más Sus estallidos de histeria eran algo común y últimamente sumamente inoportunos. A veces deseaba que se olvidara de cómo hablar  y hasta de cómo hilar ideas. Se había puesto de pie y la manta que les daba calor estaba sobre el suelo aun tibia. Noel la recogió con suma tranquilidad para colocarla luego sobre el sillón. Pat aun temblaba quizá de frío o quizá de rabia. De todos modos los iban a largar del lugar, menos mal que no había acomodado demasiado.

Por lo menos no era un cliente, no habían tenido ni uno solo en lo que duraba la noche. Se quedó esperando las palabras del anfitrión quien hizo una pequeña pausa para voltear a mirarlos. Seguro iba a empezar a reír antes de botarlos y llamar a la policía. Mejor se iban de una vez, aunque le hubiera gustado tomar un poco más de café.

Rodó los ojos. Sí, definitivamente se había metido en un lío. Soltó una ligera carcajada y apagó el cigarro que tenía en los dedos para prender inmediatamente otro.

—No me dan lástima. No me dan nada. Pensé que les agradaría dormir en una cama caliente, para variar, pero si prefieren la calle es problema de ustedes. Y no soy nada de eso mocoso. ¿Acaso no escuchaste que yo también me vendo? Hace tres años que trabajo de puto y comencé como ustedes, pero si quieres considerarme un enfermo, allá tú.

El timbre sonó y René se acercó a la puerta para recibir el pedido de comida china. Pagó y la dejó sobre la mesa de la cocina. Le dio una calada al cigarro y se sentó en el sofá que estaba frente al televisor. Lo encendió y miró a los muchachos de reojo.

—Si quiere comer, háganlo. Si se quieren ir, allá esta la puerta. Me da igual si se quedan o no. Por mí que se congelen el culo en las calles.

Patrick buscó que hacer en Noel pero este se limitó a suspirar. Era el momento de tomar la comida de sobre la mesa y huir del lugar. Cuando llegaran a su pequeño hogar comerían tranquilamente y luego se reirían del asunto. No engañaba a nadie, Noel no se iba mover del sillón y la verdad que el olor que despedía la comida caliente era por demás tentador. Regresó a sentarse a su lado y buscó sus ojos nuevamente, lo habían abandonado , estaban ahora perdidos en  los ojos de aquel sujeto rubio. Patrick se mordió el labio rindiéndose de nuevo. Odiaba esa sensación y solamente quería esconderse entre los brazos de su hermano. De verdad tenía hambre pero… Noel no movía un dedo para empezar a comer, siempre esperaba que otros den el primer paso. Siempre era así y tenía que aceptar cuanto odiaba ese aspecto, iba a tener que tomar la iniciativa pero no se atrevía. Aquel otro rubio fumaba como si tuviera la necesidad de tener la boca llena en todo momento, era un sujeto extraño y no podían confiar en él.

Noel sin embargo no parecía tener el menor recelo para con ese sujeto, lo perdió quizá cuando empezó a quitarse la chaqueta. La retiró de su cuerpo como si fueran una ceremonia, con tanta paciencia como con la que se mueven los curas en el alar. Su hermano los detestaba tanto que  con la sola comparación seguro salía corriendo.

Mientras lo hacía su anfitrión pasaba los ojos sobre su figura. Había visto miradas extrañas antes, en el poco tiempo que llevaba trbajando al lado de Noel. Pensaba que lo había visto todo pero sin duda el modo como aquel desconocido miraba Noel era algo nuevo.

¿Escalofríos? Quizá debió dejar que encienda la calefacción. Lo que sí debió hacer fue quedarse callado desde que entró. El estómago le rugía de hambre y no iba a permitir que la comida se desperdiciara, sería un crimen. De todos modos a aquel tipo no le iba a importar que empezara a comer, si ya parecía que devoraba a su hermano con la mirada.

Pat abrió las bolsas con suma rudeza, casi arrancándole el papel que las envolvía. Noel no le prestaba atención, estaba demasiado ocupado seduciendo a aquel sujeto que acababan de conocer. Noel sentado acariciaba el filo de la taza con uno de sus largos y delgados dedos. Si no iba a comer, mejor para él, se comería todo pero eso sí, luego de que acabara se iban de ahía. La invitación a quedarse a pasar la noche, no.

Sopa caliente, un buen modo de abrigarse por dentro. Ahora Noel le aceptaba otro cigarro a aquel rubio desabrido. Le hervía la sangre, de verdad que empezaba a ebullir dentro de su cuerpo.

Miraba al muchacho silencioso mientras este llevaba a cabo el ritual de sacarse la chaqueta. René no era idiota, sabía perfectamente que estaba haciendo y también sabía que con él no funcionaría. Sí, le causaba curiosidad y hasta lo calentaba el espectáculo, pero no tenía ganas de follarse a un crío de pecho que pensaba que debía retribuir de alguna manera las cosas que les estaba ofreciendo.

Miró al otro muchacho, al que comía y una leve sonrisa de medio lado se dibujó en sus labios.  Podía oler los celos que emanaba de su cuerpo. ¿Se tiraría al otro? No, algo le decía que tenía ganas, pero que todavía no habían concretado nada. Jugaría con ellos, después de todo las personas eran juguetes demasiado interesantes como para dejarlos de lado.

Apagó el cigarro en el cenicero y se levantó del sofá.

—Bien, yo me iré a dormir, mañana tengo un día pesado. Si quieren, cuando terminen de comer, pueden irse o quedarse. Cosa de ustedes. Buenas noches.

Noel no pudo disimular un gesto de desconcierto. Tuvo que reprimir la necesidad de correr hacia donde se iba su anfitrión. Quizá era lo que quería, que lo siguiera, que corriera tras él. No tenía problema en hacerlo de todos modos pero no se atrevía.

Pat en cambio casi se atraganta con la comida, no esperaba aquello. Por un lado se sintió aliviado de que desapareciera de la escena pero por otro lado se inquietó al ver a Noel avanzar medio pasito en la dirección en la que el otro rubio partió.

Afortunadamente se detuvo. Entonces podía seguir comiendo. Luego haría comer a Noel, si no quería se llevaban la comida y sería como si nada hubiera pasado. Cuanto más pronto se fueran del lugar sería mejor para ambos.  Ese sujeto no le inspiraba confianza, le recordaba demasiado a ese maldito de Luka. Seguro que por eso Noel actuaba como una perra en celo. Los odiaba a todos mientras masticaba un poco más, le estaban arruinando la comida. De pronto perdía el sabor y las ganas de seguir comiendo.

—Emm…

Pat soltó la cuchara de plástico en anticipación.

—Por lo menos puedes decirnos tu nombre, no sé si podamos agradecer tu gesto pero por lo menos quisiera recordar tu nombre.

Era el colmo, Noel era una maldita perra. El pequeño rubio estaba cerca de lanzarle la comida en la cabeza a su hermano y salir corriendo del lugar pero si lo hacía les iba a facilitar las cosas. Maldito Noel, maldito sujeto sin nombre y maldita la hora en que se cruzó en su camino.

Se giró un poco y miró al muchacho que habló fijamente. Sí, podía decirles su nombre, no había problema con eso. Lo que no les diría sería su apellido. Un apellido maldito y que acarreaba la fama de grandes empresas y compañías por todo el país.

—René. Mi nombre es René.

No les iba a preguntar por los de ellos. ¿Para que? Seguramente ni se quedarían.

—Y ya dije que no tienen que agradecerme de ninguna manera. Hay personas que hacen algo sin esperar nada a cambio, es hora de que vayan aprendiéndolo.

Les volvió a dar la espalda y caminó a su habitación. Sí, los había deseado y todo eso pero jamás los obligaría. Si estaban con él sería por su propio deseo y no por uno impuesto.

Pat corrió hacia donde estaba su hermano con tanta rabia como para embestirlo, Cuando llegó a pararse frente a é sus ojos grisáceos lo detuvieron. Se veía infinitamente triste lo cual lo llenó de infinita rabia.

—Maldita sea, también vas a correr detrás de él. Mejor me largo, esto es una pérdida de tiempo.

Entreabrió la boca, Pat tenía razón, iba a correr tras él y meterse en su cama si era necesario. Iba a ir tras Luka… no… René, así dijo que se llamaba. Trataba de hacer un esfuerzo superior a sus fuerzas para contenerse.

—Mejor nos vamos.

Apenas lo susurró pero el cuerpo no pretendía obedecerle. Se puso la chaqueta lentamente, le había perdido el interés a la comida. Pat estaba en la puerta y la había abierto esperando que lo siguiera. Iba a ir con su hermano a congelarse el trasero en la calle, se subiría al primer auto que parara a su lado para olvidarse de Luka.

¿Pero qué iba a hacer para quitarse a René del pensamiento?

Dio un par de pasos torpes como de quien aprende a caminar, para girar sobre sus talones y empezar a correr siguiéndole los pasos al rubio intrigante.

El pecho le iba a reventar y hasta le zumbaban los oidos. No se imaginaba que iba a encontrar cuando finalmente su rubio anfitrión apareciera de nuevo frente a él. Tampoco sabía que le iba a decir, ni estaba seguro de porque lo hacía. Seguro se iba a tirar a sus pies y con el solo contacto se sentiría aliviado. Aunque le lanzara una patada, necesitaba tocarlo y que lo toque, aunque fuera para lanzarlo a la calle como a un animal. Había dejado la cordura atrás y hasta ganas de gritar le estaban dando, pero no lo hizo.

No era bueno para las palabras y jamás tenia las adecuadas. Era mejor quedarse en silencio porque no tenia nada que decir, solo tentar al destino.

René se había sacado la ropa, puesto el pijama y acostado en la cama. Quería leer un poco antes de dormir. Sacarse el deseo del cuerpo y pensar en que cliente visitaría mañana… Quizás podría ir a la casa de Michael., el siempre estaba dispuesto a follárselo. Además tenia  marihuana algo que extrañaba profundamente.

La puerta de su habitación se abrió y vio al mayor de los muchachos en el umbral. Enarco una ceja y dejo el libro a un lado. Sabia que su plan había funcionado, pero a René le interesaban los dos, no uno.

—¿Se te perdió algo o es que te dio demasiado frío allá adentro?

Se levantó de la cama y se acercó a la puerta. Su pijama era sólo un pantalón de tela algo gastado que caía sobre la cadera como si ésta estuviera afirmándolo para no caer. Pasó al lado del chico y miró hacia el comedor. Una corriente helada recorría el apartamento y por eso frunció el ceño.

—¿Podrías cerrar la puerta? Hace frío.

Patrick aun no salía de su asombro. Estuvo tentado de cerrar la puerta pero con él afuera. No podría hacerlo. Se iba a odiar a sí mismo por quedarse y lo sabía, también sabía que iba a tener que ir por su hermano y sacarlo arrastrando.  Dejó a un lado la comida que tenía en las manos y se dispuso a enfrentar al tal René.

Se acercó al muchacho que acababa de cerrar la puerta y toda la sociopatía de René salió a relucir. Sabía muy bien que debía hacer y como lograrlo. Además era un plan al cual nadie se podía resistir. Caminó hasta quedar a centímetros de él y le habló al oído.

—Verás. Sé que deseas a tu hermano, así como sé que él me desea a mí. Yo te deseo a ti, entonces si me dejas follarte, calentaré a tu hermano de tal modo que puedas follártelo hasta que grite tu nombre. Si no quieres, no tengo problemas y pueden irse sin condiciones. ¿Qué me dices?

Necesitó un momento para procesar la información y luego de ello no podía creerlo. Debía haber tendido una alucinación fugaz pero a pesar de ello, aquel sujeto seguía frente a él mirándolo fijamente.  Entreabrió la boca pero sólo pudo morderse los labios.  ¿Tan obvio era? ¿Tanto se notaba que hasta un completo extraño se había dado cuenta? Noel era un imbécil entonces por no notarlo y por querer tener algo que ver con el tal René.

Bajó la mirada, no podía seguir viendo dentro de sus ojos. Las mejillas le ardían como si le hubiera dado de bofetadas. Asintió ligeramente casi tratando de no hacerlo o de que no se notara.

Sonrió cuando lo vio asentir.  Tenía la certeza que ese muchacho jamás no había sido poseído por nadie. El sería el primero. Posó sus manos en los hombros de este y se acercó un poco más. No quería asustarlo y sabía que cualquier movimiento brusco lo asustaría.

—No te haré daño. Seré gentil y cuidadoso… Ahora sí quieres que el que te folle sea tu hermano dímelo y yo propiciaré todo.

Dicho esto cortó la distancia que había entre ellos y lo besó. Su lengua se deslizó por el labio inferior del pequeño. No estaba siendo violento, todo lo contrario, estaba follándoselo con la lengua. Sus dientes pasaron a ocupar el protagonismo y mordisqueó los labios, no fuerte y sin dejar marcas. Deseaba que el muchacho disfrutara de lo que estaba experimentando.

Maldición, no sabía que estaba haciendo, era mejor escapar de la situación a pesar de que su cuerpo reaccionaba con la sola idea. Tan solo pensar en que iba a poder recrear las palabras de aquel sujeto hacía que un calor inapropiado lo envolviera. Empezó a temblar sin atreverse a abrir la boca para manifestar lo que de verdad quería. Quería gritar, saltar encima de Noel y besarlo hasta que le sangraran los labios. No le importaba ahora que René estuviera ahí, o al medio, o encima o abajo con tal de poder estar con Noel haría lo que fuera. No, Pat no estaba pensando con la cabeza.

No tuvo que ni responde, apenas sintió la piel de René en contacto con su cuerpo se erizó nuevamente y lanzó un gemido bien parecido al maullido de un gatito.

A buen entendedor pocas palabras y estaba seguro que el mensaje había sido claro por el modo como el rubio pequeño lo miraba. Se alejó de Patrick y le sonrió nuevamente. Tomó una de sus manos y comenzó a caminar hacia su habitación. Sería una noche entretenida y él pondría las reglas. Cuando llegaron al lado del otro chico René lo miró y enarcó una ceja.

—Mi noche, mis reglas. Sé que quieres follar conmigo pero si yo te digo que folles con tu hermano lo harás y tendrás una recompensa. ¿Entendido?

Siempre era rudo en las reglas la primera vez, así se aseguraba que nadie se aprovechara de él o de lo que estaba dispuesto a ofrecer. Después si ellos decidían quedarse les enseñaría que todas las reglas se pueden romper.

Le dio una mirada a Pat quien venía atrás con él tomado de la mano. Parecían hermanos ante los ojos de cualquier otra persona. Ahora que los veía tan cerca tenían más semejanza entre ambos que el rubio cabello. Pat era quizá una versión más infantil de René y René la versión núbil de Patrick.

Si la madre de Pat los viera juntos seguro se volvía a morir la pobre.

Entró a su habitación sin soltar la mano de Patrick y se detuvo a unos pasos de la cama. Se giró para ver a sus invitados y le soltó la mano al muchacho. El había dado el primer paso, ahora les tocaba a ellos darlo.

Avanzó y se sentó en la cama mirándolos fijamente.

—Las reglas, No serán obligados, forzados o humillados bajo ningún concepto. Esto es consensual por ambas partes. Quiero que disfruten así que si algo les molesta o les disgusta me avisan y cambiamos los métodos. No me gustan las personas silenciosas, quiero escucharlos gemir y jadear, quiero que me demuestren lo caliente que están y cuánto desean todo esto. Cualquiera de los dos puede decir basta cuando así lo deseen; no porque lo hagan los echaré de mi casa. Son libres de quedarse todo el tiempo que quieran. ¿Algo que no haya quedado claro?

¿De verdad esperaba una respuesta? Ni uno de ellos se atrevía a abrir la boca. Ahora era el turno de que los hermanitos se vean a la cara. Patrick temblaba y no era de frío, Noel intentó acercarse pero de nuevo el cuerpo lo traicionaba. No esperaba algo como esto cuando entró a la habitación. ¿Qué tenía planeado para ellos René? La sola pregunta lo hacía palidecer. Al final de cuentas no sonaba tan terrible el asunto, nada que Noel no hubiera hecho antes, aunque esta vez su hermano estaría presente.

Entonces todo estaba claro, ninguno de los dos tenía preguntas o el valor para formularlas. Al parecer hasta el explosivo carácter de Pat fue domado por René. Casi si parecían dos cachorros listos para lamerle las manos.

Rodó los ojos y suspiró con hastío René no quería dos esclavos, quería dos amantes pero al parecer los muchachos no lo veían de esa manera. Se recostó en la cama y comenzó a pensar en la mejor manera de expresar lo que quería.

—Las cosas no están resultando. Muchachos, yo no quiero que sean sumisos. Quiero que expresen lo que desean, que se toquen libremente y no porque yo lo mando. Ahora si están muy cansados y prefieren dormir esta noche, son bienvenidos en mi cama. No les haré nada.

Fue el turno de Pat de reaccionar. Sacudió su rubia melena como si con ese gesto su cuerpo pudiera recuperar el movimiento. Avanzó tan rápidamente que él mismo se sorprendió por lo que estaba haciendo. De pronto había tomado los brazos de su hermano y ahora lo estaba besando como tanto tiempo atrás había deseado. Noel aun seguía en shock porque no se opuso en lo absoluto. Temblando aun el rubiecito llevó uno de sus dedos y recorrió el mentón del moreno, incitándolo a que dejara pasar su lengua dentro de su boca.

Dio el resultado que esperaba, su hermano empezaba a reaccionar, al tenerlo tan cerca de su cuerpo podía sentirlo ¿O sería que al final de cuentas la tela de sus ropas era sumamente delgada?

Miró a los hermanitos interactuar entre sí y sonrió. Lo más probable es que él no tuviera acción esa noche pero no le importaba. Si sus invitados estaban bien, podía pajearse sólo escuchándolos gemir. Y así lo hizo. Se metió la mano dentro de los pantalones de pijama y comenzó a tocarse lentamente. No había prisa, tenía toda la noche para satisfacerse a sí mismo sin molestar a los hermanos. Cerró los ojos y jadeó suavemente dejándose llevar por las caricias que se hacía.

Se detuvieron entonces, Noel hizo a Pat a un lado, no podía hacerlo, no con él. Una vez hacía un tiempo cuando dormían junto se le pasó la idea por la mente. Al tenerlo tan cerca aquella vez, al sentir su respiración tibia sobre su nuca, al extender su mano y tocar la piel lechosa bajo su palma. Esa vez tuvo que dormir sentado en el suelo, lejos de Pat. No se atrevía a hacer nada con él. Sintiéndose terrible por tan solo sentir la más mínima inclinación a hacerlo. No, eso era algo que tenía reservado para los clientes y su dinero.

Para alguien más también pero mejor ni siquiera traerlo a su mente.

¿Y René?

Con él era distinto ¿No? El era como uno de los clientes, solo que uno endemoniadamente atractivo.

Pat se veía a punto de estallar de ira de nuevo. No, quizá estaba enojado y herido a la vez. Maldito seas Noel, no quería nada con él, eso le quedaba claro. Respiró agitado y acto seguido dirigió su mirada hacia René. ¿Qué importaba además? Total René dijo que eran libres de tocar. De acuerdo.

El rubio pequeño de un salto estuvo encima de René tomándolo por sorpresa y besándolo sobre su propia cama.

De un momento a otro se vio con Pat sobre él y siendo besado de una manera un tanto brusca, como desesperado. Lo entendía. Era lógico que el rubio se sintiera frustrado si su hermano no quería nada con él. Correspondió el beso y deslizó sus manos por la espalda del muchacho. Cumpliría su palabra y provocaría al otro hasta el punto de dejarse follar por quien sea. Lo tomó de la cadera y lo giró en la cama para quedar el encima y volvió a lamer y morder los labios del muchacho. Se separó un poco de Pat, lo miró y sonrió.

—Fue una promesa —le susurró muy bajito, solo para que él lo escuchara. Había sido un trato y René pensaba cumplir.

Noel sintió el deseo de dejarse caer al suelo. Al verlos a ambos sobre la cama, uno encima del otro. Ahora que estaban tan juntos parecían un reflejo sobre el agua. Las mejillas se le incendiaron al más joven de los tres mientras que René se acomodaba sobre él. Su cuerpo empezaba a reaccionar tan rápido que casi no podía contener su voz dentro de su propia garganta. Afortunadamente René se dio cuenta y procedió a detenerlo a punta de mordidas. Lanzó una mirada ligera hacia donde estaba su hermano y por la cara que tenía este pudo darse cuenta también que iba a lograr lo que tanto quería.

Apenas si sonrió porque de nuevo la boca de René estaba encima de la suya. Menos mal porque empezó a gemir incontrolable. Lo bonito fue que escuchó a Noel hacer lo mismo.

Siguió besando al rubio mientras que con una de sus manos le hacía señas a Noel para que se les uniera. Los deseaba a los dos y al mismo tiempo sentía fascinación con ver cumplir a Patrick su deseo.

Se movió contenciosamente sobre el jovencito. Frotando su pelvis con la de él. Quería calentarlo, excitarlo y de paso hacer que Noel reaccionara igual. Cortó el beso y se giró al moreno.

—Ven, únete. Quiero tenerlos a los dos en mi cama.

Tenía que ser un sueño, una alucinación o algo parecido. No podía negarse, no estaba acostumbrado a hacerlo de todos modos, pero había algo en el brillo de los ojos de René que lo guiaban como faro al barco que perece en una tempestad. Avanzó hasta que sintió sus piernas chocar con la superficie blanda de la cama. Avanzó casi gateando hacia ambos, casi arrastrándose. René sonreía y la expresión de Pat era indescifrable. Se detuvo, no quería interrumpir lo que hacían, solo ver más de cerca.

Por unos minutos dejó de frotarse contra Patrick. Extendió las manos y tomó la cara de Noel entre estas. Lo acercó y lo besó largamente, deleitándose con su sabor. La lengua exploraba cada rincón que podía encontrar. Quería dejar al muchacho impregnado con su aroma, con su esencia.

Cortó el beso y lo tomó por la cintura para indicarle que se subiera a la cama. Una vez que estuvo ahí posó sus manos en el culo del moreno y lo apretó suavemente. Quería incitarlo. No quería un animalito asustadizo y obediente en su cama, quería alguien que participara y gimiera con ellos.

Mientras sus manos seguían en el culo del moreno, miró al otro muchacho y le hizo un movimiento de cabeza para que se le acercara.

—Quiero besarte.

Sus deseos eran órdenes, Pat se incorporó sintiendo su cuerpo actuar por sí solo. Le entregó la boca a René pero sus ojos seguían fijos en los de Noel. De nuevo su lengua ingresó experta y empezó a jugar con la suya. Llevó sus manos a la espalda de René para no despegarse de él. Pronto los besos continuaron descendiendo por la garganta y por el cuello. La piel de su anfitrión perfumada y suave, deliciosa al probarla. Ocultó su rostro sobre la  garganta de René mientras este intentaba morder la carne tersa de su oreja.

Temblaba, Noel temblaba con el solo contacto. Sus manos se dispararon y cayeron sobre las de Pat en su labor de acariciarle la espalda al rubio mayor. Las sintió tan tibias y la piel se le erizó al tocar de ese modo a su hermano. Las manos de René acariciaban su carne de tal modo que lo iban a desarmar de emoción si continuaban. No pudo evitar buscar un contacto más cercano y enterrar su boca sobre el pecho del rubio mientras que con sus manos le iba deshaciendo los botones de su camisa. La tela era suave pero nada en comparación la piel que cubría, como espuma.

Jadeó y se movió ante las caricias que estaba recibiendo. Siempre le había gustado tener a dos personas con él, era algo sencillamente delicioso. Besó todo lo que tenía a su alcance. El cuello, la garganta, la oreja. Absolutamente todo lo que pudo lamer, besar y morder.

Se separó un poco de Pat y miró al moreno sacarle la camisa. La noche vaticinaba muchas cosas buenas y René las tomaría todas. Tomó a Noel por la nuca y lo besó un poco para después tomar a Pat de la misma forma y repetir la acción. Y finalmente hizo que ellos dos se besaran, las cosas sería compartidas o no habría fiesta.

Los dejó en eso y llevó sus manos hasta ambos culos. Apretando y acariciando cuanto podía. Las metió por debajo de la ropa y comenzó, acarició las nalgas lentamente, como aviso de lo que vendría después.

Perdió el ritmo de su respiración conforme iban avanzando las caricias, la boca de René era algo increíble. No solo cuando lo besaba si no cuando recorría su cuerpo con ella. Había soñado con un momento así una que otra vez, pero siempre imaginó que iba a ser Noel quien lo hiciera sentir tan bien. Hasta que lo besó nuevamente, fue más intenso y con suma urgencia. Pudo sentir el calor subir y bajar por su pecho y su vientre como sintió el cuerpo de su hermano endurecerse.

Se sentía a punto de explotar, más aun cuando los dedos de René empezaron acariciando su trasero buscando liberarlo de la atadura de las ropas. Su mano serpenteaba dentro su pantalón y solo le provocaba gemidos ahogados. Podía sentir los de su hermano escapar violentos también, así que decidió hacer algo más útil ayudando a Noel a liberarse de su ropa.

Empezó por los pantalones, con las manos temblando y sin poder ver lo que hacía. Buscó el botón que se sujetaba a su cintura y lo liberó, lo mismo hizo con el cierre de metal. Deslizó la tela áspera sobre los muslos tibios de Noel y con mucho más nerviosismo hizo lo mismo con sus boxers.

Se tropezó con la mano de René que jugaba al escondite, al parecer buscando donde refugiar sus dedos. Pat lo sabía porque estaba haciendo lo mismo con él y su cuerpo, acariciando zonas intactas.

Los gemidos que emitían los dos muchachos lo calentaban como nunca antes algo lo había calentado. Quizás era culpa de la inocencia que desprendía el menor de los tres. Ese halo de virgen que se podía oler a kilómetros y esa cara que gritaba un “fóllame” fuerte y alto.

Estaba acariciando el culo de ambos, pero uno de sus dedos se introdujo en el agujero de Noel. A Patrick todavía no le haría eso, necesitaba excitarlo un poco si no le dolería de los mil demonios. Jadeó y manoseó a este último con ansia. Quería calentarlo, hacerle rogar porque lo penetrara.

Sonrió cuando vio que Noel ya no tenía ropa interior. Lo miró por unos segundos y después bajó para comenzar a lamer y chupar todo su miembro. René sabía que era bueno en eso… Y ahora el muchacho lo iba a comprobar.

Gimió al sentir los labios del rubio avanzar y tuvo que hacer un esfuerzo por no caerse de espaldas ante la sensación exquisita que le hacía perder la noción del mundo. No estaba acostumbrado a algo así por lo general era él quien hacía ese tipo de servicio. Hasta ese momento se consideraba bueno en eso, pero al probar algo como la boca de René pudo ver que aún estaba en pañales. Era increíble lo bien que se sentía y lo maravilloso que lo hacía. No solamente se ocupaba de acariciar su miembro, si no también la base de sus testículos. Con sus dedos acariciaba el interior de sus piernas y sus dedos parecían arañas caminando sobre sus muslos.

Jadeaba como animal lastimado y estaba a punto de gritar, si es que seguía lamiéndolo de ese modo iba a correrse en ese mismo instante. Era un sueño seguro e iba matar al  que se atreviera a despertarlo.

Seguía lamiendo de arriba y  abajo y después se lo introducía todo a la boca hasta donde alcanzara. De un momento a otro dejó de hacerlo y miró a Noel a los ojos.

—Quiero que te corras. Le hizo una seña a Patrick para que se agachara y al lado de él y también chupara y lamiera a su hermano. Después de siguió en lo suyo mientras otro de sus dedos se introducía juguetonamente en el culo del rubio.

Esta vez fue el turno de Pat de gemir como loco. Dolió. Trató de sobrellevar el dolorcito mientras que con cierta timidez recubrió con su boca el miembro duro de Noel. Empezó jugando con su lengua sobre la punta de la piel, probando suavemente cuanto podía entrarle en la boca. Despacio y poco a poco fue entrando. Lo sacaba de su boca y lo volvía a introducir en un ritmo cadencioso que apenas si se opacaba por los gemidos que escapaban de su garganta y el responsable de ello era René.

Noel respiraba agitado, le estaba dando permiso de correrse, no, se lo estaba ordenando. No podía negarse. Las ganas las tenía y el motivo aun acariciaba su miembro. Sentía como la lengua de Pat dibujaba sobre su carne surcos de saliva, como sus dientecitos rozaban la piel y con sus labios succionaba la hendidura de la punta.

Apretaba la cama hundiendo los dedos en el colchón, la imagen de los ojos verdes de René lo llevaban directo al orgasmo. Lanzó la cabeza hacia atrás y no evitó hacer lo que le dijeron.

Dejó que Noel se corriera en la boca de su hermano y sacando los dedos de donde los tenía, bajó para lamer el culo de Patrick. Su lengua entraba y salía repetidas veces de aquel agujero, para después dirigirse a los alrededores y chupar cadenciosamente.

—Patrick ¿Te gusta?

Su boca estaba ahí, pero sus manos pasaron por los costados del muchacho y tomaron el culo de Noel. Les enseñaría lo que era el placer por el placer. Nada de órdenes, nada de sumisiones, solo hacer lo que quisieran hacer, solo sentir lo que quisieran sentir.

—Sí.

Resultaba difícil responder con la boca aun llena. Igualmente hizo el esfuerzo y decididamente tragó el líquido que había quedado dentro de su boca. El sabor no acababa de agradarle, pero se sentía tan excitado que no importaba demasiado. Un poco escapó por las comisuras de sus labios y con la ayuda de sus dedos acabó lamiendo los restos que quedaron sobre Noel.

Su piel sí que sabía bien, a pesar de que estaba transpirando. La sentía salada y suavecísima. Las manos de su hermano no tardaron en buscar su rostro y acariciarlo. Las sentía calientes a pesar de que sus mejillas ardían. René lo iba a volver loco, su lengua en aquella zona tan especial, no podía contenerse de gritar. Noel introdujo sus dedos dentro de su boca y Pat siguió chupándolos como lo hizo anteriormente con otra de sus partes.

—Se siente…bien.

Casi no terminaba la frase, entre los dedos de Noel y la lengua de René le iban arrancando el sentido a sus pensamientos.

Dejó de lamer y miró a Noel.  Cumpliría su promesa así se quedara sin follar en toda la noche.

—Cambiemos de lugar. Quiero ver como le lames el culo a tu hermano menor.

Se puso de pie y se posicionó detrás del moreno. Sus manos acariciaron el torso del muchacho. Sus dedos apretaron las tetillas. La lengua se dedicó a lamer la piel de la nuca y los dientes mordían de vez en cuando.

—Vamos precioso, lámelo, ambos sabemos que quieres hacerlo.

Los labios le temblaron cuando sintió su lengua acariciarle la nuca. Inclinó ligeramente el cráneo para dejarlo actuar tranquilamente. Sus manos finas eran lo más suave que había tenido la gracia de hacer sentir antes. Mientras presionaban sus tetillas, mientras subían por su pecho. Noel estiró sus manos para asir el cuerpo de Pat, tan suave como lo podía recordar. Lo tomó por los hombros y lo empujó hasta hacerlo caer de espaldas sobre el colchón. Al hacerlo separó las piernas involuntariamente, entonces avanzó sobre su cuerpo dejando por un momento las deliciosas caricias de René. Tomó a Pat de las rodillas y se colocó entre estas no sin antes lamer el contorno de su ombligo. Las manos del otro rubio lo acompañaban incitándolo a seguir. Haciendo una ligera presión consiguió levantarle las caderas al rubiecito bajo su merced. Escuchaba a Pat gemir y respirar agitado. Le dio una lamida libera a la punta de su miembro y luego descendió por el camino hacia donde René lo había mandado.

Movimientos circulares, despacio primero, suavemente, dibujando los contornos con saliva. Pat temblaba con los ojos abiertos como lunas. Se venía adorable, sobretodo cuando con su lengua trataba de ingresar en su cuerpo.

 

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