Casa y hogar 1

— ¿Me puedes decir tu nombre completo?

—Jade Foster.

Ese era su nombre, pero luego de responder a la misma pregunta tantas veces seguidas, ya empezaba a dudar que fuera la respuesta que debía dar. Esta vez quien la interrogaba era una mujer que se vestía como hombre. Pantalón y chaqueta del mismo color oscuro y una blusa blanca. Incluso el pelo lo tenía amarrado y tirante, parecía que se le iba a desprender del cráneo.

Jade buscó con una mano temblorosa, las hebras doradas de su propio cabello. Estaba creciendo de nuevo, pero nunca lo iba a tener tan largo y bonito como lo tuvo alguna vez. Devan le cortó el pelo porque era un maldito hijo de perra. No, mejor no decir nada, porque si se llegaba a enterar que hablaba con esa mujer, la que se vestía como hombre y no se depilaba bien las cejas…  Devan se iba a enojar.

—Dime Jade. ¿Cuántos años tienes?

Jade apenas levantó los ojos y se encogió de hombros, sin dejar de acariciar la portada lisa de una de sus revistas. Esa mujer le dijo su nombre cuando se presentó, pero ya lo había olvidado. Ahora esperaba una respuesta. ¿Qué quería que le dijera? Ya había respondido a esa pregunta varias veces antes. No lo sabía.

—Tengo entendido que diecisiete. —insistió la mujer en tono severo. —¿Es eso cierto?

—No sé. —suspiró Jade sintiéndose agotada. Era la única respuesta que tenía. —Devan nunca me dijo.

—¿Él tampoco sabía?

—No, no sé. Devan nunca me hablaba de esas cosas. —continuó Jade bastante incomoda con el interrogatorio. — Sólo me dio mi nombre y ya.

—Entonces tu nombre no es Jade.

—Sí, si es. Me llamo Jade.

—Entonces Devan te puso ese nombre… ¿Desde cuándo vives con él?

Jade le respondió como lo venía haciendo. Encogía los hombros y esperaba que continuara con la siguiente pregunta.

—¿No recuerdas Jade?

—No, fue hace tiempo.

—¿Tienes la edad de Noel? ¿Diecisiete?

—Ese bicho tampoco sabe su edad. Cuando llegó dijo qué tenía diez, pero eso fue hace mucho.

—¿De dónde llegó? —la mujer no la iba a dejar en paz. ¿no? Seguía con sus preguntas y a Jade los nervios la estaban carcomiendo. — ¿Recuerdas cómo?

—Fue Devan, él lo trajo un día.

Cerró los ojos, porque sin quererlo acababa de abrirle la puerta a aquellas memorias qué su mente guardaba. Podía recordar entre sombras nebulosas la primera vez que vio al bichito. Su rostro enrojecido por el llanto y sus ojos enormes llenos de miedo. Devan lo arrastró del brazo y lanzó contra el sofá de la sala. El Bichito se escurrió en el suelo, buscando esconderse, pero no funcionó. Sólo lo hizo enojar más.

—¿Jade? ¿Recuerdas de dónde lo trajo?

—No. —y sólo quería que dejara de preguntar.

Jade se encogió en su asiento visiblemente angustiada. Traía puesta una chaqueta delgada que Amy le regaló y de pronto, sentía ganas de esconderse dentro de la prenda. Le dolía la cabeza y hasta empezaba a sentir que le faltaba el aire. En esa habitación no había ventanas. Sólo una puerta por donde salir…

—¿Alguien venía con él?

—No, sólo Devan y el Bicho.

¿Qué quería que le dijera? Para Jade tener que rebuscar dentro de aquellos recuerdos, era por demás doloroso. Moni le repetía que todo quedó atrás, que la vida de las personas es como un libro de esos que leía Noel. Tiene varias partes que se llaman capítulos. Cada vez que se pasa la hoja, es como si se cambiara de día. A veces cuando las cosas malas por fin se terminan, es necesario no sólo voltear la página, sino cerrar también el capítulo.

Con esa idea en mente, Jade observaba a esa mujer mientras escribía en una hoja de papel. ¿Estaba anotando sus palabras? No podía entender una letra, porque todos eran garabatos. Así que Jade regresó los ojos a su revista.

—¿Qué más puedes recordar Jade? ¿Noel te contó de dónde venía?

—No.

—¿Nunca te dijo nada? ¿No hablaba contigo?

—No.

No podía continuar hablando con esa mujer. La sensación de estar en problemas la estaba asfixiando. Devan se iba a enterar de todo y le iba a ir muy mal. Podía llegar en cualquier momento, cruzaría esa puerta y…

Jade empezó a agitarse y de tanto enroscar el mechón de su cabello con el dedo, se lo iba a terminar arrancando.

La mujer vestida de hombre se la quedó mirando. ¿Cuál era su nombre?  Ella tenía una identificación y en esa foto se veía mejor con el pelo suelto. ¿Por qué no se lo soltaba? A los hombres les gustan las chicas con el pelo largo.

Jade regresó a acariciar sus revistas de modas. Eran nuevas y tenían nombre de mujer. Ya había podido descifrar las primeras letras. Entonces, si podía leer el nombre de su revista no podía ser tan difícil el nombre de la identificación de la mujer vestida de hombre. ¿O sí?

D…de…E…de-T..tt…E. Dette. C…¡Ay era muy difícil! Mierda.

—¿Sucede algo Jade? ¿Estás leyendo mi identificación?

—No. —mintió avergonzada.

—Acabo de verte moviendo los labios. ¿Qué hemos conversado acerca de decir la verdad?

Mierda, la acababa de atrapar. Jade eres estúpida.  Se supone que le iba a decir toda la verdad y nada más que la verdad y algo así. Pero… y si viene Devan…

—¿Jade? ¿Me estás escuchando?

No le respondió, cerró los ojos, apretó los labios y volvió a separarlos desesperada por la falta de aire. Jade se iba a ahogar sentada en esa silla. Le temblaban las manos, pero no dejó de acariciar la tapa de su revista.

—Creo que no me estás escuchando. —concluyó la mujer y encerró dentro de un folder que traía, los papeles en los que estuvo escribiendo.

Mierda, se enojó. ¿Ahora que iba a hacer? Jade abrazó sus revistas contra su pecho y se puso de pie de un salto. No había donde huir. Si Devan entraba por esa puerta… No importaba, las escondería bajo la blusa que traía para que no se las quiten.

—No te las voy a quitar. —continuó la mujer de ojos duros, mirándola fijamente. —Siéntate.

No, no podía hacerlo. No podía sentarse tan tranquila cuando estaba metida en problemas. Devan podía aparecer en cualquier momento. Si no era él, el asqueroso de Müller. El cuerpo le tembló entero y estuvo a punto de caerse al suelo. Sus piernas apenas pudieron sostenerla. La silla, tenía que sentarse ahí para que esa mujer la dejara en paz. De repente así dejaba de hacerle tantas preguntas.

Hizo lo que le mandó. Se sentó de nuevo más nerviosa que antes. Los ojos pegados a la puerta detrás de esa mujer. El miedo empezaba a ahogarla. Cuando Devan llegara se iba a enojar con ella por ponerse a hablar con esa mujer. ¿Y dónde estaba Noel? Ese bicho idiota se iba a terminar jodiendo si no aparecía pronto. Seguramente él podría leer el nombre de la mujer esa y Jade le podría decir con todas sus letras que se vaya a la mierda.

—Jade, necesito que me digas exactamente todo lo que recuerdas.

No supo que contestarle, porque ya les había respondido todas sus preguntas. Cuando le preguntaron si tenía sexo a cambio de dinero, les dijo que sí, pero el dinero era de Devan. Ella nunca se quedó con nada de lo que era de Devan. Sus pastillas, su maquillaje, todo lo conseguía por su cuenta.  Cuando quisieron saber desde cuando hacía ese trabajo, les dijo que desde que podía acordarse.

Les dijo todo lo que querían saber. El nombre de Müller, de sus putas, les habló de Roger, de los repartidores de droga que trabajaban para Devan. De las veces que también llevaban drogas a los clientes con los que se encontraban. ¿Qué más quería de ella?

La puerta se abrió y un policía uniformado se asomó. Jade ni lo pensó, era momento de correr. Tomó sus revistas como pudo y se escurrió debajo de la mesa. Si Devan se enteraba que había un policía, la iba a matar. No, si el policía no la mataba antes. Jade, en que problemas te estás metiendo.

—Jade, regresa a tu asiento.

En lo último que pensaba Jade era sentarse tranquilamente y esperar que la maten. El oficial se quedó de pie al lado de la mujer esa y Jade no tuvo opción más que correr. Abandonó sus revistas y se arrastró hacia la puerta. No tenía la esperanza de llegar lejos. Los brazos del oficial la alcanzaron y Jade empezó a patalear.

—¡Jade detente! Te vas a lastimar si no te detienes. Es suficiente, Jade.

Pero Jade no estaba escuchando a nadie. Forcejeaba con más empeño para liberarse, pero cuanto más peleaba, con más fuerza la sujetaba el policía. Consiguió arrastrarla de regreso a la silla y a pesar de que intentó zafarse, terminó sentada donde empezó.

No duró mucho en ese lugar, apenas el oficial la soltó, Jade intentó escapar de nuevo, escurriéndose bajo la mesa.

—Espera. Yo me encargo. Retírate.

El tono severo de la mujer sólo conseguía espantar un poco más a Jade. Debajo de la mesa encontró refugio. Siempre que Devan la perseguía para pegarle, Jade buscaba esconderse debajo del mueble, aunque no sirviera de nada.

—Estamos solas Jade, ya puedes salir de ahí.

La mujer se acuclilló entonces y se pudieron ver la cara de nuevo. Jade se escondía entre sus propios brazos y abrazaba sus revistas con desesperación. Temblaba completa y el dolor de cabeza la iba a hacer perder el sentido muy pronto. Ella siguió hablando, pero ya no le prestaba atención. El malestar que sentía era demasiado fuerte, tanto que le zumbaban los oídos.

—Jade, entiendo que estés muy cansada. Podemos dejar esta sesión para luego, pero necesito que regreses a la silla para que…

—No, si me quedo aquí Devan no me va a encontrar. Él se va a enojar conmigo si se entera.

—Jade. Nadie va a venir. ¿Recuerdas lo qué me contaste acerca de él?

—No.

—Será mejor terminar por ahora. Regresa a tu asiento.

Entonces ella se levantó primero. Desde su sitio Jade pudo ver sus piernas enfundadas en el pantalón oscuro y de paso los zapatos cerrados que usaba. No podía abandonar su refugio, era demasiado peligroso.

—Regresa a tu asiento. —insistió la mujer y la escuchó revolviendo papeles sobre la mesa.

¿Quién era ella? ¿Por qué le hacía tantas preguntas?

—¿Cuál es tu nombre? —susurró Jade todavía escondida debajo de la mesa.

—Soy la detective Marina Scott.

—¿Quién te puso ese nombre?

—Mis padres. Fue mi madre, me nombraron como mi abuela.

—Devan me dio mi nombre, por el color de mis ojos.

—¿Cómo te llamabas antes de que Devan te pusiera Jade?

¿Por qué tenía que insistir con lo mismo? Ese era el único nombre que tenía. Se llamaba Jade porque así dijo Devan que sería de ahora en adelante. Aquella vez cuando le pusieron un vestido amarillo y una de las mujeres de Müller le arregló el cabello en dos coletas. Le tomaron fotos sentada en la cama, echada también. Luego le dijo bien claro que su nombre sería…

—Mi nombre es Jade…—respondió animándose a asomarse de donde estaba escondida.

La detective Scott le devolvió una mirada recia y frunció los labios. Jade volvió a ocultarse debajo de la mesa.

—Tuviste un nombre antes de llegar a las manos de Devan.

—No.

—Necesito saber cuál era.

—¿Por qué?

—Es importante para la investigación. Para poder ayudarte a ti, a Noel y otras personas como tú.

—Mi nombre es Jade. —insistió.

—Jade…—Marina regresó a acuclillarse al lado de la mesa. —¿Cuál es tu verdadero nombre?

—Me llamo Jade. —y un par de lágrimas se resbalaron por su rostro, acariciando la cicatriz que tenía bajo uno de sus ojos. —Mi nombre es Jade.

—Entiendo.

Marina se levantó y parecía que le dolían las piernas por el modo como se estiró.  El silencio reinó durante unos minutos que parecieron no tener fin. Jade temblaba todavía, el dolor de cabeza no se iba, las náuseas tampoco. Iba a vomitar sí, pero los trozos de su alma si seguía con insistiendo que conteste sus preguntas. ¿Por qué quería saberlo? ¿Qué iba a ganar con eso? Decía que era para ayudar a Noel, para ayudarla a ella y otra gente, pero…

¿Qué más querían de Jade si les había dicho todo lo que querían escuchar?

Nerviosa todavía, se animó a asomarse de debajo de la mesa y le vio el gesto de malestar pegado en todo el rostro. La detective devolvía los papeles a su sitio y hasta suspiró hondo.

—Hemos terminado por hoy. Levántate.

—Stephan. —murmuró lo suficientemente fuerte para dejarse escuchar.

Silencio de nuevo y Jade empezaba a llenarse de terror. Pudo ver como el rostro de la detective perdía el color. Hasta parecía que no estaba segura de lo que acababa de oír, así que sacudió la cabeza.

—¿Qué dijiste?

—Stephan, mi nombre era Stephan.

Odiaba ese nombre, pero si ella quería saber se lo diría con tal que la dejaran en paz de una vez. Les había dicho todo lo querían saber. Salvo ese pequeño detalle. Ahora no le quedaba nada más que ocultar. Jade buscó con la yema del dedo, la cicatriz que su pasado le dejó para que nunca olvidara ese nombre.

La detective Scott reaccionó entonces. Con el rostro aún desencajado por la sorpresa, regresó a sus papeles. Jade podía escuchar que los revolvía sobre la mesa. Jade se asomó para espiarla y la detective parecía satisfecha porque consiguió lo que quería.

—No tienes idea de cuán importante es esta información. —la detective cerró el folder que tenía entre las manos de un golpe y hasta taconeó de gusto.

¿De qué estaba hablando? Jade no acababa de entender, pero era lo de menos. Sólo quería regresar a su habitación y que la dejaran en paz. Marina Scott acababa de destapar un hoyo dentro de su pecho, el cual tapó con el nombre de Jade. No iba a llorar, pero ahora que las memorias se desataron, no sabía que hacer con ellas.

Jade perdió de nuevo la noción del tiempo. El dolor de cabeza se hizo tan intenso que dejó de sentir por completo.

No estaba segura de lo sucedió con Marina o cuando Moni y Amy entraron a esa habitación sin ventanas y con una sola puerta. Pero ahí estaban ellas dos, acuclilladas también. La ayudaron a levantarse, hablaban a la vez, no las estaba escuchando. Sólo apretó sus revistas con más fuerza y dejó que la llevaran a quien sabe dónde.

***

—Detective Scott. Tiene una llamada por la línea tres.

—Gracias, la tomaré desde mi oficina.

No podía creerlo aún, luego de años y años, finalmente sucedió. Era una sensación amarga, pero cierto alivio contenía. Tenía entre las manos un folder nuevo, pulcramente organizado, con una etiqueta fresca con el nombre de Jade Foster en la portada.

El otro folder que apretaba con ansiedad, tenía el olor a papel viejo, el uso y el tiempo volvieron amarillentas las páginas dentro. Una etiqueta antigua en la portada y anotaciones a mano escritas sobre la tapa de cartulina. De dentro el olor a «caso cerrado» la recibía cada vez que revisaba su contenido.

—¿Si, diga? —contestó finalmente tomando la llamada de la línea tres.

—Tú dirás Marina. Me dejaste un mensaje en la contestadora y tú bien sabes que soy terrible para estas cosas.

—Irene, no sé por donde empezar,  sólo diré que tengo noticias.

Un silencio del otro lado de la línea y hasta pudo escuchar a su mentora tragar saliva.

—¿Y bien? ¿Me vas a decir o vas a dejar qué me muera sin saber de qué se trata?

Quería elegir las palabras adecuadas para darle la sorpresa, pero no las hallaba. Sabía que tendría mucho que explicar, pero si no lo hacía, Irene Lenov nunca la iba a perdonar.

—Encontré a Stephan. —le respondió y el corazón le palpitaba tanto que se le iba a descolgar del pecho.

Tal y como esperaba, un silencio prolongado al otro lado del teléfono. Irene necesitaba un momento para procesar la información. Le daría todo el que fuera necesario, había esperado ya once largos años, unos minutos no eran nada.

—¿Voy a poder verlo?

Conociendo a la detective en retiro Irene Lenov, sabía bien que no iba a aceptar una respuesta negativa. Por supuesto que iba a pedir ver a quien dedicó parte de su vida en ubicar.

—Desde luego, pero Irene…

—Viajo enseguida, más te vale dejarme verlo Marina. Quiero que me tengas los archivos listos y no quiero excusas. Es la mejor noticia que he recibido desde que estuve en el hospital dos días atrás.

Sólo una enfermedad tan traicionera como el cáncer podrían acabar con una mujer tan fuerte como Irene. No iba a poder negarle nada, especialmente dejarla ver a Stephan, cuando por fin apareció de entre el oscuro mundo donde estuvo refundido.

Stephan, no, Jade iba a tener una oportunidad de sanar y construir su vida. Mientras la de Irene terminaba, la de Jade empezaba, los opuestos de la vida.

—Si tu doctor te autoriza Irene. —añadió la detective Scott doblando la punta de la hoja del detallado reporte escrito por la mismísima detective Lenov once años atrás. —No quiero que tengas una recaída.

—Me conoces bien, “esto” no me va a vencer. Salgo para allá en cuanto pueda. Estaremos en contacto Marina. Espera, una cosa más…

—Tú dirás Irene…

—Stephan…

—Es él, él mismo me lo confirmó.

No tenía que decírselo, pero sabía que acababa de hacer feliz a una anciana terca. La escuchó suspirando animada y luego carraspear recuperando su voz.

—De acuerdo, de acuerdo. Déjame que deje este teléfono a un lado para poder vernos pronto. Hasta luego detective Scott.

—Hasta luego Irene. Te espero.

La llamada terminó y sí, tenía una satisfacción enorme luego de conversar con quien consideraba la mujer más intrépida, audaz y obstinada, que tenía la dicha de conocer. Marina acarició de nuevo las hojas del reporte, con especial énfasis sobre las anotaciones en tinta azul que hizo Irene. Sabía que esa noche, luego de años, la detective Lenov iba a poder dormir tranquila.

***

—Está durmiendo, así que baja la voz.

Luka cerró la puerta del cuarto con cuidado y Amy se replegó hacia la sala intentando no hacer sonidos con sus botas.

—Le han cambiado los medicamentos para la anemia y ahora duerme como una piedra. —continuó avanzando hacia la cocina, seguido de cerca por su amiga de la infancia.

—No, es qué lo veo y no lo creo amigo.

—¿Qué?

—¿Quién iba a imaginarlo Luka? Sí que te agarró fuerte el amor y todo eso. ¿Eh?  ¡Quién lo diría! ¿Ya lo arropaste para qué no tenga frío? ¿Le pusiste un osito de peluche al lado para que no esté solito?

Ja-ja, muy graciosa. Sin duda Amy había almorzado payaso. No dejaba de reírse, pero Luka la conocía tan bien que sabía bien que algo traía entre manos.

—¿Ya terminaste? —preguntó sin interés alguno mientras veía de poner un poco de orden en la cocinita.

Los restos del almuerzo quedaron sobre el repostero. Dentro de lo posible intentaba que Noel comiera balanceado, pero de vez en cuando le permitía comer chatarra. Luka tomó una papa frita que quedó sobre uno de los recipientes de polietileno y la remojó con kétchup antes de llevársela a la boca.

—Lo siento amigo es que nunca me imaginé que fueras a actuar así. Digo, de este modo por nadie. —Amy intentaba serenarse, pero no lo conseguía. —Te preocupas tanto por Noel y no digo que sea algo malo, sólo que…

—¿Qué? ¿Quién tuvo una crisis de nervios anoche? —le dijo apuntándola con otra papa frita.

La risa se le acabó de golpe. Luka vio a Amy quitarse las gafas y ponérselas de nuevo, como solía hacer cuando estaba nerviosa.

—Ya veo, Moni te contó. —Se le quebró la voz y aunque Amy intentó repararla falló terriblemente. Los ojos se le inundaron y se le escapó un sollozo. —Yo no sé Luka, no sé como puedes resistir todo esto. Yo ya no puedo.

El apetito se le fue enseguida, Luka se limpió los dedos en su pantalón y avanzó hacia ella. La recibió en sus brazos y la dejó llorar como cuando eran niños.

—No sé cómo puedes afrontar todo esto. —continuó Amy intentando contener sus lágrimas.

Luka no supo que decirle, sólo la sujetó con fuerza mientras el corazón le retumbaba en los oídos. Amy no se tranquilizaba y sollozaba más fuerte aún.

Desde que salieron del hospital, su amiga de la infancia se había mostrado inamovible como una montaña, pero ahora se estaba desmoronando. Luka la conocía lo suficiente como para saber que había llegado hasta su departamento para desahogarse a su gusto, porque no podía hacerlo al lado de Mónica.

— No sé cómo puedes estar tan entero luego de todo lo que te hizo ese malnacido. Todo lo que te sucedió Luka, fue mi culpa.

—No digas eso qué no es cierto. —Luka le frotaba la espalda intentando calmarla, pero sabía que no iba a servir de nada.

—No sé cómo Noel y tú siguen en pie luego de todas las monstruosidades por las que tuvieron que pasar. Y Jade….Ayer, la detective Scott estuvo con ella… La estuvo interrogando y terminó deshecha. La tuvieron que sedar porque se puso mal. Yo ya no puedo más, no puedo verla en ese estado, Luka.

—No puedes pedir que se recupere de la noche a la mañana.

—¿Y si nunca lo hace? No sé qué hacer Luka. No sé cómo decirle a Moni que no se ilusione, que quizá Jade nunca va a salir de ese hospital. Quiero a mi novia y no quiero verla herida, no quiero que si Jade no se recupera, ella se sienta mal.

—¿La detective estuvo con Jade?

—Esa mujer no me agrada Luka, se la llevó y la metió en una sala y no nos dejó entrar. Dijo que teníamos que esperar afuera y un policía no impidió acercarnos a la puerta. Cuando por fin terminó, encontramos a Jade escondida debajo de la mesa y lloraba mucho.

La detective Scott estaba en su lista negra, no le agradaba esa mujer brusca e intransigente. Tampoco era ajeno a aquellos interrogatorios, porque ya los había vivido en carne propia. La última vez que pidió “conversar” con Noel, hizo lo mismo. Se encerró con el chico en la oficina de la psicóloga por una sólida media hora.  Cuando por fin terminó, abandonó el lugar con su usual expresión estoica y dejó a Noel con esa mirada alucinada que perturbaba.

Esa tarde lo tuvo en sus brazos y escuchó de sus labios todo aquel horror que vivió durante años. Le tendría que dar la razón a Amy, porque tampoco supo qué hacer.

—Se llama Stephan. —susurró Amy mordiéndose los labios intentando serenarse. —El verdadero nombre de Jade es Stephan. Apenas nos enteramos de eso.

Bueno, esa era una sorpresa. Estaba muy al tanto de la situación de Jade, pero no se le había ocurrido preguntar acerca de su nombre real y su pasado. Noel tenía la suerte de conocer su fecha de nacimiento y se aferraba a ese hecho con todas sus fuerzas. La detective Scott tomó el caso de ambos muchachos, para poder averiguar sus orígenes.  No iba a negar que le preocupaba un poco el resultado de esa investigación.

De repente Noel tenía una familia y si resultaba ser menor de edad, ellos tomarían la custodia. Incluso en momentos como esos, no dejaba de ser un egoísta. Sí, tenía miedo que en un giro del destino, aparezca alguien con el poder de separarlo de Noel.

No, era suyo, Noel era su pareja y no habría nada que los pudiera separar. Si tenía que peleárselo al mundo entero, que así fuera. Luka relegó esas ideas junto con todos esos temores que encerraba en un rincón de su mente. Amy lo necesitaba en ese momento.

—No sé qué más hacer Luka. Me preocupa mucho esta situación. No tienes idea…

—No ganas nada con eso. ¿No? —la interrumpió porque sospechaba por donde iba la cosa. —Preocupándote no arreglas nada.

—¡Pues alguien tiene que hacerlo!  Mira Luka, no quiero ser la mala del cuento, pero tampoco quiero que Mónica salga herida al final de la historia. Si Jade nunca se recupera, ella no se lo va a perdonar. Y por ese camino vas tú, amigo. ¿Has pensado en eso?

No y no quería hacerlo.

—¿Has pensado bien en todo esto? Sí, sientes algo muy fuerte por Noel y todo, pero…

Le dio la espalda, no quería seguir oyéndola. Tomó una botella de agua del refrigerador y se la puso en la frente. Empezaba a enfadarse y con Amy tan alterada, no terminarían en buen puerto.

—Luka… No te enojes amigo, no era mi intención ponerte de mal humor. Pero es qué… ¿Te has puesto a pensar si Noel siente lo mismo por ti?

Amy y sus preguntas, Amy su incomodo monologo. ¿Acaso ella pensaba que Noel estaba con él en contra de su voluntad? Claro que Noel sentía algo por él.

—No sé a qué viene tu pregunta. ¿Mónica siente algo por ti? Si no es así, no me explico por qué sigue contigo siendo tan impertinente.

—¡Ya te enojaste! ¡Sabía que lo harías Luka! No lo dije para fastidiarte y déjame que te responda. Mónica es una mujer adulta y lo suficientemente madura para tomar decisiones. En cambio, Noel…

—¿Sigues hablando? —pasó delante de ella y siguió evitando mirarla, porque estaba a punto de estallar. No quería seguir escuchándola, Amy consiguió irritarlo al borde de querer lanzar cosas al suelo.

—Noel no es un adulto y si lo es, no está lo suficientemente maduro para tomar decisiones Luka. —Ella lo alcanzó y de un tirón en el brazo lo forzó a mirarla. —¿Le has preguntado qué es lo quiere para su vida?

—No sabes lo que dices Amy. Noel está conmigo porqué quiere. No lo estoy obligando a quedarse, si quiere irse mañana, más tarde, ahora… Lo puede hacer.

Estaba agitado, el corazón le latía en los oídos, la sangre le hervía, las palabras se le desbocaban. La idea de ver a Noel cruzar esa puerta y no volver más, lo desquiciaba.

—¡No Luka! ¡Tú no sabes lo que dices! ¡Noel no tiene la madurez suficiente para decidir por su cuenta! Ni siquiera tiene la edad legal para comprar alcohol y tú quieres que elija quedarse a vivir contigo.

—Deja de hablar de él como si lo conocieras. Yo soy quien está a su lado todo el tiempo y sé por lo que ha pasado. ¿Puedes hacernos un maldito favor y dejar de meterte dónde no te llaman?

Lo oyó de los labios de Noel, cuando dio sus declaraciones todavía postrado en una cama de hospital. Pero Amy no lo sabía, nadie lo supo. Noel quiso contarle lo que no dijo por miedo, por vergüenza, lo que no se atrevió a decirle a nadie. Se lo contó todo, a solas, sentados sobre la cama, tomados de las manos.

Tuvo que escucharlo, a pesar que ganas de escapar corriendo jamás le faltaron. Fue una historia de terror la que abandonó los labios de aquel a quien amaba. Era quizá por eso que dolió tanto. Cuando Noel terminó, tenía miedo.  Miedo de que lo rechazara.

—¡Carajo Luka! ¡Estás ciego e imbécil! ¿No te das cuenta de qué Noel está demasiado dañado para poder corresponderte? —chilló Amy y le temblaban los labios de la ira. —Es lo mismo con Jade y Mónica no quiere entenderlo. ¡Sólo vas a terminar lastimado al final de esta historia!

—¿Puedes hacernos un maldito favor y dejar de meterte dónde no te llaman?

—¿Sabes qué? ¡Tienes razón! —Amy lloraba de rabia y tomó su bolso, de donde lo lanzó cuando llegó al departamento buscando desahogarse. —¡No sé nada! ¡Es más, no tengo porqué saberlo, ni meterme en tus asuntos!

No le respondió, porque era lo que ella quería. Estaba demasiado alterado como para pensar con claridad y Amy lo sabía bien. Ella estaba buscando destruirlo todo para no tener que lidiar con el problema.

La vio sacudirse de rabia y tomó un fajo de papeles de dentro de su bolso. Furibunda los lanzó sobre la mesa y corrió hacia la entrada. Tomó el picaporte con fuerza y casi arranca la puerta al abrirla.

—¡Buena suerte con eso, Luka! —sollozando todavía, giró sobre sus talones. Tenía los ojos hinchados, pero una expresión de furia que le conocía bien. —La vas a necesitar.

Diciendo esto se marchó, sin azotar la puerta, sin lanzar más veneno, nada. Sí, le sorprendió un poco que Amy, conociéndola tan bien, se haya marchado tan pacíficamente.

Luka intentó beber un sorbo de agua, pero terminaría ahogándose. Resopló hirviendo de rabia y al darse la vuelta descubrió el misterio.  ¡Por supuesto! La razón de la retirada de Amy lo miraba desde el marco de la puerta de la recámara.

—Lo siento. —Noel se apresuró a disculparse al verse descubierto.

Odiaba ese tono de voz, lo odiaba con tanta intensidad que apretó la botella con fuerza y derramó su contenido.

—No tienes porqué. —interrumpió antes de que Noel siguiera disculpándose. —¿Dónde dejaste el cabestrillo? No puedes andar con el brazo así, colgando.

Era verdad, ni se acordó de ponérselo. Sólo despertó asustado escuchando el llanto de una mujer, que resultó ser Amy. Se acercó a la puerta de la habitación y cuidando de que su brazo enyesado no lo delate, se asomó para ver que ocurría. Claro que no pensó ser descubierto tan pronto.

Vio a Luka dando una vuelta por la sala y hasta encontrar lo que buscaba en el suelo, al lado del sofá. Todavía en el pasillo, Noel no se atrevía a dar un paso. Dejó que Luka se acerque con el cabestrillo en la mano y antes que se lo pudiera poner en el brazo lastimado, se acurrucó contra su pecho.

Cierto alivio llegó al sentir como los brazos de Luka lo rodeaban. Parecía que no estaba del todo enojado y eso era bueno.  Lo escuchó resoplar y le acarició el cabello, sin decir una palabra. Incluso en momentos como aquel, no podía dejar de sentirse nervioso.

—¿Sucedió algo malo? —preguntó Noel armándose de valor.

—Nada, Amy llora por deporte. No le hagas caso. —fue la respuesta que obtuvo de la boca de Luka, mientras lo ayudaba a acomodar su brazo enyesado.

—¿Jade está bien? No he ido a ver…

A tiempo se detuvo, casi dice algo que no debía. No había ido a ver a Jade por andar ocupado tomando siestas y viendo películas en el sofá. No se estaba quejando, de verdad le gustaba compartir todo el tiempo posible al lado de Luka, pero…

—Sí, Jade está bien. Tú por otro lado…—Luka se detuvo en seco y lo miró a los ojos. —¿Qué fue lo que escuchaste?

Está enojado.  La vocecita más chiquita en su mente susurró con fuerza. ¿Qué quería que le dijera? Si le decía que sí se iba a meter en problemas y…

—Sólo te hice una pregunta. —insistió Luka y sus ojos disparejos cobraron una expresión severa. —No me mires como si te estuviera amenazando.

Se enojó.

Noel mordió el labio con fuerza y apretó la manga de su camiseta con la mano sana. Las demás voces murmuraron también, pero no les pudo entender. Quería que le respondiera, ¿no? ¿Qué le iba a decir?

Le dijiste que no le mentirías.

Sí, se lo prometió. Luka sabía todo, se lo contó todo. Desde los detalles más humillantes, hasta sus miedos más profundos. Fue un consejo de su psicóloga y lo hizo. No estaba seguro del resultado, porque el miedo no se iba. Ahora mismo el dolor de cabeza se la iba a abrir en dos partes. El corazón se le agitaba y le zumbaban los oídos.  Cerró los ojos deseando con todas sus fuerzas que al abrirlos se encontrara en el mismo lugar y no en el cuarto que compartía con Jade.

—¡Noel!

Era la voz de Luka, pero tenía miedo de abrirlos. ¿Si se encontraba en una jaula? Tin Man estaba cerca, podía percibir su respiración y empezó a temblar. Tenía que arrodillarse en el suelo, pedirle perdón por estar de pie. Pero tenía un brazo enyesado. ¿Cómo iba a arrastrarse en el suelo en ese estado?

—¡Noel! ¡Mírame, abre los ojos, mírame!

Negó con la cabeza y sintió el sabor salado de sangre en su boca. Alguien le sujetaba el rostro y separó los labios, pero no dijo nada. La voz que lo llamaba era un zumbido, pero no era una pesadilla, era real. No quería ver, no quería sentir. Tenía miedo, siempre lo tuvo. Con Devan, con Tin Man y con todos aquellos sujetos sin nombre.

¿Y Luka?

 Está enojado conmigo. No sé qué hacer.

«Noel, mírame, Noel, por favor, escúchame.»

Tengo miedo.

«¡Noel, Noel, abre los ojos! ¡Por favor, escúchame!»

Hazlo.

«¡Hazlo!»

Noel obedeció, temblando y muy lentamente esperando represalias por tardarse. Lo que tuvo en frente no era lo que esperaba. No era Devan y su rostro enrojecido de rabia, con un puño en alto listo para golpearlo. No eran los ojos grises y aterradores de Tin Man que lo perseguían en cada una de sus pesadillas. Era Luka quien lo sostenía y sus ojos estaban mojados. Se miraron por un segundo y al terminar, lo apretó contra su pecho.

—No me hagas esto Noel, no me hagas…—Luka estaba sollozando y se le quebró la voz al punto que no pudo continuar.

Noel quería decirle algo, pero no sabía cómo. Las palabras se le atoraron en el pecho y de pronto no sentía nada de nada. Se quedó en blanco, en un vacío incómodo al no encontrar un modo de reaccionar. ¿Por qué no se sentía triste? Acababa de hacer llorar a Luka nada menos. ¿Por qué no se sentía mal por ello?

No era ajeno a ese vacío, lo recordaba bien. Le era tan familiar que dejó de prestarle atención. Las incomodas memorias de sus encuentros pasados, llegaron en avalancha, pero de pronto, ya no lastimaban. De nuevo desfilaba en su mente las imágenes de aquellos rostros, manos, cuerpos con los que pasó minutos incontables sin sentir nada. Ni dolor, ni vergüenza, ni asco. Noel solía codiciar esos momentos en los cuales abandonaba su cuerpo y los atesoraba, porque no había mejor alivio que sentirse ajeno a la realidad.

Dejar de sentir, encerrarse en su mente era a lo que Noel solía recurrir en momentos de desesperanza. Pero ahora cuando de verdad quería sentir con el corazón, tampoco podía hacerlo.

—Vamos a curarte el labio. —le decía Luka y se secó la cara con un brazo. —Te abriste un hueco.

—Estoy bien. —pronunciaron sus labios sin que su mente tuviera que ver en el asunto.

No, nada estaba bien. La voz monótona de Noel dio la primera alarma. Acababa de tener un ataque de pánico y ahora actuaba como si nada. Luka se quedó perplejo y al momento siguiente salió del estupor. Aquella persona frente a él, ocupando el cuerpo de Noel, lo miraba fijamente.

—Tienes una herida en la boca y tenemos que curarte…

Un par de gotas de sangre escaparon del labio partido y reventaron en el suelo.

—No me duele.

Conocía esos ojos, el tono de voz, la expresión vacía en todo el rostro pálido de Noel. Ante la mirada atenta de Luka, aquella criatura depredadora dio el primer paso y volvió a sus brazos.

—No es nada. —le murmuró en el oído y con la mano sana le recorrió el pecho, bajando por su vientre hasta llegar a su ombligo. —Te la puedo chupar sin problemas.

—¿Quién eres tú? —Luka retrocedió un paso sabiendo de antemano que aquella criatura lo iba a seguir a donde fuera.

Tal y como esperaba, ese cuerpo ajeno, esos ojos vacíos se pegaron a su pecho y elevó el rostro buscando sus labios. Luka detuvo sus avances a medias.

—¿Dónde está Noel? —insistió porque necesitaba saberlo y quizá no fue el mejor modo de abordar la situación, pero no tuvo tiempo para pensarlo.

—Me puedes llamar como quieras. —le respondió la criatura depredadora sin ningún esbozo de emoción en la voz. —Algunos me dicen perra, otros cachorro…

Dolió. Ese era su Noel, era su cuerpo, era su voz, era su mano sana la que hacía círculos con un dedo alrededor de su ombligo. Quizá Amy tenía razón. ¿Qué estaba pensando? ¿Cómo iba a poder manejar semejante situación?

No tenía la capacidad de lidiar con algo como eso. Sólo quería apartar a esa criatura de su lado como si estuviera cubierta en llamas. Quería a Noel de vuelta, a su pareja. Quería que ese ser desaparezca de su presencia y olvidar por completo las caricias con las que intentaba excitarlo.

Luka reaccionó por fin y tomó a aquel intruso de los hombros, para sacudirlo con rabia. Tenía que controlarse porque era el cuerpo de Noel, aunque ocupado y siendo mancillado por aquella criatura que lo invadía.

—¡Quiero a Noel de vuelta! —le dijo mirándolo a los ojos, sin saber lo que estaba diciendo. —¡Quiero a mi Noel de vuelta!

Entonces pudo verlo, la transición se dio frente a sus ojos incrédulos. El rostro inexpresivo de Noel cobró vida y el velo que cubría aquellas orbes azules se disipó.  La sensación que experimentó Luka fue tan fuerte que lo abrazó con todas sus fuerzas, sin preocuparse por lastimarlo. Como si no se hubieran visto en años y ahora tuviera pánico de que los separaran por otro periodo de tiempo.

Pasaron los minutos y no conseguía que sus labios pronunciaran palabras. Sólo sollozaba como un niño asustado.  Noel todavía en sus brazos, se mantenía en el mismo silencio ominoso, mientras temblaba ligeramente.

¿Qué estaba haciendo? Tenía que serenarse.

—¡Lo siento mucho Luka, lo siento de verdad!

—Shh…—le dijo apenas y le cubrió los labios con la yema de un dedo. —No te disculpes Noel, no hay nada que disculpar.

Dejó que lo tomara de la mano sana y lo llevara hasta el lavadero de la cocina.  Luka tomó un pedazo de papel toalla y le limpió la barbilla con mucho cuidado. Noel todavía agitado, recién notaba que la camiseta de Luka tenía una manchita de sangre.

No sólo eso, los ojos del fotógrafo estaban rojos e hinchados, al igual que su nariz. Sobre sus mejillas quedaron huellas de lágrimas. Ahora se sentía peor que antes, el dolor de cabeza no se apartaba y la angustia crecía y crecía. Noel se mordió el labio por impulso mientras que las palabras de Amy, porque las oyó todas, hicieron un eco en su mente.  Acababa de lastimar a Luka y Amy tenía razón, si se quedaba a su lado, al final el fotógrafo iba a salir herido.

—Luka, lo siento. Es mejor que me regrese al albergue y…

Y desaparezca de su vida. Nunca debió acceder a quedarse con él. ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿En qué estaba pensando? Era lo mejor que se marchara y ni siquiera pensara en volver.

—Shh…No digas eso.

—De verdad, es lo mejor que me marche de una vez…

Porque todo lo que le pasó a Luka fue su culpa. Por más que Luka se empeñaba en negarlo, así era. Nunca se lo iba a perdonar. Fue toda su culpa. Si no hubiera sido por él…

—¡Te he dicho que no sigas con eso!

Luka se apartó de su lado y los ojos le brillaban de ira. Noel retrocedió un paso, se iba a desgarrar los labios a punta de dentelladas.

—Veo que escuchaste todos los disparates que Amy tuvo que decir. No me sorprende, con el escándalo que armó despertaba hasta a un muerto.

No supo qué responder. No estaba espiando, fue de casualidad. No fue su intención escuchar la conversación ajena. Pero en ese momento, parecía ser lo de menos. Luka suspiró hondo y lo miró a los ojos. Regresó a su lado y lo tomó de la mano sana.  Parecía que trataba de serenarse también, pero le estaba costando mucho lograrlo.

— Noel, escúchame bien… Sabes bien lo que siento por ti y eso no lo va a cambiar nada, ni nadie. Ni lo que diga Amy, ni lo que diga la detective esa, ni lo que diga el mundo va a hacer que deje de sentir esto.

Asintió incapaz de responderle con palabras y se odió un poco más por no poder decirle lo que sentía. Las voces en su mente murmuraban también, aunque la más chiquita se mantenía en silencio.

—Te lastimaste el labio y si te regreso al albergue con una herida así, la Sra. Morris me corta las pelotas. —dijo Luka bromeando un poco. —¿Dónde quedó el botiquín?

—Hazel no es tan mala como parece. —murmuró Noel intentando calmarse. —Creo que lo dejaste debajo del lavadero, en el baño.

—Eso dices tú porque eres su consentido.  A mí me odia, el otro día la saludé por su nombre y casi me arranca la cabeza. ¿Cuándo fue la última vez que lo usamos?

Era el departamento del fotógrafo y este nunca sabía dónde estaban sus cosas.

—Cuando te quemaste los dedos tratando de cocinar tocino. —le respondió Noel limpiándose el labio con los dedos. Ya no sangraba, no había necesidad de ponerle ungüento.

Pero Luka se esmeraba por cuidarlo, aunque no era necesario que se preocupara tanto. No era nada, sólo un poco de sangre y ya. De ese tipo de heridas tuvo muchas en el pasado y jamás se preocupó por sanarlas. Tenía que recordar que todo era distinto ahora.  Luka siempre se lo decía, que lo quería y cuando sientes algo así por alguien, tratas de qué esté bien.

—Tenías razón, estaba en el baño. Ahora bien…—el fotógrafo abrió el botiquín y se quedó mirando su contenido.

Tomó una tirita y la sacó de su envoltura de papel. Luego la desenvolvió y maldijo porque se le pegó en los dedos. Batalló con esta por un par de segundos, le dio coraje y la hizo bolita. La tiró a la basura y volvió a la carga.

—Está bien Luka, ya no sale sangre.

—Hay heridas Noel, que nunca sangran, pero igual lastiman. —le dijo acariciándole el rostro con ambas manos y suspiró al final.

Entonces se quedaron en silencio un par de minutos. Solía suceder más frecuentemente de lo que ellos podían notar. Noel apreciaba esos momentos en los que sólo se miraban a los ojos, porque nunca sabía que decir. Luka lo acariciaba sin pronunciar una palabra y eso era todo lo que necesitaba para sentirse bien.

Al parecer por fin se convenció de que la herida era minúscula y se cerraría sola. Luka dejó el botiquín a un lado y volvió a la carga.

—¿Qué te parece si vemos una película o hacemos algo? Todavía tenemos tiempo antes de devolverte al albergue.

Le dijo al consultar el reloj de su muñeca. Noel alcanzó a ver como las cicatrices que tenía la piel blanca de Luka, se escondían bajo la correa de cuero. Todo fue real, todo lo que le sucedió a Luka fue por su culpa y aunque se empeñara en negarlo, era cierto.

—Una película está bien. —le respondió, aunque no estaba interesado en ver nada en la televisión.

Empezaba a sentirse mal de nuevo. No era el dolor físico lo que lo incomodaba. Luka en cambio parecía haberse olvidado de todo, porque actuaba como si nada. Cubría las cicatrices de su cuerpo con accesorios como ese reloj de correa ancha.

Luka lo tomó de la mano sana. Quizá se dio cuenta que algo le sucedía, porque lo acercó a su cuerpo y le dio un beso en la frente.

—Estás demasiado pensativo. —le dijo en tono de broma. —te va a salir humo por las orejas, ya te lo he dicho.

Terminaron en el sofá, uno al lado del otro. Luka tenía razón, su mente tejía y destejía toda clase de ideas que sólo conseguían provocarle un tremendo dolor de cabeza.

Encontraron en la televisión una película que ya había empezado.  Luka tampoco estaba interesado en verla. Sus ojos estaban fijos en la pantalla, pero Noel notó que no estaba viéndola.

Poco a poco empezaba a conocer a Luka a profundidad. Reconocía cuando estaba preocupado, porque se quedaba en esos silencios ausentes. Y cuando se veía descubierto, intentaba aparentar que no era así.

—¿No te gusta la película? ¿Quieres que ponga otra?

—Está bien está.—replicó Noel dándose cuenta que estaba en lo cierto.

Luka seguía perdido en sus cavilaciones, lejos del sofá y del departamento.La película había terminado y eran los créditos que estaban en la pantalla.

Otro programa empezaba y ninguno de los dos se iba a enterar de que trataba. Noel se acomodó sobre el hombro del fotógrafo y recogió las piernas.

Durante varios minutos permaneció intentando alcanzar a Luka en su travesía hacia donde fuera que lo llevaron sus pensamientos.

Sin embargo, tenía una idea de a donde. Era un lugar recurrente, uno al que lo llevaban sus propias pesadillas. Era algo que Luka y él ahora tenían en común.

Luka estaba en un mundo aparte y lejos de su alcance. Noel lo sabía porque otra de las cosas que había descubierto del fotógrafo era que acariciaba disimuladamente la cicatriz bajo la correa del reloj, cuando estaba angustiado.

5 thoughts on “Casa y hogar 1

  1. Oh dios, no se por donde empezar ;_; asi que solo puedo decir que ¡eres cruel! ¡Eres cruel y no te puedo odiar por eso, amo como escribes y lo que escribes! Ame y me dio cosita leer a Jade, me enoje con Amy pero en parte la entiendo y DAMN la parte de Noel y Luka fue algo que despertó mis feelings de la parte anterior y me dejo a la deriva, esperando leer más pero dejándome con muchas dudas existenciales en este momento.
    ¿Quién es esa mujer? ¿Madre o pariente de Jade?
    ¿Donde esta Patch?
    ¿Se solucionaran las cosas?
    ¿Habra más preguntas de telecomercial aquí?
    Eso y que me llama la atención como has mencionado varias veces que esta la incognita de la edad de Noel y sus relaciones familiares, haces que me imagine la familia perdida de Noel o alguna tragedia ¡Ay no se! ¡AMO/ODIO ESTE SUSPENSO EN EL QUE ME DEJAS! Tu y tu costumbre de poner como sube y baja mis emociones con cada capitulo ;W;

    En corto: me encanto y estaré ansiosa de leer el siguiente capitulo. Espero hayas tenido un buen inicio de año y gracias por este regalito ❤ haces que inicie bien el año :')

    Saludos y nos leemos pronto!!!!

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  2. Es que no va a ser nada fácil salir de ese sitio. El abuso tan prolongado, a una edad tan corta y de tal magnitud. Yo pensaría que con muchos años de terapia y hablo de mas de cinco, quizás podría alcanzar alguna estabilidad de superviviente. Alguna especie de reconciliación con el pasado.
    Gracias por esto. Ha pasado un año, algo más de un año desde que la primera parte de esta historia me sacudió hasta los cimientos, me hizo vomitar mi propia versión de otros hechos y te convirtió en una de mis autoras favoritas.
    Aqui te seguimos.

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  3. Reblogueó esto en Alex Kiawy comentado:
    Después de mucho tiempo, Elena reaparece con la continuación de una historia que hizo que me retorciera en mi misma, como no hizo otro autor en 23 o 24 años. El mérito anterior, la marca, la tuvo Justine y los infortunios de la virtud.
    Todo se retuerce en mi; desde mi parte más animal hasta la más racional.
    No soy crítico literario. Soy lectora. Leo por emoción y no por estilo.
    ¿La recomiendo? No. Porque no sé si quieres este movimiento telúrico. Pero si dejas que sus letras lleguen a ti y tienes ganas de una sacudida, entonces si. Con todo mi corazón.

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  4. 7u7 voy a llorar!!!! Dios!!!! Ajzvdidk al fin!!!! Salio la segunda parte!!!! Absvjd gracias!!!! Waaaaa la coneccion Entre Luka y Noel fue tan avshdjd hermoso 7u7… Jade…. Ella, wuaw aun estoy como que sorprendida uffff no puedo esperar por él siguiente capitulo 7u7

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  5. Estoy tan feliz de poder leerte de nuevo, creí que el proyecto había quedado abandonado
    Esperaba que publicaras otra historia o algo, por que de verdad cachorros y amos fue totalmente cautivante
    Estoy muy ansiosa con poder leerte de nuevo y saber en que terminara Noel y jade

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