Especial de navidad

«Era la víspera de navidad y todo en la casa era paz. No se oía ni un ruidito, ni siquiera el chillar de un ratón.»

—¡Oye, te estuve buscando por toda la tienda!

Cerró el libro de golpe e intentó disculparse, pero Pat no le dio tiempo.

—No te me pierdas así, a ti te gusta desaparecer ¿no? ¿Qué estás leyendo? Oye, eso es para niños. ¿De dónde lo sacaste? Ven, hay cosas mejores por allá.  ¿Has visto esos comics que hay? Ven conmigo Noel, yo te voy a enseñar algo mejor. De verdad que sin mí andas perdido, ah.

Ahora tironeaba la manga de su camiseta para llevarlo a través de los estantes a modo de laberintos, rellenitos de libros de todo tipo.  Noel se dejó arrastrar, pero sin soltar el libro que estuvo hojeando antes que lo interrumpieran.

Había tanto que leer que era fácil perderse entre tanto título.  Pat lo arrastró hacia una sección repleta de libros de colores vistosos y pasaron delante de un par de chicas que hojeaban unos tomos. Noel pudo notar como los seguían con los ojos y cuchicheaban entre ellas.

Cuando por fin se detuvieron, su hermano menor tomó del estante uno de esos libros y se lo puso en la cara.

—¡Tienes que leer esta! Estoy seguro que te va a gustar. —comentó hundiendo los ojos y los dedos sobre los dibujos en blanco y negro. — Lo malo es que estiran la historia peor que chicle. Mira cuantos mangas han sacado.

Le señaló la larga fila de tomos sobre la repisa. Noel no resistió el impulso de tomar uno de ellos y encontró algo muy distinto a lo que esperaba. No había texto, sólo dibujos. Bueno, los personajes hablaban dentro de globos y de pronto le resultó algo complicado de seguir.

—¡Encontré el primer tomo en una biblioteca hace tiempo y empecé a leer! Pero me quedé sin saber que pasaba y mira cuanto me falta por leer. ¡Qué carajo! ¡Mira el precio! ¿Acaso creen que me sale el dinero de las orejas? ¿Cómo quieren que los lea si los ponen tan caros!

Estuvo a punto de responderle a Pat que sólo estaba mirando, no pensaba comprar ninguno. Aunque sí, al ver el precio del que tenía consigo, se dio cuenta que no tenía intenciones en pagar tanto. Los libros que tuvo alguna vez los encontró en la basura. Claro que uno nuevecito, limpio, con todas sus hojas completitas, era un lujo que nunca pensó darse.

—¿De qué se trata la historia? —preguntó bastante curioso, porque apenas le pasó los ojos a las primeras páginas y ya estaba mareado con tanto dibujo.

—¡De un exorcista y…!  Pero tienes que saber cómo leerla y estás empezando por el lado contrario. Tienes que leer de atrás para adelante y de acá, para acá. —le señaló con los dedos el orden de las viñetas.

Noel lo miró aún más confundido y le dio una oportunidad más al conjunto de dibujos, personajes y líneas que brotaban de las hojas en blanco y negro. No, acababa de decidirlo, era demasiado para él, prefería quedarse con los libros que ya conocía.

—¡Oye, tienes mucho que aprender! ¡Pero no te preocupes, estás conmigo y todo va a estar bien! ¡El gran Pat te va a enseñar todo lo que necesitas saber!  ¡No jodas! ¡Este manga cuesta más caro que los otros! ¡Qué carajo!

Apretó el título entre sus brazos y siguió escuchando a Pat despotricar acerca de otro título que también le interesaba, pero no podía pagar. Se hizo a un lado, entonces porque tenía ganas de saber de qué iba esa historia acerca de una casa donde reinaba la paz y el silencio.

La librería era enorme y concurrida. En cada pasillo alguien estaba leyendo un título y Noel se sintió tentando de sentarse en el suelo y hacer lo mismo. Alcanzó a ver a una chica de trenzas largas y gafas gruesas desplomarse en el suelo, libro en mano a darle una buena hojeada.

Pat no lo iba a extrañar si se alejaba un poquito. Estaba con la nariz hundida en uno de esos libros que le parecieron más para colorear que para leer. Tímidamente se acercó hacia donde la muchacha que ni caso le hizo y se sentó cerca de ella.

Abrió su libro y el olor que despedían las hojas blanquitas

«Los calcetines fueron colgados sobre la chimenea, con mucho cuidado, con la esperanza que San Nicolás pronto llegara.»

Calcetines colgados.

Luka lo sorprendió la semana pasada con un par de calcetines de distintos colores y le tendió uno.  Se quedó mirándolo sin entender la razón por la cual recibía uno tan grande y rojo con verde. Al verlo bien se dio cuenta que tenía una letra N bordada con hilo dorado. Luka sostenía otra con una L y le sonrió divertido.

—Tenemos que poner los adornos de navidad, saco de huesos. Pero antes quiero que tengas esto. Es para ti, seguro el día de navidad va a amanecer lleno de regalos.

No supo que decirle, sólo le agradeció sin saber que más hacer. No tenían una chimenea en el departamento, pero los colgaron de una repisa. Luka no lo dejaba acercarse mucho al calcetín, pero pudo notar que cada día se veía más relleno.

No sabía que le ponía Luka adentro, pero seguro se iba a desfondar el pobre calcetín.

Acabó de leer la historia de la visita de Santa Claus, más pronto de lo que pensó y su apetito no estaba satisfecho. Pasó la hoja y encontró otro relato titulado «Cántico de navidad», por Charles Dickens. No le pudo despegar los ojos a cada palabra, cada letra. La historia era increíble, fantasmas de las navidades pasadas…

De pronto se metió tanto en el libro que no se dio cuenta que estaba sentado sobre el suelo alfombrado, muy cerca de la muchacha de gafas gruesas.

—¡Por fin te encontré! Te estuve llamando, pero no me contestaste. Te rastreé con el localizador que le puse a tu teléfono. Te estoy marcando ahora mismo. ¿Lo tienes en vibración?

Levantó los ojos a prisa y era Luka quien se encontraba frente a él.  Se levantó de un salto y recién se daba cuenta que el teléfono vibraba furioso dentro del bolsillo de su chaqueta.  La muchacha de gafas dejó su libro a un lado y se quedó mirando al recién llegado, con cierto descaro.

—Lo siento. —respondió buscando el teléfono y sí, tenía una hilera larga de llamadas perdidas.

—Sospechaba que andabas por aquí. —continuó el fotógrafo bebiendo de la taza descartable que traía en la mano. —Te estabas muriendo por entrar a estar librería. ¿No?

—Sí, sólo entramos a mirar.  No me di cuenta que llamabas.

—Lo supuse. A ver ¿Qué libro escogiste? —le preguntó curioso oliendo todo a café.

En seguida le mostró el título, era una antología de relatos navideños. Lo obtuvo de una mesa donde había toda clase de regalos y decoraciones. Luka lo recibió de sus manos y le dio una hojeada rápida.

—No me olvido que te derrites por los libros. ¿Sólo este quieres llevar? ¿Seguro es el primero que encontraste, no?

Asintió porque era cierto, Luka lo conocía bien. Pero daba igual, no pensaba llevarlo. No quería que le siguiera comprando cosas, ya bastante hacía por él. Con que le dejara acabar la historia de los fantasmas de las navidades, se conformaba. Quizá podía volver a su rincón, al lado de la chica de las gafas, quien ahora los miraba disimuladamente y acabar de leer rapidito.

—Ven.  —le dijo y lo tomó de la mano para conducirlo hacia otro estante más repleto de tomos. —Vamos para que elijas un par más porque tú devoras libros. Ese que tienes ahí te va a quedar corto.

—¿Lo has leído antes? —le preguntó animado y Luka giró para mirarlo con sus ojos disparejos.

Noel se detuvo en seco. De pronto sintió un golpe en la espalda y fue la muchacha de gafas quien tropezó con él, porque no se imaginó que frenaría de improviso.

—Lo siento. —se disculpó ella y emprendió la fuga sin atreverse a levantar el rostro. —Lo siento de verdad.

Ninguno de los dos tuvo tiempo para responderle, porque desapareció tras un estante visiblemente avergonzada. No le prestaron más atención al incidente y a Luka se le olvidó lo que iba a decir.

Avanzaron unos pasos más y se detuvieron frente a un estante donde el fotógrafo empezó a pasar los dedos sobre los lomos de los libros.

—¡Este de acá! Espera… ¡Este también! ¿Te acuerdas la película que vimos en el departamento? Mira, este es el libro en el que está basada.

—¡El Perfume! —exclamó Noel y un borbotón de alegría le salió del pecho.

Fue la primera película que vio en su vida y hasta ese momento no podía olvidarla. ¡Había un libro de esa película! No podía créelo, ahora su felicidad estaba completa. Tenía que leerlo, así que regresaría a su rincón para comérselo completito.

—¡Debí guardártelo como regalo de navidad! Pero no me pude resistir. Sabía que te iba a gustar. Por cierto, como tú cumples años el mismo día de navidad te toca doble regalo.

¿Estaba hablando en serio? ¿Más regalos? Luka le daba todo lo que podía necesitar, no necesitaba que le comprara libros. Aunque…

—¡Noel! ¡Te dije que no te me desaparecieras! Ya veo, con razón te me fuiste, estas con el fenómeno de circo.

Pat apareció a sus espaldas y no se veía contento. Tenías las manos llenas, pero no por ello no intentó jalarlo a su lado.

—Siempre es un gusto verte, mocoso. —le respondió Luka con tono socarrón.

Ahí iban de nuevo. Noel suspiró pensando en aquel relato acerca de paz y tranquilidad de la mañana de navidad, pertenecía sólo a la ficción.

—¡Y tú! ¡Quedamos en que no te ibas a meter! ¡Es mi turno de pasar la tarde con Noel y tú no tienes por qué venir a interrumpir!

Pues sí, se habían puesto a conversar de hombre a hombre y quedaron en que le darían a Noel espacio suficiente para decidir lo que quería hacer. Además, el tal Luka le prometió que los dejaría en paz y pasar tiempo juntos sin entrometerse. Claro que ese tipo era como todo el resto de adultos, un embustero. No podía confiar en él, ni darle un centímetro de ventaja, porque iba a terminar aprovechándose de la situación.

—Sólo pasaba por aquí y pensé que podíamos comer algo. —respondió el tal Luka con su cara de inocente. —Cierta persona si deja de cenar pierde una talla, así que saliendo de acá podemos ir a comer hamburguesas.

¡Mierda! Eso no se vale, no se vale meterse con el estómago ajeno. Sí, hamburguesas calientes, con queso derretido sonaba delicioso, pero no. ¡No iba a ser tan fácil dar su brazo a torcer!

—Vámonos Noel, ven que te quiero mostrar un manga que trata de fenómenos de circo, parece que te gustan ese tipo de historias.

Tenía que sacarse de encima a ese tipo, si quería recuperar la atención de su hermano. Noel lo siguió menos mal, porque no tenía manos con que jalonearlo. Luka los siguió también, qué molesto era.

De nuevo en la sección de mangas, quería llevarse todos los tomos, pero no podía costearlos. Podía comprar sólo uno, la verdad que dos, pero estaba ahorrando dinero para comprarle un regalo a Noel. Pero era un secreto, así que shh.

—¿No estás muy mayor para leer estas cosas? —comentó el tal Luka. ¿A él quién carajo le preguntó nada? —Estos comics son para niños. ¿No?

En ese momento, el resto de jóvenes que estaban a lo largo de los estantes, levantó la cabeza. Varios pares de ojos se centraron en la figura del baboso de Luka. ¡Toma esa, idiota! A ver repite que es para niños y vas a ver que todos esos fanáticos te despedazan.

—Y tú eres un mutante y nadie te dice nada. No son para niños, si te pones a leer vas a ver que no. ¡Qué bobo eres juzgando un libro por su portada!

—¡Qué sensible saliste, mocoso! ¿Qué? ¡Ustedes qué me están viendo! —replicó para aquella pequeña horda que lo miraba mordaz.

Ninguno de esos otros mocosos se atrevió a decir nada. Sólo una chica frunció la nariz, meneó la cabeza y regresó la cara a lo que fuera que estaba leyendo. Todo era culpa de Patrick y su facilidad para armar escándalo. Lo dejó bufar fastidiado, pero no se atrevió a continuar la gresca.

Noel en cambio se veía mortificado por todo el asunto. ¡Se acabó! No pensaba quedarse a discutir con una tira de chiquillos, con el mocoso escandaloso a la cabeza.

—Si te quieres quedar leyendo libros para niños. —lo último lo dijo con saña y de nuevo los ojos enojados de los otros adolescentes lo atravesaron. —adelante. Noel y yo vamos a comer.

Al darse la vuelta, el resto del grupito murmuraba algo que no pudo entender y al pasar al lado de la muchacha que leía algo con avidez, se atrevió a echarle un ojo al contenido. ¡Qué carajo! Pensó al ver tan sólo la tapa. Se detuvo en seco y se lo quitó de las manos. ¡Mierda! La chica protestó, pero la ignoró al instante. Sí, no se había equivocado, era una historia con dibujos gay.

Saciada su curiosidad le devolvió el libro a la muchacha y tomó a Noel del brazo para sacarlo de ahí lo más pronto posible. No, no iba a aceptar que Patrick tenía algo de razón al decir que no eran comics para niños.

El mocoso ese los alcanzó cuando iban camino a la registradora. Noel se mantenía en silencio y eso era algo que le preocupaba. Le tuvo que quitar los libros que apretaba contra el pecho para dárselos a la cajera y poder marcharse de una vez.

—¡Gracias por arruinar la tarde, dinosaurio mutante! —vociferó Patrick. Ese chico no podía modular su voz. Siempre gritaba. —Espero estés contento.

—¿Qué hora crees qué son? No los voy a dejar andar en la calle tan tarde. —le reprendió para que se calle de una vez. — Así que ni empieces.

—¡Noel y yo sabemos andar en la calle! No como otros delicados y engreídos riquillos de mierda.

Se acabó, ahora sí estaba molesto. Pero tenía que controlarse, porque estaban en un lugar público y no iba a discutir con un chiquillo al que casi le doblaba la edad.  Noel intentó calmar a Patrick, pero no funcionó. El chico dejó caer los libros que todavía traía en la mano y sobre la registradora. Furioso arrancó del bolsillo un puñado de billetes arrugados y los aplastó sobre las tapas.

La cajera, quien no era mucho mayor que los dos chicos que lo acompañaban, se veía bastante incomoda por la situación.  Tomó uno de los libros que Pat acababa de lanzar y al escanearlo de inmediato se dio cuenta que no iba a alcanzarle para pagarlos todos.

—¿Cuántos vas a llevar? —le dijo bajito, pero Patrick no entendió el mensaje, demasiado molesto para prestar atención.

—¡Todos!

—De acuerdo, porque no te va a alcanzar. —replicó la muchacha algo nerviosa. —De repente tu hermano mayor te puede prestar su tarjeta de descuentos y… prestar dinero para pagarlos todos.

¿Hermano mayor? La chica pensaba que él y Patrick eran hermanos. Rodó los ojos pensando que al chico ese le iba a dar una rabieta apenas se dé cuenta de lo que estaba sucediendo. Luka sacó su tarjeta de descuentos y la de crédito. La pasó en seguida y la cajera sonrió mucho más todavía.

—¡Oye no! ¡No quiero que me les compres! ¡No quiero nada de ti!

—Es tu regalo de cumpleaños. —interrumpió antes que el mocoso siguiera berreando. —sé que viene después del de Noel. Así que cierra la boca y cuando te lo de te haces el sorprendido.

No, no iba a ser suficiente para callar al chiquillo, quien tomó la bolsa con sus libros y salió de la tienda hecho una locomotora. Se lo merecía por ponerse a su altura. La cajera suspiró nerviosa, pero no dijo nada.

Como era de esperarse Noel fue a su encuentro. Desde dónde estaba no podía oír lo qué le decía, pero Patrick estaba rojo de ira. De pronto se sintió ridículo yendo en busca de esos dos. Quizá, después de todo lo que decían era cierto. Estaba demasiado viejo para meterse en cosas de chicos.

Los dejó tranquilos un rato y su pareja consiguió lo que parecía imposible. No tenía idea de qué hizo para convencer al mocoso ese, pero lo trajo bastante mansito y de regreso. Todavía bufaba como animal herido, pero ya no trataba de pelear con él.

—¿Estamos listos? —preguntó intentando calmar las aguas y sólo consiguió una respuesta verbal de Noel.

Consiguió que los dos chicos lo siguieran hacia el restaurante que mencionó con anterioridad y los mandó a sentarse en una mesa. Desde la fila para ordenar la comida, vio que el mocoso ese le echaba los brazos al cuello a Noel y lo abrazaba con fuerza.

El veneno de los celos empezó a resbalarse por el fondo de sus pensamientos. Noel se dejó apachurrar al gusto del tal Patrick y alcanzó a ver como el susodicho lo miraba y le levantaba un dedo. Cierto Luka, es un mocoso, no le prestes atención.

Dos podían jugar el mismo juego. Era tan sencillo como…

—Noel. ¿Me das una mano?

Bastaba llamarlo y estaba de nuevo a su lado. Ese era su Noel, oliendo al mismo jabón que él usaba, con el perfume que él le había dado, usando el mismo gel para cabello que dejó en el baño. Era su pareja, no había nada que ese chico Patrick pudiera hacer para separarlos.

Tomó a Noel en sus brazos y lo supo suyo. No había motivo por el cual preocuparse. La comida apareció pronto frente a ambos y tomaron las bandejas a prisa. Regresaron a la mesa y Patrick los esperaba con un mohín en toda la cara.

Estaba cansado de todo este asunto. Si no se había marchado fue porque Noel le pidió que se quedara. Haría lo que fuera por su hermano, incluso tolerar la presencia de ese tipo. ¿Qué pensaba? ¿Qué iba a comprarlo con unos cuántos mangas y un poco de comida? ¡Pues no! No confiaba en él, imposible de hacerlo. Noel no se daba cuenta, pero no era más que uno más de esa gente rica, que porque tiene plata cree que puede tener lo que sea.

Lo había visto antes, la familia de su mamá era así, igualita al tal Luka, siempre presumiendo su dinero. A veces le daban ganas de rendirse y largarse de una vez. Pero no, no iba a dejar a su hermano en manos de ese dinosaurio mutante.

Era cuestión de tiempo que Luka obtenga lo que quiera y bote a Noel como un trapo usado. La sola idea lo enojaba, porque sabía que iba a suceder tarde o temprano y Noel era demasiado bobo para darse cuenta. Estaba encandilado con todo lo que le daba el idiota de Luka.

—¿No te gusta tu hamburguesa? —le preguntó Noel tendiéndole la suya.

Claro que le gustaba, comería lo que fuera, así fueran piedras. Cuando uno ha pasado hambre, no le hace mala cara a la comida. Ahora bien, Noel lo miraba con esa cara de miedo que lo enloquecía de rabia.

—Sí me gusta, yo como de todo. No seas bobo Noel.

Odiaba cuando hacía “eso”, morderse el labio, bajar los ojos, retroceder, contraerse en su sitio. Lo hacía sentirse culpable y eso lastimaba mucho.

—¡No le hables así a Noel, mocoso!

—¡Tú no te metas en esto, fenómeno mutante! Todo es tu culpa, entrometido de mierda.  Noel estaba muy bien conmigo hasta que tú apareciste a joderlo todo. ¿Por qué no te largas por dónde viniste? Con tu familia rica y tu auto caro. ¡Déjanos en paz de una puta vez!

No se dio cuenta como así, se levantó de su asiento y tenía un dedo apuntando a la cara del tipo ese. Lo odiaba con la misma intensidad con la que adoraba a Noel. Por cierto, su hermano no se veía bien, más pálido de lo usual, parecía que se iba volver transparente. Entonces se dio cuenta de lo que había hecho y se sintió peor que antes. Abandonó la mesa, dejando la comida intacta.

No podía seguir en ese lugar, compartiendo el pan con ese tipo Luka. Empezó a correr y no se detuvo hasta que estuvo en la calle. No esperaba que lo siguieran, porque quería estar solo. No le tenía miedo a la calle, no necesitaba a nadie, además.

***

—¿Phil? ¿Me preparas un chocolate? ¿Por favor?

Esperaba que sucediera. La terquedad del bambino por fin llegó a su fin. Phil se levantó pesadamente de su silla, con su taza en la mano y tomó otra de la alacena.   Agua caliente del grifo de agua y la solución de cocoa se disolvió a prisa. Lanzó la taza al microondas, mientras observaba como Patrick se desparramaba sobre una silla.

Suspiró hondo y al cabo de un minuto, cuando sonó la alarma, le agregó los malvaviscos. Giró sobre sus talones y regresó a la mesa de donde partió.

Luego de varios días de silencio, Patrick por fin decidió dar su brazo a torcer. Llegó lloroso y fuera de sí, aquella misma tarde en la que quedó en encontrarse con Noel en un centro comercial.  Phil no quiso insistirle, sólo le dio el tiempo que necesitaba para cocinar su rabia y tal como esperaba, apareció en el pijama que le compraron como regalo de navidad adelantado, abierto al diálogo. Ahora que tenía cada uno una taza de cocoa en las manos, todo estaría bien.

—¡Phil, no es justo que Noel confíe tanto en ese mutante idiota! ¿Por qué tenía que aparecer a interrumpirnos? ¿Por qué no puede entender yo soy la única persona que Noel necesita a su lado?

Sospechaba que por ahí iba la cosa.  Noel estuvo llamando por teléfono, pero sólo consiguió enterarse que el bambino estaba bien y que no quería hablar con él. Así que Luka también tenía que ver en el asunto, de acuerdo. Dejaría que Patrick le dé su versión de los hechos, aunque tenía una idea de cuál era la situación.

Patrick sorbió su cocoa tan rápido que se atoró con un malvavisco y se volvió a desparramar sobre la mesa.

—Se suponía que Noel y yo estaríamos solos y se aparece el muy mierda… Perdón… Es que me da cólera que sea así. Me quiere separar de Noel. ¡No lo voy a permitir! Somos familia. Como a ese imbécil no lo quieren ni en su casa, me quiere robar a mi hermano.

—¿Es esa la razón por la que no comiste estos días?

—No entiendes Phil. Noel es mi única familia, si renuncio a él, le falto a la promesa que le hice a mi mamá. Maggie se va a poner muy triste si lo hago y yo nunca falto a mis promesas.

—Me prometiste que no ibas a hacerte daño, Patrick. Dejar de comer no te va ayudar en nada.

—Pero ahora sí estoy comiendo. Phil, no es justo. Ese imbécil de Luka tiene todo lo que quiere y ahora a Noel y yo no tengo a nadie más.

Carraspeó fingiéndose ofendido.

—Sólo a ti, a Marietta y Paulette…

—Qué bueno que te acuerdas de los pobres. —suspiró Phil mojándose el bigote con cocoa.

—Pero es qué, no es justo. —continuó Patrick con aquel tonito lastimero que se permitía cuando se encontraban solos. —Phil lo único que quiero es recuperar a mi hermano y poder vivir con él, como Maggie siempre quiso. ¿Es mucho pedir?

—¿Les has preguntado a Noel si eso es lo que quiere?

—¡Phil! Claro que… No sé, no sé si el idiota de Noel me quiere con él. Anda embobado con ese viejo decrépito de Luka y con las cosas que le da y le compra y no sé que mierda.

—Entonces todo está claro. —sentenció golpeando la mesa con la taza de cerámica. —La culpa de todo la tiene Noel.

—¡No Phil, no! No es su culpa. No entiendes, es la culpa del dinosaurio, de Luka. Nosotros estábamos de lo más bien, mirando las tiendas y yo compré algunos regalos que necesitaba para navidad y de pronto Noel quiso ir a esa tienda de libros. ¡Es tan aburrido ese pobre, pero lo que sea! Entonces le dije que no se separara de mi lado y de pronto vi un lado donde había mangas y me fui a mirar. Noel se me despegó y de ahí, lo encontré, le dije que no se fuera y de pronto lo atrapé con el viejo de Luka, ahí en la tienda. ¡Luka lo arruinó todo!

—Entiendo, la culpa de es Luka, por aparecer en un lugar público e ir a buscar a Noel.

—Oye, verdad que sí. ¿No?

—Y de Noel también, porqué él no lo despachó. —Es culpa de esos dos, Patrick.

El bambino se lo quedó mirando anonadado. Parecía que iba a decir algo, pero se tomó su tiempo en procesarlo antes de dejarlo salir de su boca.

—No Phil, no… No es culpa de Noel, sólo del dino de Luka. —murmuró hundiéndose entre sus brazos. —y también un poco mi culpa.

Ese muchacho necesitaba un corte de cabello, los mechones rubios ya le iban a cubrir los ojos. El rostro se le había alargado, pero conservaba cierto aire infantil, especialmente cuando en momentos como esos se permitía actuar de su edad.

Le escuchó quejarse como un niño pequeño y luego levantó la cara mascullando que ya no quería hablar al respecto.

—Mañana es víspera de navidad. —le recordó Phil, aunque el estado de la cocina no dejaba lugar a ningún olvido.

Decoraciones por todos lados, la vajilla festiva lista sobre el repostero. Los ingredientes en fila para empezar a cocinar desde temprano la cena de navidad. Pescado, pasta, postres.  Patrick sugirió un par de platillos y Paulette otros tantos. Marietta se sentía con fuerzas para ayudar en la cocina, aunque seguro sería sólo para dirigir los preparativos desde una silla.

—Ya sé Phil, mañana quería ir a llevarle al bobo de Noel un regalo que le compré, pero ahora ya no quiero verlo más.

—Entonces será mejor que se lo hagas saber. Será mañana porque ahora es tarde. Ahora ve a dormir que mañana tienes escuela.

—No quiero hablar con Noel, tampoco quiero verlo más. —replicó decidido apretando el asa de la taza.

—Hace un momento dijiste que no querías separarte de él. ¿Entonces en qué quedamos muchacho?

Era la reacción que esperaba. El bambino abrió los ojos, casi tanto como la boca e intentó decir algo, pero terminó rindiéndose. Phil se levantó de su silla y tomó la taza de manos del chico quien aprovechó tenerlo cerca y lo abrazó por la cintura.

—No quiero dejarlo Phil, no puedo. Pero siento que lo odio por hacerme a un lado, por preferir a Luka.

—No puedes forzar a nadie a que te corresponda. —le dijo acariciándole los mechones rubios mientras que las palabras le salían del alma.

Lo había pensado varias veces y aunque Paulette se lo dijo otras tantas, el bambino y él estaban en el mismo barco. Tuvo que armarse de paciencia para que Patrick empezara a aceptarlo y dejarlo formar parte de su vida. Siempre tuvo miedo que el muchacho decidiera marcharse un día de esos, pero por fortuna no sucedió.

Patrick ahora era parte de su hogar. No se imaginaba su casa sin el bambino correteando y sin su Marietta sonriéndoles a ambos. Entendía la frustración del chico, pero no podía compartirla.

—Suficiente por hoy, ve a dormir que mañana hay escuela.

—Está bien. —respondió el bambino desprendiéndose de su pronunciada barriga. —Ya me voy Phil.

La tristeza se debilitó en su voz, pero no se había marchado. Podía verle en los ojos cuánto estaba sufriendo. Pat de quince años, todo un adulto, como solía decir, se marchó arrastrando los pies hacia su habitación en la trastienda. Quizá algún día entendería que el afecto se gana. Aunque resulte frustrante, aunque cueste trabajo, con mucha paciencia, pero la recompensa valía la pena.

***

Acababa de colocar un tazón de palomitas recién salidas del microondas y Noel ni caso les hizo. Tenía un gorro de Santa Claus puesto, una aguja en la mano y los dedos hinchados de tanto hincárselos. Las cadenetas de palomitas iban a terminar de dos colores, blanco y rojo, a ese paso.

Era víspera de navidad y Noel tenía cara de funeral. Lo mínimo que esperaba es que estuviera un poco animado por las fiestas, pero ni eso. La razón la sabía bien y sí, le entraba algo de coraje verlo en ese estado.

Regresó a la cocinita siendo vilmente ignorado y sirvió un par de copas de vino. Le dio un sorbo a una y llevó la otra consigo. La colocó sobre la mesita de café frente a ambos y se sentó al lado de Noel.

Apenas si recibió una media sonrisa y el saco de huesos se atravesó la yema de un dedo con la aguja.

—Deja eso de una vez. —en seguida le arrebató la media cadeneta y la aguja de la mano.

Renegando entre dientes fue en busca de unas banditas plásticas y recordó que tenían unas cuantas en la cocina. Tomó una caja con motivos navideños, sí, las chicas se encargaron de meter la mano en la decoración del departamento y llenaron los estantes de adefesios.

Envolvió el dedo de Noel con una bandita rojo y verde y con su nombre escrito en letras blancas. El saco de huesos no protestó, sólo lo dejó trabajar en sus pobres dedos heridos. Unas cinco banditas después, procedió a regañarlo.

—Si no vas a tener cuidado, no te voy a dejar continuar, Noel.

Por supuesto que se disculpó a continuación, muy bajito y bajó los ojos hacia un par de palomitas que tenía sobre los muslos.

—Ven aquí. —le dijo rindiéndose ante lo evidente. Necesitaba tenerlo en sus brazos. Si bien era cierto, Noel estaba triste, pero él quería quitarle ese sentimiento a punta de abrazos. Le dio un beso en los labios, además y lo volvió a apretar contra su pecho.

Sólo quería verlo contento, esa noche iba a cumplir años e iba a asegurarse que todo fuera perfecto. Claro que Noel se encontraba en ese estado por culpa de Patrick. Estaba al tanto de la situación, el mocoso berrinchudo no le respondía las llamadas y Noel sufría en silencio.

¡Mi-er-da! Pensó en voz alta, pero su pareja no se percató.

Las decoraciones de Navidad estaban por todo el departamento. El árbol perfumaba el ambiente con su olor a cítrico, los adornos que colocaron juntos brillaban amparados por las luces de colores. La estrella que tenían en la punta tocaba villancicos. Varios regalos se asomaban bajo las ramas del arbolito y todo debería ser perfecto, porque iba a ser la primera navidad que Noel iba a celebrar.

Pero no podía verlo feliz.

—Gracias por las banditas. —musitó Noel todavía en sus brazos y le respondió mordisqueándole el cuello un «de nada»

Estiró una mano para tomar su copa de vino, pero Noel se le adelantó y le alcanzó la suya.

—Empezamos brindando desde temprano por tu cumpleaños. —le dijo con ganas de otro tipo de celebración, pero tendría que esperar. No era el momento adecuado.

—Es cierto, es mañana.

—A la media noche Noel. Estoy contando los minutos, pero no le digas nada a Amy porque dice que soy un pervertido.

—No le digo—otra media sonrisa y lo vio empinar media copa.

Noel podía beberse la botella entera y tan sólo sonrojarse un poco. De otro sorbo ya se la había despachado.

—No es agua, por si acaso.—con un gesto divertido se levantó del sofá y trajo dos botellas más. Le rellenó la copa y lo observó repetir la misma operación luego de un minuto.

—Tengo mucha sed. —le respondió Noel con suma inocencia.

—¡Qué coincidencia! Yo también. —anunció apretando a Noel contra su pecho.

A Luka no se le escapó ese gesto y se le resbaló el vino por la garganta, calentándole el pecho. Aquella sensación le bajó hasta la entrepierna.  Antes de que el saco de huesos se bebiera el resto de su copa, lo besó en los labios.

El sabor dulzón del vino, se combinaba con las ganas de bebérselo a besos que estaba sintiendo. Noel sentía lo mismo, sin duda, porque en seguida se volteó para sentarse sobre su regazo. Lo dejó probar el último sorbo de su copa y le limpió los labios con el pulgar.

Noel lo recibió entre sus labios y lo dejó entrar en su boca para hacer es espirales la lengua sobre la yema de su dedo. ¡Ahora sí que le iba a tocar su nochebuena, pensó encendido de lujuria! Se levantó del sillón dejando caer la copa vacía sobre el cojín. Continuó besándolo por la sala, hasta el corredor rumbo al cuarto.

El teléfono los detuvo antes de que pudiera abrir la puerta y adelantar el banquete de navidad. Noel separó sus labios y lo vio girar el cuello en dirección al timbre. No tenía que decírselo, sabía lo que estaba pensando.

Luka maldijo al aire y seguro que sí Santa estaba tomando nota, acababa de ganarse su entrada a la lista de niños malos. Apretó a Noel mucho más y decidió que no le importaba recibir carbón de parte del viejo barrigón del Polo Norte. Iba a llevarse a Noel a su cuarto, le iba a quitar la camisita de felpa, los pantalones de franela y se la iba a me…

—De repente es importante…—Pidió Noel con cierta angustia en los ojos.

—Seguro no es nadie, seguro es Amy. Que vuelva a llamar o deje un mensaje. —No, no tenía que decírselo. Noel estaba ilusionado con la idea de que aquel mocoso berrinchudo fuera a llamarlo por teléfono.

Los pantalones de pijama se le achicaron en la entrepierna y el calor en sus mejillas seguro le daban la apariencia de un ornamento del arbolito. No podía quebrarle la ilusión a Noel, porque ese chico se estaba por romper el cuello de tanto girarlo.

Lo dejó ir, lo puso en el suelo y lo vio tropezar hasta que por fin alcanzó el teléfono sobre el repostero de la cocina. No, no se equivocó, era Amy y compañía quienes llamaban. Pudo escuchar la desilusión en su voz, la tristeza al saludar a Moni quien se coló en la conversación.

—Jade no te preocupes por nada. —le escuchó decir y hasta sonrió un poquito. —¿A qué hora pueden venir?

Luka hubiera respondido que nunca, por la situación en la que se encontraba, lo último que quería eran más interrupciones. Masculló como respuesta, que cuando estuvieran listas y regresó al sofá a seguir bebiendo.

Noel conversó un poquito más, con Jade esta vez. Le iba a hacer bien platicar con ella, a ver si se animaba un poco.  Esos dos pasaron casi toda su vida juntos y no habían perdido la costumbre de intercambiar palabras de cuando en cuando.

Quizá debía prestar atención a lo que se decían, porque Jade siempre veía el modo de sacar a Noel de su ensimismamiento. Algo le dijo Jade, que lo hizo reír.

El saco de huesos colgó el teléfono y regresó a su lado en el sofá.

—¿Qué? ¿Jade te hizo cosquillas por teléfono o qué?

—No, es que me dijo algo gracioso. ¿Te acuerdas de la historia de Rodolfo el reno? La que está en el libro que me compraste. Me dice que Amy tiene alergia y está con la nariz igual de colorada.

—Tiene alergia a las pecanas. —le dio ataque de risa y ahora sí estaba seguro que no recibiría más que carbón de parte de Santa Claus. —Tienes que verla, se pone como una langosta hervida.

—A Jade le regalaron galletas y Amy sólo le dio una olisqueada, pero se la pegó a la nariz y…

No pudo continuar, porque ambos terminaron riendo. Luka con más ganas, porque se podía imaginar exactamente la situación. Amy era un monstruo come galletas y claro que no pudo resistir la tentación.

—¡Eso le pasa por tragona! ¿A qué hora dices que vienen? ¡Quiero verla con la nariz hinchada!

De acuerdo, acababa de perder su regalo de parte de Santa, por varios años venideros, pero valía la pena. Además, escuchar a Noel reírse valía cualquier sacrificio. Su pareja volvió a sus brazos, todavía burbujeando risitas y al final suspiró.

—La historia de Rodolfo el reno, se la leí a Jade el otro día. Le gustó mucho, tanto que Moni le compró unos cuernitos de reno.

—Pues que se los ponga Amy y la ponemos a jalar un trineo.

De acuerdo, fue cruel, pero Noel volvió a estallar en risas. Hacía días no lo veía tan contento. Bueno, mientras durara. Hablando de regalos, le tenía unos cuantos preparados para la ocasión, pero había uno en especial que quería dárselo a solas.

Nunca antes había tenido tanto problema para pensar en un regalo para alguien. Por lo general estiraba la mano y dejaba caer su tarjeta de crédito en manos de Amy para que ella comprara de su parte. En esta ocasión era diferente.

Fueron días enteros de cavilaciones, hasta que por fin tomó una decisión y de inmediato corrió a discutirla con Amy.

¿Quién iba a pensar que eras tan romántico, Luka?

Concéntrate y responde a mí pregunta. ¿Te parece buena idea o no?

¡Pues claro, imbécil! Creo que a Noel le va a encantar. Es más, no puedo creer que lo pensaste tú solito.

Quiero que sea algo especial, lejos de todo y todos. exclamó dándole énfasis a lo último. Y a Noel le gustan mucho mirar la ciudad desde el balcón. Le gustan las alturas.

Pero Luka…A mí no me engañas. Te lo quieres llevar lejos para estar los dos solitos para hacer de las tuyas. la voz de Amy cobró un tono pícaro. Súbelo a un avión si le gustan las alturas y cuando están a punto de… se avientan en paracaídas y…

A ti te voy a lanzar sin paracaídas desde el Empire State. ¿Puedes dejar de pensar en sexo, Amy?

Fue tu idea. ¿No? ¿Entonces cómo vas a preparar el momento? ¿Velas perfumadas, pétalos de rosa y tonteras así? ¡Cuéntame Luka, quiero saber!

¿Ves cómo dices tonterías? ¡No! Sólo quiero llevarme a Noel a otro lugar, a donde… a donde los recuerdos de su vida pasada no nos alcancen.

Pues eso va a estar difícil. ¿No? ¿Quieres sacar un pasaje para Timboktu o algo así? ella se acomodó las gafas y se mordió una uña. Perdóname Luka, pero es que… Ha pasado por cosas tan horribles que no sé… Pensaba que ponerle velitas y pétalos de flores podría ser algo bonito, pero si tú dices que no…

En el fondo y Amy tenía razón. Quizá no había manera de separar a Noel de los recuerdos de su vida pasada que lo asaltaban constantemente. No podía exigirle una recuperación total, luego de años y años de abuso. Ahora que lo tenía a su lado, todos sus deseos estaban cumplidos. Faltaba hacer su parte en asegurarse que fuera feliz las veinticuatro horas del día, los siete días de semana.

—Noel, tengo algo para ti. anunció con cierta ceremonia y se dirigió hacia el estante donde ambos calcetines estaban por vencerse de lo rellenos que estaban.

Con cuidado tomó un sobre que contenía una primorosa tarjeta de navidad y se la puso entre las manos.

Es algo que quiero darte y que además es parte de tu regalo de navidad.

¿Luka, pero todavía no es navidad ni mi cumpleaños?

Lo sé, pero quiero que lo tengas ahora.

Recibir un sobre de las manos de Luka le trajo varios recuerdos. La primera noche en la que estuvieron juntos, en ese mismo sofá. Lo abrió con cuidado, sin poder quitarse la sensación de antaño. Encontró un pedazo de cartón duro con dibujos de un paisaje como sacado de un cuento. Un hombre de nieve, una ciudad cubierta de nieve y unas montañas en el horizonte.

Al leer el interior de la tarjeta, no encontró billetes, sólo un mensaje que decía:

«Esta navidad he recibido más de lo que merezco. Noel, tú eres más de lo que esperaba de la vida. Mi único deseo es que te quedes a mi lado en lo que me queda por vivir.

 Luka»

De dentro de la tarjeta cayó una foto postal con la leyenda Lake Placid. No supo que decir, sólo levantó los ojos francamente confundido.

—Hice reservaciones para los dos, para pasar año nuevo, solos en esta cabaña en Lake Placid. Pensé en Aspen, Montana o Wisconsin, algo un poco lejos de la ciudad, pero déjame decirte que Lake Placid tiene su encanto.

No, todavía no podía procesar toda la información que recibía de parte de Luka. ¿Le acababa de dar una tarjeta donde le decía que quería que se quede a su lado para siempre? ¿Acaso estaba soñando? Ahora hablaba de un lago e irse de la ciudad.

—La montaña Whiteface tiene un hotel muy bueno, pero encontré una cabaña para nosotros dos solos. Podemos esquiar, hacer snowboard, lo que tú quieras. Ver partidos de hockey y visitar el estadio en el cual vencimos a los rusos en los juegos olímpicos de… ¿Me estás oyendo?

—¿En serio Luka?

Acababa de desconocerse. Sonó exactamente como el fotógrafo cada vez que conversaba con Amy. Quizá sí pasaban mucho tiempo juntos, podía contagiarse de otras de sus expresiones. En realidad, todavía no podía que Luka quisiera quedarse con él y encima de todo, llevarlo de paseo a una cabaña en una montaña.

—En serio. Quiero que estemos juntos y solos.  Quiero que tengamos un tiempo para ambos, lejos de todo el ruido y el caos. Si es lo que tú quieres Noel.

Luka lo tomó en sus brazos y de nuevo se le montó sobre las piernas. Era algo que se le había vuelto costumbre, rodearlo con sus brazos y sentir su aliento en sus labios.

—Sí. —respondió con el corazón rebotándole en el pecho. —Sí Luka, claro que sí.

Todavía tenía el gorrito de Santa Claus puesto y Luka le mordió el pompón blanco que colgaba sobre su hombro. Continuó moviéndose por el arco de su cuello, hacia su oído. Derramó dentro un par de besos y algo más que le encendió las mejillas.

—¿Cuándo vamos? —se le escapó de pronto, mientras que la lengua del fotógrafo dibujaba los recovecos de su oreja.

—En dos días. Pensaba ir y pasar la navidad y el año nuevo, pero Mónica me arranca la piel del trasero y Amy de las bolas. Jade está muy entusiasmada con la celebración de navidad, así que no nos podemos mover de aquí.

—Jade no sabía que era navidad. Cuando estábamos chicos, se enteró que daban regalos a los niños allá en una iglesia en Bronx. Nos escapamos de Devan, pero no sabíamos dónde era y cuando pudimos averiguar el lugar, ya no había nada.

Jade se puso muy triste aquella vez, pero se esmeró por disimularlo.

—Sólo quedaba papel de colores en el piso. En las bolsas de basura encontramos las sobras de lo que sirvieron. Teníamos mucha hambre y…

A Luka se le desapareció la alegría del rostro y sólo lo apretó con más fuerza. Quizá no debía continuar, pero el fotógrafo le decía siempre que no se callara. Que dejara salir todo lo que guardaba por dentro.

—Jade encontró una caja y tenía una muñeca dibujada. Lo recortó con sus dedos y lo guardó hasta que se deshizo de viejo.

Se quedaron en silencio, Luka sólo escondió su rostro sobre su pecho y lo sintió respirar pesado. Entonces le acarició el cabello dorado y suspiró también. Se sentía tan bien con los brazos del fotógrafo rodeándolo de ese modo, porque prevenían que los recuerdos lastimaran. Jade estuvo muy triste camino de regreso. Escondió la muñeca de cartón en la entrada del departamento de Devan y soportó la paliza con entereza.

Nunca podría olvidar lo mal que la pasó Jade, por eso le tenía de regalo una muñeca. Quería ver su rostro cuando se la diera. No iba a borrar los malos ratos del pasado, pero seguro la hacía sonreír un ratito.

—Luka… ¿Nos vamos a cambiar para cuándo ellas vengan?

—Sí, claro salvo que te quieras quedar en pijamas.

—¿Y no nos vamos a bañar primero?

Bueno, Luka empezó mordisqueándole la oreja y abrazándolo tanto que ya se estaba antojando de sus caricias. Por fortuna el fotógrafo entendió la indirecta y lo levantó en sus brazos.

—Buena idea, así que mejor vamos yendo porque…

—¡Espera Luka, no podemos irnos en dos días! —exclamó sorprendiéndose a sí mismo por no haberlo recordado. — ¡Es el cumpleaños de Pat y…!

Listo, momento especial arruinado por el mocoso berrinchudo. Bueno, era culpa suya por no acordarse.

—Aunque Pat no quiere hablar conmigo.—La tristeza regresó como por encanto a la voz de Noel. —Así que…

No y no. Lo tenía en sus brazos y no lo iba a soltar así se cayera el departamento por pedazos. Las luces de navidad tintineaban y una cancioncita sonaba en el fondo de la habitación. Iba a llevarse a Noel a la tina e iban a disfrutar el baño juntos. Luego vería la manera de solucionar el problema con Patrick y su maldita necedad.

Avanzó hacia el cuarto de baño, ignorando la tristeza en los ojos de Noel. Lo dejó pisar el suelo y le quitó con cierta prisa la camisa de pijama. Aspiró el olor de su piel, al tenerlo tan cerca y no se resistió de besarlo de nuevo.

—Hay un proverbio chino que dice… No espera, no es chino… No sé de dónde sea, pero es algo como si la montaña no viene a ti, tú ve donde la montaña. ¿Si me entiendes?

Noel lo miró algo confundido, pero igual asintió. De acuerdo, quizá demasiadas montañas para un solo día.

—Quiero decir que como Pat no te da la cara, iremos a verlo. Ahora a bañarse, apestoso.

—Tú eres apestoso. —le respondió Noel con una sonrisa chiquita y se sacudió los pantalones de felpa.

Ah, si lo que quería era tentarlo pues acababa de salirse con la suya.

—¿Desde cuándo no te bañas, ah? —preguntó arrancándose la ropa y siguiéndolo hacia la tina.

—Desde anoche. —continuó Noel abriendo el grifo de agua. Se iba a tomar el resto del día en regularle la temperatura, lo que le daba tiempo suficiente para hacer de las suyas.

—No lo creo. —lo absorbió en sus brazos y apretó con tanta fuerza que hizo crujir al saco de huesos. —Hueles a días y días sin tocar el agua.

Perdieron el equilibrio y terminó sentado contra el suelo frío. La sensación disparó algo en su mente y tuvo que sujetar a Noel con más fuerza, sólo para cancelarla. No, imposible. Cuando sucedía no podía sacudirse de esta tan fácilmente.

Se le enfrió el sudor y el corazón le palpitaba al ritmo de tambor. Respiración pesada y las ganas que tuvo hacía un momento se esfumaron por completo. El sonido del agua, el piso helado contra su espalda y glúteos, desnudo de nuevo sintiéndose vulnerable. Cerró los ojos, pero aquella sensación se convirtió en una película proyectándose en su mente. Recogió las piernas y sintió el contacto de otra piel sobre la suya.

Apartó aquel cuerpo del suyo con desesperación, pero en seguida volvió a apretarse contra él. Lo tomó de las muñecas y sujetó contra la superficie fría de losetas.

Escuchó su nombre, abrió los ojos y encontró los de Noel frente a él.

Repetía su nombre, su voz sonaba angustiada. Noel lo estaba sujetando contra la pared para que no lo pudiera apartar. Ambos desnudos, losetas blancas, el piso frío. Consiguió soltarse y lo abrazó con fuerza. Empezó a contar en su mente, llegó hasta diez y a prisa.

—Estoy bien, sólo es… no es nada…Noel, no pasó nada.

Quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho.

—Todo está bien. —insistió sin soltarlo todavía.

El sonido del agua, las losetas frías… veintitrés, veinticuatro, veinticinco.

—Es tu cumpleaños, así que te toca baño Noel. —intentó bromear un poco, pero falló miserablemente.

Se quedaron en ese estado, acurrucados al lado de la tina de losa por un buen rato. Hasta que la habitación se entibiara y los recuerdos disiparan como el vapor del grifo de agua.

***

—¡Ay no seas así Luka! Por favor, se buenito y trae el resto de regalos que se quedaron en el coche.

Acababan de llegar los tres fantasmas de las navidades, como les pusieron de apodo, por el gusto de molestar. Venían vestidas para la ocasión y cargadas de cosas. Jade siguió a Moni y entre ambas acomodaron unas bandejas en la mesa. Amy de inmediato se dirigió a la refrigeradora a llenarlo de botellas de vino que trajo para brindar.

Ellos hicieron su parte, por supuesto. Tenían medio estante lleno de postres. Un pastel con forma de tronco, era el que sacrificarían luego por el cumpleaños de Noel.

Amy insistió en que fuera a traer el resto de paquetes y a regañadientes tomó las llaves del auto, para encaminar al garaje.

—Noel se queda con nosotras. —anunció Mónica antes que siquiera pensar en pedir que lo que acompañe.

Es más, Jade se prendió del brazo de su saco de huesos y no lo dejó moverse. ¡Lo que sea! Pensó rodando los ojos. Noel parecía ansioso por seguirlo, pero pronto las tres chicas lo pusieron a ayudarlas.

Abandonado a su suerte, se dirigió por el pasillo, hacia el elevador y por el garaje hacia donde Amy estacionó su auto. ¡Carajo! Un poco más se estaciona en otro estado. Tuvo que recorrer todo el maldito estacionamiento, renegando de que no era la mula de carga de nadie.

Fue su imaginación o la camioneta se movió apenas se acercó lo suficiente. Fue una vibración ligera, pero igual se puso en guardia. Podía hacerle frente a lo que fuera. Sí, en definitiva, se movió algo adentro y hasta abrió la puerta con cuidado.

Bajó los puños cuando la figura de ojos ambarinos y cara de pocos amigos, se plantó frente a él. El garaje a media luz y sólo había una cámara a la entrada. Con las ganas que tenía que estrangular al mocoso ese, por portarse como lo hacía. Pero era navidad y no quería arruinar el cumpleaños de Noel de ese modo.

Se miraron por un par de minutos y ninguno se atrevía a decir nada. Siendo el único adulto presente, avanzó hacia la maletera y tomó las bolsas que fue a recoger. Cuando estuvo por marcharse, el muchacho seguía en su sitio.

—¿Qué? ¿Te vas a quedar aquí toda la noche? —le dijo avanzando sin mirar atrás. —Noel quiere verte, pero si le vuelves a levantar la voz, te vas por la ventana.

Pero si qué era un chiquillo dramático. Podía escuchar como rechinaba los dientes de la rabia. Bueno, sí tenía una condición y tomaba medicinas para controlar su bipolaridad, pero si volvía a tratar mal a Noel, se olvidaba de todo.

—¡Vine a verte a ti!

¡Vaya!

—Estoy escuchando. —y giró para encararlo, pero Patrick no lo miraba.

Con la cabeza gacha lo vio tronarse los dedos y retorcérselos. Parecía que se los quería arrancar de las coyunturas. Estaba por perder la paciencia, aunque sabía que no era culpa del chico tener esa enfermedad. Tampoco sacarlo de quicio con tanta facilidad. También tenía que reconocer que tenía gran parte de culpa, por alimentar la molestia que tenía en su contra, en vez de conciliar y tratar de llevarse mejor.

—Vine a pedirle perdón a mi hermano, por todas las cosas que le dije. No es culpa de Noel que tú seas un entrometido. ¡No puedes dejarnos tranquilos ni un rato! ¿No? ¡Siempre tienes que acapararlo! ¡No te basta con separarlo de mi lado!

No.

—Hemos hablado de esto. No quiero quitarte a Noel. —porque no es una cosa. ¿Este mocoso hablaba en serio? —Lo fui a recoger del centro comercial, porque estaba convaleciente de una gripe. No te entiendo, eres tú quien no quiere verlo, ni responder sus llamadas y dices que yo te separo de él. ¿Algo más de lo que quieras conversar?

—No le respondí porque estaba enojado y no quería gritarle por teléfono. —la voz le temblaba y todavía no levantaba los ojos del suelo. —Por eso vine a decírtelo a ti.

—Viniste a echarme la culpa. Hazlo, yo puedo vivir con ello. Si ya terminaste, ven conmigo que Noel se está muriendo por verte.

—¿Vas a dejar qué me quede? ¿De verdad no quieres que me largue de una vez?

—No, porque si te largas sin ver a Noel, se va a poner muy triste. Es su cumpleaños y quiero que todo sea perfecto. Te lo he dicho antes. ¿No? Lo único que quiero es que sea feliz.

—Yo también, yo también quiero que Noel sea feliz.

Ahora sonaba como el chiquillo que era. La voz se le quebró en añicos y lo escuchó sollozar. ¡Oh mierda! Ahora se iba a poner a lloriquear también. Sí que era sensible el mocoso.

Dejó las bolsas en el suelo y se acercó a quien le había dedicado una serie bastante larga de apodos insultantes. Patrick levantó sus ojos amarillos y los encontró mojados.

—Entonces por fin nos entendemos. —le dijo finalmente al chiquillo que apenas le sonrió. —Vamos entonces, salvo que te quieras quedar aquí y te mando a Jade con comida más tarde.

Lo sintió bufar y contraerse a la vez. Sí, se sonrojó el chiquillo y era de esperarse.

—¿Entonces sí me puedo quedar? Tengo que avisarle a Phil, él cree que voy a cenar con ellos.

—Le avisas luego, vamos para que Noel te vea.

De regreso al departamento, Patrick llevó una bolsas llenas de regalos y no paró de comentar toda la comida que preparó para la cena en casa del italiano.

Sin duda los fantasmas de las navidades tenían todo planeado de antemano. Amy espiaba desde la puerta y antes que se acercaran mucho los detuvo. Les hizo guardar silencio y Luka empezó a temer por la integridad de Noel.

Apenas se asomaron en el departamento, vieron que lo tenían sentadito en una silla y Jade le cubría los ojos.

—No dejes que espíe Jade, si no se arruina la sorpresa.

Mónica les hizo una señal para que ingresen, Amy les recibió los paquetes. Ambas los empujaron hacia donde se encontraba Noel a quien vieron estremecerse bajo las manos de Jade. Luka empezó a preocuparse porque si a Noel le empezaba un ataque de pánico por la brillante idea de esas dos…

Jade le susurró algo en el oído, que no alcanzó a entender y procedió a retirar sus manos. Ella olía a esos perfumes que solía frotarse de las revistas de modas y acababa de pasarle el pompón de su gorro de santa sobre la mejilla.

Menos mal estaba sentado, que si no se iba al suelo de la impresión. Pat y Luka frente a él, juntitos y sonriéndole. Se quedó sin palabras, no supo que hacer. Si se movía demasiado, quizá se despertaba, porque estaba seguro que era un sueño.

Pat no decía nada, sólo lo apretaba con fuerza. No necesitaba oírlo, en silencio se entendían mejor.

—Cuidado que me lo desarmas. —intervino Luka acercándose también y le restregó los nudillos sobre la cabeza de Pat. —Ya es suficiente.

Sorprendentemente su auto nombrado hermano no protestó, sino que sonriendo se levantó sin decir una palabra.

—¡Milagro de navidad! —bromeó Moni emocionada. —Ustedes dos por fin en paz.

—Y amor, mucho amor. —esa fue Amy y abrazó a su novia de la cintura. La tomó de sorpresa, la hizo girar y la besó en los labios

—¡Ey ustedes dos! Hay niños presentes. —fue el turno de Luka de bromear con ellas.

—Luka tu edad mental no cuenta. —fue la respuesta de Amy y le mostró el dedo, mas no el medio. Mónica la imitó y ambas empezaron a reírse a carcajadas.

Al parecer era un chiste que sólo ellas entendían. Noel miró de reojo a Luka y luego a Pat, pero ninguno de los tres tenía noción que les parecía tan gracioso. Fue Jade quien se encogió de hombros y rio también.

—¡Tienen un anillo! —Exclamó bufando al final y meneando la cabeza. —Sus dedos tienen un anillo.

¡Ah! Fue la exclamación colectiva y Noel se sintió aún más confundido que antes. Pero le duró bien poco.

—Iba a ser una sorpresa para todos, pero los anillos llegaron esta mañana y no nos resistimos. —Amy daba de saltos de la felicidad.

—Menos mal no le pediste que se casara contigo acá en mi departamento. Porque si fuera Mónica te mandaba al diablo.

—¡Cállate animal del bosque! Luka. ¿Cómo crees qué le haría algo así a Moni? Le pedí que se casara conmigo hace ya un mes.

—¿Y te dijo que sí? ¿Estás segura Amy? Tú sueles inventar cosas.

—¡Qué no, estúpido! No sé ni para qué te contamos nada. —replicó Amy resentida. —Noel ¿en serio? ¿Cómo lo aguantas si es insoportable?

—Lo que sea. En serio Amy, felicidades has elegido a una buena compañera en Mónica. Estoy seguro que al unir tu vida con la de ella, vas a ser muy feliz.

Las palabras de Luka pusieron una nota solemne, tanto que a Amy se le llenaron los ojos de lágrimas.

— Mónica, mis condolencias…—continuó el fotógrafo y la seriedad se esfumó como por encanto.

—¡Eres un imbécil! ¡Sabía que saldrías con algo como esto Luka! ¿En serio Noel? ¿Cómo lo toleras?

No respondió más que sonriendo. Luka le guiñó un ojo y se enfrascó en una pelea con su amiga de la infancia. Jade se acercó a su lado y le dio un empujoncito ligero.

—Esta mañana me enteré que se van a casar. Me llevaron a comer a un restaurante, así bien lindo y Amy le agarró la mano a Moni y le puso el anillo.

—¡Qué cursi! —Pat arrugó la nariz. —A mí esas cosas no me van. Si quiero que alguien se case conmigo le digo… ¡Oye! ¿Te quieres casar conmigo sí o no? Si dice que sí bien, si no también. Pero eso de anillo es cursilería.

—Yo creo que es bien lindo, pero no tiene que ser un anillo. Puede ser otra cosa…—Jade tenía un punto.

Si uno siente algo por alguien, no tiene que demostrárselo con algo caro. Una mínima muestra de afecto es mucho más valioso que una joya. Noel se quedó pensando en aquellas chicas, lo felices que se veían antes y ahora que tenían un anillo en el dedo, se veían exactamente igual.

—Creo que no importa lo que sea, si viene de alguien especial —se le escapó y debió decirlo en voz alta, porque tanto Jade como Pat se lo quedaron mirando curiosos.

—¡Uh! El bichito está enamorado. —bromeó Jade codeándolo un poco más.

—¡Eso fue de lo más cursi Noel! ¡Bleh! Ya se me fue el apetito y todo acá huele muy bien. ¿A qué hora vamos a cenar?

***

—Es casi media noche.

Luka le habló al oído. Solos los dos en el sofá donde empezó todo, miraban por el ventanal la ciudad iluminada. Las luces del árbol encendidas, pero el resto del departamento estaba en penumbra.

En los brazos de quien amaba sólo asintió y sabía que Luka estaba contando los minutos. La velada fue fantástica. Comieron, bebieron, se rieron y gozaron como nunca. La primera navidad de su vida era algo que no iba a poder olvidar jamás.

—La navidad pasada fue un fiasco. Tuve que asistir a una fiesta de unos amigos y me aburrí como nunca.

La navidad pasada, le costaba recordarla. Cada año era similar al anterior, frío, soledad y la horrible realidad en la que vivía, pasando de mano en mano como una cosa. A decir verdad, prefería olvidar todo tiempo anterior a encontrarse en los brazos de Luka. El calor que los envolvía, el suave sonido de la música del arbolito.

—Estaba tan solo que yo mismo no quería creerlo. Amy se fue con Mónica a celebrar y yo preferí regresar aquí y pasar el día conmigo mismo.  Hay algo que no te dicho Noel. —le dijo buscando sus labios. —No dejaba de pensar en ti, en todo momento. Deseaba verte de nuevo, pero era demasiado necio para aceptarlo.

—¿En mí?

—Sí. Lo único que quería era verte. Hasta que apareciste en la calle, afuera de mi departamento y te tuve de nuevo conmigo.  Fue mi regalo de navidad atrasado.

Eran esos momentos en los que Luka lo apretaba con más fuerza y le hablaba al oído con una voz distinta a la que usaba para el resto del mundo. Era difícil de explicar, pero sonaba bajita y hasta infantil. Pero era algo que reservaba sólo para cuando estaban juntos.

—Entonces tú eres lo que siempre esperaba Luka. Digo, lo que siempre quise.

—¿Siempre pedías algo tan hermoso como yo? —preguntó riendo una carcajada sonora.

—Sí. —le respondió Noel con otra similar. —Siempre pedí por un poco de paz y no tener que estar solo siempre.

—Mira tú, yo quería lo mismo, aunque no me había dado cuenta, cuánto te necesitaba Noel. Nunca me divertí tanto celebrando la navidad, desde que era pequeño e íbamos a casa de mis abuelos. Felicia y yo siempre peleábamos por bajar las escaleras primero y ver que nos había traído Santa.

Noel giró ligeramente para mirarlo, porque siempre disfrutaba la expresión de alegría que tenía cuando hablaba de su abuelo.

—Ya cuando crecimos y mi abuelo faltó, nunca más nos juntamos a celebrar como una familia. Mis padres se iban a sus fiestas, Felicia y yo nos quedábamos con las niñeras. Cuando abríamos los regalos por la mañana, encontrábamos exactamente todo lo que pedimos. Después de un tiempo se volvió aburrido.  Mis padres se separaron y la familia se disolvió por completo.

Debía haber sido emocionante despertar por la mañana y ver montones de regalos debajo del árbol. Las revistas que Jade juntaba llegaron a su memoria. Solían sentarse en el suelo y contemplarlas por horas. La cena de navidad que veían por fotos se veía sumamente apetitosa. Cuando niños no tenían idea del nombre de la comida que se servía, si era algo dulce o salado, pero sin duda era sabroso.

No se lo había dicho a Luka, pero era la primera vez que probaba jamón horneado, arándanos, compota de manzana. Jade quizá disfrutó la cena más que nadie, porque Pat se sentó a su lado y no paró de hablar de todas las recetas que quería preparar para que todos prueben.

Seguro se perdió en sus ensoñaciones, porque de pronto Luka lo desprendió de sus brazos. Vio que se levantaba y se rascaba la espalda camino a la cocinita.

—¿A dónde vas? —se le escapó porque de pronto extrañaba el calorcito que compartían.

—A ningún lado donde no puedas alcanzarme, saco de huesos. —respondió Luka y le guiñó el ojo un segundo antes de estrellar el pie contra una silla.

Lo vio tragarse una fila de maldiciones y esforzarse por sonreír.

—Quédate ahí y cierra los ojos. Bien cerrados, no hagas trampa.

Hizo lo que le pidió y cierta ansiedad lo invadió. En el pasado mantenía los ojos cerrados para evadir la realidad que no podía evitar. Pero ahora era para algo bueno, era Luka quien estaba con él y nada malo iba a sucederle.

Otra recata fila de maldiciones masculladas y Luka rechinando los dientes.

—Ya puedes abrirlos. —anunció apareciendo frente a él con una vela encendida y un mini pie de limón en la mano. —¡Feliz cumpleaños Noel!

—Pie de limón.

Luka lo conocía bien, era su postre favorito. Desde la primera vez que lo probó le pareció lo más delicioso sobre la faz de la tierra. Se dio cuenta que podía comerlo día y noche, desayuno, almuerzo y comida.

—Sopla la vela y pide un deseo.

Infló las mejillas y dejó escapar el aire. No se le ocurría que más desear. Tenía todo lo que siempre quiso frente a él y bueno, algo se le podía ocurrir. ¿no? ¡Ah sí, claro! Volvió a tomar aire y sopló con fuerza su primer deseo de cumpleaños.

—No le digas a las brujas que ya me soplaste la vela. No espera, a la perversa de Amy le va a encantar saberlo. Deja que yo mismo se lo digo.

No le respondió porque se le estaba haciendo agua la boca. El humo de la vela se disipaba ardía en deseos por hincarle los dientes al relleno cremoso y llenarse la cara de merengue. Luka dejó el pie de limón sobre la mesa de café y regresó a la cocina.

—Sé que es tu cumpleaños, pero me siento como si yo fuera quien recibió todos los regalos. No le metas los dedos, ya te vi con ganas de hacerlo. Espera que vamos a brindar.

La tentación era enorme, así que fue tras Luka a la cocina. Tras sus pasos decidido a hacer realidad su deseo de nunca separarse. Lo abrazó con todas sus fuerzas, porque no le alcanzaban palabras para expresar lo feliz que se sentía.

Luka le regaló sus labios y no los desaprovechó. Enredó los brazos en el cuello de Luka y empezó a frotarse contra su cuerpo.  Quizá era todo el vino que tomó durante la cena o que se sentía extremadamente feliz, pero sentía deseos de envolverse en Luka y no despegarse más.

De pronto sintió algo frío en su espalda. Acababa de escurrir la botella de vino helada debajo de su camiseta.

—¡Ey! Parece que a alguien le dio calentura y no me refiero a fiebre. —bromeó Luka con la botella todavía en la mano. —Señor pantalones calientes.

Noel estuvo a punto de responderle, pero no fue necesario. Luka se adelantó y dejó el vino sobre el repostero. Se tomaron de las manos y el pie de limón también quedó atrás. A mitad de camino no pudieron resistirse y volvieron a unirse como dos mitades de un todo.

Luka apenas pudo girar la manija de la recámara y dejó la puerta abierta. La música de navidad todavía se cernía sobre aquel departamento, donde reinaba la paz.  ¿Lo de los ruiditos y chillar de ratones? Bueno, ese era otro cuento.
Fin.

Feliz Navidad para todos  y gracias por seguir acompañándonos a los personajes de Cachorros y Amos y a su servidora en este nuevo relato. Les agradezco de verdad su apoyo y espero que les haya agradado.

De mi parte, espero que hayan tenido felices fiestas y que el año venidero traiga paz y prosperidad para tods.

Feliz año nuevo y que todo sea amor.

 Siempre suya, EBlocker 

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Gracias Nicolas Caicedo por el fanart.

Los personajes de Cachorros y Amos pertenecen a la serie de EBlocker.
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Todos los derechos reservados.

 

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2 thoughts on “Especial de navidad

  1. *-* Fue tan bonito, emotivo y TTwTT… Waaaah~

    Hoy me di cuenta que realmente estoy traumada… Sentí tanto miedo cuando Luka fue al estacionamiento, solo… D:

    Cuando vi que era Pat, me volvió el alma al cuerpo… En serio…

    Me dio cosí cuando Luka se puso mal en el baño… Y Noel, abrazándolo *^*.

    Todo muy bello

    Ahora que Noel ya cumplió sus 18, me imagino a Luka al acecho 😄

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  2. Lo he leído tres veces!! Me encantó después de tanto sufrimiento… Fue como un oasis, un alto en el camino. Ahora q Sofi_294 decía yo también me asusté cuando la camioneta se movió… Tuve miedo de q aquel cabello blanco apareciera 😣 Jejeje q buena escritora, nos metimos en la historia …

    Ese par están disfrutando de lo lindo!😜😄
    Gracias por el regalo… Esperemos saber más

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