(Especial de Halloween)

 

 

—No sé quién lo dejó entrar, seguro fue Mónica.

Luka apenas tuvo tiempo de hacerse a un lado, cuando Patrick embistió a Noel quien salía de la cocinita, con un tazón en las manos. Del impulso que llevaba, lo arrinconó contra el repostero e hizo que se golpeara la espalda contra las gavetas.

—¡Oye mocoso, deja a Noel!

—¿Celoso?—replicó Pat con cinismo y  hasta le mostró la lengua.

No respondió, no iba a ponerse al nivel de aquel chiquillo. Luka se contentó con rodar los ojos y callarse la boca. Había hecho una promesa, iba a hacer muy feliz a Noel. Así tuviera que comerse el malestar que le causaba ver como ese Patrick abrazaba a su pareja. Amy le dijo que no se pusiera así, que Pat no lo hacía con mala intención. «Cree que Noel es su hermano, es un juego inocente.»

Inocente, mis huevos pensó rumiando un par de maldiciones.  Pero ¿qué podía hacer? Noel estaba contento y eso era lo único importante.

—Que bueno que viniste, pero no te has puesto un disfraz Pat.—le decía al enano entrometido.

Cierto, Los disfraces.

Amy y Mónica, insistieron que «sería lindo» qué se disfrazaran para Halloween y día de los muertos y quien sabe qué más. Convencieron a Noel, quien no sabía decir que «no» y hasta invitaron al mocoso oportunista de Patrick, para asegurarse la victoria.

Fue cuando dio inicio la tarea de encontrar el disfraz perfecto.  Noel por supuesto que les dio gusto y se probó todos los trajes que eligieron para él. Desde un corsario, hasta personajes de películas que no conocía. Su saco de huesos, nunca protestó y dejó que ellas desarmaran la tienda entera, en busca de accesorios y ornamentos. Fue algo interesante de ver, porque le dio la oportunidad de descubrir un aspecto de Noel, que no había notado hasta ese momento.

El chico prefería las cosas simples, así que capas, espadas, sombreros, guantes, máscaras, no le agradaron. Afortunadamente Amy y su clon lo notaron también y decidieron dejar a Noel en paz.

Esa misma tarde,  mientras cenaban los cuatro en el restaurante de Hiro, justo ahí donde en medio de la comida, surgió la gran idea.

Noel quería ser sushi, un sushi gigante.

«Pero  ti te gusta mucho, Luka. Si me ves vestido de sushi, te voy a gustar más.» Le dijo el saco de huesos y hasta sonrió para terminar de desarmarlo. ¿Cómo negarse entonces?

Kuniko fue quien más celebró la idea y se la pasó revoloteando alrededor de su mesa, dando ideas.  Mónica enseguida empezó a urdir la confección y Amy a balbucear acerca de lo maravillosa de la idea y «Luka, tú también te tienes que disfrazar, eh.»

Por supuesto se tuvo que oponer, no iba a dejar que ellas ganaran. Pero ellas tenían a Noel de su parte, así que era una batalla perdida.

—Mi disfraz lo tiene Amy, ella me lo iba a arreglar. —la voz ronca de Patrick lo sacó de sus recuerdos.

De un momento a otro le cambió la voz y parecía que lo había poseído el alma de Phil, por lo mucho que gritaba al hablar. Luka resopló mientras abría una bolsa de dulces, con tanta rabia, que el interior salió volando.

Maldijo en tres idiomas inventados para la ocasión y vio como Noel se desenredaba de los tentáculos de Pat, para correr a asistirlo.

—Como te iba diciendo, mi disfraz lo tiene Amy. ¿Sabes de qué es? —Seguía parloteando el mocoso buscando recuperar la atención de Noel. Lo vio quitarse la mochila que llevaba en la espalda y arrojarla sobre el suelo.—Me lo iba a comprar ella, pero yo lo elegí. Pero cuando me lo probé, me quedó bien de arriba, pero las piernas muy cortas.

Pues cómo no, si Patrick tenía cuerpo de zancudo. Más piernas que cuerpo, mocoso deforme, masculló mientras que  el intruso se agachaba a recoger dulces, al lado de Noel. Pero en lugar de ponerlos en el tazón, iban derechito a su boca.

—Amy está en el baño desde hace horas, arreglándose según ella, pero ya le he dicho que no tiene remedio. Anda a pedirle tu disfraz. —interrumpió Luka y como respuesta recibió una mirada ácida.

—Creo que mejor me quedo aquí, al lado de mi hermano, a quien no veo casi nunca.

Luka rodó tanto los ojos, que ya podía ver el interior de su cráneo. Optó por no responder ante la provocación y se limitó a rodear a Noel con un brazo, para apretarlo contra su cuerpo. Le susurró en el oído y mordisqueó apenas, haciendo que se sonrojara todito.

Si Patrick quería guerra, estaba de suerte, Luka se sentía generoso. Noel se desprendió de su lado y se fue derechito a su habitación, en busca de su disfraz, tal y como le había pedido que hiciera.

¡Oh la dulce sensación de la victoria! Desenvolvió uno de aquellos chocolates que colocaron dentro del tazón y le dio un buen mordisco.  Pat lo imitó, pero de la dentellada rabiosa que le aplicó a la golosina, hizo que sonara la mandíbula. Eso debió doler, por la expresión del rostro del chiquillo, estuvo a punto de sentir lástima por él.

—¡Oye! ¿También te vas a disfrazar de algo o no? ¿O vas a ir de lo de siempre,  de fenómeno de circo? —le preguntó Patrick haciendo el esfuerzo de sonar inocente.

Pues no lo logró. Luka evitó rodar los ojos otra vez y se metió el resto del chocolate en la boca para no tener que responderle. Tomó el tazón de dulces y lo apartó del alcance del chiquillo quien ya tenía un montoncito de envolturas apiladas en frente de él.

—Vístete de una vez. —fue su única contestación y se fue a tumbar a su sillón favorito. Tomó el control remoto y cambió el canal, buscando alguna otra película que ver.

—¡Pon esa! ¡Pon esa! —gritó Patrick saltando hacia un asiento con su mochila en las manos. —¡Halloween II! La he visto tantas veces que hasta me sé los diálogos.

Le dio gusto, dejó el control remoto a un lado y el tazón de dulces al alcance del chiquillo.

Noel salió de la habitación luego de un rato y esa era otra de las cosas que había descubierto de él, que era un Narciso.  Como todo chico de su edad, se detenía frente al espejo y se contemplaba por minutos eternos.

Luka podía estar seguro que se tardó en salir, porque se estaba acomodando el cabello para ponerse el gorro y dando vueltas frente al espejo para mirarse bien.  Nada, Noel se veía adorable, con todas y cada una de sus letras, con el disfraz qué traía puesto.

Mónica se lo diseñó, armó y cosió. Era además muy sencillo de usar, tan sólo se lo ponía en la espalda como una mochila y era un perfecto rollito de california, con su gorrito de felpa verde, que hacía las veces de wasabi.

—¿Qué carajo se supone que eres, Noel? —le preguntó Pat, con la cara y manos embarradas de chocolate.

—Un sushi. —respondió suavemente y hasta lo vio sonrojarse. —¿No te gusta?

Le tomó un momento evaluar el disfraz y dar un veredicto al mocoso insolente de Patrick. Luka ya estaba listo para intervenir, porque no era difícil notar lo nervioso que se acababa de poner su pareja. Noel se contrajo un poco y se mordió el labio esperando el comentario de Pat.

—¡Oye! ¿Cómo no me va a gustar? —El chiquillo ese, finalmente sonrió luego de darle otra mordida al dulce en sus manos y hasta saltó de su asiento. —Sólo que no sabía que era tu disfraz. Tú sabes que todo lo que es comida me gusta. No hay nada mejor que vestirse de comida, Noel. Claro que me gusta, no seas bobo. ¿Cómo no me va a gustar? Si me gusta tanto que me dan ganas de morderte.

No lo sé, pensó Luka sintiendo un ataque de celos, si le tumbo todos los dientes… No, no se iba a poner a pelear con un adolescente, sólo porque ahí iba de nuevo a abrazar a su pareja.

—¡Pat, por fin llegas! Tu traje está en la bolsa al lado del sillón. —chilló Amy apareciendo en el umbral del corredor. —¿Por qué no te lo has puesto? Te tengo que maquillar todavía.

Por un momento los tomó por sorpresa, pero al siguiente reaccionaron al darse cuenta quien era, cuando la vieron tropezándose con el vestido que traía puesto y maldecir por todo lo alto. Sí que se tomaron su tiempo en alistarse y ahora sabían el porqué. Moni se manifestó un segundo después,  vestida igual que su novia,  pero de otro color y de la mano traía la figura menuda de Jade.

—¡Taran! ¿Verdad qué nos quedó preciosa? —sonreía Moni contemplando a la calaverita colorida que traía consigo.

Jade apenas levantó los ojos y parecía que con todas las flores que le pusieron en la cabeza, le costaba trabajo  levantarla. Calaveras de tres colores, pensó Luka al verlas juntas. Tenían el mismo modelo de vestido, adornos en el cabello y el rostro maquillado como era la tradición del día de Muertos.

—¿Y bien, qué les parecen estas Catrinas? —Moni rompió el silencio, porque sin duda se quedaron los tres, embobados mirándolas.

—Con razón se demoraron tanto. —sentenció Luka levantando las cejas. —Aunque Amy está igualita. Jade en cambio se ve muy bien.

Sin duda Jade se ruborizó, pero bajo el maquillaje blanco, pasó desapercibido. Sólo la vio ondularse bajo la corona de flores que le pusieron encima a la pobre.

—Te queda muy bien ese vestido, Jade. —intervino Noel sonriéndole y en esta ocasión Jade aventuró un minúsculo “gracias”.

—Yo sé, Jade es tan linda que el vestido que le elegimos le quedó como un guante. —continuó Mónica imparable, como una niña que presume su muñeca favorita. — Le pintamos unos corazoncitos rositas en la frente y mejillas que combinan con el morado de su vestido y las flores además…

—Pero pensé que Jade se iba a disfrazar de otra cosa. —interrumpió Patrick hurgando en la bolsa que le señalaron.

—Fue un cambio de última hora. Jade decidió vestirse de Catrina con nosotras. Ahora cierra el pico, Pat. Termina de vestirte. —ordenó Amy tropezando por toda la sala, ese vestido iba a ser su fin.

—¿Qué es eso de allá? —continuó el interrogatorio de boca de Patrick.

Al parecer había decidido ponerse el disfraz, ahí mismo, delante de todos. Se acababa de quitar la camisa, la polera, que convirtió en una bola y metió a fuerza dentro de su mochila. Tomó de la bolsa que le señaló Amy una camisa raída, sucia y manchada de sangre.

—Es un altar para el día de Muertos. Luka fue muy amable en dejarme armar uno acá en su casa. Bueno, es la tradición de allá de México celebrar estas fiestas.

—Oye, Moni ¿Tú eres Mexicana? Pensé que eras de acá.

—Mi familia es de allá, yo nací en este país, pero siempre hemos celebrado el día de muertos, cuando estaba chica en la casa de mi abuela. Por eso nos vestimos de Catrinas, Jade quiso celebrar con nosotras la tradición familiar.

—Patrick, deja de hablar. Moni, no le digas nada, es más ni lo miren que tiene que acabar de vestirse. —Amy rebuscaba entre su bolsa de maquillaje y maldecía, porque el vestido la incomodaba.

Luka empezaba a arrepentirse de todo el asunto. Tenía un plan, sí y no envolvía pasar la noche de brujas disfrazado, ni celebrando muertos. Esa noche, había conseguido un permiso especial para que Noel se quedara hasta el día siguiente con él. Estaban fumigando el albergue, pero las plagas los siguieron hasta su propio departamento.

Ahora Amy y el mocoso peleaban, porque uno no se movía con rapidez y la otra le picó el ojo maquillándolo.  Por lo menos Noel estaba a su lado, sentado en el sillón observando como se desataba el caos en una esquina.

—Te quedó muy bien ese traje de sushi. —le dijo al oído, sin dejar de rodearlo con sus brazos. —Mi platillo favorito.

—Creo que es un poco tonto este disfraz. —respondió Noel acostando la cabeza sobre su hombro. —Quizá era mejor otra cosa, algo que de miedo.

—Sushi que compras en una gasolinera, eso sí que da miedo. —intentó bromear para animarlo. —¿Es tu primer Halloween, verdad? Al siguiente si quieres te disfrazas de algo que asuste.

—Nunca antes celebramos nada, no que yo recuerde. —Noel se detuvo en seco.

Odiaba verlo triste, porque le conocía cada uno de los suspiros.

Jade a su lado giró lentamente, porque también lo notó.  Quizá era ella, la única en esa habitación que percibió el grado de tristeza de Noel, porque lo vivía también.  Ella tenía mucho camino por recorrer, para sanar completamente. Noel le llevaba cierta ventaja, pero por momentos parecía que retrocedía en vez de avanzar.

—Pero una vez nos regalaron dulces.—La Catrina rubia se animó a hablar y lo hacía muy poco cuando estaba Luka presente. —¿No te acuerdas?

—Creo que sí. —a Noel le tomó un momento zambullirse en sus recuerdos.

Luka lanzó una plegaria a algún espíritu bondadoso, para que aquella memoria no sea alguna de las tantas horripilantes que esos pobres chicos tenían.  Pues al parecer nadie estaba escuchando sus rezos, porque tanto Jade como Noel se quedaron en silencio. Lo sabía, sin duda fue un episodio más de aquella historia de terror que vivieron desde muy jóvenes.

—Dulce o truco—continuó Jade y sus pálidos ojos verdes se cargaron de aquel brillo pesado de la tristeza. —Yo no entendí lo que quería decir y le recibí lo que me dio. Era el primer dulce que había probado. Te dio uno porque pensó que eras mi hermano, Bichito.

¿Qué hacer? ¿Cómo arrancar aquellas memorias de la mente de alguien? ¿Cómo retroceder el tiempo e impedir que sucedan? Luka apretó a Noel contra su cuerpo y tuvo ganas de hacer lo mismo con Jade, pero ella parecía perdida en su propia pesadilla.

—Pero Jade. —la voz calmada de quien tenía en sus brazos, intentando preservar de aquellos malos ratos fue en busca de quien se perdía en la tristeza. —Eso quedó en el pasado, el pasado no te puede tocar.

De un modo u otro, la niña rubia, ataviada como una calaverita primorosa, volvió a la vida. Noel consiguió traerla de nuevo al tiempo presente, donde por fin estaba a salvo del resto del mundo.

Jade levantó los ojos y le brillaban de lágrimas.

—Prueba este, es uno de los más ricos. —Noel le  dio un chocolate que tomó del tazón de sobre la mesa.

Jade lo tomó con una mano temblorosa y sonrió por fin.

—Tienes razón, Bichito—le respondió riendo. —Kit Kat es muy rico.

***

El Parque Central reventaba de gente y si se separaban se perderían. Patética excusa para sujetar a Noel de la mano en todo momento, mientras que dejaron a Pat suelto en feria. El chico no tardó en juntarse con otros zombis de su clase y disfrutaba de lo lindo,  tomándose fotos devorando a otros disfrazados.

—El traje perfecto sin duda. —comentó Luka en alto para que lo oyeran. —Sabíamos bien que Pat necesitaba un cerebro.

Las Catrinas fueron la sensación y no dejaban de tomarles fotos a las tres muchachas. Jade en especial se veía bastante cómoda dejándose halagar y posando con algún curioso.  Claro que las dos brujas mayores no la perdían de vista y para su buena suerte, se toparon en el camino con un conjunto de músicos.

Mariachis de verdad, se confundían entre la multitud de disfrazados y no perdieron la oportunidad de cantarles una “serenata” a las Catrinas. Fue algo divertido de ver, especialmente como Amy, quien no entendía ni una sílaba de lo que cantaban, intentaba además moverse al ritmo de la música.

En medio de todo el bullicio y el gentío, Luka aprovechó para hacerse a un lado y llevarse a Noel consigo. Sin duda el saco de huesos estaba pasándolo muy bien. Insistió que llevara su cámara y le pidió que tomara muchas fotos.

Otra cosa más que descubrió de Noel, que necesitaba convencerse de las cosas que le sucedían. A veces se despertaba de una siesta en sus brazos y se veía confundido. Se quedaba en ese estado un rato y luego a escondidas revisaba un álbum de fotos que tenían de los dos.

Frente a ambos pasó un grupito de gente disfrazada de animales. Orejas de peluche, colas y Luka tuvo que mirar hacia otro lado, olvidándose por un momento de su pareja. Noel los miraba también, pero no dijo una palabra. Era lo que tanto temía, toparse con gente disfrazada de algo que le trajera recuerdos de quien no querían ni mencionar.

Hacía un rato divisó entre la muchedumbre un grupo de disfrazados de los personajes del Mago de Oz y optó por la retirada, antes que Noel los viera. Pero tampoco podían pasarse la velada en ese plan. El grupito de disfrazados se alejó y el saco de huesos por fin se relajó un poco.

—Si sigues comiendo dulces, se te van a caer los dientes.

—Este es el último Luka.

—Porque ya te comiste la bolsa entera. —bromeó apretándolo hacia su cuerpo.

Noel se relamió invitándolo sin saberlo. Ahora sólo quería probar sus labios olorosos a chocolate, aunque los disfraces que traían puestos, se opusieran a que estén juntos. Sí, él también cedió al ambiente festivo. A pesar que se negó rotundamente a participar, confeccionó su traje en secreto.

Compró un par de almohadas, pintó una de color rojo, consiguió un trapo negro y las ató juntas. Se miró al espejo, maldijo en varios idiomas, metió todo en una bolsa y corrió donde Mónica para que lo ayudara a arreglarlo.

El resultado fue el esperado, ahora se habían convertido en dos trozos de sushi, apretándose entre sí, bajo un árbol, amparados en la media luz del parque.

—Se supone que iríamos al desfile de Halloween, pero con tanta gente en la calle dudo que lo consigamos. —fue un comentario que le vertió en el oído, pero la realidad era otra. Lo único que quería era volver al departamento y tener a Noel en sus brazos.

Pasar la noche juntos, dormir en la misma cama y por la mañana el primer rostro que viera fuera el de su pareja. ¿Era demasiado pedir? Noel le sonrió, quizá pensaba lo mismo.

—Entonces tendremos que volver pronto. ¿No?

—Podemos adelantarnos nosotros. —y en la oscuridad liberarnos de los estorbos, omitió Luka. —Mónica y Amy se encargan de llevar a Pat a su casa.

Noel no respondió, no quería presionarlo para marcharse, porque parecía disfrutar mucho la idea de andar por ahí vestido de sushi. Pero se hacía tarde y se le abría el apetito.

—De verdad te gusta todo esto. ¿No? —¿Cómo negarle algo que disfrutaba? A veces se le olvidaba algo importante.

Noel era en el fondo un niño. Había descubierto que cosas simples como ir a un restaurante de comida rápida donde ofrecían juguetes, le llamaba mucho la atención.

Incluso cuando iban a las tiendas, siempre le daba una mirada a la sección de juguetes.  Tanto Jade como él, no tuvieron la oportunidad de tener una infancia normal, ponerse un disfraz, comer dulces, salir a jugar con amigos. Todo era nuevo ante los ojos de aquel muchacho quien no se atrevía a oponerse, pero se notaba que ardía en deseos de pedirle que se quedaran un rato más.

Noel tan sólo asintió y parecía avergonzado de tener que aceptarlo.

—Ven aquí. —le dijo y le plantó un beso en los labios. Imposible resistirse, simplemente no podía dejar de tomarlo en sus brazos y sentirlo cerca.

Quería quitarle, a punta de besos, todo aquel temor que se resistía a abandonarlo. Noel se relajaba un poco con aquella muestra de afecto.

—¿Nos podemos quedar un rato más? —le preguntó rosándole la boca con sus labios. —Te juro que un ratito más y nos vamos. Unas cuantas fotos más y nos vamos.

—Tenemos toda la noche Noel. —un último beso. —No lo olvides.

***

Regresaron al departamento más pronto de lo que esperaban, porque la calle se puso imposible  y Mónica tenía planes para la cena.

Cierto, estuvo parloteando al respecto toda la semana. Cuando empezó a entrar en detalles, dejó de escucharla y le dio carta abierta para disponer de su departamento a su gusto. Mónica se lo agradeció y se encargó de todo, según dijo.

—Me estoy muriendo de hambre. —anunció Patrick arrastrando los pies, colgado del brazo de Noel. —No he comido nada desde… Ya no me acuerdo. ¿Ya vamos a cenar?

—Sí, ya todo está preparado, sólo tenemos que calentarlo un poco y listo. —esa fue Moni desplazándose hace la cocina minúscula donde había dejado fuentes de aluminio en fila.

Luka odiaba aceptarlo, pero en esa ocasión Pat tenía razón. Además que Mónica no los dejó ni acercarse a los vendedores ambulantes. Una lástima, porque los mejores “perros calientes” los vendían en las calles de Manhattan.

—No seas quejumbroso Patrick y danos una mano. —Amy fue tras su novia y ambas destapaban las fuentes revelando su contenido.

—¡Macarrones con queso! —fue el grito de reconocimiento de Patrick a quien le brillaron los ojos.

—Como ya saben es día de muertos y para celebrar tenemos lo que más le gustaba a nuestros seres queridos. —continuó Mónica colocando platos descartables sobre el repostero.

Ahora que lo recordaba, sí, ellas mencionaron algo como eso. Parte de la tradición que Mónica y Amy planearon celebrar.  Una de las fuentes contenía rollo de carne y la que estaba al lado puré de papas, lo que más le gustaba a su abuelo. Ahora no sólo tenía hambre, si no un nudo en la garganta. Luka lo tragó rapidito y tomó a Noel de una mano, para llevarlo hacia el altar que Mónica construyó a un lado del enorme ventanal del departamento.

—Quedó muy bien. ¿No? —le dijo el saco de huesos mientras se quitaba el traje de sushi y le ayudaba a retirarse el suyo.

Sí, era cierto. El dichoso altar que construyeron Noel y Mónica les quedó bastante sólido. Lo decoraron con  flores, cadenetas de papel de colores vivos, velas que tendrían que encender, unas vasijas de barro y unas calaveritas de azúcar con el nombre de cada uno.

Además un par de fotos se encontraban ya puestas en uno de los tres niveles que componían la construcción.

Mónica colocó en un cuadrito la imagen de una anciana de piel color madera y brillantes ojos negros. Era la tradición, comentó cuando la puso luego de besar la foto. Al lado de aquel marco, había otro cuadro parecido que contenía la foto de la abuela de Amy.

Luka resopló, tomó un cuadro que tenía apartado, sobre uno de los muebles y lo colocó a un extremo. Acababa de hacer su parte, esa era la foto de su abuelo.

—Ese viejo nunca se perdía una fiesta. —le dijo a Noel bromeando en tono cómplice. —seguro le hubiera gustado participar de esta.

No se iba a poner sentimental, pero sí lo extrañaba mucho.

—Y estoy seguro que si te hubiera conocido, nos hubiera llevado a pescar, Noel. Tenía un bote y siempre íbamos los dos. Felicia lloraba por ir, pero la teníamos que dejar porque se mareaba mucho.

—Pero, de repente yo no le caía bien…

—Mi abuelo no era como el resto de mi familia, Noel. A ese viejo le hubieras caído de maravilla.

—¿De quién hablan? ¡Ah, del abuelito de Luka! —irrumpió Amy colándose en la conversación. —Era una gran persona, lo conocí apenas. Siempre hacía bromas. No sé por qué Luka salió así de amargado.

Bromeó Amy enredándose en su propia falda y trastabillando. Si no fuera porque se asió de Noel, se iba de bruces contra el altar.

—Mira Noel, por poco y también añadimos la foto de Amy con los demás fallecidos. Pero no tuvimos tanta suerte.

Luka la tuvo que ayudar a ponerse de pie y recibió un golpe en el brazo como agradecimiento.

—Muy gracioso. Ven a tomar un plato para empezar a comer, antes que Patrick se coma todo.  Ven Noel, tú eres buenito, no como otros de por acá.

Pues era cierto, estaban muertos de hambre y a punto de atacar la comida, cuando Mónica los detuvo. Tenía platos de cerámica servidos con cada uno de los potajes variados. Antes de que Patrick en particular empezara a protestar, tomó un par de vasijas y las llevó al altar.

—Este era el plato favorito de mi abuelita, el Mole poblano. —y colocó el platillo en el altar.

Amy la imitó y colocó un plato con carne y repollo, el favorito de su abuela. Fue el turno de Patrick quien luego de meterle el dedo a un par de platillos, se dedicó a hurgar en su mochila.

—¡Mira Noel! —anunció gritando como siempre hacía. —Es la foto de nuestra mamá.

No iba a negar nadie que a todos los tomó por sorpresa. Patrick corrió al lado de Noel y le entregó la imagen de una mujer bastante joven, rubia y de rasgos delicados.

A Noel se le sacudió el cuerpo de la impresión y cuando estiró la mano para tomar la foto, parecía que le pesaban los dedos. La contempló por un momento y Luka pudo ver cuánto le estaba costando trasmitir sus pensamientos.

—¿De dónde la sacaste? —le preguntó Amy, casi tan pasmada como el resto.

—De la familia de mi mamá. Me dejaron quedarme con una de sus fotos. —replicó con cierta rabia, pero que supo calmar al ver el rostro confundido de Noel. —No la conociste. ¿No? No te acuerdas de ella porque estabas muy chico cuando…

Quería intervenir, pero le faltó el valor para destruirle la ilusión a Patrick y a Noel.  Quizá en el fondo, Noel quería creer que esa mujer, cuyo rostro era idéntico al de Patrick, fue quien lo trajo al mundo.

Jade se acercó a mirarla también, pero no dijo nada. Noel le devolvió la foto a su dueño y sonrió apenas.

—Maggie, te trajimos tu comida favorita. —le dijo Patrick a la foto y la puso en el altar con las demás. —macarrones con queso. ¡Oigan! También traje a alguien más. ¿No importa, no? Phil me dejó traerla, pero prestada. Ven Tino, tú quédate acá.

La foto de un niño, el hijo de Phil y le colocó un plato de ravioles con salsa roja. Luka sacudió la cabeza  fue por el plato de cerámica que dejaron para él. Rollo de carne con puré de papas, murmuró y lo colocó frente a la foto de su abuelo.

Todos se quedaron un momento en silencio, incluso Patrick se comió su propia lengua. Contemplando las fotos de los fallecidos, mientras que Mónica terminaba de encender las velas. Fue Jade quien se acercó al altar a darle una mano y suspiró con tanta fuerza, que casi apaga la que acababa de encender.

—¿Sucede algo, encanto? —le preguntó Moni la sobreprotectora. —¿Te sientes mal o algo?

—No, es que… Es sólo qué…—Jade parecía nerviosa de expresar lo que sentía. —Es que todos tienen a alguien ahí, en una foto y sólo Noel y yo no tenemos a nadie.

No era un reproche, quizá lo fue, pero Jade no lo hizo con mala intención. De inmediato pareció arrepentirse de sus palabras por el modo como se contrajo. La vieron retroceder hasta quedarse a un lado, intentando evitar las miradas de los presentes.

Esa era Jade, casi tan asustada de usar su voz como Noel. Quizá nunca se les iba a ir ese temor, quizá el resto de su vida esperaría una represalia por expresar lo que sentía.

—Pero Jade, eso es bueno, porque significa que todos a los que queremos siguen vivos. —intervino Noel y Luka casi no pudo creerle a sus propios oídos.

Su saco de huesos, ese era su Noel. Con pocas palabras acababa de salvar el día o la noche, si prefieren. A Jade se le iluminó el rostro y disipó la tristeza. Corrió a tomarlo en sus brazos, a apretarlo con todas sus fuerzas y se contuvo de besarlo, porque habían demasiados ojos mirando.

—Ya, ya, vamos a cenar antes de que se enfríe la comida. —Amy la aguafiestas. —Luego comes tu postre, Luka. Vamos a cenar… ¿No qué tenían hambre?

***

Terminada la comida, luego de limpiar y acomodar la cocina, Amy y Mónica se llevaron a Jade. Pero Patrick se negó a marcharse.

—Phil me dijo que podía quedarme a dormir con ustedes. —anunció saliendo del baño con la pijama puesta. —Así que traje palomitas de maíz y varias películas de terror.

De nuevo ahí iba hacia su mochila de donde sacó una cantidad obscena de palomitas de maíz y sendos videos.

—¿Qué les pasa? ¿No les gustan las palomitas? —preguntó fingiendo inocencia mientras lanzaba una bolsa al microondas. —¡Ah, ya sé! ¿Tienen miedo?

—No sabía que ibas a pasar la noche aquí. —le respondió Luka sin evitar el tono de  molestia.

—¡Sorpresa! ¿No te molesta, no? Es que como nunca paso el tiempo suficiente con Noel y además él se va a quedar todita la noche acá, pues qué mejor. ¿No crees? Además podemos ver películas toda la noche. Será muy divertido.

—Pat… No sé… Luka, si quieres puedo ir a llevar a Pat a su casa… Lo puedo acompañar y…

—Nada de eso Noel. Tú pones un pie fuera, a estas horas y la asistenta social me despelleja. El mocoso pone una pata afuera y Amy me hace lo mismo.

¡Mierda! De un modo otro, sus planes se acababan de ir por un tubo. Sólo quería disfrutar una noche al lado de Noel. ¿Era demasiado pedir?

—¿Entonces me puedo quedar? ¡Qué bien! ¡Oye Noel! ¿Con cuál película quieres empezar? Tengo varias, las compré a los chinos en súper oferta.

Con todo el descaro del mundo, tomó a su Noel de un brazo y lo arrastró hacia el sillón. Luka los siguió de cerca y el mocoso entrometido se sentó en medio de ambos. De acuerdo, si a eso quería jugar…

El microondas anunció que las palomitas ya estaban listas y Luka cruzó los brazos, porque sólo bastaba esperar. Se miraron de reojo y fue el mocoso quien hizo el primer movimiento.

—¿Noel, puedes ir por las palomitas, mientras yo pongo una película? —pidió Patrick sin quitarle la vista a Luka.

—¡Claro!

—No te preocupes Noel, tú quédate ahí, deja que yo voy. —anunció Luka levantándose con pesadez. —¿Quieren algo de beber?

Necesitaba una copa de vino y un trago de somnífero para la bebida de Patrick. Soda pidió el intruso y Noel fue tras sus pasos, hacia la pequeña cocinita.

—Gracias por dejar que se quede. —le susurró Noel pegando la frente sobre su espalda.

—No me lo agradezcas. —le respondió Luka incapaz de mentirle a su pareja. No iba a decirle que no era molestia, porque era más que evidente que la presencia de Patrick le resultaba incomoda. Especialmente cuando la idea de pasar una noche tranquila, los dos solitos, se fue derechito para el cara…

—¡Ya va empezar la película! —intervino el muchacho rubio, girando la cabeza como poseído.

—Sigan ustedes. —añadió Luka resoplando. —Me iré a recostar.

—Yo voy contigo. —ese era su Saco de huesos, por supuesto que esperaba esa reacción. —También tengo algo de sueño.

—¡No! ¡No me van a dejar viendo películas a mí solo! —protestó Patrick desde el sillón donde se había atrincherado.

—¿Qué, tienes miedo? —de acuerdo, no debió decirlo, pero la tentación fue muy fuerte.

—¡Yo no le tengo miedo a nada! —Patrick arrugó la cara de la ira que le dio. —¡Mejor me largo! ¡Esto apesta!

En ese instante deseó conocer a Patrick un poquito menos, pero ambos sabían que el chico era capaz de eso y mucho más. Como salir en pijamas y descalzo a la calle, como pretendía hacer. Noel se interpuso para detenerlo y no hubo más remedio que ceder.

Terminaron en el sillón los tres, pero esta vez Noel hizo a Patrick a un lado y se acurrucó sobre el pecho de su pareja.

Vieron un par de películas, pero a medias. Noel se durmió sobre su hombro a la mitad de la primera. Luka lo imitó y cuando se despertó al final de la segunda, tenía dos adolescentes rendidos de sueño.

Sólo meneó la cabeza, riendo para sí mismo. Con sumo cuidado se levantó y dejó que Patrick cayera con suavidad sobre el sillón. Tomó a su Noel en brazos y lo metió en la cama. Estaba tan cansado que ni se percató donde estaba. Tuvo ganas de desvestirlo, pero no quería arriesgarse a despertarlo.

Lo besó en los labios desando poder acostarse a su lado y disfrutar lo que quedaba de la noche que planeó para ambos.  Luka se desvistió a prisa y puso la ropa de dormir. Del ropero tomó una frazada y se dirigió a la sala.

Apagó el televisor y retiró el control remoto de las manos de Patrick. El chiquillo dormía casi tan profundo como el saco de huesos en su cuarto. ¡Qué remedio! Levantó al intruso y… ¿Qué? No lo iba a dejar en ese sofá tan incómodo.

Regresó a su habitación y lo depositó al lado de Noel. Antes de que los arrepentimientos lo tomaran por asalto, abandonó la escena, pero dejó la luz del velador encendida.

Tumbado en su sillón, dejó el televisor apagado y tomó un libro. Sí, tenía sueño, pero no quería dormir todavía. Sonaba contradictorio, pero era puro capricho el no querer dormir solo. Al final de cuentas, en la sala de su departamento, las fotos de los seres queridos le hacían compañía.

El altar seguía en pie y de este recobró la foto de su abuelo.

—Tengo que llevarlo a pescar. ¿No crees? Seguro le va a gustar tanto como a mí. —le dijo a la foto del anciano sonriente. —Cuando llegue el verano y podamos estar juntos por fin. Sin estorbos de ningún tipo.

Las calaveritas de azúcar seguían en su lugar. La de Noel al lado de la suya.

—La muerte es algo a lo que nadie escapa —murmuró regresando al sillón donde se arropó como pudo.—pero mientras estemos vivos…

Debió quedarse dormido y soñando que iba de pesca con su abuelo. Por fin un pez picó y entre ambos peleaban por sacarlo del océano. De pronto, una tormenta se desató y la embarcación se sacudía con violencia. Su abuelo no lo soltaba y recién se dio cuenta que los truenos tenían voz humana.

—¡Oye, oye! ¡Despierta!

Era el chico ese, Patrick quien lo zarandeaba del brazo para arrancarlo de sus ensueños.

—¿Qué carajo te pasa?

—¡Noel tuvo una pesadilla!

—Siempre le sucede, se  despierta gritando —Luka se rascó la cabeza y se frotó la cara. —Regresa a dormir…

Algo más le ocurría al muchacho rubio y despeinado. Los ojos le brillaban acuosos.

—Te estaba llamando a ti. Yo… yo intenté calmarlo pero, te llamaba a ti. —Patrick se sentó en una esquina del sillón y recogió la frazada que cayó cuando sacudía a Luka. —Noel no me necesita, yo estaba a su lado para calmarlo, pero él te llamó a ti.

Quizá debía cantar victoria, pero sería una bastante agridulce. La tristeza del muchacho a su lado no lo iba a dejar vivir en paz y menos conciliar el sueño. Luka suspiró con tanta fuerza que casi se le desinflan los pulmones.

—¿Qué? ¿Te vas a quedar aquí?

—¿Acaso no me escuchaste? ¡Noel te estaba llamando a ti, anciano!

—Lo sé, siempre lo hace. Pero pregunté si te ibas a quedar aquí lloriqueando y no me has respondido. ¿Qué? No me digas que no sabes que Noel siempre está pensando en ti.

Patrick se quedó en un silencio pasmado y Luka aprovechó para rodearlo de los hombros.

—Vamos a que te acuestes.

El chico no se opuso, se levantó del sillón y avanzó muy dócil con él hasta el cuarto. Quizá no esperaba semejante declaración, pero no importaba. Noel los necesitaba a ambos y esa era la verdad.

—¡Oye no! ¡No quiero dormir contigo en la misma cama!—protestó Patrick al filo del colchón. —¡En la misma cama donde seguro tú y Noel…!

—Las sábanas están limpias. —se le escapó y quizá no debió decirlo, porque acababa de afirmar la teoría del chiquillo ese. —Las cambiaron esta mañana.

—¡Eres un viejo pervertido! —sentenció por fin, con una expresión de asco en el rostro.  A pesar de su evidente malestar, se metió a la cama al lado de Noel quien no se percató de todo el revuelo.

En los líos que me meto, suspiró Luka acomodándose en una esquina de su propia cama, al lado de su saco de huesos.  Al final de cuentas, se salió con la suya. Quería pasar la noche con él en sus brazos y despertar con el aroma de su cabello en las almohadas, que fueran esos ojos azules lo primero que viera al abrir los suyos.

Dejó la luz del velador encendida, para echarle un ojo al intruso y asegurarse que durmiera bien. Patrick le dirigió la última mirada ácida de la noche y cerró los ojos por fin, acurrucándose contra la espalda de Noel.

Lo que sea.

La vida es tan sólo un suspiro y cuando se termina empieza la muerte. No podía estar seguro si existía algo más allá del cuerpo material, pero mientras siguiera existiendo lo haría con el fin de disfrutar de momentos como esos, en los que se sentía inmensamente feliz con quien más amaba entre sus brazos.

¿Qué más pedirle al destino, si no que los mantuviera juntos? Al final de cuentas, la muerte nos llega a todos, pero es mejor no olvidar lo dulce que puede llegar a ser la vida.

 

 Muchísimas gracias por leer este pequeño relato.  Tenía que hacer algo referente a Halloween, que a mi me encanta. Me divertí mucho escribiendo algo suave y romántico. Espero les haya gustado aunque sea un poquito. Hice un dibujo además, un par de chibis de como me imaginé a Noel y Luka con sus disparatados disfraces.

Una vez más, gracias a todos por su apoyo y ya saben…

 

Happy Halloween!

chibi halloween

 

Happy Halloween!

halloween

 

4 thoughts on “(Especial de Halloween)

  1. Waaaaaaaaaaaaaaah~ ternuras con sus trajes de sushi XD. Me encantó, adorable todo, aunque faltó el fanservice PatxJade *-* (los adoro juntos, ya, lo dije)

    Que trauma con la gente vestida de los personajes del Mago de Oz, Tin Man era quien estaba bajo el disfraz del hombre de hojalata, a mi no me engaña D: <-severo trauma, lo ve en todos lados.

    Excelente especial, nada más que decir, escribes super bien, cómo siempre ;D

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  2. termine de leer la novela ayer y sentia que estaba en una crisis existencial por que necesitaba mas de la novela,
    y a un quiero mas pero con este especial me siento mas tranquilo al saber que jade y noel ya estan mejor

    luka que puedo decir de luka ?sigo pensando que es un cabrón de proporciones bíblicas ( leer su entrevista reafirmo que pensara esto de el) me cae muy bien pocos personajes logran hacerme reir tanto

    gracias por dedicar tu tiempo a escribir

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