Capítulo 27

Era hora del aseo y como era rutina fue Lyon quien los dejó salir de sus jaulas y los condujo al cuarto contiguo.

Noel gateó obediente al lado de Luka. Tan sólo sentirlo cerca era un alivio. La puerta se cerró detrás de ellos y aquella mínima privacidad lo volvió más valiente. Aprovechó que Lyon estaba distraído llenando la tina, para rosar su cuerpo con el de Luka.

Necesitaba tocarlo, sentir su piel, estar cerca de él. El fotógrafo levantó su rostro macilento y se miraron por un segundo. Los ojos disparejos que tanto ansiaba ver se cerraron de pronto y el fotógrafo se desplomó en el suelo. Intentó asistirlo, pero con las manos enguantadas sólo le hizo más daño.

Sin embargo, Luka reaccionó ante el mínimo contacto, envolviéndose en su cuerpo. Noel le devolvió el abrazo con desesperación.

—Luka.—le susurró al oído y sintió cierta vergüenza por el sonido cavernoso de su voz.—Tienes que resistir un poco más.

Apoyó su frente con la del fotógrafo y lo sintió caliente. Quiso alertar a Lyon, pero este lo miraba con severidad. Tuvo que dejar a Luka sobre el suelo porque el pelirrojo lo tomó de un brazo y arrastró hacia la tina para separarlos. El pelirrojo le dio un empujón y le empezó a retirar los guantes, para continuar con los grilletes y el bozal.

Luka estaba enfermo y a Noel el ataque de rebeldía que sintió, no lo iba a llevar a ningún lado. Lyon le dio otro empujón para que se meta en la tina, pero el cachorro no obedeció.

Lyon no le prestó demasiada atención, porque estaba quitándole el bozal a Luka y las correas que le sujetaban las muñecas. Las vendas que cubrían sus heridas estaban manchadas de sangre seca y al retirarlas, le vieron la piel en carne viva. Noel no se perdió un detalle.

Entró a la bañera y apenas lo hizo vio que Lyon levantaba a Luka y lo depositaba a su lado deslizándolo con suavidad en sus brazos.  Noel lo recibió haciéndole sitio en la tibieza del agua y lo sostuvo apoyando la cabeza rubia y afiebrada sobre su pecho.

El fotógrafo casi ni abrió los ojos al contacto con el agua, sólo gruñó ligeramente.  Noel sonrió disfrutando el momento.

—Vamos a salir de aquí.— susurró Noel, cerrando los ojos, deseando con todas sus fuerzas que ese deseo se hiciera realidad.

Lyon le hizo un gesto para que se callara y le tendió una barra de jabón para que se aseara. Noel la tomó con una mano y con sumo cuidado lo frotó sobre el pecho de Luka. Tuvo mucho cuidado con la piel inflamada del pezón de donde colgaba un aro. Apenas si la tocó y el fotógrafo lanzo un quejido.

Con similar esmero, Noel continuó lavando el cuerpo de Luka y ahora sí podía dar fe de que había perdido mucho peso. Sorteó la serie de marcas que el látigo le fue dejando por todo el vientre un rastro jabonoso,  hasta aquellos moretones amarillentos y negros que tenía sobre todo el costado.

Tuvo especial cuidado de no tocarle la piel quemada donde quedó la marca que le hizo el demente de su amo. Un par de letras, O y Z, encerradas en un círculo. Apenas le tocó las costillas y Luka se quejó con fuerza. Noel se mordió los labios y dejó el jabón a un lado para usar sólo  la palma de su mano para seguir lavándolo.

Luka no abría los ojos, respiraba lentamente y podía escuchar un ronroneo de gato viejo brotarle del pecho. Tuvo un espasmo de tos y no tardó en perder el aliento. Noel lo sostuvo sobre su pecho, porque sentía que el fotógrafo se ahogaba. Cierta tranquilidad lo invadió, porque podía estar seguro que si Luka se enfermaba, Tin Man no iba a dejar que muriera. Después de todo era su mascota favorita.

Tan ensimismado estaba que casi olvidó la presencia de Lyon, quien se mantenía atento a lo que sucedía. Le regaló una mirada reprobatoria y dejó escurrir el agua de la tina. Noel sostenía al fotógrafo mientras que el pelirrojo le separaba las piernas, evitando tocarle los moretones que le cubrían los muslos. Con una rasuradora se encargó de limpiar los vellos rubios que apenas tuvieron tiempo de crecer y una vez estuvo satisfecho con su trabajo, terminaron de enjuagar a Luka.

Noel acabó de asearse a prisa y salió de la tina en busca de Luka que ahora yacía en el suelo. Lyon le arrojó una toalla y el cachorro la tomó en el aire. Se sentía tan bien de poder usar sus manos. Sin perder un segundo se arrojó al lado de Luka y con cuidado lo tomó en sus brazos, absorbiendo la humedad de su cuerpo con la toalla. Los músculos firmes que alguna vez conoció desaparecieron bajo la gama de laceraciones y magulladuras que cubrían la piel del fotógrafo.

El pelirrojo se acercó a ambos, con los guantes que le correspondían a Luka. Los colocó en su lugar y los ajustó sobre la piel lacerada de sus muñecas. Continuó con los grilletes alrededor de sus tobillos donde aún quedaban las heridas abiertas. El bozal fue el siguiente paso y el fotógrafo dejó que le ajustaran la mordaza alrededor de su rostro sin dar pelea.

Fue quizá mala suerte, pero a Luka le dio un espasmo de tos y empezó a ahogarse con el bozal puesto. Noel no lo pensó dos veces y fue a su encuentro, le soltó las correas y  el fotógrafo  abrió los ojos como ventanas llenas de lluvia.

—Tienes que resistir, por favor. —Se atrevió a decirle, a pesar de que a Lyon el rostro se le arrugó al reprobar sus acciones.

Luka acabó de toser hasta perder el aliento, luego le devolvió una sonrisa.

—No me digas que hacer, «saco de huesos» que yo soy el adulto en ésta relación.

De pronto Lyon intervino, apartándolo de un empujón y no le dio ni tiempo de devolverle la sonrisa a Luka. Noel recibió otro empellón y se acurrucó en el suelo, rindiéndose ante el pelirrojo quien le colocó  los guantes con rudeza, los grilletes, el bozal y las orejas de perro.

Sabía que tendrían que usar sus colas además, pero por algún motivo Lyon las olvidó. Sólo le colocó las orejas de perro a Luka y cuando pensaron que había terminado de ataviarlos, le cubrió los ojos. Pánico fue lo que Noel sintió. No, no podía hacerle eso. Ya estaba bastante indefenso en ese estado, como para además quitarle la capacidad de ver lo que lo rodeaba. ¿Cómo iba a defenderse de Tin Man con los ojos vendados?

Gritó bajo el bozal, pero se quedó inmóvil apenas escuchó la puerta del baño abrirse con un fuerte golpe.

—¿Qué te está tomando tanto tiempo? —vociferó el amo. —Te mandé a hacer una tarea muy simple y te demoras una eternidad, animal inútil.

La voz de Tin Man lo hizo contraerse en el suelo. No tardó en oír un golpe sordo y supo que acababa de castigar a Lyon, con la brutalidad con la que los tenía acostumbrados. Entonces temió por Luka, porque no podría levantarse y con ello sólo iba a enojarlo más. Noel sintió enseguida un tirón en su collar y supo que tenía que ponerse en marcha.

Aterrado gateando tras los pasos de su amo, recordó con desesperación aquella minúscula esperanza de un rescate. ¿Y si era una trampa? Un truco de Tin Man para atormentarlos, para hacerles creer que tenían la oportunidad de escapar de ese abismo, cuando no era cierto.

Luka.

Le dijo una vocecita tímida, la única presente en su mente. Las otras huyeron a esconderse, apenas escucharon la voz  Tin Man. No iba a volver a ver al fotógrafo porque  su amo lo iba a entregar a Nan. Nunca más lo iba a ver, nunca más escucharía su voz llamándolo «saco de huesos»  Lo decidió entonces, iba a rendirse de una vez. No pudo hacer nada por proteger a Luka, falló miserablemente.

El camino terminó, su amo se detuvo y no podía ver donde estaban. El sonido de varias voces los envolvieron, olor a cigarros, a alcohol, a libros viejos. Sintió la textura de la alfombra arañándole las piernas y supo que estaba en la biblioteca, en una sesión de aquellas.

El nivel de terror se acrecentaba a cada paso que daba su amo.  Más voces a su alrededor, incluso pudo sentir manos tocándolo en la espalda, deslizándose sobre su columna. Un tirón en su correa y el sonido de una voz que no era la del demente de su amo.

—Cachorrito.—le dijo y otro jalón que casi le parte el cuello.—Camina.

Era Nan quien lo arrastraba sobre el piso alfombrado sin fijarse que no podía llevarle el paso. Chocó con otros cuerpos, hasta que por fin la presión en su cuello terminó y le ordenó que se sentara.

Como premio a su obediencia, la venda abandonó sus ojos.  Era la biblioteca tal y como Noel sospechaba, repleta de amos vestidos de negro y sus mascotas desnudas,  arrodilladas en el suelo.  Buscó a Luka en medio de esa vorágine de cuerpos y lo encontró al lado de Tin Man, en centro de la sala, cabizbajo y vulnerable. Por un momento estuvo agradecido de que Luka tuviera los ojos cubiertos, porque todos los presentes lo miraban como animales hambrientos.

Su amo tomó la palabra, levantando una mano y el resto de los presentes se quedó en silencio.

—Fue idea de Rheo organizar ésta sesión con el fin de presentar a mi nueva mascota, Oz. Estamos todos presentes, pero nuestro distinguido líder, brilla por su ausencia.  Sin duda tendrá una excusa para justificar su grosería. Sin embargo, considero necesario empezar sin él.

Un conjunto de murmullos se dejó escuchar y por ahí alguien hizo un comentario primero.

—Ese viejo de Rheo es un aguafiestas. Tú deberías ser nuestro líder, Tin Man.

—Sí, estamos mejor sin ese anciano remilgón.—exclamó Nan—Yo digo que empecemos, yo casi no puedo resistir. Tengo muchas ganas de jugar con éste cachorrito.

Las palabras de ese sujeto le hicieron temblar. Noel se encogió aún más al sentir la mano caliente de Nan acariciarle la nuca y subir por su cráneo. Le empezó a soltar las correas del bozal y pronto lo retiró de su rostro.

—Empecemos entonces.—anunció Tin Man.

Los presentes lanzaron silbidos animados y comentarios obscenos. El demente de su amo le dio un tirón al collar de Luka y le susurró algo al oído. Desde donde estaba, Noel no alcanzó a oírlo, pero no podía ser nada bueno. Las malas noticias no terminaban aún, porque  entre los presentes apareció esa mujer, Cordelia.

Traía puesto un vestido negro ajustado y se acercó a Luka blandiendo un látigo en la mano.

—Espero que ahora que tengas algo con que entretenernos, Tin Man.—dijo ella colocando la vara de cuero bajo la barbilla de Luka—No como en otras oportunidades que sólo nos dejas ver a tus mascotas, pero nadie puede jugar con ellas.

—Es verdad,  Tin Man, ya no sé ni para que asisto a estas sesiones, si van a ser tan aburridas. —Intervino otro sujeto, uno alto y corpulento.— Mejor me llevo a Pólux a otro lado.

—Cordelia, Geo, ustedes nunca dejan de sorprenderme.—replicó el demente de su amo.—Siempre impertinentes y adelantándose a los hechos.

Un coro de risas celebró las palabras de Tin Man, pero ese tipo Geo no se veía contento. Bufó y se apartó seguido por su mascota Pólux.

—En ésta oportunidad y como en otras anteriores, voy a dejar que Cordelia tome la batuta. —Continuó Tin Man, sin prestarle mucha atención a Geo.

Ella saltó de felicidad y hasta intentó abrazar a su amo, de lo contenta que estaba. Con su sonrisa de niña malcriada tomó la correa de Luka y lo jaló alrededor de la habitación.

—Camina perrito asqueroso. Tu amo te tiene muy mimado. Tu ama Cordelia te va a poner mano dura.

Ella tironeaba de su collar, dando pasos exagerados con el fin que Luka no pudiera seguirla. Al resto de amos se les encendieron los ojos de lujuria.

Cordelia desfilaba con la nueva mascota de su amo, frente al resto de los presentes. Estos no se cohibieron, al contrario, varias manos cayeron sobre el cuerpo de Luka, rodando sobre su espalda y palpándole las nalgas.

—Tráelo acá.—llamó Nan y su hermana apuró el paso.

Luka terminó en el suelo, incapaz de seguirle el ritmo y un coro de risas estalló al verlo caer. Noel quiso intervenir, pero Nan lo tenía sujeto con la cadena de su collar y no se atrevió a desafiarlo. A su lado otra mascota lo observaba con aire de preocupación. Era un muchacho mayor que él y de cabello castaño claro. Parecía tentado de decirle algo y lo vio entreabriendo los labios, sólo para devolver los ojos al suelo.

Tan ensimismado estaba en sus propios problemas, que recién reparaba en la condición del resto de mascotas. En total serían unas treinta personas, contándolos a todos, cachorros y amos, algunos usaban máscaras, otros tan sólo collares. Pero al igual que él, todos completamente desnudos y arrodillados en el suelo. Noel se sintió atrevido y dio una mirada alrededor. En efecto, parecía que era el menor de todos en esa reunión y estaba además llamando mucho la atención.

El amo del cachorro arrodillado a su lado, mostró interés en él. Le dijo a Nan que a él le gustaban los perros de pelo castaño y ojos claros.  El chico a su lado tenía los ojos del color de la miel y le recordó a Patrick.

Alejó a su auto nombrado hermano de sus pensamientos. No quería contaminar su recuerdo con la realidad que estaba viviendo. Lo guardó en lo más profundo de su mente para después, cuando las necesitara.

—¡Arriba animal, no es hora de descansar!

La voz de Cordelia lo trajo al tiempo presente. Ella acababa de propinarle un puntapié a Luka, sobre sus pobres costillas amoratadas. Noel lo sintió en carne propia y ésta vez  no se pudo controlar. Su cuerpo se desentendió de su mente y avanzó hacia el fotógrafo, intentando bloquear el pie que seguía atormentándolo.

—Mira Nan, el cachorrito también quiere jugar. —Exclamó ella acuclillándose a su lado, sólo para apretarle el rostro mientras hablaba.—¿Quieres jugar perrito sucio?

—Sí, el cachorrito quiere jugar con los perros grandes.—replicó el hermano agachándose a su altura y tiró de su cabello, mientras Cordelia aún le sujetaba el rostro.

—¿No sería divertido ver a estos dos dándonos un lindo show? Un show de mascotas.—propuso la hermana liberándolo por fin.

Seguro tenía huecos en la cara, pensó Noel, adolorido. De pronto sintió una presión sobre la espalda y tuvo que apoyar la frente sobre el piso. Era Nan quien lo obligó a tomar su posición de sumisión, a los pies de su hermana.

—De acuerdo, Nan, llévalo al centro de la sala. El cachorro y éste perro asqueroso van a hacer trucos para entrenernos.

La voz de niña que usaba, era escalofriante. Nan no perdió tiempo y arrastró a Noel hacia donde ella le indicó.  Un coro de voces de inmediato aprobó la idea y hasta aplausos hubo. Del grupo reunido salió un sujeto enorme, seguido de una mascota igual de corpulenta gateando a su lado y se detuvieron al lado de Cordelia.

—La última vez que estuvimos aquí, Pollux se quedó con muchas ganas de probar carne de cachorro.—dijo en tono burlón.—Ahora que tienes un perro más grande. ¿Nos vas a dejar jugar con él, Tin Man?

El aludido sólo le dio un sorbo a su copa de vino y no le prestó más atención que el que se le da al vuelo de una mosca.

—¡Ay Geo! Luego pides tu turno. Ahora es el mío. Yo estoy jugando con esta bestia.—pidió Cordelia haciendo una mueca con los labios.—¿Por qué no eres el encanto de siempre y me ayudas a llevarlo al centro?  Anda.

Geo rodó los ojos y recibió la cadena de las manos de Cordelia. Le dio un tirón y apenas si consiguió que Luka se moviera sobre el suelo. El amo ladró una grosería y le ordenó a su mascota, que se encargara del fotógrafo.

Polux le tomó ambas manos de Luka, sujetándolo de las muñecas y lo arrastró sin fijarse, hacia el centro. Luego actuando como un perro en celo, intentó montarse encima de la otra mascota y a todos les pareció divertido, menos al demente de su amo. Al parecer Geo lo notó y entró en escena, celebrando el acto. Noel vio como apartaba a su mascota de sobre Luka, riendo todavía.

Luego siguiendo las instrucciones de Cordelia, Lyon les alcanzó una vara de metal. Entre Geo y el pelirrojo, engancharon las argollas de los tobillos de Luka a las argollas que tenía la vara. De ese modo el fotógrafo no podía juntar las piernas.

—¿Qué debo hacer primero con esta bestia horrenda? —le preguntó Cordelia a la concurrencia.

Una serie de sugerencias fueron vertidas, a punta de silbidos y gritos eufóricos. Sin embargo,  las demás mascotas no se veían tan animadas como sus amos, al contrario, parecían preocupadas de como estaba desenvolviéndose la sesión. Noel cerró los ojos por un segundo, deseando con todas sus fuerzas que al abrirlos todo hubiera terminado.

—Haz que ese perro se monte al cachorro.—gritó uno de esos anormales, en respuesta al pedido de la arpía.

—Hazle un zipper Cordelia, es tu especialidad.

—De inicio dale unas buenas nalgadas al más grande y  al cachorrito también —gritó otro del montón con un tono de voz por demás asqueroso, al referirse a Noel.

—Yo quiero darle nalgadas al perro chiquito. —La voz de otro anormal se unió al resto—Y también por el culo.

Muchas más risas y hasta silbidos por parte de esa tira de enfermos. Luka sin poder ver nada, se retorció en el suelo asqueado ante semejantes palabras.

Con los ojos vendados sólo pudo oír como se desplazaban sus zapatos de taco alrededor de su cuerpo.

—Levanta el trasero, perro sucio.—gritó la loca esa, azotándolo en la espalda.—Eso, eso es.

Tin Man se lo advirtió, lo susurró en su oído. «Un movimiento en falso y será Toto quien ocupe tu lugar»

Luka obedeció torpemente y apoyó el rostro en el suelo. Fueron seis golpes, cada uno más fuerte que el anterior y  todos sobre el mismo lugar. Resistió a duras penas y no tuvo tiempo de recuperarse, porque alguien lo asió del cabello.

Le retiraron el bozal y la loca de Cordelia lo abofeteó con fuerza. Luka se mantuvo firme, ya se estaba acostumbrando al dolor y a no prestarle atención.

—Mucho mejor, ahora podemos escuchar tu linda voz, perro estúpido.

Esa era la vida a la que Noel estaba acostumbrado. Vivir en ese infierno, con miedo constante, a que lo usaran, una y otra vez. Nunca se iba a perdonar el haberse dado cuenta de la situación del muchacho e ignorarlo completamente. Si desde la primera vez que lo vio tan maltratado hubiera intentado ayudarlo…

Luka tuvo que dejar sus pensamientos a un lado.  Acababa de sentir a alguien moverse a su lado, porque apenas le rozó la piel. En guardia, se erizó al contacto de cabello rozarle la frente y de labios tocando los suyos. Una criatura desconocida acababa de lamerle tímidamente la comisura de la boca. No se detuvo, sino que continuó deslizando la lengua por la barbilla, la garganta, hasta detenerse en la curva de su hombro.

—¡Muérdelo!

Ordenó la bruja esa y apenas si sintió dientes rasparle la carne. El sonido de algo seseante y el chasquido inconfundible del látigo contra piel. Luka escuchó un quejido y reconoció la voz de Noel.

—Muérdelo, arráncale un pedazo.—insistió la arpía.

Esa maldita bruja acababa de golpear a su Noel. Luka se agitó, pero a ciegas no iba a ir a ningún lado. Sin embargo, siguió el sonido de la respiración del chico y se lanzó contra él. De inmediato lo cubrió con su cuerpo,  protegiéndolo del resto de azotes que les cayeron encima.

—¡Que ternura!—se burlaba la loca de Cordelia.—El perro grande y el cachorrito. Vamos, sepárense de una vez. ¡Suéltalo ya!

Su voz chillona era quizá lo más terrible de todo. Sucedió lo que esperaba, arrancaron  a Noel de su lado. Con el forcejeó la venda de sus ojos cayó. Sí, Luka  ahora podía ver con claridad la clase de monstruos que eran todo esos. El rostro de la arpía y de otro anormal más, apareció frente a él. Mirando, disfrutando el sufrimiento ajeno y gozando con éste.

Noel fue quien le partió el corazón. Odiaba verlo tan asustado y tan triste, cuando lo único que deseaba con todo su ser era hacerlo feliz.  Le hizo varias promesas y las iba a cumplir, por supuesto que lo haría.

Fijó sus ojos disparejos en esas orbes azules que lo atraparon desde primera vez que se cruzó con ellas. Aquella noche, en esa calle marginal, la expresión nostálgica de esos ojos lo devolvieron a la vida. No quería reconocerlo, pero cuando conoció a Noel, había perdido todo interés en el mundo. Para ese entonces,  lo había recorrido completo, desde las cúspides heladas del Himalaya,  hasta los océanos remotos de Nueva Zelandia. Luka Thompson, el célebre fotógrafo podía jactarse que a sus veintisiete años de edad, lo había visto todo. La belleza del cielo encendido de auroras boreales, la aridez de los desiertos más vastos, el ímpetu de los mares en tempestad, incluso el interior de volcanes durmientes.

No había nada más que le entusiasmara, el mundo se convirtió en un espacio gris e increíblemente aburrido. Sin embargo, nunca le faltó compañía para pasar el rato. Parejas tuvo muchas, aunque con ninguna duró más que un puñado de días. Le era imposible tolerar otro ser humano a su lado, sin sentirse increíblemente hastiado. Hasta que aparecieron esos ojos azules, esos labios carnosos, esa expresión tristísima,  ese «saco de huesos».

Noel le devolvió la vida, no, le dio una nueva. Una fuera de la burbuja en la que vivió veintisiete estúpidos años, regodeándose de sus lujos insulsos. Un nuevo motivo por el cual levantarse de la cama, cada mañana, para esperar que caiga la noche y poder verlo de nuevo, recorrer las calles de la ciudad.

La arpía volvió a la carga y su sonrisa demencial asustaría al más valiente. El monstruo que tenía por hermano y otro enfermo mental del montón, lo sujetaron de los hombros, mientras que la tal Cordelia se le acercaba con una ristra de pinzas para colgar ropa atadas entre sí con una soguilla.

—Zipper, Zipper.—coreaba el resto de anormales.

La loca esa le clavó las uñas en un pezón, pellizcándole con maña, y colocándole un gancho de ropa. Rechinó los dientes, pero resistió. Ella continuó bajando por la piel de su pecho, hasta detenerse sobre la cicatriz que le dejó el albino hijo de puta.

—¡Te marcó como a un puerco!—le dijo la arpía frotando la pinza de madera sobre su quemadura.—Como a un animal de establo.

Otra ristra de risas. Cordelia hizo un pliegue con la piel de su cadera y lo sujetó con la pinza de ropa.

—¿Eres un puerquito o un perrito?—la arpía le dio un tirón tentativo.

A tiempo, Luka pudo contener un grito y silbidos de anticipación se dejaron oír de inmediato.

—¡No te escucho!—insistió Cordelia dándole  otro jalón.

—Espera, espera.—interrumpió el hermano.—Quiero que el cachorrito sea quien tire de la cuerda.

La aprobación de los presentes no se hizo esperar, pero fue la arpía quien celebraba más la idea. Nan arrastró a Noel tirando de su collar y lo hizo arrodillarse frente a él. Luka no pudo hacer más que observar impotente como le quitaban a Noel los guantes, con suma brusquedad.

—Abre la boca.—le ordenó la loca de Cordelia y Luka vio que Noel temblaba de miedo. —muerde esto, le vas a quitar el zipper con los dientes.

No, el chico no quiso aceptar la cuerda que le quiso poner en la boca. Lo último que Luka quería era ver como lastimaban al muchacho, por su culpa.

Hazlo, quiso gritarle. Sólo hazlo Noel, deja de pensar en mí un maldito momento.

La arpía golpeó a Noel en el rostro y a Luka le hirvió la sangre.

—¡Obedéceme! Hazlo.—chilló Cordelia.

Pero fue Nan quien tomó cartas en el asunto. Le torció el brazo a Noel y Luka lo sintió en carne propia. El chico aulló de dolor, pero el hijo de puta de Nan, no se detuvo.

—Obedece cachorrito.—le escuchó decir.—O te rompo la patita.

La bruja maldita colocó la soga entre los dientes de Noel y el hermano le seguía torciendo la muñeca. Luka se sacudió en su lugar, pero no se podría soltar de las manos de Lyon. Pudo ver como un par de lágrimas gruesas se le resbalaron de la cara a Noel, mientras apretaba la cuerda con todas sus fuerzas. Tin Man se acercó a la escena y tenía un brillo asesino pintado en sus ojos.

—¡Toto! ¡Hazlo!—ordenó el maldito albino.

Noel agachó la cabeza e hizo el esfuerzo de tirar de la soguilla, pero consiguió ni arrancar media pinza de su piel. Dolía sí, pero era peor ver al chico en ese estado. Nan entró en acción, aplicó más presión en el brazo de Noel y lo hizo aullar de dolor.

Cordelia rodó los ojos y tomó la cuerda que Noel dejó caer. La bruja bufó fastidiada y de un sólo jalón, le arrancó la fila de pinzas de la piel. Fue su turno de aullar, Luka sintió que le arrancaba la carne y estuvo a punto de lanzar una grosería.

Las risas y silbidos no se hicieron extrañar. Toda esa recua de anormales incluso aplaudía de emoción. Luka cayó de bruces, agotado, sus fuerzas mermadas por el dolor y los efectos de la droga que le aplicó Tin Man. Pudo sentir que alguien le tomaba las manos y le quitaba los guantes también. Era Lyon y vio que al terminar se arrodilló al lado del albino demente.

—Arriba he dicho. —Cordelia se paró sobre sus palmas extendidas—He dicho que arriba, de rodillas. Tu ama te va a poner un lindo zipper en esa cosa sucia que tienes ahí entre las piernas. ¿No le vas a agradecer a tu ama? Ladra para mí.

Luka gritó de nuevo y si ella no fuera una mujer, le hubiera caído a puñetazos.

Por órdenes de la arpía, Lyon le enganchó con una cadena, los grilletes de sus muñecas a los de los tobillos. Ahora la vara de metal no sólo le sujetaba las piernas, sino también impedía que moviera las manos.

—Oye Tin Man. Tu perro parece un mutante.—el otro idiota, el corpulento se reía de su patético chiste.—Tiene ojos de dos colores, uno marrón y el otro verde. ¿A qué perrera vas a sacar cosas tan raras?

—Lo confieso Geo, mis gustos son extravagantes y tú acabas de demostrar que la ignorancia es atrevida.—le respondió el albino dándole la espalda, mientras iba en camino a su asiento.—Por cierto, la peculiaridad de sus ojos tiene un nombre, heterochromia iridium.

—¡Lo que  sea! ¿Vas a dejar que Pólux juegue con tu perro mutante, sí o no? ¿O tienes miedo qué  no sea capaz de resistir a mi mascota?

—Que atrevimiento el tuyo. Mi perro de exposición y la bestia repulsiva de tu mascota. ¿Es qué acaso no sólo te contentas con parecer idiota? Ahora tienes que dejarlo claro. ¡Olvídalo y si vuelves a insinuar algo así, te quiero fuera de mi propiedad!

Al parecer todos los presentes lo tomaron con sorna, mas no el bastardo de Geo. Ese sujeto gruñó con todas sus fuerzas y se alejó lanzando maldiciones, seguido de su mascota Pólux quien apurado se levantó para ir detrás de su amo. Tin Man sacudió una mano en señal de despedida, riendo bajo su copa de vino.

—Pero que mal perdedor resultó Geo.—continuó el albino.—Han de saber que Oz es mi preciado perro de exposición y que les quede claro, no lo comparto. Si lo que desean es entretenimiento, con el cachorro dense por bien servidos.

—¡Pero a mí sí me vas a dejar jugar con ésta bestia!—exclamó Cordelia colocando el látigo debajo de la barbilla de Luka para que levante bien el rostro—Todavía está muy rebelde, yo digo que necesita un poco más de castigo. ¿No lo creen?

Sí, la concurrencia aprobó su iniciativa silbando y hasta aplaudiendo como focas amaestradas. El fotógrafo alcanzó a ver la expresión que cobraba el rostro del albino bastardo, Estaba furioso ese maldito y la arpía parecía estar al tanto. Tin Man seguro la iba a mandar callar, pero algo ocupó su atención y levantó de su asiento.

—¡Veo que se están divirtiendo sin mí!

Una nueva voz, un recién llegado quien era el responsable de tal reacción por parte del albino. Tin Man abordó a aquel anciano sonriente, pero no se veía nada contento por su presencia.

—Lamento la demora. ¡Caramba! Quita esa cara hombre que no es para tanto. ¿Es esa tu nueva mascota, Tin Man? Vaya, que sorpresa, no esperaba menos de ti. Es formidable sin dudarlo. Pero su rostro me es familiar.

— Que grosero, Rheo. Podrías haber avisado de tu demora.—le respondió el demente en tono seco.—No contento con la tardanza. ¿También vas a venir a darme problemas?

El tal Rheo se mantuvo firme en su sitio y sólo hizo una mueca socarrona. Acababa de inflamar la cólera de Tin Man, porque ahora su rostro incoloro, se contorsionaba de la ira.

—Te avisaré de mi tardanza a la próxima. Ahora tenemos que hablar de algo más importante, Tin Man..—continuó el anciano pasando delante de Tin Man, hacia el centro de la habitación.—Veo que Cordelia se está divirtiendo de lo lindo. ¿Cuál es el nombre de tu nueva mascota? Creo que no me lo mencionaste.

—Se llama Oz  y tú lo sabes. —Tin Man masticó las palabras, —De ahora en adelante, seré yo quien haga las preguntas, Rheo. Porque entenderás que tienes explicaciones que darnos  y no es sólo a tu tardanza a lo que me refiero.

Tin Man tramaba algo. No sólo acababa de bloquearle el paso con su cuerpo, sino que también con su voz dio alerta al resto de anormales.

—¿Qué sucede contigo? ¿Tan resentido estás por mi demora? ¿O acaso es que sigues enojado por qué tuve que intervenir y exigirte que presentes a tu mascota? Las reglas son claras Tin Man y tú te empeñas en…

—No soy yo quien tiene que dar explicaciones por mis actos, Rheo. En cambio tú…

—Sabes a lo que me refiero—le interrumpió el anciano agitando una mano en el aire.—No me vas a decir que no sabes quién es. Lo mismo para todos ustedes. ¿No ven las noticias? Su cara está en todos y cada uno de los diarios. No se habla de otra cosa en la ciudad. ¿En qué estabas pensando, Tin Man?

El resto de anormales empezó de nuevo el cuchicheo. Tin Man en cambio, no decía una palabra, sólo palideció un poco más y parecía que iba a estallar de rabia.

—No pudiste conformarte con ese cachorro o con todas esas mascotas a las que nadie conoce. Tenías que ser la excepción, como siempre, y pasarte las reglas por entre las piernas. Porque tú te sientes intocable y las normas no se aplican para ti. ¿O me equivoco Tin Man?

No contento con ello, lo apuntó con un dedo y continuó con las acusaciones.

—¡Mira lo que has hecho! ¿Acaso no te he advertido acerca de no maltratarlos demasiado? —Rheo no se ahorró un tono de regaño y pasó al lado del albino sin que éste pudiera detenerlo.—Este perro se ve enfermo y si sabes lo que te conviene, no lo vas a dejar morir, porque voy a estar vigilándote de cerca.

El albino bastardo estaba por morirse de la ira. Si Luka hubiera tenido un modo de sonreír, lo hubiera hecho porque era realmente cómico ver como intentaba mantener la compostura en frente de todos sus anormales compinches. Incluso la arpía se quedó sin saber que hacer y retrocedió un par de pasos para ocultarse tras su hermano.

—Lo mismo va para ti Cordelia, Nan, de ti ni hablemos. Ustedes dos tienen prohibido tener mascotas, porque ninguno de los dos entiende que matándolos,  ponen en riesgo al grupo.

—A mí no me digas nada, anciano. Yo no tengo mascotas, es a Nan a quien le ha prometido al cachorro.

Esa fue Cordelia, el tono de niña malcriada salió a relucir para acusar a su hermano y destapar el trato que tenía con el albino psicópata.

—¿Y cuándo me iba a enterar yo, eh? Si Cordelia no me avisa  de tu travesura, Tin Ma, jamás lo hubiera sabido. No es justo para el resto de miembros que cumplen con a las reglas. Pero ya sabemos bien, que tú como siempre, te sientas en el reglamento.

En ese momento Luka pudo ver como el albino se ponía lívido de ira. Los labios le desaparecieron por completo y las fosas nasales se le agradaron del coraje.

—Y tú Nan, deja a ese cachorro tranquilo. Tú y tu hermana, no pueden tener mascotas por el grado de crueldad con el que terminan con sus vidas.

Las palabras de Rheo, le escarapelaron la piel. Luka tuvo ganas de levantarse y embestir a Nan. Quitarle a Noel de los brazos y no dejar que se le vuelva a acercar nunca más. Desde su lugar, pudo ver como el muchacho observaba los acontecimientos con mucho más terror que antes.

—¡Vete al infierno, Rheo! —Le gritó Nan, rodeando a Noel con un brazo, mientras que la mano libre le sujetaba ambas muñecas. —¡Y llévate a Cordelia! El cachorro es para mí y no me importa lo que tú digas.

El brazo de Noel estaba hinchado y Luka se encendió de ira. Ese mal parido de Nan era el responsable.

—Déjate de juegos y  has lo que te digo Nan o tendré que tomar cartas en el asunto.

—Basta de amenazas, Rheo.—intervino Tin Man interponiéndose entre ambos.—Es evidente es que tú no estás calificado para seguir liderando el grupo. Empezando por el hecho que no tienes mascotas a tu cuidado, lo cual es un requisito indispensable. ¿Qué sucedió con todas aquellas qué arrebataste a sus dueños? ¿Por qué nadie nunca las ha visto?

Fue turno de Rheo de quedarse en silencio. Al parecer Tin Man acababa de tocar un tema importante donde sabía tenía ventaja.

—Resulta muy sospechoso de tu parte, el interés que demuestras hacia ciertas mascotas. Además de aquella manía tuya de actuar con prepotencia, anciano. ¿Es qué quieres a apoderarte de mis mascotas?

—Tin Man, deja de…

—Rheo, no engañas a nadie. Tu interés por mi cachorro, durante la sesión anterior, fue más que escandaloso. ¿Te gustan así de jóvenes? En lo personal, prefiero mascotas con más edad, pero tomé a Toto como un experimento. Verás, empecé a entrenarlo desde que todavía no podía defenderse, sólo obedecer sin reparos. He destruido su psique, y moldeado su personalidad para ajustarlo a mis deseos.

—Como hiciste con Lyon.—interrumpió Rheo y su voz se mantenía neutral.

A Luka le llamó la atención aquel detalle. La falta de emoción del anciano, le pareció extraña y el resto de anormales lo percibió también. Un tono de alarma se deslizó entre sus cuchicheos.

—En efecto, Rheo. Si mal no recuerdo, en un inicio mostraste cierto interés por Lyon. ¿No es verdad? Lástima que ahora no sea más que esa cosa deforme que a nadie le llama la atención.

Había olvidado a Lyon quien en todo momento estuvo ahí presente, asistiendo a su amo, como el perro fiel que era. Luka alcanzó a verlo, en medio del resto de mascotas,  arrodillado en el suelo. La expresión estoica de Lyon, desentonaba con las miradas de terror de los otros, pero algo pudo ver en él. Algo diferente, no estaba seguro de lo que podía ser, pero esa chispa en sus ojos era nueva.

—Claro que Oz es distinto.—Continuó el albino demente.—He conseguido someterlo a mi voluntad en poco tiempo, lo que muchos no han conseguido en años. Claro, aún le falta entrenamiento, pero será una mascota maravillosa cuando termine con él.

El maldito albino parecía perdido en su monólogo. No, sin duda se había percatado como el resto de la increíble pasividad del anciano y que algo estaba sucediendo. Luka vio que Rheo sonreía de lado y se daba la vuelta, sin prestarle más atención a Tin Man.

—No he terminado de hablar, Rheo.—el demente estaba furioso y no podía ocultarlo.

—Lo sé, y te estoy ignorando Tin Man. No me interesa escucharte. Ya dijiste lo que tenías que decir y espero no quieras arruinar la sesión con tu cháchara.

Silencio absoluto. Todos se quedaron en una pieza, incluso el albino quien se transformó en el monstruo que era. Su rostro se descompuso en una mueca de ira y Luka pudo ver como luchaba por mantener la compostura. Rheo en cambio era un pilar de calma, se acababa de agenciar una copa de vino y sonreía debajo de esta.

—Vamos hombre, que no es para tanto. Tin Man…Que siga la diversión, entonces.

—Por supuesto.—replicó el albino.—Que descortesía la mía.

El resto de anormales volvió lentamente a los cuchicheos de antes, pero la arpía no regresó a su lado. En cambio, Tin Man lo hizo. Se replegó hacia su asiento anterior, seguido de cerca por Lyon.

Luka se quedó en medio de la sala, buscando a Noel con la mirada. Nan lo tenía bien sujeto, acababa de sentarlo sobre sus piernas y la expresión de miedo de su «saco de huesos», lo iba a perseguir hasta la tumba. Intentó zafarse, aunque con la vara de metal sujetándole las piernas y manos, no podría si no arrastrarse sobre el suelo.

—¿Por qué no te encargas tú Rheo? —Tin Man volvió a la carga.—Mi mascota necesita una lección de disciplina

No se iba a quedar tranquilo luego del desplante que le hizo el anciano. De ninguna manera, ese demente planeaba algo y Luka pudo ver que Rheo dejaba la copa a un lado y sonreía.

—Buena idea, Tin Man. Aunque me van a tener que asistir, estoy muy viejo para estos trotes.—replicó el anciano en tono burlón, avanzando al centro.

Lyon acudió en seguida, enviado por su amo. Obediente se arrodilló a los pies de Rheo y el albino se acercó también, traía algo entre manos. No era nada bueno, tal  y como lo sospechó. Era un látigo de tiras de cuero, sembrada de nudos a todo lo largo de su extensión. No, no eran nudos, eran pequeñas púas de metal.

Luka sintió que el cuerpo entero se le enfriaba. Cerró los ojos apenas vio como Tin Man le tendía el látigo a Rheo y éste lo recibía. No quería imaginarse el tormento que le esperaba. Quería que todo terminara, de una buena vez. Si lo que quería era matarlo, que fuera rápido.

—Tin Man. ¿Estás de broma verdad? Con el gato de las nueve colas tu preciada mascota no va a resistir…

—No recuerdo haber mencionado a Oz.—le respondió el albino hijo de puta.—Jamás le haría tanto daño a mi perro de exposición. No soy ningún idiota, Rheo.

El escalofrío se intensificó. No, no, no. Balbuceó Luka olvidándose por completo acerca de su condición de mascota.

—¡Lyon!—dijo Tin Man dirigiéndose al público.—Lyon merece una buena azotada de manos de quien confía tanto. ¿Pensaste que no me percataría, Rheo? ¿Acaso crees que soy un tonto al qué vas a burlar tan fácilmente? Estoy al tanto de tus monólogos con esa basura inútil. Tengo cámaras de seguridad por todos lados y no me fue difícil averiguar que has estado comunicándote de algún modo con mi mascota.

De un modo u otro, el albino acababa de dejarlos pasmados a todos. Especialmente al anciano quien por un momento pareció quedarse sin saber que hacer.

—Has de saber anciano, que no me vas a arrebatar a ninguna de mis mascotas. Así que empieza de una vez. Primero con Lyon, luego sigues con el cachorro. Sí, también me enteré de la conversación telefónica que tuviste con Toto, por demás enternecedora.

Lyon reaccionó primero y se arrodilló al lado de Tin Man. Luka quiso gritar, pero no tenía voz restante.

—Tin Man, tú no quieres hacer esto.—replicó Rheo manteniéndose firme en su lugar y con el látigo aún en la mano.—No quieres lastimar más a tus mascotas.

—Me impresionas, Rheo, tu cinismo es increíble. Verás.—dijo el albino sacando un revólver de entre sus ropas.—En lo personal, estoy hastiado de tener que escucharte. Además sé que no soy el único.

El resto de anormales murmuraba en conjunto. Algunos comentarios se dejaron oír y todos apoyaban al anfitrión. Luka se contrajo nervioso, el albino iba a dispararle a Rheo, carajo. Ese hijo de puta lo iba a matar ahí mismo.

—Además hay algo que me resulta curioso. ¿Has subido de peso o es qué acaso llevas puesto un chaleco antibalas? Bueno, creo que vamos a comprobarlo a continuación.

Sí, Tin Man le disparó, primero al pecho y una vez Rheo cayó al suelo una bala se estrelló en su muslo. El público asistente, se hizo apenas a un lado, pendientes al espectáculo. El albino perdió la expresión en el rostro e hizo girar el tambor.

—No quieres hacer esto, Tin Man.—Le dijo Rheo levantando la mano para detenerlo.—Sabes que no vas a salir bien librado. Este es el final.

—Lo sé.—le respondió el albino y disparó una vez más.

Silencio, el mismo que sucede antes de que empiece una tempestad. Rheo en el suelo, su sangre corriendo hacia las rodillas hincadas de Luka. No pudo gritar, sólo quedarse mirando. Quizá perdió unos segundos de tiempo, quizá minutos o fueron horas. Reaccionó apenas, cuando sintió el sonido de un tropel acercándose y luego voces gritando a todo pulmón.

—¡FBI, nadie se mueva!

Luka acababa de cerrar los ojos y los tuvo que abrir por la sorpresa. De pronto y la habitación se vio invadida por agentes armados, apuntando a la partida de anormales. Tin Man retrocedió en medio del caos que se desató. Los amos empezaron a vociferar incoherencias. Las mascotas no sabían que hacer, algunos intentaron arrastrarse tras los muebles, envueltos en pánico, otros tras las piernas de sus amos.

—FBI, todos con las manos en alto. No intenten nada. Nadie se mueva.

—No tienen derecho a intervenir. Esta es una sesión privada. Están violando nuestros derechos. Todo aquí es consentido. No pueden hacernos esto.

El grupo de anormales se formó frente a los oficiales reclamando sus derechos, como si los tuvieran. Luka quiso reírse al escuchar aquellas palabras. Bastaba ver el rostro aterrado de las demás mascotas, para saber que de consentimiento no había una pizca. En medio del griterío, donde la voz de Cordelia destacaba entre todas y de los oficiales arrastrando a Rheo fuera de la escena se dejó oír una alarma contra incendios.

Si antes hubo caos, lo que sucedió a continuación no tenía nombre. Alaridos de todas partes, apenas empezó a caer agua del techo, para apagar el supuesto incendio. Luka cerró los ojos al sentirse mojado por aquella sustancia ligeramente densa, de la cual sospechó en seguida, no caía para apagar ningún fuego.

—¡Es gasolina!

Gritó uno de los agentes del FBI, un segundo antes que la habitación empezara a encenderse en llamas.

—¡Sáquenlos de aquí! ¡Rápido!

El albino hijo de puta acababa de incendiar la mansión, sólo para que no lo atraparan. Fuego, humo, gente corriendo despavorida y Luka retorciéndose en el suelo, mientras que otro de los uniformados, intentaba liberarlo a toda prisa.

—¡Noel! ¿Dónde está Noel?

El agente no le estaba escuchando. Su única misión era extraerlo de la situación y la iba a cumplir, se lo gritó en el oído,  mientras lo arrastraba fuera de la sala. No, no se iba a ir sin Noel. Hasta hacía un momento estaba en las manos del bastardo de Nan y ese tampoco estaba por ningún lado.

En medio del humo y las llamaradas, era imposible identificar a nadie. Apenas si hubo cruzado el umbral del salón, cuando no pudo reconocer la cabeza calva de Nan en medio del tumulto que escapaba. Noel no estaba ahí, porque ese asqueroso de Nan lo tenía en sus manos. Si le llegaba a pasar algo a ese chico, nunca se lo iba a perdonar.

Prefería lanzarse a las brasas, antes de salir con vida y seguir existiendo sin Noel. Luka tomó una decisión y de un tirón se soltó del brazo del agente, quien acababa de bajar la guardia. No estaba seguro de donde le salieron las fuerzas para regresar a habitación en llamas, gritando el nombre de Noel.

Lyon apareció de pronto  y  le hizo una seña para que lo siga. Sin duda perdió la razón, el agente le gritaba improperios para que regrese, pero no lo hizo. Siguió al pelirrojo quien lo guiaba hacia una pared falsa, cubierta en fuego.

No sabía si podía confiar en Lyon o no,  pero lo vio desaparecer dentro de aquel pasillo oculto. Luka se encontró en un punto sin retorno, a su espalda, las llamaradas le lamían las piernas y frente a él un rumbo desconocido. Ni se tomó el tiempo para pensarlo, fue tras Lyon, tambaleándose por el agotamiento y medio asfixiado por el humo, ignorando los gritos de los demás agentes.

***

Todo sucedió tan rápido y Noel no tuvo tiempo de reaccionar. El sonido de un disparo, un pozo de sangre, la policía entrando, la habitación encendida. Nan le cubrió la boca con una mano y lo arrastró hacia donde su amo se replegaba.  Tin Man movió una manija en la pared y el sonido de una alarma de incendios, les destempló los oídos. Nunca nadie lo hubiera notado, junto a uno de los estantes empotrados de la biblioteca, se encontraba un muro que en realidad era una puerta escondida.

Tin Man los guió por un pasillo estrecho y corto, hasta detenerse frente a un elevador.

—¿A dónde estamos yendo? ¿Qué está sucediendo Tin Man? ¿Tú sabías algo acerca de la policía y no dijiste nada?

El demente de su amo giró el rostro ligeramente, agitado como estaba, se veía además furioso. El cachorro lo vio enderezarse en su sitio y hasta se veía más alto. Tin Man vio su reflejo en las puertas metálicas del elevador y  se acomodó la ropa. Además con cuidado, se mesó el cabello blanco, para retirarle la sustancia que cayó del grifo contra incendios. Ingresaron al elevador y Nan apretó a Noel contra la pared.

—Por favor guarda silencio, Nan. Me incomoda tu presencia lo suficiente, como para además tener que tolerar tus estupideces.

—Pero, entonces tú sabías que ese viejo…

—Por supuesto que no sabía que Rheo iba a traer a los federales. Mis sospechas tenían fundamento,—respondió el demente de su amo y los labios se le contrajeron de la ira.—pero nunca pude corroborarlas hasta ahora.

—¿Qué vamos a hacer? No podemos volver, el viejo ese nos traicionó, pero ya está muerto. Pero, si…No podemos volver más.—Nan se agitó todavía más y sacudió a Noel consigo. —El cachorro es mío TIn Man, me lo prometiste.

Noel cerró los ojos, porque el demente de su amo, parecía dispuesto de lanzársele encima a Nan y arrancarle el rostro a trozos.

Los tres abandonaron el elevador, con la misma prisa con la que ingresaron. Noel no tenía idea de donde estaban o que un lugar como ese pudiera existir dentro de la mansión. Una sala muy amplia e iluminada, a un lado unos autos estacionados, a los otro, dos enormes estantes, que subían hasta el techo. Un sillón de cuero blanco era la única decoración y sin duda, su amo se sentaba a pasar el rato contemplando el contenido de los frascos colocados en los armarios.

—¿Qué es todo esto?

Inevitable preguntar,  Nan se detuvo un momento, quizá para cerciorarse del contenido de los envases de vidrio. Noel tenía una idea de lo que eran esas piezas flotando dentro de los frascos y no quería confirmarlo.

—Era un estacionamiento subterráneo para autos de lujo. No me interesa coleccionar chatarra, mis gustos son distintos, como puedes ver. Deja el cuestionario para después y pon a mi cachorro en la cajuela.

—El cachorrito es mío, Tin Man.—anunció Nan riendo además.—Tú me lo diste, a ti ya no te importa el cachorrito, sólo quieres al perro grande.

—Recuerdo haberte ordenado que no digas idioteces.

Nan se detuvo en seco y al parecer estaba dispuesto a pelear con Tin Man.  Noel se contrajo asustado, de repente si esos dos se distraían lo suficiente, tendría un modo de escapar.

—¡Quiero al cachorro, Tin Man! Me lo prometiste, quiero al cachorro.

—Escucha bien Nan, soy un hombre de palabra. Puedes tener a Toto, pero ahora hazte un favor,  cierra la boca y sube al cachorro en la cajuela.

Nan lo fue arrastrando hacia el maletero y Noel perdió la cordura. Pataleó y se sacudió con todas sus fuerzas, gritando a voz en cuello, aunque no había nadie quien lo fuera a ayudar. Solito y con un brazo roto, estaba dando pelea. Nadando contra la corriente, siempre en desventaja, porque su vida dependía de ello, intentó resistirse usando sus piernas, para impedirle a Nan que lo encerrara en la cajuela.

Si dejaba de pelear, iba a ser su fin.

—¿Por qué te tardas tanto, Nan? ¡Toto, obedece a tu amo!

Algo en su mente reaccionó, quizá era su tono de voz o el miedo increíble que le provocaba su amo. Dejó de pelear por un breve instante. Nan consiguió lanzarlo dentro de la bóveda del auto y cerró la puerta con todas sus fuerzas.

—¡No!—gritó el cachorro reaccionando al verse atrapado.—¡Déjame salir!

El terror de todas aquellas veces en las que estuvo encerrado en lugares oscuros y estrechos, le llegó de pronto. Empezó a batallar contra la puerta de la cajuela, golpeándola con sus piernas y brazo sano.

—¡Quédate ahí! Cuando lleguemos a mi casa me voy a divertir mucho contigo. Tengo muchos juguetes que he inventado, para que juguemos. No temas, cachorrito, me voy a deshacer de Cordelia y no nos va a molestar. Vas a seguir mi juguete y de nadie más.

Nan se reía de su desesperación y gritaba más alto para que Noel le escuche. Sus palabras no hacían más que darle fuerzas para seguir peleando.  Estaba perdido, escuchó el motor del auto encenderse y el sonido que hacían las llantas.

¿Ahora qué iba a hacer? ¿Cómo iba a escapar de esa prisión? Le siguió dando de patadas a la puerta y entonces sintió que el auto  pasaba encima de un bulto en el suelo. Al parecer una y otra vez, como si quisiera sortearlo sin lograrlo.

La risa de Nan se detuvo y Noel tuvo un mal presentimiento. Se quedó en silencio esperando y pudo ver un poquito de luz entrando una  rendija de la puerta de la cajuela. Curioso, porque hacía un momento no estuvo ahí.

—¡Maldición!

Masculló Tin Man viendo por el espejo retrovisor, como la puerta del maletero se abría de par en par. Ese inútil de Nan no fue capaz de una tarea tan simple. El albino se vio obligado a detener el auto y bajarse para cerrar la puerta. Claro que al asomarse a la cajuela, su ira se multiplicó aún más, porque la encontró vacía.

Resopló furioso y se asomó  bajo el auto. Nada, sólo encontró el cuerpo sin vida de Nan  de quien acababa de deshacerse.

No tenía tiempo para perder y el cachorro no tenía donde huir.  En aquel salón silencioso y alejado del resto de la mansión, no había rincón donde ocultarse. Tan sólo contaba con la estantería que albergaba su preciada colección y un sofá cómodo, donde gustaba descansar luego de un día de trabajo.

Cada uno de aquellos recipientes de vidrio tenía una etiqueta y una inscripción hecha a mano. Le dio una mirada distraída al repertorio de recuerdos. No iba a poder llevarlos consigo, ahora que tenía que partir. Era una lástima, le tomó años compilar tantas preciosidades. Resopló lleno de nostalgia, mientras pasaba los dedos sobre «Dorothy» y «Scarecrow», justo al lado de los tres frascos vacíos destinados para Lyon, Toto y Oz.

Vaya, que no tenía tiempo para melancolías. De un lado del sofá. obtuvo otro de sus objetos favoritos, el hacha de aquella noche. Suspiró animado, ahora sólo necesitaba recuperar al cachorro fugitivo y quizá podría llenar el frasco que le correspondía.

Casi podía escuchar ese corazón latiendo en conjunto con los demás que lo observaban desde sus recipientes. Parecía que lo estaba llamando. Lo había decidido, iba a recuperar a Toto y añadirlo a su colección. No tenía planeado hacerlo tan pronto, pero el cachorro ya no le servía. Perdió el interés en él, cuando tuvo a Oz en su poder. Sí, era divertido jugar con Toto, pero era Oz quien le crispaba la piel.

Por otro lado, necesitaba un anzuelo. Si conservaba al cachorro Oz volvería moviendo la cola, a los pies de su amo.

Sonrió pensando en Oz, en las ganas que sentía de tenerlo bajo su cuerpo una vez más, mientras le abría el pecho y sostenía ese corazón aun palpitante entre sus manos. No había nada, absolutamente nada, que le produjera más placer que un corazón latiendo y poder acariciarlo con los dedos mientras llegaba a un orgasmo.

Lo necesitaba, quería tener el corazón de ese cachorro, lo arrancaría de su pecho tal y como lo hizo con el de Dorothy. Por supuesto iba a asegurarse que Oz tenga el privilegio que tuvo Lyon en su momento, iba a dejar que vea bien y disfrutara de los últimos latidos.

Un calor profundo invadió su cuerpo, francamente excitado levantó el hacha con una mano, mientras le daba un puntapié al sofá. Ya lo había mencionado con anterioridad. ¿No es así? En ese espacio no había lugar donde esconderse.

— Te has portado muy mal.—le dijo al cachorro agazapado contra la pared, cubriéndose el rostro con el brazo sano.

Siendo su cuerpo pequeño y delgado, no iba a tomarle mucho esfuerzo cortarlo en pedazos. Levantó el hacha sobre su cabeza, casi podía sentir el sonido de su corazón palpitar de miedo.

—¡Deja a Noel, albino de mierda!

Tin Man se detuvo en seco y  tuvo ganas de reír. Oz no pudo llegar en mejor momento.

—¡Oz! Voy a tener que castigarte severamente, por interrumpir durante algo importante.—le respondió divertido.

—¡Te dije que lo sueltes!

Casi no podía controlar los impulsos de su cuerpo. Excitado en demasía, levantó al cachorro, asiéndolo del brazo herido. Sin perder de vista a Oz, estrelló a Toto de bruces, contra el chasis del auto y sonrió aún más al ver como Oz se acercaba tambaleándose. Tin Man colocó una mano sobre el cráneo de su mascota y con la otra situó el filo del hacha sobre su nuca. Lo mataría como a un animal de la granja donde vivía. Vio a sus padres matar gallinas de ese modo.

—Mereces un castigo ejemplar Oz, uno que no vas a poder olvidar nunca.—exclamó burlón al ver como su otra mascota hacía esfuerzos por acercársele. —Lyon te podría ilustrar al respecto, lástima que no pueda hablar.

Oz se detuvo en seco, paralizado al ver el filo de su hacha acariciándole el cuello al cachorro. El terror en sus ojos era tal que de haber podido arrancárselos, en ese momento lo hubiera hecho. Sólo para conservar esa expresión para siempre.

—Tuve que sacrificar a una de mis mascotas, para que Lyon aprendiera a obedecer a su amo. Oz, no me dejas otra opción…

—¡No hagas esto! —gritó su mascota rebelde.

Iba a ser un soberano desperdicio deshacerse de Toto, luego de todo el entrenamiento y esfuerzo por destruirlo para moldearlo como un animal obediente. Pero Oz lo valía. Ya casi no podía esperar para verlo caer en pedazos al suelo, rindiéndose a sus pies, empapado por la sangre aun tibia del cachorro.

Funcionó con Lyon. Se deshizo de Dorothy del mismo modo como lo haría con el cachorro. Lo iba a cortar en pedazos primero, luego le abriría el pecho a prisa, para poder ver su corazón palpitando todavía. Lo iba a tomar entre sus manos y sentir su textura, ver el tamaño, pesarlo y luego prepararlo para el recipiente que le correspondía. Sí, iba a llevarse el corazón de Toto y conservarlo como recuerdo para Oz.

—¡No hagas esto! —insistió aquella patética criatura temblando en su sitio. Oz apretaba los puños y hasta cerró los ojos para continuar su perorata. —¡Deja que Noel se vaya, yo voy a hacer lo que tú quieras, pero déjalo ir!

Tal y como el personaje de la historia, Oz no era nada de lo que aparentaba. En la realidad era tan ingenuo, predecible y patético que resultaba risible. Era aquel entrañable relato del Mago de Oz repitiéndose una vez más.

—¡Iré contigo, pero déjalo ir! No voy a resistir nunca más, haré lo que sea, pero deja que Noel se vaya. No voy a intentar escapar nunca, sólo deja que el chico se vaya.

El cachorro Toto sería su perdición, tal y como en la historia.

—¡Entra a la cajuela!—le ordenó a Oz, sin dejar de presionar a Toto contra el auto.

—Primero deja que Noel se vaya.—le respondió con sumo atrevimiento. Iba a azotarlo tanto por ello.

Tin Man hizo una mueca burlona y tomó a Noel del cabello, sólo para avanzar unos pasos con él y estrellarlo contra el chasis del auto.

—¡Entra en la cajuela Oz, o no hay trato!

Lo maldijo en silencio, pero con toda la energía que le quedaba en el cuerpo. Ese maldito albino hablaba en serio.  Luka estaba decidido a hacer hasta lo imposible por proteger a Noel. Su cuerpo magullado protestó en conjunto y dio el primer paso.

No tenía otro remedio, así que sin perder de vista al demente aquel, ingresó dentro del maletero. No podía confiar que aquel degenerado cumpliera con su parte. Luka sabía de antemano que no podía confiar en Tin Man, sin embargo se permitió un deseo egoísta.

El albino no iba a dejar que Noel se marche tan campante, eso ni dudarlo. Luka estaba consiente que su vida al lado de Tin Man iba a ser una pesadilla sin final, pero si tenía a Noel a su lado, era capaz de resistirlo todo. Alcanzó a ver los ojos azules aterrorizados, hasta que la puerta de la cajuela se cerró y se quedó atrapado dentro de pura oscuridad. ¿Qué más podía hacer si al final era un egoísta y un cobarde? Si el enfermo mental de Tin Man decidía cumplir su amenaza, no quería estar allí para verlo.

Sí, era un maldito cobarde.

Quiso gritar de rabia, pedirle a Noel que lo perdonara por ser tan estúpido y no darse cuenta de la situación en su momento. Le hizo tantas promesas, pero no pudo cumplir ninguna y lo que era peor acababa de abandonar a Noel. Siempre tuvo miedo a darse cuenta de la realidad. Desde la primera vez que vio al «saco de huesos» deambulando en la calle, subiendo a autos de extraños, supo a lo que se dedicaba y que si se involucraba iba a salir lastimado.

¿Quién se enamora de una puta? Sí, siempre tan egoísta Luka, pensando que Noel lo hacía porque le gustaba que lo usaran y desecharan al terminar. No fue un error fijarse en alguien invisible para la sociedad, nunca lo fue. Su mayor crimen fue tratarlo como todo el resto del mundo.

Era tarde para arrepentirse, iba a perder a Noel una vez más, como cada noche cuando lo veía partir en un auto diferente. Ahora esa angustia que sentía, era la penalidad que debía pagar por ser como el resto. ¿Cuántas veces le dijiste a Noel qué no eras cómo los otros Luka? Al final terminaste siendo el peor.

Un golpe sordo sobre la maletera le hizo volver a la realidad. Oyó la voz de Noel conteniendo un gemido y supo en seguida lo que estaba sucediendo.  El degenerado de Tin Man estaba abusando del chico, una vez más. Luka maldijo a toda velocidad, mientras se batía en duelo con la puerta de la cajuela que no tardó en abrirse.

—¡Demente de mierda!—gritó lanzándose fuera del auto encima del primer rostro que vio.

No fue Tin Man, sino Lyon quien apareció para dejarlo salir de su encierro. Luka ni se detuvo a pensarlo y lo derribó de un golpe en el rostro.

¿Qué estaba sucediendo? En franca confusión, con el puño aún alzado, descubrió a Noel de pie a su lado y a Tin Man tendido en el suelo mojado. Ese monstruo estaba inconsciente, tenía una herida en la cabeza y pedazos de vidrio rodeándolo como una aureola.

Fue Lyon, se había olvidado de que estaba presente. No sólo lo fue guiando hacia donde estaba el demente de Tin Man, si no que también acababa de salvar a Noel de las manos de ese albino malnacido.

Le agradecería después, cuando estuvieran lejos de ese lugar, mientras tanto le tendió la mano para que se levante. Lyon sacudió el rostro y se limpió el labio ensangrentado. Luka se disculparía luego, su única prioridad era recuperar a Noel y no dejarlo nunca más.

Sí, Luka no pensaba cuando estaba nervioso, sólo actuaba y embistió a Noel, casi sin poder creer que lo tenía de nuevo en sus brazos.

—¿Te hizo algo? —le gritó al oído mientras lo abrazaba con todas sus fuerzas. —¡Contéstame «saco de huesos»! ¡Te estoy hablando!

No le dejaba responder, el temor de perderlo lo carcomía. No Luka, tienes que ser fuerte, se decía a si mismo. Faltaba poco, sólo tenían que encontrar la salida y serían libres. Todo iba a quedar atrás, todo sería un mal recuerdo.

Pudo sentir a Noel tensarse contra su pecho y balbucear algo incoherente, pero cuando Luka reaccionó fue tarde. Tin Man estaba de pie y tenía el hacha en la mano.

Al verlo acercarse a ambos, con el pelo empapado y la cara ensangrentada, supo que se había convertido en el monstruo que en realidad era. Los ojos grises se le desencajaron, le desaparecieron los labios, se le afinó la nariz y su rostro se veía mucho más angular que antes. Cierto, el hacha en su mano chorreaba sangre, la de Lyon quien yacía en el suelo.

Tin Man los embistió como lo haría un toro desquiciado. Luka reaccionó y empujó a Noel hacia el auto. Apenas alcanzó a ver como el chico buscaba refugio cuando el albino volvió a la carga.

Sí, estaba indefenso, acorralado contra una pared y en total desventaja. Pero no podía dejar que lo mate, porque una vez acabara con él, iba a ir por Noel.

—¡Deja esa hacha y enfréntame como un hombre! —vociferó sintiendo la adrenalina correr por sus venas.

—Dices bien, yo soy un hombre, soy Tin Man y tú eres un perro.—Le respondió y con el hacha en alto lanzó un golpe, que esquivó de milagro.

—¡Eres un cobarde y un monstruo!

—¿Monstruo dices?—le respondió y se veía trastornado de la ira.—Te voy a enseñar que clase de monstruo puedo llegar a ser. Voy a despedazar a ese cachorro, frente a tus ojos, miembro por miembro y voy a sacar su corazón aun latiendo. No sabes lo maravillosa que es aquella sensación. No temas, la vas a experimentar en este momento.

Tin Man cambió el rumbo, a toda prisa fue tras Noel. Parecía una bestia bufando de rabia, con el hacha en alto. Luka arremetió contra el albino y por la espalda. Consiguió derribarlo como a una torre. No podía dar fe de como así terminó encima de aquel demente y golpeándolo con todas sus fuerzas. Se dejó llevar por toda la ira que acumulaba, por todos aquellos tormentos por los que le hizo pasar a Noel.  Todo, todo se congregó dentro de su mente y le hizo perder el control.

Forcejearon en el suelo y Luka consiguió sujetarlo. El bastardo le sonreía, con la cara cubierta de sangre, mantenía esa expresión burlona. Al detenerse a verlo a los ojos, no encontró nada más que rabia.

—¿Sucede algo Oz? ¿No te quedan más fuerzas para rebelarte contra tu amo?

¡Mierda! Sintió un piquete en la pierna y en seguida supo que ese maldito albino acababa de drogarlo. Sintió el cuerpo pesado y el cuerpo desconectándose. Las manos del demente se cerraron sobre su cuello, como candados y ni pudo protestar. De pronto su cráneo golpeó el suelo y Tin Man se encaramó sobre su cuerpo, sin retirar la presión en su garganta.

—Oz.—dijo en tono meloso, frotándole la entrepierna contra su cuerpo desnudo.—¿Puedes sentir lo que yo en este momento?

Sentía que se asfixiaba y la droga nublando su capacidad de moverse. Sus manos buscaron retirar al albino de sobre su cuerpo, pero sus puños no carecían de fuerza. Podía moverse, pero sus piernas pesaban como si se hubieran vuelto de cemento.

—Yo sólo quiero un corazón para sentir. ¿Es acaso mucho pedir?

Podía sentir su erección punzando entre sus piernas flácidas. Gruñó apenas, intentando enseñarle los dientes, porque le era imposible lanzarle una dentellada.

—Quiero el tuyo, Oz. —Murmuró con voz extasiada—El corazón de aquel que ha conseguido que sienta algo más allá del vacío usual.

La presión en su garganta desapareció y Tin Man se inclinó sobre su rostro.

—Eres todo lo que siempre he deseado, Oz. Siempre quise una familia, un hogar, prestigio y alguien que sienta algo por mí.

Los labios del albino rosaron su boca, en un contacto tan breve que le pareció irreal

—Ahora todo va a ser mío Oz. Voy a obtener tu corazón aun palpitando, mientras aun respiras. No te preocupes, el dolor se encargará de que mueras muy lentamente, mientras yo recibo tu último aliento.

Las manos sobre su garganta redoblaron sus esfuerzos por asfixiarlo. La boca de aquel monstruo se mantenía sobre la suya, y pudo sentir que aquel roce se convertía en un beso. La oscuridad le iba ganando y ya no podía respirar.

Cerró ambas filas de dientes sobre los labios de Tin Man, en un acto desesperado. Como respuesta las manos del albino le  exprimieron la garganta con más violencia y sentía que su corazón estaba por detenerse. Noel llegó a su mente y sintió tristeza por no poder cumplir con sus promesas.

Pronunció su nombre, Noel, dijo bien claro. Si el maldito demente de Tin Man quería su último aliento, no se lo iba a dar. Era de Noel, siempre lo fue.

Tin Man perdió la sonrisa. Su rostro se contrajo en una mueca de cólera. Sus labios desaparecieron, sus fosas nasales se inflamaron, sus ojos perdieron completamente el color. Luka podía sentir las uñas incoloras del demente clavarse dentro su garganta.

Cesó.

De pronto la presión cesó.

Le tomó un momento reaccionar. Las manos del albino abandonaron su cuello y su cuerpo cayó inerte sobre su pecho. Luka empezó a toser para recobrar el aliento y con esfuerzo se sacó el peso muerto de encima. Noel apareció frente a él, de pie y todavía sujetando el hacha con la que acababa de golpear a Tin Man, por la espalda.  Con los ojos inundados y los labios temblorosos, parecía que quería decirle algo.

—¡Luka, Luka!

Noel lo estaba llamando, dejó caer el arma que sostenía con el brazo sano y se le lanzó  encima. Luka apenas se incorporaba, pero lo recibió en sus brazos y lo sujetó con las fuerzas que no tenía.

—Aquí estoy Noel. —le dijo sosteniéndolo contra su pecho. —Aquí estoy.

Estaba llorando, era la primera vez que lo veía sollozar de ese modo. No decía una palabra, sólo temblaba mientras se deshacía en lágrimas. Luka se serenó e intentó ponerse de pie, con Noel encima. Imposible, iba necesitar ayuda para caminar y buscar la salida, antes que ese monstruo se recuperara.

Tin Man no estaba muerto, no todavía. De haber tenido más fuerzas, tomaba esa hacha y lo hacía trocitos. Noel lo dejó inconsciente, sólo lo golpeó con el reverso del arma, de haber usado el filo, le hubiera partido la cabeza como un durazno. ¿Tentador, no?

No, tenía que pensar en escapar de ese estacionamiento subterráneo, así tuvieran que cavar un hoyo como conejos. El brazo de Noel estaba definitivamente roto, la hinchazón lo delataba y aun así, el chico lo ayudó a incorporarse.

El camino hacia la libertad lo recorrieron en silencio. Abordaron el ascensor de la cochera y  Noel aun sollozaba cuando la intemperie los recibió. Luka recién se percató que seguían desnudos cuando el frío los golpeó a ambos con la crueldad propia del invierno.

Una tropa de oficiales los divisó y salió al encuentro. Luka se aferró a Noel para protegerlo del frío y de las manos que se afanaban por separarlos. Los agentes los rodearon y unas mantas cayeron sobre sus espaldas. Quiso protestar cuando alguien le arrancó a Noel de los brazos, pero le castañeteaban tanto los dientes que no pudo formular palabra.  Las voces que se arremolinaban a su alrededor, llamaban a los paramédicos.

Alguien lo sostuvo, al parecer estuvo por caerse. Luka no le prestó atención, porque estaba más preocupado por Noel  quien iba a su lado, también asistido por dos oficiales.

—Luka Thompson, soy el detective Murphy. Una ambulancia está esperando para llevarlos al hospital.

Algo de nieve quedaba sobre el suelo y  estaban descalzos pisando trozos de hielo. Una camilla apareció, empujada por dos paramédicos y subieron a Noel en ésta.

—Estuvimos buscándolos dentro, el inmueble ardió en llamas. Los bomberos están trabajando en controlar el fuego.

No le estaba prestando atención, todavía sentía el cuerpo adormecido y el tal Murphy seguía hablando. Luka pudo ver a mucha gente reunida, oficiales, ambulancias, los camiones de bomberos, la mansión ardiendo todavía, el grupo de degenerados amontonados y bajo la custodia policial.

Algunas de las otras mascotas envueltas en frazadas, chicos como Noel e igual de asustados.

—Los perdimos, no sabíamos donde estaba Tin Man. Intentamos seguirlos, pero el fuego no nos lo permitió.

No quería seguir oyendo, sólo quería tomar a Noel en sus brazos y olvidarse del mundo entero. Los subieron a ambos a sendas camillas y en un momento de silencio, pudieron oír como varias voces pedían asistencia de paramédicos. Luka se recostó, envuelto en la frazada, rindiéndose por fin. Estaban a salvo, el maldito albino quedó atrás.

Murphy iba con ellos, daba órdenes, dirigía a su gente, pero Luka sólo quería que todo terminara. Regresar a su departamento, con Noel a su lado y desaparecer juntos. Giró el rostro y pudo ver que Noel se alejaba de su lado. Sintió miedo de perderlo y de haber tenido más fuerzas, se hubiera levantado para seguir la camilla que se lo llevaba.

—¡Luka!

Esa era Amy, reconocería su voz hasta en el mismo averno, del cual acababa de escapar. Ahí venía ella, a toda prisa, medio resbalando en la nieve y perseguida por el oficial a quien acababa de burlar. No habría manera de frenarla en ese estado de desesperación, si alguien lo intentaba, sin duda saldría perdiendo.

—Lo siento mucho, fue mi culpa. Si me hubiera dado cuenta antes. —ella tuvo que detenerse porque su llanto se hizo tan fuerte que no podía continuar. —¿Qué te han hecho, Luka? ¿Qué les han hecho?

Luka intentó decir algo, pero tenía la boca seca. El cuerpo se le desconectaba de nuevo y estaba agotado. Amy le acarició el rostro y los labios le temblaban. Encontró el collar que seguía en su cuello y el rostro se le descompuso. Sollozando,  liberó y se quitó las gafas para secarse el rostro empapado de lágrimas.

Intentó tomarle la mano, pero estaba muy débil. Ella le vio el grillete que envolvía su muñeca y se desconsoló.

—Luka. ¿Qué es todo esto? ¿Qué te hicieron?

—¡Pero si es el perro asqueroso y el cachorro raquítico! ¡No he acabado contigo, bestia! ¡Suéltame, tengo que darle mucho más castigo a ese animal! —Gritaba Cordelia quien iba esposada y acompañada de un oficial hacia donde estaban los autos de policía.

—Si no fueras mujer te partía la cara.—brotó de los labios de Luka.

—¡Oye, chica! —le dijo a Amy.—Tu noviecito es la perra de Tin Man y no sabes cuanto lo disfrutó. ¡Me dejaron jugar con él, así que también es mi perra!

La arpía se rio a carcajadas, pero le duró poco. Amy se materializó frente a Cordelia y la derribó con un golpe de derecha del cual jamás se la imaginó capaz.

—¡Yo soy mujer y te parto lo que me dé la gana, puta!—escupió su amiga de la infancia hecha una fiera.

Nadie se lo esperaba, ni la misma Amy quien con el puño en alto estaba lista para repetir la dosis.

—Nunca vas a volver a ser el mismo, nunca vas a poder olvidar todo esto. — sentenció Cordelia con una sonrisa en los labios. —Jamás vas a poder olvidar que tu amo te marcó como a una bestia.

El policía se sacudió la sorpresa y levantó a la arpía del suelo para subirla en un auto de policía.

Luka hubiera querido decir algo, pero Noel se acababa de agitar sobre su camilla. La loca esa consiguió asustarlo lo suficiente, como para que empezara a luchar contra los paramédicos.  El chico se sacudió las manos que trataban de contenerlo y dejó caer las frazadas en el proceso. Amy casi colapsa del susto, al verlo escurrirse por el suelo, intentando esconderse entre las llantas de la ambulancia.

Amy no fue la única, el resto de presentes contuvo la respiración al verle el cuerpo magullado y los huesos tan visibles. Ella se cubrió el rostro, para llorar en silencio. Luka se levantó y fue a buscar a su saco de huesos. Tomó una frazada  y avanzó hacia él.

—Todo va a estar bien, ven Noel. Esa arpía no nos va a molestar más.

Las argollas y las placas de metal que contenían sus nombres, hicieron el mismo sonido. Luka sintió deseos de arrancarse el collar, pero primero tenía  quitárselo a Noel. Empezó por acariciarle las marcas que el bozal le dejó sobre las mejillas y al rodear su nuca, no pudo encontrar una hebilla para retirarle la pieza de cuero.

—Necesita una llave.—le susurró Noel, con la cabeza gacha y apenas moviendo los labios.

Maldito albino, hijo de puta, malparido, desgraciado. Luka no insistió y los paramédicos llegaron en su ayuda. Al revisar el collar de ambos dieron el mismo veredicto. Tendrían que ver el modo de retirarlo, cortarlo quizá, pero con cuidado, está muy ajustado. Demasiado hundido en la piel, pobres.

Los regresaron a las camillas y  al retirarles los grilletes, a Luka le brotó sangre de las heridas. Amy retomó el llanto. Menos mal que ella no los vio con los guantes, las orejas o la cola puesta.

—Todo terminó.—le dijo con más gravedad de la que quería.—Vamos a ir a casa, como te promet, Noel. A lo que será nuestro hogar.

—¿Nuestro hogar?—le preguntó Noel incrédulo.

—Sí, nuestra casa y hogar.—le respondió tomándolo de las mejillas y besando su frente para sellar el pacto.

Noel le sonrió apenas, le gustó la idea al saco de huesos. Tomados de la mano, volvieron a recostarse en sus respectivas camillas y de nuevo, varias frazadas los cubrieron. Los paramédicos actuaron con prontitud.

—¿Me lo prometes, Luka?

Alcanzó a oír que Noel le decía, cuando lo subían a la ambulancia.

—Te lo prometo, Noel Foster.

Le respondió dejándose transportar también hacia su propia ambulancia. Amy se adhirió a la baranda y no se despegó de ésta hasta que estuvo sentada junto a los paramédicos dentro del auto que los transportaría al hospital.

—No me mires así Amy, que estoy hablando en serio. —le dijo a su amiga quien se sacó las gafas para secarse los ojos.—Así que hazte la idea que mi «saco de huesos» va a estar presente en todos tus cumpleaños, los tuyos y los de tu novia.

—Lo sé, lo sé estúpido.—le respondió ella riendo.—Más te vale llevarlo, pobre de ti que lo dejes en casa. ¡Carajo Luka, estuve tan preocupada por ti! ¡Vas hacer que me arrugue antes de tiempo!

Y por supuesto empezó a llorar de nuevo, cuando hacía un segundo estuvo riendo.

—Estoy tan feliz de que estés a salvo. Si te pasaba algo…—Amy se detuvo en seco y se le quebró la voz. —Lo siento Luka, lo siento de veras.

Luka ya no la escuchó más. Los paramédicos empezaron a atenderlo y él cerró los ojos. Amy le tomó la mano y supo que estaban a salvo. Si despertaba al sueño narcótico iba a cumplir con sus promesas.

Todas y cada una de ellas, pero la más importante de todas, es que iba a hacer lo imposible por hacer feliz a Noel.

 

 

 

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12 thoughts on “Capítulo 27

  1. asdjbsf hermoso!!! simplemente hermoso!!!! valio la pena la espera, estubo estupendo y… waaaa no quiero que se acabe *^* bueno… pido un final agradable y si no o es…. pos tambien me va gustar gracias a la escritora x su esfuerzo y tan bello capi ^^ esperare el siguiente y espero no ultimo capi :3

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  2. Deberías cambiarte el nombre, Reina del Suspense creo q te quedaría mejor.
    Cuánto mas se puede alargar la agonía de tus pobres lectores???
    Estupendo el rumbo q va tomando la historia, no quiero q se acabe…
    Gracias por el capítulo.

    Le gusta a 1 persona

  3. Hola, muchas gracias por la actualización!! Tu historia y personajes me han hecho sentir tantas cosas a lo largo de estos 26 capítulos que… Dios! no hay forma de que pueda describirlo en unas pocas palabras.

    Amo a Noel, siempre lo amé desde el inicio. Tan profundamente amoroso pese a estar tan dañado por dentro. Es increíble como pudiste plasmar tan bien a un ser a la vez inocente y con tanta “calle”, tanto sufrimiento sobre sus hombros… y que hallas sabido preservar su bondad sin suavisar ni el dolor vivido ni el impacto de la tragedia sobre su psiquismo, en su forma de ser y de relacionarse… eso me resulta admirable.
    Alguna vez, ya hace algún tiempo, te pedí en AmorYaoi por un Luka que reaccione y salga de su burbuja de negación y tengo que admitir que disfruté su primera caída en cuenta del espanto que estaba viviendo Noel, justo en ese momento en que se decide a volver disruptivamente de su viaje para hacer algo al respecto. En ese entonces, te confieso que tanto como disfruté, temí que el cambio fuera demasiado contundente… demasiado para lo que yo anticipaba la acomodada y frívola personalidad de Luka podría estar preparada… por supuesto que esto era un sentimiento y una opinión sólo mía. Sin embargo de nuevo me equivoqué, ya que Luka cayó de su pedestal al mismo infierno en un nanosegundo ¿como no entender un cambio de posición subjetiva si la vida le está pasando por encima?… cuando le diste a la historia ese giro te amé aún más como escritora!!

    Sigo el minuto a minuto de esta recta final de Cachorros y Amos, y aunque me duele que se termine este viaje, creo que es quizás el momento de que acabe de nacer, que suelte tu mano para quedar en adelante a la libre interpretación de quien lo lea, que puedas cambiar eso de “tengo hasta ahora dos novelas inconclusas” por algo como “ya concluí mi primera novela y me salió de puta madre!!”

    Me sumo a los que desean un final feliz, aunque yo no deseo magia sino momentos mágicos que no es lo mismo ¿después de todo que es la felicidad sino la existencia de esos momentos?

    Mi lado obsesivo no me permite dejar de mencionarlo, lo único que no me termina de cerrar es la entrada de Amy en la última escena de este capítulo. No me mal entiendas, porque me pareció lindo… pero poco creíble ¿años de trabajo encubierto, el FBI en el medio e iban a dejar involucrar a una civil con todas las chances de que joda todo que eso implica? Me parece que es un punto para darle una vuelta más de rosca como vos haces tan bien.

    Una idea que puedes tomar o dejar según mejor te parezca: tienes hermosos personajes y una historia que no dejaste desgastar, desde mi punto de vista eso te permite arrancar una nueva novela (lo que implica un cambio de aire quizás necesario) pero mantener si quisieras a algunos de ellos ¿quizás seguir con la historia de Pat? ¿o Jade? ¿o quizás de ambos?… y para los que te seguimos desde el principio alguna mención cada tanto sobre nuestros actuales protagonistas, aún cuando ya no fueran el centro del universo, podría ser sublime!!

    Sin lugar a dudas yo voy a estar a la expectativa tanto del final como de la próxima historia que decidas escribir, sin importar sobre que decidas hacerlo. Como ya dije, creo que sos muy buena escritora y vale la pena tenerte un ojo encima para ver que más podes crear.

    Te mando un abrazo!!

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  4. Hola,gracias y felicitaciones,en verdad una historia que queda grabada en el corazón,personajes inolvidables en resumen ,una obra para atesorar.
    Envío todos mis parabienes y deseos de éxito en los planes para lo que se viene ya que al margen de esperar el epílogo con ansiedad,los próximos planes para con los personajes son tremendamente tentadores,ya quisiera empezar a leer la nueva etapa.
    Aplausos para la escritora y nuevamente ¡FELICITACIONES!

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  5. Me encantó! Te felicito, realmente lograste crear una novela impresionate. De esas novelas que volvería a leer infinidad de veces. Amé la manera en que moldeaste a tus personajes y los colocaste en cierto contexto, de tal forma que pudieran tocar partes emocionalmente sensibles.
    Este capítulo final tenía a mi serenidad colgando de un hilo, igual que muchos otros capítulos atrás; con esa manera de poner situaciones totalmente inesperadas, escritas de manera increíble o ambas.
    Espero con ansias tus demás escritos y poder saber qué pasó con el pobre Lyon y el demente de Tin Man!

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  6. Hola Helena!!
    Me encantó el nuevo capitulo final mejorado!! No sé porque no pasé a agradecértelo antes ya que lo leí en cuanto publicaste y desde entonces entro todo el tiempo para chequear si ya aparece el epílogo.
    Te mando un abrazo y sigo atenta a leerte en tus próximos proyectos.

    PD.: También me encanta la nueva portada. Lindo diseño y excelente captura gráfica de los Noel y Luka!!

    Sol

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