Capítulo 26

Featured imageNueva portada cortesía de Sofía Arancibia Bravo.


Tenía que aceptarlo, Jade se encontraba peor de lo que se imaginaban y ello le estaba partiendo el corazón en trocitos.

Ella les pidió a las brujas que la dejaran recostarse e intentó echarse en el suelo. Mónica pegó el grito al cielo e insistió en llevarla a la cama de ambas. Amy se opuso y no esperaron que llegara la ambulancia que el detective dijo que enviaría.

Todo el camino la tuvo en sus brazos  acarició su cabellera enmarañada como si ella fuera una mascota herida y buscara confortarla de esa manera. Consiguió que deje de llorar cuando le prometió que no la iba a abandonar. Jade intentó sonreír, pero se limitó a sollozar hasta quedarse en silencio. Envuelta en la ropa con que la vistió, sus pantalones gastados, su chaqueta a cuadros,  la encontró ajena.

La Jade que conoció usaba ropa femenina. Ahora que lo recordaba, siempre la veía aparecer en la misma faldita, la misma chaqueta y su apariencia de gata con botas. Añoraba su risa y el modo como se asomaba por la entrada del callejón, como una niña traviesa jugando a las escondidas.

Jade era toda sonrisas y se sentaba a su lado sobre las gradas de la puerta a la trastienda.

—Oye, pensé que no venías…

—Lo siento, lo siento… Es que mi papá no me dejó salir antes.—le respondió Jade echando los ojos al suelo. —Pero ya vine…

Jade se le acercó dando saltitos. En ese momento no lo notó, pero lo hizo para disimular que cojeaba de una pierna. Pat la dejó sentarse a su lado y a ella le bastaba apoyar su cabeza contra su hombro. Lo siguiente era darle el recipiente que religiosamente guardaba para Noel, quien nunca aparecía. Jade lo recibía agradecida y por unos buenos minutos, no hacía más que hartarse de comida.

—Oye, si comes tan rápido te va a hacer daño. 

Ella le sonreía con las mejillas rellenas y trataba de comer más despacio. Cuando podía ver el fondo del envase, parecía preocupada de que se fuera a terminar. En el momento que no quedaba más, Jade pasaba los dedos y se los chupaba. 

—¿Verdad que cocino rico? 

Le decía contento de verla disfrutar hasta el último bocado.

—Más que rico. —Respondió Jade—Eres el mejor…

—Oye, sí. Estabas con hambre, dejaste limpio el plato. 

Jade le sonreía de nuevo y asentía. Era hora de la charla. Ella le pedía que le cuente como le fue ese día. Era entonces cuando Patrick hacía gala de su capacidad para inventarle cuentos y pintarle pajaritos. 

Le contaba acerca de la escuela, de las clases que llevaba, de las bromas que se gastaban sus amigos. Nunca dejaba de mencionar a su madre, Maggie era una constante de cada noche. Le decía a Jade, que su mamá era muy buena y no le gustaba la idea que trabaje en esa tienda. Pero él era el hombre de la casa y tenía que apoyarla con los gastos. 

Jade se creía cada palabra y veía en sus ojos que hasta se lo imaginaba. Cuando le decía que su mamá preparaba pasteles en la enorme cocina que tenían, parecía que hasta los podía saborear. La alimentaba de mentiras y ella se lo agradecía escuchando atenta, interrumpiendo en ocasiones para preguntarle más cosas acerca de su mamá. 

Ella le dijo que no tenía una, sólo su papá y su hermano. Consiguió sonsacarle información acerca de su supuesto padre. Era un abusivo, cretino e hijo de puta que la mandaba a la calle a conseguir dinero, metiéndose con  viejos cochinos. Jade nunca mencionaba a su hermano y se mostraba reacia a hablar de él. Sólo le decía que su hermano era menor que ella y su papá les pegaba a ambos por igual.

—¿Y tienes novia?

Le preguntó en una ocasión. Le contestó enseguida que no. 

—Tú seguro tienes muchos novios. ¿No Jade? 

No se dio cuenta hasta que fue muy tarde, que sus palabras sonaron mal intencionadas. Ella le sonrió y le dijo que sí, que muchos, más de los que podía atender por noche. Luego su rostro cobró un halo de tristeza y se acurrucó en su pecho.

 —No son más que clientes, no tengo un novio de verdad. Mi papá si se entera, me pega más de lo que me pega siempre. No me va a dejar tener un novio nunca.

—Ese bastardo tiene que dejar de pegarte. Te ves bien mal, Jade. 

—Pero si mi novio me defendiera, seguro ya no me pega más. 

Jade intentó besarlo, le pasó los labios por la garganta y al no encontrar resistencia, consiguió dejarle uno en la barbilla. Sí, le provocaba tocarla, agarrarle bien los pechos y apretárselos con las dos manos, pero luego se acordaba que eso le hacían los viejos puercos con los que se veía en la calle. No iba a hacerle lo mismo, le acarició la cabeza en cambio y luego la rodeó con su brazo. 

Podía recordar bien el silencio en que se quedaron ambos. Jade sólo se recostó sobre él y no se quiso mover. Luego de un rato se levantó del suelo, acongojada. 

—Eres el mejor novio del mundo, Pat. Por eso te quiero tanto. 

No le respondió más que con una sonrisa, sonrojado hasta los zapatos, sólo vio que Jade se alejaba cojeando. Sólo eran amigos, pero no tuvo valor de contradecirla.  Cada vez que la dejaba ir, sentía esa misma tristeza  y rabia, que cuando Noel partía. 

¿Cómo podía abandonarla ahora?

Una vez llegaron al  hospital, las dos brujas corrieron a pedir ayuda. Cuando intentaron bajar del auto, Jade no reaccionaba.

Parecía dormida sobre su pecho. Se quedó tan quieta que tuvo miedo que no despertara. Pat trató de mantener la calma llamándola por su nombre, pero era inútil. Una horda de enfermeros no tardó en aparecer y la arrancaron de su lado.

La recostaron en una camilla y se la llevaron dentro a toda velocidad. Pat fue tras ellos, seguido de cerca por Amy y Mónica quienes corrían al paso de los enfermeros. El doctor de turno apareció de entre la turba y se unió a la comitiva. Se llevaron a Jade, se la arrebataron de las manos. Desaparecieron con ella tras las puertas dobles de la sala de emergencia.

¿Qué podía hacer Patrick de quince años casi un adulto? Nada, sólo observar desde un rincón cuando lo que quería era correr a su lado y decirle que no se iba a ir, que no la iba a abandonar. Mónica lo tomó en sus brazos, lo sujetó con fuerza y tenía que aceptar que era lo que necesitaba en ese momento.

Pat se irguió y serenó de inmediato. Siguió a las mujeres mientras se encargaban de los trámites. Amy y Mónica se enfrascaron en una discusión histérica en la estación de enfermeras intentando explicar la situación. De Jade sólo sabían su nombre y ello representaba un problema. Desconocían su edad y asumían que no tenía familiares.

Las puertas dobles se abrían y cerraban, la angustia crecía mucho más. Tras minutos interminables, el doctor de emergencias se les acercó con una expresión grave  en el rostro. No venía solo, un oficial de policía le hacía compañía. En definitiva la situación no pintaba nada bien y Patrick tuvo que retroceder  como un cobarde.

—¿Son ustedes familiares del paciente?

Les preguntó el doctor, pero parecía que él sabía la respuesta de antemano.

—No lo son, ese chico es de la calle, no tiene familia.—intervino el policía.

—En estos momentos nosotras nos estamos haciendo cargo de Jade. ¿Cómo se encuentra doctor?

—Sólo le puedo dar información a los familiares del paciente.

Le respondió a Mónica y ahí iba Amy a la carga.

—Verá doctor, la situación es ésta… Nosotras, mi novia y yo…

—El paciente se encuentra en custodia policial.—anunció el oficial y avanzó hacia las mujeres con el fin de espantarlas.

No, él no tenía idea de quienes tenía delante. Las dos se formaron una al lado de la otra, como un muro infranqueable.

—¿En serio? ¿Custodia policial?

—Jade no es un delincuente, no ha hecho nada malo. Es una víctima aquí.

—Señoras, ustedes ha hicieron su parte. Ustedes no lo saben, pero ese…chico es bien conocido en la calle, lo hemos arrestado varias veces, por drogas y prostitución.

—¿Qué van a hacer con Jade? No la van a arrestar en el  estado que se encuentra.

—Ahora está en custodia policial y luego ya el juez verá.—les anunció el oficial con cierta satisfacción que no quiso ocultar.—Lo mandarán una cárcel juvenil, ya será luego.

—¿La van a encerrar? No, no después de todo lo que le ha pasado. ¿Doctor no ha visto el estado en que está?

—Señoras, por favor retírense o las voy a tener que arrestar por obstrucción a la…

—No, no nos vamos.

—No, de acá no nos movemos. Además el FBI está a cargo de la investigación. De aquí no nos vamos y Jade tampoco.

Amy sacó el teléfono y sin separarse de su novia empezó a marcar los números furiosa.

—¡Oiga! No puede usar el celular en el hospital.

—Señoras, no lo voy a repetir. Los federales no tienen nada que ver en este asunto. Tienen que retirarse ahora o las vamos a arrestar por desacato a la autoridad.

¿Vamos? Ese policía dijo «vamos». A unos pasos de donde se desarrollaba la resistencia de esas dos, Pat pudo escucharlo todo. Ese oficial se quería deshacer de ellas y no era lo único sospechoso.  Acababa de ver a otro policía uniformado, deslizándose sigiloso por el mismo pasillo de donde vino el médico.

Fue tras él, ese policía sabía a donde ir.  Atravesó la puerta del área de emergencias y sin detenerse avanzó entre los enfermeros presentes. Pat lo siguió de cerca, escabulléndose también. El oficial buscaba el número de cubículo y al encontrarlo atravesó la cortina, cuidadoso de no haber sido visto.

No tenía tiempo de ir por ayuda, necesitaba actuar por su cuenta. Entró también, pero al cubículo vecino y de inmediato se asomó a aquel donde el policía ingresó. Apenas lo hizo, se le heló la sangre, en la placa sobre su pecho decía Anderson.

Anderson sacó una jeringa del bolsillo y se acomodó al lado de Jade. Ella dormía conectada a tubos y respiraba indiferente a lo que acontecía a su alrededor. De haber visto a ese policía a su lado, quien retiraba el plástico que protegía la aguja, hubiera entrado en pánico.

No, ese bastardo no le iba a hacer daño a Jade, no.

—¡Oye!—le gritó sin pensar en lo que hacía.

El policía levantó el rostro sólo para que Pat lanzara el contenido de un urinal. Anderson gritó asqueado y dejó caer la jeringa al tratar limpiarse.  El chico no perdió el tiempo y se lanzó al suelo a recuperarlo.

—¡Quieto ahí! ¡De pie! ¡Párate mocoso de mierda!

Anderson le apuntaba con la pistola y Pat lo hizo despacio.

—¡Carajo! Dame eso, dámelo.

Pat se lo tendió sin protestar y recibió una bofetada. Rodó por el suelo, pero se levantó a prisa. Buscó refugio a los pies de la cama de Jade, atento a los movimientos del policía.

Vio que Anderson regresaba al lado de Jade, mascullando más insultos. Iba a inyectarle el contenido de la jeringa si no lo detenía. No lo pensó dos veces, empezó a gritar con todas sus fuerzas.

—¡Maldita sea, mocoso puto!—vociferó el oficial al levantarlo del suelo.

Pat no se pudo resistir, con el cañón del arma hundido en su cuello dejó que el policía lo sujetara con fuerza.

—Cuando termine con ese marica esparce enfermedades, voy a encargarme de ti!

Las cortinas que separaba el cubículo de Jade se abrieron y los enfermeros llegaron atraídos por los gritos.

—¿Qué sucede oficial? ¿Qué está pasando?

—Todo está bien.—les dijo el policía.—Todo bajo control. El mocoso estaba haciendo escándalo. Todo está bajo control, regresen a sus puestos. No hay nada que ver aquí.

Anderson siguió con la pantomima de arrestarlo, pero nadie le creyó. Los enfermeros se miraron entre sí y no se movieron de donde estaban. Pat vio la oportunidad y no la desperdició.

—¡No es cierto, no le crean! Tiene una aguja, iba a hincar a Jade…

—¡Que te calles de una vez! Estos mocosos de la calle…

—Oficial, tiene que retirarse por favor. Esta área es…

—¡Yo sé que carajo es! Ustedes son quienes tienen que retirarse. Yo soy la autoridad aquí.

Una enfermera intentó acercarse a la camilla donde estaba Jade, pero Anderson se interpuso. Pat intentó zafarse de él, pero no lo consiguió.

—Esa puta callejera está en custodia policial.

—Oficial, el paciente necesita atención urgente. No está en condiciones de que lo trasladen…

—¡Que se larguen les he dicho! Ni deberían gastar su tiempo en una marica como esa. Desperdiciando medicinas en esa porquería. ¡Fuera!

Pat se sacudió una vez más, pero pudo escuchar como se armaba una conmoción alrededor del cubículo. Los gritos atrajeron más personal médico y de entre ellos se abrió paso un rostro familiar.

—Oficial Anderson, suelte a ese muchacho y ponga las manos en alto.

Era el detective Murphy quien apareció apuntándolos con un arma. Los enfermeros se apartaron asustados y pudo escuchar movimiento en los cubículos a los lados.

—¡Oficial Anderson, ahora!

De detrás de las cortinas salieron más oficiales del FBI y Anderson le aplicó a Pat, una llave al cuello, para inmovilizarlo.

—Ustedes no entienden… No entienden…

—¡Ahora oficial Anderson!—le insistió el detective Murphy. —Estás rodeado, no tienes a donde ir. Lo sabemos todo, los depósitos a las cuentas bancarias, las donaciones dirigidas a la fuerza policial que aparecían a tu nombre. El sospechoso de nombre Müller a quien le disparaste en vez de arrestarlo. No tienes a donde ir. Deja ir al muchacho.

—¡No! No me pueden hacer esto. Yo soy un servidor público, mi record es impecable…

—Oficial Anderson, deja ir a ese chico y aclararemos todo el malentendido de haberlo. Pero tiene que dejarlo ir.

Pat pudo sentir como la presión sobre su cuello disminuía y luego un empujón lo lanzó a los brazos de uno de los detectives. Rodó de brazo en brazo hasta que terminó sobre el pecho mullido de una mujer. No le dio ni tiempo para reaccionar en medio de ese torbellino de voces, sólo supo que estaba a salvo, apabullado y acribillado a besos.

—¿Estás bien? ¿No te hizo nada? Creo que debe verte un médico.

—Moni, si no lo sueltas lo vas a asfixiar. ¿Estás bien no?

—¿Pat? ¿Estás bien? ¿Te hizo daño? ¿Te lastimó? Estábamos tan preocupadas.

—Estoy bien, estoy bien.—les respondió a ambas intentando liberarse de los brazos de Mónica quien parecía querer hundirlo en su pecho.

Ellas lo escoltaron fuera del campo de acción desde donde pudieron apreciar el desfile de oficiales llevándose a Anderson esposado.El detective Murphy iba con ellos.

—Ese bastardo escurridizo no va a volver a darnos problemas. Con la información que obtuvimos, fuimos en su búsqueda, pero para ese momento no lo pudimos ubicar. Sabíamos que vendría hacia aquí para terminar lo empezado. Gracias a ti muchacho llegamos a tiempo.

—¿Sabían que iba a llegar a buscar a Jade y no hicieron nada?

Necesitaba saberlo y le temblaron los labios al decirlo. Quería gritar de frustración, porque además No obtuvo una respuesta, el detective sólo se despidió para luego retirarse.

—Pat, escúchame. Amy te va a llevar a casa. No te preocupes por Jade. Yo me quedo aquí con ella.

—No, yo… me quiero quedar también.

—Mañana cuando tengamos noticias de su condición, podremos verla. Ahora le han sedado y va a descansar todo lo que queda de la noche.

No tuvo manera de negarse. De no volver a la tienda, Phil se iba a preocupar todavía más. No quería darle un disgusto al italiano. No iba a poder dormir, no iba a poder vivir hasta que Noel volviera a su lado. Pat se tuvo que rendir, de prisa se despidió de Mónica y siguió a Amy hacia su auto.

***

La bruja de Amy lo llevó a casa. En el camino pararon por una tienda de hamburguesas y luego de la segunda mordida no pudo continuar. Amy no comió y antes de dejar que se baje del auto, le hizo prometerle que iba a estar bien.

—Si necesitas algo, cualquier cosa, llámame. Pasaré por ti mañana a las diez en punto. Vamos a estar en contacto. ¿Seguro qué no quieres que entre contigo? Yo puedo hablar con ese sujeto y…

—Estoy bien, Phil no me va a hacer nada. Se va a enojar sí, pero ni modo. Va a entender y si no. Ya me recoges y duermo en tu carro.

No le hizo gracia el comentario. Amy se acomodó las gafas sobre el tabique nasal y resopló nerviosa.

—¡Nada de eso! Sube de una vez, te vas conmigo. No voy a dejarte con un desconocido que no sé quien sea. Y si encima dices que vives solo con él…No, sube ya.

—Oye no. Voy a estar bien, llevo viviendo con Phil mucho tiempo y él es bueno. Yo soy quien me porto mal con él y no sé porque no me ha mandado a la mierda todavía.

Le dijo intentando sonreír. La verdad es que estaba preocupado. Si Phil quería botarlo, no se iba a oponer, sólo no quería verlo enojado. El italiano había hecho tanto por él, que odiaba tener que pagarle de ese modo.

En el trascurso del viaje, le contó toda la historia a Amy. Ella lo escuchó en silencio, aunque sabía que se moría por interrumpirlo. Le contó acerca de su mamá, de como encontró a Noel, acerca del tiempo que vivió en la calle y todo lo que pudo acerca de Phil.

Ella no se iba, hasta abrió la puerta para que suba de nuevo. Era difícil convencerla de que todo iba a estar bien. Al menos eso esperaba.

—Quiero que me llames apenas necesites cualquier cosa. No importa la hora. Yo… sin tu ayuda no hubiera encontrado a Luka y…

Ahí iba de nuevo, a llorar hasta que se le inundaban los lentes.

—Oye, ya para de chillar. Todo el día chillas, carajo.  Ya mejor me voy, buenas noches.

Hizo el ademán de alejarse, pero al verla sollozar no pudo contenerse. No resistía ver a una mujer llorar. Pat regresó al auto y la abrazó con todas sus fuerzas. Amy le lloró encima hasta que consiguió calmarla. Su chaqueta se convirtió literalmente en un paño de lágrimas.

—Tuve tanto miedo por ti, mocoso grosero. Pensé que ese policía te iba a…

—Estoy bien, no me hizo nada, yo estoy bien. Oye, ya es bien tarde, mejor vete a tu casa o tu novia se va a preocupar. ¿Capisce?

A Amy le pareció divertido su comentario y se serenó lo suficiente como para dejarlo partir. Se despidió de ella por enésima vez aquella noche y por fin arrancó el auto.

Esas dos mujeres cayeron del cielo, no podía pedirles que se ocupen también de él. Bastante hacían  con encargarse de que Jade reciba atención médica. Ella, no, él… No estaba seguro de como llamar Jade. Lo pensaría luego, cuando tuviera cabeza para algo que no fuera pensar en su hermano. No iba a poder dormir esa noche, ni ninguna otra más hasta que Noel regrese a su lado.

Pat suspiró profundamente y se rascó la cabeza con sumo placer. No podía estar tranquilo todavía, no lo haría hasta tener a Noel de vuelta y a su lado como debía ser. Miró hacia el cielo y en aquella ciudad  no habían estrellas para pedir deseos. Ni modo. Entró a la casa, que no era suya, pero la sentía como si lo fuera. Phil estaba presente, lo supo al ver la luz de la cocina encendida.  Podía enfrentar al italiano, le explicaría todo y cuando terminara de decirle cuanto sentía haberse desaparecido todo el día, se marcharía de una vez.

No tenía un plan aún, pero sí tiempo para pensar en ello.

Phil estaba en la cocina, sentado en su misma silla, bebiendo de su taza usual.

—Phil, ya sé que no me quieres ver y eso—le dijo rindiéndose.—Pero por lo menos escúchame antes de botarme de tu casa. ¿Si? Te estuve llamando todo el día, pero las enfermeras pues no me dijeron donde estabas. Sé que no debí hacerlo, irme sin avisarte. Seguro que estás molesto conmigo porque fui un idiota y no te dije nada. Es que pasó algo, Jade apareció de la nada, llegó toda mal. No sabes… y luego esas dos mujeres y …la policía, uno de esos policías le disparó a Jade y luego quiso matarla. ¿Ya? Pero lo detuve, casi me mata a mi, pero no me pasó nada, estoy bien… Phil di algo

Nada, sólo lo observaba en un silencio severo, con el bigote mojado de lo que fuera que estaba bebiendo. Vio que puso la taza sobre la mesa y se levantó dándole la espalda. Lo dejó hablando solo y lo tuvo que perseguir por el corredor, hacia donde quedaba su habitación.

—Phil, por favor dime algo. Si quieres mandarme a la mierda, hazlo, pero dime algo.

Lo abrazó por la espalda, colgándose de su cuerpo voluminoso para detenerlo. El italiano se detuvo en seco y lo escuchó respirar pesado.

—Lo vi todo en las noticias. Como el vecindario entero estaba rodeado por policías.

Podía sentir que temblaba, de cólera seguramente. No lo dejó ir, Pat lo seguía apretando con sus brazos para que no se le fuera. Necesitaba que lo perdone, para poder irse de una vez.

—Estuve preocupado por ti. Cuando no llegaste a la hora me preocupé más. Llamé a la tienda y jamás respondiste al teléfono. Luego vine de regreso, como un loco manejando, sólo para no encontrarte.

—Phil, te juro que te dejé mensajes con las putas enfermeras…

—No quiero oírlo, no quiero saber más, Patrick. Te advertí que no quería que vuelvas a ponerte en peligro. ¡Hasta cuando me vas a hacer caso! No puedo seguir con esto, no tengo cabeza para estas cosas. Mi mujer está en el hospital y me necesita más que nunca. No me puedo hacer de más cargas.

—Te entiendo Phi, lo siento. Me iré en este instante.

Era el final, iría por sus cosas y desaparecería tras esa puerta. No podía ser tan egoísta y cargarle sus problemas al resto. Era un adulto y tenía que afrontar la vida como tal.

—No he dicho que te vayas. ¿No me has oído? Necesito a alguien que me ayude en la tienda. No puedo hacerme cargo de Marietta yo solo, especialmente en estos momentos de su recuperación. No quiero que vuelvas a hacer esto, Patrick. Marcharte y dejarme así, abandonar tu casa y no pedir ayuda cuando la necesitas.

¿Había escuchado mal? ¿Phil dijo que esa era su casa también? No, algo estaba mal. Le acababa de decir que esa era su casa y… Un momento.

—¿Marietta está en recuperación?

Phil giró sobre sus tobillos y lo rodeó con sus enormes brazos de oso. Pat abandonó el suelo, sumergido en el pecho rechoncho del italiano. Lo escuchó reír, entonces, pero una risa combinada con llano.

—Mi Marietta está fuera de peligro, los médicos dicen que podrá volver pronto con nosotros.

Carajo que eran buenas noticias. Pat empezó a llorar también, contagiado por el italiano. La risa le brotó a la par del llanto y ambos terminaron a las carcajadas.

—No creas que no estoy enojado contigo, ragazzo. Arriesgarte así, cuando ya te había dicho que no lo hicieras. ¿Qué fue lo que sucedió? Dime toda la verdad. Escuché que al malnacido de Müller, por fin le dieron su merecido. Por eso fue toda la policía estuvo aquí, andan buscando a uno de esos famosos desaparecido.

Pat se secó las lagrimas con la manga de su chaqueta.

—Vamos a la cocina Phil, vamos a necesitar un chocolate caliente para que te ponga al día de todo. Es bien importante, así que me vas a escuchar bien. ¿Capische?

***

La chimenea encendida entibiaba el pequeño salón contiguo al comedor.  El albino demente cenó a solas, frente a sus pobres mascotas. No les dio de comer durante todo el día, o noche. Luka había perdido toda noción del tiempo. Sólo sabía que estaba exhausto y agotado.

Al terminar la comida, Tin Man se acomodó en su sillón cerca del fuego. Apoyó ambas piernas sobre su pobre espalda adolorida y se puso a hojear varios de sus  libros. Luka hacía esfuerzos por sostener el peso que tenía encima y el de su propio cuerpo. En la posición que se encontraba, le era imposible encontrar alivio. Tenía los muslos atados a sus pantorrillas, con tanta fuerza, que la soga se le hundía en la escasa carne que le quedaba. Sosteniéndose sobre sus rodillas hechas añicos y sus puños enguantados estaba punto de desfallecer.

No podía darse semejante lujo. De hacerlo le daría la oportunidad de desquitarse con Noel.

Odiaba al maldito albino.

Noel estaba presente, por supuesto. En la misma posición miserable, sosteniendo una charola sobre su espalda. El pobre chico estaba aterrado de mover un músculo, porque el bastardo de Tin Man le colocó una copa  y  botella de vino encima, para luego amenazarlo diciéndole que si una gota se derramaba, la iba a pagar con su propia sangre.

Odiaba a ese sujeto y acariciaba la idea de verlo muerto. Acababa de verlo levantándose a avivar las brasas en la chimenea y deseó tener la fuerza suficiente para empujarlo dentro. Recordó aquel cuento infantil, Hansel y Gretel. Quizá entre Noel y él podían lanzarlo dentro y asegurarse que no salga más.

No, imposible. Con las piernas atadas como las tenían, no iban a llegar a ningún lado.

Tin Man lo observaba y le  pareció que pudo leer su pensamiento. Le devolvió una sonrisa macabra y volvió a sentarse, sin olvidar machacarle la espalda con sus piernas pesadas. 

¿Cuánto tiempo ya llevaba en esa posición? ¿Cuánto más podía resistir?

Al parecer el albino bastardo percibió sus pensamientos una vez más  y enseguida sintió la suela del calzado sobre sus glúteos.

—¿Sucede algo Oz? ¿Acaso no estás contento de servir a tu amo?

No se cansaba de humillarlo, de pisotear su cuerpo y ego. ¿Qué más quería? ¿Qué hiciera piruetas en el aire para entretenerlo?

Bastardo.

Esta vez no se conformó con frotarle los glúteos, sino que le aplicó un severo puntapié apuntando a sus genitales. Tenía la cola de goma puesta y Luka se contuvo, pero sintió que iba a explotar en lágrimas.

—¡No te escucho Oz!

—Woo..f.

—Mucho mejor. No quiero tener que  arruinar el momento aplicándote un castigo. —Le escuchó reírse de él.—No cuando estoy disfrutando mucho mi libro favorito. Sabes bien a cuál me refiero, El Maravilloso mago de Oz, es una historia magnífica. ¿Te gustan las historias, Oz?

—Woof.

—Lo imaginaba. De acuerdo, te relataré una muy interesante. Hubo una vez, en una granja… No, no en Kansas, como te estás imaginando, en un lugar paraje remoto y rural,  un muchacho viviendo en un establo. No era un huérfano, tenía por familia a una partida de granjeros, miserables e ignorantes. Refundidos en su pobreza y estupidez, creían que todo lo malo que les sucedía era un castigo divino.

Hizo una pausa y lanzó una carcajada, parecía que se divertía mucho con su propio relato.

—Les nació un niño, completamente diferente al resto de la familia y dijeron que era obra del diablo. No podían deshacerse de aquel hijo al que no deseaban, su religión les prohibía hacerlo. Fue cuando optaron por una mejor solución, encerrarlo en un establo, condenarlo a vivir como un animal y en medio de estos.

Tin Man se detuvo un momento y Luka no estaba seguro de querer seguir oyendo el resto de la historia. El silencio en que se sumieron, por un momento breve, fue apenas interrumpido por los leños quemándose.

—Durante años, viviendo como una bestia, durmiendo al lado de las vacas. Tan sólo mirándolos por las rendijas del establo, escuchando sus voces. Decía escupiendo cada palabra.La familia que no me quería a su lado, decía que yo estaba enfermo. Mi enfermedad se manifestaba en la ausencia de color en mi cabello, piel y ojos. La ignorancia sí que es atrevida.

Bajó los pies al suelo y el fotógrafo lo vio desplazarse muy lento, de nuevo a atizar el fuego. Tuvo la sensación que no había terminado la historia, sólo estaba empezando.

Todos los días, a la misma hora, mi madre les enseñaba a mis hermanos a leer y escribir en un pizarrón que mi padre colocó al aire libre. No asistían a la escuela, porque vivían en un lugar apartado y sinceramente, eran demasiado estúpidos para poder atender a una clase. A mí me fue muy fácil aprender todo los que les enseñaban. Sólo era cuestión de prestar atención y retenerlo todo en mi mente. Cuando me quedaba solo con los animales, recordaba cada letra, cada palabra de las lecciones. Lo hice todo por mí mismo, aprendí a leer y escribir por mí mismo, sin necesidad de ellos.

El tono de rabia en su voz era espeluznante. No sabía bien en que iba a terminar el relato, pero Luka sospechaba que no tenía un final feliz.

Solían asistir a su culto, los domingos. Siempre a la misma hora, sin falta. Tardaban horas en volver y yo…—resopló como rememorando aquellos momentos.—Yo sólo quería experimentar un poco de lo que ellos vivían, lo que me era ajeno y causaba gran curiosidad. Me acerqué a la casa y no me contenté con asomarme sólo por las ventanas. Me sentía ambicioso, necesitaba ir más allá de sólo mirar.

No percibía nada más que ira en sus palabras. Tin Man se irguió al lado de la chimenea, la que contemplaba perdido en sus recuerdos, giró despacio y se lo quedó mirando fijamente.

—Así fue como conseguí mi preciado libro. Uno de mis hermanos lo dejó abandonado, el muy imbécil detestaba la lectura, porque le costaba mucho identificar las letras. Yo en cambio, necesitaba más, quería saber más acerca de las aventuras de todos esos personajes en la maravillosa tierra de Oz. Especialmente del hombre de hojalata. Lo he leído tantas veces, memorizado las líneas, recorrido con los dedos cada trazo de los dibujos. El hombre de hojalata es y siempre será mi personaje favorito.

Giró para tomar la obra entre sus manos y Luka lo vio acariciar la tapa con algo que parecía ternura.

—Luego de mi excursión a un territorio que me era prohibido, no pude contenerme. La curiosidad a mis catorce años era incontenible. Quería saber más, ver aquellos libros que los zopencos de mis hermanos desdeñaban. Encontré uno, de animales exóticos con tantas ilustraciones que me absorbió apenas empecé a leerlo. Me venció la emoción, el cansancio. Cuando mi familia regresó, me halló apoyado sobre la cama de mis hermanos, durmiendo.

¿Qué pretendía contándoles su vida pasada? ¿Quería qué sintiera lástima por él? ¿Después de todo por lo que le hizo a Noel?

—Oz, no te considero capaz de siquiera imaginar lo que sucedió después.—No se ahorró un tono condescendiente que consiguió enervarlo.—Por ende sólo diré que estuve cara a cara con la muerte, sentí su aliento, su peso sobre mi cuerpo. Pude morir aquella noche, porque mi padre no dejó de golpearme hasta que cayó rendido. Al ver que seguía respirando, tomó el hacha con la cual sacrificaba a los animales e intentó asestarme el golpe de gracia. Tenías que haber visto su rostro cuando, aún en mi estado, lo pude esquivar. Me escondí en el fondo del granero, donde él no podía alcanzarme.

Escuchó a Tin Man reírse despacito y apartó la vista de sus ojos grises llenos de odio. Luka no sabía que más esperar. Ese sujeto era un demente, se lo había demostrado con creces. Pudo haber tenido un pasado trágico, pero no dejaba de ser un maldito psicópata. No, no iba a conseguir que sienta simpatía por el diablo, al menos no por aquel maldito albino.

—Fue uno de mis hermanos quien me obligó a salir de mi refugio, para que mi padre terminara de matarme. Descubrió mi libro, lo tenía escondido ahí conmigo.—el rostro se le contorsionó en una mueca agria.—Era lo único que para mí era preciado, éste libro era lo único que me daba humanidad. Mi hermano me lo arrebató, lo arrancó de mis manos. Una vez más, mi familia me despojaba de lo único que  me daba humanidad. No podía dejar que me lo quitara. ¡El hombre de hojalata, sus aventuras, sus hazañas! Apenas pude recuperarme, Oz, tomé una de las herramientas oxidadas que guardaban en el granero y se le clavé en la espalda.

Cerró los ojos, no quería seguir oyendo esa historia de terror, porque sabía que era verdadera.

—Esa noche convertí en quien soy, Tin Man, el hombre de hojalata, mi propio héroe. Yo me salvé a mí mismo de vivir como una bestia, encerrado en ese universo pestilente y abandonado por Dios. Yo nunca necesité de nadie para salir adelante, lo hice por mí mismo.  ¿Sabes lo que sucedió a continuación? ¿Recuerdas cómo iba la historia, Oz?

Sí, la recuerdo. Me la leyó Ingrid, mi niñera. Ella siempre me leía para que me durmiera. 

—¿Aquella parte cuándo el hombre de hojalata se deshace de los lobos que les salieron al encuentro?

Los despedazó usando su hacha.

Por la expresión en su rostro, supo que no mentía. En realidad era peor de lo que se imaginaba. Mató a su familia. ¡Mató a su familia!

—No me mires así, Oz. No creas que no puedo darme cuenta de lo que estás pensando. ¿Qué puede saber alguien cómo tú? Un mequetrefe que siempre ha tenido todo lo que ha deseado. Una familia, una maravillosa infancia, una vida espléndida llena de lujos, rodeado de gente complaciendo tus caprichos. Varios amantes. ¿No es así Luka?

Eres un monstruo.

—Me confieso envidioso, Oz. Tú siempre has tenido todo y yo…—Tin Man giró sobre sus talones, sin quitarle la vista de encima, se dirigió hacia donde se encontraba Noel.—Sólo quiero tener un corazón y  poder sentir algo más que sólo placer cuando juego con mis mascotas. Como por ejemplo, con el cachorro, con Toto. ¿Crees qué puedo sentir algo por él, además de la necesidad de quebrarlo en pedazos? Pero contigo es diferente, Oz. Es mucho más entretenido destruirte. Porque para ello, tengo que quitarte todo resquicio de voluntad, empezando por lo que más quieres.

Sucedió tan pronto que no tuvo tiempo de darse cuenta a lo que se refería. Era a Noel por supuesto. Ese monstruo sabía bien lo que sentía por el muchacho. Sólo para torturarlo un poco más, tomó al chico del cabello y lo estrelló contra la superficie del sofá.

La charola que Noel tenía en la espalda salió volando, la botella de vino se quebró, al igual que la copa. Al ver esos trozos de vidrio yaciendo en el suelo, Luka sintió la necesidad de clavárselos en el pecho a Tin Man.

¿Quieres un corazón, hijo de puta? Te daré uno entonces, pensó con toda intención de asir el trozo más grande.

Con las manos enguantadas, no podía sujetar nada. Tin Man lo estaba mirando, sin duda sabía lo que iba a intentar.

—¡Hazlo Oz, toma ese pedazo de vidrio y tráelo hacia mí!—le ordenó.

No. No. No.

—¡Lyon!

¡Maldita sea! Ahí iba Lyon, tomó el trozo más grande de la botella y se la entregó a su amo. Una vez más se las ingenió para empeorar las cosas.  El albino bastardo tenía a Noel en su poder. El chico estaba encaramado sobre el sofá y pudo ver que separaba las rodillas, sin necesidad que Tin Man le dijera que hacer. Ya estaba acostumbrado a ese tipo de tratamiento.

Luka se maldijo a sí mismo, se odió por tener que presenciarlo todo y no poder detenerlo.

El maldito demente volteó a mirarlo y sus ojos grises le dieron escalofríos. Lo siguiente que escuchó fue un grito de parte del cachorro y la risa burlona de Tin Man.

Sintió que se moría, pero antes lo iba a matar con sus propias manos. Intentó levantarse para ver el daño causado, pero sus piernas atadas no lo dejaron. Noel temblaba y recogió las manos sobre su pecho. Hasta sacó la lengua y  parecía un perrito esperando que el amo le rasque la barriga. Con cierto alivio, Luka comprobó que no le había hecho daño con el vidrio, pero sí le acababa de arrancar la cola de goma y ésta cayó al suelo entre sus piernas.

El demente de Tin Man  lo miró con desprecio y deshizo el botón de su pantalón. Luka lo notó en seguida, no estaba completamente erecto. Sin embargo colocó sus manos sobre las rodillas huesudas del chico y las separó aún más.

Luka sintió el deseo desesperado de salir corriendo, de arrastrarse fuera de esa habitación si  era necesario, con tal de no tener que presenciar esa escena nunca más. Tin man no dejaba de mirarlo, el color pálido de sus ojos y el brillo que desprendían le helaría la sangre a cualquiera.

Tenía el vidrio en una mano y con la punta ribeteó el ombligo del muchacho. Noel temblaba más de la cuenta y podía verle el terror en los ojos.

—Debería castigar al cachorro por tu atrevimiento Oz. Le arrancaré un trozo de piel y te la daré para que recuerdes que soy tu amo.—apretó ligeramente para apenas rasgarle la piel en el pubis.—Vuelve a intentarlo Oz y no será sólo piel lo que Toto pierda.

La botella salió volando hacia un lado y Tin Man sujetó al chico de las rodillas.

Algo en la  mente de Luka se quebró, al oír esas palabras. No iban a salir vivos. ¿Verdad? No servía de nada seguir peleando. Si seguía resistiendo  iba a conseguir que lastime y mate al chico. Sólo quedaba una opción y era someterse a su voluntad, con tal que dejara a Noel en paz. Se tragó lo último de orgullo remanente y apoyado en sus rodillas, levantó ambas manos como si fuera un perro rogándole al amo por un poco de atención.

—Woof…Woof.

Sacudió sus caderas, sintiendo que la cola de goma insertada en su cuerpo se bamboleaba.

—Woof…Woof…Woof.—insistió desesperado.

Sabía que no se iba a resistir, Tin Man quería que fuera su mascota y eso sería. Lo que él quisiera. Recibió un  puntapié en el pecho, a modo de respuesta.  Una vez estuvo en el suelo, su amo empezó a patearlo en las costillas.

Luka se incorporó y a duras penas regresó a su posición anterior. Consiguió su cometido, el albino se apartó de Noel y lo volvió a golpear, esta vez en el rostro.  

Esta vez se sostuvo en su sitio y sintió que su amo lo tomaba del cabello. Le dio un buen tirón y lo siguiente que supo es que acababa de insertar su erección entre sus labios.

Escuchó a su amo gruñir mientras penetraba su boca, con menos cuidado que cuando lo hacía con su cuerpo. Tenía el rostro apretado contra la entrepierna del albino y éste lo manipulaba como si fuera un juguete. Se hundía dentro de su boca, bamboleándose a prisa. Le sujetó el cráneo con ambas manos y a Luka le estaba costando controlar las arcadas que sentía.

Tin Man lo dejó respirar y apartó de su cuerpo por un momento breve. Al siguiente se hundió dentro de su boca, al parecer disfrutando los sonidos guturales que brotaban de la garganta de su mascota. 

No era suficiente, aquel demente quería más. Tin Man se acomodó entre sus piernas, le arrancó la cola de goma y entró en su cuerpo con similar violencia.

Luka gritó en silencio porque la voz se le atoró dentro del pecho. No podía sentir nada más que asco e impotencia por no poder defenderse, ni un ápice de placer, sólo profundo dolor. No servía de nada pelear, porque cuanto más lo  intentaba, con más inquina el demente se hundía dentro de su carne.

Abrió los ojos a oír los gruñidos del albino y descubrió que  lo miraba extasiado. Aquellos ojos grises parecían medias lunas, alimentándose de su dolor. La curva de sus labios finos se acrecentó, mientras imprimía más velocidad a las penetraciones.

—¡Lyon!—llamó y su mascota acudió a prisa.—Sujétalo, no quiero que se mueva.

Un muy mal presentimiento lo invadió. Sin perder el ritmo Tin Man le separó las más las piernas tanta fuerza, que los huesos de sus caderas le tronaron. Luka gritó hasta sentir la garganta encendida y para ese momento sus lágrimas eran un torrente descendiendo por sus mejillas.

—Vamos a corregir un poco la historia, Oz.—le dijo jadeando.—En esta versión, el hombre de hojalata obtiene lo que buscaba.

Diciendo ello, apoyó el torso contra sus piernas dolorosamente expandidas y Luka alcanzó a ver que tomaba un atizador de entre las brasas. Del pánico que sintió, no le salió voz. Pataleó como poseso, retorciéndose sobre el suelo. Sabía que estaba por suceder y no podía evitarlo. Giró el rostro buscando a Noel y lo encontró inmóvil, sobre el sillón y con los ojos enormes llenos de llanto.

—Por fin voy a obtener un corazón. Oz, tú me lo vas a dar.

No quiso mirar, sólo sintió el metal caliente acercarse a su piel y luego perdió el sentido del mundo. Todo se le volvió blanco y brumoso, apenas pudo escuchar sus propios gritos. Noel estaba presente y nunca abandonó sus pensamientos. Lo miraba fijamente, pero sus ojos eran puro vacío.

Regresó al presente, a la pesadilla que estaba viviendo en carne propia. Tin Man no lo iba a dejar alejarse de esa realidad, por mucho tiempo. Ese demente bastardo, estaba llegando  al clímax y lo manifestó con un gruñido bronco. Incluso notó que cerraba los ojos un momento para disfrutarlo. Luka sabía que ya no iba a poder sentir nada nunca más. De ahora en adelante, nada iba a compararse a la agonía por la que estaba pasando en esos instantes.

Su amo apenas se recuperaba del orgasmo y encorvandose sobre su cuerpo, le susurraba al oído.

—Eres mío Oz, nunca lo olvides. Yo soy tu amo y tú eres mi mascota.

Le respondió, sí. Moviendo los labios apenas, porque las fuerzas lo abandonaban y los ojos se le cerraban.

Yo soy de Noel y él es mío. Jódete maldito albino.—fue un murmullo apenas, pero sabía Tin Man  llegó a escucharlo.

Dejó de sentir y no estaba seguro de volver a abrir los ojos. Esperaba, si es que despertaba hacerlo lejos de ese infierno y con Noel a su lado.


***

—¡Pat! Que bueno que viniste. Tenemos que esperar un rato acá afuera. Jade estuvo preguntando por ti. Ella está estable y el médico la está revisando ahora. ¿Viniste solo o te trajo Amy?

Mónica lo abordó en el pasillo. Pasaron dos días  y ella se veía cansada, pero no había manera de separarla del lado de Jade.

—Hola Moni, me trajo tu novia. ¡Oye, casi me olvido! Me dijo que si no te contesta en el teléfono, no te preocupes. Ella se fue con el detective ese, Heo, pero no me dijo más.

—¿Eso te dijo?

Por la expresión en su rostro, Pat supo de inmediato que ella estaba preocupada. El modo como fruncía los labios, la delató

—¿Qué está sucediendo? Moni tienes que decirme.

La vio vacilar para luego menear la cabeza y aparentar calma. Otra vez sus labios fruncidos, era algo serio.

—Ven Pat, vamos a la cafetería un rato. ¿No quieres comer algo?

¿Comida? Buen intento Moni, pero no iba a caer tan fácil. Ella se le adelantó, estaba tratando de huir de él, pero no sabía con quien se medía. Patrick Johnston podía ser muy persistente si se lo proponía. Vamos, que no había sobrevivido en las calles todo ese tiempo sin ser ponerse un objetivo y conseguirlo a toda costa.

—Yo siempre tengo hambre. —le respondió siguiéndola por el pasillo hacia el elevador. —¿Puedo pedir lo que sea? Porque se me antoja un helado con papas fritas y mucha mayonesa.

—Claro, lo que sea.—le dijo Moni sonriendo antes de ingresar al ascensor.

—¡Lo sabía! Es hoy. ¿Verdad? ¡Es hoy y no me lo dijeron ustedes dos! Eso que dijo el detective ese, que iban  a ir a…

—Mira Pat, no te dijimos nada porque no queremos que te alteres.  Vamos a la cafetería que tengo hambre y vamos a conversar de esto como adultos. Hay varios temas que discutir y necesito que lo tomes con calma. ¿Puedes hacerlo por mí?

¿Quería que se calmara? ¿Estaba hablando en serio? No podía calmarse, no podía ni siquiera permanecer dentro de ese elevador por un solo segundo. Estaba convencido de que acababa de acertar con sus sospechas.

—Sí, lo que sea, pero dime.—le respondió apresurado.—Pero dime Moni ¿Van a ir por Noel sí o no? ¿Van a ir a rescatar a mi hermano, verdad?

Ella vaciló una vez más y como estaban solos en el ascensor, asintió.

—¡Carajo! ¡No! ¡Yo quería ir! ¡Yo quería ir a sacar a Noel y partirle la cara al puto de Tin Tin! ¡Quiero ir! ¡Llámala, dile que me diga donde es! Yo voy, no me tienen que llevar yo puedo ir solo.

Empezó a saltar por todo el elevador como si fuera un mono. Apenas se abriera esa puerta iba a correr e ir en busca de su hermano. ¿Por qué no le dijeron a él? Él necesitaba saberlo. No era un chiquillo y Noel estaba en peligro.

—¡Por favor cálmate ya! Yo estoy tan preocupada como tú. No quería que Amy fuera a ese lugar tan peligroso. Esa gente que tiene a Luka y a tu hermano, es de cuidado. Claro que no la puedo detener, Luka es como su hermano. Ella quiso ir y yo no pude detenerla.

—Yo tengo que ir, mi hermano está ahí. Necesito ver a Noel.

—Lo harás, cuando todo termine vas a tenerlo todo para ti. El detective R.Heo le pidió a Amy que fuera con él, porque la familia de Luka, Hay algo que debes saber de ellos.Es una situación, como decirlo, complicada. Sus padres están separados y cada uno vive en su mundo aparte. Amy los estuvo contactando hasta el cansancio y por fin dio con ellos.

—¿Esos dónde andan? Pensé Luka no tenía familia,porque no están acá chillando como la bruja de Amy.

—El papá de Luka estaba en un viaje de negocios en Asia y recién ahora ha podido desocuparse. La madre y la hermana, ellas estaban en un crucero por Sri Lanka. Imagínate como se pusieron cuando se enteraron. Lo importante es que ya están todos aquí, en la ciudad y recién se acuerdan que tienen un hijo.

El elevador se abrió y ambos salieron igual de nerviosos. Llegaron a la cafetería y no pudieron ordenar nada más que un café y una soda. Sentados frente a frente, se quedaron mirando al vacío, sorbiendo de sus respectivos vasos.

—Todo va a salir bien, Pat. El detective Heo se va a encargar de todo. Lo que te digo no lo puedes repetir, te lo confío porque eres una persona de palabra y sé que no vas a ir contándolo por ahí.

—Oye, claro que soy de confiar. Dime de una vez.

Moni empezaba a alarmarlo más de la cuenta. Empezaba a asustarse de verdad. Sí, sabía que clase de malnacido era Devan y el hijo de puta de Müller. Por el estado en que llegó Jade, podía imaginarse que el cabrón de Tin Tin era de la misma calaña. Ahora tenía miedo, más todavía, por Noel. Su hermano no se merecía semejante destino, nadie en realidad.

—El detective nos comentó que ha estado trabajando en el caso por varios años. Hizo hincapié en que esa gente es peligrosa. R. Heo es un oficial encubierto, ha estado moviéndose en ese grupo de monstruos, para poder atraparlos a todos juntos. Pues, ahora con los acontecimientos del secuestro de Luka, se han visto obligados a detenerlos.

Pat se quedó en silencio y sabía que ella entendía la razón. Estaba furioso de nuevo. Claro, como Luka la princesa estaba en peligro, todos corrían a salvarlo, pero como su hermano estaba atrapado nadie movía un dedo.

—Esta noche Rheo, ha organizado una reunión de esa gente, para… para que todos los miembros asistan. —ella se detuvo un momento y apretó su taza de papel con tanta fuerza que el contenido saltó de dentro.—No te miento, tengo miedo por Luka, por Noel, por Amy. Sé que va a estar bien, porque ella sólo va a estar presente para cuando rescaten a Luka, ver que lo traigan a este hospital y… Al menos eso es lo que me dijo, pero conociéndola, es capaz de meterse a pelear con esos…

Listo, ahora ninguno de los dos podía pasar otro sorbo. Pat no supo que responderle, porque ella empezó a llorar. Sólo sabía como reaccionar en esos momentos. Se puso de pie y la abrazó. La dejó desahogarse en sus brazos, en medio de todos los presentes, alarmados al ver a una mujer adulta sollozar como niña chiquita sobre el pecho de un adolescente.

 

 

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8 thoughts on “ Capítulo 26

  1. ajhgshjfdg Luka!!!! te loveo!!! waaaa hermoso capi!!!!!!! me encanto me encanto!!!!! waaa quiero saber que pasara luego awwww cuando Tin Man lo presente como su nueva mascota *u* esta recontra genial… aigo… x eso no queria leer… me quedo con las ganas de mas waaa quiero ACTU!!! ahora!!! -la amenaza con un palito de helado- 😄

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  2. Kyaaaa,¡que nervios que nervios! me imagino que ardera troya cuando toda la prole este reunida y les caigan de sorpresa

    La historia de Tin Man se me hizo conocida,un fic que lei hace mucho pero era de ciencia ficcion, aunque ya aprendi que esas cosas pasan (demasiado seguido por cierto)

    Suerte en el descenlace amiga

    no se olvide que prometio secuela

    aunque despues de todo este trabajo te mereces un año sabatico

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  3. wow no lo puedo creer D: como va a terminar asi, moriré jaja nio lo publicaste en amor yaoi tuve que venir hasta acá a leerlo, necesito saber que pasa no soportare 15 dias

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  4. ¡¡Uuuff,al fin!!
    Realmente una historia atrapante,jamás me había tocado estar pendiente todos los días por ver si ya estaba la actualización.
    Se me hará eterno seguir esperando,mas debo decir que ha sido un trabajo impecable,realmente bueno,sigo sufriendo por Noel y Luka y me tranquiliza saber que Jade y Pat van por buen camino.
    Aplaudo con fervor a la escritora y la felicito con total admiración.

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  5. Y tras fumarme corrido 3 capitulos, quedé bien exhausta. Leer tu novela es igual que correr un maratón, mi mosha!

    Puta madre con el TinMan de mierda ese. Es lamentable lo que le pasó pero nadie tiene la culpa de sus putos traumas, joder. Puto demente. Ese tipo no tiene otra sino morir como perro, porque ni siquiera vivir en cadena perpetua seria conveniente. Hay seres que es mejor matarlos, porque muertitos dejan de molestar.

    Ya no puedo esperar a que la ayuda finalmente llegue. Pobre Luka, de verdad. Que senda arrechera ver lo que TinMan le hace.

    Besos, y mil perdones por todo el retraso. Ya me puse al dia con todo!

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