Capítulo 25

Era oficial, sus peores temores confirmados. Luka estaba muerto.

Sintió una punzada de dolor en el pecho y de pronto las luces se le apagaron cuando se le volvieron a encender estaba tumbada en el sofá y Moni estaba a su lado.

—Ya está volviendo en sí.

La voz de su novia traía un incómodo grado de alarma y trató de calmarla, pero sólo pudo balbucear algo sin sentido. ¿Qué sucedió?

No, es que todo era tan irreal. Acababa de regresar de unas dos semanas de trabajo intenso, sólo para descubrir que Luka había sido secuestrado. Si Linda, la señora de la limpieza, no le hubiera informado que encontró ropa sucia en el departamento de su amigo,  jamás se hubiera dado por enterada. No le llamó la atención que Luka no se comunicara con ella, porque lo conocía bien. Ese orgulloso jamás daría su brazo a torcer por ser demasiado engreído para aceptar su error.

Si algo le llegaba a suceder, jamás se lo iba a perdonar.

—Amy, nos asustaste. Te desmayaste al ver a los detectives y…

—La policía está aquí…—musitaba sintiéndose algo mareada.

—FBI.—corrigió Moni.

—Lo que sea… ¡Díganme que está vivo!—sollozó tratando de reponerse.

—En efecto, eso creemos. Mi compañero el detective J. Murphy y yo estamos a cargo de la investigación. Necesitamos su ayuda, Sra. Evans. Necesitamos que salga en los medios a dar un comunicado para que el  sospechoso sepa que la investigación continúa.

—¿Pero eso no es obvio?—interrumpió cerrando los ojos para contrarrestar la jaqueca que le empezaba producto de la tensión—Yo no voy a dejar de buscarlo…

—Precisamente es necesario que el secuestrador se sienta confiado que estamos llevando la investigación lejos de él.continuó el detective Murphy.

—¿Entonces saben quién fue?

—Tenemos un sospechoso y es bastante peligroso.

—Eso lo sabemos.—intervino Moni y dejó ambos oficiales con la boca abierta.

—¿A qué se refiere?

No esperaban semejante revelación. A decir verdad, ellas tampoco lo imaginaron, al recibir la llamada de Patrick.

—Tenemos a alguien que les puede dar luces acerca de todo esto.—continuó su novia y se puso de pie.—Jade les tiene que decir algo importante.

Moni fue en busca de Jade y Patrick, quienes se refugiaron  en la habitación de ambas. De ahí salieron ese par de fugitivos. Jade venía adherida a Patrick y este se detuvo en seco, tras apenas unos pasos.

Amy  pudo  ver bien el recelo en los ojos ambarinos del chico. Tuvo ganas de levantarse y traerlos de los pelos. ¿Acaso no sabían qué era de vida o muerte su testimonio? Pero en seguida recordó el estado en que se encontraba Jade, y se arrepintió de sentir tal impulso.

Los detectives se mostraron confundidos por la presencia de los chicos, pero se mantuvieron en un silencio expectante. Tendría que explicarles la situación, pero no sabía por donde empezar. Amy cerró los ojos y el mareo se rehusaba a apartarse, lo cual la irrito aún más.

A pesar de que estaban en lo alto de un edificio, el sonido de las sirenas y de la horda de periodistas aún se dejaba escuchar. Afuera esperaban como buitres por algún trozo de información para las crónicas policiales.

La desaparición de Luka tenía a la ciudad de cabeza.

—No voy a dejar que te hagan nada, Jade.

Esa voz tan gentil, sólo podía ser de su novio. Él la sostenía sobre su pecho y era justo lo que necesitaba, porque sólo acababa de percibir sombras difusas.  Le acariciaba el cabello, también, pero con mucho cuidado.

—¿Jade? ¿Me puedes oír?

Sí, pero no sabía de quien se trataba. Sólo sabía que era una de esas mujeres y ni le prestó atención al nombre.  Además pudo oír las voces de hombres también, hacia ese lado. Sí, ese lado, porque no sabía cual era la izquierda o la derecha.

Es que eres bien burra, Jade. Nunca has ido a la escuela, no sabes nada.

El bichito le enseñó, «la izquierda es el lado dónde está tú corazón». Siempre pensó que le mentía, que el corazón estaba en el centro del pecho. Fue una desilusión saber que está pegado hacia un lado y no es rojo como lo ponían en los páginas de sus revistas. Además tiene una fea forma.

Una vez cuando iba por la calle con Noel, vieron en una pared, un afiche grande con un corazón real, a todo color. El bichito lo leyó para ella, era algo de donación de órganos…

—¿Jade? Estás  muy pálida. Patrick, has que se siente acá.  Jade… ¿Me estás oyendo?

Eso… eso que hacían en el cuarto al final del pasillo.

—¿Ves Moni? Te dije que debimos llevarla de emergencia al hospital.

Noel también mencionó que se hacía en ese hospital donde…

—¡No, al hospital no!—gritó Jade espantada.—¡No me lleven con Tin Man!

Un torbellino de voces la rodeó. Se aferró al pecho de Pat, asustada y confundida. Todas esas personas le hacían preguntas y no sabía a quien responderle primero.

—¿Conoces a Tin Man? Jade, responde.

Era Patrick quien le hablaba. Giró su rostro hacia donde venía su voz e intentó contestarle, pero un sonido lastimero salió de su boca. Asintió sintiéndose incapaz de hablar.

—¿De dónde lo conoces? ¿Dónde lo has visto?

La voz de Pat era el eco de otra voz masculina. No importaba, le diría todo lo que quisiera. Las palabras se amontonaban en su boca y no conseguía canalizarlas fuera. ¿Cómo contestarle? ¿Qué quería que le dijera? Necesitaba que todo el resto se callara, si hablaban todos juntos no les iba a entender.

—En el fondo del pasillo…él es quien entra a ese cuarto al fondo del pasillo.—hizo una pausa para reír un poco. No sabía bien que le causaba gracia, pero no podía dejar de reírse.—Cuando las perras de Müller no le sirven se las llevan ahí, les sacan las tripas y las venden a los chinos.

Silencio, por fin todos cerraron el pico. Era tan molesto escucharlos a la vez.

—Tin Man tiene un hospital grande. Nunca he ido, pero al bichito Devan lo llevó porque casi se le muere.

—¿A quién te refieres con el bichito, Jade?

—A Noel, él es mi bichito, pero es el perro de Tin Man. Él le dice por otro nombre, pero yo le digo bichito.

—¿Dónde está Noel? ¡Jade! Tienes que decirme. ¿Dónde está mi hermano?

Su novio estaba enojado. ¡Su novio se enojó con ella. A Jade le temblaron los labios. ¿Ahora qué iba a hacer? No sabía donde estaba el bichito.

— Jade, tienes que decirme donde está.—le pedía su novio.—Si tú sabes tienes que decirme.

—No lo sé, perdón, no sé donde vive Tin Man. Sólo sé que tiene un hospital y es doctor. Devan debe saber, Müller también porque siempre habla con él, por el teléfono…Con él estaba hablando antes que llegara el policía.

—¿De qué está hablando?—fue una voz masculina que no supo de donde vino.

—Jade…diles lo que me contaste.—insistió su novio.—Lo que te hizo ese policía…

Sí Pat, lo que tú quieras… Haré todo lo que tú me digas.

Su novio la sostenía contra su pecho, a su lado se sentía a salvo. Nadie le iba a hacer daño mientras estuviera Patrick a su lado. ¿Cómo decirle? ¿Por dónde empezar?

—El policía entró al departamento de Devan. Es que Devan me…me dejó con ese maldito cabrón de Müller. Se fue, me abandonó con ese cabrón…

Tuvo que hacer una pausa. Le costaba pronunciar palabras con los labios hinchados. Müller la trataba peor que Devan, la golpeaba por nada y  la humillaba por todo. Incluso dejó que ese monstruo de Tin Man la usara a su gusto, como un maldito mueble. Le quemó la espalda, los brazos con sus cigarros… Todavía dolía, dolía mucho.

«Cierra el hocico, puta. Como hagas un sonido, vas a ver… Perra de mierda. Quédate ahí y si sales, vas a ver la que te voy a dar.» 

—Müller estaba muy enojado porque, la policía estaba por todos lados. Decía que era culpa de Tin Man, porque a él se le dio por llevarse al riquillo ese.

«Hojalata de mierda, la puta que lo parió. Toda la maldita policía de Nueva York está acá, carajo. Si yo me quemo, tú también hojalata. Ya sabes.»

Yo lo escuché, estaba hablando por teléfono con Tin Man y él le dijo que lo mató al Devan.

Devan está muerto, está muerto…Ya no va a volver. Ya no me va a pegar más. 

Yo estaba en mi cuarto y escuché un golpe en la puerta y disparos. La… la voz de ese policía, hablaba con… no sé con quien…

«Misión cumplida. Para eso estamos las autoridades, para limpiar la ciudad de parias sociales.»

—Me asomé y vi que era Anderson. A él yo lo atendí varias veces. Me veía en la calle y me hacía subirme a su carro y nunca me pagaba. Me decía que Devan lo dejaba usar sus putas de gratis. El policía le disparó a Müller y cuando me vio me disparó acá…

«Müller tenía una de sus putas acá, ya me encargué. Ya, una puta menos…»

—Me pegó en la cara con la pistola y me la puso…en la boca…

«Abre maricón de mierda, puto… Chúpame la pistola, como me chupas la polla…»

—Me dijo que abriera la boca y disparó, pero no pasó nada. Se rio de mí, y cuando le ponía más balas,  le tiré un cenicero  en la cara…y salí corriendo.

« ¡Ven para acá marica de mierda!»

—Yo fui a buscar a mi novio, mi novio me salvó. Me dejó esconderme con él, para que Anderson no me encuentre. Él no quiere que le diga a nadie que es un puerco sucio que mueve droga para Devan y recibe plata para dejar pasar su droga en la calle.

Todos se quedaron en silencio. Su novio no emitía un sonido ¿Dijo algo malo? ¿Estaba enojado con ella? Si tan sólo pudiera ver, sabría si estaba enojado también. Pero hizo lo que le dijo. Patrick quería que dijera lo que pasó y lo hizo. ¿No? ¿Qué iba a hacer ahora? Si su novio se enojaba. ¿A dónde iba a ir?

—Jade…—la voz de Patrick le acarició el oído.

Sonaba tan bonita, que parecía parte de un sueño. Cuando estaba en ese lugar, siempre pensaba en su novio. En que no lo iba a ver más si dejaba que Müller lo mate. Así que tenía que sobrevivir para ver a Patrick y estar a su lado. Sólo verlo una vez más, pero ahora ni eso. Apenas podía ver algunas figuras borrosas, pero no sabía hasta cuando durarían. Todo se iba a transformar en oscuridad y sería una puta estúpida y ciega a la que nadie querría.

Jade se contrajo en su sitio, parecía perdida en sus propias palabras. Miraba al vacío, pero se rehusaba a soltarle la mano. Ella fue muy valiente en decir lo que sabía, era importante que los detectives lo supieran. Ahora era su turno.

Piensa Patrick, piensa. Esa noche… Las mujeres dijeron que Devan se había ido lejos y mencionaron a un fantasma… Además, cuando se llevaron al tipo con cara de perro siberiano… ¿Acaso no viste quiénes eran? Sí…

—Yo… recuerdo algo…Era de noche, estaba esperando ahí  en la calle, que saliera el idiota de los ojos disparejos, porque él entró donde el puto de Müller a… a buscar al tal Devan.

Todos los ojos puestos en él. Era importante que lo supieran de una vez. Los detectives se miraron entre ellos, pero no dijeron nada, lo dejaron continuar. Patrick se armó de valor y continuó su relato.

—Yo lo vi, vi cuando se llevaron a Luka. Eran dos tipos, uno alto muy alto y anciano y el otro…

—¿Anciano dices? ¿Por qué tenía el cabello blanco?—Le interrumpió el detective R. Heo

—Sí, blanco, todo blanco. No lo pude ver bien en la oscuridad, pero sí su pelo era todo blanco y el otro tipo no era tan alto, pero tenía el pelo rojo y se veían ambos muy serios. Yo vi que se llevaban al Luka, parecía que estaba enfermo, porque lo llevaban cargado y lo metieron en un auto negro y se fueron de ahí.

Apenas se detuvo, Amy empezó a llorar de nuevo. ¿Qué no podía callarse un rato? Estaban hablando entre adultos de cosas importantes. Los detectives sólo asintieron y uno de ellos se retiró del departamento. El detective R.Heo suspiró hondo y medio sonrió. ¿Qué le parecía tan gracioso a ese sujeto?

—En efecto, estamos hablando de la misma persona. Timothy Mann o Tin Man, como prefieran, era de quien sospechábamos.

—¿Y eso cómo nos ayuda? Luka está en peligro y ustedes aquí…

—Señora Evans, venimos investigando al sospechoso desde hace mucho tiempo. Seguimos sus pasos y sabemos bien de todos sus movimientos…

—¿Entonces por qué Luka no está aquí con nosotros si es que ustedes saben bien todos sus movimientos? ¡No entiendo! ¿Qué están esperando para intervenir.

—Que Tin Man de un paso un falso y ya lo hizo.—replicó el detective R.Heo y los dejó a todos pasmados.

—¿Y eso cómo nos ayuda a encontrar a   mi hermano? A él también se lo llevó ese puto de Tin Tin, Jade me lo dijo.

Patrick hizo un sonido de fastidio, tenía ganas de saltarle encima al detective y reclamarle, pero fue ignorado por completo.

—Necesitamos actuar con cautela. Tin Man es peligroso y de saberse acorralado, las consecuencias van a ser fatales.

—¿Entonces qué carajo van a hacer?

Pat y Amy gritaron al unísono. Bueno. ¿Qué esperaban? Necesitaban respuestas y no estaban recibiendo ninguna.

—Vamos a proceder dada la gravedad del caso. Con el secuestro de Lukas Thompson nos vemos obligados a intervenir antes de lo planeado.

Pat quiso gritar de rabia. ¿Y su hermano qué? Se tuvo que calmar porque tenía a Jade en sus brazos y necesitaba confortarla. No iba a disimular lo mal que le cayó tal noticia, como un balde de agua fría. Sin embargo Amy lanzó una carcajada.

Sí, ríete pendeja. Pensó resentido. A nadie le importa lo que le pase a mi hermano, bola de putos. 

A nadie nunca le importaba nada de lo que les pasara a «ellos». Ellos que no eran celebridades, ni tenían dinero, ni autos caros. Tampoco tenían una familia a quien recurrir, de ellos que estaban solos nadie se preocupaba.

No importa, la tristeza se convirtió en ira al ritmo de un pestañeo, voy a recuperar a mi hermano y me lo voy a llevar de aquí, carajo. Jade se va conmigo y todos ustedes putos, se van a la mierda. 

Ahí estaba Amy, con su teléfono el mano, lloriqueando todavía. Le acababan de decir que iba a rescatar a su amigo y eso no la tranquilizaba. Pero que tonta era, ya sentía que la odiaba. Jade se agitó sobre su pecho, le colgó los brazos al cuello.

La tal Mónica se les acercó.

¿Qué carajo quería esa? ¿Hacerse la buenita? Otra pendeja que sólo le importaba su vida en ese departamento lejos de la calle.

—Todo va a estar bien Patrick, nos vamos a hacer cargo de Jade y vamos a intentar encontrar también a tu hermano Noel.

Pat la miró incrédulo. Si ella creía que lo iba a comprar con unas palabras y una sonrisa, estaba loca.

—Noel es un buen chico, pero nunca nos dijo nada de lo que le pasaba.—le dijo Mónica retirando algunos cabellos rubios de la frente de Jade.

—¿Tú conoces a mi hermano?

—Sí, muy poco, pero se nota que es un buen chico. Luka le tiene mucho cariño.

—Ese Luka es uno más de sus clientes. ¿No? Uno de esos asquerosos, viejos pervertidos que piensan que porque mi hermano vive en la calle puede hacer lo que quiera con él. Yo lo he visto, he visto lo que le hacen a mi hermano.

Listo, las lágrimas se le chorreaban de la cara como una catarata. Jade reaccionó temblando aún más, contrayéndose aterrada.

—¡No hables así de Luka, mocoso! Él nunca le hizo le hizo nada al chico ese. —intervino la bruja de Amy.—Sólo quiso ayudarlo y… carajo… Yo…Yo tuve la culpa de todo.

Pat no quería saber más del asunto. Sólo  esconderse debajo de su cama, como hacía cuando era niño y tenía miedo a que su mamá no volviera de sus largas jornadas de trabajo. Cuando se sentía solo y desesperado, cuando no podía dejar de llorar y sentía que el mundo se le venía encima.

—Luka y yo estábamos en un viaje de trabajo en San Francisco. Pero regresó  por su cuenta a Nueva York, con la intención de buscar a Noel. Yo debí acompañarlo, pero no lo hice, no me preocupé por averiguar si llegó bien, nada. Lo abandoné a su suerte y miren lo que pasó.

De nuevo a llorar. Amy pensaba que todo se arreglaba con lágrimas. Pues no, nunca resultaba. Patrick Johnston se puso de pie, se limpió la cara con la manga de su chaqueta de cuadritos y se serenó. Era un adulto y tenía que actuar como tal.

—Es muy tarde para que te pongas a chillar, bruja. Ahora el detective este tiene que ir a rescatar a mi hermano y al fenómeno de los ojos de perro siberiano. Ah sí y patearle el culo a ese Tin Tin de mierda.

Patrick con sus palabras dejó a todos los presentes en una pieza. ¿Acaso estaba hablando en chino? Les acababa de decir que necesitaban poner manos a la obra. ¡Estos adultos son todos la misma mierda!

—¡Dejen de mirarme como pendejos! !Tenemos que hacer algo!—gritó Pat finalmente.—Sentados aquí no solucionamos nada. Noel está en peligro y Jade necesita que la atiendan. ¡Carajo!

No dejaba de tener razón y todos lo sabían, pero fue el detective quien reaccionó y avanzó hacia él. Le dio una mirada a Jade quien  se escondió sobre su pecho y luego una palmada en la espalda.

—Bueno, ya oyeron al jefe.—les dijo sonriendo.—Haremos lo posible por rescatar a Luka y a tu hermano.

—Oye, no, tienes que prometérmelo. De hombre a hombre, tienes que prometer que Noel va a estar bien.

—Te lo prometo.

Diciendo esto, R.Heo tomó su teléfono, se despidió de los presentes con un gesto y salió del departamento.

***

—Tin Man. ¿Me vas a tener esperando por siempre? Tuve que aguantar la aburrida charla durante toda la cena y ya quiero que me muestres lo que me ofreciste.

—Cordelia, si fueras menos impertinente…

—Discúlpala Tin Man, mi hermana es una maleducada.—intercedió el otro invitado.—No sabe comportarse.

—¡Cállate Nan! Como tú tienes al cachorro para entretenerte, no te importa que yo me aburra aquí sentada.—protestó la aludida golpeando la mesa.

Desde su lugar en el suelo, Noel se mantenía atento a todo lo que sucedía en el comedor.  Tin Man acababa de depositar el contenido de una cucharita sobre su lengua y no sólo era humillante comer de su mano, sino que las miradas que le dirigía  Nan le daban escalofríos. Recordaba a ese par de hermanos de aquella sesión donde su amo lo presentó ante los otros de su grupo. A pesar de que tuvo los ojos vendados, el sonido de sus voces se quedaron consigo y  las escuchaba en sus pesadillas.

—¿De qué te quejas? A mí tampoco me deja jugar con el cachorrito…—Le respondió Nan haciendo un mohín.—Y con las ganas que tengo de jugar con él.

—Ustedes dos son los peores invitados que nadie pudiera desear. —continuó su amo sin prestarles demasiada atención. —No sólo se auto invitan. ¿Verdad Cordelia? Si no que exigen ser entretenidos, como si hubieran pagado la entrada a un circo.

—¡Eso sería bueno!—le interrumpió la mujer resoplando fastidiada.—Haz que el cachorro haga algún truco. Que camine de manos, que balanceé una pelota sobre su nariz, no sé.

Su amo resopló sin prestarle atención al comentario  y volvió a colocar otro trozo de comida desconocida sobre su lengua. Al parecer se sentía generoso y  Noel ladró para agradecerle, como la mascota bien entrenada que era.  Tenía que  concentrarse en ser un buen perro. Mover la cola, sacar la lengua, pedir más comida, ladrar de nuevo.

—¿Viste Nan? Así es él. Tin Man sólo nos invitó para restregarnos en la cara que nosotros no tenemos mascotas que presumir.

Noel alcanzó a ver como la mujer arrojaba su servilleta al suelo, para luego levantarse furiosa.

—¡Aún no termina la sobremesa, siéntate por favor!—Tin Man levantó ligeramante la voz.

—¡No! Yo vine a ver a tu perro de exposición. Ese del que te llenaste la boca, en nuestra conversación el otro día, y no me voy sin jugar  con él.

—Te dije que te sientes.

El tono de voz del demente de su amo, debió ser alerta suficiente para que ella se callara, pero no lo hizo. Al parecer Cordelia estaba decidida a sacarlo de sus casillas.

—¡Pues no! Por cierto. Tin Man… ¿Ya le avisaste a Rheo acerca de tu nueva adquisición?

El talante malicioso de su voz lo irritó más a su amo. Noel sintió las consecuencias enseguida. Tin Man dejó la cucharita a un lado y le dio un par de palmadas entre las orejas de cuero, sobre su cráneo.

—¡No le has dicho nada a ese viejo petulante y estúpido de Rheo!  Ahora te van a quitar a tus perritos.

La tercera palmada que Noel recibió, se convirtió en un brutal tirón de cabello.

—Cordelia. ¿Por favor puedes decir de dejar idioteces? Me arruinas la digestión. Nadie me va a quitar a mis mascotas, muy a tu pesar.

Algo en el tono de voz de Tin Man, lo asustó al punto de casi lanzarse al suelo y ocultarse bajo la mesa. Sin embargo, funcionó con Cordelia quien se sentó apurada y a su hermano le dio risa esa reacción.

Ese sujeto Nan, le recordaba a Devan. Calvo, aunque pálido, ojos oscuros con un brillo malicioso que espantaba. Mientras la voz del primero tenía tonos agudos y gangosos, la de su ex chulo era grave como la de un trueno. Tuvo que dejar ir los recuerdos y concentrarse en sobrevivir el presente, porque Cordelia rumiando su enojo, lo devolvió a su realidad.

—Lo sabía Tin Man, sólo estabas alardeando. No tienes ninguna mascota además del cachorro enclenque. ¡Qué pérdida de tiempo!

—Yo nunca alardeo Cordelia. Aunque te doy la razón, es una total pérdida de tiempo conversar contigo. La puerta está abierta. ¿Por qué no vas avanzando? Nan se puede quedar si gusta a disfrutar el resto de la velada.

—Adiós hermanita, que te vaya bien. Yo me quedo un rato más, a mí si me interesa ese «cachorro enclenque».

Noel vio como Nan se acomodaba en la silla y separaba las piernas más de la cuenta. Su sonrisa era espeluznante y el cachorro bajó la cabeza para, evitar sus ojos.

—Ya está bien de tanta charla, un poco de sana diversión no nos vendrá mal. ¿No es así Toto?—.  Su amo le acarició el rostro y lo hizo saltar del susto.— Es hora del evento principal de la velada. ¡Lyon!

Noel vio de reojo como la otra mascota se levantaba del suelo, en silencio y absoluta obediencia. Estuvo arrodillado durante toda la cena, inmóvil como una estatua. Ante el llamado de su amo, se puso de pie, con la cabeza gacha, esperando órdenes.

—Ve por el «postre».

La expresión angustiada de Lyon fue todo lo que Noel necesitaba, para empezar a temblar. Tin Man no se refería a nada comestible y Noel sabía bien lo que venía. Sintió la necesidad de lanzarse al suelo, rodar debajo de la mesa y quedarse ahí para siempre. Pero no lo hizo, no podía moverse de donde estaba, a los pies de su amo.

Los presentes se quedaron en silencio, en especial Cordelia. Pero los ojos de Nan seguían fijos en él y Noel sólo esperaba que Lyon regresara de una vez. No podía resistirlo más, quería que lo deje de mirar, que lo dejen en paz. Regresar a su jaula, a ese espacio oscuro en ese sótano helado y no volver a salir de ahí.

Sus deseos fueron cumplidos más pronto de lo que esperaba. Lyon regresó atravesando la puerta y traía una cadena larga en la mano. Luka venía en el otro extremo.

Noel tuvo que cerrar los ojos, no resistía verlo de ese modo.  El fotógrafo se veía más delgado, pálido y enfermo. Sus ojos disparejos emanaban la rabia que sentía, pero bajo el bozal, las orejas de perro y el collar, se veía indefenso.

Gateando como animal balanceaba sobre su espalda, una charola enorme cubierta de funestos instrumentos. La sola idea de lo que harían con ellos, le revolvió el estómago al cachorro.

Escuchó a Cordelia aplaudir y zapatear emocionada. Volteó a mirarla, mordiéndose los labios de la angustia  y le encontró una sonrisa maniática en toda la cara.  Lyon condujo a Luka, jalándolo de la correa, hasta dejarlo a los pies del demente de Tin Man.

—¡Tin Man! Es un espléndido ejemplar…

Sí, ella estaba eufórica, al parecer se le pasó la rabieta, pensaba Noel.

—Lo sé. Me procuro lo mejor, siempre. Oz es un perro de exposición y lo estoy entrenando para ello. Es también muy obediente. Hace absolutamente todo lo que le ordeno.

El énfasis de sus palabras, sólo lo asustaron más. Noel se contrajo al lado de las piernas de su amo.

—¡No puedo esperar! Tienes que dejarme jugar con ese perro. ¡Yo lo quiero, yo lo quiero!

Ella avanzó a toda prisa,  hacia la nueva mascota y la mirada que  le dirigió a Luka valió mil palabras, crueldad en su forma más pura. El cachorro temía por él, porque el fotógrafo no tenía idea quien era esa mujer y de lo que era capaz.

—¡Esos ojos son míos! Míos solamente. Tin Man, no me puedes hacer esto.—la oyó protestar con un tonito infantil y siniestro.—Me tienes que dejar jugar con este perro. No me vas a dejar con las ganas. ¿O sí?

Cordelia hundió su puño en los cabellos rubios y le dio un tirón que le hizo tronar los huesos. Noel pudo escuchar ese sonido, tan alto como el gruñido bajo el bozal del fotógrafo. Ella torció la muñeca para lastimarlo más, pero Luka retrocedió en un movimiento violento y varios de los juguetes que tenía en la charola cayeron al suelo.

—¡Oz!—le regañó Tin Man.—Compórtate como debes frente a los invitados.

—Torpe animal, tirando los juguetes de tu amo al suelo.—le gritó la loca de Cordelia y se agachó para recoger uno.

Era uno de esos látigos llamados gatos de nueve colas y Noel supo que era lo que iba a suceder a continuación. Tin Man también lo sabía y sonriendo le autorizó usarlo.

El sonido de la risa de Cordelia, acompañó al látigo, estrellándose contra la carne de Luka. Noel cerró los ojos, incapaz de seguir mirando, empezando a desesperarse hasta los confines de su propio ser. Los quejidos de Luka se ahogaban bajo el bozal y ella no le daba tregua.

—Cordelia fue bastante permisiva contigo.—comentó Tin Man sin ahorrarse una risita.—Que no vuelva a suceder Oz, porque yo no voy a ser tan benévolo.

Él nunca mentía y eso Noel lo sabía, el demente de su amo siempre concretaba sus amenazas.  El cachorro no podía seguir soportando lo que sucedía en esa sala. Podía escuchar la voz de Luka  y hasta sentir su dolor al ver como se arqueaba en el suelo sin perder su posición. Tenía que hacer algo por remediarlo, por evitar que lo siguieran lastimando, porque al final era su culpa que se encontrara en esa situación.  ¿Pero qué hacer? Ponerse de pie y correr sin rumbo. ¿Ese era el plan? No iba a llegar a ninguna parte,!sin la capacidad de usar sus manos para abrir puertas o absolutamente nada de nada.

Es tu culpa que Luka está en esa situación.

No lo pensó más, abandonó el lado de Tin Man y fue hacia Nan gateando a toda prisa. Levantó ambas manos, como si fuera un cachorro real, rogando por atención y ladró sacando la lengua.

—Mira Cordelia, yo también tengo algo con que jugar.—le dijo el demente de Nan riendo.

Noel giró el rostro, buscando los ojos de Tin Man y lo halló más que furioso, pero por lo menos su atención estaba en él. Cumplió su finalidad, que dejara a Luka tranquilo por un rato, era lo único que buscaba.

—Tin Man, déjame jugar con el cachorrito.— ahora era el turno de Nan de sacar de quicio al demente de su amo.— Lo cuido bien, te lo prometo, nada permanente. .Incluso traje mis propios instrumentos.

—Debería confiar en ti cuando te es prohibido tener mascotas por lo rápido que las destruyes. No lo creo. Toto acaba de cometer una falta grave, se acaba de ganar un castigo.

—Por eso te digo, Tin Man. Déjame que yo me encargo…

No, al demente de su amo no le hizo gracia el comentario. El talante de voz de ese tipo irritaba a cualquiera. Eso y lo estúpida de su risa. Según él era gracioso, pero estaba en un error. Tin Man se levantó de su silla y tomó la correa del suelo y sin decir nada, le dio un tirón a su collar para que avanzara.

Noel agachó la cabeza y gateó obediente detrás de su amo. Pudo ver con el rabillo del ojo, que Lyon los seguía jalando a Luka también.

El piso alfombrado, la enorme chimenea estaba encendida y el calorcito del ambiente era la único agradable de toda la situación. Tin Man se adelantó a sus invitados y tomó asiento junto al fuego, aun llevándolo del collar. Noel se quedó esperando los comandos de su amo, al lado del fogón. Sabía bien lo que le esperaba.

—Aquí vamos a estar mucho más cómodos. Toto se ha portado muy mal y como es debido, ha de recibir su castigo. Cordelia. ¿Harías los honores?

—¡No! No me interesa ese cachorro atrevido, quiero a éste perro de acá.

Esa mujer se acercó a Luka y le puso el mango del látigo en el mentón. Al parecer estaba fascinada con él y esas no eran buenas noticias. Noel vio a Lyon retirar la charola de sobre la espalda del fotógrafo y dejarla sobre una mesa lateral.

—¡Me parece que a tu perro le falta entrenamiento! Obsérvale los ojos Tin Man, éste perro está aún rebelde.

Si lo que quería era provocar al demente de su amo, lo logró. Bastaba con escuchar su respiración pesada.

—Tanto tu cachorro, como esta bestia de aquí necesitas mano dura—insistió ella.—¡Déjame darle una lección, Tin Man! Parece que la necesitan.

—Tienes una manera curiosa de pedir, Cordelia. —le respondió su amo.—Me he de negar, por el simple hecho de verte rabiar.

Con el permiso denegado vio que la mujer golpeaba el suelo con el taco de sus zapatos y bufaba furibunda.

—¡No me puedes dejar así! Yo quiero jugar con ese perro y tú no me lo puedes impedir.

—Lo estoy haciendo, Cordelia.

—Entonces le diré todo a Rheo y te vas a meter en problemas. No sólo a ese viejo crápula, también iré con la policía. No creas que no sé de donde obtuviste a este animal inútil. Está en todos los diarios, Tin Man. Metiste la pata hasta el cuello, la policía lo está buscando como a la aguja del pajar.

—Tus amenazas caen en saco vacío, Cordelia. Hablé con Rheo justo antes que ustedes llegaran. Él está debidamente informado. Al parecer tú se lo mencionaste a ese viejo oportunista, desde un principio.

—Quizá le dije una cosa o dos, pero la policía me va a escuchar cuando les diga que…

—Cordelia, a veces me gustaría pensar que eres más inteligente de lo que aparentas. Ciertamente eres más estúpida de lo humanamente posible. Si tú dices una sílaba de esto a alguien, vas a terminar peor que nadie. ¿O debo recordarte que tú y tu hermano tienen más esqueletos en el armario que en las catacumbas de las Iglesia?

El silencio reinó por un incómodo minuto. Noel no sabía quien era peor, si Tin Man o Nan. Hasta la misma Cordelia quizá.

La mujer golpeó el suelo irritada mascullando una grosería. Su amo en cambio, resopló incómodo y le hizo una señal para que se levante del suelo. Noel obedeció y dejó que lo sentara sobre sus piernas.

—Eso pensé. Ahora Cordelia, está en ti seguir manteniendo la boca cerrada. Además, estábamos esperando que partieras…

—Maldición Tin Man, no me puedes hacer esto. Yo sólo quiero jugar con este perro sarnoso, enseñarle una lección de obediencia, amansarlo para ti y mira como me tratas.

De nuevo usaba su voz de niña y Noel sabía que no la iba a llevar a ningún lado.

—¡Oz, sentado!—ordenó Tin Man sonriéndo.

Luka obedeció desplomándose en el suelo. Parecía que no era capaz de sostenerse por más tiempo y Noel cerró los ojos, odiándose a sí mismo.

—Toto, te has portado muy mal.—le dijo su amo al oído. Deslizó una mano por su pecho y se detuvo en su garganta.—Mereces que te arranque la piel aquí mismo, por tu desobediencia.

Empezó a apretarle el cuello al cachorro, despacio, al ritmo cadencioso de sus palabras.

—Así que será tu adorado Luka quien pague por tu atrevimiento. Cordelia dale una mirada a la charola sobre la mesa. Seguro vas a encontrar algo que sea de tu agrado.

Noel sintió que el corazón le daba un vuelco. Era su culpa, todo por su culpa.

Cordelia saltó de la felicidad  y empezó a reír como tonta. Lo devoraba con la mirada y por supuesto, hizo lo que el maldito albino le indicó y hasta dando brincos. Luka la siguió con la mirada y la vio aplaudir como una foca entrenada, en frente de la charola, sobre la mesa. Parecía una niña frente a una bandeja de dulces y no sabía cual elegir. Se tomó un momento, para decidir el objeto con el cuál lo iba a atormentar.

—¡Nan!—escuchó que llamaba al cadavérico pervertido de su hermano.—Ayúdame con este animal.

El tipo ese, Nan se llamaba, sonreía como el orate que era y se acercó, mientras la arpía de  su hermana, lo sujetaba de la argolla del collar.

—Quiero que le quites el bozal, tin Man. Quiero verle bien la cara y escuchar su voz.

Maldita arpía del infierno. Tin Man le dio gusto y Lyon se acercó a cumplirle el capricho. Ahora sí estaba en problemas, sin la mordaza en la boca, le iba a gritar hasta de lo que se iba a morir.

Cordelia empezó a azotarlo con el látigo parecido al anterior, en medio del pecho. Luka apretó tanto los dientes, que sintió se le quebraron dentro de la boca, pero no le dio el gusto de demostrarle cuanto le dolía.

—¿Qué sucede animal? ¿Acaso no vas a agradecerme por tocarte con mi látigo?

El monstruo de Nan, enganchó los grilletes de sus tobillos a una vara de madera. La pudo sentir separándole las piernas sin posibilidad a juntarlas. A continuación hizo lo mismo con las argollas que colgaban de sus muñecas. Arrodillado en el suelo, Luka se sacudía intentando mantener el equilibrio por el impacto de los latigazos sobre sus piernas.

—¡Ladra para mi animal, quiero oírte!

No.

—¡Oz! Ladra para Cordelia.—le ordenó el psicópata de Tin Man disfrutando sin duda de la escena.

—Woof.

Luka no había olvidado su amenaza, le dijo que si no obedecía al pie de la letra, Noel iba a tomar su lugar. No podía dejar que esa perra golpeara al chico y menos aún que su asqueroso hermano, le pusiera las manos encima.

La arpía y el enfermo de Nan, lanzaron una carcajada en conjunto. Ella dejó el látigo a un lado y volvió a la charola. Luka intentó seguirla con los ojos, pero la posición en la que se encontraba, no se lo permitía.

Cordelia rio y volvió a su lado con unos guantes de goma puestos  y una horrenda sonrisa. Le acarició con los dedos, las marcas que le acababa de hacer en el pecho y se concentró en apretar sus pezones. Nan venía tras ella, con los mismos guantes puestos y una par de agujas  hipodérmicas en la mano. Luka sabía lo que estaba por suceder, e intentaba prepararse para lo que vendría.

Nan lo sujetó del cuello y fue la loca esa quien le dio la punzada en la piel tierna de su pezón. En esos momentos, Luka sintió que le dolía hasta el apellido, apretó los dientes y se contuvo de gritar. Se concentró en quedarse quieto, a pesar de que tenía todos los músculos tensos y las mandíbulas listas para lanzar dentelladas, pero no. Noel iba a tomar su lugar si él peleaba y no lo iba a permitir.

—¡Me gusta como quedó! Una linda argolla para un perro como este.

Una argolla colgando de su pezón, no quería ni mirarla, sólo sentía el tormento que le provocaba un cuerpo extraño incrustado en su carne. La arpía le dio un tirón ligero, para torturarlo un poco más y rió al ver como se retorcía dentro de su propia piel.

—¿Así le agradeces a tu ama, bestia inútil? Ladra para mi.

No, gritaba su mente, pero su cuerpo cedió ante tal demanda.

—Woof.

Le ardía el rostro de ira y acababa de recibir un golpe en la espalda cortesía del maldito Nan. Apretó los labios, rechinó los dientes, pero se mantuvo erguido.

—¿Crees que es suficiente? Lame mis botas, basura inútil. Hazlo.—Ella levantó el zapato a la altura de su rostro y le frotó la suela en los labios.—¿Qué estas esperando animal?

Otro golpe en la espalda y está vez gritó. La arpía aprovechó en incrustarle la punta del zapato entre los dientes.

Luka sintió arcadas que apenas pudo controlar. Cordelia retiró el zapato de su boca y lo colocó sobre el pezón recién perforado,  jugueteando con la argolla.

—Tin Man me gusta mucho éste perro inservible.—ella lo abofeteó con mucha fuerza.—Pero apenas hace sonidos. Ladra para mí, bestia.

Otra bofetada y otra más. No, no le iba a dar el gusto. Luka resistió los golpes y cuando ella terminó, le regaló una mirada de odio. Le escupió un poco de sangre de su labio partido y ella gritó de ira.

—Bestia asquerosa, te voy a enseñar a respetarme.

Chilló otra vez y levantó el látigo furiosa. No le importaba, podía seguir golpeándolo cuanto quisiera. Luka se aferró a lo poquitito de dignidad que le quedaba y se revistió de terquedad. No iba a someterse a la arpía esa, no.

—Cordelia, recuerda que estas dañando propiedad ajena.—intervino Tin Man poniéndose de pie.—Y yo soy muy celoso con lo que es mío

—¡Esta basura necesita una buena lección y claramente tú no…

—Por favor guarda silencio que estoy hablando. Luego se preguntan porque no les permiten tener mascotas. Cordelia, la violencia no es la solución…Mira lo que has hecho.

El albino se acercó y lo tomó de la barbilla, repasando con los ojos, la hinchazón de su rostro. Luka reprimió la necesidad de escupirle también cuando le frotó los labios inflamados con el pulgar, ensañándose con el corte que la arpía le hizo a punta de bofetadas.

—La violencia innecesaria no tiene sentido. Hay mejores y más efectivas maneras de castigar a una mascota rebelde. Nan…¿Te gustaría jugar un rato con el cachorro?

No, no a Noel. Maldito albino de mierda…

Luka se sacudió contra sus ataduras y ante sus palabras. No podía más, era demasiado. Si Nan le ponía una mano encima a Noel, iba a perder la razón. ¿Qué podía hacer? Amarrado como estaba, sólo podía gritar y maldecir, pero iba a empeorar a la situación.

El asqueroso de Nan no perdió ni un segundo, ya estaba encima de Noel, levantándolo del suelo y apretando lo contra su pecho. El chico entró en pánico, empezó a sacudirse.

—¡Toto! Al parecer mis mascotas se han empeñado a dar un espectáculo hoy. Se están comportando peor que nunca.

—No seas tan duro con el cachorrito, Tin Man.—le escuchó decir al monstruo de Nan.— Sólo quiere jugar.

Luka alcanzó a ver como Nan arrastraba a Noel hacia la puerta y la desesperación lo invadió entero. El albino le seguía apretando el rostro, alimentándose de su angustia.

—¡Que no! ¿Por qué a Nan le dan todo lo que él quiere y a mi no?—protestó la loca esa golpeando el piso con sus botas.

—Nan, dejemos esto para la siguiente oportunidad, tu hermana consiguió incomodarme lo suficiente como para pedirles que se retiren de una vez. Confío en que sabrás entenderme.

—¡Maldición Tin Man! Esto no se va a quedar así. Vas a saber de lo que soy capaz. Vas a ver…

Frente a todos los presentes Cordelia salió bufando como una locomotora y empujando a su hermano, hasta cruzar la puerta y azotarla con todas sus fuerzas. Luka sintió cierto alivio con esa loca fuera del panorama, pero  aún quedaban esos dos y el horrendo de Nan aún no soltaba a Noel.

—Entonces será para la próxima ¿no Tin Man? Aunque mi propuesta sigue en pie. Me interesa mucho el cachorrito. Pide lo que quieras, lo que sea y te lo doy. Todo sea por tener a ese cachorrito conmigo…¿No te gustaría eso perrito? Tengo muchos juguetes en casa para entretenerme contigo…

Su maldita risa de nuevo, como odiaba a ese asqueroso. Podía percibir en sus palabras cuán sádico podía llegar a ser. No alcanzaba a verlos, pero imaginaba la angustia que debía estar sintiendo Noel.

—¿Lo qué sea? Que osada propuesta, Nan y que radical. Si me dejas la opción de pedir según mis deseos, puede ser contraproducente. ¿No lo crees?

—Tin man, cuando digo lo que sea es porque es así. ¿Quieres que mate a mi hermana y te traiga el cadáver?  Sólo dilo y lo haré. ¿Qué te parece eso perrito?—le decía Nan usando un tono infantil también.—Si me deshago de la molestia que es mi hermana, no tendría que compartirte en casa.

—Tentadora propuesta, Nan. Como veo que te gusta tanto mi mascota, pues bien. Te puedo ceder a Toto, pero tendríamos que tener mucho cuidado en que nadie se entere. Mantener todo este asunto en el más absoluto secreto.

No, no podía hacer eso, Tin Man no podía darle a Noel. No ahora que por fin estaban juntos, no podía hacerles eso. Luka lo maldijo con todo su ser, mientras se abría heridas peleando contra las ataduras.

—Por supuesto Tin Man, lo que tú digas, lo que tú quieras.—le respondió ese asqueroso eufórico.—Nadie se enterara de tu nueva mascota, nadie fuera del grupo, claro. No dejaré que Cordelia abra el pico, nadie lo sabrá. ¿Entonces me puedo llevar a mi mascota ahora? Tengo tantos planes para este perrito.

—Nan, ahora es algo tarde y si has hablado con el insufrible de Rheo, sabrás que hay una sesión en dos días. Todo el grupo se va a reunir y yo voy a presentar a mi nueva mascota. Luego te puedes llevar a Toto, no antes, porque puede despertar suspicacias.

—No he hablado con Rheo, no me agrada ese viejo cascarrabias. Siempre me ha parecido sospechoso.

—Pues ahora lo sabes, ese anciano mequetrefe quiere que presente a mi mascota ante el resto del grupo. Así que es mejor que te retires, es algo tarde. Espero comprendas.

Con el corazón a punto de salírsele del pecho, Luka se quedó muy quieto. Escuchó a Nan riendo como el imbécil que era y sus pasos avanzando hacia la puerta. Tin Man se desplazó hacia él y el fotógrafo supo que esa sonrisa, no lo iba a dejar vivir tranquilo en lo que le restaba de vida.

Lyon, lleva al cachorro a su jaula! Yo mismo me encargaré de Oz. 

Como era de esperarse, Lyon obedeció al instante. En la chimenea, el fuego ardía, casi tanto como las laceraciones sobre su piel. Tin Man tomó un látigo de sobre la mesita y lo hizo zumbar en el aire.

—Oz, es la última vez que me desafías delante de mis invitados. …—le dijo acariciándole el rostro.—No se va a volver a repetir.

***

El cachorro estaba en su jaula. No fue necesario forzarlo a entrar. Lo hizo por su cuenta y se sentó en ésta dándole la espalda. Estaba por marcharse cuando sucedió. Volteó a mirarlo, lo hizo lentamente y por un momento tuvo eso que se suele llamar dejavú.

—Por favor…—le dijo el cachorro con voz rasposa.

Pudo ver el miedo en su rostro y las lágrimas asomándose. Ojos azules, cabello castaño…

Dorothy.

Hacía mucho tiempo nadie se dirigía a él de esa forma. Con ese tono de voz suave y pausado. Debía estar completamente desesperado para atreverse a hablar y más aún hacer un pedido. Lo escuchó sin embargo, no intentó acallarlo si no que observó al cachorro de labios temblorosos, intentando producir palabras de nuevo.

—Lyon…tienes que ayudar a Luka.

Si hubiera tenido un modo de reír… pero era imposible. No había una pizca de felicidad remanente en su ser, ni siquiera para una risa caustica. Algo en los ojos del muchacho, en la maldita semejanza que le encontraba cada vez que lo miraba.

—Por favor, si me entrega a Nan, ayuda a Luka a escapar.

Decidió ignorar el pedido del cachorro. Le cerró la jaula y se alejó por los ominosos corredores de la mansión que era su cárcel. Sus palabras se quedaron con él, ese sonido atribulado aún cerniéndose en su mente.

Lyon regresó al lado de su amo, como el perro fiel que era. Escuchó su voz saliendo del baño anexo a su habitación. Calmada y casi adusta, en contraposición a la gama de sonidos que Oz producía. Lo encontró de pie al lado de la tina, sumergiendo a su nueva mascota bajo el agua caliente. Sí, el suelo estaba inundado por la lucha que se estaba desatando y su amo disfrutaba como nadie.Se arrodilló como era su deber, a esperar ordenes. No quería interrumpir, mucho menos estorbar.

Esperó pacientemente, como era su costumbre, que su amo termine con el baño de su mascota. Luego limpiaría del piso el agua derramada, la sangre que pudiera quedar en las toallas, todo lo que dejara tras su paso.

Cuando hubo terminado, apenas le dio un momento a Oz para reponerse y tomar aliento. Su amo dejó caer el albornoz mullido que lo cubría y se dirigió a la alcoba, arrastrando a su nueva mascota por el suelo.

Lyon era un perro obediente y se quedó atrás limpiando, pero atento a lo que su amo pudiera desear. Se puso de pie, resistiendo las ganas de frotarse las rodillas. Ese era un dolor de muchos que no conseguía mitigar. Tomó un trapo de debajo del mueble del lavabo y empezó a trabajar. La puerta de la alcoba quedó abierta y podía escuchar todo lo que ocurría.

Era importante para él estar pendiente de lo que su amo quisiera. Podía llamarlo para que lo ayude a atar a su mascota a la cama, que le pasara algo con que castigarlo, si es que lo ameritaba. No podía descuidarse, siempre atento a las necesidades de su amo.

Terminó más pronto de lo que imaginó. Quizá lo hizo de modo inconsciente. Limpió el suelo, ordenó lo que estaba fuera de su sitio y fue a arrodillarse sobre la alfombra de la recámara. Un alivio mínimo para sus coyunturas.

Su amo no notaba su presencia, pero Lyon siempre estaba ahí. Al parecer tenía todo bajo control. Su nueva mascota estaba sobre la cama, amarrado a los postes, sometiéndose a su voluntad. No, Oz no era tan sencillo de domar y era lo que al amo le gustaba tanto. De haber podido hacerlo, le hubiera dado ese consejo.

No dejes de pelear, el momento en que te rindas, todo termina. 

La nueva mascota se sacudía bajo el cuerpo de su amo. Lo escuchaba gemir de dolor, jadear, tirar de las ataduras, pero ya no gritaba como lo hizo al inicio.

—Oz.—Le decía su amo mientras se movía encima de su mascota.

—Mereces que te castigue severamente. Puedo cortarte en pedazos, reducirte a nada más que un perro que se arrastra por el suelo. Pero no lo haré. Me gusta tu cuerpo, me gusta como se siente cuando yo estoy dentro de éste.

«Te voy a cortar en pedazos y por cada miembro que pierdas, vas a recordar a quien le perteneces.»

—No voy a destruir algo que me da tanto placer, tan pronto. Así que será Toto quien pague por tu rebeldía.

«Sigue rebelándote, sigue desafiando a tu amo…»

—Entrenar a Toto fue muy sencillo, pero contigo necesito tiempo, sangre, sudor y lágrimas. Claro que no serán las mías.

 «No sólo te removeré los dientes, si no los ojos, la lengua…»

—Nan se va a encargar de mi cachorro. Es culpa tuya, Oz. Entrenándote, moldeándote para que cumplas mi voluntad, tengo las manos llenas. No voy a tener más tiempo para dedicarle a Toto.

«Hasta que no quede nada de ti, Lyon.»

—Espero que hayas disfrutado de tu pequeño amante. De su cuerpo, de todos lo trucos que sabe hacer. Cordelia y Nan van a acabar con él. No les va a durar mucho. Es un cachorro después de todo.

—¡No lo hagas! Haré lo que tú quieras, pero no lo hagas…

Oz no entendía que no debía desafiarlo. No iba a lograr nada, sólo empeorar la situación.

—Los perros no hablan Oz. Te lo he advertido hasta el cansancio.

—Haré lo que tú quieras, no volveré a hablar nunca más, nunca voy a intentar escapar, te doy mi palabra.

—No estás en condiciones de pedir nada, Oz.

—Deja a Noel en paz…

Una bofetada lo silenció. Su amo tenía la mano levantada aún, pero sabía que no se iba a rendir tan pronto.

—No estás en condiciones de pedir nada, Oz. Vas a hacer lo que yo quiera, cuando termine contigo.

—Deja a Noel en paz y yo haré todo lo que tú quieras.

Silencio fue la respuesta que obtuvo la nueva mascota. Lyon sintió lastima por él. Sí, todavía podía sentir algo además de vacío. Dolía verlo en ese estado, porque las memorias tenían espinas clavadas en su mente. Oz le recordaba a alguien quien conoció tiempo atrás. Casi había olvidado su existencia.

«¿Cuál es tu nombre?  Tu nombre verdadero.»

Fue un ser humano alguna vez.

«Elroy. Es Elroy»

Pero quedó atrás. Lyon era su nombre y ese que estaba ahí era su amo. El amo al que debía obedecer, a quien no podía desafiar, a quien le debía convertirlo en lo que era.

—Eres más iluso de lo que sospechaba, Oz. Demasiado para tu propio bien. Tus palabras no valen nada, tú no eres más que un objeto de mi propiedad. Toto lo sabe, Lyon lo sabe… Eres mío y nada ni nadie va a cambiar ese hecho.

Su amo se levantó de sobre la mascota. Pudo ver en medio de la tenue luz de la lámpara de noche, como la piel blanca de su amo tenía una delgada capa de de sudor. Sentado sobre la cama, le daba  la espalda a Lyon, al estar concentrado completamente en dominar a su perro rebelde.

—Ahora bien, tu pequeño acto de valor te va a costar caro. Déjame que te cuente algo, presta atención porque es importante. Hace tiempo, ya varios años, obtuve mi primera mascota. Tuvimos un inicio difícil, someterlo a mi voluntad fue una tarea ardua y sacrificada.

«Los perros no hablan Lyon, ahora tú no lo vas a volver a hacer nunca más.»

—Lyon, sí, aquel que tú conoces, fue aprendiendo las consecuencias de oponerse a mis deseos. Primero fueron los dientes, luego sus cuerdas vocales. Las removí porque no las necesitaba, estorbaban a decir verdad. No quería escuchar su voz, sus promesas de someterse a mi voluntad si dejaba que mi otra mascota se fuera.

«Dorothy.»

—¿De qué estás hablando, maldito albino de mierda?

La risa de su amo era una mala señal. Si Oz no se mantenía en silencio, las consecuencias no se harían esperar.

—¡Lyon! Trae al cachorro. Empezaré por sus dientes blancos… No te preocupes Oz, dejaré que veas como los retiro de su boca.

—¡No!

Obedeció en seguida, se puso de pie y pudo ver como Oz se sacudía con tanta fuerza que los huesos le saltaban de sus coyunturas. Tenía que cumplir con las órdenes de su amo, quería que fuera por ese pobre cachorro y no podía desobedecer.

—¿No? ¿Acaso tienes algo más que decir Oz? Hace un momento dijiste que no volverías hablar y mírate ahora, acabas de conseguir que Toto pierda sus dientes.

Oz sacudía la cabeza en negación y podía escucharlo gruñir de rabia. No iba a resultar, su amo iba a cumplir su amenaza, pasara lo que pasara. Tin Man le hizo una seña y volvió a arrodillarse en el suelo.

—Toto es tu perdición. Tal y como en la historia del Maravilloso Mago de Oz. ¿La recuerdas? Es mi libro favorito. Me gusta tanto que hasta te puedo repetir todos y cada uno de los diálogos.

Vio que su amo se levantaba de la cama y buscaba algo en su armario.

—El cachorro Toto, curioso y revoltoso, fue quien descubrió quien era realmente. Un don nadie. No era nada más que un cobarde ocultándose tras una pantalla. ¿Te parece familiar esa escena, Oz? Que personaje tan despreciable, ese Mago de Oz. Engañar a todos pretendiendo ser algo que no era. ¿Te imaginas la decepción que sintieron Dorothy, el León cobarde, el espantapájaros y el hombre de hojalata? Fue devastador.

Obtuvo un libro viejo y gastado. Lyon lo había visto miles de veces en ese mismo lugar, a veces en la biblioteca. Tin Man atesoraba la copia de esa historia, siempre la mantenía a su lado.

—El hombre de hojalata, sólo quería un corazón. Sólo poder sentir de nuevo luego de haber sido víctima de un trágico conjuro. ¿No te parece irónico? Algo tan simple, tan sencillo y no, el Mago de Oz no cumplía deseos, porque no era nada más que un farsante. ¿Harás lo mismo conmigo Oz? ¿Pretendes engañarme a mi también?

—Estás enfermo…

—¿Lo estoy Oz? ¿Serías tú la medicina que necesito? ¿Serás tú mi perdición? Te estoy dando la oportunidad de tu vida, de ser mi mascota, de dejar tu patética existencia y serme útil. Lo mismo hice con tu adorado Noel. Lo liberé de las manos de aquel desalmado proxeneta y de todos aquellos igual de ruines que pagaban por sus servicios. Gente como tú, Luka. ¿Cuántas veces te acostaste con el cachorro? ¿Cuántas veces pagaste para tenerlo entre tus sábanas?

—No…

—Si de verdad sientes algo por Toto, será mejor que recuerdes tu lugar. Lo que me recuerda a algo que debes saber…Soy muy celoso con lo que es mío… No permito que nadie toque mi propiedad, ni siquiera mis propias mascotas…

«Él nunca lo sabrá, Lyon. Es algo que él no puede tocar, algo que es nuestro.»

«Sólo quédate a mi lado, Elroy, sólo déjame dormir en tus brazos, Lyon.»

—Es una falta grave, Oz, que mis mascotas actúen por su cuenta, que tengan deseos y los mitiguen.

«Por favor Lyon, una vez más. Necesito sentirte a mi lado, lo necesito para cuando esté con él. Necesito el  recuerdo de tu piel,  para esconderme de él.»

Escuchó su nombre, su amo lo estaba llamando. Se puso de pie al instante, luchando con las memorias espinosas que lastimaban más que nada en todo su cuerpo. Se acercó al lecho, Tin Man le hizo una señal y tuvo que obedecer. Colocó sus dedos en la pretina de los pantalones cortos que llevaba.

Los dejó deslizarse hacia el suelo, mientras mantenía el rostro elevado mirando al vacío, pero atento a lo que su amo pudiera desear. Su figura desnuda, cubierta de cicatrices amplias, gruesas, numerosas, eternas.

—Observa bien Oz, lo que sucede cuando mis mascotas deciden tomarse ciertas libertades.

El nuevo perro de su amo, lo hizo. Pudo ver como sus ojos de colores diferentes recorrían las cicatrices aciagas, desde donde comenzaban, hasta su final. Dejó su mirada en la más evidente y horrenda, la que daba testimonio de la crueldad de la que era capaz su amo y que todas sus amenazas se llegaban a cumplir.

—Eres mi propiedad Oz, puedo  mutilar tu cuerpo y convertirte en una masa deforme si es mi voluntad. Desafíame una vez más, intenta ir contra mis órdenes y vas a extrañar todas y cada una de las partes de tu cuerpo que removeré.  Empezaré por tus ojos, luego serán tus cuerdas vocales, continuaré con tu sexo… Luego Lyon te va a tener que enseñar que hacer en ese caso.

La risa de su amo selló los labios de Oz. Pudo ver la tristeza en su rostro y la desesperación acompañándolo. Tin Man le ordenó que se fuera, no lo necesitaba en lo que restaba de la noche, le dijo. A decir verdad, Lyon no lo estaba escuchando.

Se vistió de nuevo y abandonó la habitación cerrando la puerta al hacerlo.

La voz de Dorothy sonaba de nuevo, a lo largo de los corredores, colándose entre las habitaciones. La podía escuchar cantando la misma melodía, con los tonos cálidos de su voz.

«Lyon, sé que me puedes oír. Como no nos podemos ver, cantaré una canción para que sepas que estoy aquí y no te sientas solo.»

Tin Man los mantenía dentro de sus jaulas, en habitaciones diferentes. Solían esperar con ansias que se fuera de la mansión, para poder conversar a su modo. Como Lyon no podía hablar, era Dorothy quien dominaba toda la conversación. Ella hablaba de lo que recordaba de su vida pasada, repetía una y otra vez las pocas memorias que tenía de su vida en la calle. Temía olvidarlas y perderlas para siempre.

Ella cantaba la única melodía que podía recordar completa. Ahora Lyon escuchaba esa voz dulce que repetía el mismo son y que a veces cambiaba el orden de las estrofas. Dorothy era lo único que lo mantuvo peleando contra Tin Man, hasta que dejó su nombre atrás y aceptó su destino.

Nunca la tocó. Jamás le hubiera hecho de ese modo carnal. Sólo cumplía con sus deseos, se acostaba a su lado y la envolvía en sus brazos. Ella decía que era su única felicidad aspirar el olor de su piel. A Dorothy jamás le molestó su ausencia de dientes,  las cicatrices que ostentaba o que no pudiera hablar más. Trató de mantenerla a salvo lo más que pudo, rindiéndose ante los deseos de su amo, para protegerla a ella de todo mal.

Hasta que aquel día, cuando él los descubrió yaciendo uno al lado del otro. Dorothy dormía como un ángel, ambos en el suelo de la cocina. No escucharon cuando entraba, cuando se les acercó pernicioso con un hacha en la mano.

Sucedió tan rápido. En esa misma cocina, sobre el suelo frío donde descansaban los dos. Lo hizo de un solo golpe, el corte certero a la mascota que no se movió de miedo, con Dorothy aún a su lado.

La impresión fue tan fuerte que acabó por quebrarla. Dorothy siempre fue muy frágil y Tin Man lo sabía.  Ella dejó de hablar y se convirtió en una muñeca sin voluntad propia. Perdió todo interés en seguir viva.

Tin Man, su amo decidió poner fin a su vida. Con  Dorothy murió él también. Dejó atrás a quien ella conoció y se convirtió en lo que fuera que era ahora. Un perro obediente, deforme, miserable, quien aún podía recordar la voz melodiosa de quien le dio una razón por la cual vivir.

Dorothy.

Los mismos pasillos lúgubres de aquella mansión antigua, privados de aquella suave voz. Los recorrió cientos de veces, sólo para asegurarse de que ella ya no existía. El mechón de su cabello era lo único que le aseguraba que Dorothy no fue un sueño. Su mayor tesoro, el coraje del león cobarde.

Lyon atravesó una puerta más, la luz siempre encendida y la jaula del cachorro al fondo del sótano. No, no dormía, Toto se agazapó tras los barrotes asustado. Abrió la reja y no obtuvo más respuesta que ese par de ojos azules mirándolo pasmados. No había tiempo que perder así que le tendió lo traía entre manos.

El cachorro se lo quedó mirando, como si le acabara de tender una serpiente, en vez de un teléfono. Tuvo que insistir e intentó que lo tome de sus manos. No funcionó, Toto estaba demasiado aturdido como para reaccionar.

Lyon presionó los botones y una voz no tardó nada en responder.

—¿Tin Man? ¡Que horas son estas de llamar! Espero sea algo importante. ¿Tin Man?

El cachorro retrocedió espantado ante el sonido de la voz al otro lado de la línea. Seguro pensaba que era una truco de su amo para seguir atormentándolo.

—¿Lyon?

Exclamó la voz en el auricular y respondió golpeando tres veces el aparato, con mucho cuidado.

—¿Sucedió algo Lyon?

Otros tres golpes y esta vez le colocó el teléfono en la cara al cachorro. Le hizo un gesto con la cabeza para que hablara. Quería que lo ayudara, bueno, estaba haciendo todo lo que estaba a su alcance.

—¿Lyon sigues ahí?

—No, no soy Lyon… Mi nombre es Noel.

Le respondió el muchacho con voz temblorosa. Lyon tuvo que insistir que siguiera hablando.

—¿Luka está contigo?—le preguntó la voz en el teléfono.

—Sí, digo no. No en este momento. Tiene que ayudar a Luka, por favor.

Un pequeño silencio al otro lado de la línea y el chico perdió el color en la cara.

—Noel, la ayuda está en camino. Todo va a estar bien. Le hice una promesa a tu hermano y soy un hombre de palabra.

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9 thoughts on “Capítulo 25

  1. Dios moriré asta la próxima actualización joder te amo muchísimo eres estupenda dios tu novela es mi escape me hace sentir como si besara a mi primer amor un sentimiento fantástico ese calorcito y el corazón como motor aaaaaaaaaa dios amo amo amo y male mucho mas un autor amateur que los libros de renombre encerio muchísimo talento (regalame un poquito) felicidades eres fantástica u espero que después de esta vengan mas que estaré esperando con ansias mas originales besotes

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  2. Rayos… cuanta intensidad XD me quede hasta la 1 leyendo al saber de la actu….Tin Man!!! eres mi héroe!!! siempre me han agradado los malos de la novela pero este les gano a todos kkk Lyon… traidor!!!! aigo… Luka no te resistas!!!… sométete!!! XD waaa ya me imagino cuando lleguen a rescatarlos… Luka nunca sera el mismo (ríe maleficamente) me siento ansiosa x el siguiente capi… por fa si puedes actualiza mas seguido *^* me muero de curiosidad… y pos naaa pobre Lyon tubo que pasar por mucho se merece su libertad al igual q Noel y pos Luka tambien ggg aunque realmente no sera el mismo 3:)… espero que no se rinda… que luche por Noel y el mismo, el caracter de Tin Man me parece facinante… mmm nose siempre me e basado en esa frase popular ¨el villano no es mas que una victima cuya historia no fue contada¨ tubo que pasar algo para q Tin Man sea asi y me gustaria que me contaras q fue XD encerio q quiero saber ggg en fin agradecerte una vez mas por tan bella novela y pedirte que hagas mas ^^ cuando dijiste q se estaba acabando era de… mier!! quiero mas!!! asi q regalanos un poco mas de tu talento siiii???? gg no puedo comentar en amor yaoi… nose xq asi q comentare aca no mas OuO te leo en el prox cap

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  3. *saca una mega bazooka y acribilla a TinMan, Cordelia y Nan*

    ARRGH NO PUEDO!!! ESE TINMAN ME TIENE HASTA LOS REPUTOS COJONES QUE NO TENGO! HASTA LOS OVARIOS!!

    Excelente capitulo, y me parecio TIERNISIMO la escena de Jade y Pat. Bellos los dos juntos, sin duda. Me gusta ademas el hecho de que ella confie en Pat para todo 😀

    Puta madre…. AGUANTEN! A todo cochino gordo le llega su sabado, ya sabes, rin-tin-tin de mierda!

    Besos!

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  4. Encontré este sitio por casualidad mientras buscaba novelas homoeróticas que contuvieran algo de bdsm y vaya si lo he encontrado! Hasta que no llegado al último capítulo no he podido para de leer y ahora quiero más y más. Nunca hubiera esperado un giro así con el tal Tin Man secuestrando también a Luka y más siendo Luka un personaje público y reconocido (demasiado riesgo) pero creo que es una de las partes que más han hecho que no pudiera dejar de leer. Ahora Luka comprende a Noel, sabe lo que ha pasado, sabe lo que ha vivido, sabe que, por mucho que quisiera hacerlo, jamás ha tenido la capacidad para abandonar esa vida. Me estoy dejando muchas cosas que me hubiera gustado comentar pero ahora mismo solo soy capaz de imaginar distintas maneras de salvar al saco de huesos y al perro siberiano, así que solo me queda decir que me está encantando esta historia, que escribes maravillosamente y que muchisimas gracias por compartirla. Besos y espero impaciente el proximo capitulo

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