Capitulo 24

Noel estaba presente y era la única persona en esa habitación que le importaba. No quería que lo viera así,  indefenso, vulnerable, a merced de ese monstruo. Quiso gritarle que todo iba a estar bien, pero su voz sólo producía un sonido quejumbroso. Intentó conservar la dignidad que le quedaba apretando los dientes y conteniendo las lágrimas.

El dolor era imposible de tolerar. Como si una lanza caliente atravesara su carne y estuviera a punto de partirlo por la mitad. Cierto, ese era su cuerpo sacudiéndose frenético, peleando inútilmente contra las ataduras que lo sujetaban a la cruz de madera.  Quizá ese era el fin de su vida, al menos dolía como si lo fuera.

No.

No podía estar sucediendo, tenía que ser una de sus pesadillas, una por demás vívida. Apenas despertara iba a ir corriendo a la habitación de su niñera. ¿Cuál era su nombre? ¿Ingrid? No, Felicia había hecho que la despidieran la semana pasada. ¿Karen? Ya no podía llevar cuenta de cada una de ellas. De todos modos iría a buscar remedio para sus temores nocturnos, la despertaría, y haría que le preparara un emparedado y luego vería una película hasta quedarse dormido.

Ingrid, había sido la niñera que más les duró.

Todo iba a terminar dentro de poco.

«Sólo es una pesadilla Luka, regresa a dormir, papi.» Le diría Ingrid, su niñera favorita.

Felicia la odiaba, por supuesto,  porque cada vez que se peleaban Ingrid lo defendía. Su hermana no descansó hasta conseguir que la despidieran y llegó otra más. La nueva niñera no era Ingrid, no tenía el cabello rizado y oscuro los ojos pardos, ni ese aroma a fruta tropical y no le cantaba canciones en otro idioma para que se durmiera. La nueva no lo defendía de su hermana, no lo dejaba comer doble postre, no cantaba nunca, no lo dejaba dormir a su lado, cuando tenía pesadillas y él quería compañía.

Susurró su nombre, la llamó sin quererlo. Quería que Ingrid viniera a despertarlo, a sacarlo de ese mal sueño y llevarlo a su habitación. Ella pondría alguna película en su idioma con subtítulos para que él pudiera leerlos y dormirse en el proceso. Como cuando se ponía terco y se rehusaba a rendirse al sueño y ella lo dejaba apoyarse contra su pecho enorme. Le dejaba oler su perfume a selva y  lo adormilaba con el sonido de su voz. Ingrid le contaría una historia, alguna de las de allá, del pueblo que extrañaba tanto y al que no podía volver.

No, no era una pesadilla, era mucho peor. El ensueño infantil se desvaneció y pudo escuchar los gruñidos de aquel sujeto de cabello blanco, como el hechicero de los cuentos que Ingrid le contaba. Horrendos ojos grises y sus manos como estacas sujetándole la garganta. Quiso apartarlo de una dentellada, pero sólo consiguió que le apretara más el cuello. Su voz se ahogó dentro de su pecho.

Maldición, el dolor se hacía más fuerte. De cierto modo más hondo, podía sentirlo en su estómago y las náuseas lo embargaban.

—Oz, eres más placentero de lo que esperaba.

¿Quién eres tú? ¿Quién es Oz?

—¿No tienes nada que decir? Hace tan sólo un momento atrás, tenías los ojos encendidos y no había modo de callarte.

Cállate. No quiero escucharte.

—¿No es impresionante el cuerpo humano? El modo como tu cuerpo se adapta a mis deseos. Como tus músculos abren paso para mi voluntad y se contraen alrededor mío.

Le susurraba al oído sin detenerse, sin pausar el ritmo que le imponía a sus penetraciones. No, Luka no quería seguir oyendo las palabras melosas que insertaba dentro de sus oídos. Sacudió la cabeza en un intento inane por apartarse de esa voz.

—El dolor nos lleva a Dios…¿No te parece un pensamiento bastante ridículo? La ignorancia es atrevida.—dijo lanzando una carcajada.—Si supieras quien tenía esa idea tan idiota, te reirías…Ahora dime Oz. ¿Duele?

Ahogó un grito visceral, al sentirlo moverse más profundamente dentro de su cuerpo. Brutal, era el ritmo que acababa de cobrar, sacudiéndolo contra la cruz de madera. Tenía las muñecas en carne viva y gotas de sudor resbalándole por la frente.

—El dolor y el placer provienen del mismo lugar, de la misma región del cerebro, pero son como dos caras de la misma moneda. Como tú y yo en estos momentos, Oz. Todo esto es muy placentero, para mí.

No podía contener sus quejidos, su dignidad se hacía añicos.

—¿Qué sucede Oz? ¿Acaso no estás disfrutando?

Una mano se posó en su sexo, apretándolo como si quisiera arrancárselo. Esta vez no pudo controlarse y  gritó con todas las fuerzas que no tenía. La risa de ese sujeto se coló dentro su oído y lo hizo querer arrancársela de un mordisco.

—¿Qué comportamiento es este, Oz? Intentando morder a tu amo.

Tenía ambas piernas alrededor de la cintura de ese sujeto y las penetraciones ya no podían ser más profundas. Luka rechinó los dientes, el dolor acababa de magnificarse y ya casi no podía mantenerse al corriente de lo que sucedía con su cuerpo.

—Va a ser una experiencia espléndida destruirte. Acabar poco a poco con tu voluntad, hasta convertirte en una mascota obediente.

Luka dejó caer su rostro a un lado y alcanzó a ver a Noel. Su rostro aterrado lo recibió pálido, con el miedo pintado en el azul de sus ojos. Quiso gritarle que mirara a otro lado, pero su propia voz era una cadena de quejidos.

—Es sin duda bastante para ser tu primera vez.

No quería oírlo más, sólo quería que terminara con lo que estaba haciendo y se callara de  una vez. Ya no le quedaban  fuerzas para seguir gritando. Por lo menos su propia voz, servía para cancelar las palabras de ese asqueroso. Luka jadeaba sin aliento y sentía un calor húmedo descendiendo por sus brazos. Se había arañado las muñecas y ahora sangraban.

—Que agradable es sentir tu estrechez, sabiéndote sólo mío, Oz.

Estaba sangrando, podía sentirlo. Iba a morir entonces, en ese lugar con Noel mirándolo, sin poder hacer nada por liberarse. Tenía que sacar a Noel de ese lugar, no podía morirse ahí y dejar al chico a merced de ese bastardo.

—Mi mascota.—La voz de ese sujeto se convirtió en un ronroneo bronco.—Vas a aprender a complacerme en todo y vivir para servir a tu amo.

Con uno de sus dedos le recorrió una mejilla, hasta detenerse sobre su boca. Era sangre lo que le frotó sobre los labios, como pintándolos. No podía estar seguro de su procedencia, porque decidió dejar de prestar atención a sus palabras y acciones. Sólo quería concentrarse en resistir.

El dolor era demasiado, como una manta envolvente.

—Ahora eres sólo mío, mi propiedad.

No…

—Nunca más vas a ser el mismo, ahora eres mío Oz. Sólo mío.

No, no, no. Gritaba su mente atrapada dentro de su cuerpo adolorido. Su voz era una amalgama de sonidos incoherentes y guturales. Su mente bramaba que se detuviera, que lo dejara en paz. Si lo que quería era matarlo, que lo hiciera de una vez por todas.

Lo único que podía esperar de él, era que no se detuviera hasta conseguir dividirlo a la mitad.

Pero eso sería demasiado fácil, eso no le daría placer a ese sádico. Quiso cerrar los ojos, pero descubrió que los de Noel no lo abandonaban. Seguían fijos en él, alumbrándolo como un faro a un barco a la deriva. Una embarcación que sucumbe a la tormenta, que no puede seguir navegando y se la traga un remolino de oscuridad.

Las sombras lo rodearon, no supo de donde salieron, pero estaban ahí. La habitación se oscurecía, los pensamientos en su mente se desvanecían y los párpados se le cerraron como el telón sobre el escenario.

Si iba a morir, lo último que se llevaría sería el recuerdo del rostro de Noel, de sus ojos mirándolo, fijos solamente en él.


***

Intentó girar sobre su cama y la sintió imposiblemente dura. Sentía mucho frío y tendría que levantarse a subir la intensidad de la calefacción. Pero estaba exhausto, muy adolorido y tenía la garganta seca. Con los ojos aún cerrados, Luka intentó incorporarse y no consiguió llegar lejos. El dolor por haberse golpeado contra algo duro, lo sacudió de sus ensueños.

Mierda, murmuró al darse cuenta de dónde estaba. Cayó de nuevo, como sin vida sobre la superficie plástica de su jaula.

Imágenes difusas que interpretó como recuerdos, lo asaltaron sin piedad. La estadía en el infierno no terminaba aún. El dolor en prácticamente todo su cuerpo llegó raudo a asegurarle que no había lugar a error. Todo lo malo que rememoraba, sucedió.

Intentó buscar algo de comodidad dentro de la jaula para perros donde estaba encerrado. Se percató, enseguida que debajo de los guantes de cuero, que le aseguraban las manos, se escapaba la textura de unas vendas. Al verlas bien, las encontró húmedas y pintadas del color ferroso de la sangre. Además descubrió que el bozal que llevó puesto, estaba en el piso.

Mierda, murmuró.

De pronto escuchó algo moverse a su lado y al levantar el rostro vio a Noel. Estaba encerrado también, echado sobre una cama para de perro, dentro de una jaula similar a la suya. Aparentemente acababa de despertar y se incorporó con torpeza. A través de los barrotes tupidos, pudo ver su rostro cubierto por el bozal y sus ojos cansados bañados de un desgarrador brillo acuoso.

—Me da gusto verte «saco de huesos»—exclamó intentando desaparecer esa expresión de tristeza del rostro de Noel.

Al hacerlo se le encendió la garganta. Casi no pudo terminar la oración con la voz añeja y quebrada. Cierto, estuvo desgañitándose, según podía recordar.

Noel lo miraba desde su jaula y lo vio agitarse. El chico le hizo una señal con la cabeza y pudo ver que una cámara colocada en la pared, vigilaba sus movimientos.

—Albino bastardo hijo de puta.—murmuró acomodándose lo mejor que podía para ver a Noel, tras los barrotes.—Me las va a pagar.

Le dio la espalda a la cámara y se acomodó de costado. De ese modo aún podía divisar a Noel.

—Te juro que cuando salgamos de aquí te voy a llevar conmigo.

Susurró haciendo un esfuerzo por no toser demasiado. Necesitaba beber agua y también ingerir alimentos. No podía recordar la última vez que probó bocado, menos aún cuánto tiempo llevaba en cautiverio.

—¿Dónde carajo estás Amy?

Fue un murmullo lastimero. ¿Pero qué podría hacer ella contra ese enfermo? Tan sólo recordarla, le llenaba de tristeza. De toda su familia, ella sin serlo sería la única que lo extrañaría.

Amy seguro estaba buscándolo con la policía, la fuerza aérea, seguro hasta contrató a los G.I. Joe. Podía estar tranquilo y confiar que cuando todos lo dieran por muerto, ella seguiría buscándolo. Si había alguien que jamás se rendía, cuando se le metía una idea en la cabeza, era él, Luka, pero Amy también era terca. Eso sí.

—Vamos a salir de aquí, vas a ver.—le dijo al chico quien todavía lo miraba esperanzado.— Nos llevaremos a Lyon también. Necesitamos un tapete nuevo para nuestra sala.

Se rió de su propio chiste y vio que Noel entrecerraba los ojos, animado.

—Escúchame bien, Noel. No quiero que te rindas. Vamos a salir de aquí juntos y será pronto. Amy, ¿Te acuerdas de ella? Ya debe tener un batallón marchando hacia aquí.

Vio a Noel recostarse contra los barrotes de su propia jaula y asentir.

—Más le vale apurarse o se queda sin regalo de cumpleaños.—intentó bromear, pero el dolor en su garganta le quitó las ganas de reír.—Cuando salgamos de este lugar, vamos a ir a comer donde Hiro y Kuniko. ¿Los recuerdas?

Noel asintió otra vez.

—Te voy a llevar a todos lados, «saco de huesos». Iremos a comer, pasear, no te vas a despegar de mi nunca más.

Noel negó con la cabeza.

—¿Qué, no me crees? Ya vas a ver, cuando salgamos… De este infierno.

Tuvo que hacer una pausa para darse valor y continuar. Le resultaba tan difícil creer sus propias palabras. No, no podía desmoronarse, no delante de Noel. Necesitaba que siguiera peleando como lo había estado haciendo todo ese tiempo.

—Escúchame bien, quiero que sepas algo. No nos podemos rendir ahora, quiero que me oigas bien. Vamos a salir y todo esto va a ser parte del pasado.

Noel sólo lo miraba y parecía haberse perdido en sus palabras.

—Oye bien…Quiero que…que me perdones por haber sido un idiota.

Las palabras se le atoraban en la garganta. Las sentía arañándole el pecho, convertidas en verdades espinosas destrozándolo a su paso.

Quería gritar, patalear de rabia hacia sí mismo. Descubrió que sentía algo por ese chiquillo pálido de mirada desolada, pero se empeñó en negarlo. Se convenció que era sólo un capricho, que Noel era como una golosina que al estar prohibida se hace más deseable.

—No…Si me hubiera dado cuenta a tiempo, si te hubiera sacado de ese lugar…—balbuceaba.—Si no te hubiera dejado ir…

Poco a poco, lo que empezó como una obsesión se convirtió en una necesidad. La primera vez que vio a Noel, no lo supo en ese momento, pero fue como verse en un espejo. Ese mocoso desamparado, caminando a altas horas de la noche le recordó a si mismo. A toda su infancia en soledad viviendo en un mundo de adultos, donde mientras tuviera todo lo que necesitaba, nadie se preocupaba por lo que él sentía.

—Estuve tan ciego, Noel no me di cuenta y cuando lo hice… Tuve miedo de involucrarme, porque sabía que algo malo pasaba y no quería descubrirlo.

Sí, desperdició el tiempo negándose a aceptar lo que era evidente. Sabía que Noel la pasaba mal, pero resultó más cómodo, actuar como si no fuera su problema, aunque por dentro se retorciera de ira.

Cada vez que veía a Noel aparecer con alguna huella del paso de alguien sobre su cuerpo, estallaba de rabia. Fue un cobarde, cuando bien pudo tomar el toro por las astas prefirió abandonar el ruedo.

Tuvo miedo, vergüenza de sentir empatía por un puto de la calle. ¿Quién lo diría?  El célebre Luka Thompson y un puto anónimo, sucio y miserable tenían en común la misma tristeza endémica y una incontenible necesidad de afecto.

—Te juzgué mal, te condené sin saber por todo esto, por todo lo que tenías que pasar.

Es que nunca pensó verse reflejado en un espejo como aquel. Sí, tenía que aceptarlo. La primera vez que lo vio le llamó la atención lo melancólico y solitario que Noel se veía. Al darse cuenta de que estaba sintiendo algo por él, lo rechazó de plano.

—Fui jodidamente imbécil y ahora es tarde…

Ahora que no podía retroceder sobre sus pasos, se moría de vergüenza. Noel estaba enfrente y ya no podía mirarlo a la cara. Ese muchacho vivía en ese infierno a diario, sin nadie que le ayudara a salir. Cuando él, Luka Thompson siempre pudo haberlo sacado de allí sin demasiado esfuerzo. Pero no, se dedicó a insultarlo, lo despreció hasta le llegó a levantar la mano, incluso pensó en utilizarlo como todo el resto de degenerados. No iba a negarlo, lo deseaba con toda la fuerza de su cuerpo. En el fondo era como todos esos degenerados, que usaban a ese chico para complacer sus deseos, sin reparar en el daño que le causaban.

—Si pudiera volver el tiempo, no te hubiera dejado ir de mí lado. La última vez que estuvimos juntos, debí ser menos cobarde y retenerte.

Pero era tarde para darle cabida a arrepentimientos. Ahora que estaba encerrado como un animal de circo, adolorido hasta el interior de sus huesos, famélico, humillado y miserable. No tenía manera de proteger a Noel. Sólo quedarse ahí, esperando que el enfermo mental que los tenía cautivos, apareciera para obligarlos a actuar como mascotas.

¿Qué podía hacer en su contra? Tan sólo seguirle el juego, con tal que dejara a Noel en paz. Tenía que hacerlo, por el bien del muchacho y su propio bien. Porque si ese degenerado, volvía a ponerle las manos encima, delante de él, iba a perder la cabeza.

—¿Cuánto tiempo ha pasado? —se preguntó en voz alta y pudo ver que Noel se encogía de hombros.

En silencio de nuevo, sabía que no iba a durar mucho, esa tranquilidad para ambos.

—Te prometo Noel Foster, que una vez salgamos de este lugar, no voy a descansar hasta verte feliz.

Esas palabras de la boca de Luka, tuvieron un extraño efecto. Noel sintió que cierta alegría nacía dentro de su pecho. Quería creerle, pero sabía que no debía dejar crecer la ilusión. Las voces en su mente se revolvieron ansiosas.

No, Luka no sabía lo que decía. Él no sabía todo lo que ese demente de Tin Man era capaz y lo peor, era que no tenía como decírselo. Al final era su culpa, Luka estaba en esa jaula, lastimado por su causa.

¡No Luka! gritaba una voz en su mente, no él. Esa vocecita no cesaba.

Escuchó un ruido en la puerta y fueron los pasos de Lyon quienes se precipitaron hacia sus jaulas. Noel se encogió sobre la cama de perro donde yacía y se preparó para lo que vendría.

Lyon abrió su jaula primero y lo dejó salir. Noel se tumbó en el suelo, en posición de sumisión al escuchar los pasos de Tin Man.

—Ha sido un día largo y pesado.—exclamó aproximándose a ellos.—pero, por fin puedo disfrutar de mis mascotas.

Traía puesto su guardapolvo del hospital, lo cual era raro en él. En todo el tiempo que lo conocía, nunca lo había visto usándolo. ¿O Sí?

La habitación del fondo del pasillo, la de las luces siempre encendidas, llegó a su mente. Una ola de terror se abrió paso también.

Pudo ver como Luka salía de su jaula,  arrastrándose a duras penas. Tin Man, de pie en medio del salón oscuro donde se encontraban, lo llamó a su lado, vio que Luka intentaba incorporarse sin buenos resultados.

—Oz, sentado.

Le ordenó y vio a Luka desplomarse mientras intentaba obedecer.

—¡Oz!—insistió, pero no pudo esconder la satisfacción en su voz.

Tin Man se veía animado y Luka más miserable que nunca. Sin embargo pudo verlo erguir la cabeza y gruñirle ligeramente.

—No sabes como me gusta ver ese espíritu en ti, Oz. Desafiante. Lo disfruto mucho, demasiado. No creas que se me ha pasado el detalle de la ausencia de tu bozal. ¡Lyon!

Al mencionarlo, Noel vio que Lyon se lanzaba al suelo, en posición de sumisión.

—Luego arreglo cuentas contigo. —anunció. —Aunque debo señalar que es una sorpresa encontrarte tan callado. Ya vas aprendiendo tu lugar, Oz.

Noel pudo escuchar, desde su lugar en el suelo, como a Luka le rechinaban los dientes.

—Esos ojos, Oz. Me sigues desafiando, estúpido animal.—exclamó agachándose a la altura de Luka.—¿Crees qué no puedo hacer nada por remediarlo?

La carcajada que soltó fue escalofriante. Noel se contrajo aún más sobre el suelo, escondiendo la cabeza. El fotógrafo no sabía que esas amenazas podían hacerse realidad de un momento a otro.

—Ha sido un día agotador.—escuchó que decía suspirando hondo.—¡Para empezar la mañana, cirugía de corazón abierto! ¡Una maravilla!

El brillo de sus ojos resultaba tan tétrico como su tono de voz.

—Tengo una fijación innegable por los corazones humanos. Son unas perfectas bombas de tiempo, magnificas obras de ingeniería.

Noel vio como Tin Man se ponía una mano en el pecho y levantaba los ojos al cielo.

—Es lamentable que piezas tan perfectas y complejas, sean ridiculizadas por la industria comercial. Es irritante.

—Le hago honor a mi nombre, Tin Man. Soy tan amante de los corazones como el personaje de la obra. Sin duda el mejor de ese grupo formado por una niña majadera, un espantapájaros sin cerebro, un león cobarde y un perro pulgoso.

Estaba hablando de la película que siempre ponía cuando tenían sesiones en los hoteles. Noel nunca llegó a verla, más que por partes. Los personajes le eran familiares, especialmente el hombre de hojalata. Ese le daba más miedo que todo el resto de actores y actrices disfrazados.

—El verdadero héroe del grupo. ¿Recuerdas cómo iba la historia, Oz? Seguro tu ejército de sirvientes te la leía como historia antes de dormir. Tin Man tenía un sólo deseo, quería un corazón.

El silencio reinó durante un minuto. Noel recibía las palabras, espantado por su contenido.

—Los corazones humanos, Oz, son una obra de arte. Tal y como el hombre de Hojalata, es todo lo yo ansío. Me fascinan, tenerlos entre las manos, apreciar su textura, su peso, verlos latir, sentirlos… ¡Ah!

Luka no lo sabía, pero era verdad cada palabra. Lo había visto en esa habitación del final del pasillo.

Sin quererlo Noel dejó escapar un quejido.

En esa oportunidad estaba huyendo de Devan, descalzo y desorientado, terminó acorralado en ese pasillo sin salida. Entonces sucedió, de detrás de esa puerta, apareció la horrible imagen de Tin Man, enorme, monstruoso, con la cara y el guardapolvo cubiertos de sangre. Lo miraba, con esa misma expresión de aquella vez, con interés mórbido.

Ahora un torrente de recuerdos llegaban todos juntos. Incluso las voces en su mente se vieron aturdidas ante la cantidad de memorias enterradas bajo el miedo que Devan le sembró durante años.

Tin Man lo miraba, parecía que trataba de descifrar sus pensamientos. Se acababa de acuclillar frente a él y lo tomó de la barbilla. Noel no lo resistió y cerró los ojos, para que no pudiera seguir leyendo su mente.

Así fue, así fue como conoció a Tin Man. Aquella vez se acuclilló frente a él y lo tomó de la barbilla. Tal y como lo hacía ahora, le apretó el rostro con fuerza y le hizo saltar lágrimas. El olor que despedía era a químicos y sangre. Sí, le dejó las mejillas pintadas con ese líquido espeso.

Toto.—le dijo  sujetándole la cara. 

Noel quiso gritar, pero el miedo se llevó su voz. Tampoco podía correr, estaba atrapado. 

—Olvídalo, Tin Man.—intervino Devan, mientras lo jalaba de un brazo para apartarlo de ese demente.—Está muy chico.

—Va a crecer.—respondió irguiéndose descomunal.—Tú sabes que no me interesan tan jóvenes, Devan. Aunque es mejor entrenarlos cuando aún son cachorros, para mejores resultados.

Devan bufó y se lo llevó arrastrando.

Había olvidado todo eso, aquella vez fue la primera vez que vio a Tin Man. Saliendo de esa habitación tan escalofriante, cubierto de sangre y vísceras humanas. Devan hizo que perdiera esas memorias, aquella vez cuando lo golpeó por intentar escaparse de él. Pero ahora, ahora regresaban, todos esos momentos aterradores.

Escuchó a Tin Man reír mientras le retiraba el bozal del rostro y lo dejaba caer mojado de saliva.

—¡Lyon! Dale de comer al cachorro.

Noel tembló ante sus palabras y regresó a si posición de sumisión, donde no tenía que ver más el rostro de ese demente, donde podía esconder las memorias que empezaban a atormentarlo.

Tin Man se dirigió hacia el fotógrafo y a escondidas vio que se agachaba para engancharle la argolla del collar a una cadena larga. Luka se resistió intentando escapar y como recompensa recibió una sonora bofetada.

Vio que Luka se tambaleaba, pero se mantenía firme. Lyon lo abordó por la espalda y le cubrió los ojos.

Al demente de su amo, le pareció divertido y tiró de la cadena, con mucha fuerza.

—Camina.

Miedo, fue lo que sintió al ver a Luka poniéndose rígido en el suelo. El modo como Tin Man arrastraba a Luka, lo llenó de terror. ¿A dónde lo llevaba? ¿Qué le iba a hacer? Hubiera querido intervenir, pero se quedó paralizado del susto.

Luka gateaba a duras penas y Noel se encogió más en el suelo. Lyon se movió tras él, y le puso un plato de agua enfrente.

No quería nada, sólo aferrarse a Luka y no dejar que se lo llevara. Cuando la puerta se cerró tras ellos, tuvo que suprimir un sollozo.

Lyon seguía presente y tenía que andar con cuidado. Se levantó cauteloso y le dio una Mirada Al pelirrojo que se acercaba con su plato de comida. Acababa de servirlo, de una lata de comida para perros.

No quería comer, ese alimento le provocaba nauseas.

Al parecer Lyon percibió su rebeldía y le dio un golpe ligero en la nuca. Noel
se encogió sobre su plato, cerrando los ojos, preparado para comer.

Fue una sorpresa, porque no le sirvió comida para canes. Era un guiso de carne con algunos vegetales. La comida estaba aún tibia y no estaba nada mal.

Levantó la mirada, pasmado en realidad y se lo quedó mirando. Lyon no se inmutó y se miraron fijamente de hito a hito por un par de minutos.

Noel se dedicó a devorar su ración. Lyon se quedó en su lugar, con esa expresión severa, pero distante.

Le sonrió, sin embargo, con el rostro manchado de guiso y manteniendo el silencio de rigor, apenas movió los labios diciéndole gracias.

La expresión de Lyon se mantuvo igual de seria, mas ladeó ligeramente la cabeza como respuesta. Noel se forzó a seguir comiendo, más por miedo a desobedecer. Temía por Luka, porque estando en las manos de Tin Man, nada bueno le esperaba.

***

—Oz, sentado.

Hizo lo que le pidió tan sólo porque ya no podía seguir sosteniéndose. Luka apoyó todo el peso de su cuerpo sobre sus caderas adoloridas y no pudo resistirlo. Consiguió reprimir un grito y terminó apoyado sobre sus rodillas.

Por supuesto que ese enfermo mental llamado Tin Man no se lo dejó pasar. Lo golpeó con algo que sin duda era un látigo. El hombro izquierdo le empezó a arder, mientras intentaba volver a la posición anterior.

—Te dije que te sientes.—insistió

Luka le respondió con un gruñido, forzándose a mantener la boca cerrada. Se tumbó sobre sus glúteos, resistiendo las punzadas de dolor que subían por su espinazo.

A merced de ese maldito, sólo contaba con sus oídos y olfato. No podía usar sus manos y sus ojos seguían cubiertos. Pudo oír como ese demente jalaba una silla  y se depositaba sobre ésta. La escuchó crujir y sintió algo, que parecía la suela del zapato de Tin Man, golpeando su pecho.

—¡Limpia mis botas, Oz!

No, no, no, mil veces no.

No.

Luka se infló de orgullo y se quedó firme en su lugar aferrándose a lo que le quedaba de dignidad. La punta de la bota volvió a golpear el mismo punto en su pecho, pero no se inmutó. Lo siguiente que sintió fue un chorro de líquido caliente, de frente al rostro.

Lanzó un alarido y cayó al suelo intentando secarse con las manos enguantadas, haciéndose más daño de ese modo.  Le acababa de echar una taza de te, ahora se le pegaba en la piel y el olorcito le enfermaba.

—Te di una orden. Si sigues desafiándome, ese patético cachorro que tanto adoras va a pagar las consecuencias.

Luka resopló herido en lo más profundo de su orgullo. Se arrastró hacia donde provenía la voz y buscó a tientas las botas de ese sujeto.

—Déjalas bien limpias.

Quería gritar, pero se limitó a frotar sus mejillas sobre la superficie de cuero y recibió otro latigazo en la espalda.

—Usa tu lengua.

Esta vez la rabia se le escapó en forma de lágrimas que no pudieron traspasar la venda de sus ojos. Apretó los puños bajo los guantes y se forzó a obedecer. Tenía que recordar por quien lo estaba haciendo, el bienestar de Noel estaba en juego.

Haría lo que fuera por mantenerlo a salvo.

Agachado como un animal, pasándole la lengua por la superficie de cuero, pudo oír el sonido que hacen los cubiertos resbalando sobre los platos. Además del suave tintineo de fuentes metálicas destapándose y percibir el olor fragante de la comida.  Recordó cuan hambriento estaba y estaba seguro que no faltaba mucho para morir de inanición.

Tin Man lo asió  del cabello y le hizo levantarse. Dirigió su rostro hacia su entrepierna. Lo supo porque levantó sus manos para detenerlo y chocó con las piernas  demente.

—Abre la boca.—le ordenó tirando de su cabello.

Lo hizo, pero apenas. Tin Man le introdujo los dedos a la boca, abriéndola más de lo que él quería. Un momento después, resbaló algo de textura lisa y superficie redondeada. La colocó sobre su lengua y lo dejó masticarla.

Era una uva y le supo a gloria. Jugosa, dulce y refrescante, aceptó el siguiente bocado, tragándose además, su dignidad en trozos. No le daba tiempo a reconocer lo que le incrustaba en la boca. Reconoció el sabor de las uvas, de duraznos en conserva derritiéndose sedosos rumbo a su garganta, una rodaja de kiwi, una fresa ácida…

Cuando terminó de rellenarle la boca con frutas, le introdujo unos dedos y le ordenó que los lamiera. Luka los recibió entre sus labios y tuvo que hacer un esfuerzo inconmensurable, para no clavarle los dientes.

Las falanges bailaban dentro de su cavidad bucal y le iba a provocar nauseas. Luchó contra el impulso de morder y vomitar, hasta que por fin, luego de una eternidad, retiró los dedos.

No le dio tiempo ni de recuperarse de las arcadas, Luka escuchó el sonido de ropa crujir y supo bien que estaba sucediendo. Maldijo en silencio y con la boca melosa, retrocedió por reflejo, para apartarse de él.

—Ven aquí—fue un susurro áspero.—Abre la boca.

Luka se resistió, peleando contra sí mismo. No tenía más que las de perder, si se negaba a hacerlo. Su pobre orgullo, tan vapuleado como su cuerpo, se negó a ceder. No, que lo matara de una vez, no iba a vivir a los pies de ese enfermo.

—Pon las manos en el suelo y abre la boca.—le dijo con calma y las ganas de rebelarse se le acrecentaron.

La respuesta de Tin Man no se hizo esperar. Luka recibió una bofetada tal, que lo hizo tambalearse y hasta le dejó zumbando la cabeza. El demente repitió la orden y en esta oportunidad lo tomó de la nuca.

Luka entreabrió los labios en un intento vano de suprimir un grito de rabia y los dedos afilados de Tin Man ingresaron raudos. Como si fuera una tenaza abriéndose dentro, hizo que separara los dientes y le empujó la lengua dentro de la cavidad bucal.

Luego introdujo su sexo dentro de su boca. Sin miramiento o misericordia.

Su primera reacción fue resistirse. Levantó las manos para apartarlo. Tin Man arreció la presión sobre su nuca y lo asió con más fuerza. Se mantuvo en su posición, mientras Luka hacía esfuerzos por no ahogarse.

—Patético.—sentenció ese malnacido, mientras le sujetaba la cabeza con fuerza.—¿Acaso no aprendiste nada de tu pequeño amante?

La sola mención de Noel, le puso la sangre a hervir. Tin Man consiguió introducir un poco más su miembro dentro de su boca.

—¿Demasiado para ti, Oz?

Exclamó ese bastardo burlándose de él. A ver que si se reía cuando le clavara los dientes y le arrancara  el miembro de un mordisco. Se lo escupiría en la cara

—Absolutamente patético.

Miles de pensamientos pasaron por su mente, entreverados con aquellos que le decían que sin duda serían los últimos. Se estaba ahogando y aquel maldito Tin Man lo sujetaba con más fuerza que antes. Intentó respirar por la nariz y sólo consiguió que ese demente se introduzca más dentro de su boca. Las arcadas se multiplicaron, mientras que se sacudía desesperado.

—No eres capaz de complacerme con tu boca, Oz.

Luka consiguió zafarse de sus manos, cuando casi no podía respirar. Tosió violentamente, escupió al suelo el contenido amargo de su boca. Aturdido aún, no pudo reaccionar a tiempo.

De pronto estaba en el aire y aterrizó sobre una superficie dura. Supo que era la mesa, porque sintió el sonido que hizo la vajilla al recibir su peso. Si Tin Man intentó partirle la espalda, no lo consiguió, pero estuvo cerca.

Lo siguiente que sintió fue el cuerpo de Tin Man forzándose entre sus pobres piernas. El pánico lo embargaba. Necesitaba incorporarse, pero ya estaba ese demente encima suyo apretándolo contra la superficie dura.

No de nuevo, gritó para sus adentros e intentó apartarlo, lanzando manotazos a ciegas. Supo que le encajó un par, pero eso no detuvo a ese demente.

—¡Deja de resistirte!—vociferó sujetándolo contra la mesa con el peso de su cuerpo.

Su advertencia cayó en saco vacío. Presa del miedo, Luka se retorció como un animal irracional bajo las garras del cazador.

—Te di una orden Oz. ¿O prefieres que vaya por el cachorro?

Los garfios que tenía por dedos, le recorrieron los glúteos arañando hasta el reverso de las rodillas.

—Voy a traerlo y sobre esta misma mesa, lo voy a abrir desde el ombligo hasta la garganta, mientras me lo follo.

No.

Manos sobre su entrepierna, buscando su entrada. No podía ver, no podía moverse, sólo dejar que Tin Man obrara sobre su cuerpo. Dedos arañando la carne sensible del perineo, ingresando húmedos dentro de sí. Podía sentirlo moverlos dentro del estrecho pasaje y el dolor que sentía era indescriptible.

— Luego te voy a follar a ti, sobre la sangre tibia de tu ex amante. ¿Crees qué estoy alardeando? ¿Qué te parecería ver lo que le hago a ese cachorro?

Luka negaba con la cabeza, mientras le rechinaban los dientes.  La sola mención de Noel le quebró el poco orgullo que le quedaba.

—Aún estás muy sensible Oz y ni que decir de estrecho…

No otra vez, murmuró y para su mala suerte, Tin Man lo escuchó.

—¿Recuerdas la pequeña conversación que tuvimos acerca del dolor y el placer?

Los dedos ingresaron más hondo y se onduló del dolor. Ese bastardo estaba disfrutando y a él le estaba doliendo. ¿De qué carajo quería discutir al respecto? No pudo más, lo quería afuera, lejos de él. Intentó apartarlo con todas sus fuerzas, pelear mientras pudiera.

—¿Vas a seguir desafiándome Oz? Ríndete de una vez, no hay nada que puedas hacer para detenerme.

No tenía que responderle, con más ahínco intentó sacárselo de encima, aunque no resultara. Estaba demasiado débil, agotado como para hacerle frente.

— Ya lo has visto, puedo hacer lo que desee contigo y con ese cachorro a quien tanto adoras. Pon las manos a los lados.

No, no, no, no…

Una bofetada y podía estar seguro que estaba sangrando. Gritó de rabia, por no tener la fuerza para detenerlo, ni para salvar a Noel.

—Por las manos a los lados, Oz. No te lo voy a repetir.

Se odió a sí mismo, por ser un idiota y un cobarde. Todo ese tiempo Noel tuvo que pasar por ese tipo de vida y él nunca hizo nada para ayudarlo. La venda que le cubría los ojos absorbía sus lágrimas de arrepentimiento, mientras colocaba sus manos a los lados. Golpeó la mesa con los puños y a ese bastardo albino le dio mucha risa verlo derrotado.

—Mucho mejor, Oz…ya estás aprendiendo.

Maldito albino hijo de puta, gritó pero las palabras se perdieron dentro del alarido que despidió, al sentir que se moría. Ese infame sensación, en la que sentía como un pez mientras el cuchillo lo atravesaba vicioso. Agonía pura, mientras que ese malnacido se concentraba en atormentarlo más aún, masturbándolo.

Abandonó esa tarea a los pocos segundos y se concentró en prolongar su agonía penetrándolo con toda su fuerza. Luka se esforzó por mantener sus manos a los lados, pero el dolor era tanto que su cuerpo actuaba por sí solo. Se retorció, pataleó también, pero no conseguía liberarse.

La venda de los ojos, le fue arrancada con la misma violencia a la que se estaba acostumbrando y tuvo el rostro sonriente de Tin Man encima de él.

—Delicioso, en todos los sentidos.

Jódete, jódete, jódete…

Le estaba acariciando el rostro, ingresando dentro de su boca, ajustándole la lengua.

—Sólo necesitas que te entrene con propiedad y deshacernos de esa molesta voluntad tuya.

Nunca, nunca, nunca…

Lo siguiente que sintió fue humedad resbalando por entre sus piernas. Podía sentirlo abandonando su cuerpo con un gemido placentero. Lo odiaba con todas las fuerzas que ya no tenía.

Tin Man se incorporó, sin dejar de sonreír complacido. Lo vio estirarse al pie de la mesa y acomodarse la ropa. Luka no perdió el tiempo y se resbaló hasta el suelo. Intentó recoger los pedacitos de su dignidad apartándose de ese sujeto. No iba a dejar que lo vea derrotado, que pensara que le había ganado.

—¡Oz, sentado!

Vete a la mierda…

***

Estaba tarde y lo sabía. Saltó de la silla donde pasó la noche, apoyado sobre la mesa de la cocina. La mañana gris se asomaba por la ventana y Pat se frotó los ojos con el reverso de la mano.

La noche anterior cerró la tienda temprano más que preocupado y fue en busca de Noel. Una vez más, se hallaba desesperado, sin nadie a quien pedir ayuda, solitario, sin nadie que le escuchara. Así había sido toda su vida, cuando su mamá estaba viva siempre lo dejaba a su suerte, en la habitación donde vivían por temporadas, hasta que los desalojaban.

Estaba acostumbrado a resolver sus problemas, él solito. No necesitaba a nadie, nunca lo hizo.  Phil  pasaba todo el día en el hospital y lo requería cuidando la tienda. Paulette tuvo que viajar de emergencia a ver a una de sus hermanas. La anciana enfermera intentó posponer el viaje, pero no tuvo opción que tomar el primer autobús rumbo a Georgia, porque su hermana empeoraba y no quería que se fuera sin despedirse de ella.

Dar parte a la policía estaba fue discusión. No le iban a prestar la menor atención y prefería mantenerse alejado de ellos. Tenía miedo que notifiquen a servicios sociales y Pat no pensaba regresar a esos hogares sustitutos.

Siendo un adulto, asumió la responsabilidad de ocuparse de la tienda y de cuidar la casa. Cocinaba por su cuenta y le llevaba comida a Phil, todos los días. Pasaba un rato con él, luego regresaba a la tienda y esperaba pasaba el día esperando por  noticias de Marietta.

Por las noches extrañaba a Jade quien siempre iba a cenar. Además moría Por ver a Noel. No se olvidó de su hermano, jamás lo haría. Lo que acababa de olvidar es fijarse en la hora.  No le quedaba tiempo ni para lavarse la cara y menos para cambiarse de ropa. Apurado tomó el paquete que armó la noche anterior, con ropa de Phil y el almuerzo en sus recipientes, todo listo para partir. Se colocó la maleta en la espalda y salió a toda prisa, rumbo a la parada del bus.

Eran las nueve y ya tenía media hora de atraso. Phil se iba a preocupar si no llegaba a tiempo. No tenía un teléfono móvil, ni modo alguno de llamarlo al hospital y decirle que ya iba en camino. Una vez llegó al paradero, sin aliento, se sintió aliviado. Había dos personas esperando, lo cual indicaba que no perdió el bus, como tanto temía. Resopló apoyándose contra un poste de luz y giró casual. su lado uno de los pasajeros se frotaba las mano ansioso y el otro tenía la cara escondida tras las hojas de su periódico.

En primera plana, un rostro familiar le dio encuentro. ¿Dónde vio a ese tipo rubio de ojos disparejos?

—¡Carajo!—gritó a todo pulmón en frente de toda la calle.

La persona que sostenía el diario, sacó la cabeza de detrás de las hojas y se lo quedó mirando perplejo.

Pat le arrebató el diario antes que pudiera protestar y emprendió la fuga. Regresó sobre sus pasos y  a la tienda, más rápido de lo que se creía capaz. Sus propios pensamientos iban más rápido que sus piernas.

¿Ese no era el rubio de la otra noche? Del auto caro, ese que estaba estacionado en la acera.

¡Claro que sí!¿Cuánta gente tenía cara de perro siberiano con esos ojos tan raros, en esa ciudad? ¿Ah? 

Abrió el producto de su hurto y empezó a leer a toda prisa.

«Luka Thompson, el célebre y renombrado fotógrafo, crítico de arte y profesor de fotografía de la Universidad de Nueva York, se encuentra desaparecido desde el pasado lunes. Sus familiares aseguran que regreso a la ciudad de Nueva York luego de un viaje de negocios en la costa oeste del país.» Bla bla bla…. «Fue visto por última vez saliendo de su departamento del centro de Manhattan y en éstos momentos se desconoce su paradero. Si tiene información al respecto por favor llamé al siguiente numero…» Bla bla bla.

Era él, ese mismo tipo rubio que interrumpió su pelea con el imbécil de Müller. Sí, era él, recordaba esa noche en la que se quedó esperando que saliera para abordarlo y no, nunca salió. Oye y eso que estuvo esperando largo rato, ah.

No, ahora que lo pensaba bien podía recordar que esa noche se quedó esperando, escondido tras ese auto nuevito. Hacía mucho frío, pero él se quedó ahí, bien firme… Becca y sus amigas, no tardaron en dispersarse en busca de clientes y pudo ver, desde su escondite que al tal Luka lo sacaban entre dos tipos, cargado como si estuviera enfermo.

En ese momento pensó que ese tipo, Luka se había puesto a tomar con el pendejo de Müller y seguro se emborrachó el muy imbécil. Porque se tardaron bastante en salir, por eso no se le ocurrió otra razón para tal demora.

Al parecer, lo juzgó mal, no era lo que pensaba… Claro, si el cabrón de Müller estaba involucrado y el mierda de Devan también, seguro había gato encerrado. Bueno, Luka, en ese caso era Luka encerrado.

Pat tomó el teléfono del lado de la caja registradora y resopló debatiéndose en lo que debía hacer.

Vaciló un momento. No quería regresar al sistema de hogares sustitutos, pero ese tal Luka podía estar en peligro, si es que no estaba muerto para ese entonces. Ya había pasado más de una semana desde esa noche.

—Tenemos que hacer algo, Tino.—resolvió mirando la foto del niño que lo miraba sonriente.—Aunque tengamos que llamar a la policía y luego me lleven a un hogar sustituto.

Tanta era su soledad, que se había dedicado a hablarle a Tino. No tenía a quien decírselo, pero una que otra vez, le rezaba algo que él mismo inventaba. Ese niño, el hijo de Phil, era su única compañía y hasta lo hacía responsable por haberle puesto al italiano en su camino.

—Si no hacemos nada para ayudar a ese rubio bobalicón, vamos a ser tan malos como quienes se lo llevaron. ¿No te parece?

Devolverle el favor a la vida, sí, era lo que debía hacer. A él le cayó un milagro del cielo, encontró a su hermano Noel, en esa ciudad tan caótica y enorme. Como si fuera poco, Phil le dio un hogar y lo sacó de la calle. No podía ser egoísta y no dar nada a cambio.

Decidido a sacrificar su bienestar, tomó el teléfono de nuevo. Marcó los números despacio, tanto que en el camino le asaltaron los arrepentimientos. Si llegaba la policía a buscarlo, si llegan servicios sociales, si se lo llevaban de allí, no iba a volver a ver a Noel.

—¡Carajo, no!

Soltó el teléfono espantado con esa idea. Arrugó el periódico con fuerza, lo lanzó al suelo y pisoteó con rabia. No, su hermano era lo más importante del mundo, para él vivía y no podía abandonarlo. Si se lo llevaban lejos tendría que ver el modo de volver. Porque no abandonaría a Noel. Le prometió a su mamá que encontraría a su hermano, que tendría una familia, que sería feliz. No podía tirar todo por la borda. No.

—Tino…

No quería apartarse de Phil, ese italiano era un cascarrabias, un bigotón de mierda, como lo solía llamar cuando estaba enojado, pero luego se arrepentía. La única persona que le dio una oportunidad para quedarse y trabajar para pagar su sustento. Nunca le pidió sexo a cambio, ni intentó tocarlo como le pasó en otros lugares donde fue a parar. No, no iba a perder todo lo que había conseguido, por ayudar a quien no conocía.

Además Noel, su hermano mayor, le prometió regresar por él. Claro que sí,  ese día que se despidió de él y le dio a guardar esa tarjeta con…

Pat lanzó un gritó y aventó sobre la máquina registradora y de un tirón abrió la gaveta del mostrador. Allí estaba la tarjeta que recibió de manos de Noel, tal y donde la dejó. Tenía escrito un nombre con tinta azul, Luka decía y un número telefónico. Pálido de la sorpresa, le dio la vuelta a la tarjeta y encontró otro nombre con su  respectivo número.

Amy Evans.

—Dos, doce…—dijo presionando los botones del teléfono, con las manos sudorosas.

Sonaba y sonaba la llamada cuando de pronto una voz le respondió al otro lado del auricular.

—¿Aló, buenos días?

—¿Amy Evans?

Pat intentó engrosar su voz y  sonar menos chiquillo.

—Ella se encuentra indispuesta. ¿Quién habla?

—Quiero hablar con Amy Evans.

—¿Quién habla?—insistió una voz femenina sonando fastidiada.

—Quiero hablar con Amy Evans, es importante.

Silencio al otro lado de la línea y Pat alcanzó a escuchar la voz de otra mujer, un poco ronca y nasal. Incluso le pareció que sonó llorosa.

—¿Quién es Moni? ¿Qué está sucediendo?

—Es para ti, no me dice quién es sólo quiere hablar contigo. Amy, espera… No es buena idea que…

—¡No digas tonterías, dame acá el teléfono! ¿Quién es? ¿Qué quieres?—exclamó la voz de la mujer sonando acongojada.

—Soy Patrick Johnston y tengo información acerca de Luka Thompson.

Silencio de nuevo, al parecer ambas mujeres se quedaron mudas.

—Tengo información de él y es mejor que traigan a la policía.

***

—Te dije bien claro que no quería volver a saber de ti.—le reprendió a través del teléfono.

No tenía intenciones de desperdiciar el valioso tiempo que le dedicaba a sus mascotas, en un asno como Müller. Una verdadera incomodidad.

—¡Oye cabrón, la policía está por todos lados, hijoeputa!  Han cerrado la cuadra, están revisándolo todo.

Vociferó Müller a través del auricular. No, Tin Man no iba a permitir que aquel necio le malograra el humor. Especialmente cuando estaba dándose un gusto de aquellos…

Suspiró pesado y prosiguió con el asunto.

—¿Y ello es de mí incumbencia por…?

—¡Es tu culpa hojalata de mierda!

Le respondió el asno de Müller y Tin Man resopló con suavidad.

—Secuestraste a una celebridad, Müller. ¿Qué esperabas?

—¿Yo? Fue tu idea, tú querías cogerte al riquillo puto ese. Esto es tu culpa carajo, la policía está por todos lados…

—Hiciste lo que te indiqué, al pie de la letra. No hay nada porque preocuparse, a diferencia tuya, yo tengo todo bajo control. Ahora voy a colgar el teléfono y no quiero volver a saber de ti…

—Si yo me quemo, tú también hojalata.

Le brotó una risa de los labios. El atrevimiento de aquel cretino le hizo gracia. De acuerdo, le prestaría algo de atención para luego desecharlo como la menudencia que era.

—Escúchame bien, zopenco. No pretendas que no has sacado provecho de todo este asunto. No sólo has conseguido el control del negocio que mantenías con tu ex socio Devan, si no que además te quedaste con las pertenencias de mi mascota, Oz. El auto, el reloj…

—¿Y qué? Tú querías al puto ese, al riquillo cabrón y ya lo tienes.

—Lo sé y no tienes idea como lo estoy disfrutando.

Sonrió ampliamente, ante la visión que tenía delante. Oz yacía en el suelo, temblando bajo las gotas calientes que vertía, como gotas de sangre, siguiendo la línea de su columna. Resultaba delicioso ver como contraía cada uno de los músculos dorsales al ritmo de la cera quemándole la piel.

Encantado dirigió el pequeño chorro hacia los glúteos, dibujando sobre las marcas que su látigo dejó. ¡Oh! Consiguió que ahogara un grito y fue muy grato de escuchar. Quería oír más, lo necesitaba.

—¡Pues me cago en ti! Si viene la policía te echo de cabeza.—insistió el muy granuja.

—Si es que hiciste lo que te ordené, no tienes de que preocuparte. Ahora la pregunta es. ¿Müller, me obedeciste al pie de la letra?

Al terminar la oración, colocó un pie sobre la nuca de su mascota, mientras esperaba la respuesta del jumento de Müller. Pudo sentir como Oz se retorcía bajo la suela de su bota.

—Ni que fuera tu maldito perro, cabrón.

—Tú a lo mucho llegarías a insecto, no tienes la inteligencia suficiente ni para el más insignificante de los mamíferos. Ahora responde, insensato. ¿Hiciste lo que te dije?

—¡Que sí! Carajo, mandé a todas las putas con Wayne, allá a Vermont y sacamos todo de ahí. Esos putos policías no van a encontrar ni una mierda, que busquen como perros, esos puercos.

Con las caderas levantadas, Oz temblaba con más violencia. Lo premió con una hilera de gotas sobre los glúteos apuntando al espacio entre estas, no pudo contenerse.

Oz gritó y su voz fue un coro angelical.

—Oz, si haces tanto ruido no voy a poder escuchar al teléfono.—le dijo abandonando su nuca y encajándole un puntapié en las costillas.

Las recorrió con la punta del zapato y derramó otro chorro de cera caliente y carmesí. Vio que su mascota se sacudía en el suelo, pero mantenía las manos quietas donde le ordenó que las dejara.

Esta vez no sólo gritó, si no que además se le escapó a Oz un gemido lastimero.

—¡Hojalata de mierda! ¡Ya me enteré que enfriaste a Devan! Te dije que yo quería arreglármelas con él, puto.

—No tengo ánimos seguir discutiendo contigo. Estoy en medio de algo importante…

—Quiero saber, carajo. ¿Qué paso con Devan? El hijo’eputa de Wayne no me quiso decir.

—¿Remordimientos acaso? Luego que te comportaste como un Judas Iscariote, ahora quieres saber que sucedió con tu compañero de fechorías.

—No sé quién sea ese puto de Judas. No me cambies el tema Hojalata…

—Por un momento casi olvido lo rampante de tu estupidez.

Tin Man se acuclilló al lado de su mascota. Oz temblaba y podía ver todos sus músculos saltando apenas su palma hizo contacto con la piel de sus nalgas.

—De acuerdo—continuó disfrutando la ansiedad de Müller.—Déjame decirte que pasó con Devan…

—Wayne no me quiso…

—Wayne sabe mantener la boca cerrada, a diferencia de otros que conocemos.

Una nalgada bien dada y vio que Oz saltaba en su sitio En esa posición no tenía como escapar sus manos.

—Déjame decirte que a tu socio, que digo socio, a tu compañero, tu casi hermano, le introduje una bala en la cabeza.

Recorrió, con los dedos, la huella inflamada que dejó el paso de su palma. Oz gimió muy suavemente y lo disfrutó mucho.

—Sólo una—continuó con su relato.— a la cuál sobrevivió por espacio de una, digamos, medía hora.

Müller se quedó en silencio y  podían escuchar su respiración agitada.

—Calculo media hora, porque fue el tiempo que nos tomó llevarlo a aquel patio inmundo, donde Wayne encierra a sus canes.  Criaturas fascinantes si me preguntas. Tienen las fauces como la de los lobos y son igual de feroces que sus familiares. Tendrías que haberlo visto.

—¡Cállate mierda…!

—Como te iba diciendo, tardaron una media hora en dar cuenta de Devan. Incluso cuando partí, seguían engolosinados con los despojos de tu ex socio.

—Te dije que te calles Hojalata de mierda.

—¿Te tengo que recordar quien da las ordenes aquí?

No podía evitar la risa que le provocaba el idiota de Müller. Si es que pensaba que iba a intimidarlo, era más iluso de lo que se veía.

—Como te dije al inicio de esta insulsa platica, estoy ocupado con algo importante. No me vas a volver a llamar, ni involucrar en tus asuntos. Este es el adiós, para siempre.

—Ya te dije cabrón, si me quemo te quemas conmigo.

—Eso me gustaría verlo.—le respondió al zopenco de Müller.

Ese sujeto sí que era impertinente, bueno, no lo sería por  más tiempo. Todo estaba planeado de antemano. Era cuestión de segundos y podría decirle adiós a semejante molestia.

En efecto, apenas terminó la oración, pudo oír a través del auricular, una melodía distinta a la que sonaba en su habitación. Sí, tenía una debilidad por la música de verdad, clásica, orquestada, magnífica. En esos precisos instantes sonaba una de sus melodías favoritas.

Schnittke, Concerto Grosso no.1. Impresionante.

Al otro lado de la línea telefónica, ese era otro cantar. Pudo oír primero lo que pareció un portazo y luego la voz de Müller vociferando alarmado. La reacción fue por demás tardía, porque una serie de disparos que combinaron muy bien con el Rondo (Agitato).

Tarareaba la melodía que lo acompañaba, mientras atento al teléfono esperaba que todo termine. No tomó más que un par de minutos, tal y como lo calculó. Pudo oír como alguien tomaba el teléfono al otro lado y lo escuchó respirar agitado.

—Ya está hecho, Tin Man.

—Luego dicen que no se puede confiar en las fuerzas del orden. ¡Que injusticia!

—Misión cumplida. Para eso estamos las autoridades, para limpiar la ciudad de parias sociales.

—En efecto, oficial Anderson, muy bien dicho. Por cierto, le agregué un par de ceros, a la donación a su nombre, por las molestias, ya sabe.

—Su donación es muy apreciada, Tin Man, pero yo sólo estoy haciendo mi trabajo.

Le respondió riendo el oficial Anderson quien resultó más útil de lo que aparentaba. Bastó con deslumbrarlo con una fuerte cantidad de dinero  para tenerlo comiendo de sus manos. Ahora se deshizo de la molestia que fue Müller, podía volver a sus asuntos.

Anderson se encargaría de trancar la investigación. Con el insufrible cretino de Müller muerto, no quedaban más pistas que seguir.

De pronto escuchó cierto revuelo al otro lado del teléfono. Oyó al oficial mascullar un par de groserías y disparar un par de veces más.

—Descuida, Tin Man.—se apresuró Anderson en el auricular.—Müller tenía una de sus putas acá, ya me encargué. Ya, una puta menos… Ese cabrón no podía estar tranquilo…

—Me imagino.—le respondió arrastrando las sílabas, sin interés alguno.

El oficial entendió sin necesidad que se lo repitiera y se apuró en cortar la llamada. Sin más interrupciones a la vista, dejó el teléfono a un lado.

—Espero hayas prestado atención Oz. Verás que te tengo buenas noticias.  Ahora eres completamente mío.

Sí, su mascota estaba escuchando, pero se esforzaba en ignorarlo. Resultaba tan entretenido verlo luchar contra su propia voluntad. No, Oz no se había rendido, lo sabía bien y le entretenía tanto saborear ideas de como destruirlo poco a poco.

—¿Acaso no estás agradecido con tu amo? Gracias a mí, nadie te va a separar de mi lado.

Gruñó, su mascota rebelde se permitió semejante atrevimiento. Iba a tener que darle un castigo adecuado a semejante falta.

—Oz, sentado

Le ordenó y lo vio incorporarse con torpeza. La cera reseca sobre toda su espalda y glúteos, crujió descarándose.  La que tenía sobre todo el pecho y la zona genital, acabó por deshacerse casi por completo.

Oz intentó mantener su posición, pero no podía sostenerse. Le ató una vara a los tobillos, para ayudarlo a mantener las piernas separadas y ahora no podía guardar el equilibrio.

—Te di una orden.

Lo hacía al propósito, tardándose más de la cuenta para cumplir una tarea tan mínima. Sin duda era digno de domar. Nunca antes nadie lo había hecho con Oz, nadie.

Con el cachorro fue muy fácil entrenarlo. Aunque Toto aún conservaba una chispa de voluntad, en Oz era una flama incandescente. Lo desafiaba con toda intención, no lo podía ocultar. Sonriendo, Tin Man se agachó a la altura de su mascota y este evitó mirarlo de frente.

—Mucho mejor. Ya vas aprendiendo, perro estúpido.

Lo abofeteó sin embargo, no podía permitir que lo desafíe. Vio como Oz se esforzaba por mantenerse firme, pero fallaba miserablemente.

—Tal y como la historia original, el Mago de Oz no era más que un charlatán.

Se irguió y tomó una vara larga y delgada. Oz levantó los ojos, desafiándolo otra vez.

—No me engañas, puedo leerte mejor de lo te puedes imaginar.

Era tan divertido ver a Oz y sus conflictos internos, peleando por mantenerlos a raya. Con sumo cuidado le colocó la vara en la barbilla y lo hizo levantar ligeramente el rostro.

—Como te iba diciendo, animal idiota…He elegido el nombre perfecto para ti, Oz. Tal y como el personaje del relato, tú te ocultas bajo esa apariencia distante, tras ese bonito rostro y tu vana fama.

Los ojos de su mascota empezaron a llenarse de ese brillo intenso que encontraba fascinante. No, aún faltaba mucho más de lo que calculaba, para considerar la doma completa.

—Sí, es verdad que apareces en las revistas y tabloides incluso antes de que aprendieras a caminar. Pero eres famoso, tan sólo por ser famoso. No has hecho nada transcendental como para merecer el título de celebridad.

Iba a ser tremendamente entretenido hacerle trizas el ego.

—Eres igual que al mago de Oz, quien no era más que un pelele, un cobarde escondido tras una cortina, pretendiendo lo que no era. ¿Te parece familiar esa situación, Luka Thompson?

Ante la mención de su nombre. Los ojos le destellaron de ira y frunció Los labios.

—Sé muy bien quien eres. No eres nada más que un cobarde e intentando aparentar algo que no eres.

Sin duda tocó algo sensible en él. Oz se infló de ira, pero se mantuvo en silencio.

—¿Acaso me equivoco?

Golpeó a su perro en el centro del lomo y Oz se arqueó como respuesta.

—Te hice una pregunta, bestia.—y le dio otro golpe más.—Quiero que me respondas. Ladra como el animal que eres.

No.

No había manera de que lo hiciera. Ya lo había humillado lo suficiente. No Iba a ladrar como perro así lo despellejara allí mismo.

Recibió una serie de golpes, en toda la espalda, pero se sostuvo de su pobre orgullo mancillado. No quería ni imaginarse a Noel recibiendo ese tipo de tratamiento.

Tin Man lo miraba extasiado. De verdad le provocaba mucha satisfacción atormentarlos. Luka mantenía sus manos sobre el suelo, la cabeza erguida, pero con la violencia con recibía los varazos, se le hacía difícil sostenerse.

El último golpe fue tan fuerte, que casi lo hace desistir. Apretó los labios, obligándose a no gritar, aunque ya no pudiera resistirlo. Cayó de bruces, rendido, extenuado, pero orgulloso de mantener sus labios sellados y firmes en su voto de silencio.

—No he terminado contigo, Oz. —le escuchó decir.—Voy a destruir tu voluntad y te vas a convertir en mí mascota fiel.

Pudo ver que Tin Man abandonaba el salón y Lyon se le acercaba, a recoger lo que quedaba de él.

—Encárgate de él, Lyon. Prepáralo para más tarde, tendremos invitados para la cena.

Fue lo último que le escucharon decir y por el rostro consternado de Lyon, pudo adivinar que no eran buenas noticias.

***

Amy Evans, llegó tan pronto como pudo, le dijo, trajo una amiga consigo y lo primero que hicieron ambas fue ametrallarlo con preguntas. Pat les dijo todo lo que sabía y ellas se comunicaron con el detective a cargo del caso.

El vecindario entero conmocionado por el despliegue policial. Sirenas, autos de policía, curiosos, incluso vieron pasar la camioneta de un canal de noticias. Amy se paseaba por toda la trastienda, donde llegó a atrincherarse. Parecía una leona enjaulada, lamentándose por lo sucedido, mientras esperaban noticias.

El teléfono que tenía en la mano sonó y ella casi lo suelta del susto. Pat no sabía que hacer, sólo esperaba que Phil no vea todo ese alboroto por televisión y se preocupe.

—¿Cómo qué no hallaron nada?

Vociferó Amy. Esa mujer era histérica, pensó Pat mientras se masticaba una uña, de los nervios que traía encima.

—¿Cómo? No, no le Creo detective. No puede ser que Luka se haya desvanecido en el aire. Esto no…

Ella le puso el altavoz a su teléfono para que Mónica y él, puedan oír la conversación. Que bueno, porque estaba a punto de saltarle encima y arrebatárselo para enterarse de lo que estaba sucediendo.

—El sospechoso fue abatido al enfrentarse a un oficial de la policía, al momento de su captura. En el inmueble que nos señalaron  no encontramos evidencia contundente de que indique el paradero del desaparecido.

—¿Eso qué quiere decir?¿Cuál sospechoso? ¿El qué se llevó a Luka?

—Le debo informar que así fue. El sindicado era un conocido proxeneta de la zona. Además, no pudimos encontrar evidencias que indiquen el paradero del desaparecido. El inmueble está abandonado, ha estado en este estado por algunos días. No hay nadie viviendo aquí y está vacío. Un equipo forense…

—¡Forense!—gritó aferrándose a Mónica.

Pat sintió que se iba a arrancar la uña con todo y de dedo. No podía con la tensión, estaba asustado y se forzaba a controlarse. ¿Qué estaban diciendo? ¿Cómo qué no había nadie ahí?

A Pat una punzada de angustia le atravesó el cuerpo. ¿Cómo qué no había evidencia? No sabían buscar, eso pasaba. ¿Dónde estaban las chicas? Si hablaban con Becca, con las demás mujeres… Tenían que preguntarles a ellas, buscarlas. Ellas no podían desaparecer también, quizá estaban escondidas.

Si Müller estaba muerto…Si  es que era cierto lo que las mujeres comentaron, que Devan se había ido y llevado a su hermano, si  las chica esas no estaban ahí… ¿Cómo iba a encontrar a Noel?

—Va a ser necesario un equipo de perros para detectar cadáveres y…

—¡Luka no está muerto!—le interrumpió Amy con la voz quebrada.

—Señora, por favor, estamos haciendo…

—No me importa si tienen que traer a los perros, gatos, caballos con tal qué lo encuentren. No se puede haber esfumado así de pronto.

—Como le dije, no encontramos evidencia de que el desaparecido haya estado cautivo en este lugar.—le respondió el detective.—Las pistas falsas son comunes, pero seguiremos investigando. Le voy a ser franco, ha pasado demasiado tiempo desaparecido y no ha habido contacto con los secuestradores. A estas alturas, nos queda esperar lo peor.

A Amy se le doblaron las rodillas y la otra mujer la tuvo que sostener. Ella dejó caer el teléfono al suelo y empezó a sollozar descontrolada. Pat se les acercó, con ganas de unirse al coro de llanto, pero de pronto, Amy reaccionó y le saltó encima.

—¡Tú tienes la culpa!—le gritó sujetándolo de los hombros. Le clavó las manos y lo sacudió con violencia.—¡Nos debiste avisar apenas lo viste!

—¡Suéltame bruja!—le respondió Pat apartándola.

El muchacho retrocedió asustado, frotándose los hombros adoloridos. Mónica llegó a interponerse entre ambos y Pat se tragó las lágrimas mientras que Amy lanzaba manotazos en su contra.

—¡Amy, déjalo. Amy! ¡Estas atacando a un menor de edad!

No servía de nada, la más alta de las dos brujas, estaba fuera de sí.

Pat quería llorar, sí, pero de impotencia. Acababa de recibir noticias desoladoras, pero en vez de ponerse a chillar, iba a ir él mismo a buscar evidencias o lo que la policía necesitara. Necesitaba encontrar a Noel, si Devan se lo llevó como le dijeron. ¿Por dónde empezar a buscarlo?

¿Y Jade? ¿Dónde estaba ella? Quizá con Noel, quizá se los llevó a los dos. No sabía ni dónde empezar a buscar. No, la policía no lo iba a ayudar, tendría que ir él mismo.

—Tú nos diste una pista falsa.—arremetió Amy vociferando como un animal herido—¿Por qué lo hiciste? ¿Qué ganabas con esto?

Y se echó a llorar en brazos de su compañera. A Patrick esas palabras le supieron a hiel. Esta mujer, a quien trató de ayudar, ahora lo acusaba así, a la ligera.

—¡No mentí!—gritó también, intentando no llorar.—Estoy seguro que ese tipo con cara de perro siberiano es el mismo que el tipo que se le enfrentó al cabrón de Müller. Era él y su auto caro, Audi de color gris…

A ver si con eso se tranquilizaban. Era lo único que sabía y estaba seguro que no estaba equivocado.

Ambas se lo quedaron mirando pasmadas y se echaron a llorar juntas.

—Luka tiene un Audi gris…es mí culpa, Moni. Si no me hubiera dado cuenta antes…

—¡Carajo! A llorar a otro lado.—murmuró Pat mordiéndose los labios al terminar la oración.—Llorar no soluciona nada, si llorando se arreglaran las cosas, entonces nos ponemos a llorar todos. ¡Mierda!

—Si me hubiera dado cuenta a tiempo.—se seguía lamentando Amy.

—¡Cállate ya bruja! Mi hermano Noel está desaparecido también y tú te puedes quedar acá chillando, yo voy a ir a buscarlo.

—Yo creo que tú, Patrick tienes que decirle a la policía todo lo que sabes. —intervino la otra, Mónica. —De repente si les cuentas todo lo que nos dijiste a nosotros. De cuando viste como se llevaron a Luka…

—No, ese no fue el trato. Yo no quiero ver a ningún policía ni nada. No.

—Te callas mocoso—vociferó Amy asiéndolo de un brazo.—Ahora mismo vamos a buscar al detective y le vas a decirle a la policía todo lo que sabes.

—No, yo les dije a ustedes todo. ¡Suéltame puta!

—¡Mocoso grosero de mierda! Ahora vas a ver, vamos a donde la policía y haré que te encierren si es que tienes algo que ver en esto.

Forcejearon un momento, Pat para librarse y Amy para arrastrarlo hacia la calle. Moni intentaba separarlos, pero no lo conseguía. Pat pataleaba y Amy se empeñaba en entregarlo a la policía.

La  lidia terminó pronto, porque el sonido de proveniente del callejón que se conectaba con la trastienda.

Pat fue a ver de que se trataba, escoltado de cerca por ambas mujeres. Apenas si pudo abrir la puerta, cuando algo que no supo identificar, lo embistió y casi termina en el suelo.

No le dio tiempo de reaccionar y cuando lo hizo, pudo ver en el rostro de ambas mujeres, que algo no estaba bien.

—¡Criatura! ¡Estas sangrando!

Dijo una de ellas, más alarmada que la otra. Ante estas palabras, Pat se aferró más a la quien lo abrazaba con desesperación.

—¿Jade? ¡Jade! ¡Jade!—balbuceaba sorprendido.

Era ella, era Jade, pero no se movía, al contrario, se abandonó sobre su cuerpo. Parecía que se le habían acabado las fuerzas y rendida dejó que la sostuviera entre sus brazos.

No servía de nada que la llamara, porque Jade no respondía. Ella lo abrazaba con todas sus fuerzas, llorando desesperada. Amy y Mónica acudieron a ayudarlos.

—¿Qué te pasó Jade?—le acariciaba la espalda con cuidado y la sentía sollozar contra su pecho.

—Está sangrando.—dijo Mónica intentando separarlos.—Nenita, déjalo un momento, necesito ver si estas herida.

No, Jade se aferraba de su cuerpo sin responderle a nadie.

—Jade.—insistió Pat.—¿Me escuchas? Todo está bien, todo va a estar bien.

Sucia, llorosa, apenas cubierta con una camisa toda desabotonada. Su cabello rubio inmundo y enmarañado. Alcanzó a verle el rostro y lo notó tan magullado, que se le encogió el corazón.

Ante sus palabras, Jade empezó a reaccionar. Sin soltarse, levantó ligeramente el para mirarlo de frente. Pat pudo notar, que la pobre estaba haciendo esfuerzos por decir algo a la vez que su carita se contorsionaba en llanto.

—¿Pat, de verdad eres Pat?

—Soy yo. ¿Quién más va a ser Jade?—le respondió sin dejar de acariciarla.—Soy yo, Patrick.

Jade lo miró confundida, como si de pronto no lo reconociera. Balbuceó algo inteligible y continuó sollozando.

—¿Qué es todo esto?¿Quién es ella? ¿Qué está pasando aquí?

—Ahora no, Amy.—intervino Mónica y se les acercó.—Jade es tu nombre. ¿No? Jade, estas herida, estas sangrando, cariño. Necesitas que te atiendan.

Intentó acariciarle la cabeza a Jade, pero la hizo gritar.

—No la toques ahí, le duele mucho su cabeza.—le tuvo que requintar a Mónica y ella se apartó.—Jade…¿Qué te pasó? ¿Dónde estabas? Oye, te busqué por todos lados. ¿Qué te pasó, Jade?

No servía de nada que le preguntaran. No les iba a responder, dijo la otra mujer, Amy. ¿Acaso no ven que está en shock?

Entonces se desató una discusión entre esas dos, para decidir si debían llamar una ambulancia, o llevarla al hospital.

—Voy a llamar a la ambulancia.—les anunció Amy con el teléfono en la mano.—Ustedes quédense ahí como imbéciles, ella necesita que la vea un médico, está sangrando. Le tenemos que dar parte a la policía también.

—No.—interrumpió Pat.

No podía permitir que venga la policía, se iban a llevar a Jade, se lo iban a llevar a él también y nunca más volvería a ver a su hermano. Apretó a Jade contra su cuerpo, intentando protegerla de la idea de no verla más. Ella reaccionó también, a las palabras de Amy. Sus ojos verdes se desencajaron y empezó a temblar mucho más.

—No, no. dejes que me lleven, por favor. Si me encuentra… me va a matar—le susurraba al oído, visiblemente asustada de que alguien más la escuche.—Me va a matar como hizo con Müller. Por favor, Pat…

Esa sin duda una sorpresa, Jade sabía acerca de Müller.

—El policía… el policía.—y volvió a su llanto desgarrador aferrándose a Pat, temblando incontrolable.—el policía me va a matar si me encuentra. Por favor Pat, yo sólo quiero estar contigo, no quiero volver. Si vuelvo, el policía me va a disparar.

—¿Un policía?—continuó Amy con el teléfono en la mano.

—Por favor, no dejes que me lleven.  No tengo a donde ir, me va a matar como a Müller. El policía va a matarme…

Jade se arrojó a sus  pies porque los suyos ya no la sostenían. Pat se quedó de pie, sin capacidad de reaccionar ante sus palabras. Las dos mujeres igual de pasmadas no supieron que hacer.

—Dices que conoces al sujeto ese, Müller… ¿Ese no es el que tú dijiste Patrick? ¡Carajo, ya no sé que pensar! ¿Qué está sucediendo aquí?—gritó Amy perdiendo el control.

—Necesitamos llevarla a que la atiendan, eso primero, luego le pides que te expliquen todo, Amy. —dijo la otra mujer acercándose a Jade.

Jade se encogió en el suelo y le abrazó las piernas. Pat no supo que hacer. No iba a dejar que se la lleven esas dos. No, Jade lo necesitaba. Se veía tan triste, llorosa, con la cara tan magullada que daba rabia verla así. Se cubría apenas los senos con una camisa sucia y desabotonada.

—¿Patrick? Necesito que me ayudes a ponerle algo de ropa. ¿Tienes un baño donde lavarla? ¿Algo con que limpiarle las heridas?

No supo como así empezó a moverse, quizá maquinalmente. Pat las condujo al baño de la trastienda, con Jade prendida de su brazo. Las otras dos mujeres los siguieron. Amy se quedó en el umbral, dando vueltas como fiera. Mónica humedeció un trapo e intentó lavarle el rostro a Jade.

Consiguieron que lo soltara y fue corriendo a buscar algunas prendas para ponerle encima. Un pantalón limpio, una camiseta, una chaqueta afelpada, unas zapatillas, un par de medias. Obvió la ropa interior y regresó con la ropa hecha bola entre las manos.

En el baño, la tal Amy tenía una cara de sorpresa que asustaba. Oye, esa tipa sí que da miedo, pensó. La hizo a un lado y la tal Mónica tenía la misma cara de trauma.

¿Qué les pasaba a esas dos? Se imaginó que la herida de Jade era grave, o de repente estaba peor de lo que imaginaban. Armado de valor, ingresó sin miedo a ver el cuerpo desnudo de Jade. Había visto muchas chicas desnudas y en persona, así que no había nada que le fuera a asustar.

Jade estaba muy mal. Encorvada y de espaldas, en un rincón. Todos sus huesos visibles, huellas de golpes pintándola completa, heridas sobre sus piernas largas, sangre seca, quemaduras sobre su espinazo y ella seguía llorando. La herida que aún sangraba, larga y perniciosa, le abría un surco sobre la escasa carne de su cadera.

La trayectoria de una bala, que pasó por ahí y erró su destino, de milagro.

Mónica lo sacó de su asombro y  le tendió la mano para que le de la ropa. Jade lo escuchó acercarse, pero no hizo más que encogerse en su rincón.

—Vas a estar bien, Jade.—le dijo intentando animarla.—No voy a dejar que ese puto de Devan te vuelva a pegar. Ni ese mierda de Müller, ni el policía, ni nadie más.

No reaccionaba ante sus palabras, sólo lloraba más. Así que intentó abrazarla de nuevo. Siempre funcionaba con su mamá. Cada vez que ella lloraba, él la tomaba en sus brazos para calmarla, la llenaba de promesas, de que nunca se iban a separar y que todo iba a estar bien.

Jade no dejó que la abrazara, huyó de él como si le tuviera miedo. Mónica quiso decir algo, pero Pat no se detuvo. Consiguió despegarla de la pared y al asirla en sus brazos, supo la razón de su temor.

Sí, quizá no fue la mejor manera de reaccionar, pero no se le podía pedir más a un chico de quince años, casi un adulto. Retrocedió por la sorpresa, por el descubrimiento que acababa de hacer. Jade tenía lo mismo que él, entre las piernas.

La miró a los ojos y vio que ella agachaba la cabeza, llorosa. Se volvía a encoger y se cubría con la tela de la camisa inmunda. Sus senos visibles, pero su sexo pudorosamente escondido. Mónica la empezó a vestir, como si fuera una muñeca dañada. Jade obedecía, pero sin dejar de mirarlo.  Pat se quedó de pie, en el baño, sin capacidad de moverse.

—Vamos a llevarla con nosotras.—Anunció Mónica y los dejó pasmados a todos.—A nuestro departamento, ahí haré que la atiendan. Jade necesita ayuda así que tú y tú van quitando esa cara ahora mismo. Amy, las llaves, Patrick…Eres bienvenido si quieres venir también.

Jade se aferraba a Mónica, pero no dejaba de mirarlo suplicante. ¿Cómo la podía abandonar ahora? Era Jade, era la misma persona que aparecía como gato callejero, en el callejón por las noches. Era la misma que se sentaba a su lado en las gradas de la entrada y recostaba la cabeza sobre su hombro.  Nada tenía porque cambiar, era la misma Jade a quien tanto extrañaba, sólo con un añadido que no esperaba que tuviera.

Pat fue tras ellas mientras se llevaban a Jade. ¿Cómo dejar que se fuera cuándo estuvo desesperado buscándola? Las alcanzó antes de que salieran al callejón y apartó a Mónica del lado de Jade.

—Oye, ya deja de llorar. Todo va a estar bien, ya te lo dije. ¿No? No voy a dejar que nadie te haga daño.

Jade asintió, pero siguió llorando desconsolada.

—Oye, oye… Jade… ya…Estoy aquí, estas a salvo con el gran Patrick…

—Lo siento, lo siento Pat… yo…tengo mucho que decirte, muchas cosas…

—Lo sé, pero primero que estas dos brujas te atiendan y luego nos dices todo lo que sabes. Necesito saber de mi hermano… de Noel.

Jade tembló en sus brazos, pero no dijo nada. Mónica los empujó dentro del auto en el que llegaron y partieron en seguida.

***

Intentó comunicarse con el hospital, mil quinientas veces y no consiguió que le pasaran con Phil. Dejó un mensaje en la estación de enfermeras, esperando que con las pocas palabras que dejó para él, entienda la situación.

«Phil, tengo un asunto importante que atender. Por favor no te enojes conmigo. Te juro que te explico todo luego. Si no quieres que vuelva, lo entiendo. Gracias por todo, Patrick.»

Dejó el teléfono sobre la mesita donde lo tenía Mónica. El departamento de ellas dos parecía sacado de un programa de televisión. Era lo que se puede llamar, un hogar. Olía bien, estaba muy limpio,  Mónica  apareció con un par de tazas en la mano. Chocolate para él y un té para Jade quien no se había movido de su lugar en el sillón desde que llegaron.

Con su ropa puesta, parecía una niña vestida con la ropa de su hermano. Miraba al vacío, no respondía a nada, ni nadie. Estaba en el mismo estado desde que subieron al auto. Todo el camino lo recorrió con el rostro recostado sobre su hombro, respirando suavemente.

Mónica intentó hacer que se recueste en la cama y duerma un poco. Pero, Jade no se movió de su sitio. Parecía perdida en algún lugar de esa habitación.

Amy daba vueltas de un lado a otro. Todavía con el teléfono en la mano, esperando noticias. Recibió de manos de su compañera, una copa de vino, para los nervios, dijo. Mónica se sentó sobre el sillón frente a ellos dos y bebió de su propia copa.

—Va a venir una amiga nuestra, Jade. Ella es enfermera y te va a dar una mirada. Pero, lo más probable es que tengamos que llevarte al doctor para que te vean, encanto. Vas a estar bien, te lo prometo.

Sí, la estaban llenando de promesas, pero Jade no se creía ninguna. Al menos, eso parecía, porque ni bebía el té que le pusieron enfrente, ni se movía de su sitio. Se quedaron todos en silencio y de pronto Jade saltó de su sitio. Espantada, mirando a todos lados, al parecer buscando un lugar donde refugiarse.

Una sirena de policía estaba pasando por la calle y Jade perdió el control. Volvió a su estado de desesperación anterior y al llanto incontrolable.

Fueron a su encuentro y Pat la sostuvo en sus brazos. Regresaron al sofá y Jade a llorar aterrorizada.

—Jade…No hay nadie aquí más que nosotros tres. Amy, Patrick y yo. Todo va a estar bien. ¿No quieres tomar tu te? ¿Qué tal algo de agua?

Sólo le respondió negando con la cabeza, apretando los brazos de Pat, gimiendo asustada.

—El policía…me va a encontrar… tengo que ir con Pat… él me va a ayudar… No tengo a nadie más… —balbuceaba como perdida en sus pensamientos.—No quiero volver… no quiero volver…

—¿A dónde no quieres volver? —preguntó Mónica con suavidad.

—¡Con Müller!—gritó y se volvió a esconder en el pecho de Pat.—No quiero volver con él…y con ese monstruo… con el fantasma…No quiero…

—¿De qué fantasma…? ¿Qué carajo?

—Cállate Amy, la vas a asustar más. Jade. Estas a salvo aquí, aquí no hay fantasmas ni nadie…

—¿Dónde está Noel?—las interrumpió Pat sin poder controlarse más.  Jade sabía de Müller, sabía de Devan, entonces sabía donde estaba Noel.

Ella se quedó muda un momento, como si le costara discernir sus propios pensamientos.

—¿Noel? —repitió con la mirada perdida.

—Sí, mi hermano, Noel. ¿Dónde está? ¿Está con Devan?

—No, no…—negaba con la cabeza frenética.—Devan está muerto, el fantasma lo mató, ese tipo… ese monstruo…

A Pat se le enfrió el cuerpo. Necesitaba su respuesta, quería saber donde estaba Noel, no le importaba que ese hijo de perra de  Devan estuviera muerto mil veces. Quería a Noel, lo necesitaba.

—¿Dónde está Noel?—insistió a punto de quebrarse y llorar como Jade.

—El fantasma, está con el fantasma. ¡El fantasma! Ese tipo es un monstruo… Pat… Tú no sabes… ese no es humano, es un monstruo…

Jade se frotaba los brazos frenéticamente.

—Es su amo, el fantasma es su amo… No…Noel…Está con ese loco… Tin Man…

Los tres se quedaron mudos y tan sólo el llanto de Jade se dejaba escuchar. Pat temblaba también, porque no sólo no entendía a que se refería Jade, si no que ya había escuchado acerca del «Fantasma» del que las mujeres de la calle, hablaban.

—Jade… ¿Quién es ese fantasma del qué hablas? ¿Es una persona?

Continuó Mónica intentando dejar de temblar también.

—No, es un monstruo…—se frotaba los brazos con más rabia.—Es malo, muy malo…mira lo que me hizo…es malo…

Se descubrió los antebrazos y les dejó ver las cicatrices redondas y oscuras de sus quemaduras. No mentía, sí era un monstruo.

—Él ese malo, mató al Devan, lo mató…se llevó a Noel…se llevó también al que le gusta, ese hombre rico…bien guapo…que tiene un auto lindo y siempre viene a buscarlo y le paga muy bien…

—¡Luka!—gritó Amy saliendo de su asombro.—¡Carajo, como no me di cuenta antes! ¿Noel? Estás hablando de ese chico… de éste chico…

Tomó su teléfono y casi le quiebra la pantalla buscando la foto que necesitaba. Se la puso a Jade en la cara y casi grita cuando ella asintió.

Era una foto donde estaba su hermano, junto al tipo ese con ojos disparejos y su cara de perro siberiano, esas dos mujeres estaban ahí también. Jade dijo que sí, que ese tipo era el que vio que se llevaron y Amy casi pierde la cabeza.

—¡Luka! Entonces tú sabes donde está Luka. Tienes que decirnos, tienes que ayudarnos a encontrarlo.

Jade se volvió a encoger en su sitio y se escondió sobre el pecho de Pat.

—Jade…por favor, tienes que ayudarnos a encontrar a Noel, tú no lo sabías, pero él es mi hermano y necesito encontrarlo…

Ella levantó sus ojos verdes y lo miró con temor.

—Yo no sé donde se lo llevaron a Noel, ni al guapo ese… Lo siento… Lo siento…

Amy estaba exaltada, ahora daba más vueltas por la habitación vociferando en que tenían que dar parte a la policía. En eso estaba cuando llamaron a la puerta. En seguida corrió a atender, seguro es Magda, la enfermera, dijo.

Cuando abrió la puerta, Pat vio que se quedaba de una pieza.

—¿Sí?—le dijo Amy al recién llegado.

—¿Amy Evans?

—Sí…Soy yo…¿Qué…?

—Detective R.Heo, FBI.

 

siguiente anterior

5 thoughts on “Capitulo 24

  1. NO NO NO NO NO NO NO!!!!!! WAAA ME MUERO DE CURIOSIDAD!!!! QUIERO ACTU!!! OnO SINCERAMENTE DEBO FELICITAR A LA ESCRITORA… ES MUY DIFÍCIL ENCONTRAR BUENOS FICS, MUY EN ESPECIAL CUANDO TIENES GUSTOS COMO LOS MÍOS JEJEJE NO PUEDO NEGAR QUE ME GUSTA EL ROMANCE ^^ LOS FINALES FELICES 😄 Y DEMÁS… PERO GRACIAS A ESTOS ESTILOS DE ESCRITURA LAS HISTORIAS SE VUELVEN TAN ¨PERFECTAS(?)¨ QUE LLEGAN AL PUNTO DE SER TEDIOSAS Y ODIADAS. MI ESTILO ES COMO SE DIRÍA MAS ¨REALISTA(?)¨ LOS FINALES FELICES NO SON FRECUENTES EN LA VIDA REAL POR DISTINTOS MOTIVOS Y LA REALIDAD QUE PLANTEAS EN TU ESCRITO NO ESTA MUY LEJOS DE ESTA, LOS PRÍNCIPES QUE APARENTAN SER FORMIDABLES GUERREROS EN MUCHAS OCASIONES NUNCA HAN PELEADO ANTES, AQUELLOS QUE APARENTAN DEBILIDAD PUEDEN SER MAS FUERTES DE LO QUE UNO SE IMAGINA, LAS PERSONAS OCULTAN SU MIEDO Y DOLOR BAJO UNA MASCARA CASI SIEMPRE DESAGRADABLE, LOS PEORES MONSTRUOS Y DEMONIOS NO ESTÁN EN LOS CUENTOS NI EN NUESTRA IMAGINACIÓN… SINO QUE LOS PODEMOS VER EN LAS NOTICIAS Y EN MUCHOS CASOS DEAMBULAN JUSTO A NUESTRO LADO Y NO NOS DAMOS CUENTA, LAS PERSONAS SIEMPRE TENDEMOS A CRITICAR ANTES DE SABER EL PORQUE DE UNA ACCIÓN. ESAS Y MUCHAS COSAS MAS SE VEN EN ESTE FIC QUE SINCERAMENTE ME CAUTIVO EN GRAN MANERA, EL RELATO ES FASCINANTE, SALIENDO DE LO COMÚN DE ALGUNOS FICS…SIENDO GRACIAS A ESTO EL MEJOR FIC QUE E LEÍDO HASTA AHORA ^^ ESTOY CONTENTA Y MUY ANSIOSA POR EL SIGUIENTE CAPITULO… NO PUEDO CREER QUE HASTA SOÑÉ CON NOEL OwO JIJIJI AGRADEZCO A LA ESCRITORA *u*

    Me gusta

  2. Esto es demasiado para mi…¿por qué tienen que sufrir tanto los personajes? No puedo con el suspenso de que va a pasar si Luka y Noel van a salir pronto o no, si Amy los va a encontrar. Esta novela me ríen fascinada, siempre tengo muchas emociones encontradas cuando leo cada capitulo. Espero con ansias el siguiente capítulo ♥

    Me gusta

  3. Hola,antes que nada deseo felicitar muy sinceramente al autor de esta historia.
    Quiero contarte que de manera increíble he viajado en cada uno de estos capítulos .De singular forma me han impregnado de tanto dolor,rabia,angustia y una impotencia sobrecogedora que inunda el corazón durante la primera parte,ya que como bien dicen anteriormente,mucho de esto existe ,es real en el mundo y muchos “Jades”con su entendible egoísmo y esa soledad ,tristeza y desesperanza viven en otros tantos “Noel”que pisan esta tierra y son invisibles en su dolor a la totalidad de los seres que cruzan sus caminos.
    Yo no se si encuentre las palabras exactas para expresar lo que esta historia provoca en quien la lee. Ciertamente esta muy bien escrita,logra atrapar con su trama aterradoramente realista,se sufre,duele leer cada párrafo al acompañar las horrorosas rutinas de Noel,mas ¿como dejarlo? cuando de pronto en él nace la chispa de la esperanza,la determinación de sobrevivir como cualquier criatura de este mundo?,no se le puede dejar,es una sorpresa que de pronto todo se vuelve una vorágine de emociones increíbles,la “satisfacción” de ver el fin de alguno de los monstruos,”el suspenso”de lo que viene,”la ilusión”de que todos pueden terminar bien y felices ya que como bien tu lo dices en mas de una ocasión ,este es un relato de ficción ,en donde tu eres la dueña de zanjar un final diferente para cada uno de estos increíbles personajes que con cada capítulo se van metiendo en el corazón,la” realidad “para este tipo de seres que aquí viven es nefasta,mas tengo la esperanza de que para “variar “aquí si se pueda encontrar un final feliz.
    Nuevamente felicitaciones por obsequiarnos tan apasionantes capítulos.
    Con ilusión espero las próximas actualizaciones,la verdad es que no se si es aquí en donde se publica primeramente ya que por ahí leí que actualizabas cada dos semanas,solo espero no haber caído en un agujero negro del ciber espacio y tener que perderme la continuación de tan desgarradora e imperdible historia.
    Con saludos cordiales digo, hasta pronto.

    Me gusta

  4. Excelente, mi Wiki!!!

    El suspense lo tienes a flor de piel, así que dejo este breve comentario para saltar al siguiente capi y ver qué sucede ahora.

    Puto TinMan de los cojones! Merecen que lo acuchillen y lo dejen desangrandose como cerdo en matadero, mierda.

    Besos!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s