Capítulo 23

 

No podía estar seguro de haber despertado o si seguía sumido en la peor de sus pesadillas. Las rodillas se le quebraron y sintió que las fuerzas le abandonaban. A duras penas pudo sostenerse, mientras el dolor de cabeza se volvía tan intenso que tuvo que cerrar los ojos.

Toda su vida la pasó nadando contra la corriente, intentando sobrevivir solo a la más cruda realidad y ya estaba harto de aferrarse a la esperanza de que algún día todo iba a cambiar. Nada iba a ser diferente, nunca iba a salir, nunca iba a tener una vida mejor, nunca nadie lo iba a querer a su lado ni tratarlo como a un ser humano.

Tanto nadar toda la noche, para ahogarse en la orilla. Puso la última y más pequeña de sus esperanzas en Luka. Pensó que podría tener una vida distinta, pero no fue más que una ilusión y fue un idiota por darles cabida. La oscuridad empezaba a envolverlo y Noel solo quería abandonar ese mundo.

Tenía que ser una broma del destino, un chiste cruel.

¿Acaso no te da risa todo esto?
No te das cuenta de las cosas, Toto perro pulgoso.

No soy un perro.
Díselo a tu amo entonces, Toto.

Ese no es mi nombre.

«Toto. Ven aquí Toto, mueve la cola Toto. Buen chico, Toto cachorro obediente.»

No sigas con eso…


Siempre has querido tener un techo sobre tu cabeza y un plato de comida. ¿No? Ahora lo tienes, Toto. No tienes nada más que hacer que cerrar tu maldito hocico y obedecer. Es tan fácil que hasta un puto feo como tú lo puede hacer.


¿Esto es lo que quiero?

Claro que sí. Techo, comida y de cuando en cuando, tu amo te va a rascar la panza, si te portas bien.

¿Y Luka?

Ahí está, frente a ti. Si te portas bien, quizá tu amo te deje jugar con él. ¿Ves? ¿Qué más puede pedir un perro callejero como tú? ¿Acaso pensaste que merecías algo mejor? 

No…

Que tonto eres, de verdad… ¿Recuerdas esa vez en el Parque Central? Toda esa gente paseando a sus perros.

Yo solo quería acariciar a uno de ellos, uno blanquito que tenía su pelo, como espuma.

Y la dueña no te dejó acercarte. No quería que le pases tus pulgas.

Yo sólo quería acariciar su pelo.

Hasta el perro tenía ropa puesta, mientras tú temblabas de frío. No espera, la mejor parte fue cuando la dueña le empezó a dar pedacitos de…

Jamón, cada vez que hacía un truco.

¡Ese perro comía mejor que tú! Solo los perros finos tienen esa suerte. Tú eres un perro feo, cruzado y de la calle. Pero mira…No todo es malo. Ahora tienes un amo Que se hace cargo de ti.

Es un demente.

Es tu amo, perro idiota. Claro que ahora con Luka presente…

Déjalo fuera de esto.

Date cuenta, estúpido. Luka es un perro fino. Míralo a él, con ese cuerpo de modelo de revista y mírate tú. Eres horrible, todo flaco, lleno de cicatrices. No te asombres si tu amo se deshace de ti y se queda con él.

Esto no puede estar pasando. ¿Cómo llegó Luka aquí?

¿Ves que eres estúpido? Es tu culpa…

—¡Toto!

La voz de Tin Man lo sacó de sus pensamientos. Asustado, se encorvó sobre el suelo, incapaz de seguir mirando hacia donde se encontraba su amo, al lado de Luka.

Era él, no estaba soñando. Era Luka, eran sus ojos de diferente color. No podía equivocarse, era él.

El fotógrafo estaba desnudo y sujeto a una cruz de madera, con gruesos grilletes de cuero en los brazos y piernas. Respiraba agitado bajo un bozal de cuero que le cubría la mitad del rostro y lo miraba fijamente.

—¿No te gustó la sorpresa que te preparé?

Toto tembló, su amo quería una respuesta y no podía dársela, Si abría la boca sería para gritar hasta quedarse sin voz o sin cuerdas vocales, lo que sucediera primero.

Tin Man pasaba los dedos sobre el pecho de Luka, como si éste fuera un objeto precioso y tuviera miedo de dañarlo si lo tocaba. El fotógrafo se erizaba al contacto y cuando el demente de su amo empezó a acariciarle el rostro, sin duda le hubiera lanzado una dentella, pero tenía el bozal puesto.

—Tal parece que estás empeñado en desobedecerme, Toto. Te hice una pregunta y no he escuchado una respuesta de tu parte.

Noel asumió su posición de sumisión y con la frente sobre el suelo, sacudió torpemente las caderas, sintiendo como la cara le quemaba de vergüenza. Luka estaba ahí, frente a él, observándolo todo.

—¡Sentado!

Tin Man se acuclilló a su lado y le acarició la cabeza con cierta ternura. Podía sentir sus dedos surcándole la cabellera y cerrándose en un puño. Le dio una buena sacudida y consiguió que suprimiera un quejido.

—Tienes que darle el ejemplo a mi nueva mascota. —le susurró en el oído. —No querrás que Luka sufra las consecuencias por no saber comportarse. ¿O sí, Toto?

—Woof

Respondió apresurado sintiendo como torcía el puño sobre su cabello. Dolió sí, pero no fue nada en comparación con el efecto que tenían sus palabras.

Tin Man sabía de la existencia de Luka. ¿Verdad?  Estuvo presente en la Galería, era él a quien vio en ese evento, no fue su imaginación como creyó en un momento. Devan se lo confirmó, al mostrarle la foto donde estaba al lado de Luka, los dos juntos, en medio de todos esos invitados, las fotos y las luces.  Después de todo, sí tenía la culpa de la situación en la que se encontraban. El darse cuenta dolió más, que todo el daño físico que el demente de su amo podría llegar a hacerle.

Quiso gritar, retorcerse, cavar un hoyo con sus propias manos y esconderse dentro para nunca más salir. Tin Man tomó la cadena que colgaba de la argolla de su collar y lo empezó a arrastrar por el suelo.

Toto intentó controlarse y no usar sus manos, para aliviar la presión sobre su garganta. La piel bajo el collar, le ardía, pero aguantó en silencio.

Por fin se detuvieron, al lado de la cruz que sostenía a Luka. Toto se desplomó a los pies de su amo, frotándole encima su rostro enrojecido por la falta de oxígeno. Tin Man no había terminado con él, lo supo apenas lo escuchó reír entre dientes. Al instante siguiente pudo sentir la suela de su bota, aplastándole la cabeza. Noel hizo un esfuerzo enorme para mantenerse quieto, soportando la dolorosa presión sobre su cráneo y mantuvo sus manos enguantadas sobre el suelo, quejándose con gemidos de animal.

—Oz. ¿Puedes ver lo obediente que es mi cachorro? Acepta el castigo que merece sin chistar.

Luka en cambio, se sacudió como si estuviera cubierto en llamas, peleando contra sus ataduras. Todo esfuerzo era inútil, solo que el fotógrafo no lo sabía.

—Ya lo he dicho antes. Me gusta ese espíritu, me gusta tanto.

Tin Man avanzó hacia Luka, con el movimiento cadencioso de sus pasos.

—Veo que dos días no han sido suficientes para enseñarte tu lugar. Quizá debo dejarte en esta cruz, por una semana entera—lo dijo a modo de ronroneo. —No puedo esperar a quebrarte en pedazos, Oz.

La mano de Tin Man reptó sobre su pecho, con la gracia de una serpiente, hasta detenerse sobre su garganta. Al parecer estaba disfrutando como su nueva mascota intentaba evitar que lo toque. Lo escuchó reír, mientras que, de un movimiento violento, extendía la palma sobre la garganta de Luka y la aprisionaba bajo sus dígitos.

—Oz es tu nuevo nombre, quiero que lo recuerdes bien. Eres mi mascota, mi propiedad. Solamente mío. Existes para servirme y complacer todos mis deseos.

Luka le devolvió una mirada feroz y hasta lo escucharon gruñir bajo el bozal de cuero.

Noel vio que el amo sonreía fascinado, mientras le ajustaba el cuello, a su nueva mascota.  Luka tensó los músculos, tanto que los podía verlos dibujados bajo su piel. Intentaba pelear contra las ataduras, pero la asfixia mermaba sus energías.

Las dos manos sobre la garganta del fotógrafo y Tin Man sonreía con todos los dientes afuera, disfrutando como la voz de Luka se apagaba. Los ojos disparejos se le inyectaron y Noel los vio brillar inundados de lágrimas. Pero no bajaba la mirada, Luka la mantenía fija y desafiante.

—Va a ser muy divertido domarte. Realmente una delicia. ¡Lyon! —llamó Tin Man con su potente tono de voz.

Noel casi había olvidado que el pelirrojo se encontraba presente. Giró el rostro y lo vio levantarse de donde estaba arrodillado y acercarse atento a las órdenes de su amo.

—Oz necesita un baño.

Lyon se puso de pie de inmediato, para cumplir los deseos de su amo. Tin Man retrocedió un par de pasos y se detuvo al lado de su cachorro para observar a Lyon trabajar y a Luka desplomarse sobre éste, apenas le soltó ambas manos.

El fotógrafo debía estar exhausto, si había estado en esa misma posición, suspendido de esa cruz por dos días, como dijo Tin Man. Pero apenas se recuperó un poquito, sus ojos de dos colores, buscaron los suyos, y por un instante casi olvidó la situación en la que se encontraban. Dos semanas, musitó una voz en su mente, burlándose de él y una punzada de tristeza le pegó en el pecho.

Lo que sucedió a continuación, fue algo que no esperaba. Luka tomó a Lyon de los hombros y le aplicó un cabezazo en la frente. El pelirrojo sacudió la cabeza, aturdido y el fotógrafo aprovechó su desconcierto, para conectarle un rodillazo en el estómago. Consiguió derribar a Lyon y al segundo siguiente, embistió a Tin Man. Con el impulso que llevaba, consiguió arrinconarlo contra la pared más cercana.

Noel se quedó en una pieza, mirando como todo se desenvolvía frente a sus ojos.

—En definitiva, va a ser todo un placer domarte Oz. —exclamó el demente de su amo, reponiéndose de inmediato.

Albino hijo de puta, murmuró Luka dentro del bozal y retrocedió tambaleándose para atacarlo como un toro bravo. Pero a mitad de camino, la vista se le nubló y estuvo a punto de caer de rodillas.

—¿Acaso te sientes mal Oz? —le preguntó el albino demente, con esa sonrisa socarrona que le iba a arrancar de la cara. —¿Mareado quizá?

Estuvo tentando de responderle con un par de groserías, pero una ola de nausea lo detuvo. Sin duda se encontraba muy débil, por todo el tiempo que se encontró amarrado contra esa cruz de madera. Luka intentó embestirlo de nuevo, pero el albino fue más rápido y lo estrelló contra la pared.

—Tenía pensado jugar con Toto antes de empezar a entrenarte. —Le susurró en su oído y pudo sentir su aliento tibio acariciándole la piel. —Pero debo darte el crédito Oz. Eres irresistible.

Luka se retorció dentro de su propia piel e interpuso una rodilla entre ambos, intentando aplicarle un golpe, para crear distancia entre su cuerpo y el del albino. Lo consiguió, pero antes de poder celebrar su victoria, recibió una bofetada, que lo derribó al suelo.

—Solo quiero empezar a domarte. —le dijo el demente y lo vio recorrer la sala en la que se encontraban.

Regresó a su lado, a los pocos segundos y tenía en sus manos una delgada fusta para caballos.

—De pie, Oz. No me hagas repetírtelo.

No, si Luka no pretendía quedarse a sus pies. Se incorporó, apoyándose a la pared, pero Lyon llegó enseguida a asistir a su amo. Hizo que se levantara y lo sujetó por la espalda, apretando sus brazos.

—Tienes un buen tono muscular. —le dijo el albino, recorriendo su pecho con la punta de la fusta de cuero, bajando por su vientre, haciendo espirales sobre su ombligo. —Puedo notar a simple vista que cuidas mucho tu cuerpo. Tu piel es muy suave y está muy bien hidratada. Eres un formidable ejemplar, Oz.

Le recorría la carne sensible de la entrepierna, arañándola hasta llegar a rozar su sexo. Luka se retorció asqueado al contacto. La mano que acababa de acariciar la base de sus testículos, se cerró sobre estos. El dolor que subió por su espalda, fue el equivalente a millones de agujas calientes, escalando hasta su cerebro.

—Sería una lástima que tuviera que arrancarte algo más que esa voluntad—un murmullo tétrico brotó de la garganta del albino, mientras seguía hundiéndole los dedos con saña. —Aunque si faltaran partes de tu cuerpo, no dejarías de ser atractivo.

Lanzó una carcajada, sin dejar de atormentarlo al borde de las lágrimas.

—De ser así, vas a parecer un juguete hecho de plástico brillante y liso. Un auténtico muñeco «Ken.»

Sin duda era el chiste de su vida, pero a Luka no le hizo la menor gracia y se mantuvo firme, sin bajar la mirada, a pesar del dolor.

—No puedo esperar para destruirte poco a poco Oz, hasta tenerte a mis pies, arrastrándote y suplicando. Pero primero necesito asearte, luego podemos empezar por la disciplina básica. ¡Lyon!

El maldito albino dejó de reír por fin y le hizo una seña a Lyon, quien lo arrastró hacia un cuarto contiguo. Para su buena suerte, solo era un baño, con una tina amplia, contra la cual el pelirrojo, lo estrelló sin compasión.

El dolor en su frente fue abrumador. Luka se apoyó contra la orilla de la bañera, intentando ponerse de pie, cuando vio que el albino venía tras ellos, con Noel a su lado.

Todavía resentido por el golpe, intentó alcanzar a Noel, pero con el maldito pelirrojo vigilándolo como un buitre, le fue imposible.

Lyon lo tumbó contra el suelo y sujetó de los hombros, como lo haría un perro a otro. Al tenerlo tan cerca, pudo ver en los ojos ambarinos y alargados, del pelirrojo. El nombrecito le quedaba perfecto, tenía rasgos felinos y el cabello rojizo alborotado y crecido sin duda le daban la apariencia de un león en cautiverio, miserable y patético. Hubiera hecho un comentario cruel al respecto, de no haber tenido un bozal puesto. Sin embargo, fue la expresión ausente, en esos ojos amarillos lo que lo perturbó. Completamente desiertos.

El breve contacto de ambos se deshizo, porque Lyon se arrodilló frente a su «amo y señor».  Ese demente lo sujetó del cabello e hizo que se levantara con brutalidad. Luka intentó resistirse, pero eran dos contra uno. Lyon se apresuró a sujetarle las manos, antes que pudiera usarlas para resistirse y las aprisionó sobre su espalda con los grilletes.

Arrodillado sobre el suelo, con el cuerpo doblado contra la tina de agua, las manos atadas sobre su espalda, Luka nunca se sintió tan vulnerable.

—Te voy a retirar el bozal, Oz. —Anunció el albino hijo de puta, con la maldita risa que le crispaba los nervios.

Luka pudo sentir sus manos deshacerle las correas del bozal y supo que tenía la piel lacerada por el material áspero. Por fin podía respirar de nuevo. Una vez la pelota de goma abandonó el espacio entre sus dientes, fue un alivio tremendo. Abrió la boca resoplando agitado y no se ahorró un gruñido amenazante.

—Ni lo pienses—advirtió el albino sonriendo como demente. —Los perros que muerden pierden los dientes.

Antes de que pudiera responderle como se debe, Lyon se adelantó. En definitiva, estaba soñando y era una horrible pesadilla. Nada más que un mal sueño, podía producir la imagen que tuvo en frente.

Las encías peladas de Lyon le abrieron un abismo en el estómago. Al verle los labios levantados, pudo ver toda clase de laceraciones, ya cicatrizadas dentro de la boca, pero igual de desagradables. Involuntariamente Luka, se retorció dentro de su piel.

—Solo un gentil recordatorio, en especial para ti Oz. —Con una mano le sujetó la barbilla, mientras que con la otra le acarició los labios, separándolos para tocarle los dientes. —Sería una tragedia, dañar un rostro tan agraciado como el tuyo.

Luka tuvo la necesidad de arrancarle el pulgar de un mordisco y escupírselo en la cara. No se resistió, entreabrió ambas filas de dientes y los cerró sobre la yema del dedo, mirándolo con desdén. El demente le sonrió y lo que siguiente que supo es que tenía la cabeza hundida en el agua fría.

Gritó por reflejo, bajo el agua e intentó sacudirse la presión que lo sumergía. No sabía quién era, si Lyon o el albino o ambos, pero no tenía modo como liberarse. Luka entró en pánico, porque lo iban a ahogar en una maldita tina de baño. No quería terminar sus días de ese modo. Esperaba en cualquier momento se le apareciera el túnel de luz, el recuento de su vida o algo, pero no sucedió. De pronto le sacaron el rostro del agua y pudo respirar de nuevo. Apenas fueron unos segundos en los cuales pudo llenar sus pulmones de oxígeno y lo sumergieron otra vez.

La desesperación por liberarse fue tanta, que el dolor que le provocaban los golpes que recibía en la espalda, pasaron a segundo plano.  La fusta caía sobre su piel sin piedad, mientras que su rostro seguía bajo el agua y no podía escapar de ninguno de los suplicios.

No iba a poder salir de ese lugar, no iba a poder rescatar a Noel de las manos de ese sádico. Iba a morir, estaba seguro de ello.

De pronto las manos que lo aprisionaban, cesaron la presión sobre su cráneo. Luka cayó de bruces contra el suelo de cemento, tosiendo y retorciéndose en busca de oxígeno.

—¡Oz, sentado!

Le ordenó y si hubiese tenido fuerzas para responderle, lo hubiera hecho. Luka se arrastró apenas, huyendo de él. El dolor de los golpes que recibió momentos antes, empezaba a ganar terreno sobre sus sensaciones.

El demente le puso el pie sobre la espalda, frotando la suela sobre la piel lastimada. Luka dejó escapar un gemido mínimo y se sintió aún peor. No iba a dejarlo ganar, no le iba a dar gusto, se tragó las ganas de gritar, cuando lo empezó a pisotear, ensañándose con las magulladuras que le acababa de producir, frescas y ardientes.

—¡Siéntate!

Repitió, pero Luka lo ignoró completamente. Tumbado sobre el suelo, giró apenas para mirarlo desafiante. Apretó los labios, rechinó los dientes, pero no dijo una palabra de protesta.

El albino le sonrió, apenas quebrando la línea de sus labios. Levantó la fusta en el aire y no, Luka no tenía miedo. No le importaba que lo golpeara, podía resistirlo.

Apretó los dientes, incluso cerró los ojos para esperar el golpe, pero este no llegó. Solo percibió el sonido de un quejido de animal y ello lo lastimó como nada podía hacerlo.

Era Noel quien se encogía en el suelo y tenía un surco encendido sobre la espalda. El maldito albino acababa de golpearlo y Luka sintió el dolor en carne propia. A tiempo recordó no hablar, porque si lo hacía, seguro se iba a desquitar con el chico. De un salto se incorporó y torpemente se arrodilló en el suelo. De no haber estado atado y con Lyon vigilándolo, se le hubiera lanzado encima.

El muy maldito no se detenía. Noel se retorcía en el suelo, gimoteando como un cachorro. No pudo más, intentó levantarse para embestirlo de nuevo, pero Lyon lo sujetó firmemente.

—¡Déjalo en paz cobarde! —gritó Luka con toda la fuerza que le quedaba. —Maldito demente de mierda.

El albino se detuvo y su rostro pálido como la luna, se contorsionó en algo que se alejaba de lo humano. Los ojos le centellaron de ira y apretó tanto la fusta de cuero, que crujió entre sus manos.

—¡Cobarde! Desátame y enfréntame de hombre a hombre. ¡Hazlo!

Perdió el control, sabía que iba a terminar mal, pero no le importaba. No iba a vivir arrodillado frente a ese maldito enfermo mental. No iba a pretender ser su mascota, así lo matara a golpes. No iba a dejar que vuelva a tocar a Noel. ¡Nunca más!

Enervado y gruñendo, intentó sacudirse a Lyon de encima y pudo notar que éste, se encontraba tan pasmado como su amo. Noel en cambio no lo miraba, sino que seguía encorvado sobre el suelo temblando. Si ese sujeto lo volvía a tocar…

—Los perros no hablan. — El albino arremetió contra él y lo tomó del cuello para levantarlo a su altura.

—No soy un perro. —le respondió Luka con lo que le quedaba de voz.

—Eres mi perro y mi nuevo proyecto de doma. —Continuó el albino acortando más la distancia entre ambos, haciendo que sus labios chocaran. —Esto va a ser la mar de entretenido.

Luka estaba consciente de lo que iba a hacer y que habría consecuencias, pero las asumiría como un hombre. Si ese demente pensaba estrangularlo, que lo hiciera. Prefería morir en sus manos a tener que vivir a sus pies. Así que con lo que le quedaba de aliento, retrocedió y le escupió en la cara.

Lo siguiente que sintió, fue un dolor agudo en la boca del estómago. Luka se dobló de dolor, odiándose por su debilidad, pero el albino lo tomó del cabello e hizo que se enderece.

—No sabes cuánto me gusta que te comportes así. Me fascina. Cuánto más te resistas, más placer me va a dar domarte.

Otro golpe en el mismo lugar y Luka cayó sobre sus rodillas y palmas. La punzada caliente de un latigazo lo hizo arquearse. Sin aliento, sin fuerzas, dolorido por la lluvia de golpes que estaba recibiendo, se forzó a tragarse sus gritos. Apretó los labios, los dientes, cada uno de sus músculos para resistir.

Al detenerse vio la oportunidad para desafiarlo de nuevo. Le mostraría que no lo iba a doblegar, levantó los ojos y se topó con el color gris de una navaja mirándolo con lujuria. Luka pudo verle, pintado en el rostro cuan excitado estaba.

—Toto. —llamó y el tono de su voz era espeso.

No, no, no, gritó en silencio. Intentó incorporarse, pero Lyon lo contuvo en su sitio. Arrodillado a merced del psicópata y su leal sirviente, solo pudo ver como Noel obedecía.

El maldito albino se bajaba la bragueta para liberar su erección y empezó a acariciarse.

—Observa y aprende, Oz. —la voz sedosa del demente le elevó el grado de rabia. —Así es como se comporta una buena mascota.

Vio como hundía una mano en el cabello castaño de Noel y le presionaba el rostro contra su entrepierna.

—Es muy talentoso. ¿No? Entrenado a conciencia para complacer en todos mis deseos.

El chico se estaba ahogando, lo escuchaba sollozar y a ese imbécil no le importaba. Depravado de mierda, pensó Luka y ya no podía seguir mirando como usaba a Noel, como si fuera un juguete.

—Esto es obra tuya, Oz. —le dijo apenas quebrando los labios. —Toto le debes a Oz la invaluable oportunidad de ser útil y complacer a tu amo.

Luka abrió la boca para protestar y Noel recibió un golpe de fusta, que lo hizo saltar en su sitio. Pero no se detuvo, siguió con lo que estaba haciendo.

—¡Pobre Toto! Parece que a Luka no le importa lo que te pase. Cada vez que desobedezca, será el cachorro quien va a recibir el castigo.

Luka tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para callarse la boca y de haber tenido las manos libres, se hubiera arrancado también los ojos, para no seguir presenciando el espectáculo.

—Sigue así Toto. —le golpeó el hombro con la fusta, muy suavemente. —Buen chico.

No estaba dispuesto a rendirse, a pesar de saberse perdido. Cerró los ojos y pensaría luego el modo de escapar de manos del demente, ahora tenía que concentrarse en que deje en paz a Noel.

—Te dije que observes Oz. —y le plantó otro golpe al chico. —Mira bien como tu adorado Noel, «tu inspiración más reciente» complace a su amo.

¿De qué estaba hablando?

—Esas fueron las palabras que usaste mientras pavoneabas de la mano de mí mascota, por todo aquel ridículo evento del cual recibí una invitación.

Quizá era el agotamiento o la tensión, no lo dejaban pensar con claridad. ¿Cuándo lo vio de la mano con Noel? ¿Acaso los estuvo espiando?

— No sabría cómo agradecer la oportunidad que me brindaste, Luka Thompson, de asistir a tan sofisticado evento. Insulso por demás, colmado de cretinos dándose ínfulas de conocedores de arte. ¿Arte he dicho? Como si un conjunto de fotografías pudiera traducirse en arte. Un total absurdo.

Un momento después, todo cobró sentido. La Galería, él estuvo presente en la inauguración, entre el resto de sus invitados, confundido entre la gente. Maldito sea, ese sujeto se alimentaba de su frustración. Acababa de verlo sonreír.

—¿Qué sabe una bestia como Oz acerca de arte? —Musitó mientras liberaba a Noel. —Está visto que nada. Sin embargo, yo me voy a encargar de enseñarte a ser útil.

Luka ignoró sus comentarios, porque acababa de liberar a Noel. Vio que el muchacho tosía débilmente y peleaba por recuperar el aliento.

—Pero eso será en su momento. Lyon, lleva a Oz a su jaula especial. Yo iré a jugar con mi cachorro.

Anunció el albino sonriendo sugestivo y Luka abrió la boca para gritarle hasta de que se iba a morir. Se descuidó porque una mordaza se introdujo entre sus labios y recién notó que despedía un aroma extraño que le provocaba nauseas instantáneas. Era algún tipo de droga, que de pronto lo adormecía.

Alcanzó a ver como aquel demente tironeaba del collar de Noel y se desplazaba con el chico hacia la puerta. Desesperado, gritó de rabia bajo el bozal, contorsionándose sobre el suelo. Lyon lo contuvo y le acabó por atar las piernas a los grilletes de las muñecas. Le cubrió los ojos con una venda de cuero y perdió el control que le quedaba. Se retorció miserable y aterrado, mientras sentía que era arrastrado sobre el cemento helado.

No podía moverse, no podía ver, ni hablar, tan solo escuchar el sonido de una puerta abriéndose. No debió contar con ello, porque en seguida le introdujo algo dentro de los oídos, que no supo identificar. Vacío se abrió bajo su cuerpo y cayó no muy profundo. Era un espacio reducido y sus piernas atadas encontraron en seguida los confines. Entonces supo que era un hueco donde lo dejaron.

Luka gritó, pero no pudo escucharse, no podía ver, moverse, ni siquiera oler nada más que el narcótico que le aplicaron al bozal. Golpeaba con desesperación las paredes que lo constreñían. De pronto sintió su rostro mojado y supo que estaba llorando. Lo único que le dio cierto alivio, es que en ese agujero donde estaba atrapado, nunca nadie lo sabría.

***

Despertó quizá. No, tal vez seguía durmiendo. Atrapado dentro de su propio cuerpo, privado de todos sus sentidos, intentaba conservar la cordura contando despacio. Perdía la cuenta al llegar a mil y entonces volvía a empezar. Cuando se le acabaron los números, empezó a pensar en que nunca saldría de ese lugar.

Tenía que reconocer que fue un idiota. Debió tener más cuidado cuando fue a buscar al gorila de Devan, jamás meterse en la guarida del imbécil ese de Müller y menos bajar la guardia delante del albino.

No podía recordar su nombre. No estaba seguro si Müller lo mencionó. Daba igual, saber el nombre de aquel depravado no iba a cambiar las cosas. Sólo sabía que cuando despertó estaba   a oscuras, amarrado en la cruz de San Andrés y con ese asqueroso bozal cubriéndole la mitad de la cara.

Luka empezó a fantasear en cómo iba a acabar con ese sujeto. Cuando saliera de ahí iba a saltarle encima y arrancarle la maldita sonrisa con sus propias manos. Se las iba a cobrar todas, por encerrarlo en ese hueco, por amarrarlo en esa cruz, por intentar ahogarlo, por azotarlo con la fusta. Lo cual lo llevó a la siguiente fantasía y empezó a pensar en cómo sería su rescate. Porque alguien tenía que ir a buscarlo. Sería Amy, sin duda.

Claro que tenía que recordar que Amy era tan terca como él y antes de separarse, habían peleado. ¡Maldición! Una de dos, o ella lo estaba buscando hasta debajo de las piedras o simplemente no sabía de su desaparición. No podía saber cuánto tiempo había pasado desde que estaba encerrado en esa maldita caja.

Quizá pasó una semana, un mes, un año. De nuevo sentía que se desesperaba. ¿Y si el albino decidía dejarlo podrirse en ese lugar hediondo? No podía saber si olía mal o no, pero estaba seguro que no a flores.

El dolor de su cuerpo era lo único que le recordaba que seguía vivo. Tenía las piernas flexionadas dolorosamente, sus tobilleras vinculadas con los grilletes de sus muñecas atadas sobre su espalda. La piel le ardía por tanto pelear contra sus ataduras y como si fuera poco, los muslos le escocían por la orina pegada de quien sabe cuántos días. Un dolor de cabeza que se la partía en dos, el estómago se le convirtió en un nudo y ya hasta se le olvidaba el sabor de la comida.

Miserable, se rindió dentro de esa situación tan deplorable. Dormía por ratos y ya ni sabía si seguía despierto. Atrapado no solo en un espacio cerrado, si no dentro de su propia mente.

Noel. Dolía más recordar a ese saco de huesos y sus ojos aterrorizados. Pensándolo bien, se merecía todo lo que le estaba pasando. Fue un completo idiota al pensar que el chico disfrutaba todo eso. La primera vez que le vio los moretones en el cuerpo, no le prestó demasiada atención asumiendo que eran gajes de su oficio.

La segunda vez, cuando le vio las laceraciones en la espalda, hechas por la fusta de ese maldito albino…Trató tan mal a Noel en esa ocasión. Que ciego estuvo, que imbécil fue al no darse cuenta a tiempo.

Noel nunca le explicó la situación en la que se encontraba, ni siquiera le mencionó cuan dolorido estaba. Siempre calló y eso, maldita sea, eso lo estaba volviendo loco.

Lágrimas calientes brotaban de sus ojos irritados. No podía regresar el tiempo, pero sí iba a redimirse. Cuando salieran, porque iban a salir de ese lugar como diera lugar, iba a llevarse a Noel y no habría fuerza en el mundo que los separe. Los deseos de verlo de nuevo lo carcomían, apenas estuviera frente a él iba a saltarle encima y no dejar que nada malo le vuelva a ocurrir.

Para eso tendría que recordar mantener la boca cerrada y obedecer en todo a ese enfermo mental. No. No podía dejar que lo doblegue, así como no podía permitir que vuelva a lastimar a Noel, a tratarlo como si fuera un animal.

No Luka, no puedes rendirte ahora. Repetía en su mente para darse fuerzas. ¿Así se sentía Noel? ¿Con esa desesperación y temor? ¿Por qué no lo notó antes? ¿Por qué estuvo tan ciego?

Era un ciclo de culpa, de odiarse por su supina estupidez y arrepentirse, para planear su venganza y empezar de nuevo. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cuánto tiempo le iba a tomar morirse de inanición?

Entonces empezaba a gritar sin voz.

No supo si estaba dormido o si ya había despertado de esa pesadilla. Empezó a sentir, de nuevo. El contacto de manos asiéndolo y levantándolo, arrastrándolo por el suelo frío.

Pasaron unos minutos, quien sabe, quizá fueron horas en las que yació en esa misma posición, No podía saberlo, sólo sintió un torrente gélido bañándolo. Fueron tres veces, las contó bien.

Dejó de moverse y gritar bajo el bozal. Le desataron las manos y le soltaron los pies, pero no se inmutó. Agotado era la palabra que buscaba, no derrotado. Cuando le quitaron la venda de los ojos, casi no podía abrirlos. Tenía los párpados inflamados y cubiertos de legañas. Asustado se retorció sintiéndose ciego. Sintió manos moviéndose alrededor de su rostro, soltando las correas alrededor de su cabeza para finalmente retirar el bozal.

Luka tomó una bocanada de aire y se encogió sobre el suelo.

Poco a poco la visión le regresó y descubrió que era Lyon quien le ayudaba a incorporarse. Ahora se encontraban en el cuarto de baño y al parecer estaban solos.

Al ver la tina llena de agua, estuvo a punto de lanzarse a beberla. Tenía la garganta seca y pudo percibir su propio olor. Sintió nauseas violentas y escupió algo de bilis. Lyon no le prestó demasiada atención y le ayudó a ingresar a la bañera. Se abandonó en el agua tibia y una vez dentro, estiró su pobre cuerpo tullido. Apurado, bebió del líquido que lo rodeaba y volvió a toser hasta ahogarse.

Una vez calmó su sed, cerró los ojos para olvidarse que seguía desnudo, indefenso y tenía al fiel sirviente de ese psicópata custodiándolo.

—Yo me puedo bañar solo.

Anunció y le arrebató al pelirrojo la esponja que acababa de humedecer. El pelirrojo lo miró severo e hizo una seña con el índice para que se callara. Sorprendido estuvo a punto de replicar con una grosería, pero la expresión en el rostro rígido de Lyon lo detuvo.

Vio que se retiraba el collar del cuello y Luka no estaba preparado para la imagen que vio. Un agujero en medio del cuello del pelirrojo, abierto y repugnante. Nausea fue lo que provocó, antes que miedo. No tenía nada en el estómago más que el recuerdo del hambre y algo de bilis.

Lyon se colocó el collar en su lugar y recuperó la esponja que Luka abandonó.

—¿Ese enfermo te hizo eso?

No se pudo contener, aunque la respuesta era más que obvia. Lyon asintió, pero repitió la señal anterior para que se mantuviera en silencio.

—Mierda. — murmuró Luka y decidió abstenerse de hablar.

Se dio cuenta que acababa de emitir sonidos y repitió la misma palabra en silencio. Lyon quebró los labios y sí casi le pareció que fue una muy tenue sonrisa.

—Lo siento— le dijo a Lyon, solo moviendo sus labios.

Vio que el pelirrojo asentía a modo de respuesta, pero sin detenerse en su labor de bañarlo.

¿Dónde estamos? —le preguntó sin voz.

Pero Lyon negó esta vez.

¿Dónde está Noel?

No recibió ninguna respuesta, solo la esponja frotándole una pierna y supo que era mejor no insistir. Entrecerró los ojos, disfrutando el baño, agradecido por estar por fin fuera de ese agujero. Nunca antes reparó en la importancia de poder ver, oler, respirar, disfrutar de algo tan simple como un poco de agua rodeando su cuerpo.

Pensaba de nuevo en su departamento y en la vida de príncipe que llevaba. Nunca faltó comida en su mesa, no recordaba jamás haber pasado hambre, tampoco haberse sentido tan asustado como lo hizo en su encierro. Nunca nadie le decía que hacer, siempre tuvo sirvientes a su lado quienes atendían sus caprichos. No tenía la necesidad de hacer nada por sí mismo, siempre había alguien para atenderlo. Siempre.

Le arrebató la esponja a Lyon, en una lucha interna y silenciosa por recuperar el poquito de dignidad que le quedaba. Frotó sus propias piernas y las encontró magulladas. Las tobilleras le descarnaron la piel y escocían al contacto con el jabón. Sentía aún el dolor por los latigazos que recibió en su espalda, pero era un malestar de tantos otros que casi no le prestó atención. Sus muñecas se encontraban en las mismas condiciones que sus tobillos, no quizá aún peor.

Al llevarse la esponja al rostro pudo sentir que las mejillas le ardían también. El bozal de cuero le inflamó la piel. Le dolían las encías, los labios, incluso la lengua por tenerla apretada dentro de su cavidad bucal, gracias a la mordaza.

Terminado el recuento de sus dolores y penas, decidió que es lo que haría a continuación

Nos vamos ir de aquí, murmuró para el pelirrojo que miraba al vacío. Tú puedes venir con nosotros. 

Lyon se lo quedó mirando con su usual expresión estoica y Luka no obtuvo mayor reacción que una pequeña mirada de consternación. De un modo y otro, sintió cierta lástima por ese sujeto y su rostro impasible. A juzgar por las cicatrices que le plagaban el cuerpo, ese lugar no era más que un infierno para él también.

Estuvo a punto de continuar con la charla muda, pero de pronto vio que Lyon se agitaba. El pelirrojo jaló el tapón de la tina a toda prisa y abrió el grifo de una manguera. Agua fría sobre su pobre cuerpo dolorido y Luka estuvo a punto de gritar con todas sus fuerzas una fila de groserías.

Afortunadamente se contuvo. Lyon continuó bañándolo a prisa y Luka alcanzó a oír pasos acercándose.

—Veo que te estás comportando mejor, Oz. —Exclamó el psicópata ese apareciendo por la puerta, todo vestido de blanco, desde los zapatos, hasta la camisa que traía puesta. —Eso me complace.

Luka sintió que algo en el pecho se le agitaba, pero luego recordó su voto de silencio. Intentó ignorarlo, mientras los dientes le castañeteaban y trató de no evidenciar su malestar.

Lyon se lanzó al suelo a sus pies y Luka vio que el demente le hizo una señal para que terminara su trabajo. El pelirrojo obedeció y el baño fue bastante breve.

—Ven aquí Oz, tengo algo para ti.

Luka tuvo la necesidad de escupirle un par de veces, pero se contuvo. A duras penas se puso de pie y Lyon le tuvo que ayudar a salir de la tina, por lo débil que se encontraba.

Una vez fuera, cayó sobre sus rodillas y palmas porque ya no podía sostenerse. Chorreando agua y temblando, parecía un pobre perro enfermo, a merced de un amo cruel.

—Te di una orden Oz, no la voy a repetir.

Vete a la mierda, masculló con la cabeza gacha y se arrastró torpemente, hasta quedarse donde el tipo lo quería.  Le costó mucho trabajo mantenerse firme, porque casi no podía con el peso de su cuerpo.

—Buen chico, Oz.

Odió el tono de su voz, casi tanto como sentir su mano acariciándole la cabeza. Instintivamente quiso evitarlo, pero los dedos del albino lo atraparon del cabello.

—¿A dónde vas? Te dije que tengo algo para ti, maldito animal.

Lo golpeó en las costillas y Luka cayó sin saber si podría levantarse de nuevo. Lo hizo, sin embargo, cortesía de aquel sádico quien lo levantó del cabello y lo regresó a su posición anterior.

—No te mereces el regalo que tengo para ti, perro estúpido.

Era un collar de cuero negro, hebilla ancha, una placa redonda colgaba de una argolla con una inscripción que decía Oz. Además de un aditamento extra, pero no le dio tiempo de observarlo. Aquel demente se acuclilló para colocárselo. Lo ajustó más de lo que debía y de inmediato sintió como las orillas ásperas le arañaban la piel de la garganta. Le acomodó el collar para que la placa quede colgando hacia adelante y la pieza sospechosa firmemente colocada sobre su nuca.

—Ahora eres oficialmente mi mascota. —exclamó divertido. —¿No te gustó tu sorpresa Oz? Mueve la cola para tu amo.

No, pensó Luka y se encogió, húmedo y patético. Lo siguiente que supo fue que se retorcía sobre el suelo por culpa de una descarga eléctrica que acababa de recibir.

—Mueve la cola, Oz.

Otro toque de electricidad con epicentro en su nuca, irradió una onda de dolor en todo el resto de su cuerpo.

—¡Funciona de maravilla! Es un collar eléctrico para entrenar mascotas desobedientes Lo estuve probando con Toto, para regular el voltaje. No tienes idea Oz, de lo resistente que es ese cachorro.

Exclamó ese sádico, complacido al verlo temblar sobre el suelo. Si antes tuvo fuerzas para desplazarse hacia él, la sacudida eléctrica acababa de quitárselas.

— Vamos Oz, que no es para tanto. Mueve la cola para tu amo.

Sacudió las caderas a regañadientes y muy torpemente. La dolorosa sensación no cesaba, al contrario, sintió que incrementaba el voltaje. Maldijo entre dientes y escuchó a ese demente reír.

—Buen chico, Oz. —sintió que el sujeto le colocaba una cadena en la argolla y le daba un tirón.

Volvió a desplomarse exhausto y dolorido como nunca antes.  Luka no tenía más energía para pelear, así que cuando sintió a Lyon moverse a su lado, no se resistió.

Dejó que le colocara unos guantes oscuros, como el que usaba Noel. Claramente la finalidad de ellos era que no pudiera usar sus manos, como un verdadero perro.

Otro tirón en su collar y el demente lo iba a asfixiar si seguía haciéndolo.

—Camina. Es hora de empezar con tu entrenamiento Oz

Le ordenó y Luka lo hizo. Se incorporó con la cabeza zumbándole, el cuerpo entero encendido de dolor y supo que no tenía otra opción que intentar seguirle el paso.

—Como verás, tengo un perro de trabajo, Lyon, un cachorro para jugar Toto y ahora tengo un perro de exposición.

No le estaba prestando atención, demasiado concentrado en gatear a su lado, al ritmo que le imprimía. Avanzaba a pasos largos y en cuatro patas, era muy difícil no rezagarse. Atravesaron la mitad de su mansión, lo que pareció varias millas. Ahora estaba cansado, famélico y dolorido. Cada uno de sus músculos gritaba por sosiego, pero no. No estaba en los planes de ese enfermo dejarlo descansar.

Entraron a una habitación que le recordó a un calabozo, de los cuentos infantiles que sus niñeras le leían, llenos de imágenes para que no se aburriera. Cuando era niño y soñaba en ser un rey para enviar a todos los villanos a los calabozos. Ahora él estaba en uno, en manos del ogro de la historia.

Las paredes eran grises, la cruz de San Andrés estaba al fondo y en una esquina un potro. Luka divisó una mesa a un lado y no quería saber para que la usaba, una estantería llena de juguetes sexuales y una serie de látigos de diferentes tamaños y formas. Lo peor fue quizá, la presencia de un sillón apostado contra la pared, que le daba una vista perfecta quien se sentaba, de lo que sucedía en esa habitación del horror.

Noel estaba presente y yacía dentro de una jaula pequeña, donde era más que imposible que estuviera, aunque sea un poquito cómodo.

Apenas se acercaron lo suficiente, Noel se levantó asustado y pudo cruzar la mirada con él por un breve segundo. El albino abrió el candado y lo dejó salir de su encierro. Luka sintió que moría al tenerlo tan cerca y no poder tocarlo.

Noel tenía el cuerpo cubierto de moretones que indicaban exactamente, lo que sucedió en su ausencia. Parecía que el demente lo tuvo atado con cuerdas y estas le quemaron la piel dejando un rastro por donde pasaron. El muchacho se tumbó a los pies de aquel demente, apoyando su rostro sobre sus manos enguantadas y las caderas levantadas, meneándolas como si fuese un perro real. Tenía una cola de goma, insertada en el cuerpo y Luka sintió que se moría.

—¡Sentado! —le ordenó y el chico apoyó las caderas sobre el suelo, dejando sus manos frente a sus rodillas flexionadas.

El albino sonrió complacido y le acarició el cabello de Noel. Luka intentó buscar los ojos azules que tanto le gustaban, pero Noel lo miraba como si no estuviera presente.

—Oz, sentado.

Debió pensarlo bien antes de actuar, pero era un estúpido y lo sabía bien. Demasiado orgulloso para recibir órdenes de nadie, a pesar de la situación en la que se encontraba. A regañadientes, luego de tomarse un tiempo para pelear consigo mismo y exasperar al enfermo ese, lo hizo. Luka se desplomó sin gracia alguna o intenciones de imitar los movimientos precisos de Noel.

El maldito albino no se perdió un detalle y hasta le sonrió el hijo de puta. Lo siguiente que el fotógrafo escuchó, fue un quejido de Noel.

—Toto, parece que Luka no tiene la capacidad de entender una premisa bastante simple. Si no se comporta, será mi cachorro quien sufra las consecuencias.

Noel volvió a ahogar un grito.

Maldita sea, pensó Luka, recordando a tiempo mantener la boca cerrada. Tensó los músculos, apretando los dientes para no ladrarle una tira de insultos al demente quien sostenía un control remoto en la mano.

—Será mejor que empieces a portarte bien. —le dijo el albino avanzando hasta la mitad de la habitación, riendo todavía. —Oz, ven aquí.

En esta oportunidad Luka obedeció con una pizca más de voluntad, pero todavía a los pies de ese demente, en cuatro patas y con la cabeza levantada, mirándolo desafiante. Recibió otro toque eléctrico de su collar y el dolor que recibió lo hizo ahogar un grito.

Heterocromía iridium, sólo el uno por ciento de los seres humanos nace con semejante particularidad. —continuó el albino, sin cambiar el tono burlón de su voz. —Predominante en animales como los perros…

Luka estuvo a punto de responderle, sintiéndose ligeramente ofendido al ser comparado con un can una vez más. El albino se acuclilló frente a él y pudo sentir su mano tibia sobre el hueso de su cadera, para luego reptar hacia su entrepierna.

—Eres fascinante Oz. Cuando termine contigo vas a ser un perro de exposición digno de admirar. Pero primero, lo primero. La postura es lo primordial. Levanta las caderas, mantenlas firmes. —y le dio un golpe en el muslo para que lo hiciera.

La misma mano que acababa de estrellarse sobre su carne, le recorrió su espalda, deteniéndose en el arco donde hundió un puño, para que las levantara aún más. Luego subió hacia sus hombros enganchándole los dedos, para que tense más los brazos. Se detuvo después en su cuello, levantándole el mentón y asiéndolo del cabello, para que su cabeza apunte hacia adelante.

— No es un perro sin su respectiva cola.

Luka ahogó un gruñido de humillación, imaginándose lo que vendría. Oyó los pasos de Lyon, pero no alcanzó a ver lo que le acababa de tender al maldito albino demente de mierda. 

Concluyó que no quería saber, pero lo haría de todos modos. El enfermo aquel le estaba palpando los genitales, mientras que lo sujetaba del cabello, para que mantuviera la cabeza firme.

—Separa más las rodillas.

Ordenó y le dio un apretón para reafirmar la orden. Luka obedeció, pero se le doblaron las piernas. Apretó los dientes al sentir el contacto de dedos sobre sus glúteos, hurgando en medio de estos, ingresando en su cuerpo.

—¡Quieto Oz! Deja que Lyon haga su trabajo.

Los dedos no abandonaron la labor de atormentarlo. Los sentía húmedos y ensanchando el músculo sin cuidado. El dolor no hizo más que prologarse a lo largo de su columna, irrigándole todo el cuerpo. No tomó mucho tiempo para que los dígitos partieran, dándole paso a un objeto duro y resbaloso, que fue insertado con más prisa de la necesaria y menos clemencia que los dedos.

Luka ahogó un grito y tensó el cuerpo. Las rodillas se le quebraron y aterrizó de bruces, a pesar de la amenaza del demente a su lado. Se sacudió como un caballo, intentado quitarse aquel objeto encajado en su cuerpo. Pero entre el maldito sádico y Lyon lo contuvieron contra el piso.

—Mucho mejor, pero aún falta un detalle.

No, ya no quería saber de qué se trataba. Humillado, miserable, dolorido, dejó que le colocaran en la cabeza unas orejas como las que Noel traía. Fue Lyon quien lo hizo incorporarse y Luka intentó resistirse, pero no pudo contra esos dos.

—¡Perfecto!

Concluyó el depravado y se puso de pie para admirar su obra. Luka hasta lo escuchó aplaudir, mientras luchaba por no moverse. De reojo pudo ver como el albino circundaba la habitación y regresó a su lado. Ahora tenía una vara larga y delgada entre manos que Luka la probó al instante. Recibió un golpe en las nalgas y no gritó, porque le dolió demasiado para hacerlo.

Lo escuchó reír y le dio un golpe más, esta vez en el reverso de las rodillas.

—Sentado.—ordenó.

Luka se desplomó, las caderas cedieron y sus brazos cayeron a los lados de su cuerpo. El dolor en sus glúteos lo hizo acuclillarse en seguida y esta vez dejó escapar un quejido.

Otro similar, pero con la voz de Noel no se hizo esperar y maldijo en silencio, regresando a su posición anterior.

—Ya estás aprendiendo Oz. Pero creo que necesitas una lección especial, una que no puedas olvidar.

A Luka no le gustó el tono del albino y era lo indescifrable de su expresión, lo que lo hacía más aterrador. No, no podía tenerle miedo, si dejaba que lo intimidara, ese demente iba a ganar.

—¡Lyon! ¡Quiero a Oz en la cruz, ahora!

Luka no pudo estar seguro de que fue lo que le preocupó más. Si la orden que acababa de darle a su leal sirviente, o el modo como Lyon lo miró. El vacío de antes desapareció y los ojos ambarinos del pelirrojo, se llenaron de tristeza plena.

Lyon lo tomó de la cadena y lo hizo gatear hasta la cruz en forma de aspa. Incluso le ayudó a ponerse de pie y le ajustó los grilletes sobre su cabeza e hizo lo mismo con las tobilleras.

El albino depravado observaba la escena, cómodamente sentado en un sofá de cuero oscuro y tenía a Noel consigo. El chico estaba arrodillado en el suelo, a los pies de ese enfermo mental, evitando levantar el rostro.

No, gritó dentro de su mente, presintiendo lo que estaba por suceder. Luka se agitó involuntariamente y las ataduras le recordaron que no iba a ir a ningún lado. Sin duda fue entretenido de ver, porque el asqueroso ese, sonrió divertido.

—Toto, ven aquí.

Noel le obedeció y se arrodilló entre las piernas separadas del albino. Ese demente se soltó los pantalones y las manos temblorosas del chico, le ayudaron a retirarlos de sus piernas.

Luka cerró los ojos con fuerza, negándose una vez más a aceptar la realidad.

—Oz, abre los ojos, quiero que mires bien. ¡Observa bien Luka!  Mira como me follo a quien fue tu amante.

Al escucharle mencionar su nombre no pudo seguir negándose. Lo miró con odio, con rabia inconmensurable. Si tenía que perder sus manos y pies, dejarlos en esa cruz por ir a sacar a Noel de sobre ese asqueroso, lo haría.

El albino sentó a Noel sobre sus piernas, mientras masajeaba su propio sexo. Luka se sacudió contra sus ataduras y los huesos de los hombros le saltaron.

—Toto, muéstrale a Oz lo que sabes hacer.

Noel le obedeció por supuesto y balanceó suavemente, dejando que ese bastardo lo penetrara. El maldito albino lo estaba lastimando, lo sacudía con violencia mientras lo sujetaba de las caderas. Luka no podía más, cerró los ojos, deseando desprenderse de todos sus sentidos. La voz de Noel, gimiendo de ese modo, lo estaba matando

—Levanta el rostro Toto. Quiero que Oz vea bien cuanto lo disfrutas. ¿Acaso tu adorado Luka te daba tanto placer, como tu amo lo hace?

Noel negó con la cabeza y lo escuchó gimotear. Tenía el rostro mojado de lágrimas y Luka se odió mucho más que antes. El albino le sujetaba el rostro, apretándole el mentón para que levante los ojos hacia donde él se encontraba. Cruzaron las miradas por fin y sus ojos se enlazaron.

Podía lidiar con el dolor en su propio cuerpo, pero ver a Noel sufrir, se le hacía imposible de soportar.

Te juro que todo va a estar bien. Vamos a salir de aquí, le quiso decir. Cuando todo esto termine, no voy a dejar que nadie más, te ponga un dedo encima.

Un gemido escapó y no provino de Noel. Fue el demente quien aparentemente estaba pasando el mejor momento de su vida.

Ese bastardo.

Podía ver sus ojos brillando de lujuria, fijos en los suyos. El albino se detuvo en seco y retiró a Noel de sobre sus piernas, para dejarlo caer al suelo.

Luka se sacudió, al verlo acercarse, pero sabía que no iba a conseguir liberarse.

—¿Qué sucede Oz? ¿No te gustó el espectáculo?

Pudo sentir el aliento caliente del albino sobre sus labios, mientras sus manos se alojaban sobre su sexo. ¿De verdad esperaba que se excitara al ver como lastimaba a Noel? Estaba demente, con todas sus letras.

—¡Toto ven aquí! Usa tu boca.

Luka se quedó en una pieza. No, no era lo que queríaNo de ese modo. Solía fantasear con ese momento, en el cual podría tener sexo con Noel, pero nunca así. Jamás con ese enfermo obligándolos a hacerlo.

Como era de esperarse, Noel obedeció. Pudo sentir su lengua tibia, acariciando la punta de su falo y tuvo que reprimir un grito. No, no de ese modo, clamaba su mente, no así, no.

Noel hacía un trabajo excelente, pero no conseguía más que una semi erección. Luka sentía que su cuerpo le traicionaba, reaccionaba al placer que le proveía y era sencillamente delicioso. Cerró los ojos, echó la cabeza a un lado para contener las ganas de gritar de frustración.

De pronto escuchó un sonido seseante y sintió una explosión de dolor sobre su pecho. Abrió los ojos de improviso y recibió otro azote en el mismo lugar. Era uno de esos látigos de varias colas, golpeándolo una y otra vez. La risa de ese maldito formaba parte del coro que formaban los latigazos.

Mírame, se atrevió a murmurar Luka sabiéndolo muy arriesgado. Noel, mírame. Consiguió deslizar otro susurro bajo los quejidos que el albino le arrancaba con los golpes.

Funcionó, Noel levantó los ojos húmedos por las lágrimas y por fin se pudieron ver una vez más.

Te voy a sacar de aquí. Te lo juro.

—Oz. ¿Acaso intentas burlarte de tu amo?

Lo sabía, demasiado bueno para ser verdad, pensó Luka al ver al maldito sádico acercándose. De un empujón apartó a Noel de su cuerpo.

—¿Acaso me vas a seguir desafiando Oz?

Luka no le respondió, solo dejó que sus ojos hablen por él.

—Es hora que sepas quien es tu amo.

—¡Yo no tengo un amo!

Replicó con todas sus fuerzas, para que se escuche, para que lo sepa. El maldito psicópata se quedó en una pieza. Luka no tuvo tiempo de reaccionar ante la represalia. Solo sintió que, de un movimiento violento, el maldito albino le clavaba una mano en el muslo, cruzándole la carne con las uñas. Lyon se acercó y le soltó uno de los tobillos.

—Te voy a enseñar a respetarme.

No, no, no, no.

El demente le levantó la pierna a la cual acababa de clavarle las uñas y la aseguró sobre su cadera. Luka pudo sentir que la maldita cola que tenía incrustada, abandonaba su cuerpo de un jalón, y algo la remplazó con brusquedad.

No, no.

—Ahora eres mío, Oz, solo mío.

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3 thoughts on “Capítulo 23

  1. Dios santo!!! Σ(・□・;)

    Maldito sincopata de Tim Man esta loco!!! Juro que tengo ganas de matar a ese idiota sádico aaaa como lo odio y ahora esta violador es el canijo!!!

    Y por más que Luka se quiera resistir, Noel sufre las consecuencias y es peor aaa! Espero en verdad que alguien este buscando ya a Luka o que con la ayuda de Lyon de algún modo ellos puedan escapar (^^;;

    Amo tu historia y me dejas siempre con un grito atorado y un corazón acelerado por lo buenos que están los capítulos xD Estaré esperando como siempre tu próxima actualización *\(^o^)/*

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  2. hola
    esta genial!!!
    este cap me encanto
    es uno de mis favorito
    ya quiero ver que mas sigue
    lo va violar que emocion!!!
    aunque tambien me gustaria que se hiciera cogerse a noel o que noel lo cogiera a el *.*
    cuidate chao

    Me gusta

  3. *Va a disculparse por la tardanza en leer y dejar galleta cuando…*

    WIKI YO TE MATOOOOO! TE MATOOOO!

    Como me lo dejas JUSTO AQUI!!!

    Debo admitir que tuve sentimientos encontrados con esta escena de lemon, porque ya sabrás, con Luka, para mi todo es más divino. Pero NOOOO, JODER, QUE TINMAN LO TOQUE!! NOOO!!! *saca la metralla y le dispara como loca* Muere TinMan, muere, muere, parodia de hojalata, muereeeeeeee!!!!

    Y Lyon! ;____; Me dio una pena HORRIBLE el, snifff…. el no fue mas que una victima de ese malnacido, pobrecito ;_; una parte de mi quiere que a la final se termine rebelando contra ese hijo de perra!!!

    Argh, mira Wikicita, si sigues así vas a terminar matándome y te quedaras sin hermana vieja, latosa y quejona!

    Un besote y a la espera del siguiente capi!

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