Capítulo 22

 

Nunca pensó caer tan bajo. A Luka Thompson se le congelaban las partes nobles mientras, de pie y a la intemperie, esperaba el autobús junto a sendos pasajeros.

La ciudad de Nueva York lo recibió con pocos grados de temperatura y una ventisca helada. En consecuencia, tenía los pies mojados por la nieve remanente, los labios quemados por el frío y un temblor en sus dientes perfectos.

Refundido en su miseria, Luka pasó varios minutos buscando al culpable de su desgracia y concluyó que era él mismo. Eran las consecuencias de sus decisiones apresuradas, sin embargo, no se arrepentía de tomarlas. Amy se lo dijo, todavía podía escucharla vociferar como si estuviera poseída por algún demonio.

 

—¡Haz lo que te dé la gana! Regresa a Nueva York, vete con el chico ese, tírate del balcón si quieres. —Por cómo se sacudía de la cólera, parecía que le iba a dar vueltas la cabeza también—. ¡Tenemos una maldita sesión de fotos en Sacramento, por si te olvidaste! ¡Pero no! ¡Al niño Luka se le ha metido la idea de largarse y mandar todo a la mierda!

Amy parecía una fiera enjaulada, iba de un lado al otro de la suite, recogiendo sus pertenencias.

—¿Ya terminaste de relinchar? —y Luka no tenía tiempo para sus reclamos.

—¡Carajo contigo! Sólo quiero hacerte ver tu error. Si tomas ese avión, si te vas detrás de ese muchacho aquí acaba todo Luka. ¡No me vuelves a ver!

—¿Lo prometes? —replicó. Quizá no debió hacerlo, pero no tenía paciencia para escuchar los reclamos de Amy.

Encontró el maletín de mano al lado de su cama y empezó a llenarlo de cosas. No estaba prestando atención a lo que hacía, demasiado ofuscado como para fijarse en lo que empacaba.

—¡Vete a la mierda Luka! ¿Sabes qué? —Empezó a reírse histérica—. Anda a ver cómo llegas a Nueva York sin mi ayuda, pendejo.

Sí, Amy gritaba como una banshee. La conocía bien. No eran amigos desde la infancia por nada. Sabía de antemano lo radical de sus reacciones. De haberle respondido, habría avivado la hoguera de ira que la consumía. Quizá no debió ignorarla de ese modo, pero no tenía sentido enfrascarse en una discusión inútil.

—¡Qué te jodan, Luka! —Vio que ella fruncía la cara de rabia—. ¡Y no vengas a buscarme cuando ese mocoso te meta en problemas y estés hundido hasta el cuello!

Amy tomó su cartera y arrancó la carrera como caballo desbocado. Azotó la puerta y casi la descuadró del marco. Al irse, reinó el silencio por un breve instante. Ella se fue, dejándolo solo con sus pensamientos. Cierto alivio lo invadió; ahora podía hacer toda la rabieta que quisiera. Empezaría por lanzar cosas y golpear el colchón hasta desconcharlo y… No, no tenía tiempo que perder.

Cerró el maletín, agarrándose la piel de los dedos en el proceso y maldiciendo en todos los idiomas que conocía. Tomó su chaqueta de invierno, se la puso al hombro y abandonó la suite.

 

 

Recostado contra un muro, Luka intentaba calentarse las manos. No tenía idea de la hora que era, ni cuándo iba a pasar el autobús. Sólo sabía que necesitaba un baño urgente, porque traía la misma ropa desde que había salido del hotel. Sentía el cuerpo sucio y oloroso. No quería ni tocarse la cabeza, aunque le escociera al borde de la locura.

En ese momento deseaba regresar a la suite que había dejado en San Francisco, al clima tibio, a la gente amable… en vez de perecer en ese invierno eterno de la ciudad de Nueva York, rodeando de gente que se esmeraba en ignorarlo.

Sobretodo extrañaba a la gente amable y colaboradora de California. Porque cuando marchó a la recepción del hotel de San Francisco, una joven rubia lo recibió con una sonrisa afable.

—¡Buenas noches! ¿Cómo le va en esta maravillosa velada? Espero que su estadía sea grata. ¿Qué puedo hacer por usted en esta ocasión?

—Necesito un vuelo a Nueva York esta misma noche y transporte al aeropuerto —respondió Luka, mientras le tendía su tarjeta de crédito.

A la recepcionista se le congeló la sonrisa.

—¿Qué esperas? Es para esta noche —insistió.

—Se…señor. Lamento informarle que con los pasajes de avión no lo puedo ayudar —le respondió nerviosa—. Pero el transporte…

—Ponme en contacto con el gerente de este hotel. ¡Rápido, que se me va la hora!

A la recepcionista se le trabó la lengua al teléfono. Luka rodó los ojos y le arrebató el auricular.

—¿Eres el gerente? Necesito un vuelo a Nueva York y necesito que… —Luka le dio una leída a la placa con el nombre de la muchacha—… Corín, aquí presente, me haga las reservaciones.

El gerente del hotel se quedó en el mismo silencio que Corín, a su lado.

—Por cierto, te habla Luka Thompson y no tengo tiempo que perder.

La respuesta no se hizo esperar más. El gerente dio la autorización y se pusieron manos a la obra. Corín, la sonriente recepcionista, hizo un trabajo estupendo. Le consiguió un boleto de avión y se encargó de su traslado al aeropuerto.

 

Volviendo al presente, a Luka sólo le quedaba respirar hondo y tratar de sobrellevar su situación. Le castañeteaban los dientes, le dolían los músculos por el intenso frío, estaba cansado y hambriento. En definitiva, no se había preparado para el clima que lo esperaba en su ciudad.

Abrazándose a sí mismo, se frotó los brazos mientras repetía que todo iba a estar bien una vez llegara a su departamento. Vaya, ya hasta hablaba consigo mismo como uno de esos vagabundos que deambulan pidiendo monedas a los transeúntes. Casi se sentía uno de ellos, por el modo en que el resto de pasajeros evitaba mirarlo.

Lo que sea, pensó en voz alta. Lo importante era que ya faltaba poco para que terminara su calvario. Ya había cruzado el país entero y no había sido una experiencia agradable. Apenas subió al primer avión empezó a extrañar a Amy.

 

El boleto no era de primera clase. London Luka Thompson jamás en su vida había pisado la clase económica. Iba a ser una nueva experiencia.

Tuvo que recorrer todo el avión, sorteando el embotellamiento en los pasillos, codazos y empujones de los pasajeros que se disputaban las gavetas sobre los asientos para poner sus objetos personales.

Por fin, después de casi perecer arrollado por la corriente, encontró su asiento en la fila del centro. Con terror descubrió que sus sospechas eran ciertas. En aquella isla de puestos para tres personas, a él le había tocado el del medio.

Para acceder a su sitio tuvo que escurrirse encima de las piernas rechonchas de quien ya estaba sentado ahí. El sujeto no tuvo la delicadeza de darle permiso y para empeorar la situación, estaba bien apoltronado invadiendo el asiento ajeno.

Luka se colmó de paciencia y ocupó su lugar, flanqueado por un vecino invasor y por una mujer que le daba la espalda para conversar con la vecina de la otra fila. Pocos minutos después, no supo qué era peor: si los codos regordetes que le hincaban en las costillas o las voces femeninas parloteando sin cesar.

Empezó a contar hasta cien, sospechando que no iba a llegar más allá del cinco. Su vecino decidió levantarse antes del despegue el avión y comenzó a rebuscar entre su equipaje de mano. De pronto, tenía en la cara un par de nalgas que le recordaron a un mapamundi. Luego, una barriga del mismo volumen.

El pasajero regordete regresó a su sitio con la bolsa de botanas más grande que había visto en su vida. Lamentablemente para aquel sujeto, levantarse había significado perder todo derecho de invadir su puesto. El fotógrafo se lo quedó mirando y, en efecto, al sentarse intentó tomar por asalto el asiento aledaño.

Luka no pudo contar ni hasta cinco.

—¡Disculpa! —le dijo al vecino intrusivo—. Este pedazo de acá es mi asiento. Todo ese pedazo de allá y el corredor si quieres, es el tuyo. Cruzas mi territorio con tu brazo seboso una vez más y te desinflo.

De un modo u otro, el tono de su voz y el color disparejo de sus ojos, resultaban intimidantes. El sujeto se quedó en silencio y retrocedió la invasión.

—Y deja de comer esas porquerías. Eso no te alimenta. —Luka estalló por fin.

De acuerdo, quizá no era el modo de tratar a un semejante, pero no pensaba tolerar ese tipo de abuso. ¿Acaso ese tipo pensaba que era el único pasajero en ese avión?

Luka bufó intentando buscar comodidad en ese asiento tan angosto. Casi tenía las rodillas en la cara. Intentó relajarse, pero la mujer de al lado, no se lo permitía. Y, en efecto, hablaba disparates y lo peor era que, entre risas, ella y su compañera hacían un escándalo tremendo.

El fotógrafo no era el único incomodo con semejante cháchara. Los demás pasajeros intentaron silenciarlas, pero ellas en represalia le subían el volumen a su insulsa conversación. Era suficiente, Luka llegó al límite.

—Señora —le dijo a la que tenía al lado—. Ya todos sabemos que su marido la tiene corta y que el suyo la tiene larga, pero no se le para. Que le toca visitar al ginecólogo la semana que viene y que no está segura que los dos hijos que tiene sean de su marido.

Con esas palabras las detuvo. Ambas dejaron quizá hasta de respirar y voltearon a mirarlo.

—¿Hay algo más que quiera compartir con el resto del avión? —insistió Luka, quien ahora no podía detenerse—. Señora ¿Por qué mejor no va a la cabina para que también la torre de control se entere su amante, ese que vive a unas cuadras de su casa y que tiene veinte años, cuando usted tiene cuarenta y todos?

Ninguna de las dos se animó a continuar la conversación. Lo único que recibió Luka como represalia fueron miradas de odio y la acusación de ser un grosero.

Así transcurrió el viaje y, odiado por sus compañeros de vuelo, hizo el primer trasbordo.

 

Amy jamás hubiera permitido que un retraso como ese se diera lugar. Corin la recepcionista había hecho su parte: conseguir que llegara Nueva York. Claro que con dos mil escalas de por medio.

Para remate, acababa de estornudar. Pues claro, las zapatillas que calzaba estaban mojadas hasta los calcetines. Sentía que la piel de las piernas le ardía por culpa del frío inclemente. Para empeorar la situación, había perdido su chaqueta de invierno en algún lugar del aeropuerto del centro del país. Luka se encontraba extenuado, congelado y, sobre todo, hambriento. En todo el trayecto del viaje solo le dieron algo de beber y apenas un par de bolsas de maní.

Ni que fuera un maldito elefante, pensó.

En el avión no lo dejaron usar su tarjeta de crédito para pagar por la comida. Luka nunca llevaba efectivo, salvo para pagarle a Noel.

Cierto, Noel.

Tan solo pensar en el saco de huesos le calentaba algo en medio del pecho. Para eso había atravesado el país, viajando en condiciones deplorables. Solo para verlo de nuevo, para tenerlo en sus brazos y no soltarlo.

Lo fue imaginando todo el camino. Cómo sería reencontrarse con él.  Estaba decidido a sacarlo de ese tipo de vida. No tenía pensado bien los detalles, pero lo que sí sabía era que no podía concebir la idea de verlo con otro hombre. Nunca más. No, ni aceptar que estuviera con alguien más si no era por voluntad propia.

Especialmente con ese rufián de Devan.  Tan solo recordar la risa de ese asqueroso cuando lo dejó oír la voz de Noel al teléfono, hacía que la sangre se le agitara de rabia. Apretó los puños con fuerza. Prefería arrancarse los ojos con sus propios dedos antes de tener que ver a Noel con ese maldito infeliz.

Una vez llegara a casa, todo iba a volver a la normalidad. Iba a tomar un baño, comer algo, ponerse ropa apropiada para ese frío intenso y saldría en su auto en busca de Noel. Claro que en esta oportunidad le iba a pasar el auto encima a Devan y a quien se cruzara en su camino. Se iba a llevar a Noel, así fuera lo último que haga. No podía dejarlo en manos de ese degenerado.

Una llovizna menuda se desató y a pesar que no era gran cosa, fue la gota que colmó el vaso.

Encima de todo lo mal que la estaba pasando, ahora le llovía sobre mojado. El autobús no llegaba y empezaba a preocuparse. ¿Cuánto le tomaba a alguien morir de hipotermia? Pensaba Luka.

Cierto, tenía que recordar que fue él mismo quien había buscado su desgracia. De no haberse peleado con Amy, ella hubiera contratado un taxi privado para su transporte. Alguien le hubiera cargado el equipaje y recogido. Para ese momento, estaría ya en casa, con Noel en los brazos, envueltos en una bata abrigadora, con la calefacción emulando un verano tropical, tirados en el sofá, comiendo pizza.

Pero no, sus desdichas no terminaron en la peor experiencia viajando por avión. No…

 

Cuando por fin llegó a tierra firme, sintió deseos de besar el suelo. Luego recordó de gérmenes y bacterias y se levantó en seguida. Deambuló por las amplias galerías del aeropuerto JFK, arrastrando su maletín solitario. No tenía trasporte reservado, así que fue a pedir un taxi.

Al llegar a la estación de despacho lo ignoraron.

Luego de una breve pataleta, en la que exigió ver al supervisor, le informaron que podía sentarse, en aquella maldita banca y esperar. No había taxis disponibles hasta dentro de una hora y media. Bufando ofendido, salió de la estación con su maletín como único compañero de desgracias.

Tuvo que recorrer, en la intemperie, la mitad del estacionamiento para encontrar el paradero de los buses. Sus zapatillas de marca, se embarraron de nieve sucia. Las bastas de sus pantalones absorbieron la humedad como esponjas y ya tenía hasta los calzoncillos congelados. Arrastró su maletín de mano, en medio de los charcos helados, mientras intentaba entrar en calor caminando. 

 

Ese era el recuento de todos sus males, hasta ese momento. Ahora recostado contra un muro, sabía que tenía la apariencia de un vagabundo, vestido con ropa cara, pero inmunda. London Luka Thompson, el hombre más limpio del mundo, ya no podía más con la sensación de sentirse sucio y la picazón que sentía en su cabellera grasienta. Así que se rascó la cabeza con tantas ganas, que pensó tendría un orgasmo.

Daría lo que fuera por una ducha caliente. No, mejor la tina de baño y con Noel adentro.

El resto de personas que esperaban con él, lo ignoraba por completo. Los observaba desde su rincón, esperando que alguno de ellos se descuidara para saltarle encima y robarle el abrigo. Luka estornudó de nuevo y la gente se alejó un poco más de su lado. Los maldijo en silencio. ¿Cómo podían ser tan indiferentes ante su desgracia? ¿Acaso creían que estaba vestido de ese modo por qué le gustaba? ¿Acaso eran idiotas?

Algún día se iba a acordar de esa situación y le daría mucha risa. Claro, si sobrevivía a la hipotermia.

Debió prestar más atención a su alrededor, porque el bus se estacionó a unos pasos de donde estaba recostado. Reaccionó demasiado tarde, porque de la nada, apareció una manada de gente que se formó en línea recta frente a la puerta del autobús. Luka y su maletín mojado terminaron al final de la larga fila. Tuvo que esperar con paciencia, a los pasajeros que subían con lentitud, cual borregos, envueltos en sus ropas gruesas, protegidos del frío

Por fin fue su turno de ingresar con su maletín a cuestas, sucio, mojado y miserable.

Sintiéndose invisible.

Cuando pensó que su calvario había terminado, otra sorpresa aguardaba dentro. No tenía como pagar el pasaje y el conductor lo ignoró por completo, cuando le preguntó si aceptaban tarjetas de crédito.

—¡Le estoy hablando! —increpó Luka bastante frustrado. —No tengo efectivo y necesito usar éste transporte.

—¿Acaso tengo cara de banco? Solo efectivo, sino fuera. —fue la respuesta del chófer y le abrió la puerta para que bajara.

Luka resopló dispuesto a pelear por sus derechos. Estaba siendo discriminado por no tener efectivo, murmuró.

—Solo pase del bus o efectivo, así que fuera. ¡Fuera de mi bus!

—¡El bus es de la ciudad! Tú estás dando un servicio. Me corrijo, el peor servicio posible. ¡Yo pago mis impuestos y tengo derecho a usar el transporte público cuando me dé la gana! —replicó mientras rebuscaba entre sus prendas.

Encontró un billete de cincuenta, en las profundidades del bolsillo de su pantalón. Triunfante se lo enseñó al chófer, quien le respondió con una sonrisa sarcástica.

—Sólo monedas. ¡Fuera de mi bus!

Luka se quedó pálido de la sorpresa ante semejante abuso. No, no quería regresar al frío de allá afuera, a morirse de hambre y cansancio. Era una injusticia, primero lo echaba porque no tenía dinero y ahora que tenía para pagar, tampoco lo dejaba quedarse.

Nunca en toda su vida se había sentido tan marginado. Jamás Luka Thompson experimentó semejante humillación. La rabia e impotencia lo dejaron lívido. Iba a decir algo, por supuesto que lo haría. Apenas encontrara palabras para expresar su indignación, ante tanta injusticia.

El resto de pasajeros empezó a manifestar su fastidio. Encima que estaba siendo maltratado en frente de todos y sus derechos claramente violados, nadie hacía nada por apoyarlo.

Abrió la boca para elevar su voz de protesta, pero se detuvo. Una anciana se había levantado y estaba echando monedas en la máquina del autobús. Acababa de pagar por su boleto.

Luka se quedó sin palabras. La última persona que esperó le había ayudado.

La anciana regresó a su sitio con pesadez. Luka la siguió para agradecerle. Ella le sonrió y le hizo un sitio a su lado.

—Gracias por las monedas. —y le tendió el billete con que iba a pagar en un inicio y ella no lo recibió

—No ‘mijo, eso es tuyo.

El fotógrafo se quedó con la boca abierta. Esa anciana acababa de pagar por su boleto y no quería ser grosero, pero ella parecía necesitarlo más que él. Luka Thompson, jamás aceptaba un no por respuesta, así que tomó la mano tibia y arrugada, del color del pan tostado y colocó el billete en la palma.

—Gracias por la ayuda.

Ella le sonrió, como si él fuera su nieto y hubiera hecho algo bueno.

—¡Ay Mijo’ estás frío!

A continuación, se sacó el chal y se lo puso encima. No le dio tiempo de protestar. Luka no tuvo valor para negarse, porque ella tenía razón.

Priscila, ese era su nombre, parecía contenta de tener con quien conversar. Le contó que venía de México y «brincó» la frontera años atrás. Dejó a sus dos hijos, uno de cuatro meses y el otro de dos años, al cuidado de su hermana. Pasó por muchas cosas, dijo. «La calle es dura y todo cuesta. Nadie te da la mano, si no es por algo a cambio.»

Luka la escuchaba atento, incapaz de interrumpirla.

—¡Mijo, la necesidad tiene cara de hereje! Ya vas a encontrar un buen trabajo, para que dejes esa vida.

¿Cómo? pensó sin poder pronunciar palabra. Ella estaba insinuando que él trabajaba en la calle. ¿En serio?

—Ese trabajo paga mal. En el barrio por donde vivo, siempre aparecen chicas y chicos muertitos. —Priscila suspiró entristecida y se persignó. —Como animales los tiran en los basureros. Pobrecitos.

¿Cadáveres en los basureros? ¿Estaba hablando en serio? La sola idea de que pudiera sucederle algo así a Noel, se le clavó en el pecho.

—¡Ay sí! —Exclamó algo animada.

Luka la observó curioso, mientras ella se acomodaba las gafas y de uno de sus bolsillos brotaba un teléfono móvil anticuado. Lo más gracioso fue ver como ella giraba el aparato, para ver por donde abrirlo.

—Vas a apuntar mí número de teléfono y si andas por ahí con hambre, me buscas. ¿Tienes papel ‘Mijo?

Luka sacó de sus bolsillos su propio teléfono, del modelo más reciente en el mercado.

—¿Te gustan las tortillas? Trabajo de cocinera, en la casa de gente rica. Preparo de todo, carnes, mariscos.

¿Ella lo estaba invitando a su casa sin siquiera conocerlo? Apuntó el número que Priscila recitó y sin que ella se diera cuenta, le tomó una foto para ponerla en sus contactos.

—Estoy en casa a partir de las seis de la tarde. A veces no estoy, porque voy a la bodega y a la misa. —Continuó la anciana imparable. —Si no, estoy acompañando a mi vecina. Annie se llama.

Vio que Priscila se levantaba del asiento, atenta a las calles.

—Ya me va a tocar bajarme, ‘Mijo. Cuando tengas hambre, me buscas. Siempre hay comida para uno más. A veces vienen a comer uno que otro pobrecito. La calle es cruel.

Ella le puso la mano al hombro y usó un tono por demás maternal.

—Ese dinero que te has ganado, trabajando lo vas a guardar y te vas a comprar abrigo. —le devolvió el billete, poniéndose de pie. —Eres buen mozo. Seguro vas a encontrar algo, para que no tengas que trabajar en la calle.

Sonriendo, Priscila se despidió, dejándolo sorprendido y sin palabras.

***

Sí, Pat dio su palabra de honor, no iba a intentar nada peligroso luego del incidente que tuvo con Devan.

Sabía que ese bastardo iba a estar buscando una revancha. «Ese sujeto es más peligroso de lo que te imaginas. Artero y taimado como nadie» le dijo Phil y luego le hizo prometer, por enésima vez que no iría en su búsqueda.

Pat nunca rompía sus promesas. Le hizo una a su difunta madre y la cumplió. Encontró a su hermano. Le prometió a Noel que cuidaría de él. No iba a faltar a ese compromiso.

No sabía nada de Noel, desde hacía ya una semana. Jade tampoco había vuelto. Tenía toda la razón del mundo por la cual estar preocupado por ellos.

Como el adulto que era, tuvo una conversación de hombre a hombre, con Phil y lo puso al tanto de la relación clandestina que mantenía con Jade. El italiano no se mostró nada contento por la noticia, pero no hubo tiempo para discutir los detalles. Tuvo que internar a Marietta en el hospital y pasaba el día entero con ella.

No iba a negar que se sentía culpable por aprovechar su ausencia y escapar en busca de Noel. Pero no estaba arrepentido.

Pat dobló la calle envuelto en la chaqueta de cuero, que Noel le dio y con el rostro oculto bajo una gorra de béisbol.  Sigiloso, se acercó al grupo de putas que dominaban la acera. A primera vista, no pudo distinguir a ninguna que se pareciera a Jade. Ella no estaba presente y la angustia empezó a crecer en medio de su pecho.

En ese momento recordó aquella vez, cuando recién conoció a su hermano.  Estaba al lado de Noel y un auto se detuvo frente a ambos. Era un viejo asqueroso, quien desde su auto preguntó. «¿Cuánto por los dos?»

El modo como los miraba, fue lo que más repulsión le dio. Estuvo a punto de escupirle un par de groserías para que se largue, pero Noel lo detuvo.  El viejo pervertido insistió. «Suban, les doy de comer y un lugar donde dormir.» Sí, seguro. 

Noel avanzó hacia el sujeto y actuó como si no lo conociera, a él, a su hermano menor. Vio que se colgaba de la ventana del auto y negociaba una tarifa.

A Pat le dolió sentirse rechazado. Noel lo despachó, diciéndole que regresé a ocultarse en la carcasa de la furgoneta. Todo por irse con ese degenerado. Semejante actitud lo hirió mortalmente, darse cuenta que luego de todo su esfuerzo por encontrarlo, Noel lo cambió por ganarse unos cuantos billetes.

Esa noche Pat regresó a la furgoneta y lloró de rabia.

Nunca se puso a pensar bien en lo acontecido. Ahora que se daba cuenta de lo injusto que fue con Noel, quien solo quería protegerlo. Lo salvó de quedarse a dormir en la calle, de ese sujeto asqueroso, de morirse de hambre. No había tiempo para arrepentirse, tenía que encontrarlo. Era su turno de devolverle el favor. Iba a ir a comprar a Noel por toda la noche y a Jade también.

Traía dinero en el bolsillo. Ahorró cada centavo que recibía como pago por su trabajo en la tienda. Además, conservaba el billete de cien dólares que le quitó a un tipo que quiso subirlo a su auto. Pat avanzó a paso firme y abordó a una chica, que pasó a su lado ignorándolo.

—Oye. Estoy buscando a alguien. ¿Por acá anda Jade?

La muchacha volteó subida en sus tacones y se inclinó ligeramente para verlo bien.

—¿Quién pregunta? —respondió sorprendida. —¿Estás buscando a una chica para tu papá?

—Para mí, es para mí. —resopló empezando a perder la paciencia. —Se llama Jade.

—No sé quién sea. —interrumpió ella girando sobre sus tacones.

Pat pudo notar que la muchacha lo miraba de reojo. Suspiró fastidiado y sacó un billetito, para llamar su atención. Funcionó su estrategia, ella giró un poco a ver el dinero en su mano.

—Ya te dije que no sé nada—le dijo, pero ella no se alejó.

Pat lo intentó de nuevo y dobló la cantidad. Ella volteó completamente y le arrebató el dinero.

—¿Dijiste que querías una chica? Aquí estoy yo. Te doy precio especial porque eres chiquito…

Vio que la muchacha se guardaba el dinero en el escote y sonreía con sus labios encendidos.

—Estoy buscando a Jade. Es como de tu tamaño y es rubia. Además, ella sí que es bonita…

La chica bufó molesta por el comentario. Hasta golpeó el suelo con uno de sus tacones, visiblemente ofendida.

—Quizá conozco a alguien con ese nombre. No sé, no me acuerdo bien…

Otro billete para refrescarle la memoria y ella lo volvió a desaparecer entre la tela escasa, que le cubría los senos.

—¿Para qué quieres a «esa»? Yo te puedo dar mejor servicio.

—¡Qué no! Si no sabes devuélveme mi dinero.

—¡Ay, no te enojes! —ella hizo una mueca con los labios. —Si quieres a otra chica, anda dile al Müller…

—¡Devuélveme mi dinero! ¡No me has dicho nada!

Pat perdió el control y terminó vociferando. La mujer se sobresaltó y fue tarde para intentar calmarlo.

—¡Ay mierda, ahí viene el Müller! —exclamó angustiada.

Pat le vio las intenciones de escapar de la escena, pero no se atrevió a hacerlo. Al tal Müller lo conocía, sólo de vista. Cuando todavía vivía en la furgoneta, lo veía en la calle, siempre rodeado de esas chicas a quienes andaba golpeando.

Phil le dio una buena paliza, se la merecía. Müller tenía una pierna enyesada y caminaba con dificultad, ayudado de un bastón. Además, con la barba crecida y la cara hinchada, se le veía bastante demacrado.

—¿Qué carajo pasa acá? —gritó el energúmeno abalanzándose contra la muchacha.

Ella levantó ambas manos para protegerse, pero no se movió de su sitio. Müller la tomó del cabello y la hizo gritar, hasta que por fin atinó a responderle.

—Ese mocoso—gimió señalándolo. —Te anda buscando Müller.

—¡Oye, suéltala pedazo de mierda! —intervino Pat arremetiendo contra Müller. —¡A la mujer no se le toca, cabrón del coño!

Como tan sólo contaba con una pierna sana, fue fácil hacerlo trastabillar. Pero para mala suerte de la chica y de Pat, Müller contaba con su bastón y no aterrizó en el suelo. Tampoco les dio tiempo de emprender la fuga y les cayó a golpes.

Pat recibió el primero en el brazo, pero la muchacha escapó a toda velocidad y lo dejó solo a merced de Müller. No importaba, no le tenía miedo. Se podía enfrentar a él, a Devan, a quien sea que fuera. Vino preparado, tenía escondida entre la ropa, la linterna que usaba cuando vivía en la furgoneta. Era una buena arma, podía descalabrarle la cabeza a quien sea. Antes de que pudiera defenderse, llegó el segundo de los golpes y lo tiró al suelo.

Pat rodó sobre la acera húmeda e inmunda, pero no se rindió. Müller se le acercó cojeando, con el bastón en la mano, listo para acribillarlo. No le dio tiempo, tomó la linterna del mango metálico y le asestó un buen golpe en la pierna sana.

El alarido que brotó de su garganta, atrajo al resto de la cuadra. Pat no tuvo tiempo de reponerse del dolor que empezaba a trepar y expandirse, por el resto de su cuerpo. Müller no le dio tregua, se le lanzó encima con el bastón en la mano. Pero el rubio no se iba a rendir, no le tenía miedo, tenía que ver a su hermano, tenía que hacerlo por él.

—¡Deja a ese chico en paz!

Eso no se lo esperaba. Pat giró para ver de dónde venía aquella voz grave que acababa de intervenir en su defensa. Al ver al recién llegado, su rostro le pareció familiar. Alto, rubio, con los ojos disparejos y cara de querer despedazar a Müller, tan solo con sus dientes.  Ese tipo podía partirlo en dos y sin despeinarse, pensó.

El rubio se plantó frente a Müller y éste no tuvo más remedio que ponerse en guardia y levantó el bastón para asestarle un golpe.

El resto de las mujeres lanzaron un grito ansioso. Solo observaban lo que ocurría, sin atreverse a intervenir.

Müller intentó atacar a Luka, pero éste se movió más rápido y esquivó el golpe. El fotógrafo no perdió el tiempo y lo sujetó de las solapas de la chaqueta. Sin perder el ritmo de sus movimientos, lo estrelló un par de veces contra el chasis de una camioneta.

—¡Suéltame hijoeputa!

Luka con sumo placer, repitió la operación. Conocía a ese sujeto, lo alcanzó a ver, la última vez que estuvo por esos lares. Aquella vez, cuando fue a buscar a Noel y tuvo una pequeña conversación con el gorila de Devan. Este tipo no era tan alto, ni tan fornido como el otro bastardo, pero igual de ruin. Además, no se le escapó el detalle de cómo estaba maltratando a una mujer. De no ser por su intervención, iba a masacrar a ese otro chiquillo.

—¡Suéltame ya! —demandó el bastardo. — ¿Qué carajo quieres riquillo hijo de puta?

—Yo hago las preguntas aquí. —gruñó el fotógrafo estampándole el cráneo contra la camioneta. —Y si no me gustan tus respuestas, te rompo la otra pierna.

El chulo soltó una carcajada nerviosa, así que lo volvió a estrellar. Esta vez se aseguró de apretarle la pierna herida con la suya. El resultado fue el que esperaba, consiguió que lanzara un alarido de dolor.

—¡Ya, basta cabrón! —replicó ahogando otro grito. — ¿Qué quieres? Una puta, elije la que quieras, la casa invita… Pero suéltame ya.

No, al fotógrafo le fue imposible disimular el asco que le dieron sus palabras. Cerró los ojos por un segundo, para controlar las náuseas que le provocaba esa pobre excusa de persona. Apretó los puños, contra las solapas de la chaqueta de donde lo tenía sujeto y lo volvió a golpear una vez más.

Contrólate Luka, pensó. No te rebajes a su nivel.

Jamás iba a poder igualar el nivel de bellaquería de ese sujeto y del gorila de Devan. Sí, era cierto que tenía ventaja porque él estaba completamente sano, mientras su rival tenía una pierna inutilizada y era evidente que recibió su merecido. En su defensa, Luka diría, que le estaba dando una probada de su propia medicina. Quizá la próxima vez que se le ocurriera levantarle la mano a una mujer, se iba a acordar de la paliza que le iba a dar.

—¿Dónde está Devan?  ¡Llévame con él! ¡Ahora!

El bastardo se lo quedó mirando sorprendido. En cambio, el muchacho que acababa de rescatar, ahogó un grito. Luka volteó a verlo y descubrió que los observaba boquiabierto. No sabía que le pasaba a ese enano de ojos ambarinos, pero no tenía tiempo para averiguarlo.

—¡Yo también quiero saber dónde está ese puto de Devan!

Les interrumpió el mocoso, saltándoles encima. Luka ignoró su pedido y despegó al chulo del chasis de la camioneta.

—¡De una vez, me vas a llevar con Devan!

Le dio un empujón y lo hizo tropezar, porque ya no tenía el bastón. Lo vio buscar apoyo sobre la camioneta donde acababa de estrellarlo.

—¡Sígueme entonces o vete al carajo! Riquillo hijo de puta, cabrón de mierda. ¡Y ustedes que hacen mirando! ¡A trabajar putas de mierda!

Fue la respuesta que recibió y lo vio intentando escapar de él. Cojeaba el miserable y se abrió camino entre las mujeres, quienes cuchicheaban nerviosas. Una de ellas le alcanzó el bastón, que perdió en la gresca y el chulo la agradeció insultándola.

Luka lo siguió manteniéndose a distancia prudencial, hasta la entrada de uno de esos edificios precarios. Antes de ingresar, hizo sonar la alarma de su auto y se perdió tras la puerta de metal.

El lujoso auto, estacionado en la acera contraria, desentonaba con la atmósfera de marginalidad que lo rodeaba. Bastó con darle una mirada, para que Pat reconociera el color y la marca. Ese Audi era el que vio noches antes, cuando fue a buscar a Noel. Sí, la noche que por última vez vio a Jade y en la cual Phil le dio la golpiza a Devan y a Müller. Era el mismo auto, no podía estar equivocado.

¿Quizá por eso ese tipo le era tan familiar? Estaba seguro que lo había visto antes, pero no podía recordar donde. No importaba, lo acababan de dejar fuera del asunto. Necesitaba ir tras Müller y el rubio del auto, ver a Devan y…

«¿No qué Devan se fue de la ciudad?» Escuchó Pat en medio del cuchicheo de las mujeres. «Sí, eso es lo que oí yo también.»

—¿Oye qué dijiste? ¿Devan se fue? —tenía que saberlo y se dirigió al grupo de mujeres que lo miraban pasmadas. —¿A dónde se fue? ¡Respondan carajo!

El corazón le palpitaba a mil por hora. Si era cierto que Devan se marchó de la ciudad, quería decir que se llevó a Noel y a Jade. No, no podía ser cierto, tenían que estar mintiendo. Un vacío se le formó en el estómago y sudor frío le bajaba por la nuca.

—Solo sé que se fue. —intervino la muchacha que defendió. —Chico, mejor vete a tu casa.

No podía estar sucediendo, era un mal sueño. Luego de todo lo que tuvo que sortear para encontrar a Noel… No lo iba a perder de ese modo.

—¡No! ¡Quítate de mi camino! —Pat se dio la vuelta, intentando pasar entre las mujeres, todo por ir tras Müller.

Iba a ir a tumbarles la puerta para que lo dejen entrar. Las chicas se alborotaron tras él y se volvieron a formar para bloquearle el paso.

—Tú eres el hijo del italiano. ¿No? El que vino el otro día y le partió el culo a Müller. ¿No?

La misma chica de antes, lo sujetó del brazo y no lo dejó avanzar. Pat volteó a mirarla, para zafarse de sus manos, pero ella lo abrazó contra su pecho.

—Tu papá nos defendió el otro día, igual que tú me defendiste a mí. —continuó ella.

—Phil, él no es mi padre. Yo no tengo eso, solo trabajo para él en su tienda. Pero ese no es su asunto. ¡Déjame ir, que tengo que encontrar a Devan!

—¡No! ¡Es peligroso! Ese el Müller es…—siguió ella sin soltarlo.

—Hazle caso a Beca, mejor vete a tu casa chico. —intervino otra de las mujeres. —regresa a tu casa con tu papá.

—¡Qué Phil no es mi padre! Yo solo tengo un hermano y tengo que ir por él. Devan… él sabe dónde está mi hermano. Tengo que…

—¡No!

Fue el coro que todas empezaron a recitar. «No lo hagas, es peligroso, Devan es un desgraciado. No vayas niño, vete a tu casa. Devan ya no está, dicen que se fue.»

—Sí, es verdad, se fue de la ciudad. —añadió Beca.

—Escuché que se fue fuera del país. Eso le estaba diciendo Müller a ese otro tipo, a ese que da miedo—dijo otra de las mujeres. —¿Dónde anda Chio? Ella habló con el mamón de Devan, ella le contestó el teléfono el otro día.

—Está trabajando. —Intervino una voz del montón.

—Mejor vete a casa, por acá es peligroso. —Beca se rehusaba a dejarlo ir. —Por favor, ándate ya. Si el Müller sale y te ve…

—Además hay un fantasma.

—No digas eso Sadie, no lo asustes al chico. —Beca le cubrió los oídos y apretó contra su pecho.

—Pero es cierto, la vieja esa del Gallinero lo vio.  A mí me da miedo andar sola. Puede ser un cliente, seguro uno de esos locos. Ya sabes lo que dicen, que le sacan a una las tripas y las terminan vendiendo en las tiendas de los chinos.

Sadie se estremeció con sus propias palabras y sus compañeras apoyaron el rumor.

«Varias chicas han desaparecido. Devan se fue, parece que el fantasma lo asustó. Se fue sin decirle nada a Müller. De un momento a otro, no dijo a donde. No vayas allá adentro, chico. Mejor vete a casa.»

De pronto se vio rodeado por todas ellas, hablando a la vez. No iba a llegar a ningún lado, pero ellas tenían razón. Era demasiado arriesgado irse a meter a la guarida de Müller. Necesitaba estar entero y en todas sus facultades, para ir en busca de Noel y de Jade.

Ante tanta insistencia decidió retirarse, pero no iría muy lejos. Pat cruzó, la calle bajo la mirada aliviada de las mujeres de la noche.  Beca no lo perdía de vista, quería asegurarse de que se fuera.

Ellas no le dejaban otra opción. Iba a tener que encontrar otro modo de ingresar al cubil de Müller e ir en busca de Devan, tal y como ese tipo de ojos disparejos hizo. Bueno, iba a tener que esperar. Si ese rubio conseguía respuestas, él también lo haría.

Tras la puerta de metal, Luka se quedó de pie observando la pieza donde había ido a parar. El olor a humo asfixiaba, las paredes desnudas y sucias, el piso repleto de botellas y colillas de cigarro. Prácticamente inhabitable, era la condición de ese inmueble.

Apenas ingresó, pudo notar la presencia de otro sujeto, quien de inmediato lo miró fijamente. Le resultó curioso encontrar a alguien tan bien vestido, en un cuchitril como ese. Quizá era uno de esos mafiosos, porque el traje que llevaba era de diseñador, impecable de pies a cabeza. Además, que su mirada intensa empezaba a incomodarlo. Sostenía un cigarro en una mano y seguro era un cliente esperando su turno.

Al lado de aquel personaje, se encontraba una muchacha arrodillada sosteniendo una bandeja de plástico y sobre ésta un cenicero del mismo material. Al verla, pudo reconocer la misma mirada de terror propia de Noel. Ella apenas cruzó sus ojos verdes con los suyos y bajó la cabeza.

—¿Dónde está Devan? ¡Quiero verlo! —Demandó Luka, empezando a sentirse muy incómodo.

En seguida obtuvo una respuesta, fue una carcajada socarrona y un escupitajo, que por poco le alcanza el zapato. Ese sujeto se estaba burlando de él.

—Müller. —intervino el sujeto desconocido. —Ese no es modo de tratar a un invitado. Disculpa la grosería de nuestro anfitrión. Evidentemente, la cortesía no es fuerte.

—¿Quieres ver a Devan, hijo de puta? —Vociferó el tal Müller. —¡Pues te jodes, porque no está!  ¡No sé dónde está ese cabrón!

—¿Qué? ¿Cómo así no está? Dime la verdad…—Luka embistió a Müller y lo arrinconó contra la pared más cercana.

—Señores, por favor.

El desconocido descruzó las piernas y apagó el cigarro sobre el cenicero que la muchacha sostenía. Se levantó de su sitio y avanzó hacia ambos.

—La violencia innecesaria no conduce a nada. —aseveró colocando una mano pálida sobre su hombro.

Luka sintió ganas de retroceder al contacto, pero se quedó en su lugar.

—Müller, este gentil caballero te ha hecho un pedido. —continuó el sujeto anónimo. —Dile lo que sabes, sin duda va a entender la situación.

—¡No sé nada de ese maldito cabrón de Devan! —respondió el bastardo de Müller, escupiendo las palabras. —¡Se largó y ya! Ahora sí, jódete tú y tú también.

—Señores, un poco de calma. Sin duda todo se va a solucionar para bien. ¿Por qué no tomas asiento? —le señaló una silla tan destartalada, como todo el resto del ambiente. —Müller, se va a poner en contacto con su socio y todo este impase, será asunto del pasado.

Luka negó con la cabeza, decidido a quedarse de pie. No tenía intención alguna de permanecer más del tiempo necesario. Solo quería saber dónde encontrar al gorila de Devan. Eso era todo.

Aquel individuo de modales refinados, regresó a su asiento, cruzó las piernas y encendió otro cigarro.

—¿Fumas? —le preguntó extendiéndole una cajetilla.

—No.—replicó Luka cortante.

—Bien por ti. Es un vicio el cual intento aniquilar. —continuó dándole una calada al cigarrillo.—Es uno de tantos que me permito y quizá el menos dañino.

Al verlo sonreír, una cadena de escalofríos le sacudió el cuerpo. Luka se repuso en seguida y bufó fastidiado. No tenía tiempo para cotillear con nadie y menos con ese fulano tan extraño. Había algo en él que lo ponía en alerta. Quizá el color casi transparente de sus ojos o el brillo extraño que tenían.

—¿Te provoca tomar algo? —insistió con suma cortesía, su interlocutor. —Estoy seguro que «Poppet» puede ofrecerte algo de beber.

Le dijo señalando ligeramente a la muchacha a su lado. Ella se estremeció al sentir que la mencionaban, pero no dijo ni una palabra. Apenas si levantó los ojos y le dio una mirada suplicante.

A Luka se le heló la sangre, porque recién reparaba en dos cosas. La chica estaba cubierta de moretones y el sujeto a su lado le acariciaba la cara, con la mano con la que sostenía el cigarro. Sintió deseos de decir algo, pero de pronto escuchó una voz familiar, a través del altavoz del teléfono.

—¿Por qué carajo te tardaste tanto en llamar?

—¡Jódete, Devan! Estuve en el hospital por culpa del italiano cagón. ¿Dónde carajo andas tú?

—Cierra el hocico y escúchame. Necesito que me fabriques identificaciones y rápido.

Müller hizo una pausa y Luka sintió que se le salía el corazón por la boca. Empezó a transpirar gotas heladas. No tuvo valor para intervenir, así que dejó que siguiera la conversación.

—¿Te vas a largar entonces? ¡Vete a la mierda Devan! ¿Te vas a ir así nomás? ¿Vas a dejar todo tirado? ¿Dónde carajo estás?

—¡Te dije que cerraras el hocico! —le increpó Devan— Te voy a pasar la información que quiero, los nombres que vas a usar. Usa las fotos que tienes tú ahí. Me mandas las identificaciones, pendejo, apenas las tengas listas.

—¡Qué no! ¿Acaso soy tu puta secretaria?

—¡Haz lo que te digo, mula de mierda! No me hagas regresar por ti, cabrón. Además, te dejé un regalo, malagradecido del coño.

Otro silencio breve e intencional. Müller lo miraba fijamente. Ese bastardo estaba disfrutando la frustración que en esos momentos se le salía por los poros. Luka se irguió en su sitio, para aparentar serenidad, aunque por dentro estaba hecho un caos.

Identificaciones falsas. ¿Devan pensaba salir del país? Noel estaba con ese malnacido de Devan, estaba casi seguro de ello. No podía dejar que se lo lleve, así no lo iba a volver a ver.

—Sí, ya lo recibí y lo estoy disfrutando mucho. —respondió Müller, mirando esta vez a la chica arrodillada en el suelo. — ¿Quieres que te agradezca por dejarme lo que te estorba? Anda huevón, ya sé que te llevaste al otro cachorro.

—¿Has visto a Mitch? —preguntó Devan en tono cortante.

—No, pero sé que se lo sacaron de tu departamento con las patas por delante. No me cambies el tema, cabrón. Te llevaste al otro puto. ¿Verdad? Te dije que aceptaras el dinero del hojalata, por el cachorro ese.

—¡Carajo contigo, mula de mierda! —ladró Devan al otro lado del teléfono.

—¡Te dije bien claro que te deshagas de ese puto, Devan! ¿Qué vas a hacer ahora? Lo vas a tener como tu mujer, no me hagas reír cabrón…

—¡Me mandas lo que te dije! No me importa si tienes que manejar hasta aquí. —vociferó Devan—Estoy donde Wayne.

Lo siguiente que escucharon fue el sonido de la estática. La llamada se cortó y se quedaron en silencio. Luka no podía darles crédito a sus oídos. Al borde del colapso, exhausto por el maldito viaje, irritado por el horrible tratamiento que recibió en el autobús, angustiado por la noticia que acababa de recibir y frustrado porque no sabía a donde estaba Noel. No supo que hacer.

El sonido de un quejido ahogado lo trajo a la realidad. Al seguirle el rastro, se dio cuenta que aquel individuo, estaba apagando su cigarro sobre el antebrazo de la muchacha. Ella apretaba los labios, contraía el cuerpo, pero no hacía esfuerzos por moverse de su posición. Seguía sosteniendo firmemente la bandeja con el cenicero.

Lo peor de todo, no fue el rostro de agonía de la pobre chica, fue el modo como ese tipo lo miraba. Luka pudo percibir el brillo sádico en sus ojos grises, en el modo vicioso como giraba y hundía la colilla sobre la piel blanca. Le sonreía divertido, ese sujeto estaba demente.

El fotógrafo reaccionó de inmediato. Se abalanzó a detenerlo, sin darse tiempo a pensar en sus actos. El albino solo sonrió más ampliamente y se levantó en seguida.

La lidia fue breve y Luka no pudo ni tocarlo. Quizá era el agotamiento, porque apenas tuvo tiempo de darse un baño y cambiarse de ropa, antes de salir. Lo que fuera, de igual modo, no pudo borrarle la risa sardónica del rostro.

Probablemente se descuidó, porque lo que sí pudo sentir, fuerte y claro, fue mucho dolor, en la boca de su estómago. Acababa de recibir un golpe que lo dejó sin aliento.

—Me gusta, esto me gusta. Tienes mucho espíritu. —le dijo el fulano de los ojos grises, sosteniéndolo contra su cuerpo.

Luka doblado del dolor, intentó zafarse, pero le resultó imposible. Su adversario lo hizo erguirse y lo apretó como si quisiera triturarle el espinazo. A sus espaldas pudo oír al bastardo de Müller, riéndose a carcajadas de la situación.

A Luka la rabia le encendió las mejillas y consiguió conectar un par de puños, en las costillas al rival. Al sentir que aflojaba la presión sobre su cuerpo y aprovechó para liberarse. Retrocedió tambaleándose, aún mareado y sin aliento, los puños en alto, dispuesto a pelear, porque podía contra ambos.

—¿Dónde está el tal Wayne? —la voz apenas si consiguió abrirse camino por su garganta y Luka tuvo que apoyarse contra la pared descascarada, porque de pronto, sentía que se iba al suelo. —Dime de una vez, dónde encuentro al…

—¡Jódete, hijo de puta! —Müller lo interrumpió riéndose de él. —Yo sé quién tú eres, eres el riquillo ese que anda detrás del cachorro de Devan.

Le colocó el mango de su bastón inmundo bajo la barbilla y le conectó un golpe en el vientre. Luka retrocedió, no sólo dolorido, sino terriblemente mareado.

—Me gusta ese coche que tienes afuera. —continuó burlándose de él. —y la chaqueta que traes también. Ese reloj…es un Rolex original. ¿No?

—Es Cartier. —replicó enderezándose con el brazo levantado, listo para asestarle un puñetazo en toda la cara.

Luka no consiguió alcanzarlo, no pudo moverse, un dolor agudo e intenso, como el aguijón de una avispa, brotó en alguna parte de su espalda. Sintió que las rodillas se le doblaban y sus brazos cayeron a los lados de su cuerpo. Intentó gritar, pero el sonido de su voz se le congeló en el pecho.

Los ojos se le cerraron y sintió que caía, pero no pudo percibir el impacto al tocar el suelo. Lo último que pudo escuchar fue la risa del bastardo de Müller y la voz del albino, convertida en zumbido. Ambas diluyéndose en la espiral de oscuridad que acabó por envolverlo.

***

—Ven aquí Brian.

Noel ahora Brian, se levantó del rincón sobre el suelo, donde estaba acurrucado en el más absoluto silencio. Acababa de tomar un baño y de vestirse. Lo único que quería era descansar un poco y que lo dejara en paz.

Desolado se acercó a la cama, donde Devan estaba tumbado viendo la televisión. No tenía fuerzas para resistirse de las manos que lo alcanzaron y tumbaron sobre el colchón.

—Estoy muy cansado. —susurró suplicante y como respuesta a su negativa, recibió una bofetada sonora.

Devan continuó desvistiéndolo y Noel ahogó un quejido, porque acababa de rozarle los surcos enrojecidos que tenía sobre la cadera. Eran tres rayas encendidas, trepando hasta desaparecer sobre su vientre. El cliente que tuvo no hacía mucho, sobre esa misma cama, le dejó sendas marcas con las uñas, para que lo recuerde, le dijo.

Su chulo le había mentido como siempre. Le dijo que las cosas iban a ser diferentes, pero seguía trabajando para él, como lo había hecho por años. Pasar de mano en mano, toda la noche, todos los días, era rutina, parte del círculo infernal en el que se movía desde que podía recordar.

—Pronto nos largamos de aquí. —anunció dejándolo en paz.

Sorprendido vio que Devan retrocedía a su lugar en cama y regresaba su atención al televisor. Noel se quedó tumbado a su lado, en estado de alerta. Luego de un par de segundos se incorporó también.

La noticia de que se iban a marchar pronto, la venía escuchando hacía unos días. Por fin se pudo poner en contacto con Müller y solo estaba esperando que llegaran las identificaciones falsas para cruzar la frontera hacia Canadá.

El tiempo se le acababa y no había nada que pudiera hacer para escapar. Especialmente porque ya no estaban alojados en el hotel de carretera, si no albergados por uno de los socios de Devan.

Tuvieron que dejar el cuarto rentado, porque luego del incidente de la gasolinera, la policía estaba detrás de sus pasos. Lo vieron en la televisión, en el noticiero aquella misma noche. Devan se encolerizó por lo sucedido, lo encerró en la parte trasera de la furgoneta y cuando lo dejó salir, ya estaban en ese lugar.

Ahora estaban escondidos en el burdel que regentaba Wayne, cuyo primer piso era un bar lleno de borrachos. Las peleas eran constantes, tanto fuera como dentro del edificio. Con suma frecuencia, los pasillos del segundo piso, se convertían en un campo de guerra entre clientes ebrios y drogadictos.

Un griterío se desató de pronto tras la puerta de la habitación que les dieron. Voces femeninas aullaban groserías en combinación con las de los clientes.

—¡Esas malditas putas! ¡Como no se mueren, carajo! —murmuró Devan lanzando una botella vacía contra la puerta.

Afuera la gresca llegaba a mayores. Podían escuchar los alaridos de las mujeres y golpes contra las paredes. Devan gruñó más incómodo que antes.

—Ese puto de Müller, más le vale aparecerse pronto. Tráeme el teléfono.

Ordenó Devan y le señaló la pared, donde lo dejó enchufado. Apenas lo recibió empezó a golpear las teclas furioso y luego lanzó el aparato sobre el colchón. Gruñó una vez más y luego volvió a la carga.

—El otro día, recibí una llamada interesante. —le dijo.

Noel se sobresaltó y evitó mirarlo. Había vuelto a su lugar en la cama, pero ahora estaba arrepintiéndose de no haber regresado a su rincón.

—¿Sabes quién era? —insistió Devan mirándolo fijamente.

Su expresión era indescifrable y Noel estaba francamente asustado. No se atrevió a responderle, lo cual lo enojó más.

—Tu cliente favorito. Ese que no te puede coger en una esquina, como la perra que eres. Que te regala ropa fina y te lleva a esas fiestas de ricos.

El corazón le dio un vuelco. Devan se refería a Luka. Luka lo llamó, llamó a Devan.

—Ya te gustó follar con él, en hoteles caros. ¿No?

Noel solo negó con la cabeza y Devan le plantó una bofetada, bien dada.

—¡No me mientas! Te has estado viendo con ese hijo de puta…

—Es…solo un cliente… paga bien…

¿Sólo un cliente? Sólo un cliente, dice.

—¿Qué le dijiste? ¿Qué para esto es para lo único que sirves?

Dile, dile lo mucho que lo amas, que no puedes vivir sin Luka.

—No Devan, no le dije nada. Solo hice mi traba…

—¿Crees que soy un pendejo? ¿Qué mierda le dijiste? ¿Por qué está tan interesado en una perra como tú? ¡Habla carajo!

Eres un pendejo Devan.

—Nada Devan, no sé. No sé porque está interesado en mí…

Díselo, díselo. Que se vaya a la mierda.
Hazlo, dilo.
Que no puedes dejar de pensar en escapar y correr a los brazos de Luka. 

Dile.

—No me mientas.

Dile que todo este tiempo te has burlado de él. Le has ocultado la existencia de Pat. Lo bien que te hace sentir Luka. 

—No lo sé Devan, te juro, te lo juro que no sé.

Dile cuánto disfrutas estando al lado de Luka.

—¡No vas a volver a ver a ese riquillo hijo de puta! —gritó Devan y golpeó el colchón con rabia. —Nunca más. Antes te arranco los ojos y luego te mato.

Te va a matar de todos modos. 

—¿Quedó claro?

—Sí Devan, sí.

Devan gruñó como un animal salvaje y se volvió a acomodar en la cama. El teléfono vibró sobre el colchón y lo tomó a prisa.

—«Estoy en camino.» Dice el imbécil de Müller. —Devan bufó levantando los ojos. —¡Mula de mierda! Ve a traer unas cervezas. Y te das prisa, puto de mierda.

Noel se levantó de la cama de un salto, casi agradecido de alejarse un momento de Devan. Sin perder un segundo y descalzo aún, desapareció tras la puerta.

El bar quedaba en el primer piso y tenía que pasar por un corredor, que se conectaba con una trastienda. Días antes, al hacer el mismo recorrido, pudo divisar la puerta abierta que conectaba a la calle. Intentar escapar por aquel pasaje, era inútil. Una cámara de seguridad vigilaba a todo lo que entraba o salía. Además del nutrido grupo de matones que patrullaba los pasadizos constantemente.

Suspiró hondo y siguió de largo.

La música a todo volumen le empezaba a provocar una jaqueca. El bar estaba repleto y el bullicio traspasaba las paredes. Una chica quien le recordó a Jade, pasó a su lado, sin reparar en su presencia. Hasta en eso se parecía a él, pensó Noel.

—Tú. A ti te estaba buscando.

Ese era Wayne, otro de los compinches de Devan. Mucho más delgado que su chulo, pero era de temer. Al escuchar su voz, Noel se contrajo contra la pared del pasadizo. Seguro lo había ofrecido a alguien más y tendría que trabajar, a pesar de estar agotado. Tenía que pagar por la estadía, le dijo Devan, no se iban a quedar de gratis ahí.

Wayne lo tomó de un brazo y arrastró por el mismo pasillo por el que acababa de descender.

—Devan me está esperando. —murmuró, aunque sabía que su mínima protesta, no iba a dar frutos.

Tal y como esperaba, Wayne lo ignoró y lo condujo hacia una puerta que uno de sus matones abrió para dejarlos pasar. El lugar era oscuro y parecía una oficina.

—Hay alguien que quiere verte. —Le dijo Wayne, sin soltarle el brazo.

Noel dejó que lo empujaran dentro, porque era inútil pensar en rebelarse, solo sintió que la puerta se cerraba tras él y se vio completamente perdido.

***

—¿Por qué carajo te tardaste tanto? —bramó Devan al verlo regresar con las manos vacías.

Noel se le acercó, cabizbajo y nervioso, mordiéndose los labios. Descalzo y temblando, un sonido tintineante acompañaba sus pasos. Dejó la puerta abierta al ingresar y Devan se puso de pie para embestirlo.

Como era de esperarse, estaba furioso.

—¿Qué mierda andabas haciendo, perra? Te dije que fueras y vinieras. —Lo sacudió y levantó la mano para pegarle en la cara, pero se detuvo en seco. —¿Qué carajo es eso que tienes en el cuello?

Noel no le respondió y tensó el cuerpo al escuchar los pasos ingresando tras de él. Devan lo liberó y pudo ver como retrocedía desconcertado.

—¿Qué haces tú aquí? —El tono de voz de Devan, fue algo que nunca antes pensó que escucharía. Estaba asustado y no podía ocultarlo.

—Eso mismo es lo que me pregunto yo, Devan. ¿Qué haces tú aquí?

Tin Man avanzó hacia ambos y Noel sintió la necesidad de arrojarse al suelo, a los pies de su amo. Devan se adelantó a sus deseos, lo tomó de un brazo y lo jaló hacia sí.

—Que descortesía de tu parte marcharte sin decir nada—Tin Man chasqueó los labios y continuó con sus reproches. —Mira que hacerme venir hasta este lugar repugnante, solo para reclamar lo que es mío. Eso no se hace, Devan.

—¡Vete de aquí hojalata!

—No he venido a pelear contigo, ni mucho menos a discutir. Vine hasta aquí a hacerte una oferta.

Noel pudo ver como Tin Man avanzaba hacia la puerta y dejaba entrar a alguien. Era Lyon y traía consigo un maletín de mano que colocó delante de su amo.

—El doble de lo que te ofrecí, para que me entregues a mi mascota.

El silencio se hizo presente. Ambos adultos se miraban de hito a hito.

—Una muestra de mi agradecimiento, por tu precaria labor. —Continuó Tin Man después de unos tensos segundos. —En fin. El doble. ¿Qué dices?

Lyon se adelantó y abrió la maleta. Tin Man no mentía, allí dentro había mucho dinero, más del que Noel pensaba que existía en el mundo.

El silencio reinó por breves segundos. Devan bufó como un animal y retrocedió sin soltarlo. Tin Man sonrió divertido, conocía bien a ese demente, como para saber que algo tramaba.

—Piénsalo bien, Devan. Es una oferta excelente. Con esa cantidad puedes hacer tantas cosas. —insistió acercándose a ellos.

Devan gruñía y seguro hasta estaba enseñándole los dientes. Rodeándole la garganta con un brazo, siguió retrocediendo, hasta que quedaron contra la pared.

—No hagas esto más difícil. —continuó el demente de Tin Man. —Seguimos siendo socios. ¿No? Es una cantidad bastante generosa, por mi mascota.

Devan se mantenía en silencio y Noel sentía que lo iba a terminar asfixiando.

—Vamos, si tienes que contarlo un par de veces, no hay problema, Devan. Podemos esperar. —insistió Tin Man.

—¿Cómo carajo llegaste hasta acá? —la voz de Devan, tenía un cargado tono de odio, en cada una de sus palabras.

Tin Man sonrió, pero se mantuvo en silencio.

—¡Contéstame hojalata! ¡Fue el cabrón de Müller!

—¿Sorprendido? Te vas a quedar con la interrogante. No me gusta hablar de quien no está presente. No es de caballeros. Ahora bien, espero tu respuesta y sabes que no soy paciente.

Noel tembló entero, sabía de antemano la respuesta que le daría. Para Devan el dinero era lo más importante, siempre se lo repetía.

Tin Man se impacientaba y nada bueno saldría de ello.  Noel observaba como al albino se le borraba la sonrisa y endurecían los rasgos. Incluso Devan lo notó y de un empujón lo mandó rodando a los brazos de aquel demente.

—Buena elección, Devan. —exclamó el hombre de Hojalata. —Muy buen juicio, mi estimado.

Noel sintió que se moría. Su destino estaba sellado. Acababan de comprarlo, como si fuera un animal. Tuvo deseos de gritar, de correr, de pelear, pero sabía que no tenía sentido. El collar en su cuello hacía más que oprimirle la garganta, lo paralizaba de miedo.

Le lanzó una mirada suplicante a Devan, pero este no le prestaba atención. Sin decir una palabra, acababa de abrir el maletín y estaba de lo más ocupado analizando su contenido.

—Adelante, puedes contarlo. Vas a ver que no falta ni un centavo.

—Lárgate de una vez, ya tienes lo que quieres, hojalata. —le gritó Devan furioso. —No te quiero ver más en lo que me queda de vida.

—Que coincidencia, pensamos lo mismo. —exclamó Tin Man.

Noel se quedó de pie, al lado del hombre que acababa de comprarlo oficialmente y por cómo se relamía Devan, una jugosa cantidad de dinero. Sintió como las manos de Tin Man le acariciaban el cabello, descendían por su nuca y resbalaban por su garganta. El dedo índice de su amo, empezó a jugar con sus labios, rozándolos con cuidado.

—Pero ya sabes, sin rencores. —continuaba Tin Man. —Seguimos siendo socios. ¿No es verdad?

Le estaba hablando a la pared. Devan tenía un par de fajos de billetes, apilados sobre la cama e iba por el tercero.

—Diría que más que socios, tuvimos una trayectoria juntos. —continuó el albino, pero sus palabras caían en oídos sordos. —No seré malagradecido contigo, debo reconocer que, sin ti, no hubiera obtenido a Toto.

El sonido metálico que Noel escuchó, estuvo seguro que no fue de su collar.

—Aunque quisiste apoderarte de lo que es mío, has de saber que no te guardo rencor. Así que cumpliré tu deseo.

Con terror vio como Tin Man estiraba un brazo largo y al final de este, se encontraba un revólver oscuro.

—No me vas a volver a ver nunca más, Devan. Espero que estés contento por ello.

A Noel se le heló la sangre y todo el cuerpo se le tensó. La mano que acariciaba sus labios, le cubrió la boca con suma fuerza, mientras que la otra apretaba el gatillo.

El sonido fue sordo, el momento breve, la bala certera, la risa de Tin Man, lo más aterrador que hasta ahora había escuchado en su existencia.

Lo que sucedió a continuación fue una vorágine de emociones difíciles de experimentar. Todo lo que acontecía frente a sus ojos, parecía parte de un mal sueño. Wayne entró a la habitación y pudo oír que Tin Man le decía que podía quedarse con el dinero. Vio que Lyon abría la puerta y sintió que su amo lo arrastraba hacia la salida. No tenía manera de pedir ayuda o gritar, le seguía cubriendo la boca con su mano amplia.

—Creo que han sido muchas emociones para mi mascota. —exclamó Tin Man.

Lo siguiente que percibió fue el dolor agudo de una aguja enterrándose en su cuello. Su cuerpo lo abandonó y las luces se apagaron.

—Dulces sueños, Toto.

Fue lo último que pudo escuchar antes de dejar de sentir por completo.

***

Entreabrió los ojos y un dolor de cabeza fue lo primero que lo recibió. Lo segundo, fue el rostro sonriente de Tin Man y tal descubrimiento lo hizo saltar del susto. Pero apenas se dio cuenta que yacía en sus brazos, estuvo a punto de gritar de terror.

—Qué bueno que despiertas, Toto. Has dormido demasiado. Levántate.

Sentía el cuerpo pesado, las rodillas se le doblaban y sus brazos apenas podían sostenerlo. Arrastrándose sobre el colchón mullido, pudo adoptar su posición de mascota. Aun aturdido, buscó regresar al suelo, antes que Tin Man se enoje.

El demente de su amo ya estaba de pie y se agachó a su lado para engancharle la correa a una de las argollas de su collar. Le dio un tirón y Noel tuvo que avanzar, mareado y todavía adormecido.

Imágenes borrosas llegaban a su mente. ¿Fue un sueño? ¿Qué iba a suceder ahora? ¿Iba a volver con Devan? No, no, gritaron las voces en su mente, abandonando la modorra narcótica. Devan está muerto, Tin Man lo mató.

Un gemido involuntario abandonó su garganta. Tenía que recordar que ahora era una mascota, sin voz ni voluntad, dejándose arrastrar por su amo, a donde fuera que quisiera llevarlo.

Estaba desnudo y empezó a sentir frío. La piel de las rodillas le ardía, por la prisa que le imprimía su amo a los pasos que daba.

—Toto. ¿No estás contento de regresar con tu amo?

No. Quiso gritarle. ¿Cómo crees que voy a estar contento, en esta situación y con un demente como tú? 

—No veo que muevas la cola. ¿Acaso no estás feliz de verme?

—Wo…oof. —respondió débilmente, meneando las caderas.

Tin Man se acuclilló a su lado y le acarició el cabello.

—Tengo una sorpresa para ti. No te la mereces, pero soy un amo generoso.

No, no quería nada. Estaba cansado, decidido a rendirse por completo. ¿De qué servía pelear tanto contra Devan, para caer en las manos de Tin Man?

Ahogó un quejido lastimero, cuando el demente de su amo le dio un tirón a su collar. No se dio cuenta que se habían detenido frente a una puerta y Lyon acababa de dejarlos entrar a una habitación oscura. Noel apenas pudo distinguir que algo se movía en el fondo. Tin Man se detuvo y aplaudió una vez.

La luz se encendió y Noel sintió que su corazón dejaba de latir.

—Toto, quiero que conozcas a mi nueva mascota, Oz.

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7 thoughts on “Capítulo 22

  1. Dios santo!!! Mujer que me has dejado con el jesus en la boca O-O
    No puedo….dios!! Sigo impactada Σ(・□・;)

    Lo primero me alegra bastante que el bastardo de Devan, ya no exista más, ese mal nacido mejor destino no pudo tener….aun que si hubiera tenido un poco de la tortura que le hizo pasar a Noel durante tantos años no me hubiera quejado xD

    Ahora a lo que realmente me dejo sin aire y que me hizo dar un tremendo NOOOOOOOO!! por toda mi habitación, logrando ganarme un ¡Cállate y duérmete! por parte de mi madre (^^;; jejeeje, fue primero que Noel regresara con Tin Man y lo segundo fue que…que Luka ahora este posesión de Tin Man y el muy hijo de perra…lo llame Oz
    ¡Aaaaaaa!!! Maldito idiota (♯`∧´)/

    Jamás me esperaba este giro en la historia -que aun que fue grandioso- me esta matando por dentro, por no saber que demonios ahora pasara. Ya que obviamente Noel esta acostumbrado a ser la “mascota” de ese demente, pero Luka no es ingenuo y mucho menos sumiso y temo que por querer salir de ese infierno o ayudar a Noel, él vaya a tener muchas cicatrices de tortura por ese animal…..aaaaa!! Por favor, por favor! Actualiza pronto que ahora si me estoy mordiendo las uñas (⌒-⌒; )

    Me alegra tanto que tus ánimos no se hayan caído por lo que paso en wattpad y como fiel seguidora tuya aquí ando dando lata y dejando mi testamento de comentario JAJAJAJA!! Espero con emoción el próximo capitulo. Besos desde México *\(^o^)/*

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  2. me encanto este cap
    aunque me dejo con emociones encontradas XD
    ya quiero ver que les hace el sádico este *.*
    estera esperando con ansias la continuación
    chao

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  3. Oh por Dios, aún sigo sin poder creerlo! Este capítulo fue demasiado… ¿cómo decirlo? Wow! Pobrecito Noel! Jamás imaginé hasta donde llegaría el mierda de Tin Man o el fin del otro mierda de Devan. Y lo de Luka, ¡eso no lo esperaba! Tal vez pensaba en una terrible pelea entre él y los mafiosos, pero… ¿¡ser “mascota” de Tin Man ahora!? Jo.Der. ¿Vivirá en carne propia y entenderá los sufrimientos de Noel o es demasiado cabrón para dejarse manipular por el albino? Tardé en asmilarlo e incluso creer que él no podía ser, pero… Oh, Lukaaa!</3
    Increíble capítulo, ya no tengo palabras.

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  4. POR LA PUTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!

    Primero que nada: HERMOSO el nuevo look de tu blog. Bien profesional.

    Este capitulo estuvo RECONTRA-DUPER-SUPER INTENSO por los cuatro costados. El rescate, carajo, el rescate. No se por que se me vino a la mente la cancion de Bonnie Tyler “holding out for a hero”, de verdad.

    Luka, Luka, Luka. Siempre Luka. Es todo un personaje, pero valeroso y noble a la hora de la verdad. Simplemente divino. Tendra sus caidas, sus defectos, sus ups and downs, pero definitivamente el es todo un personaje.

    Mencion especial a la ancianita que se topo Luka: LA ADORO!!!! Casi me provoca estrujar a la viejita, en serio. Que bella.

    Y BIEN POR QUE DEVAN AL FIN MURIO COMO EL PERRO QUE ES!!!!

    Ahora, para cuando TinMan morira como el perro que es? 😀 lo espero pronto! ❤

    Total que un capitulo super intenso. Genial! Lograste emocionarnos a todos!

    Besos!

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  5. Omg noooooo!!!, nunca comentarios porque nunca se que decir, pero éste capítulo fue , wow, doble wow, por fin murió el desgraciado de Devan, pero ahora TinMan tiene a Noel y a Luka (eso parece), ya ansío el próximo capítulo y espero que ambos logren escapar de ese infierno tarde o temprano, y aunque soy una lectora fantasma siempre te envío mucho amor c: .

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  6. Este capitulo lleno de suspenso. Justo como me encanta, tengo la necesidad de seguir leyendo más y más, siguelo, es tan genial. Sin duda el siguiente capitulo será el mejor y por fin Noel y Luka puedan vivir tranquilos. Aunque espero que no acabe tan rápido.

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