Capítulo 20

La sensación de estar soñando se resistía a desaparecer.

Luego del delicioso baño, Luka dejó que se envolviera en un albornoz blanco que llevó hasta el baño. Lo tomó en sus brazos y lo depositó sobre la cama. Al momento siguiente se tumbó a su lado, húmedo  aún y perfumado a jabón. Vio que tomaba el control remoto y mencionaba algo acerca de ver televisión hasta que se durmieran.

Lo último que quería era cerrar los ojos y correr el riesgo de que cuando los abra, toda esa fantasía desaparezca. El miedo lo invadía, de que  todo fuera una alucinación producto de su mente enferma.

El temor que Luka desapareciera de su lado hizo que saltara sobre su cuerpo tibio, acomodándose sobre su entrepierna, colocando las palmas sobre el pecho musculoso. Para Noel no pasó desapercibido el tinte de deseo que recubría esos ojos disparejos. La necesidad de darle placer le dio fuerzas para continuar con lo que había empezado. Sí, eso es lo que él quería, complacer a Luka, hacerlo llegar a un orgasmo y que lo disfrute como no lo hizo con nadie antes.

Experiencia le sobraba, así que deslizó ambas palmas por las líneas del pecho del fotografo. Presionando ligeramente con las yemas, sintió que su propio cuerpo se encendía. Dejó sus manos sobre el vientre duro, acariciando los músculos definidos. Al inclinarse para besarlo, el contacto de sus labios, sólo inflamó la pira que lo consumía por dentro. Deseaba esa sensación difícil de explicar y que Luka le enseñó, cada vez que llegaba a un orgasmo.

Su propia erección era algo a lo que no estaba acostumbrado. El hecho de que estuviera sintiendo algo, era nuevo. Sus manos se detuvieron en el miembro firme de Luka, a una nada de distancia del suyo. Sus caderas reaccionaron primero y ambos falos chocaron entre ellos, apenas en un leve contacto. Vio como le sonreía y sintió las manos largas del fotógrafo asirlo de sus caderas angulosas para rodearle las nalgas apretándoselas.

Fue cuando sus propias manos buscaron ambos miembros para frotarlos entre ellos. Un gemido se le escapó, tan fuerte que no supo de donde le salía tanta voz. Se arqueó sobre Luka, buscándole la boca, para evitar hacer un escándalo.

Oyó al fotografo gemir levemente y arquearse también, pulsando mientras seguía con el masaje a la carne que ya sentía húmeda.

—He hecho esto muchas veces, pero nunca sentí lo que estoy sintiendo ahora. —fue una confesión sólo para Luka, la susurró a punta de jadeos, sobre los labios ajenos.

—¿En serio?—le dijo Luka con una sonrisa amplia.

El fotógrafo no le dio tiempo para responderle. De pronto, aterrizó sobre el colchón boca arriba y Luka se le subió encima sin  perder la sonrisa.

A Noel, se le desató el albornoz por la fricción de ambos cuerpos y Luka se abrió campo entre sus piernas delgadas.

—¿Nunca antes nadie te hizo sentir así?

Le preguntó el fotógrafo y continuó besándolo con urgencia. Sus labios aplastando su boca, mordiéndole la lengua, una de sus manos arañándole un muslo, la otra sujetándole ambas muñecas. Luka se convirtió en un lobo hambriento, triturándolo con su cuerpo.

Sí, perdió el control. Estaba tan caliente que la cama iba a terminar en llamas. Era culpa de Noel, por ponerlo de ese modo. Mientras mordisqueaba su pecho, se dio cuenta que las manos del chico estorbaban. Entonces se le ocurrió una idea interesante. Recuperó el cinturón del albornoz de debajo del muchacho, luego tomó una de sus manos y le besó todos los dedos. Tomó la otra y las ató por las muñecas al poste de la cama.

El albornoz quedó atrás dejando el cuerpo del chico expuesto y todo para él. Luka se sintió como un animal feroz, relamiéndose los labios mientras observaba el bocado que iba a despacharse. Recorrió con los digitos el pecho delgado, deteniéndose sobre los pezones rosados y apretándolos al unísono.

El muchacho tenía los ojos cerrados y jadeaba delicioso. Como premio le regaló una mordida en los labios, apretando el más grueso con cierta fuerza. Noel no se resistía, si no que muy quieto dejaba que trabajara sobre su cuerpo. Siguió su recorrido dejando un hilo de saliva sobre las costillas, el vientre cóncavo, el ombligo minúsculo y hasta llegar donde quería. Un gemido brotó de entre los labios hinchados por las mordidas, inflándole más el deseo.

No podía resistirlo más, se acomodó a prisa entre las piernas separadas de Noel  y las recogió apretándole los muslos. Tenía que hacerlo, si no  iba a estallar. Le dio una mirada al muchacho y vio que tenía los labios abiertos, como ahogando un quejido. Necesitaba un preservativo, lubricante y paciencia para no lastimarlo cuando lo penetrara.

Lo último sería lo más difícil de conseguir. Lanzó un gruñido agudo y se desenredó del cuerpo de Noel. Rodó sobre su cama y se lanzó sobre la mesa del velador. Abrió el cajón con tanto ímpetu, que casi lo desbarata. Tomó un condón, rasgó la envoltura a toda prisa, lanzó una maldición al aire porque también dañó el contenido por el apuro. Lo dejó caer al suelo, tomó otro, lo rasgó con más cuidado. Se lo colocó esta vez con las manos temblorosas por la ansiedad. Tomó un frasco de lubricante y regresó a acomodarse entre las piernas de Noel. Las llevó a reposar a los lados de sus hombros, tomó un poco del líquido transparente entre las yemas de sus dedos y se dispuso a prepararlo. Jadeando como un animal, recorrió con suavidad la piel de la entrada a ese cuerpo que deseaba con desesperación.

Pero se detuvo. Noel lo miraba y sus ojos estaban completamente vacíos. Tenía, sin embargo, una expresión de temor que liquidó su erección de golpe. Cerró los ojos un segundo y apenas los abrió de nuevo, notó que la erección del chico había desaparecido también.

—Mierda.—se le escapó.

Fue un instante, la expresión regresó a los ojos de Noel. No era el chico de hacía un momento, era la criatura depredadora. Ese brillo extraño, ese modo intenso de mirar. Lo vio recoger sus piernas, empujar las caderas hacia su pelvis, relajar los brazos que recién notó estaban tensos. La erección no volvía para ninguno de los dos.

El miedo empezó a asomarse en los ojos de Noel. Lo vio sacudirse un poco más, buscando su excitación ausente. Al parecer, notó que había perdido el interés en follar y el pánico se manifestó en seguida. La criatura depredadora seguía presente, se relamía los labios  invitándolo.

Se levantó de la cama y vio que el chico aún sacudía las caderas. Mierda, mierda, mierda. ¿Qué acababa de hacer? Casi se lo coge por fin, estuvo tan cerca. Hubiera podido, sin problema alguno, Noel no se iba a resistir, no iba a protestar, tampoco lo iba a disfrutar. Frustrado de nuevo, abandonó la habitación, desnudo aún, maldiciendo en murmullos.

¿Qué carajo me pasa? Estuvo tan cerca, maldita sea. Me calentó tanto que ya ni pude controlarme. 

Derechito a la cocina, necesitaba una botella de agua, de vino, algo, lo que fuera. Del refrigerador obtuvo lo que buscaba y apuró un trago al líquido refrescante y transparente. Todavía el calor no lo abandonaba. Estuvo cerca, casi se folla a un chiquillo, menor de edad y lleno de moretones por encuentros pasados.

Cierto, la sola idea de que alguien más lo estuvo tocando horas antes que él, le incendiaba de rabia. No iba a pretender que ese chico le fuera exclusivo. Por favor Luka, recuerda que tiene un chulo que lo ofrece como si fuera un trozo de carne. Otro sorbo de agua, tan apurado que hizo que se atore.

Luego de toser violentamente, decidió que tenía que actuar como un adulto y afrontar las consecuencias de sus actos. Tú lo trajiste a tu cama, Luka. Sabiendo bien de lo que trabaja, bien al tanto de que tiene sexo por dinero, con quien sabe cuanta gente por noche. No puedes querer nada con él, él no es para ti. Sólo quiere tu dinero. Las palabras de Amy calaron dentro de su mente y empezaba a arrepentirse de no haberla lanzado por la ventana, cuando empezó a sermonearlo.

Regresó a su habitación  y lo que vio le enfrió la sangre. Sobre el colchón, Noel peleaba contra las ataduras y se retorcía como una lombriz. Apenas emitía sonidos y tenía una expresión de pánico pintada en el rostro.

El muchacho notó su presencia y su rostro perdió la expresión por completo. Se quedó inerte sobre la cama, como si se le hubiera escapado la vida.

Enseguida fue a liberarlo, casi tropezando con sus propios pies, abandonando la botella de agua en el camino.

Ca-ra-jo, murmuró mientras deshacía el nudo que los forcejeos  de Noel ajustaron.  La tela del albornoz le quemó la piel de las muñecas, ahora la tenía irritada. Luka gruñó con más fuerza, de pura frustración. ¿Qué acababa de suceder? Hacía un instante el mocoso estaba encima suyo  y ahora que abría los ojos… No, ese no era su Noel, era un animal aterrado, amarrado a su cama.

Apenas se vio libre, el chico le saltó encima. Lo abrazó como se sujeta un flotador cuando uno va a la deriva. Hundió su rostro pálido sobre su oído y lo escuchó jadear acelerado.

—¿Qué carajo te pasa ahora?

Noel lo apretó con todas sus fuerzas y respiraba agitado. Podía sentir como se abandonaba en sus brazos.

—No estoy soñando, no es un sueño.—balbuceaba.

—¿De qué estás hablando?

Le tomó el rostro con ambas manos y pudo ver en los ojos azules de Noel, el alivio que estaba sintiendo.

—Eres real—el muchacho continuó con el monologo apretándose con más urgencia.—No estoy soñando.

—¿Noel? ¿Me oyes?  Claro que soy real. ¿Qué estás diciendo?

—Es que, tuve miedo de que  esto de estar contigo no fuera real. Que sólo sucedía en mí mente y cuándo me despertara iba a regresar a la realidad, con Tin Man.

—¿Qué tiene que ver el hombre de hojalata* en todo esto? ¿De qué hablas?

—El hombre de hojalata, a él le gusta mucho esa película. A veces la pone cuando estoy con él. —decía sobre su oído.—Nunca la he visto, sólo he escuchado los sonidos de las voces.

No acababa de entender, pero no importaba. Noel estaba en sus brazos y le dibujó círculos sobre los huesos de la espalda desnuda, mientras intentaba tranquilizarlo.

—No estoy soñando.—concluyó el chico suspirando.

—No estas soñando, estamos en mi departamento, en mi habitación, sobre mi cama. Aquí no estamos más que tú y yo. Nadie más, no hay ningún hombre de hojalata, ni mago de Oz, ni monos voladores, ni nada.

Recostó al muchacho sobre el colchón,  pero le costó trabajo descolgarlo de su cuello. Era él, su Noel de nuevo. Había regresado de donde sea que hubiera ido. De algún modo compartía su cuerpo con esa criatura depredadora que solía asomarse, así como de aquel animal maltratado que lo observaba desde un rincón de sus pupilas.

Noel no quería dejarlo ir. Apenas hizo el ademán de levantarse de su lado, se le prendió del brazo. No había remedio, se tumbó a su lado, esperaría que el chico se duerma para acomodar sus ideas. ¿Qué acababa de suceder?

Eres un burro. Lo asustaste, pues Luka. Se autocensuró.

¿De dónde le vino la maravillosa idea de que amarrándolo a la cama lo iba a hacer sentir mejor? Se dejó llevar por la premisa que el chico lo había hecho antes. La vez que se le desmayó en la calle y lo trajo en brazos, tenía ese collar de perro en el cuello y en los brazos los grilletes de cuero aún atados a sus muñecas.

¿Qué? ¿Cómo iba a saberlo? Pensó rodeando a Noel con un brazo y lo apretándolo contra su pecho. No estaba durmiéndose, estaba bien despierto.

—Trata de descansar, debes estar exhausto. No entiendo que te asustó tanto, pero no fue mi intención. Por un momento pensé que eso de collares y grilletes, te gustaba. Ya veo que no.

Es que eres un tonto, Luka.

—Sólo quería hacer algo contigo, quería que sintieras un orgasmo pleno, sin necesidad de usar tu cuerpo como botín guerra. No sé si me entiendes, pero, lo siento. No quise asustarte, ni tampoco te iba a lastimar.

—Lo sé, tú no harías eso. —susurró Noel con voz cansada.

—Claro que no. —le respondió casi ofendido.

¿Es por qué no eres como el resto? Eres un fenómeno, Luka. Se dijo así mismo.

Noel se acurrucó a su lado y por fin consiguió que cerrara los ojos. A ese ritmo se iba a dormir pronto.

En cambio Luka, necesitaba un cigarro. Estaban sobre el velador, no. Recordó que los puso dentro del cajón, ese que dejó caer al suelo. Le dio una mirada al reguero al lado de la cama y resopló fastidiado.  Ahí estaba la cajetilla entera, al lado del encendedor. Podía estirarse hasta que se le zafaran las coyunturas, pero no los iba a alcanzar.

Mierda, de verdad quería un cigarro y estaba por hacer una pataleta mental, pero recordó quien estaba a su lado. Noel lo valía, no tenía valor de despertarlo para satisfacer su propio capricho. Esa expresión de tranquilidad en el rostro del chico, era tan difícil de conseguir, que podía sacrificarse por un rato.

¿Quién lo diría? No solía quedarse con las ganas, siempre obtenía lo que quería, pero en los últimos meses, la vida le estaba demostrando lo contrario.

***

El teléfono móvil vibraba rabioso sobre el velador. Luka despertó por culpa de ese molesto sonido y porque Noel a su lado, luchaba por liberarse de sus brazos.

Se levantó con ánimos de renegar porque casi no durmió. Cuando por fin consiguió hacerlo, el chico tuvo otra de sus famosas pesadillas. Tuvo que sujetarlo con todas sus fuerzas, mientras le  susurraba al oído que todo estaba bien. A este paso iba a tener que conseguir una camisa de fuerza y tenerla debajo de la almohada, a modo de pijama.

Bromas aparte, Noel se escurrió de entre sus extremidades y se incorporó sobresaltado.

—¿Qué hora es? —el muchacho sonaba espantado.

Vio que se lanzaba de la cama y aún no se despabilaba, pero ya andaba tratando de encontrar su ropa. Noel tropezó y se fue de bruces al suelo, pero no se detuvo. Estaba decidido a vestirse a toda prisa.

Gruñó un segundo antes de tomar el teléfono y lanzarlo sobre el colchón. Se levantó en busca del chico quien gateaba hacia sus pantalones y se sentaba en el suelo para ponérselos.

—Deja eso, la ropa que tienes ahí está toda vieja. Te traje algo, anoche ni caso le hiciste.

Tomó la bolsa de papel del suelo y se la tendió. Noel lo miró con los ojos llenos de terror y ni le contestó. Se levantó a prisa y se subió los pantalones.

—Tengo que irme, ya es tarde. Ya es de día…

Era cierto, según su teléfono las nueve de la madrugada. No, en serio, ya era de mañana y no acababa de entender el temor del muchacho. Ah, cierto, el chulo le dijo que regresara al día siguiente. Gruñó de nuevo y tomó a Noel de un brazo.

—Siéntate. Vamos a tomar desayuno y luego te voy a llevar a tu casa. Primero te quitas ese pantalón que apenas te sube hasta las caderas y… ¿Me estás oyendo?

—No me puedo quedar.—respondió aterrado.

Rodó los ojos y tomó su teléfono. Buscó el número que era el del proxeneta, estaba en su lista de contactos bajo la categoría de «apestosos». Esperó pacientemente el tono para dejar un mensaje en la casilla de voz.

—Soy Luka. Anoche tuve la mala suerte de cruzarme con tu fea cara cuando recogía a Noel. Él está conmigo todavía y se va a quedar un rato más. Estamos teniendo el mejor sexo del mundo, así que te lo devuelvo luego. Si tienes algún problema con eso, te vas a la mierda. Por el dinero no te preocupes, cárgalo a mi cuenta. Ahí te ves.

Terminó la llamada y frente al tenia frente a el rostro aterrado del mocoso. Le pareció que había dejado de respirar cuando le oyó dejar ese mensaje al tal Devan.

—¿Qué?—preguntó Luka extrañado.

A Noel le tomó un momento reponerse de la sorpresa.

Perplejo, se quedó mirando a Luka y éste no parecía entender la gravedad de lo que acababa de hacer. Él no conocía a Devan, no sabía de lo que era capaz. De un modo u otro, estaba hundido en más problemas.

¿Qué podía hacer? Ni pensar en huir. Devan no le permitiría escapar, tenía muchos contactos, incluso en la policía.

Iba a tener que ir con cuidado, pensar muy bien en lo que haría. No quería terminar en pedazos, como esas mujeres  que trataron de escapar más de una vez o que ya no servían para el negocio. Ellas terminaron en ese cuarto al final del pasillo, donde la luz siempre estaba encendida, en el que les cosecharon los órganos.

Noel se mordió los labios y sintió su piel rechinar. Apretó los puños,  la idea de terminar en manos de Müller encerrado para siempre en una habitación, sin poder levantarse y sin ver la luz de día le dio escalofríos.

Tenía que regresar con Devan cuanto antes. Quizá esta vez no le pegaba tanto, si llevaba el dinero que Luka le daría….

—¡Hey! Hace rato que hablo y tú estás en tu propio mundo. —Luka lo sacudió de sus pensamientos. — Noel. ¿Ahora sí me estas escuchando? Si estás preocupado por el tal Devan, yo iré a hablar con él.

—No, no es necesario…—le respondió apurado, tragando un nudo en la garganta.

—Lo que sea, ahora quiero que te bañes, te vistas y te pongas la ropa nueva que te traje.—continuó el fotógrafo sin soltarlo aún.— No quiero verte vistiendo harapos de nuevo.

Asintió desolado, no había nada que pudiera hacer… Luka lo tomó de las mejillas y acercó su rostro hasta casi rosarle los labios.

—Además tengo que decirte, algo importante. No te lo dije anoche porque no tuvimos tiempo. Voy a estar fuera de la ciudad por dos semanas y quería verte antes de partir.

No tenía como responderle, sólo ganas de aferrarse al fotógrafo e interrogarlo. ¿A dónde vas? ¿Es muy lejos? ¿Puedo ir contigo?

—No me pongas esa cara que no me voy a ir por siempre. Vamos a tomar un baño y luego a desayunar a una cafetería de por acá. Espero que no te moleste compartir la mesa con Amy y su clon, una vez más.

—No, para nada.—le respondió y se levantó para encaminarse a la ducha.

Luka iba a estar ausente, por dos largas semanas. La idea de que iba a estar aún más lejos de su alcance empezaba a carcomerle la mente.

—Noel. Sólo son dos semanas y estaré de vuelta. —le dijo y lo levantó en sus brazos.—No quiero que hagas planes para ese entonces.

No estaba seguro de si seguiría con vida para esa fecha, pero intentó asegurarle que así sería. Esbozó una sonrisa  y Luka tomó la palabra de nuevo.

—Me gustaría llevarte conmigo, pero no se puede. Voy a estar contando los minutos, para poder verte de nuevo.—susurró sobre sus labios entre abiertos.

—Prométeme que nos vamos a ver de nuevo.—las palabras escaparon de su boca y le incendiaron las mejillas.—¿Por favor Luka?

¿Qué estaba diciendo? Debía estar delirando y  olvidando por completo con quien estaba hablando. Luka era un cliente. Cierto, el mejor que le había tocado hasta ahora. Gentil y bondadoso, tanto que lo hacía sentir como un ser humano.

Luka era importante, admirado, adinerado, respetado por  todos  y a pesar de ello, se había fijado  en alguien que a nadie le importaba. Podía pagarse una mejor compañía, alguien de más edad, que se viera bien, no un chico flacucho, mal vestido y al que nadie quería.

Acaso había algo mal en su cabeza, no podía ser que le esté pidiendo a un cliente que le hiciera una promesa como esa.  Se sentía aterrado por la reacción de Luka a su petición, no tenía derecho a disponer del tiempo de nadie. Dentro de dos semanas se podría arrepentir y no querer verlo más, o tendría cosas más importantes que hacer y olvidaría sus promesas. Noel se mordió el labio y bajo la mirada avergonzado por siquiera concebir una idea tan descabellada.

Luka rió ligeramente y le tomó la barbilla. Pudo ver que  lo miraba con esos ojos disparejos que tanto le gustaban.

—Te lo prometo. —le respondió Luka.

Esas palabras lo invadieron por completo. Una sensación nueva lo tomó por sorpresa y hasta sintió que la cara se le contraía en una sonrisa.

—Pero quiero que tú me prometas algo, Noel. Prométeme que cuando regrese vas a ser sólo para mí.

Lo que fuera, lo que él quisiera, todo. Asintió desesperado, con esa sensación extraña que le hacía vibrar la piel. No le salían palabras, las perdió todas, su mente gritaba y se proyectaba en todas las direcciones.

***

Durante el desayuno apenas pudo pasar bocado. Nunca pensó que teniendo la oportunidad de comer todo cuanto quisiera, no pudiera hacerlo. Estaba demasiado preocupado por tener que volver con Devan y eso le quitaba el apetito.

Amy y Mónica se les unieron cuando estaban ordenando, en el restaurante que Luka eligió.  Amy pareció sorprendida de verlo sentado al lado del fotógrafo, pero no hizo mayor comentario. Moni en cambio se sentó y se dedicó a levantar los ánimos conversando un poco.

Noel intentaba participar, pero la verdad era que no tenía nada que decir. Sólo los escuchaba, tratando de prestarles atención. Intentaba olvidar que apenas acabara la comida, tendría que volver a su rutina de saltar de cama en cama. Si era sincero consigo mismo, admitiría que lo que de verdad le preocupaba era no ver a Luka en dos semanas.

—Voy al baño, Noel ven conmigo.—le dijo Luka y lo sacó de sus pensamientos.

—Ni lo sueñes, él se queda acá.

—¿Qué? Si las chicas pueden ir al baño juntas. ¿Por qué nosotros no?

No hubo comentario de parte de las chicas, sólo Amy tomó un brazo de Noel y Moni la imitó. El chico pudo ver que Luka rodaba los ojos y se alejaba hacia el baño.

Se quedó entonces en compañía de las muchachas. Moni le sonrió de nuevo y le dijo que la ropa que traía puesta le quedaba muy bien y parecía sacado de una revista de modas. Noel le agradeció tímidamente y ella lo dejó en paz. En cambio Amy no dejaba de mirarlo.

—Moni. ¿Podrías hacerme el favor gigante de traerme otra Mimosa**? Mientras yo le voy contando a Noel cuanto lo queremos.

Vio que Mónica se levantaba de su asiento y se quedaba mirando a Amy, como si supiera que algo planeaba. Se alejó sin embargo, pero parecía preocupada.

Era evidente que algo sucedía, Noel lo notó al instante, pero no había nada que pudiera hacer para evitarlo.

—Luka me contó todo.—le dijo Amy sin dejar de mirarlo fijamente.—No me pongas esa cara de inocencia, lo sé todo. Sé bien que él te contrató para que lo acompañes y…En fin. ¿Todavía sigues aquí?

Noel no entendió su pregunta, así que se limitó a mirarla pasmado. Amy era la última de sus prioridades. No tenía cabeza para pensar en sus intrigas, necesitaba ver el modo de sobrevivir dos semanas en la manos de Devan y sin el alivio de ver a Luka.

—Es por tu bien, muchacho. Me he dado cuenta como lo miras. Quédate con lo que te ha dado hasta ahora, la ropa, el dinero y olvídate de él. Es mejor que te marches y no vuelvas. Luka nunca ha tenido nada serio con nadie, ni lo va a hacer. ¿Qué te hace pensar que va a querer algo contigo?

Noel la escuchó incrédulo, pero en el fondo de su mente, esas palabras tuvieron eco. Podía escuchar las voces de su mente repitiéndoselo. Amy dijo algo más, pero ya no la oía. Los pensamientos se revolvían, la angustia crecía. Le dio un sorbo al jugo de naranja para evitar darle una respuesta.

—Aquí tienes tu Mimosa.—dijo Moni mientras dejaba un vaso largo sobre la mesa.—Pero es la última Amy, tres es mucho.

—¿Otra Mimosa?—intervino Luka apareciendo detrás de Mónica.—Amy, ¿desde cuándo eres alcohólica? ¡Ah no! No me interesa la verdad.

—¡No se vale! Los dos en mi contra.—protestó la aludida.

Al parecer les dio mucha risa el comentario que hizo Amy, de nuevo no le estaba prestando atención. Sus palabras aún rondaban en la mente ya maltrecha de Noel.

Luka insistió en llevarlo a su casa, a lo que él se negó rotundamente. Fue Amy quien lo respaldó insistiendo que no tenían tiempo para eso. El viaje estaba programado para esa misma tarde  y bromeó diciendo que conocía tan bien a Luka, que podía jurar que no habría empacado ni un par de calcetines.

—Dos semanas se pasan volando.—le dijo y le regaló una sonrisa.

Le hubiera dado la razón, pero el miedo que sentía no era a los días que no vería a Luka, sino el no verlo nunca más.

Salieron del restaurante y el fotógrafo se veía preocupado al verlo caminar sobre sus pies heridos. A pesar que le susurró que estaba bien, Luka se negó. Insistió en pedirle un taxi y consiguieron uno más pronto de lo que esperaba. Luego no hubo tiempo más que para nada más.

La despedida fue breve, Luka lo abrazó y le susurró al oído que lo vería pronto.

Subió al taxi y se quedó con el rostro pegado a la ventana, hasta que perdió de vista al fotógrafo. Suspiró y se quedó mirando el billete que Luka le había dado momentos antes para pagar el taxi. Fue cuando notó que camuflada dentro del dinero, venía la tarjeta de presentación de Amy. Al darle vuelta descubrió que llevaba escrito el nombre de Luka  y su número telefónico.

—Miau Miau, que milagro verte por aquí.

Noel abandonó su ensimismamiento, sobresaltado miró al frente y se topó con los ojos de Brill que lo miraba fijamente desde el retrovisor.  El temor lo embargó al instante y en su mente sonaron todas las alarmas.  En seguida, sus ojos volvieron a la tarjeta. Supo que debía esconderla cuanto antes, como si fuera su más preciado tesoro.

—No sé que pasó con el pendejo de Müller, pero Devan está que echa chispas por el culo. —el taxista se rió de su propio chiste.—Mira que me mandó a buscarte al lugar de ese tipo.

Noel se hundió en el asiento y pudo escuchar como Brill le ponía seguro a las puertas del taxi.

—Ya le avisé al cabrón de Devan que vamos para allá. Así que no intentes nada raro, gatito.—Brill lanzó una carcajada y estiró la mano hacia atrás, esperando su pago.

Le entregó el dinero que le dio Luka y se devolvió los ojos a la calle.

—Apenas hablé con el cabrón de Devan y óyeme bien, ese tipo está enojado.—de nuevo una mirada maliciosa por el espejo retrovisor.

Parecía que Brill disfrutaba atormentarlo con esas palabras.

—En fin, yo que tú, andaría con cuidado gatito. —le dijo con una sonrisa aún más amplia.

Brill le subió el volumen a la radio y  Noel dejó de prestarle atención. El taxista no dejaba de tener razón. Necesitaba prepararse para lo que venía. Si lograba resistir dos semanas nada más… Dos semanas, para estar de nuevo en los brazos del fotógrafo.

***

Brill lo dejó bajar en la tienda de los italianos. Le dijo que tenía que comprar cigarrillos para Devan y que si no lo hacía se iba a enojar aún más. El taxista no le creyó del todo, pero le dijo que no se tardara. Noel entró a toda prisa a la tienda y para su buena suerte, Pat estaba acomodando unas latas en un estante.

—¡Noel!—gritó dejando caer un par al suelo.—¿Dónde estabas? Por fin apareces…

—Tengo que hablar contigo. —le dijo a quemarropa  y lo suficientemente serio como para que el menor se callara de inmediato.

Pat lo siguió a un lado de la tienda, al parecer no se esperaba la reacción de su hermano mayor.

—¿Qué te pasó en la cara Pat? ¿Phil te golpeó?

—No, él no haría eso. Es que no sabes lo que pasó, te tengo que contar muchas cosas. Noel, no sabes que…

—No me puedo quedar, ni darte explicaciones ahora. —interrumpió Noel.

No tenía tiempo para escuchar la historia de Pat. Le bastaba con saber que Phil no lo había golpeado, pero tenía que averiguar como así tenía esa marca en la cara.  Le dio una mirada a la calle, al taxi estacionado afuera y supo que no tenía tiempo que perder. Tomó la mano pálida de su hermano y le puso la tarjeta que le dio Luka sobre la palma.

—Toma esto y guárdalo por favor. Es importante para mí. Necesito que lo tengas tú.

Pat recibió el encargo boquiabierto. No le dio ni tiempo de protestar. Parecía que el menor quería decirle algo, pero se contuvo al ver que Noel le cerraba la palma y le plantaba un beso en la frente.

—¿Ya te vas? Pero acabas de llegar y yo tengo que hablar contigo.

Pat, te juro que ahora no puedo quedarme. Regreso luego, siempre lo hago. ¿No? Me tardo, pero regreso. Guarda lo que te di, es bien importante. Nos vemos luego.

Noel salió de la tienda con la misma velocidad con la que entró. Pat lo siguió hasta la puerta de vidrio, incluso salió detrás de él. Alcanzó a ver que su hermano se subía en un taxi. Apretó los puños de rabia y recordó que  acababa de dejarle algo a su cuidado. Era una tarjeta de presentación, con el nombre de una mujer y sus números telefónicos. En el reverso, escrito con tinta azul, el nombre de un tipo y su número telefónico escrito a mano.

Se mordió la lengua de ira. ¿Quién carajo se creía Noel para irse así? Dejarlo con la palabra en la boca, después de lo preocupado que andaba por él. No le dejó ni tiempo para preguntarle si estaba bien. Para decirle todo lo que había sucedido la noche anterior. No, se acababa de largar, como siempre le importaba nada lo que él tuviera que decir. Necesitaba verlo con tanta desesperación, saber que estaba bien y Noel no le prestaba atención.

Maldijo entre dientes y regresó a la tienda. Dejó la tarjeta al lado de la foto de Tino. ¿Para qué querría el idiota de Noel esa tarjeta? Ahora sí se sentía rabioso, si no tuviera que quedarse cuidando la tienda iba corriendo detrás de ese taxi.

—¡No le pregunté por Jade!—exclamó en voz alta y para él solito.

Regresó a sus latas y a acomodarlas. Phil y Paulette estaban dentro con el médico de Marietta. No quería darles más disgustos a ninguno de los tres, así que se tenía que conformar con apenas ver al bobo de su hermano y saber que estaba bien. Tenía ropa nueva puesta, no, si lo notó al momento.

***

Brill no mintió, Devan estaba más que furioso.  Apenas cruzó la puerta del departamento, no le dio tiempo para explicar el motivo de su tardanza. Como una fiera, se le fue encima y lo derribó de un golpe.

Si había algo en Devan que de verdad aterraba, era su mutismo. Sí, acababa de estrellarlo contra la puerta, pero no le dijo una palabra en el proceso.

Notó que estaba fuera de sí. Bastaba con ver la cabeza calva de Devan, surcada por cicatrices rabiosas. Incluso tenía una larga que le bajaba por la mejilla hasta casi la garganta.  Además se veía perturbado, tenía el rostro desencajado y sudaba profusamente. Noel podía estar seguro de que algo malo ocurría y como siempre iba a ser el último en enterarse.

Devan regresó a lo que estaba haciendo  y Noel  pudo ver que el departamento estaba completamente revuelto. Jamás en su sano juicio, Devan permitiría semejante desorden. Los cojines del sofá rasgados y el relleno de espuma regado en el suelo. Las gavetas de la cocina abiertas y ropa desperdigada por todos lados.

Vio que Devan tomaba su teléfono y lo pegaba a su oído, mientras iba metiendo  fajos de billetes dentro de una bolsa de lona que reposaba sobre la mesa.

Noel entró en pánico,  una idea fugaz de lo que podía estar pasando le cruzó la mente. Aprovechó que la manija de la puerta estaba a su alcance y no dudó en asirla, girarla y escapar a toda velocidad. No lo pensó, sólo empezó a correr.  Los gritos furiosos de Devan lo alcanzaron en su huida.

El miedo irracional le dio más velocidad a sus pobres piernas. El dolor en sus pies quedó atrás y lo único en lo que podía pensar era en no dejar que lo atrape. Podía esconderse en la carcasa vacía y luego pensar que hacer.

Salió al callejón resbalando con el hielo sucio. Se levantó sin perder un segundo y la calle estaba tan a su alcance. Devan le pisaba los talones, pero también resbaló aparatosamente con el mismo trozo de hielo. No quiso voltearse a ver cuánta ventaja le llevaba, sino que apuró la carrera.

Miles de pensamientos de concentraron en su mente. Las voces le decían que corriera por su vida. Sentía que el corazón se le iba a salir por la boca. Sabía que no tenía donde ir, pero eso era lo de menos, ahora lo importante era escapar.

Salió del callejón, resbalando y apenas pisó la calle, alguien lo detuvo.

—¿Vas a algún lado?

Todo fue tan confuso, la desesperación por huir le nublaba la razón. El sujeto que le bloqueó el paso, era del tamaño de Devan  y  lo atrapó de los brazos. Pataleó para soltarse, pero el tipo le aplicó una llave y lo inmovilizó sin problemas.

—¡Mitch! Te tardaste cabrón.—vociferó Devan acercándose a ambos.

—Anda, llegué justo a tiempo.—le respondió el tal Mitch.—Se te escapaba una perra. Ven acá carajo,

Sí, conocía a ese tipo, estuvo el día anterior en el departamento. Era el que Devan presento como un gran amigo y al que le había prestado a Jade. Por lo que sabía el tal Mitch había estado en la cárcel una temporada junto con Devan y Muller. Ahora ese hombre lo tenía sujeto del cuello y lo arrastraba hasta su ex compañero de celda.

—¡Puto de mierda!—gritó Devan y le pegó en el estómago. —¡No tengo tiempo que perder con ésta perra! ¡Tenemos que largarnos!

El muchacho se dobló intentando recuperar oxígeno para sus pulmones. Oyó que el que lo sujetaba reía sobre su oído, pero no aflojaba.

—Dámelo un rato y lo pongo en su sitio.—Exclamó Mitch apretando más el brazo contra el cuello de Noel.

—¡Que no hay tiempo, imbécil! ¡Mierda! ¿Trajiste lo qué te pedí?

—¿Acaso te he fallado alguna vez, cabrón?—respondió Mich forcejeando con Noel quien pataleaba y se retorcía aun cuando no podía respirar. —Y tú quédate quieto antes que te rompa el cuello. ¡Coño, Devan! ¡Le tienes que poner mano dura a tus putas!

Avanzaron a una furgoneta estacionada en la acera. Al verla, Noel supo que si dejaba que lo subieran dentro, iba a ser su fin. Intentó gritar, morder y retorcerse con más ahínco, pero entre Devan y Mitch consiguieron encerrarlo dentro.

—¡Se acabó!—gritó Mitch saltando dentro de la furgoneta—¡Te voy a enseñar a comportarte, hijo de puta!

Noel le acababa de encajar un puntapié en la mandíbula y estaba furioso.

—¡No mierda!—intervino Devan empujando a su compañero a un lado.—No hay tiempo, enciende el maldito auto. ¡Rápido!

—¿Qué? Tiene razón, tu mujer la Müller. Te cagas por este puto, es por eso que no te obedece.—replicó Mitch furioso.—¿Devan, eres pendejo no? ¡Uno no se enamora de una puta, luego hace contigo lo que quiere!

—¡Cierra el hocico y enciende el auto!—gritó Devan.

Tumbado sobre el suelo metálico de la furgoneta, Noel  supo que era ahora o nunca. Mientras esos dos peleaban, vio la oportunidad de escurrirse en medio. De un salto se arrojó a la acera y consiguió pisar la calle antes que la mano enorme de uno de ellos lo atrape antes que llegara más lejos. El muchacho lanzó un grito de animal que todo el vecindario alcanzó a escuchar.

Pataleó todo lo que pudo, se sujetó con desesperación de las orillas de la puerta, pero no tenía como ganar en una lucha tan desigual. Mitch lo tomó del cabello y le cubrió la cara con la palma enorme. Devan era quien lo tenía sujeto de la ropa y lo lanzó de espaldas contra el suelo del auto. Noel intentó quitárselos de encima lanzando manotazos a pesar del dolor en la espalda y el cráneo.

Mitch gruñó furioso y tomó sus manos, una por una. Devan se encaramó encima suyo y lo último que pudo ver fue su rostro enrojecido de ira, antes de dejar de sentir miedo y rodearse de oscuridad.

 

 

*El hombre de Hojalata, del Mago de Oz, en inglés es Tin Man.
** Mimosa es una combinación de champaña y jugo de naranja. Usualmente se sirven en los desayunos Brunch.

 

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6 thoughts on “Capítulo 20

  1. No puede ser!!! *0*
    Dios mio , lo haz dejado en la mejor parte ; y ahora que coño le va a pasar a Noel !!??
    Y Luka ni enterado de que posiblemente ya no vera a Noel en un buen rato. Me sorprendió mucho cuando Mitch le dijo a Devan que uno no se enamora de las putas , me quede como. WTF?! Devan enamorado de Noel ?! estamos hablando del mismo Devan ?! el que deja que medio mundo se lo coja !! jajaja creo que no aguantare 2 semanas con la intriga de que diablos paso 😥
    Gracias por tu esfuerzo !!! sigue trabajando en esta hermosa novela !!!Es la única novela por la que no me importa esperar mucho por un solo capitulo . Tu forma de escribir es ……Simplemente precioso !! *3*

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  2. Por la putaaaaaaa!!!!

    Todo se ha vuelto jodido para el pobre Noel ;_; ya me estaba comenzando a dar la angustia, en serio. Y Luka 2 semanas de viaje, no, por queeeeee.

    Que no maten a Noel ;_; o sacare la bazooka y matare yo a medio cast! 😄 O se los doy de comer a humanoides hambrientos!

    Besos mi mosha!

    PD. ABAJO las perras malditas que te estan reportando tu novela. No te van a ganar, y tarde o temprano ellas van a pagar caro la mierda que hacen!

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  3. ya mismo quiero el capi siguiente!!! y que alguien le corte la lengua a amy, por favor, que jodidas que somos las mujeres cuando nos ponemos en onda maternal sin serlo en realidad!!! hay que aprender a cerrar la boca y dar solo opiniones cuando te piden consejos. He dicho (jejejejejeje)

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  4. Buenoooooo, cuantos cambios!!!! Este fue el último capítulo q leí, ahora voy a ponerme al día con las desventuras del pobre Noel.
    Te han quedado estupendos los cambios q has hecho por aquí. Gracias por compartir la historia.

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