Capítulo 18

 —Menos mal tengo la llave. Estuve llamando a la puerta y no me contestabas.—exclamó Amy asomándose a la recámara a oscuras—. Te llamé toda la mañana y tu teléfono sonaba ocupado.

Encontró a Luka en cama, en pijama, bocabajo y entre frazadas revueltas. El celular entre sus dedos y no se dignaba a reaccionar ante sus palabras.

—¿Luka? Amigo. —Amy se le acercó con sigilo, pero éste siguió sin dar señales de vida—. Te dio fuerte esta vez.

No le tomó mucho esfuerzo darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Las cortinas cerradas, la televisión encendida, una botella de vino vacía. Dos copas habían quedado olvidadas sobre el velador. Sobre una silla, el traje gris que había usado el causante de tal estado reposaba inocente.

—La vida sí que te las cobra todas —murmuró Amy mientras encendía una lámpara de noche—. En ese caso, estoy jodida.

Luka respiraba lento y fingía dormir. Podía quedarse en ese estado el resto de su vida y tendrían que enterrarlo con todo y colchón. Amy no podía dejarlo así, iba a tener que tomar medidas al respecto.

—Te voy a preparar un café para que se te quite la resaca —anunció tirando de las frazadas—. No te puedes quedar en la cama el resto del día. Traje comida, vamos a almorzar…

No hubo respuesta. Luka se limitó a rodar sobre el colchón y darle la espalda.

—Traje helado con chispas de chocolate, con trozos de galleta…

—Déjalo en la puerta —oyó que decía Luka con voz apagada—. Quiero estar solo Amy.

—Arriba ya. —Le dio una nalgada bien dada—. Levántate de una vez y dime que pasó.

—Vete, por favor.

—Te doy otra, Luka, te emparejo el culo a nalgadas. —Lo iba a hacer si con eso hacía que reaccionara—. Ya sé que tiene que ver con ese chico. ¿Qué te hizo para que estés así?

Luka se empecinó en guardar silencio.

—¿Qué le hiciste que salió corriendo?

—Nada, no hicimos nada.

—Sabes que no te cre…

—Te digo la verdad. No me lo he follado. No puedo hacerlo.

—Carajo, Luka. Es menor de edad, ¿no?

—Tiene diecisiete…

—Está muy joven para ti —sentenció Amy y se sentó sobre la cama.

Luka no se movía, no la miraba. No quería ser la villana de la historia, pero como su manager y mejor amiga, tenía el deber de hacerlo entrar en razón.

—¿Sus padres saben que anda enredado contigo? —continuó ella, aunque dudaba que sus palabras sirvieran de algo. — Me imagino que sí, porque si lo dejan salir tan tard…

—No sabes lo que dices.

—¿Cómo que no sé? Es menor de edad, le tocas un pelo y vas preso. Sí, ya sé que casi tiene la edad de consentimiento y todo, pero si alguien se entera te puedes meter en un lío. —Trataba de mantener la calma, centrarse en una solución, pero Luka se ponía difícil—. Eres una celebridad en el medio, mira donde vives. Los padres de Noel no van a pensarlo dos veces en demandarte y sacarte hasta los calzoncillos que tienes puestos.

—¿En serio?

—¡Todos los problemas legales que tienen los artistas! ¿Ves? De algo sirve leer tabloides. Sin ir muy lejos, Michael Jackson, que en paz descanse, tuvo un problema con un niño que visitaba su rancho. Los padres, dicen por ahí, fabricaron todo y pusieron una demanda…

—En serio, no tienes idea… Mejor déjame solo.

—No. Claro que no. Estuve llamándote ayer y hoy toda la mañana. —Amy se levantó y abrió la cortina de un tirón—. Es mediodía y tú sigues en la cama. Estoy segura de que no te has levantado, ni te has bañado… ¿Desde cuándo?

—Por favor. —Vio cómo Luka intentaba huir de la luz de la ventana.

—Supéralo, Luka. Ese chico no es para ti, no tiene edad suficiente. No puedo creer que sea el motivo por el que andas así—. Empezó a dar vueltas por la habitación, a punto de perder la paciencia—. Karma. Eso es karma, puro y duro.

—Amy, quiero estar solo. No entiendes y no vas a entender.

—Entonces explícame para entenderte.

—No. No quieres saber.

—¡Ese es el problema contigo! —exclamó apuntándolo con un dedo—. Ese es tu modus operandi. Tienes tanto miedo a enfrentar la realidad que prefieres no saber. No te dijo su edad. ¿No? Te viniste a enterar luego. Bueno, eso suele pasar. Temo que todo sea un plan de los padres para conseguir dinero fácil. Sin duda son los padres del año. Pero ahora que lo sabes, sácatelo de la cabeza y pórtate como el adulto que eres.

Sucedió entonces. Vio como Luka emergía de entre el desorden de su cama vacía y se sentaba al filo del colchón. Notó que apretaba los labios resecos y que sus ojos disparejos tenían un velo de tristeza.

—¿Quieres saber? Siéntate y cállate. —Amy lo escuchó suspirar hondo—. Sueltas una sílaba y te largas de aquí para siempre.

Entonces lo supo, era peor de lo que ella esperaba. Moni la había dejado ir sola porque sospechaba que algo malo sucedía y era mejor que lo arreglaran entre ellos. Hay cosas que es mejor no saber. Tal vez debió seguir el consejo que Luka le había dado. Irse a toda velocidad antes de tener que enfrentarse a lo que fuera que viniera.

Por la amistad que se tenían y el tiempo que se conocían, hizo lo que le había pedido. Se sentó a esperar y se percató que Luka inhalaba profundamente, como cuando eran niños y tenía que hacer alguna tarea que le costaba trabajo.

—Te diré la verdad —dijo Luka con la voz deshilachándose—. La verdad es que no sé nada de él.

***

Cuando dejó la cama y el cuerpo tibio de Luka, todavía dormido, Noel sintió que moría por dentro.

Regresó al lado de Devan odiándose todo el camino. No iba a volver a ver al fotógrafo. Lo más probable era que no sobreviviera en las manos del chulo. De pie en la entrada, se obligó a cruzar la puerta. ¿A dónde iría si no? No tenía cómo escapar. Lo había intentado antes y terminó muy mal.

—Como todo buen perro —Devan se levantó de la silla al verlo entrar—, vuelve al lado de su amo.

Completo silencio. Noel temblaba tanto que las piernas se le iban a desprender del cuerpo. Avanzó despacio y cabizbajo, mordiéndose los labios, apretando con todas sus fuerzas las mangas de su chaqueta.

Müller gruñó como un animal y lanzó un billete sobre la mesa de la cocina. Lanzó una maldición mientras se levantaba de la silla donde estaba desparramado y escupió al suelo.

—Acabas de hacerme perder cincuenta dólares, puto de mierda —vociferó Müller.

El cachorro no se atrevió a retroceder, sino que dejó que lo tomara de la polera y recibió una bofetada que casi le partió la cara. No contento con ello, Müller levantó el puño para seguir golpeándolo. No tenía sentido protestar o defenderse, sólo empeoraría su situación.

Además, Devan no tardaría en unírsele. Estaba completamente perdido.

—¡Suéltame, cabrón! —gritó Müller—¡Le tengo que dar una lección a esta perra!

Devan no le respondió, si no que apartó a su socio de un empujón. Noel casi no podía creer lo que estaba viendo.

—¿Qué carajo pasa contigo? Te estás ablandando con esta perra, Devan. —insistió Müller resentido.

—¿Qué estás esperando? —ladró el chulo, sin prestarle atención a los reclamos de su socio.

Sin perder el tiempo, el cachorro le tendió el dinero que traía consigo. No esperaba salir con vida, porque estaba atrapado entre dos fuegos. Müller estaba furioso y Devan no engañaba a nadie. También estaba enojado con él. Podía verlo en la expresión severa de su rostro sin cejas. Sus ojos pequeños brillaban llenos de rabia.

Los conocía bien y había aprendido a temerles.

—El… tipo del auto caro me ofreció mucho dinero y…—Sus pensamientos se conglomeraban en su boca. —Siempre paga bien…Me dio un poco más, por quedarme la noche…

No, Devan no estaba escuchando, sino que parecía concentrado contando los billetes que acaba de tenderle.

—¡No me iba a escapar, te lo juro! —Noel no se atrevía a levantar los ojos—. Perdóname, Devan. Te juro que no lo vuelvo a hacer.

Silencio fue la respuesta a sus patéticas excusas. El dinero desapareció dentro de la ropa de Devan y éste se irguió descomunal frente al pobre cachorro.  Noel empezó a temblar, sin dejar de suplicarle que lo perdone. ¿Qué más podía hacer si no esperar que lo matara a golpes? Era lo mejor que podía pasarle. Así terminaría su existencia llena de sufrimiento en las manos de Devan, de una vez por todas.

—Hueles a perro fino —se burló Müller rodeándole el cuello con un brazo. —, pero sigues siendo un puto de la calle.

Noel no intentó zafarse, a pesar que la presión en su garganta lo asfixiaba.

—Aposté con el cabrón del Devan que te ibas a escapar con el dinero que te dio ese riquillo de mierda. —continuó el socio de su chulo, lamiéndole la oreja. —Me hiciste perder dinero, perra. Así que me la vas a chupar un rato.

 

—¿Bicho? —La voz de Jade lo sacó de sus recuerdos—. ¿Bichito, estás despierto?

Encerrado en un closet le era imposible conseguir alivio. Hambriento y muerto de frío, no tenía ganas de lidiar con Jade. Prefería quedarse dentro, buscando que los recuerdos de Luka disiparan la oleada de dolor que sentía en ese momento.

El dolor es señal de que estás vivo, le dijo una de las voces en su mente. Cierto. Aún seguía con vida y eso significaba una oportunidad para volver a ver al fotógrafo.

Jade no esperó respuesta y abrió la puerta de su encierro.

—Devan no está le susurró con cautela, acuclillándose a su lado y lo ayudó a acomodarse para que estirara sus extremidades atrofiadas.

En ese espacio reducido, Noel apenas si podía acurrucarse con el rostro sobre sus rodillas. Intentó levantarse, pero lívido, se desplomó sobre los brazos de Jade.

—Te guardé comida —le susurró su compañero, mientras que lo sostenía como podía.

Noel sintió una de las manos de Jade palpándole la frente. Supuso que quería cerciorarse de que no tuviera fiebre. Estaba actuando de ese modo porque se sentía culpable. No había otra explicación para su amabilidad.

Jade lo ayudó a ponerse una camiseta vieja que le había llevado y Noel le agradeció porque tenía frío. Estaba desnudo y el recuerdo de como terminó en ese estado, llegó a su mente junto con una sensación amarga.

 

—Deja eso para después—gruñó Devan mientras sacaba de su bolsillo una navaja plegable.

Noel cerró los ojos, presa del terror. Bajo la férrea presión que le aplicaba Müller, no podía hacer nada más que retorcerse. Devan le arrancó primero la chaqueta que Pat le obsequió. Luego con la navaja, le cortó la polera que llevaba puesta. Los pantalones fueron lo siguiente en caer al suelo en pedazos y finalmente, la ropa interior que Luka le regaló.

—¡No me iba a escapar, te lo juro! —suplicaba el cachorro aterrado al sentir como el filo del cuchillo se deslizaba sobre su piel para dejarlo sin prendas.

—Cállate, perra. —Müller le mordisqueándole la oreja, pero sin aligerar la presión sobre su presa.—. Devan te va a cortar las patas, un perro sin patas no se aleja del amo.

Las palabras de Müller terminaron por aterrarlo al punto de perder la razón. Noel empezó a patalear para liberarse. Mala idea porque en seguida un golpe en el vientre le quitó las ganas de rebelarse.

Devan acababa de golpearlo y con la mano libre, devolvió el cuchillo a su bolsillo. Noel pudo notar que la expresión en los ojos pequeños del chulo, se tornó aterradora. Algo parecía molestarle y no tardó en descubrir que era. Una marca morada y redonda, sobre su hombro pálido captó toda su atención.

El cachorro solía regresar con marcas en todo el cuerpo y Devan jamás les había prestado atención. ¿Por qué ahora sí?

Luka, susurró una voz dentro de su mente. Y Noel tuvo ganas de reírse en la cara de Devan.

El chulo nunca sabría lo bien que el fotógrafo le había hecho sentir. Noel se había corrido dos veces y le costaba creer cuanto lo había disfrutado.  Eso era algo que Devan no podía tocar: sus recuerdos, todo lo que Luka le había hecho sentir.

No lo iba a borrar con sus anchas manos, mientras le apretaba los muslos para separarle las piernas. Jamás iba a hacer que sintiera nada más que repulsión cuando lo embestía y penetraba con rudeza. Luka había conseguido sembrarle el gusto por el placer. Nunca lo había conocido en manos de nadie, nunca pensó que de verdad existiera. Devan no tenía ese poder sobre él; el de hacer que tuviera un orgasmo real. Jamás lo tendría.

Devan lo sacudía como si fuera un muñeco de trapo y cuando se corrió, lo hizo con un gruñido bronco. Müller se reía encantado, aun sujetando al cachorro, para que no pudiera escapar. Apenas vio que terminaba, quiso tomar su lugar, pero Devan lo apartó de un empujón.

Noel no tuvo tiempo de reponerse, porque Devan lo lanzó de espaldas contra la mesa. Müller se les acercó, entusiasmado al ver como su compañero aplastaba al cachorro contra la superficie sucia y dura.

—Anda, Devan, córtale las patas de una vez. Quiero ver cómo se arrastra por el piso.

—¡Cállate mula de mierda! —respondió Devan. —Tengo una idea mejor.

Noel perdió el control, porque conocía las famosas ideas de Devan. En seguida se revolvió para pelear contra ellos dos. Devan vociferó llamando a Jade, quien llegó aterrada a su lado. Le ordenó que lo sujetara, mientras que Müller y él intentaban contener al cachorro sobre la mesa.

Los momentos siguientes resultaron difusos para Noel. Sólo intentaba soltarse a cualquier precio. Gritaba desesperado y le encajó una patada a Jade quien salió volando.

Devan tuvo suficiente y el cachorro sintió un golpe en el rostro que casi le hace perder el sentido. Lo siguiente que pudo percibir fue la mano de hierro del chulo, sujetándole una pantorrilla y la risa de Müller invadiendo la habitación.

Luego de ello, el dolor se hizo absoluto. Devan acababa de aplicarle una plancha caliente sobre la planta del pie. Noel podía sentir que la carne se le achicharraba, mientras se retorcía gritando.

No sirvió de nada suplicarle que se detuviera. Devan terminó de torturar uno de sus pies y pasó al siguiente, con la misma saña que con el anterior.

 

 

Con mucho trabajo, Jade consiguió arrastrar a Noel a la habitación de ambos. Tuvo que sostenerlo sobre su cuerpo, para que no apoyara los pies quemados sobre el suelo. Incluso lo ayudó a recostarse sobre el colchón, levantándole las piernas con mucho cuidado.

—No tienes heridas abiertas— le dijo mientras examinaba la carne chamuscada de los pies de Noel y se le dibujó una sonrisa de alivio. — Solo quemadura.

Jade se sentó en el suelo y recogió sus propios pies cubiertos de cicatrices. El bichito tuvo suerte, pudo ser peor. Devan pudo hacerle cortes que tardaban mucho en sanar y dolían muchísimo.

De debajo de la cama, Jade sacó un envase de plástico y luego de suspirar hondo, se lo tendió junto con una cuchara descartable. Noel no tenía idea de donde lo había obtenido, pero era lo de menos. Compartían ese compromiso tácito de guardarle comida al otro. A pesar de que no se llevaban bien, era un voto al que nunca faltaban.

—Gracias. —Era espagueti y su pobre estómago casi brincó de la felicidad.

—Me lo dio un novio que tengo por ahí. Está rico. ¿no? —continuó el rubio sentándose junto a él.

—Está muy bueno.

—Lo sé… Y ese cliente tuyo, ¿Qué haces con él que te da tanto dinero? —a Jade se le escapó cierta curiosidad mal intencionada en la voz.

—No tienes idea, Jade. Cosas horribles.

—Pero no te pega, no te pega como Tin Man.

—No, pero me hace cosas bien feas…

Jade se quedó callado pensando.

—Todos son la misma mierda —concluyó, jugando con los mechones disparejos de su cabello rubio.

—Pero tú tienes buenos clientes. ¿No? Como ese que te compra cosas.

—Ese viejo ya no quiere verme y es culpa de Devan.—Vio que Jade reía con cierta amargura.— Al cabrón le gusta mi pelo largo. Dice que me parezco a su sobrina. Se quiere follar a su sobrina. Hace que me ponga la ropa que ella bota, cuando está conmigo me llama por su nombre…

Jade hizo una pausa. Parecía que necesitaba más oxígeno para continuar. Luego suspiró hondo y volvió a sonreír, pero esta vez se veía contenta.

—No me importa. Además, mi novio no es así. Él es bien bueno, me da cosas sin pedir nada a cambio. —Jade se levantó de la cama y recogió un gorrito del suelo. Era morado y tenía unos pompones. En seguida se lo puso para lucirlo—. Mira lo que me dio mi novio. Le va bien a mi chaqueta rosada. ¿Te gusta cómo me queda?

—¡Te ves muy bien! —Por un instante le resultó familiar el gorro que traía Jade, pero no consiguió recordar donde lo había visto.

—¡Lo sé! Mi novio me trata muy bien, no como esos otros bastardos. —y se dio una vuelta modelando el regalo, Eran escasos los momentos en que podía ver a Jade contento. — Me queda bien, ¿no? Sí, me veo bien con este gorrito, morado es mi color favorito. Mi novio lo supo, no sé… Es que es un buen novio, sabe todo lo que me gusta…

Le pareció divertido el modo en que abrazaba la prenda contra su pecho, totalmente ilusionado por el supuesto novio. Ambos sabían bien que era una fantasía que se creaban para no sentirse tan mal. Nadie los tomaba en serio, nadie se enamora de una puta de la calle. Si alguno de sus clientes tenía la caridad de tratarlos con decencia era porque querían algo a cambio, como quedarse más tiempo o protestaran menos cuando les hacían cosas que no querían.

Noel suspiró profundamente. Igual que Jade, él tenía a Luka para rellenarse la cabeza de fantasías, pero eso era algo que nadie sabría nunca.

—¡Ah, no! No te he contado del fantasma que anda rondando por el vecindario.

—Eso no existe, Jade.

—Tú qué sabes —le interrumpió el rubio fastidiado por el comentario—. Una de las viejas del Gallinero dice que la chica que se le perdió al puerco de Müller se la llevó el fantasma.

Noel casi terminaba de comer y no le interesaba escuchar chismes callejeros. Lo único que de verdad asustaba era pensar en Tin Man.

—No se les tiene miedo a los muertos, sino a los vivos. Esos son los peligrosos…

—Jódete, sabelotodo. Ya no te cuento nada. —Jade resopló fastidiado y se dio la vuelta para guardar la gorra dentro de la caja de cartón donde ponía su ropa. —Cuando te lleve el fantasma y te saque las tripas, vas a ver… No me llames para ayudarte, cabrón.

Jade continuó renegando y Noel estaba a punto de pedirle que se calle, pero no fue necesario.

Un sonido en la puerta y la voz de Devan los hizo saltar en su sitio. Traía compañía y fue Jade quien reaccionó primero. Se abalanzó sobre Noel y le arrebató el recipiente de comida para esconderlo debajo del catre.

Odiaba ver el terror reflejado en los ojos de Jade porque era como mirarse en un espejo. Ninguno de los dos tuvo tiempo de buscar refugio. Devan y su invitado aparecieron en el umbral de la puerta, bloqueándola

—Elige, Mitch. Es mi regalo por todo el tiempo sin vernos.

Aquel sujeto era de la misma talla descomunal de Devan. Sucio y desaliñado, se frotó la manga de su chaqueta contra su rostro macilento.

—Tú sí que sabes cómo tratar a los amigos —bromeó el tal Mitch y le dio una palmada sonora en la espalda a su amigo—. La perra amarilla.

—Jade, ven acá mierda —ladró Devan.

Jade se les acercó temeroso como un perro, cabizbajo y arrastrando las piernas, suplicándole al amo que lo perdonara. Cuando estuvo al alcance del chulo, este lo tomó del brazo y  empujó contra el cuerpo de su amigo. Al lado del tipo se veía insignificante, parecía una niña en las manos de aquel sujeto. Mitch tomó a Jade del cabello y arrastró hacia la habitación contigua. No tardaron en escuchar un grito, pero fue acallado al instante por un golpe sordo.

—Pórtate bien, Jade, o vas a ver —amenazó Devan.

Los sonidos de la habitación del lado no se hicieron esperar. Noel se encorvó todo lo que pudo y a su mente llegó la imagen de Luka, vestido con el traje ese oscuro que le quedaba tan bien.

Devan arremetió contra él y le pegó una bofetada. Con la misma violencia lo hundió sobre el colchón sucio y las manos pesadas del chulo le apretaron las mejillas. Noel cerró los ojos aterrado.

Apenas tenía puesta una camiseta olorosa a sudor, pero con un par de tirones Devan consiguió arrancársela sólo para cubrirlo de puñetazos. No sabía por qué le estaba pegando, pero el chulo nunca necesitaba una razón.

Recordó el baño que le había preparado Luka. Con burbujas. Nunca antes había probado bañarse así. Con esos perfumes que le echaba al agua, con esa espuma que hacía cosquillas…

Fuera de la habitación, los gritos de Jade se combinaban con el sonido del catre golpeando la pared y Devan se detuvo un momento para disfrutarlos. Luego lanzó una carcajada y se incorporó, acomodándose sobre el cuerpo del cachorro.

La imagen de Luka se disipaba y Noel tenía que asirse de esta para poder resistir.

Devan se quitó la camiseta y su pecho cubierto de tatuajes quedó al descubierto. La primera vez que lo había visto sin ropa, sintió tanto terror que no se fijó en la cantidad de tinta que tenía sobre la piel. La mayoría se los había hecho en la cárcel, le decía a todo el mundo. Todos con tinta gris azulada.

Luka en cambio, tenía la piel limpia, sin ninguna cicatriz, sin ninguna marca.

—¡Ven acá, puto! —bramó Devan, asiéndolo de un brazo—. Te voy a partir el hocico.

De rodillas sobre la cama, Noel buscó en su memoria el rostro adusto de Luka. El sonido de su voz, el aroma de su cabello y hasta intentó cerrar los ojos para conservar esa fantasía. A la orilla del catre, se encontró respirando agitado, mientras que Devan se introducía dentro de su boca con brutalidad.

La voz de Mitch se dejaba escuchar mucho más fuerte, ahora mezclada con el llanto de Jade. Devan le sonrió siniestro, con el rostro lleno de lujuria y de un empujón lanzó al cachorro de espaldas contra el colchón. Clavó ambas garras sobre sus piernas huesudas, separándolas para acomodarse en medio. Con la misma brusquedad, se detuvo a examinar las quemaduras que le había hecho en los pies con la rejilla del horno. Las estaba admirando, recorriéndolas con los dedos una por una.

—Te voy a cortar las cuatro patas —masculló el chulo con los ojos encendidos—. Hay quienes pagan por putas mutiladas.

Noel se concentró en recuperar el recuerdo de Luka. Si se esforzaba un poco más, podía recordar la tibieza del cuerpo del fotógrafo cuando lo tomó de la mano, cuando lo apretó contra su pecho… como cuando le habló al oído…

Cuando cerraba los ojos lo podía ver, desnudo, mojado, como recordaba haberlo visto en la tina de baño. Tenía las mejillas encendidas como dos manzanas acarameladas, de esas que veía en las ferias de verano.

—Un buen perro —le decía Devan mientras le frotaba una de las quemaduras más ancha con el pulgar—. Nunca se aleja del amo.

Jamás iba a olvidar cuando Luka lo tomó en sus brazos y lo envolvió en una toalla, la más suave que había tocado en su vida. Lo llevó a su cama e hizo que se acostara…

—Yo soy tu amo. —Devan hundió dos dedos sobre la quemadura más gruesa—. Que no se te olvide.

El chulo consiguió que el cachorro abriera los ojos y que casi gritara de dolor. La imagen de Luka se esfumó. El perfume de las burbujas, todo. Noel regresó a su realidad abruptamente. Devan seguía encima de él, con lo que seguía al castigo que se merecía por desobedecerle.

—¡Dilo! —ordenó el chulo—. ¡Quiero oírte!

—Tú eres… mi amo.

—Más fuerte.

—Tú eres mi amo, Devan.

—¿Y tú qué eres?

En ese momento lo odió un poco más. No le bastaba con lastimarlo de todas las formas posibles. Además, tenía que humillarlo. Le costó responderle, porque Luka apareció en su mente y no tuvo valor para obedecer. No quería que el fotógrafo escuchara lo que le estaba obligando a decir. Devan levantó una mano y cerró los ojos de miedo.

—Soy tu puta, soy tu perro, soy basura. —Las palabras brotaron sin que pudiese aguantarlas más.

—¿Qué más?

Luka estaba oyendo y se sintió avergonzado de continuar. Devan sabía cuánto le dolía tener que repetirlo. Las manos enormes le sujetaron el cuello y tuvo que continuar… o las consecuencias no se iban a hacer esperar.

—Soytuputasoytuperro… Tú eres mi amo.

—¡Qué más!

—Soy tu propiedad, no merezco nada. No soy nada más que mercancía.

—Que no se te olvide —le dijo, presionando las quemaduras de nuevo—. No vas a volver a desobedecer, porque no habrá próxima vez.

—Gracias, Devan —respondía como una máquina.

Eso era lo que era para él. Una cosa, un objeto de su propiedad.

—Tienes trabajo que hacer —le ordenó Devan y a Noel no le quedaba más que obedecer—. Rápido.

El cachorro se puso de pie a toda prisa e intentó no gritar cuando la piel quemada de sus pies hizo contacto con el suelo. Apretó los dientes y se tambaleó dando los primeros pasos.

Luka llegó al rescate. Lo vio sonriendo. En su mente se veía tan real.  Venía a llevarlo a ver películas, a comer palomitas de maíz.

Devan estaba mirando. Si desobedecía iba a ser peor. Un paso más y sentía que el dolor se volvía absoluto. Lo hizo caminar hasta la sala solo para atormentarlo. Allá afuera esperaban otros dos clientes.

Recordó las caricias de Luka, como lo dejó acostarse a su lado y su aliento tibio le calentó la oreja.

Devan le ordeno que se quedara de pie y se girara para que todos lo vieran bien.

—Dales una mamada mientras esperan por Jade —gruñó mientras se iba a tumbar a su silla usual.

—No, pensando mejor —dijo uno de los clientes—, este puto no está mal.

—Lo que sea, el pago es por adelantando —oyó que decía Devan mientras abría una lata de cerveza y se acomodaba para ver el espectáculo.

El cachorro cerró los ojos y, moviéndose maquinalmente, su mente abandonó su cuerpo. Lo dejó atrás.

***

Aquella noche, cenaron temprano. Paulette se despidió a prisa y Phil la llevó a su casa, como era usual, porque de noche ella no veía bien. Pat cocinó esa tarde a lado de la enfermera y después de que terminaron de comer, se quedó a cargo de poner todo en orden en la cocina. Lo hizo en un santiamén y procedió con el ritual de cada noche. Separó en un envase de plástico algo de lo que había cocinado y se dirigió al callejón. Phil lo había notado hacía un tiempo y cuando le preguntó al respecto, le contestó lo primero que se le ocurrió.

—Es para mí mascota, tengo un… gato… Le doy de comer en el callejón.

Seguramente Phil no le creyó una palabra de lo que había dicho, así que tenía que ser más convincente.

—No te dije nada para que te enojes, Phil. —No estaba mintiendo, pero tampoco le iba a decir la verdad—. Además, siempre queda comida y el pobre gato anda muerto de hambre.

El italiano no insistió más. La supuesta mascota llegaba cada noche, se sentaba a su lado sobre las gradas de la trastienda y devoraba lo que fuera que le guardaba de cenar. Le había mentido a Phil, sí. No era un gato, sino una gata. Jade se acurrucaba a su lado y le pedía que le acariciara la cabeza, pero con cuidado. El lado izquierdo del cráneo le dolía mucho; decía que el hijo de perra de su padre le pegaba y la herida nunca había sanado. Desde ese día, siempre la golpeaba en ese lugar porque sabía cuánto la lastimaba.

Jade aparecía cada noche y regresaba a la calle luego de cenar. Poco a poco, a Pat le empezó a dar tristeza verla partir. Por eso, cada vez que estaban juntos, intentaban conversar de algo que no fuera la vida que ella llevaba.

Jade hablaba de las revistas de moda que leía y chismes de los artistas que sólo conocía por fotos. Cuando le comentó que tenía televisor en su cuarto, vio que los ojos se le iluminaban. Entonces ella le contó que en su casa, su papá veía televisión todo el día, pero sólo el canal de noticias. También que tenía un hermano y casi no lo mencionaba, solo sabía que le guardaba la mitad de la comida porque él también pasaba hambre.

Ardía en deseos de interrogar a Jade, pero no se atrevía a preguntarle por Noel. Le preguntó si sabía algo de Tino y notó que ella no le quiso responder.

—¿El italiano no te dijo? 

—Claro que no, Jade, no seas tonta. No le voy a preguntar… Oye, Phil, ¿de qué murió tu hijo? ¿Se murió solito o lo mataron? No, pues…

—Tienes razón. —Jade sonrió con la cuchara de plástico en la boca, ladeando la cabeza—. Es que eso pasó hace tiempo y solo sé que se murió. Ah, y que nunca lo encontraron…

Tal parecía que se iba a quedar sin saber la historia completa. Iba a tener que preguntarle a Phil, pero necesitaba buscar el momento apropiado.

Era tarde y Jade no aparecía. Ya había pasado un buen rato y no se asomaba. A veces se ocultaba entre los cartones apilados en la basura o esperaba fuera del callejón. Ambos tenían una clave: se llamaban a maullidos. Esa noche se sintió como un idiota, maullando al vacío. Esperó un par de minutos más y con el contenedor de comida en la mano aún caliente, supo que Jade no vendría. Ni modo, no quería desperdiciar la comida. Si Jade no aparecía, entonces tendría que ir por ella.

¿A quién quería engañar? No iba a en busca de Jade, sino de su hermano. Seguro andaba por allí, deambulando. Si lograba encontrar a Jade entre el otro conjunto de putas, le pediría que lo ayudara a encontrar a Noel.

Phil no llevaba mucho tiempo de haberse marchado y Pat verificó la hora antes de salir. A pesar de no tener un reloj a mano para guiarse, recordó que había uno en la estación del tren. No lo pensó y atravesó el callejón en busca de Noel y Jade.

***

No era usual que Devan se dejara ver en la calle, pero esta noche estaba ahí, en el auto de Müller, rondando como buitres. Quizá se debía a que ambos cachorros tenían problemas para caminar y tenía que asegurarse de que hicieran su trabajo. Jade se llevó la peor parte. Casi no se había maquillado, se peinó a medias y se veía terrible.

La presencia de Devan no pasó desapercibida y el resto de las putas estaban en guardia. Un chico del montón se acercó con la excusa de pedirles condones, pero sabían bien que quería saber qué hacía su chulo ahí. Jade ni se molestó en responder y Noel tuvo que decirle que no tenían idea de nada. El muchacho se encogió de hombros y comentó que el resto de las putas andaban asustadas por lo del fantasma y al ver a Devan creían que de verdad corrían peligro. También mencionó que era culpa del Gallinero, que esas viejas querían espantarles el negocio.

Ahora que se fijaba, las del Gallinero no estaban por ningún lado. Cada vez quedaban menos de esas viejas. Noel suspiró con nostalgia, recordando a Melva. Si ella siguiera viva, su grupo no estaría a la deriva.

Tuvo que dejar ir el recuerdo, porque Jade se escurrió hacia el suelo, oloroso de orines y basura. Al rubio exhausto, parecía no molestarle el hedor. Noel lo vio frotarse la cabeza con una expresión de dolor. Parecía que se iba a desvanecer. Era evidente que Jade apenas se podía sostener en pie.

—El tipo guapo del auto caro estuvo llamando al Devan todo el día —le dijo el rubio y su voz cargaba cierto malestar—. Devan estaba escuchando los mensajes y los borró todos.

—¿Qué quería el tipo ese?

¿Luka estuvo llamando a Devan todo el día? ¿Cómo consiguió el número de Devan? ¡Ah, cierto! Se lo había dejado grabado en el teléfono cuando iban en su auto. Luka estuvo llamando a Devan. Pero ¿por qué lo hizo?

—Verte —respondió Jade, cerrando los ojos y arrugando el rostro de dolor.

Quería creerle de todo corazón, pero Jade era un embustero. Seguramente solo quería sacarle información para luego tener ventaja sobre él. No iba a dejar que lo engañe esta vez.

—¿Bichín? ¿Estás bien? Te quedaste, así como bobo, mirando la nada. ¡Ah, me duele mucho la cabeza!

—No te ves bien, Jade. —Aparte de tener la cara magullada y solo un ojo abierto, el pobre rubio se veía más pálido de lo usual.

—Me pegó en mi cabeza. El cabrón de Devan le dijo a su amigo donde me duele y me pegó ahí.

Noel hubiera querido hacer algo para ayudarla, pero no tenía cómo. Jade no había terminado de protestar, intentó incorporarse además.

—Devan de mierda. Si no hubiera venido estaría ahora con mi novio. No repitas lo que te digo porque te corto el pito mientras duermes, ya sabes. Mi novio es bien bueno, el otro día me dio un par de aspirinas para el dolor de cabeza.

—No, yo no digo nada.

—Mi novio me cuida, me dio pastillas, me da comida, me dio el gorrito. Como quisiera poder irme con él…

Jade dejó de parlotear. Al parecer, el malestar era demasiado intenso como para que pudiera continuar. Con el dolor de su corazón, Noel tuvo que hacer que se incorporara.  Alcanzó a ver el auto de Müller acercarse y si los veían descansando, iban a tener problemas. Su compañero no iba a aguantar otra golpiza. Si con las justas podía caminar.

Avanzaron hasta la mitad de la cuadra, con Jade del brazo como si fuera su novia. Hasta que el rubio no pudo continuar.

—Déjame aquí, Bichito —le dijo de pronto—. Han venido por ti.

Noel no se había dado cuenta por andar cuidando a Jade: el auto caro de Luka acababa de doblar la esquina. Jade lo notó. Toda la cuadra lo notó. Y de la sorpresa casi deja caer a su compañero.

De pronto, se hizo un silencio en toda la cuadra. Al parecer, todas las putas se quedaron absortas mirando tanto lujo acercarse a sus miserables existencias.

Luka divisó a Noel a mitad de la cuadra, al otro lado de la acera, y las palabras Amy llegaron al galope. Intentó desecharlas en seguida, porque ya había tomado una decisión al respecto. Iba a ignorar sus consejos. Aunque ella dijera que lo hacía por su bien, que se dejara de tonterías, que no debía seguir buscando a Noel.

Le perdonó que cerrara filas en contra de Noel. A Amy se le había metido en la cabeza que el chico estaba con él porque tenía un interés comercial en su persona. Eso podía ser cierto. Al final, cada vez que estaba con él le terminaba pagando una buena cantidad por solo acompañarlo. Además, estaba seguro de que era el mejor cliente que Noel tenía. Le pagaba bien, lo trataba con decencia y…

Amy le había envenenado la mente con sus insinuaciones. No quería prestarle más atención a esas palabras, pero en momentos como este no dejaba de escucharlas en su mente.

Al parecer, Noel se había percatado de su presencia, porque antes de cruzar la calle, dejó apoyada contra una pared a la chica que venía colgando de su brazo.

Luka vio a Noel abalanzase hacia el auto, con tanta prisa, que si no hubiera tenido la ventana abierta se habría estrellado contra el cristal. Quiso regañarlo por cruzar sin mirar, pero viéndolo sonreír, no se atrevió.

—¡Luka!

—Ese es mi nombre, no lo uses mucho porque se gasta. Sube de una vez, saco de huesos, que estoy parado en medio del camino.

No lo hizo, si no que giró el rostro mirando hacia la calle. Noel se veía preocupado y al parecer quiso decirle algo, pero no lo hizo. De pronto y frente a sus ojos disparejos e incrédulos, la expresión de Noel se tornó en una de terror absoluto. Luka incluso notó cómo apretaba las mangas de la camiseta que traía puesta.

Un sujeto enorme, fácilmente medía unos dos metros de estatura, acababa de bajarse del auto que se estacionó detrás de él. Calvo, fornido y con cara de pocos amigos, apartó a Noel de un jalón y se encaramó en la ventana del piloto.

—¿Buscas compañía?

—Sí, pero tú estás muy feo —le respondió Luka al recién llegado.

Podía adivinar quién era. La primera pista era el terror dibujado en el rostro de Noel. La segunda, el modo como sujetaba el brazo del chico, como si quisiera partírselo en dos. La sangre empezó a bullir dentro de sus venas. Empezó a contar mentalmente, dándole un plazo de diez segundos, para que soltara a Noel.

Nueve…

—¿Y bien? —le insistió el chulo impacientándose, pero sin liberar al muchacho. —¿Buscas algo, cabrón?

Siete…

Ahora que tenía al tal Devan enfrente, tenía muchas ganas de pasarle el auto por encima.

—¿Quieres a este puto? La tarifa cambió. —el chulo le regaló un intento de sonrisa que se convirtió en una mueca socarrona—. ¿Lo quieres todavía?

Cincocuatrotresdosuno…

Encima de horrendo, es todo un hijo de puta, pensó Luka todavía sin dignarse a responder. El tal Devan gruñó como bestia y lanzó a Noel contra la puerta del auto, como si fuese estuviese mostrándole mercancía.

—Mira, lo que sea con tal de que saques tu asquerosa cara de mi vista. —replicó por fin el fotógrafo, reprimiendo las ganas de escupirle en la cara al chulo. —Sube, Noel, nos vamos.

Pero como era de esperarse, el chico no movió ni un músculo.

—El pago es por adelantado —insistió Devan.

Ya estaba bastante irritado. Lo único que quería era llevarse a Noel de ese lugar, lejos de las manos de ese tipo y pronto. Luka sacó de su chaqueta el sobre que ya tenía preparado de antemano. Estuvo a punto de entregárselo al chulo, pero Noel estaba presente. No quería darle el dinero delante del chico, como si estuviese pagando por un trozo de carne.

Apenas se fijó en el rostro de Noel tuvo ganas de bajarse del auto, tomarlo en sus brazos y salir corriendo. El chico se veía asustado y resignado a su destino. Al verlo a los ojos, los encontró vacíos y entonces, se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba pagando por él como si fuese una cosa, comprándolo como mercancía. Le estaba dando dinero a quien lo explotaba, no le daba de comer y encima lo trataba de ese modo. Sintió tanto asco de sí mismo que casi no lo podía tolerar.

Luka le tendió el dinero al chulo quien lo recibió y contó dos veces.

—El resto te lo mando luego. Noel, sube al auto.

—Anda puto. —Oyó que el tal Devan le decía al muchacho y este sólo agachaba la cabeza—. Por la mañana estás acá.

El tal Devan le dio una nalgada a Noel y lo hizo saltar en su sitio. Vio que el chico murmuraba una respuesta y escapaba de su lado. Luka tuvo suficiente, estuvo a punto de bajarse y envolverse en una pelea con el chulo. Eso sería perfecto para salir en primera plana de los diarios del día siguiente, en las revistas amarillistas, en el noticiero de las ocho y por si fuera poco, en los programas de chismes. Ya veía los titulares: Luka Thompson destripado en una lucha callejera.

Dejó que Noel subiera. De la sonrisa que el chico le regaló hacía un rato no quedaba ni el recuerdo. Tenía una desencajada mirada de animal maltratado dibujada en toda la cara. El tal Devan se alejaba por la calle. Iba a atropellarlo tanto que tendrían que recogerlo del piso con espátula.

Luka se sintió reconfortado al oír ronronear su Audi del año. Amaba ese auto, era uno de sus mayores placeres. Pisó el acelerador con más fuera de la necesaria y partieron por fin. Atropellaría al bastardo de Devan en otra ocasión. Ahora tenía que llevarse a Noel lo más lejos que pudiera.

***

Un auto se ponía en marcha y hacia chirrear las llantas, arrancando a toda prisa. Pat solo logró ver la brillante carrocería gris del lujoso coche, mas no quienes lo tripulaban.

El rubio avanzó calle arriba en sentido contrario al tráfico. A esa hora, un nutrido grupo de putas se movía en busca de clientes y Noel no estaba por ningún lado. Nunca estaba. Había desaparecido. Le prometió que se volverían a ver, pero como siempre Noel se pasó sus promesas por entre las piernas.  Siempre era lo mismo. Ya no sabía ni por qué se molestaba en ir a buscarlo. Era más que obvio que le importaba un pito.

No, eran hermanos y Pat tenía que cuidarlo. Era una promesa y él era un hombre de palabra. Le había prometido a su mamá que encontraría al bobo de Noel y lo hizo. También, que tendrían una familia y serían felices. Así que ni Noel, ni nadie iba a hacer que fracasara en su empresa.

Pat suspiró hondo para quitarse el coraje de encima y divisó a Jade al otro lado de la vereda. Ella estaba apoyada en la pared y al verlo el rostro se le llenó de miedo. Cruzó en su búsqueda y ella lo recibió espantada. Al verla bien, supo la razón por la que había faltado a la cena.

—¿Por qué viniste? —le susurró Jade con los ojos fijos en la calle.

No lo dejó contestarle, si no que lo jaló por la calle hasta un callejoncito. La luz era escasa, pero todavía podía distinguir la hinchazón en rostro de Jade.

—¿Qué carajo te pasó? —gruñó Pat llenándose de rabia. —El mierda de tu papá te hizo eso, ¿no?

—No debiste venir, no quiero que te pase algo. Es peligroso, Pat —fue la respuesta de Jade. Ella sonaba desesperada. Le decía que se fuera, pero a la vez no lo soltaba.

—Como nunca apareciste, vine a verte. Menos mal, porque te ves bien mal. ¿Me oyes, Jade?

Ella se limitó a decirle que se tenía que ir. Las mismas palabras que el tonto de Noel diría. Seguro ese bobo ni contento se pondría de verlo de nuevo. Jade, en cambio, se aferraba a él, la pobrecita.

—Oye, te traje la cena. —le dijo, apartándola de su lado para darle un envase de comida—. Toma, seguro que tienes hambre, ¿no?

—Alguien nos puede ver —Jade no le recibió nada, más atenta a la calle que a él.

—¿Y qué? Tienes que comer algo.

—¿A qué hora sale tu tren? —quiso saber Jade.

Hasta ese momento, ella seguía creyéndole las mentiras que le decía. Que tomaba el tren para irse a casa, que trabajaba en la tienda de Phil, que en su casa su mamá y su hermano lo estaban esperando. Jade siempre le preguntaba por su mamá, porque ella nunca había conocido a la suya. Quería saber si era buena con él. Entonces, seguía envolviendo a Jade en sus mentiras, le decía que ella viajaba mucho, pero que era muy buena. Que su hermano también era muy bueno y que un día la iba a llevar a conocer a su familia.

Sí, era de lo peor, un embustero, pintándole esperanzas a Jade. Ella haría lo que fuera por salir de ese agujero, eso le quedaba claro. Le daba mucha más lástima ver cómo Jade se ilusionaba cuando le contaba mentiras acerca de su supuesta familia y lo bien que la pasaba en casa.

—Oye, si tanto quieres que me vaya, ya pues. Me voy.

—No quiero que te vayas Pat, es que es peligroso. Mi papá te puede ver y si te ve…

Jade se detuvo en seco. Ambos escucharon pasos acercarse y ella empezó a temblar, como si tuviera un terremoto dentro. Lo empujó contra la pared y se arrodilló frente a él, buscándole la bragueta de los pantalones.

—¿Qué haces? —alcanzó a decir apenas se reponía de la impresión.

Jade no le respondió, muy ocupada en zafarle el botón, en hurgar entre su ropa interior. No llegó muy lejos. Sus manos se paralizaron antes de llegar a encontrar lo que buscaba.

—¡Jade! —La voz honda y potente de una silueta enorme se dibujó detrás de ellos.

Escuchó a Jade sollozar y encogerse, como si quisiera desaparecer en el piso.

—¡De-Devan…!—exclamó Jade, aterrada.

Vio que Jade se ponía de pie. Parecía un animal asustado, apretándose contra la pared. Así que ese era el tal Devan. Por fin estaban frente a frente. Era hora que tuvieran una conversación de hombre a escoria.

***

Luka no dijo una palabra durante todo el viaje. Finalmente detuvo el auto en una calle angosta, donde tuvo la suerte de encontrar estacionamiento.

Dentro de ese auto, una pieza de jazz aún sonaba, pero ninguno de los dos le prestaba atención. Noel observó a Luka todo el camino. Este no se dignó a mirarlo. Se veía molesto, incómodo quizá. Noel quiso decir algo, pero no se atrevió. Se encogió en el asiento y apretó las mangas de la única camiseta que le quedaba.  El pantalón negro que traía puesto era el mismo que usaba cuando se conocieron. Quiso recoger las piernas. Sus pobres pies le dolían mucho y no quería apoyarlos. Pero si lo hacía, sus zapatos iban a ensuciar el asiento.

Quizá si lo hacía, Luka le dijera algo. Necesitaba escuchar su voz. No se atrevió, solo esperó en silencio hasta que por fin estacionó el coche. Un momento después, Luka resopló y se bajó en silencio. Estaba enojado, Devan lo había puesto de mal humor, eso era. Noel se contrajo aún más y tuvo miedo de bajar del auto, pero no se iba a quedar ahí toda la noche.

Vio que Luka avanzaba hacia la puerta del auto. La abrió y se asomó. Antes que pudiese abrir la boca para disculparse, el fotógrafo tenía el dedo índice levantado, indicándole que guardara silencio.

—Tanta actividad me dio hambre. —Luka le tendió una mano y continuó—. Date prisa o te como aquí mismo.

Noel tuvo ganas de lanzársele encima. No sólo iba a tomar su mano; se iba a aferrar a su cuerpo y a no despegarse de él nunca más. Por lo menos, en lo que quedara de la noche.

No entendía a Luka, no sabía si estaba enojado con él, si ya lo había perdonado o si estaba tramando algo. Sin embargo, caminó a su lado intentando disimular el dolor que sentía con cada paso que daba. Trastabilló; el apoyar los pies en el suelo era una tortura y el fotógrafo lo rodeó con un abrazo.

—Ten cuidado —le dijo Luka, apretándolo contra su cuerpo.

No se lo esperaba, de pronto estaba en los brazos del fotógrafo y las palabras con las que quiso agradecerle por no dejarlo caer, se disiparon por completo. Era mejor quedarse callado, nunca sabía qué decir o qué hacer. Con Luka todo era nuevo.

Doblaron en la esquina y las luces de la calle llena de restaurantes les dieron la bienvenida.

—¿Sushi? —Se le escapó a Noel y casi si se cubrió la boca de la vergüenza.

—Te dije que iríamos a un lugar que me gusta mucho. —Luka le sonrió, jalándolo hacia uno de los locales—. Vamos. Tienes que probar cosas nuevas. No tienes que comer pescado crudo si no quieres. También hay fideos y sopas. Me muero de hambre, es en serio.

No perdieron más tiempo. Ingresaron a uno de los restaurantes, cuya entrada a desnivel advertía que se fijaran donde pisaban. El espacio dentro era reducido y el lugar estaba copado de comensales.  A la derecha, una barra con un par de cocineros de trajes raros parecían muy ocupados. A la izquierda, una fila de mesas para dos y por el corredor central apenas podía caminar una persona.

Una joven vestida con uno de esos coloridos trajes raros, les salió al encuentro. Muy animada saludó a Luka y le preguntó si quería su mesa de siempre. Pronto los acomodó en una esquina escondida de la barra y desapareció enseguida.

—Luka-san —saludó uno de los cocineros, vestido de azul oscuro con una especie de bata y una tela enrollada amarrada en la frente—. Tiempo sin verte.

—Yo siempre vengo, Hiro, tú eres quien no se deja ver. —Y ambos se rieron largamente—. Dejé a Amy encerrada en casa porque si la traigo lo devora todo. Hoy vine con alguien más.

—Mucho gusto —le saludó el cocinero con una venia y Noel no supo si hacer lo mismo. Sólo movió la cabeza y balbuceó algo.

—Noel nunca ha probado sushi, Hiro. Haz algo al respecto.

La chica de antes regresó con una tetera pequeñita y dos tacitas más diminutas aún, entre sus manos blanquísimas.

—Kuniko-san, el invitado de Luka-san nunca ha probado sushi —anunció Hiro e hizo que Noel se ruborizara tanto que casi se escondió tras el fotógrafo.

—¡Eh! Hiro-san tienes que hacer algo —bromeó ella mientras deslizaba entre la gente, con tanta gracia que parecía una mariposa revoloteando.

—Empecemos por un poco de todo. —empezó Hiro y se desplazó tras la barra con un plato en la mano. —Sashimi, tempura…maki…

—Noel, quizá fue mala idea mencionarle eso a Hiro-san. Ahora va a preparar comida para un regimiento y sólo somos tú y yo.

—¡Eh! Luka-san come como un batallón y nunca engorda. —Kuniko infló las mejillas y les colocó delante un par de platos cuadrados y uno muy pequeño.

Noel se limitó a observar los movimientos de Luka, porque de pronto se sintió perdido. El fotógrafo sirvió té en ambas tazas minúsculas y luego bebió de una, sujetándola con ambas manos.

Las sorpresas no terminaban ahí. De pronto Luka tomó aquello que Kuniko dejó sobre la mesa y al romper el papel que lo envolvía, Noel descubrió que era un palito. La curiosidad le ganó al ver como el fotógrafo rompía el palito a la mitad y lo dejaba sobre el platito cuadrado. Noel no pudo más y tuvo que abrir el envoltorio que tenía en frente.

Hiro, el cocinero, empezó a discutir con su compañero acerca de quién sabe qué. Hablaban otro idioma, pero levantaban la voz y Luka se reía al oírlos.  Noel empezó a sentirse nervioso al oírlos pelear así, que le dio un sorbo al té y lo encontró amargo. Debió hacer una mueca, porque Kuniko se le acercó a preguntarle si estaba bien.

—¿Te quemaste los labios? —le preguntó Luka quitándole la tacita de la mano.

—No, es que el té… necesita azúcar —le respondió y al fotógrafo le dio un ataque de risa.

Kuniko le puso un vaso con agua delante y le sonrió afable.

—¡Luka-san, baka! —exclamó ella, inflando los cachetes de nuevo—. No le hagas caso, Noel-san. Si prefieres azúcar en tu té verde… o tal vez prefieres algo más que tomar.

—Ahora te va a ofrecer sake. —Luka colocó salsa de su soya en su platito—. Kuniko es una alcohólica.

—Luka-san siempre toma sake. ¿Te gustaría probar sake, Noel-san? Sólo un poquito.

—Kuniko, no trates de robármelo, que es mío. —Luka lo abrazó de nuevo y ella sonrió aún más—. ¿Ese kimono es nuevo?

—¡Eh! Luka-san es muy observador. Sí, es nuevo. Luka-san dijo que me iba a tomar fotos bonitas para ponerlas acá en las paredes.

—Sí, porque las fotos de Hiro espantan a la clientela —respondió e hizo reír a todos.

Al parecer, el cocinero escuchó que lo mencionaban y apareció delante con un cuchillo enorme en la mano.

—¿Estaban hablando de mí? ¿De mis fotos otra vez? Luka-san me quiere retratar, como a esa chica de la película Titanic. —Hiro frunció los labios y batió las pestañas.

—Te aseguro, Hiro, que una foto tuya así como la chica esa hunde toda una flota de barcos.

Entonces hubo un ataque de risa masivo. Rieron tanto todos juntos que el otro cocinero tuvo que encargarse de las órdenes de comida. Kuniko se repuso primero y regresó a trabajar. No tardó mucho en colocar en frente de ambos una descomunal fuente llena de comida de lo más extraña. Muchos de ellos eran pedacitos en fila. Enrrolladitos de arroz, otros con una especie de hoja verde oscura, unos rectángulos amarillos que resultaron ser hechos de huevo, unas hojas delgadas de algo blanco transparente que reconoció como jengibre y una masa verde que tenía el olor más penetrante y extraño que Noel había percibido en su vida.

Hiro y Luka lo observaban. Estaban esperando que Noel empezara a comer y, la verdad, no se atrevía. Se encogió un poco más sobre el asiento y el fotógrafo llegó al rescate. Tomó sus propios palillos, tomó uno de esos rollitos de comida, lo sumergió en la salsa de soya y le dijo que abriera la boca.

Lo hizo y recibió el bocado de comida. Era delicioso, algo que nunca antes había probado.

—¿Te gustó? —le preguntó Luka y no pudo responderle porque tenía la boca demasiado llena para hacerlo.

Entonces Hiro sonrió y regresó a su labor.

Luka se dedicó a comer, también. Noel dejó que lo alimentara como si fuera un niño. No se atrevió a decirle que podía solo. Usaría sus dedos porque no se sentía capaz de usar los palillos con la destreza que él lo hacía. Kuniko dio un par de vueltas más y los dejó en paz.  No podía quejarse. Su primera experiencia probando algo nuevo estaba siendo muy buena.

—He comido tanto que necesito uno de esos kimonos que tú usas, Hiro —exclamó Luka levantándose de su asiento—. El pantalón ya no me queda. Mi entrenador personal va a saber de esto.

Luka bromeó entonces. Lo dejó solo un momento, para ir en busca de Kuniko y pagar la cuenta. Comió tanto que no sólo se sentía satisfecho, si no que descubrió que le gustó mucho el sushi. Tanto que deseó poder guardar un poco y compartirlo con Jade.

Con esa idea en mente, Noel se levantó de pronto y sus pies protestaron cuando tocó el suelo. Lo había pasado tan bien que se había olvidado de cuánto le dolían. Ese era el efecto que tenía Luka en él. Hacía que olvidara todo lo malo en su vida.

«La vida es una sola y tan corta como un suspiro.», escuchó decir a Hiro en uno de los intercambios de bromas con Luka. Y tenía razón. Así que tendría que disfrutar lo más que pudiera la comida y la compañía, porque no sabía si habría un mañana para él.

—Noel, vámonos antes que Kuniko te secuestre y Hiro te ponga a trabajar aquí con él. —le dijo Luka dándole el alcance rumbo a la salida.

Salieron entonces, caminando despacio no sólo porque el espacio era reducido y le costaba avanzar sobre sus pies heridos. La verdad era otra, aquel cachorro perdido y adolorido, no quería acelerar la noche.

***

Pat tuvo que despegar a Jade de la pared, pero parecía que quería hundirse dentro con tal de esconderse. La abrazó para protegerla, porque no iba a dejar que ese malparido, hijo de billones de perras, le hiciera daño.

Pelón de mierda, pensó mientras Jade se le aferraba aterrada.

—¡Así que tú eres Devan! —A todo pulmón, la rabia contenida dentro de su pecho encontró un modo de salir por su garganta.

El imbécil ese se mostró sorprendido al escucharlo. ¿Acaso tenía monos en la cara o qué?

Patrick no obtuvo una respuesta verbal, sino que el tal Devan arremetió contra ambos y arrancó a Jade de su lado.

—Suéltala, maldito. —Algo dentro de su mente se zafó. Pat no supo qué fue, pero de pronto estaba encima de Devan, cayéndole a golpes.

Le mordió la mano, le arañó la cabeza pelada, le dio de patadas y aun así terminó en el suelo. Parecía una pelea entre una hormiga y un elefante rabioso echando humo por la trompa. Las manos de Devan lo recogieron del suelo sujetándolo de la chaqueta y con la misma fuerza con la que lo levantó, lo arrimó contra la pared.

A Pat le dio tiempo para reírse en la cara de Devan, antes de escurrirse de dentro de la prenda y escapar para enfrentarlo. No le tenía miedo y que le quedara bien claro de una vez.

Al verse libre, retrocedió un par de pasos, pero no contó que aquel sujeto era más rápido de lo que esperaba. Esta vez Devan consiguió atraparlo y lo estrelló contra el muro de una bofetada. Al hacer contacto contra la superficie dura, Pat sintió que las luces se le apagaban. Apenas alcanzó a escuchar la voz de Jade llamándolo, difusa como un zumbido.

Pat no alcanzó a entender lo que decía, pero sí vio cómo el chulo la apartaba de un golpe. Le pegó a Jade en la cara, pero ella se recuperó rápidamente y volvió a ponerse entre Devan y él.

—¡Déjala en paz, cabrón! —gritó, aún mareado por el impacto—. A la mujer no se le pega, hijo de la gran puta…

Ante sus palabras, Devan lanzó una carcajada y luego vio a Jade volar contra la pared. Ese malnacido la volvió a golpear solo para probar su punto, esa maldita escoria.

—¡Abusivo de mierda! Deja a Jade en paz.

Un momento. Si Devan conocía a Jade, entonces… Entonces Jade también conocía a Noel. Al darse cuenta de ese detalle, Pat debió bajar la guardia, porque la mano de Devan llegó a atraparlo del cuello y lo estrelló contra el muro.

—Tienes la boca muy grande, mocoso. —bramó Devan mientras le ajustaba el cuello. —Te voy a enseñar a usarla para algo bueno.

—Jódete —le respondió Pat elevando el dedo medio para que lo viera bien.

La presión en su garganta era tal que podía sentir cómo la vida se le escurría. Carajo, se iba a morir sin haber podido sacar a Jade de ese hueco, ni rescatar a Noel de ese mundo. Lo peord de todo, sin poder hacer que el cabrón de Devan pagara por todo.

Pat empezó a patalear para soltarse y sus pies abandonaron el suelo. La rabia y el miedo eran una mala combinación. Intentó patear al chulo para liberarse, pero era como golpear una mole de concreto.

—Cuando acabe contigo vas a estar trabajando para mí —le dijo Devan, pero la presión en su garganta no disminuía.

No tenía que preocuparse, porque no iba a seguir vivo si seguía apretándole el cuello de ese modo.

—Tu puta madre va a trabajar para ti. —le respondió Pat y esas serían sus últimas palabras.

No le quedaban más fuerzas para resistir. Pat prefería morirse antes que trabajar para esa basura. Lo odiaba con tanta intensidad que no le cabía en el pecho. Sus piernas dejaron de patalear, sus brazos cayeron a los lados de su cuerpo y la oscuridad empezó a cubrirlo.

Una lástima. No había pensado irse de ese modo. No quedaba mucho más, sólo esperar a dejar de sentir. Pensó en su mamá, en que iba a verla pronto. ¡Mierda! Iba a dejar a Noel en manos de ese maldito. Y a Jade también. Hubiese querido decirle la verdad a Jade, que su vida no era tan linda como se la pintaba, pero que tampoco era tan mala. Noel regresó a su mente, su querido hermano. Había cumplido la mitad de la promesa, lo pudo encontrar.

Cierto, Phil se iba a enojar mucho cuando llegara a casa y viera que no estaba. Hubiese querido hacer algo por él, para agradecerle por todo. Pero no le quedaba más tiempo en la tierra. Podía ver la luz, el túnel y una silueta dibujándose en la entrada.

—¡Suéltalo ahora mismo o por mi Santa Madre que acabo contigo, Devan!

Pat alcanzó a oír una voz que sonó a coro de ángeles. Estaba muriendo, pero de un modo u otro, se supo a salvo.

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6 thoughts on “Capítulo 18

  1. Luka, Luka, Luka!! Rah Rah rah!! *agita los pompones* Bien hecho, que bien que Luka fue a por Noel para no dejarlo pudrirse a manos del mamón de Devan. Muy agitado este capi, pero excelente.

    Me gustan las reacciones de Noel hacia lo que Devan le dice, porque las siento humanas y perfectamente cuerdas. Estuviste fantastica en ese aspecto. Y fue fantastico tambien que Pat defendiera a Jade 🙂 y es lindo que éste le haya cogido cariño al chico. Me hizo gracia la mentira que dijo (“ay es que estoy alimentando a una gata”) para encubrir a Jade y poderle seguir dando de comer. Aunque Jade todavia me sigue dando repelus a veces, termina siendo mas soportable que Devan o TinMan.

    Un trabajo excelente como siempre.

    Besos!

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  2. Hola buenas, me llamo pupete y tan sólo quería felicitar y agradecer a la autora de la historia de Noel por su magnífica obra, me a encantado desde el capítulo 1 asta el actualmente último, el 18. Es fantaaaaaasticaaaa, me encantaaa :DD
    Siempre me han dicho que leo muy poco y todos han intentado siempre hacerme leer más y más, pero sin ningún exito,en cambio este relato aprrrrrrr :3 desde que lo empeze no e podido dejar de leerlo y de querer seguir con el siguiente capítulo, pero claramente no puedo decirle a mi madre que si que leo relatos BDSM jejeej ^^
    De nuevo muchísimas gracias por esta gran historia y por favooor acaba el siguiente capítulo prontooo >.<

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  3. en serio esta historia es demasiado buena
    de donde tanta inspiración?
    pdt enhorabuena por el desarrollo psicológico de los personajes no tiene que ser nada fácil con tantos .

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    1. Muchísimas gracias por tu comentario. La historia la tenía en mente, desde hace mucho tiempo.

      Es cierto, le puse bastante empeño al desarrollo psicológico de los personajes, Noel en especial. De verdad agradezco mucho tus palabras.

      Mil gracias

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