capitulo 16

Devan nunca le daba más información que la necesaria, pero si no obedecía al pie de la letra, iba a pagar las consecuencias. Noel tuvo que ir por sus propios medios a una «cita» como él las llamaba.  Conocía al cliente, aunque ignoraba su nombre. Unas semanas atrás, si la memoria no le fallaba, había ido a «visitarlo».

No se fijó en su rostro. A su corta edad y a esas alturas de su vida, todos esos sujetos eran iguales. Noel trataba de no prestarle atención a sus palabras o a lo que hacían con él, sólo concentrarse en terminar pronto y salir entero.

Ese tipo en particular era extraño. Usaba guantes de goma, nunca miraba de frente y hablaba entre dientes. Apenas le abrió la puerta, lo tomó de la mano y lo condujo por el pequeño espacio que era su morada. El ambiente tenía un fuerte olor a cloro, mucho más fuerte que la vez anterior y a pesar del calor de afuera, las ventanas estaban cubiertas por unas tablas que se dejaban ver bajo las cortinas rasgadas.

Sobre una mesa, al lado de la puerta, había un rompecabezas, un puñado de crayones y un libro para colorear. A Noel le llamó la atención porque parecía que alguien estaba pintando y había dejado una página a medias. El tipo lo pescó observando y le dijo que si portaba bien lo iba a dejar jugar un rato.

Sin más preámbulos el cliente lo llevó hacia la cama ubicada al otro extremo de la habitación. Le indicó que se subiera al catre y al hacerlo Noel perdió los zapatos. Siempre se le salían, porque le quedaban grandes. Fue cuando se fijó que en suelo cubierto de ropa regada y varias bolsas de basura.

Sentado sobre la cama, dejó colgando sus pies desnudos y el tipo empezó a acariciarlos. Sintió cosquillas que desparecieron a medida que las manos subían por sus pantorrillas y muslos.

Las manos se detuvieron en la pretina de su pantalón, que pronto abandonó su cuerpo. Sucedió lo mismo con la camiseta que llevaba y su ropa terminó en el suelo, con el resto de aquellas prendas demasiado pequeñas como para ser de la talla del adulto.

De pronto estaba sentado sobre los muslos de aquel desconocido. Noel se quedó muy quieto y recibió un beso en la frene que continuó sobre todo su rostro, mientras aquel desconocido le sujetaba las manos con fuerza.

El adulto musitaba algo que Noel no alcanzó a entender. Sintió miedo entonces y evitó mirarlo a los ojos, porque los del cliente tenían una intensidad extraña. Aquel sujeto no se contuvo más y lo acostó sobre el colchón, atrapándolo contra la cama.

Noel cerró los ojos de puro miedo, pero la voz aguda del adulto le ordenó que los abriera. Obedeció aterrado y al hacerlo, encontró un cuchillo enorme frente a su rostro.

Quiso gritar del terror, pero el sujeto le cubrió los labios con una mano.

—Shh. —La hoja filosa se deslizó por una de sus mejillas, mientras que la punta le acariciaba las pestañas—. Si te portas bien nada va a pasar.

No le creyó ni una palabra a aquel adulto. Al contrario, el pequeño se desesperó lanzando manotazos al aire. El metal helado abandonó su rostro, pero se enterró en la carne tierna de la palma de su mano, abriéndole un surco hasta rozar la muñeca. Noel gritó espantado por el dolor y la cantidad de sangre que empezaba a brotar, bañándolos a ambos.

—¡No! Mira lo que haces —le decía el cliente sujetándolo de un brazo, intentando contenerlo bajo su cuerpo—. Tenías que quedarte quieto y nada iba a pasar.  Ahora sí, no te muevas o se te van a salir las tripas por ahí.

A Noel le resultaba imposible dejar de llorar y se retorcía intentando escapar presa del pánico.

—Si no te callas te voy a cortar la lengua. —le amenazó pasando la hoja de metal sobre sus labios tembloroso.

Noel intentó contenerse, quedarse quieto, portarse bien como ese tipo quería. Pero el llanto no cesaba, se le escapaba sin poder detenerlo.  Si no obedecía iba a ser peor y lo sabía. El cliente de turno le sonrió al ver como intentaba calmarse, pero lo seguía sujetando con fuerza. Deslizó el cuchillo sobre su nariz, subiendo por su frente y le revolvió las pestañas con la punta. Noel sintió un tirón y luego dedos enredándose en su cabello. Aterrado, pudo ver cómo le cercenaba un mechón y el adulto susurraba entre dientes.

Acto seguido se levantó de la cama, dejando a Noel atrás, cuidando no perder el mechón de cabello en el camino. Despacio lo metió dentro de una bolsita plástico y le escribió algo encima con un marcador negro.

Noel no se quedó a esperar que regresara a su lado, si no que aprovechó ese instante para rodar sobre la cama. Saltó de la cama, recogió un montón de ropa del suelo y empezó a correr como si lo persiguiera el diablo. Descalzo y aterrorizado, no supo cómo atravesó las calles tal y como vino al mundo. Lo que sí recordaba es que Devan lo abordó y en el camino y atrapó casi en el aire.

—¿Qué carajo te pasó? —le gritó furioso cuando lo tuvo en sus manos.

Presa del pánico, Noel sólo buscaba soltarse. Devan lo subió sobre su hombro y se lo llevó pataleando al departamento.

Al verle la cara salpicada y el resto del cuerpo bañado en sangre, no tuvo que preguntar de nuevo. Noel recuperó el habla luego de la primera bofetada y le dijo todo lo que quiso escuchar. Devan maldijo mientras lo llevaba al lavadero y le apretaba la herida para contener la sangre que brotaba a mares. De un par de gritos, mandó a Jade en busca de Müller para que le cosiera la herida.

Menos mal que Devan consideró que era suficiente castigo que a Noel le suturara la idea de ese modo. Apenas Müller terminó, le vendó la mano con la camiseta sucia que traía apretada contra su cuerpo. Fue entonces cuando Noel notó que había perdido sus prendas en algún lugar del trayecto y se había traído consigo una gorra de béisbol. No era suya y, al observarla bien, supo dónde la había visto antes. Al día siguiente, cuando Devan lo mandó por cigarros y comida china, Noel fue a corroborar su sospecha.

Llegó hasta aquella vereda donde hubo una vigilia, durante varias noches, fijándose que no hubiese nadie alrededor. La gorra que llevaba en la mano sana, era la misma que aparecía en la foto que decoraba todo el vecindario. Todavía quedaban velas en la acera, flores marchitándose por el calor del verano, muñecos de felpa colectando polvo y carteles destiñéndose por el sol. Todo frente al comercio de los italianos. Noel sólo quería dejar la gorra en su sitio, donde correspondía, en ese altar que le habían armado al desaparecido hijo del tendero. Se acercó demasiado. Quizá quería contagiarse de esa angustia, quizá sentirse un poco querido a pesar de no ser a quien buscaban. Nada más y luego irse por donde vino. No debió acercarse tanto, a la primera grada de la entrada.

La puerta se abrió y apareció Phil.

No le dio tiempo de escapar. El italiano vio la gorra y atrapó al niño del brazo herido, zarandeándolo mientras que los ojos se le inyectaban.

—¿De dónde sacaste esto? —gritó fuera de sí—. ¡Responde, mocoso! ¿De dónde lo sacaste?

Cuánto más lo sacudía, menos respuestas obtenía. Se armó un tumulto y con el griterío salieron los familiares de Phil mientras éste se desgañitaba de ira. Fue inútil intentar convencerlo de que soltara al niño, que le estaba haciendo daño. Noel se dejó sacudir como un trapo y sintió que iba a perder el brazo. Su única respuesta a las demandas del italiano fue que tenía que volver donde Devan.

—Me vas a llevar donde él, ahora mismo, empieza a caminar. ¡Rápido!

Los familiares de Phil vociferaron en conjunto y él los ignoró a todos. Intentaron detenerlo, pero no pudieron contener su fuerza de oso rabioso. Tenía un bate de béisbol en una mano y con la otra estaba a punto de partirle el brazo por el modo como lo apretaba. Noel lo llevó donde quiso, porque en ese momento Phil le daba más miedo que Devan.

Cuando entraron al departamento, Devan saltó de la silla al ver a Phil.

—¿Qué carajo haces acá? —apuntó al italiano con una pistola y le quitó el seguro preparado para disparar—. ¡Lárgate!

—¿Dónde está Tino? —rugió Phil, loco de ira.

—¿De qué carajo estás hablando? Suelta al mocoso y lárgate antes que te descargue ésta en la cara.

No, Phil no se iba a dar por vencido.

—¿De dónde sacaste esto? —vociferó el italiano sacudiendo la prenda frente a Devan. — ¡Esta es la gorra de mi hijo! Este mocoso la tenía. ¿Qué hiciste con mi hijo?

Devan se desconcertó por un momento y al siguiente estaba encima de ambos. Le arrebató a Noel de un jalón sólo para pegarle en la cara.

—¿De dónde sacaste esa gorra? —Otro golpe más y se iba por el tercero—. ¡Habla, mierda!

—De ayer, el que me cortó la mano, en su casa Devan —respondió el niño sollozando, con las manos levantadas para defenderse de los golpes—. Estaba en el suelo, con mi ropa. Te lo juro, Devan que no me lo robé.

Los dos adultos se quedaron mirándose entre sí. ¿Qué más querían, si ya les había dicho la verdad? Devan no se mostró satisfecho

—¡Ahora que ya lo sabes, largo de aquí!

—¡No sin saber de quién habla el mocoso! ¡Es mi hijo, maldición! ¡Quiero el nombre! —Phil blandía el bate en la mano, rojo de ira.

—¡He dicho que saques tu trasero gordo de mi vista o te lleno de balas, pendejo de mierda! —Devan tenía un arma, eso no iba a terminar nada bien—. ¡Fuera!

—¡Dame el nombre y me largo! —Phil gritaba tanto como Devan y ambos tenían el rostro encendido de ira.

—¿Y qué ganó yo? ¡Largo de aquí! De una vez, fuera.

—Dilo, da un precio. Lo que sea, lo consigo, pero quiero el nombre. ¡Ahora!

Devan lo pensó un momento y bufó.

—¿Lo que sea? Ese cabrón me dañó la mercancía. Si le das una lección, estamos a mano. —Levantó a Noel tomándolo del brazo herido y lo lanzó contra Phil—.Llévalo puto, tú sabes dónde es.

Phil no perdió tiempo y arrastró a Noel hacia la guarida de aquel sujeto. Una vez llegaron, lo dejó en la puerta, como anzuelo y pronto la puerta se abrió sin sospecha alguna. El cliente del día anterior tenía el teléfono en la mano y Noel alcanzó a escuchar la voz de Devan en auricular.

Un regalo, hijo de perra, para que veas que no hay resentimientos.

Cayó en la trampa. Estaba por cerrar la puerta con Noel adentro, pero Phil le saltó como una fiera. No le dio tiempo a reaccionar y derribó al sujeto al suelo. El italiano perdió la razón. Con el bate en la mano, desató toda su rabia mientras le reclamaba por el paradero de Tino.

Noel se fue a refugiar al lado de la puerta. Cerró los ojos, se tapó los oídos y se abrazó a sí mismo. No sabía bien cuanto tiempo pasó, sólo que Devan apareció en escena, a ver en qué iba su encargo.

—Ustedes sigan —dijo Devan, con su teléfono en la mano, apenas dejándose oír sobre los gritos desaforados de Phil—. Yo solo vine a recoger lo que es mío.

Le dio un puntapié a Noel y se lo llevó antes que llegara la policía, a quien acababa de avisar.

 

—¿Pat? ¿Estás bien? —le preguntó Noel con suma inocencia.

Pat quedó con la boca abierta, sin palabras, tratando de procesar la información que acababa de recibir. En definitiva, había mordido más de lo que podía tragar. Noel le había narrado la historia de terror más macabra que había oído en su corta vida.  Ahora entendía por qué Paulette nunca había querido tocar el tema.

Lo que más le asombraba era la tranquilidad con la que Noel revivía semejante episodio de su vida. ¿Todavía quería saber si estaba bien luego de una revelación como esa?

—¡Noel, ese tipo te pudo matar! —La sola idea le helaba la sangre—. ¡Claro que no estoy bien!

—No me pasó nada, sigo aquí. —Noel le revolvió el cabello rubio a su supuesto hermano—. Ahora que lo sabes, me tengo que ir.

Pat le atrapó la mano antes de que se le escapara. Quería verla, constatar que la historia de terror que era real. En efecto, ahí estaba la cicatriz, larga y borrosa. Cruzaba las líneas del destino hasta terminar en una ligera curva sobre la muñeca. La recorrió con los ojos y le temblaron los labios al darse cuenta de la cruel realidad que esa tibia palma le estaba contando.

—¿Noel? ¿Cuándo fue eso? ¿Cuándo sucedió todo eso?

Noel se lo quedó mirando con una expresión vacía, como si la pesadilla regresara a su memoria.

—Siete años creo. Mucho tiempo. ¿No crees? Me quedó marca, pero ya no duele.

—Pero, pero… ¿Esa era su gorra? ¿no? ¿La de Tino? Es la que aparece en esa foto de ahí —señaló el mostrador, al lado de la caja registradora.

—Sí, creo que sí. Ahora sí, me tengo que ir.

—¡No! Si acabas de venir. Tú desapareces y no sé dónde buscarte. Ya sé, nadie debe saber que somos hermanos, porque si Devan se llega a enterar vas a tener problemas tú, problemas yo y todo el mundo. Ya Phil parece grabadora, me anda repitiendo lo mismo. Es que, no se vale, Noel. ¿Cuándo vamos a poder estar juntos?

—Pat, no se puede.

—Si vas a empezar con eso de que te tengo que dejar de ver…

—Es lo que hay Pat. Tú tienes la oportunidad de una buena vida y esas no llegan todos los días.

Pat negó con la cabeza. Casi no podía darle crédito a sus oídos. Ahí iba Noel con lo mismo. ¡Pues no! ¿Creía que lo iba a convencer tan fácil? ¡No y no! Quiso decirle que no siguiera con el sermón, pero no le dio tregua. Ahora lo tenía de pie frente a él, cubriendo sus labios con un dedo, mientras se inclinaba buscando su oído, para susurrarle dentro.

—Pat, escúchame.

El tono de su voz era diferente, se escuchaba melosa y cálida como caramelo derretido. Susurrada sobre la piel sensible de su oreja, se deslizó desde su mejilla hasta quedar a escasos centímetros de su boca.

—Si te quedas tranquilo, te juro que vendré cada vez que pueda.

A Pat le brotó un gemido, cual ronroneo gatuno. Sus ojos se entrecerraron rindiéndose y Noel tomo ventaja deslizando el pulgar sobre la piel sensible de sus labios. Deteniéndose en el centro de la carne temblorosa, hundió ligeramente la yema del dedo, mientras empujaba su cadera contra la ingle de Pat.

—¿Me lo prometes, Pat?

Lo que sea, haría cualquier cosa. Si quería que fuera a despellejar a Devan con cuchillo de plástico, iría sin titubear.  Pat asintió despacio, por miedo a que un movimiento violento los fuera a separar. El dedo que sellaba sus labios desapareció siendo reemplazado por aquellos labios carnosos.  Con el solo contacto, la sangre le empezó a hervir dentro de las venas. No conforme con ello, sintió a Noel pulsar sus caderas contra su ingle, haciendo que se le escapara un gemido desesperado.

—Me tengo que ir —susurró Noel al final con una mordida en añadidura—. No olvides que lo prometiste.

Noel le sonrió, para luego darle un beso en medio de la frente.

Así sin más, acababa de dejarlo sin capacidad de protestar. Noel no sabía acerca de su enfermedad y que las pastillas que tomaba influenciaban en su capacidad de reacción. De otro modo, se le habría adherido al cuerpo y no le habría dejado partir de su lado. Le tenía que contar tantas cosas, pero no conseguía retenerlo a su lado.

Todavía engatusado bajo los efectos de Noel, Pat lo dejó escapar por la puerta, sin poder detenerlo. Se quedó con la carne ardiendo y los labios encendidos. Quería a Noel consigo, lo quería ya mismo y para siempre.

***

Devan nunca le daba más información que la necesaria, pero si no obedecía al pie de la letra, iba a pagar las consecuencias. Tuvo que ir por sus propios medios a una «cita» como él las llamaba.  Conocía al cliente, aunque ignoraba su nombre. No se fijó en su rostro, a esas alturas de su vida todos eran iguales. Trataba de no prestarle atención a sus palabras o a lo que hacían con él, solo concentrarse en terminar pronto y salir entero.

Unas semanas atrás, si la memoria no le fallaba, había ido a «visitarlo».

Ese tipo en particular era extraño. Usaba guantes de goma, nunca miraba de frente y hablaba entre dientes. Apenas abrió la puerta, lo tomó de la mano y lo condujo por el pequeño espacio que era su morada. El ambiente tenía un fuerte olor a cloro, mucho más fuerte que la vez anterior y a pesar del calor de afuera, las ventanas estaban cubiertas por unas tablas que se dejaban ver bajo las cortinas rasgadas.

Sobre una mesa, al lado de la puerta, había un rompecabezas, un puñado de crayones y un libro para colorear. Le llamó la atención porque parecía que alguien estaba pintando y había dejado una página a medias. El tipo lo pescó observando y le dijo que si portaba bien lo iba a dejar jugar un rato.

Sin más preámbulos, lo llevó hacia la cama ubicada al otro extremo de la habitación. Le indicó que se subiera al catre y al hacerlo perdió los zapatos. Siempre se le salían, porque le quedaban grandes. Fue cuando se fijó que en suelo cubierto de ropa regada y varias bolsas de basura.

Sentado sobre la cama, dejó colgando sus pies desnudos y el tipo empezó a acariciarlos. Sintió cosquillas que desparecieron a medida que las manos subían por sus pantorrillas y muslos.

Las manos se detuvieron en la pretina de su pantalón, que pronto abandonó su cuerpo. Sucedió lo mismo con la camiseta que llevaba y su ropa terminó en el suelo, con el resto de aquellas prendas demasiado pequeñas como para ser de la talla del adulto.

De pronto, estaba sentado sobre los muslos de aquel desconocido. Le besó la frente y continuó sobre todo su rostro mientras le sujetaba las manos con fuerza. Noel cerró los ojos, porque los ojos del adulto tenían una intensidad extraña que asustaban.

Lo escuchó gruñir y de pronto lo acostó sobre el colchón, atrapándolo contra la cama. Noel cerró los ojos de puro miedo, pero una voz aguda le ordenó que los abriera. Al hacerlo, encontró un cuchillo enorme frente a su rostro.

Quiso gritar del terror, pero el sujeto le cubrió los labios con una mano.

—Shh. —La hoja filosa se deslizó por una de sus mejillas, mientras que la punta le acariciaba las pestañas—. Si te quedas quieto nada va a pasar.

Noel se desesperó lanzando manotazos al aire. El metal helado abandonó su rostro, pero se enterró en la carne tierna de la palma de su mano, abriéndole un surco hasta rozar la muñeca. Gritó espantado por el dolor y la cantidad de sangre que empezaba a brotar, bañándolos a ambos.

—¡No, no, no! Mira lo que haces —le decía sujetándolo de un brazo, intentando contenerlo bajo su cuerpo—. Tenías que quedarte quieto y nada iba a pasar.  Ahora sí, no te muevas o se te van a salir las tripas por ahí.

Presa del pánico, Noel cerró los ojos al sentir el cuchillo revolverle las pestañas, pero no dejó de quejarse.

—Si no te callas te voy a cortar la lengua. —Y le pasó la hoja de metal sobre los labios.

Le resultaba imposible dejar de llorar. Sentía el dolor en la piel abierta de sus manos y tantísimo miedo. Temblaba bajo el cuerpo del adulto, quien lo sujetaba con fuerza y ahora le revolvía las pestañas con la punta del cuchillo. Deslizó el metal sobre su nariz, subiendo por su frente.

Noel sintió un tirón y luego dedos enredándose en su cabello. Aterrado, pudo ver cómo le cercenaba un mechón y susurraba entre dientes.

De pronto, se levantó con el montón de pelo entre los dedos. Con cuidado, lo metió dentro de una bolsita plástico y le escribió algo encima. Noel no se quedó a mirar qué más hacía, si no que aprovechó ese instante para rodar sobre la cama. Recogió un montón de ropa del suelo y empezó a correr como si lo persiguiera el diablo.

Descalzo y aterrorizado, no supo cómo atravesó las calles tal y como vino al mundo. Lo que sí recordaba es que se estrelló contra Devan, quien lo abordó y atrapó casi en el aire, porque sentía que en vez de piernas le habían salido alas.

—¿Qué carajo te pasó? —le gritó furioso cuando lo tuvo en sus manos.

Presa del pánico, solo buscaba soltarse. Devan lo subió sobre su hombro y se lo llevó pataleando al departamento.

Al verle la cara salpicada y el resto del cuerpo bañado en sangre, no tuvo que preguntar de nuevo. Noel recuperó el habla luego de la primera bofetada y le dijo todo lo que quiso escuchar. Devan maldijo mientras lo llevaba al lavadero y le apretaba la herida. Mandó a Jade en busca de Müller para que le cosiera la herida.

Menos mal que Devan consideró que era suficiente castigo que lo suturaran de ese modo. Apenas terminó, le vendaron la mano con la camiseta sucia que traía apretada contra su cuerpo. Fue entonces cuando notó que había perdido las prendas en algún lugar del trayecto y se había traído consigo una gorra de béisbol.

No era suya y, al observarla bien, supo dónde la había visto antes.

Al día siguiente, cuando Devan lo mandó por cigarros y comida china, fue a corroborar su sospecha. Todavía quedaban velas en la acera, flores marchitándose por el calor del verano, muñecos de felpa colectando polvo y carteles destiñéndose por el sol. Se acercó a donde hubo una vigilia, durante varias noches, fijándose que no hubiese nadie alrededor. La gorra en la mano era la misma que aparecía en la foto que decoraba todo el vecindario. Solo quería dejarla en su sitio, donde correspondía, en ese altar que le habían armado al desaparecido hijo del tendero. Se acercó demasiado. Quizá quería contagiarse de esa angustia, quizá sentirse un poco querido a pesar de no ser a quien buscaban. Nada más y luego irse por donde vino. No debió acercarse tanto, a la primera grada de la entrada.

La puerta se abrió y apareció Phil.

No le dio tiempo de escapar. Vio la gorra y lo atrapó del brazo herido, zarandeándolo mientras que los ojos se le inyectaban.

—¿De dónde sacaste esto? —gritó fuera de sí—. ¡Responde, mocoso! ¿De dónde lo sacaste?

Cuánto más lo sacudía, menos respuestas obtenía. Se armó un tumulto y con el griterío salieron los familiares de Phil mientras éste se desgañitaba de ira. Fue inútil intentar convencerlo de que soltara al niño, que le estaba haciendo daño. Noel se dejó sacudir como un trapo y sintió que iba a perder el brazo. Su única respuesta a las demandas del italiano fue que tenía que volver donde Devan.

—Me vas a llevar donde él, ahora mismo, empieza a caminar. ¡Rápido!

Los familiares de Phil vociferaron en conjunto y él los ignoró a todos. Intentaron detenerlo, pero no pudieron contener su fuerza de oso rabioso. Tenía un bate de béisbol en una mano y con la otra estaba a punto de partirle el brazo por el modo como lo apretaba. Noel lo llevó donde quiso, porque en ese momento Phil le daba más miedo que Devan.

Cuando entraron al departamento, Devan saltó de la silla al ver a Phil.

—¿Qué carajo haces acá? —Lo apuntó con una pistola y le quitó el seguro preparado para disparar—. ¡Lárgate!

—¿Dónde está Tino?—rugió Phil, loco de ira.

—¿De qué carajo estás hablando? Suelta al mocoso y lárgate antes que te descargue ésta en la cara.

No, Phil no se iba a dar por vencido.

—¿De dónde sacaste esto? ¡Esta es la gorra de mi hijo! Este mocoso la tenía. ¿Qué hiciste con mi hijo?

Devan se desconcertó por un momento y al siguiente estaba encima de ambos. Le arrebató a Noel de un jalón y le pegó en la cara.

—¿De dónde sacaste esa gorra? —Otro golpe más y se iba por el tercero—. ¡Habla, mierda!

—De ayer, el que me cortó la mano, en su casa Devan —respondió sollozando, con las manos levantadas para defenderse de los golpes—. Estaba en el suelo, con mi ropa. Te lo juro, Devan que no me lo robé.

Los dos adultos se quedaron mirándose entre sí. ¿Qué más querían, si ya les había dicho la verdad? Devan no se mostró satisfecho

—¡Ahora que ya lo sabes, largo de aquí!

—¡No sin saber de quién habla el mocoso! ¡Es mi hijo, maldición! ¡Quiero el nombre! —Blandía el bate en la mano.

—¡He dicho que saques tu trasero de mi vista o te lleno de balas, pendejo de mierda! —Devan tenía un arma, eso no iba a terminar nada bien—. ¡Fuera!

—¡Dame el nombre y me largo! —Phil gritaba tanto como Devan y ambos tenían el rostro encendido de ira.

—¿Y qué ganó yo? ¡Largo de aquí! De una vez, fuera.

—Dilo, da un precio. Lo que sea, lo consigo, pero quiero el nombre. ¡Ahora!

Devan lo pensó un momento y bufó.

—¿Lo que sea? —Levantó a Noel tomándolo del brazo herido y lo lanzó contra Phil—. Llévalo, tú sabes dónde es. Ese cabrón me dañó la mercancía. Si le das una lección, estamos a mano.

Phil no perdió tiempo y arrastró a Noel hacia la guarida de aquel sujeto. Lo dejó en la puerta, como anzuelo y abrió sin sospechar nada. Tenía el teléfono en la mano y Noel alcanzó a escuchar la voz de Devan en auricular.

Un regalo, hijo de perra, para que veas que no hay resentimientos.

Cayó en la trampa, Phil le saltó como una fiera. No le dio tiempo a reaccionar y lo derribó al suelo. El italiano perdió la razón. Con el bate en la mano, desató toda su rabia mientras le reclamaba por el paradero de Tino.

Noel se fue a refugiar al lado de la puerta. Cerró los ojos, se tapó los oídos y se abrazó a sí mismo. Fue Devan quien apareció de pronto, fue a ver en qué iba su encargo. Tenía el teléfono en la mano y al ver la escena solo bufó complacido.

—Ustedes sigan —dijo, bromeando entre los gritos desaforados de Phil—. Yo solo vine a recoger lo que es mío.

Le dio un puntapié a Noel y se lo llevó antes que llegara la policía, a quien acababa de avisar.

—¿Pat? ¿Estás bien?

Pat quedó con la boca abierta, sin palabras, tratando de procesar la información que acababa de recibir. En definitiva, había mordido más de lo que podía tragar. Noel le había narrado la historia de terror más macabra que había oído en su corta vida.  Ahora entendía por qué Paulette nunca había querido tocar el tema.

Lo que más le asombraba era la tranquilidad con la que Noel revivía semejante episodio de su vida. ¿Todavía quería saber si estaba bien luego de una revelación como esa?

—¡Noel, ese tipo te pudo matar! —La sola idea le helaba la sangre—. ¡Claro que no estoy bien!

—No me pasó nada, sigo aquí. —Noel le revolvió el cabello—. Ya que sabes, me tengo que ir.

Pat le atrapó la mano. Quería verla, constatar que la historia de terror que era real. En efecto, ahí estaba la cicatriz, larga y algo borrosa. Cruzaba las líneas del destino hasta terminar en una ligera curva sobre la muñeca. La recorrió con los ojos y le temblaron los labios al darse cuenta de la cruel realidad que esa tibia palma le estaba contando.

—¿Noel? ¿Cuándo fue eso? ¿Cuándo sucedió todo eso?

Noel se lo quedó mirando con una expresión vacía, como si la pesadilla regresara a su memoria.

—Siete años creo. Mucho tiempo. ¿No crees? Me quedó marca, pero ya no duele.

—Pero, pero… ¿Esa era su gorra, no? ¿La de Tino? Es la que aparece en esa foto de ahí —señaló el mostrador, al lado de la caja registradora.

—Sí, creo que sí. Ahora sí, me tengo que ir.

—¡No! Si acabas de venir. Tú desapareces y no sé dónde buscarte. Ya sé, nadie debe saber que somos hermanos, porque si Devan se llega a enterar vas a tener problemas tú, problemas yo y todo el mundo. Ya Phil parece grabadora, me anda repitiendo lo mismo. Es que, no se vale, Noel. ¿Cuándo vamos a poder estar juntos?

—Pat, no se puede.

—Si vas a empezar con eso de que te tengo que dejar de ver…

—Es lo que hay. Tú tienes la oportunidad de una buena vida y esas no llegan todos los días.

Pat negó con la cabeza. Casi no podía darle crédito a sus oídos. Ahí iba Noel con lo mismo. ¡Pues no! ¿Creía que lo iba a convencer tan fácil? ¡No y no! Quiso decirle que no siguiera con el sermón, pero no le dio tregua. Ahora lo tenía de pie frente a él, cubriendo sus labios con un dedo, mientras se inclinaba buscando su oído, para susurrarle dentro.

—Pat, escúchame.

El tono de su voz era diferente, se escuchaba melosa y cálida como caramelo derretido. Susurrada sobre la piel sensible de su oreja, se deslizó desde su mejilla hasta quedar a escasos centímetros de su boca.

—Si te quedas tranquilo, te juro que vendré cada vez que pueda.

A Pat le brotó un gemido, cual ronroneo gatuno. Sus ojos se entrecerraron rindiéndose y Noel tomo ventaja deslizando el pulgar sobre la piel sensible de sus labios. Deteniéndose en el centro de la carne temblorosa, hundió ligeramente la yema del dedo, mientras empujaba su cadera contra la ingle de Pat.

—¿Me lo prometes, Pat?

Lo que sea, haría cualquier cosa. Si quería que fuera a despellejar a Devan con cuchillo de plástico, iría sin titubear.  Pat asintió despacio, por miedo a que un movimiento violento los fuera a separar. El dedo que sellaba sus labios desapareció siendo reemplazado por aquellos labios carnosos.  Con el solo contacto, la sangre le empezó a hervir dentro de las venas. No conforme con ello, sintió a Noel pulsar sus caderas contra su ingle, haciendo que se le escapara un gemido desesperado.

—Me tengo que ir —susurró Noel al final con una mordida en añadidura—. No olvides que lo prometiste.

Noel le sonrió, para luego darle un beso en medio de la frente.

Así sin más, acababa de dejarlo sin capacidad de protestar. Noel no sabía acerca de su enfermedad y que las pastillas que tomaba influenciaban en su capacidad de reacción. De otro modo, se le habría adherido al cuerpo y no le habría dejado partir de su lado. Le tenía que contar tantas cosas, pero no conseguía retenerlo a su lado.

Todavía engatusado bajo los efectos de Noel, Pat lo dejó escapar por la puerta, sin poder detenerlo. Se quedó con la carne ardiendo y los labios encendidos. Quería a Noel consigo, lo quería ya mismo y para siempre.

***

Tuvo suerte. Pat no hizo escándalo para dejarlo partir. No, no era lo normal.

Desde que conoció a Pat, notó que no estaba cuerdo por el modo en que lo miraba, cómo se comportaba, cómo había decidido arbitrariamente que eran hermanos y se creía su propia mentira. Al principio pensó que el rubio se había fugado de un hospital psiquiátrico. De pronto estaba muy contento y al siguiente se enojaba de la nada. Cualquier motivo, hasta el vuelo de una mosca le alteraba, cuando unos segundos antes habían estado conversando tranquilamente.

Pero no tenía por qué preocuparse. Pat estaba a salvo, Phil cuidaba de él, como si fuera su hijo y eso tenía que hacerlo feliz. Entonces, ¿por qué no lo era? ¿De dónde salía esa sensación de vacío que empezaba a asfixiarlo? ¿Cuántas veces había soñado con lo mismo?  Con un lugar seguro donde vivir y refugiarse. Lo anhelaba tanto. ¿Acaso no merecía ser feliz también?

Las putas como tú no merecen finales felices.

Las voces en su mente se alborotaron. Disfrutaban atormentarlo cuando se encontraba solo. Sacudió la cabeza tratando de alejarlas, se colocó la capucha y metió las manos dentro de las mangas de la chaqueta. Así con el rostro escondido, se sentía invisible aunque no pudiese escapar de ellas.

En la calle, la noche hacía su entrada. Devan le ordenó que regresara tan pronto terminara con su encargo y ya estaba tarde. Le iba a caer una paliza, pero el poquito de libertad que estaba disfrutando lo valía.

Extrañaba salir a trabajar, porque sabía cómo actuar, qué decir, qué esperar. Eso era a lo que estaba acostumbrado. Todo lo que iba en contra de lo que consideraba normalidad le daba un miedo profundo.

Atender desconocidos, ir de cama en cama…
¿Todavía te sorprende que Luka no te quiera?
Nadie te quiere, puta.
Olvídate de él. Jamás te tomó en serio.
No le gustas. Le das asco. Eres flaco y feo. Inútil y estúpido.
Igual de estúpido que Jade, que piensa que lo van a venir a salvar. ¿Acaso alguien te va a rescatar?
Nadie, a nadie le importas. Ni a Pat. 
Ni a Luka.
¿Crees que alguien te va a querer salvar?

El sonido de un auto orillándose a su lado, le hizo volver a la realidad y las voces huyeron.  Noel giró sobre sus talones y por reflejo, dio un paso hacia la ventana del conductor. ¿Qué estaba haciendo? Devan le había dicho que no se tardara.

Demasiado tarde. Levantó la capucha de sobre su rostro y se inclinó sobre la ventana del auto.

—¿Te puedo ayudar en algo? —El vidrio bajaba lentamente y podía ver al potencial cliente.

—Estoy buscando la calle Saco de Huesos con Sube de una Vez que Tengo Autos Detrás. ¡Rápido!

Ni lo pensó, de pronto estaba en el asiento del copiloto y el auto en movimiento.

—¿Qué? ¿Sorprendido? Ponte el cinturón y empieza a explicarme dónde te habías metido.

A punto de saltar en sus brazos, se contuvo.  Si estaba soñando no quería despertar. Noel se abrochó el cinturón sin poder creer que estuviera sucediendo.

—¿Dónde está la explicación que me debes? —insistió Luka dirigiéndole la mirada—. Desapareciste de la nada, por poco llamo a los bomberos. Te busqué por todo ese maldito hotel, y nada. Hasta que el gerente me dijo que te vio subirte a un auto y largarte con otro cliente.

Dile que tiene razón. Dile a Luka que eres una puta y haces de todo por dinero.

—¿Y bien? —Luka esperaba una repuesta.

—Lo siento, no te pude decir que yo…

—Lo que sea. Desapareciste y no te encontré sino hasta ahora. En este segundo me das un número donde encontrarte —le tendió él teléfono y presionó la pantallita cuatro veces—. Llama al tal Melvin o como se llame tu chulo.

Recibió el teléfono e hizo lo que le mandó. Como era de esperarse, inmediatamente saltó a la casilla de mensajes.

—Devan. Esto… aquí alguien quiere un servicio… regreso a tiempo con lo tuyo… A…Adiós.

Listo, ya estaba hecho y sentía que acababa de cavar su propia tumba. Tanto encierro había acabado por trastornarlo, así que trataría de disfrutar de la libertad mientras pudiera. Justo cuando empezaba a llenarse de coraje, el teléfono vibró furioso y estuvo a punto de soltarlo del susto. Oyó a Luka chasquear los labios y darle una mirada a la pantalla.

—¡Ah! No conozco ese número. Contesta tú.

Noel perdió el valor que le quedaba. Seguro era Devan, tenía que ser Devan. Luka presionó la pantalla, abriendo la llamada, haciéndole una seña para que hablara. No tuvo que hacerlo, la voz de una mujer invadió el auto.

—¿Luka? ¿Dónde estás, maldito animal del bosque? Desapareciste y Moni y yo como un par de idiotas esperándote en… ¿Luka?

—Número equivocado —respondió Noel con suavidad.

La voz de al otro lado de la línea se quedó en silencio. Fue tal la incomodidad que percibió que pudo imaginarla ruborizarse.

—¿Luka Thompson?

—Número equivocado —repitió Noel y colgó el teléfono, antes de que Luka estallara en carcajadas.

—¡Mierda! —gritó Luka entre risas—. Se la creyó, qué buena broma. No, espera, ahora va a llamar desde su teléfono. Dale un rato, porque cuando está avergonzada se pone más lenta que un caracol parapléjico.

Efectivamente, en la pantallita apareció el nombre Amy Evans y el teléfono empezó a vibrar.

—¿Sí? —contestó Noel. Amy al parecer le reconoció la voz y tímidamente continuó.

—¿Con London Lukas Thompson por favor? Es urgente.

—Dice que no está, que deje un mensaje en la casilla de voz.

—¡Luka, déjate de payasadas! —explotó Amy.

—Por favor, deje un mensaje en la casilla de voz.

—¡Deja de bromear, Luka de mierda!

—Yo soy la casilla de voz, por favor, deje su mensaje —insistió Noel manteniendo el mismo tono de voz, aunque a duras penas.

—¡Luka! Te escucho susurrar, imbécil. ¡Contesta de una maldita vez, que esto no es gracioso!

—¡Ese no es el lenguaje de una dama! —Luka estalló en risas—. Qué grosera y aburrida eres.

—Luka, hijo de puta. ¿Dónde estás? No, no importa. Moni y yo estamos en tu departamento y vamos de salida. No se te ocurra irte por ahí, porque te juro que te arranco los hue…

—¡Ey, hay niños presentes! Te veo allá, trata de no comerte todos los entremeses.

—¡Escúchame! Como no aparezcas, te juro que le cuento todo a Felicia.

—Se corta la llamada, nos vemos Amy, no te comas todos los bocadillos. —Vio que Luka apagaba el teléfono y giraba hacia él. —No tenemos mucho tiempo, así que vamos a tener que hacer esto rápido. ¿Me estás oyendo?

Noel asintió con la cara encendida. Luka le había estado susurrando al oído todo el tiempo y disfrutó como nunca antes esa sensación de tenerlo cerca y aspirar su olor.

—Amy es un poco histérica y todo la estresa. Te va a odiar.

—¿A mí? Pero fue tu idea —protestó Noel tímidamente—. Yo solo repetía lo que tú me decías.

—Entonces si te digo que saltes de un puente, ¿lo haces? Es bueno saberlo, para la próxima.

En ese preciso momento, estaban cruzando el puente de Brooklyn, iluminado e imponente a esas horas. Noel no tuvo tiempo para admirar el panorama como tanto deseaba hacerlo. Era lo que temía, sus sospechas eran ciertas. Iban al departamento de Luka, en el corazón de Manhattan. Con el corazón zumbándole en los oídos, se atrevió a preguntarle algo que empezaba a carcomerlo por dentro.

—¿Es tu novia? ¿La señora qué te llamó? —No pudo contenerse, quería saber qué estaba haciendo ella en el departamento para donde iban.

—¿Amy? No, solo somos amigos. Íbamos a la misma escuela. Además, tenemos los mismos gustos. Nos gusta el teatro, el vino, las mujeres…

—¿Mujeres? No entiendo…

—A Amy le gustan las chicas, bobo. Ella dice que solo es mi amiga, porque cuando termino con una chica, ella la recicla.

—¿Y Felicia? —No debía preguntar. Era tonto albergar la ilusión de que Luka no tuviera pareja, pero necesitaba saberlo.

—No sé si deba decírtelo, pero igual te vas a enterar. Felicia es mi hermana e intentó matarme cuando estábamos en el vientre materno. El doctor lo vio todo en la ecografía, así que está en la cárcel por intento de asesinato de un no nato.

Noel no supo qué decir y Luka lo interrumpió con una carcajada

—¿De verdad lo creíste? Felicia es mi hermana —lo oyó decir y pudo notar un tono de desdén en su voz.

Muerto de vergüenza, Noel echó el rostro hacia la ventana. Luka sonrió para sí mismo y decidió dejarlo en paz. Recién notaba lo tarde que se le había hecho. Le dio una mirada al reloj de la pantalla de su auto y sí, se le había pasado la hora buscando a Noel. ¿Qué dices Luka? te hubieras quedado toda la noche si era necesario. Con tal de volver a verlo, seguro se ponía a buscar en cada callejón y debajo de cada basurero.

Al final lo consiguió y no podía atribuirlo a la suerte, porque ante todo, fue perseverante.  Noche tras noche peinaba la zona en busca de Noel, hasta que al fin consiguió lo que quería. Como debía de ser, se salió con la suya.

—Si no te gusta la música, cambia de estación —le dijo señalando la lista de reproducción.

—No, la música está bien —respondió Noel haciendo aquel gesto con la boca que tanto le gustaba.

—¿A ti cuál te gusta? —le preguntó, porque de pronto sentía curiosidad.

—Cualquier música, no sé.

—¿Qué tienes en tu lista de reproducción? —Quería saberlo, por capricho sin duda—. ¿Qué canciones te gustan más?

—¿Cómo se llama la que está sonando? —le preguntó Noel con los ojos fijos en la pantalla de reproducción de la radio.

—Es música electrónica.

—No la había escuchado antes. La primera vez que subí a tu auto, sonaba lo mismo. Por eso me gusta, porque no me recuerda a nada malo.

Semejante confesión casi le hizo perder el control del volante. Luka carraspeó para disimular su consternación. Buscando cambiar de tema, presionó la pantalla empotrada en el tablero. Inmediatamente, las sinuosas notas de un saxofón se derramaron interior del auto.

—La electrónica la escucho para distraerme —añadió—. Pero mi verdadera pasión es esta.

Noel se recostó de nuevo sobre su asiento y ambos se quedaron escuchando la cadenciosa melodía. El piano y el contrabajo improvisaban por momentos, quitándoles el habla. Luka vio que a Noel se le cerraba los ojos, rindiéndose a la melodía para disfrutarla o para dormirse de una vez por todas.

—Suena bien. ¿Cómo se llama? —preguntó con sus ojos azules bien abiertos.

—Es jazz. —Y vio cómo el chico volvía a cerrar los ojos—. Es una de mis piezas favoritas, My One And Only Love.

—Creo que nunca escuché nada así. —Otra confesión sin lugar a dudas. ¿Acaso dejarían de llegar?

—Pues deberíamos educarte la oreja. Podemos ir a un club de jazz uno de estos días, si dejas de desaparecer. Una noche llevé a Amy y se durmió a la segunda pieza. Eso sí, como venganza le tomé una foto cuando dormía con la boca abierta. Mira allá. —Señaló con el dedo hacia la calle—. Ese club es muy bueno, no importa quién se presente, las interpretaciones son excelentes.

Hizo una pausa. La calle estaba atestada de autos y de gente cruzando por todas partes, necesitaba prestar atención. El motivo de ese tumulto era la inauguración de un local y los fotógrafos entorpecían el paso.

Luka le dio una mirada al alboroto y pasaron de largo.

—Podemos ir algún día, solo deja de desaparecer. Ahora, shh. Esto es East Of The Sun, West Of The Moon, mi pieza favorite.

Vio a Noel acomodarse en su asiento y girar el rostro hacia él. La melancolía que reflejaban esos ojos azules fue la responsable de que por poco se pasara una luz roja. Logró dominarse y centrar su atención en la melodía, porque si seguía mirándolo, tendría un accidente.

Luego de un momento, Noel cerró los ojos y le hizo pensar que ahora sí se había dormido

—¡Ey! Si te duermes te dejo en el auto.

—No me duermo. Cierro los ojos para poder acordarme de la música.

—Entonces qué bueno que te guste el jazz.

—Esa canción es diferente. ¿No?

—Tienes buen oído. Esa pieza no es jazz, sino blues —continuó Luka sonriendo—. Mejor oído que Amy, ella solo escucha lo que ponen en la radio.

—Suena más… —Noel hizo otro gesto con los labios, como buscando una palabra para completar la idea—… Más rápido. No sé.

—Son ritmos similares, pero diferentes al mismo tiempo. ¿Qué estoy diciendo? Ya no sé de qué hablo.

Luka estuvo a punto de pasarse la entrada al estacionamiento. Era un milagro que hubiesen llegado en una sola pieza, cuando toda su atención se centraba en esa tentadora boca. Una vez estacionado, arrastró a Noel en dirección a su departamento.

Aún con prisa, todo estaba saliendo según lo planeado. Abrió la puerta de su morada y dejó que Noel se desplazara tímidamente dentro. Lo vio detenerse frente al ventanal, como si le pidiera permiso para asomarse. Suspiró hondo. No había tiempo que perder. Se acercó al chico, quien lo contemplaba expectante, casi como un niño que ruega porque su papá lo deje ver en la tele una peli porno.

—¿Sabes si desde aquí puedes ver toda la ciudad?

—No sé si toda, pero la vista es maravillosa. Es uno de los motivos por los que tomé éste apartamento.

Ambos se quedaron en silencio. Noel tenía la mirada perdida en algún lugar de la ciudad y él sin saber muy bien qué hacer. Lo tomó de los hombros y lo giró ligeramente, reclamando la boca que había codiciado todo el camino. Luego de un momento de sorpresa, el chico lo envolvió con sus brazos. Luka gruñó y lo presionó contra el vidrio. Lo oyó gemir en respuesta, mientras ambas lenguas se entreveraban. Sin saber cómo, se encontró con Noel rodeándole la cintura con las piernas y frotándose contra él.

¡Carajo Luka, contrólate!

No tenían tiempo para ponerse a follar contra el ventanal, ya encontraría el momento para eso…

Se desplazó por la sala con el chico a cuestas, e hizo un esfuerzo por no lanzarlo sobre el sofá y terminar lo que habían comenzado. No, irían derechito a ducharse. Su habitación y la cama eran mucha tentación. No habría escalas ni retrasos, tenían que marcharse.

De un puntapié abrió la puerta del baño y sentó a Noel en el mueble del lavamanos. Se colocó entre las piernas abiertas del chico, mientras le abría la bragueta y de un tirón le quitó los pantalones. Se liberó de sus propios vaqueros y liberó su palpitante erección.

Tomó el pene del muchacho con una mano, sopesándole los testículos con la otra y lo oyó ahogar un gemido. Más excitado que antes, empezó a frotarlo con más intensidad, acariciando el glande con el pulgar.

Con los ojos fijos en las reacciones del chico, se reacomodó entre sus piernas abiertas.  Acercó su erección húmeda al miembro de Noel y comenzó a frotarlos a ambos al mismo ritmo. Presionó el pulgar sobre la sensible piel y consiguió que el líquido pre seminal le mojara la mano, facilitando acariciarle todo el pene. Al borde del orgasmo, aumentó la velocidad de sus movimientos.

Arqueó la espalda y se corrió sobre el vientre de Noel. Jadeando como un animal, se recostó sobre el hombro del chico, sin dejar de masajear ambos miembros juntos.

—Mierda, se supone que tenemos que alistarnos para salir —le dijo al oído con tono divertido.

Noel no se había corrido todavía, pero le faltaba poco. Tenía las mejillas encendidas, los ojos alucinados y los labios entreabiertos. Impulsado por semejante imagen, Luka dejó su propio miembro en paz y se concentró en hacerlo llegar al orgasmo.

Volvió a seguir frotándolo con vigor, pero solo consiguió que Noel se contrajera temblando.

—¿Qué? ¿Acaso no te gusta? —Tenía la voz rasposa y el recuerdo del orgasmo aún presente—. Quiero ver cómo te corres, anda, dame ese gusto.

Le empezó a dar de mordiscos en la oreja. Vio que el chico se ondulaba de nuevo, pero a pesar de sus esfuerzos, empezaba a ponerse fláccido.

—Sí —le escuchó murmurar—, pero, pero…

—Dime si te duele… si te froto muy fuerte o…

—Más… fuerte… más… fuerte.

No se esperaba esa confesión. ¿Quería más fuerte? Aumentó la presión de su palma sobre el pene y lo escuchó gemir.

—Así que… te… gusta… duro —le mordió la oreja. Otro gemido más alto que el anterior.

—Sí… sí… oh… por fa…vor…

Lo tomó del cabello y empezó a besarlo como tanto quería. Mordiéndole los labios y haciendo que gritara dentro de su boca. La mano libre le buscó los pezones, para pellizcarlos con maña y torcerlos. El chico se sacudía de tal manera que de seguir así, lo haría correrse.

Le abandonó la boca, porque no quería perderse esa cadena de gemidos deliciosos. Empezó a saborearle el cuello, lamiéndole la garganta y dejando un rastro de dientes en su camino al hombro izquierdo. Le dio una mordida con tanto gusto que Noel gritó mientras se corría en su mano. Subió a su cuello y le dio otro mordisco antes de que el muchacho pudiese volver en sí.

Esa era la expresión que quería verle. Los ojos entre abiertos, la boca suplicando por más y todo el cuerpo envuelto en espasmos de placer. Le acarició la cara y le sonrió mientras lo veía volver en sí. No era su primer orgasmo. ¿No? Parecía que nunca antes hubiera experimentado nada similar, por el estado en que se encontraba.

Lo había disfrutado y no se sentía culpable por lo sucedido. Tomó a Noel y lo ayudó a ponerse de pie. Por el modo en que se dejaba manipular, parecía que se había quedado sin huesos. Le dio un empujoncito para que entrara primero al cubículo de la ducha y él lo siguió.

—Creo que ya estoy muy viejo para hacer petting —dijo abriendo la ducha—. Eso cosa de mocosos.

—¿Petting?—oyó que Noel le preguntaba.

—¿No sabes qué es? Es esto de frotarse, tocarse para no tener sexo.

—¡Ah! Creo que es la primera vez que lo hago.

—¿En serio? No te preocupes, va a ser la última. La próxima vez, te follo.

Tras semejante afirmación, no recibió más respuesta que la cara sorprendida de Noel. Rio para sus adentros y lo acorraló contra la pared. Cierto, tenían que darse prisa porque ya estaban tarde.

El cubículo era lo suficientemente espacioso para que ambos se ducharan al mismo tiempo. Azulejos blancos y una pared de vidrio transparente, contenía el vapor que despedía la ducha. Era como estar dentro de una nube.

Noel avanzó despacio y se quedó de pie bajo el agua caliente. Apoyó las manos en el azulejo frente a él para no desvanecerse de lo relajado que se encontraba. Aún bajo los efectos del orgasmo, sentía el corazón desbocado y la respiración acelerada.

No podía ver lo que hacía Luka a sus espaldas, tan solo sentía que le hundía los dedos en el cabello, untándole champú y masajeando suavemente.  El aroma a menta invadió el vaporoso ambiente del cubículo y lo aspiró con gusto. Se sentía flotar en una nube perfumada, consciente del calor que envolvía su lánguido cuerpo.

Luka le hizo inclinar la cabeza, ayudándolo a enjuagarse. La espuma mentolada le erizó la piel, mientras resbalaba por las líneas de su pecho y espalda. Entrecerró los ojos rindiéndose ante aquella sensación inquietante que le hacía temblar las piernas. Un primer gemido escapó de su garganta cuando Luka dejó su cabello y se concentró en masajearle los hombros. Dejó caer la cabeza sobre su pecho, como si se le estuviese descolgando y escuchó al fotógrafo reír entre dientes, consciente por la reacción que le provocaba. No podía evitarlo, las manos de Luka lo desarmaban.

El fotógrafo tomó el jabón y lo frotó sobre la cicatriz de su nuca, rodeándole el cuello, descendiendo hacia su pecho, deteniéndose sobre sus pezones erectos. Como respuesta a sus caricias Noel gemía como un animal reclamando atención.  Podía sentir cada uno de sus poros abrirse al placer, al contacto de la piel con piel.

El miembro erguido de Luka resbalaba entre sus nalgas, las separaba con suavidad y recorría sus pliegues. Le oyó gemir y jadear casi a su ritmo. No lo penetró, solo se conformó con deslizarse entre ellas, dando largas embestidas a la sensible piel de su perineo.

Su propio sexo también necesitaba atención, lo cual era un problema, porque se estaba sujetando contra la pared para no desvanecerse. Noel gimió más fuerte al sentir el glande de Luka ribetear la entrada de su cuerpo.

El fotógrafo le mordía la oreja, mientras que con la mano que envolvía su miembro lo masajeaba a ritmo pausado. Abarcando toda la extensión del miembro, se detuvo sobre su glande y girando los dedos encima, como si exprimiera una fruta jugosa. Con la otra mano le acariciaba los testículos, al mismo ritmo que gemía dentro de uno de sus oídos.

—Me corro —le oyó anunciar con la voz viscosa.

Sus palabras le dieron el permiso que necesitaba y se adelantó a Luka. Noel se corrió con fuerza y aquella deliciosa sensación llegó acompañada de un grito. Luka le mordió la piel de la nuca en un gesto intenso y desesperado, entregándose completamente al orgasmo. Se apretó contra su cuerpo tenso como una cuerda y presionó su pene contra la ardiente piel de sus nalgas. A pesar del agua corriendo entre ambos, pudo sentir el calor de su eyaculación bajando como hilos sobre sus piernas.

Las manos de Noel cedieron y resbalaron sobre los azulejos. Casi si sentía como un muñeco de trapo en los brazos de Luka. Si el fotógrafo no lo sostenía, seguro terminaría flotando sobre la espuma del suelo y diluyéndose en espiral por la rejilla del desagüe.

Luka terminó de enjuagarlo con cuidado, como si se hubiese convertido en un juguete en sus manos. Lo sacó de la ducha, lo envolvió en una toalla y lo llevó en brazos a su habitación. Escuchó que decía algo acerca de la cama, pero casi no prestó atención a sus palabras. Cerró los ojos en el camino, extasiado, atrapado en las olas de placer que su cuerpo se esforzaba en conservar.

***

Esto tenía que ser un sueño. En el auto sonaba Almost Blue, haciendo el momento más irreal.

Todavía no salía de su sorpresa, iba sentado al lado de Luka, bañado, vestido y acicalado, yendo a quién sabe dónde. Quien lo viera no lo reconocería.

Al entrar a la habitación, no había esperado encontrar sobre la cama de Luka una muda completa de ropa para él. Desde calcetines hasta una corbata. Se sintió como un tonto, no supo qué hacer al ver esa ropa distribuida en perfecto orden. Luka terminó de secarle el cabello con la toalla y lo detuvo con un par de toques de su perfume.

Dándose por satisfecho, le permitió vestirse con toda esa ropa nueva. Primero fue la camisa azul. Le siguió el pantalón gris, su color favorito, con unos calcetines al juego y para finalizar un par de zapatos de vestir negros. No supo qué hacer con la corbata y Luka le rodeó el cuello con la suave tela.

—En caso de que intentes escapar de nuevo, de aquí te voy a atrapar —le dijo jalándole de la corbata para besarlo en los labios.

El fotógrafo se untó un gel entre las palmas y le repasó la alborotada melena hasta dejarlo bien acicalado. Ya listo, le ayudó a colocarse el saco del mismo tono que los pantalones. Con una última mirada, lo apuró para que se pusieran en marcha. Quiso rogarle a Luka que lo dejara verse en el espejo antes de salir. Quería memorizar su imagen y conservarla en sus recuerdos, pero no tuvieron tiempo.

Cuando se dio cuenta, la canción había terminado y empezaba otra del mismo estilo. You And The Nght And The Music, decía la pantalla del reproductor de música Luka le sonrió al detener el auto en medio de la acera congestionada. Había un gran revuelo, gente, luces y un grupo de fotógrafos llegaba en estampida.

Noel sintió ganas de escurrirse hasta el suelo del coche y quedarse ahí el resto de la noche.

—Vamos —Luka le entregó las llaves al muchacho que le acababa de abrir la puerta del auto.

Bastante intimidado por los flashes y la bulla, resolvió seguir a Luka. Sintiendo deseos de esconderse tras de él mientras caminaban hacia la entrada, el fotógrafo le tomó la mano.

Estuvo a punto de retroceder y correr a esconderse dentro del auto, pero la sonrisa de Luka le dio valor para continuar. Noel entonces se dejó conducir dentro de un edificio iluminado, donde música y voces animadas los recibieron al ingresar.

Sorprendido e incapaz de dar un paso más, no podía creer lo que veía en esa pantalla enorme frente a él. Esto tenía que ser parte de uno de sus sueños más bizarros.

—¿Luka qué es todo esto?

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7 thoughts on “capitulo 16

  1. Ahhh, esto me gustó bastante. Al fin vemos algo diferente 😀

    Sigo soñando con el dia que Luka se va a llevar a Noel y al fin lo educara como un ser humano normal. Sé que para eso falta aun un largo trecho, pero bueno. Paciencia, mucha paciencia.

    Me gusto la interaccion con Pat, aunque me deja un pelin cabezona eso de que en realidad Pat es su hermano “autoproclamado”? Seria bueno que un dia de estos pudieras hablarnos mas de eso.

    Un besote.

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  2. HEEEEY. Soy nueva leyendo aquí. Ngh. Fueron un par de días sin dormir para llegar hasta aquí y no saber más de la vida ;v; Dime que continúa, por favor.

    A ver, ¿qué decir? Mi mayor deseo en toda mi existencia desde hoy es que Noel sea feliz. Tengo muchos deseos de saber qué onda con Pat, ¿de verdad es su hermano o está loquito? Omg, ¿qué más? Estoy en un gran dilema, porque me gusta mucho lo que pasa entre Noel y Pat, pero también lo que pasa entre Luka y Noel y NGH ¿¡POR QUÉ LO HACES!?

    Mentira, lo amo, en serio. En serio necesito continuación o moriré.

    Gracias por escribir esta historia tan ¡AHH! Es dura, pero demasiado buena para ser cierta.

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    1. Gracias Fabi! Wii, me haces muy feliz comentando. Me alegra que te haya gustado el capítulo. Actualizo cada dos semanas, si no hay contratiempos. Le pongo mucho empeño a esta historia y bueno, nada más que agradecerte el comentario. Te invito además a que le des una vueltita a las demás secciones del blog. Justo ahora estoy por subir una entrevista a uno de los personajes. Espero sea de tu agrado y que nos sigamos leyendo.

      Muchos besos.

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      1. -Fabi, la que se emocionó por ver que la autora le había respondido(?)-
        Mil gracias. Me encantará darme una vueltita por el blog y, oh por Dios, estaré atenta a una nueva actualización.

        Hasta pronto.

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  3. hay que lindo estaba vez fue algo hermoso para noel hau luka gracias a dios que ayudas a noel pero solo espero que no lo meta en problemas es demasiado hermoso para ser verdad

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