Capitulo 14

 

Noel despertó de a pocos. Intentó moverse, pero su cuerpo seguía adormecido. No podía ver y, luego de un pequeño ataque de pánico, descubrió que tenía los ojos cubiertos por una pesada venda. Le tomó un tiempo recordar donde se encontraba y el sonido de una voz cercana confirmó sus temores.

—Toto, sé que estás despierto. —El demente de su amo, le acarició el pecho desnudo y con los dedos subió por su garganta. El sonido metálico de la correa enganchándose a su collar hizo que el corazón se le acelerara—. Arriba.

Un tirón suave para que se diera prisa. Noel se puso en cuatro patas lo más pronto que pudo, pero aún sintiéndose adormecido.

Tin Man lo condujo…, a quien sabe dónde. Con los ojos cubiertos, solo podía confiar en sus demás sentidos. Sus rodillas desnudas percibieron el frío de losetas, la suavidad de la madera y luego la textura de una alfombra. Cuando se detuvieron pudo oír el sonido de una puerta abrirse y el murmullo de voces escapando.

Dejó que su amo lo guiara por aquel ambiente desconocido, en medio de la bulla y un tenue aroma a licor. Su nariz le indicó además la presencia de cuero, pero sin duda era el calzado de Tin Man. Las voces los recibieron animadas y el cachorro tuvo deseos de salir corriendo.

—Sentado —ordenó la voz de Tin Man, firme y demandante.

Noel obedeció depositando las caderas sobre el piso alfombrado y manos enguantadas, frente a sus rodillas. Al sentarse sobre sus piernas, se le escapó un quejido que el bozal ahogó. Tenía puesta una cola distinta a la usual, no era de goma, sino que era peluda y al sentir su textura tuvo miedo de que fuera de un perro real.

—¡Toto, saluda! —fue la siguiente orden.

El cachorro levantó ambos brazos y los sostuvo sobre su pecho como lo haría un perro de verdad. Uno ciego y asustado; cabizbajo y temblando al lado de la pierna de su amo.

—Hasta que por fin nos dejas ver a tu cachorro, Tin Man. Pensé que nos estabas engañando —bromeó una voz parecida a la de Müller.

Por un momento pensó que podía ser él y sintió más miedo. No, no podía ser Müller, imposible. Su amo jamás lo invitaría, no se llevaban bien.

—¿Acaso tengo razones para mentir? —fue la réplica de Tin Man y las risas no se hicieron esperar—. No me gusta alardear, como otros bien saben. A pesar de que no me faltan motivos.

—Tin Man, tú eres un presumido, entre otras cosas —continuó con tono de broma—. Ese, tu nuevo cachorro, se ve tímido. Pólux le va a quitar la timidez.

—Tu mascota tiene modales tan pobres como su amo —le dijo Tin Man—. Geo, hazme el favor de alejar a esa bestia de mi presencia.  Yo soy el anfitrión aquí y tengo todo preparado. Lyon se va a encargar de que Toto entre en confianza. ¡Lyon!

Las palabras de Tin Man le helaron la sangre. Regresó a su posición, sentado, sin pedir permiso y a punto de emprender la fuga. Escuchó a alguien, o de repente era algo, moverse a su alrededor. Su amo estaba a su lado, podía sentir su pierna en contacto con su hombro. Lyon, quien quiera que fuese, lo que sea que fuese, se posicionó frente a él respirando pesado.

—Prepara a Toto para que podamos jugar con él.

Era oficial, estaba aterrado. Sentado sobre el suelo, se contrajo lo más que pudo, bien consciente de que no había escape. Sus manos inutilizadas, sus ojos vendados, grilletes pesados, además del collar donde lo tenía sujeto Tin Man. No iba a llegar ni a la puerta en ese estado.

Lyon, así lo llamó el demente de su amo,  hizo que se estremeciera todito. Sintió que se movía pasando por un costado, arrastrándose también. El sonido del collar de que tenía puesto era más fuerte que el suyo. De pronto, un empujón lo dejó aturdido. Otro más certero hizo que se inclinara hacia adelante y se pusiera en cuatro patas.

Los demás presentes aprobaron el acto, cuchicheando.

Lyon le presionó la espalda para que bajara la frente al suelo y levantara las caderas. En esa posición tan vulnerable, tensó el cuerpo por puro reflejo. Sintió que tomaba la cola de perro y le daba un tirón certero. La carne alrededor del objeto plástico protestó y no gritó porque el bozal cancelaba todo sonido.

El dolor hizo que se retorciera y fue tan evidente que Tin Man tuvo que intervenir. Con la punta del zapato le repasó el costado, ensañándose con sus costillas. Lyon no se detuvo. Dejó caer la cola, que hizo un sonido sordo en contacto con el suelo. Las voces se dejaron oír claramente, los presentes encontraban divertido el espectáculo.

Tin Man se acuclilló a su lado. Lo supo por el crujir de su ropa y el tronar de sus rodillas al flexionarse. Le retiró el bozal y deseó que se lo dejara puesto, porque Lyon aceleró el ritmo de las penetraciones mientras lo masturbaba. Lo peor era que su cuerpo reaccionaba y la voz escapaba a borbotones sin que pudiera detenerla. Un tirón en su correa hizo que se incorporara. Con la espalda arqueada, el rostro encendido y los labios entreabiertos, recibió los dedos de su amo. Los lamió con devoción, acariciándolos con la lengua, succionando las falanges.

Lyon abandonó su cuerpo y Noel se sostuvo en su lugar a duras penas. El demente le dio un par de palmadas en la cabeza y se alejó también. Tuvo miedo y estuvo a punto de gritar al sentirse abandonado en medio de todas esas voces a su alrededor.

—¿Y ese cachorrito? —Era una voz nueva, no tan honda como la anterior, pero cargada de mala intención—. Ven aquí, perrito, ven a jugar conmigo.

Intentó seguir el rumbo de la voz, pero no fue necesario. Alguien tomó la cadena del suelo y lo condujo amablemente hacia donde provenía el llamado. Un par de manos lo tomaron del rostro, dedos ingresaron en su boca y luego pudo sentir cómo la carne caliente de un falo le golpeaba los labios.

Un coro de risas se dejó escuchar y, entre ellas, la voz de quien le sujetaba el rostro, dándole instrucciones. Abre bien, le decía, eso, buen perrito.

—Esto va a estar aburrido si solo el viejo de Rheo se divierte. ¡Pólux! Ve a jugar con el cachorro —exclamó la primera voz, sonando peligrosa.

Un ladrido bronco fue la respuesta y Noel pudo sentir a alguien desplazándose hacia él. Para ese momento, toda excitación había desaparecido y estaba muy asustado. No tardó en sentir unos puños enguantados y enormes como piedras posándose sobre sus caderas, asiéndose de ellas como ganchos. El resto de las voces cuchicheaban animadas, pero la de su amo las calló a todas.

—No he dado permiso para jugar con mi cachorro de ese modo. Retira a esa bestia que tienes como mascota, Geo, antes que lo haga yo.

—Eres un aburrido, Tin Man —respondió irritado el tal Geo—. Pólux va a tener mucho cuidado de no dañarlo demasiado.

De pronto, un chasquido se dejó escuchar y luego…, silencio absoluto. La presión abandonó sus caderas y lo siguiente fue el sonido pesado de algo en contacto con el suelo. Lo siguiente que oyó fue el quejido de un animal, acompañado del chillido de un objeto de cuero. Si no se equivocaba, Tin Man tenía el látigo en la mano y el otro extremo alrededor de Pólux.

—¡Tin Man! Deja a Pólux. ¡Ahora! —El amo Geo sonaba más alarmado que antes y el resto de la concurrencia se mantuvo en un silencio cómplice.

—La próxima vez que se te ocurra tomarte libertades con mi mascota, las consecuencias serán distintas —respondió el demente de su amo.

—Tin Man tiene toda la razón por celar a sus mascotas, están muy bien entrenadas —intervino el sujeto al que atendía y que ahora le acariciaba la cabeza—. Ya siéntate, Geo. Sé un buen invitado y llevemos la fiesta en paz.

Geo bufó agrio y se fue a tumbar en un sillón cercano. Su mascota, Pólux, tosió un poco, pero al parecer siguió a su amo.

Olor a vino, acababa de percibirlo. A licor o algo así. El sujeto al que atendía estaba bebiendo. Noel sintió que lo tomaba de la barbilla e hizo que dejara lo que estaba haciendo.

—¿Tienes sed, perrito? Anda, bebe un poco.

—Rheo, eres incorregible. —Esa fue la voz de Tin Man y el resto de presentes coreó el gesto con risitas.

El cachorro obedeció al instante. Lamió las hileras de vino que resbalaban por el miembro que quedó al borde de sus labios. La respiración de Rheo se agitó, las manos sobre su cabeza ajustaron un poquito más y Noel gimió bajito.

Sucedió lo que esperaba; terminó por venirse entre sus labios. A pesar de que le costaba concentrarse, terminó su labor recogiendo los estragos usando su lengua.

—Si sigue así me voy a venir otra vez. Y a mis años… —bromeó Rheo, quien aún le sujetaba la cabeza.

—A tus años, cada uno de tus polvos es literal, vejete. Cada vez que te corres, te sale puro polvo. —Ese fue Geo, quien aun mantenía amargura en su voz, pero el resto de gente lo tomó a la broma.

—Siempre hay un modo vulgar de decirlo. ¿Verdad, Geo? —Ese fue su amo y lo escuchó acercarse. Tomó la cadena de nuevo y le dio un tirón.

—Sentado —ordenó—. Buen chico, saluda.

Levantó las manos a los lados, como si fuese un verdadero perro. De nuevo, Tin Man sonó complacido y Noel pudo oír el tintineo de una cadena. Las manos de su amo le acariciaron el pecho y con los dedos le apretó uno de los pezones.

De pronto, un trozo de metal se cerró sobre la piel que le estaba sujetando y gritó, no pudo evitarlo. Cuando se ocupó del siguiente pezón, Toto intentó disfrazar su quejido con un ladrido de cachorro, pero falló miserablemente.

Tin Man bufó fastidiado y la mascota sabía lo que significaba: no tardó en escuchar el crujir del látigo en manos de su amo, el silbido que hacía en el aire y el chasquido horrible cuando caía sobre su piel. Toto se dobló dolorido, pero regresó apurado a su posición original.

La concurrencia cuchicheaba animada, aprobando el castigo. Incluso uno de los presentes manifestó que quería unírsele. El demente de su amo continuó golpeándolo un par de veces más.

—Ese perro necesita tener la boca llena —exclamó el sujeto ese, Geo, y pudo oírlo acercarse.

—Yo también quiero jugar con el perrito. —Una voz de mujer, lo cual era nuevo. No se lo esperaba—. ¿Me das permiso, Tin Man?

—Si una dama lo pide tan gentilmente, cómo negarme.

Ella rio emocionada y el sonido de sus tacones al acercarse le recordó a Jade. Noel se encogió en su lugar y al sentir que alguien se movía a su lado, se asustó más. Acababan de atarle las manos a la espalda usando los grilletes de sus muñecas. Indefenso como estaba, se quedó muy quieto y los tacones lo rodearon como un gato acechando la presa.

El silbido agudo de la vara cortando el aire fue lo que oyó y apenas reconoció el peligro cuando era tarde. Le acababan de golpear en las plantas de los pies. Dolió mucho, pero el segundo mucho más y no se contuvo. Intentó escapar del tormento.

No iba a llegar a ningún lado y todos los presentes se rieron de sus fútiles esfuerzos. Otro golpe en la planta de los pies. Se iba a volver loco, de eso estaba seguro.

—Tin Man. Por favor, ¿puedo hacer que el cachorrito juegue con la mascota de Geo? —preguntó la mujer con tono de niña inocente—. Será muy divertido, te lo prometo.

—Cordelia, te has empeñado en salirte con la tuya. —Tin Man suspiró profundamente—. Si me niego vas a insistir y no estoy de humor para tolerar tus berrinches.

Cordelia rio de nuevo y le propinó otro golpe más. Noel gritó. Ya casi no sentía sus propios pies. De nuevo, el silbido de la vara…y esta vez cayó sobre uno de sus brazos. Riendo por su hazaña, ella deslizó la punta de madera hacia sus pezones inflamados por las pinzas de metal y empezó a golpearlos al ritmo de su pulso.

Noel ahogó un grito y empezó a gemir como cachorro en un tono lastimero que rayaba en lo humano.

—¡Pobrecito perrito! —La voz de Cordelia sonaba tan compasiva que le dio escalofríos. Lo siguiente que sintió fue la punzada firme de su taco agudo sobre su pecho dolorido—. ¡Rueda! ¡Panza arriba, quiero ver tu pancita!

El tono de voz que usaba engañaría a cualquiera. Apenas le obedeció, sintió el punzante calzado de la mujer sobre su pancita. Noel gritó de miedo. Ella se le iba a subir encima, a hacerle huecos con los tacones.

—¿Qué tenemos aquí? Tu amo te tiene bien entrenado. ¿No? Mira esa cosita horrible que tienes ahí.

Un golpe en el muslo, seguido de un par más en el pubis, hicieron que se retorciera sobre el suelo tratando de alejarse de ella.

—¡No! ¡No intentes escapar de mí! ¡Perrito malo! Ahora tengo que castigarte. —Usaba un tono infantil que le helaba la sangre—. Abre las piernas. Quiero ver bien esa cosa sucia que tienes ahí en medio. ¡Abre!

Cordelia cambió su voz a uno tan ronco que parecía otra persona. Con la punta de la vara le pegó en las rodillas y Noel obedeció aterrado.

—Ahí está esa cosita horrible. —ella lo tocó con la vara desde la base, ensañándose con el glande—. Todo mojado, chorreando.

La vara silbó, pero le pegó en la entrepierna. Noel gritó, las lágrimas le brotaban de los ojos, ya no pudo más.

—¡Toto! —La voz amenazante de su amo lo hizo gemir como perrito, pero era tarde.

—¡Uy! Te puse en problemas con tu amo. —La voz de Cordelia tomó un tono dulzón y una vez más colocó su zapato sobre el miembro del cachorro.

Noel gritó aterrorizado y temblando. Estaba listo para suplicarle sollozando escandalosamente, peleando contra sus ataduras. A ella le dio risa y al resto de los concurrentes también. El taco agudo del zapato se frotaba sobre la carne sensible de sus testículos, subiendo por su falo semi erecto hasta detenerse en la puerta de la uretra. Toto la escuchó reír todavía más y presionar ligeramente contra su carne.

—¿Te quieres correr, perrito? Anda, dime, dime que quieres correrte.

—Woof. —Un ladrido de agonía, eso fue lo que le salió de la boca, acompañado de sollozos. Las lágrimas le mojaban la venda sobre los ojos y estaba seguro de que chorreaban hasta el suelo.

—Cordelia, es suficiente. —La voz de Tin Man sonó a un coro de ángeles—. Toto no ha hecho méritos suficientes para permitirle un alivio como ese.

—De acuerdo, de acuerdo. —No, ella no estaba satisfecha, lo podía sentir en su voz—. Ya escuchaste a tu amo, no te mereces nada. ¡Arriba! ¡Levántate, perro!

La vara de nuevo; le dio un golpecito en el muslo, demasiado cerca a sus genitales, que lo hizo saltar de inmediato. Rodó para incorporarse y ella empezó a golpearle las nalgas.  Noel levantó las caderas. Con las manos atadas en la espalda le resultaba difícil mantener el balance. Alguien le liberó los brazos y se pudo poner en la posición que le correspondía como mascota.

—¡Ah! ¿Qué es esto? Me ensuciaste las botas con tu líquido asqueroso —protestó Cordelia—. Déjalas bien limpias.

Lo tomó del pelo y le aplastó la cabeza contra sus zapatos. No tenía fuerzas para nada más que obedecerla. Empezó a lamer sus botas, despacio, temblando aún y ella le siguió dando de golpes en las nalgas.

—¡Mueve la cola! ¿Acaso no estás feliz de serme útil? ¿Dónde quedó tu cola? Anda, búscala.

Hizo lo que le decía. Giró lentamente y se dispuso a arrastrarse por toda la habitación en busca de lo que ella quería. El resto de los presentes encontraron la idea interesante y empezaron a dirigirlo con sus voces. Avanza; no, ahí no; más allá; sigue avanzando; retrocede; a la izquierda. No sabía a quien escuchar mientras intentaba encontrar algo sin usar los ojos y la ayuda de sus manos. Otro varazo cayó sobre su espalda y Noel volvió a gritar.

—A la derecha —ordenó Cordelia—. ¡No, la otra derecha!

Le estaba dando comandos equivocados a propósito y al resto le pareció hilarante. Noel sintió pasos acercarse a donde estaba gateando y se detuvo. Adoptó su posición de sumisión y esperó a que los pies que se detuvieron delante hicieran algo.

—Eres muy dura con el cachorro, Cordelia. —La nueva voz se acuclilló y le dio unas palmaditas en la cabeza.

—Nan, no te hagas el inocente. Di que también quieres jugar con ese perrito.

—Si Tin Man me lo permite. Aunque siendo tan posesivo, no nos va a dejar jugar como nosotros queremos. Arriba —le dijo, e hizo que se levantara asiéndolo de la cadena del collar. —Toma, llévaselo a Cordelia. Anda.

Recibió el objeto de plástico y peluche, entre sus labios y giró con torpeza. Trató de ubicarse un poco, sumergido en la densa oscuridad donde se encontraba. Afortunadamente el Nan, tenía su cadena y le dio un tirón para guiarlo.

—Mis zapatos no se van a limpiar solos —protestó la Cordelia, golpeando el suelo impaciente. —Deja mi bota bien limpia, perrito.

Dejó la cola de plástico en el suelo y procedió a cumplir sus órdenes. Una risa masculina. Alguien se movió a su lado, pero ya no quería saber qué iban a hacer con él. Un par de manos tibias le recorrieron las costillas, deslizándose por sus costados hasta detenerse sobre sus nalgas, apretándolas y separándolas.

—No es un cachorro sin su respectiva cola. —La voz de Cordelia—. Dale Nan, ponle su colita.

—Enseguida.

Un par de nalgadas sonoras lo tomaron por sorpresa y las mismas manos volvieron a arañarle la carne caliente. La parte plástica de la cola empezó a abrirse camino entre su carne y trató de relajar los músculos para darle paso al cuerpo extraño. Despacio… Parecía que se prolongaba hasta el infinito, ingresaba profundo dentro de su cuerpo.

—Nan está disfrutando mucho todo esto. ¿Quieres usar su boca, Nan?

—No, este extremo me interesa más.

Y empezó a repartirle un millón de golpes. Estaba seguro de que por su culpa no se iba a volver a sentar en lo que le quedaba de vida. Noel gemía como animal, dolía mucho y con tanto golpe la cola se le iba a terminar cayendo.

—Es suficiente. —Su amo de nuevo, sus pasos acercándose hasta quedarse a su lado—. Ustedes dos van a terminar malcriando a mi mascota.

—Tin Man, no seas egoísta. Nos estamos divirtiendo de lo lindo y tenemos cuidado con el cachorrito. No te lo vamos a dañar demasiado. ¿No, Nan?

—Precisamente por eso, suficiente. Nan, tú también.

—Está bien, está bien. Tin Man siempre tan celoso con sus mascotas.  Deberías aprender de él, Cordelia. —Nan le dio unas palmaditas en la cabeza. Se acababa de acuclillar y podía sentir su aliento tibio sobre su oreja—. Hasta pronto, cachorrito. Ya no veo la hora de que tu amo me deje jugar contigo otra vez.

—¿Siempre me tienen que echar en cara los pequeños incidentes con mis mascotas? —La voz de Cordelia tenía ese tono infantil de nuevo—. No es mi culpa que no resistan nada.

—¡Toto, siéntate! —Tin Man le dio una orden y nunca estuvo tan contento de cumplirla—. Buen chico. ¡Saluda!

El cachorro obedeció exhausto, dolorido, aún asustado.

—Hazlo saltar entre aros de fuego. —Cordelia lanzó una risita de niña. Hizo que temblara, no sabía si iba a poder hacer algo como eso. Ahora estaba más asustado.

—Eso sería interesante de ver. —Nan de nuevo, su mano. Sí, era su mano acariciándole el rostro surcado de lágrimas secas—. Aros de fuego.

—¡Lyon! Llévate a Toto a su jaula, ya ha sido bastante para ser la primera vez.—Tin Man no sonaba complacido. Tal vez no había hecho el saludo como él quería.

Tembló de nuevo. Lyon tiró de su cadena con más fuerza de la necesaria, lo hizo ponerse en cuatro patas y casi si se lo llevó arrastrando. Atrás quedaba la voz de la ama Cordelia protestando y la de su amo mandándola a callar.

***

—Entonces le ponemos listones rositas y globos violetas. ¡Ah, sí! Moni, no nos podemos olvidar de las burbujas. ¡Oh, sí! Muchas burbujas.

—Burbujas, apuntado. ¿Qué más?

—Un cerebro para Luka. ¡Lo perdimos, Moni! Míralo nomás, estamos por convertir su exposión de arte, en una fiesta infantil para niñas y él ni se inmuta.

Mónica sólo rio, apuntando algo en su cuaderno y la adoró. Su novia en ocasiones era casi tan callada como Luka, pero a ella se lo aguantaba. Él en cambio, era insufrible.

—Luka no has dicho nada desde que llegamos, no has hecho ningún comentario sarcástico y nos tienes preocupadas, amigo. Es que verte desparramado en ese asiento… ¿Desde cuándo no te afeitas? Por lo menos te bañas, ¿no? Mírate nomás, todo descuidado, pareces un espantapájaros. Deja que Moni te dé una arregladita, para que te veas menos cochinito.

Jamás de los jamases había visto a Luka en ese estado calamitoso. Hacía una semana que no daba señales de vida. Amy, cansada de llamar por teléfono, arrastró a Moni y ambas irrumpieron en su departamento. Era una cueva, no un hogar. A oscuras, humo denso y Luka hecho un oso, peludo y apestoso, invernando dentro.

Algo le sucedía a Luka, quien fumaba aplastado sobre el sillón, en pijamas, con el cabello desordenado, la barba crecida y los ojos disparejos. No había ido al gimnasio en una semana entera y contando. Tenían la sospecha de que tampoco había abandonado su departamento.

Luka sujetaba un libro en una mano. Se había cansado de esconderse tras él. Ahora miraba al vacío y se quemaba los dedos.

—No me dejas otra opción. —Amy extendió la mano de uñas bien pintadas y Moni le puso el teléfono en la palma—. Voy a llamar a tu madre.

No hubo reacción, Luka seguía en la luna.

—Y a tu hermana.

—¡Suelta el maldito teléfono o te largas por la ventana! —respondió Luka con la voz cuajada.

Ambas se sobresaltaron y Moni reprimió un gritito.

—Bienvenido al presente, Luka. Ya te extrañábamos.

—¿Qué hacen ustedes aquí? —se mesó el cabello, sacándolo de la frente.

—¿Luka? ¡No me asustes! ¿De verdad no te acuerdas que nos abriste la puerta y ya llevamos aquí un par de horas?

—¿Qué hacen aquí que no se han largado?

—¡Coño, hasta que por fin! ¡Volvió! ¡Moni, es un milagro!

Su novia solo sonrió, muy intimidada como para intervenir. Luka se levantó del sillón y se dirigió a la cocina, repleta de contenedores de comida vacíos al lado de un frasco de kétchup, en iguales condiciones.

—¡Luka! ¿Quién te tiene así? ¿Alguien te hizo algo? Dime, que me lo cargo. —Fue tras él y cuando este estiró una mano para verterse kétchup en los dedos, le quitó el frasco.

—No sé de qué hablas, Amy. Dame eso.

—¡No! Te vas a comer el kétchup. Por lo menos pon tu mano entre dos panes. ¡Qué asco! ¿Cómo te vas a comer el kétchup?

—¡Ya no hay pan! —vociferó intentando recuperar el frasco. Pero Amy fue más rápida y se lo lanzó a Moni—. Y esta es mi última cajetilla de cigarros.

Sonó miserable, más de lo que se veía. Luka encontró un sobrecito de kétchup en una bolsa y literalmente, le metió el diente.

—Es peor de lo que imaginamos, Moni.

—¿Siguen aquí? —preguntó Luka rascándose el trasero mientras avanzaba al sillón.

—Luka, no puedes seguir en ese estado. Linda nos llamó preocupada…

—¿Quién?

—La señora que limpia tu casa dos veces a la semana. Linda, ella nos dijo que vino dos veces y tú estabas atrincherado aquí adentro. Ella se preocupa por ti. No seas malagradecido.

—¿Cuándo vuelve la tal Linda? Casi no me queda ropa interior. Tengo que reciclar mis calzoncillos. Les estoy dando la vuelta para usarlos.

—¡Asco! Reciclando calzoncillos. Luka, estás peor de lo que pensaba.

Moni rio sobre su cuaderno, donde andaba muy concentrada dibujando algo.

—Ni te rías, que seguro es cierto. Eres un puerquito, Luka. ¡Te dio fuerte esta vez! Dinos quién es. ¿De quién se trata? ¿Quién te tiene así, Luka? Anda, dime. ¿Es una chica? —Estaba decidida a no dejarlo en paz hasta que desembuchara, soltara la sopa, empezara a cantar. Luka podía ser más terco que una granja llena de mulas, pero Amy sabía cómo arrearlo—. ¿Es un chico? ¿no? ¡Luka!

—¡Qué inteligente es Amy! Solo le falta hablar —exclamó dirigiéndose a Moni, quien lo miraba pasmada.

—De acuerdo, con tal que no sea tu ex, la innombrable, todo bien. Entonces, es un chico. ¿No? Moni y yo…

—Comparten un cerebro.

—Cállate, que estoy hablando —Amy le mostró el dedo medio y continuó con su discurso. —Luka, te queremos ayudar. Nos conocemos desde que somos chiquititititos y me preocupo, amigo. Me preocupo y me salen arrugas y los tratamientos anti-edad son costosos. Además, soy tu manager y, como tal, tengo que asegurarme de que estés bien.

—Soy tu puerquito de los huevos de oro. No, espera…, ese es de otro cuento.

—¡Que te calles, carajo! —Amy lanzó una carcajada aliviada. Luka volvía a la normalidad—. Déjame hablar…

Su linda novia se rio también. Era una suerte que Moni también le hubiera tomado cariño al pasmado, grosero, egoísta, ególatra, insoportable, necio, engreído, quisquilloso, presumido de Luka. Pero bueno, era su mejor amigo y así lo quería.

—¿Qué tanto haces ahí? Hace rato que estás haciendo algo. ¡Quiero ver! —Luka, haciendo gala de sus modales de elefante, le arrebató el cuaderno a Moni y ella no se resistió. Sólo cobró el color de una amapola y mordió su lápiz.

—Luka, deja a mi novia en paz, ella no te ha hecho nada.

¿O tal vez sí? Porque, por la expresión que cobraron los ojos disparejos de Luka, acababa de ver algo que no esperaba. Entonces tuvo que acercarse e intervenir cuando Luka, el ogro, le clavó los dedotes al papel mientras observaba los trazos en gris que Moni había pintado.

—Como te vi mirando esa foto sobre la mesa con tanto interés, me pareció que te podía animar…

Moni era, entre muchas cosas buenas, una gran artista. La conoció durante una entrevista que le hicieron a Luka en un programa de televisión. El supremo tarado pidió una maquillista muda y le asignaron a Moni. Fue así como se conocieron, por capricho de Luka y una jugada del destino. ¿Quién iba a imaginarlo? Moni, siempre tan callada, acababa de dejarlos a todos sin palabras y eso era una gran hazaña.

No podía quitarle los ojos al papel. Vamos, que no era nada del otro mundo, solo un retrato de una foto que tenían sobre la mesita de café. Le había quedado muy bien, cualquiera habría dicho que había tenido al saco de huesos posando delante de ella. Era él, su expresión melancólica, esos ojos que le ocupaban la mitad de la cara, el pelo desordenado, los labios entreabiertos.

Luka levantó los ojos. No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado, pero las dos lo miraban absortas. Una al lado de la otra, parecían hermanas. Mónica era más menuda, pero ambas usaban flequillo, tenían el mismo color de cabello y de ojos, una era callada y la otra no sabía cerrar la boca. Y hasta olían igual. Mónica tenía pecas en la nariz y tenía cara de pajarito. Amy en cambio, era definitivamente una ardilla.

—¿Qué? ¿Qué tanto me miran? ¿Dejaron de ser lesbianas o qué?

—¡Antes a ti te crecen tetas, imbécil! Te quedaste con cara de carnero a medio morir y nos preocupamos. —Acababa de ofenderlas, pero no le preocupaba demasiado—. ¿Qué tienes, Luka? Si no te gustó el dibujo, ahórrate el comentario. No quiero que ofendas a mi novia.

—Tienes mucho talento, Mónica, no sé qué haces andando con esta. Te quedó bien el retrato. —Pero no se lo iba a devolver.

—Gracias, es que te vi observando esa foto y me pareció que… Te gusta mucho esa persona. Le tomaste varias fotografías.

—Verdad, Luka. —Ahí iba la otra a la carga.  Amy empezó a revolver las demás fotografías sobre la mesita—. Le tomaste muchas a ese chico.

—Estaba haciendo un trabajo de campo y sin querer entró en el cuadro. Me pareció interesante su rostro. —añadió Luka porque sí, así empezó todo.

Fue a través de la lente donde encontró a Noel, ni siquiera con sus ojos reales. Recordaba bien esa noche. Deambulaba por el lado este de la ciudad, acompañado de su equipo de producción. Arte callejero, grafiti, era lo que Luka buscaba, pero sin quererlo, sin desearlo se topó con una figura extraña que cruzó una calle estrecha. Bajo la luz de los postes apareció la imagen surreal de un chiquillo envuelto en una chaqueta enorme que le tapaba las manos. Caminaba a prisa, cabizbajo y encorvado, internándose por esas callejuelas.

Sin darse cuenta de lo que hacía, Luka lo fue siguiendo hasta perderlo en uno de esos callejones oscuros. Recién entonces notó que se había alejado de su equipo de producción. Tuvo que poner su cámara a buen recaudo y regresar sobre sus pasos.

Aquella noche, de vuelta en el estudio dentro de su departamento, le faltaron ojos para apreciar su obra. La primera foto que le tomó a esa figura misteriosa, fue un momento íntimo, pero unilateral, porque Noel nunca supo que se la tomó. El rostro mal iluminado del muchacho, tan pálido como sus ojos, con una expresión de soledad que le hizo temblar el cuerpo entero. Era más joven de lo que esperaba, caminando de madrugada e internándose en las entrañas de barrios marginales.

Luka no pudo más y tuvo que volver a buscarlo la noche siguiente. Y la que le siguió a esa, hasta que por fin, luego de deambular y perderse un par de veces, lo encontró.

Ese retrato a lápiz, en gama de grises, contenía gran parte la tristeza que reflejaban esos ojos azules. Luka arrancó la página con cuidado y a Mónica le rechinaron los dientes. Ni que le estuviese arrancando el cabello, por favor, las mujeres eran tan sensibles con sus cosas.

Así que se levantó de un tirón, con la hoja de papel en la mano. La tal Mónica gimió al ver cómo se la llevaba y la ignoró por completo. Escapó a su estudio, donde nadie más entraba, especialmente esas dos. Su espacio sagrado, donde ellas no tenían potestad. Ese dibujo iba a ir derechito a donde se encontraban las demás fotos; la primera que le tomó aquella noche y las que obtuvo de Noel sobre su cama.

Sonriendo como no lo había hecho en días, tomó un montoncito de fotos y regresó a la sala.

—Las fotos para la galería son estas —anunció Luka dejándolas caer sobre la mesita de café.

—Ya las hemos seleccionado. —protestó Amy. —Ya están todas listas y mañana las vamos a llevar para que las enmarquen y…

—Son estas —insistió tumbándose sobre su silla. Necesitaba un cigarro; no, necesitaba tomarlas otra vez, gastarse los ojos de nuevo memorizando cada línea, cada tono, cada detalle.

—Nos hemos pasado horas seleccionando las malditas fotos para que cuadren con el tema de la exposición. —Amy se levantó de su silla, en pie de guerra—. Ahora se te ocurre cambiarlo todo para poner las fotos de… ¡Luka!

Sí, ahora estaba claro, pero claro, por supuesto. Amy cayó sentada sobre el sillón y tuvo suerte, porque por poco aterriza en el suelo.

—¡Maldita sea, Luka! Es un niño. ¿Qué edad tiene, trece?

Sí, ahora sí estaba completamente claro. Moni había intentado decírselo, insinuárselo, pero no quiso creerle. ¿En qué estaba pensando Luka? No, sin duda no estaba pensando con la cabeza si no con el p…

—No, no es tan joven y no me he acostado con él, como tú piensas.

—Tiene ojos bonitos —intervino Moni con suma calma.—. Mira Amy, ven, siéntate aquí conmigo. Ven.

—¿Es él? ¡Oh no, no no, no, no! Luka. ¡Es él quien te tiene así!

Por supuesto, claro que era él. Luka, el más quisquilloso, el galán que solo salía con modelos cotizadas, quien cambiaba de pareja como si se cambiara de pantalón. Ese mismo, rompe corazones, uno de los hombres más apuestos nombrado por una revista importante, ese mismo, andaba reciclando calzoncillos por culpa de un mocoso de trece años. Karma, ven a mí. 

—Amy estás delirando. Siéntate como tu novia te dijo y cierra el pico. Te repito, no me he acostado con él y tampoco tiene trece años. No seas asquerosa. ¿Cómo crees que me voy a acostar con alguien tan joven?

—Bueno, sí, hasta ahí tienes razón. ¿Por qué no nos dijiste? —Seguro porque estaba avergonzado de que andaba detrás de un mocoso con cara de tener edad escolar. Amy se acercó a Luka y lo abrazó con todas sus fuerzas—. Nos debiste decir desde el principio. En serio, que falta de confianza. Es que mira, yo te confío todo y tú…

—Amy.

—Tú nunca me cuentas nada, pedazo de animal. ¿Por qué no me contaste de él? ¿Dónde lo conociste y cómo? ¿Quién es? ¿Dónde vive? Necesitamos que firme un documento para usar las fotos en la galería y…

—¡Amy! Basta ya. Las fotos van y eso es todo lo que tienes que saber. Fue mi modelo, hubo consentimiento de su parte. Así que deja el tema ahí. Tenemos trabajo que hacer y una exposición que organizar.

Nunca en toda su vida, lo vio tan decidido en cambiar el tema y ponerse a trabajar. Luka se levantó de su sillón y anunció que se iba a dar un baño. Que ordenaran comida, les dijo, algo para tomar, nada vegetariano, y desapareció en el pasillo, ese apestoso.

—Sí, vete a bañar. ¡Pero pon música, Luka! —bromeó Amy y se rindió completamente.

—¿Pizza? —Moni le sonrió con el teléfono en la mano.

—Lo que sea, lo que tú quieras. No puedo creerlo. Luka me va a terminar matando. Tenemos trabajo por hacer, Moni. A empezar de nuevo, a cambiar la exposición, el tema, todo. Nuestro trabajo de noches se fue a la p…

—Pepperoni —interrumpió su novia—. Amy, no tenemos que cambiarlo todo, solo un poco. Y, ¿sabes algo? Va a quedar mejor. Luka va a estar contento y uno debe ser feliz con lo que hace.

—Bueno sí, pero no tiene derecho a pisotear nuestro trabajo.

—Sí, pero mira lo feliz que se puso. Además, ya averiguamos que era lo que lo tenía así, en ese estado. Eso es algo. ¿No?

—Sí, tienes razón por eso te quiero tanto. —No podía con Moni, ella lo era todo. La adoraba con toda su fuerza. Terminó lanzándosele encima y apretándola contra el sillón—. Siempre tienes buenas ideas y sabes cómo hacerme sentir mejor.

—Yo también te adoro. Ahora déjame pedir la comida antes que me comas tú a mí.

—Ya te lo dije, maravillosas ideas. ¡Luka! Pon la maldita radio a todo volumen, cochino. Hasta acá puedo escucharte…

Moni sólo se rio, pero ella hablaba en serio. Apretó más a su novia y si él se iba a poner a hacer ruidos extraños en el baño, el fuego se combate con fuego.

***

Lyon fue a liberarlo de su encierro. Supo que era él por el sonido que hacía su respiración. Abrió su jaula, enganchó la correa a su collar y le dio un tirón para que saliera.

Cuando le retiró la venda, Noel le dio las gracias en silencio. Sentía los ojos hinchados y llenos de legañas. Tenía la vista borrosa, pero poco a poco el panorama se esclareció. Mientras Lyon le quitaba los guantes, pudo notar que se encontraba en un espacio cerrado y oscuro. Su jaula estaba en un lado y una cámara en el techo vigilaba sus movimientos.

El demente de Tin Man no estaba presente y Lyon no era tan alto. Tuvo la audacia de pensar en escapar, pero desechó la idea enseguida. La otra mascota le dio un tirón a su collar para que caminara, pero Noel ya estaba cansado de seguirle el juego.

Intentó levantarse como un ser humano, pero Lyon adivinó sus intenciones y lo tomó de la nuca, aplastándolo contra el suelo. Noel gimió más de sorpresa que de dolor, pero no consiguió que lo soltara. Sólo lo hizo luego de apretarlo lo suficiente como para considerar aprendida la lección. Luego le dio un vil tirón a la cadena y tuvo que seguirlo.

Lyon lo llevó a un baño contiguo, impecable en sus cuatro costados, desde el piso hasta la tina llena de agua. Sin decirle una palabra, le soltó la cadena del cuello. Luego le retiró el collar, los grilletes y Noel ingresó a la bañera sin perder tiempo.

El agua tibia se sentía muy bien. Dolorido como estaba, Noel tenía que disfrutar la paz del momento, porque estaba seguro de que no iba a durar mucho.

La otra mascota se quedó a su lado, acuclillado y en el mismo silencio que empezaba a perturbarlo. Lo único que Noel podía oír era el agua moviéndose alrededor de su cuerpo y la respiración de ambos. Giró lentamente para darle una buena mirada a Lyon. No esperaba encontrar a un hombre de más o menos treinta años, de cabello rojizo y expresión severa.

Lyon lo miró a los ojos y Noel bajó los suyos, avergonzado. Los ojos de la otra mascota eran pequeños y del mismo color que los de Pat. Sí, quizá por eso el nombre, parecía un león. A la siguiente mirada, una más disimulada, notó que sus hombros eran amplios y estaba casi tan desnudo como él. El mismo collar ancho, grilletes y un pantalón corto ceñido a su cuerpo. Además, su piel estaba tan cubierta de marcas, como la suya, y el reverso de una mano manchada con cicatrices de quemaduras.

Al parecer, a Lyon no le cayó en gracia que lo estuviera observando de ese modo. Tomó un trapo, lo humedeció con jabón líquido, lo agarró del pelo y procedió a frotarlo como si su cuerpo fuera un plato sucio. Noel no necesitaba que lo bañara, podía solo. Intentó pelear contra Lyon, pero este giró hacia un lado y de quien sabe dónde, obtuvo unas esposas. Lo ató a uno de los asideros de la tina sin demasiado esfuerzo, a pesar de que se había defendido como pudo.

Continuó lavándole el pecho, el vientre, descendiendo por su ombligo, la pelvis, el sexo, las piernas. Cuando llegó a su espalda, se ensañó refregando con fuerza. El agua se enfriaba, jabonosa, y no terminaba de bañarlo. A la hora de lavarle el pelo, no se hizo problemas. Le sumergió completo para mojarlo y luego le refregó el cráneo como si quisiera abrirle surcos. Para enjuagarlo usó una manguera, pero salió agua fría.  Noel se contuvo, no protestó, pero estuvo tentado de usar su voz.

Tuvo suerte de no hacerlo, porque Tin Man apareció en el umbral de la puerta. Se dio cuenta de su presencia cuando Lyon lo dejó para arrodillarse en el suelo. De no haber estado atado a la tina, se habría arrojado a sus pies, sólo para estar seguro.

—Toto, veo que te portaste mal y Lyon te tuvo que atar —exclamó el amo acercándose a sus mascotas—. Eres un cachorro muy rebelde, voy a tener que castigarte.

Sus palabras hicieron que se contrajera dentro del agua jabonosa. Tin Man se quedó a supervisar el resto del baño, que no se prolongó mucho más.  Lyon sacó a Noel de la tina y encargó de secarlo, como a un perro.

—Necesitas un corte de cabello —apuntó el amo—. Causaste una buena impresión entre mis invitados, a pesar de verte tan desaliñado. Nan estuvo rogando por comprarte y Cordelia hizo un vergonzoso berrinche cuando me negué.

Noel solo bajó la cabeza sin querer saber del asunto. A esas alturas, regresar a su vida miserable al lado de Devan sonaba tentador. Fue cuando una idea osada se incrustó en su mente. Devan lo había vendido a Tin Man. El terror se apoderó del cachorro y empezó a temblar.

—Lyon, quiero jugar con mi mascota. Córtale el cabello y prepáralo para mí.

Ante la orden del amo, la otra mascota solo asintió y las argollas de su collar hicieron el único ruido que abandonaba su garganta. Tal vez era mudo. De todos modos, ninguno de los dos podía hablar, no frente al amo. Y al parecer tampoco a solas.

Noel no estaba seguro de qué vendría primero, si el corte de cabello o la preparación que había ordenado Tin Man. Lo iba a descubrir dentro de poco, porque Lyon le puso el collar y lo llevó a la habitación anterior. Lo dejó atado a una argolla de la pared y se fue.

Al verse solo y relativamente libre, Noel optó por estirar los músculos. Sentado como un ser humano, no como perro, todavía sentía los estragos de los golpes que le había dado Cordelia. Tenía sed y su plato estaba en el suelo, lleno de agua limpia. También tenía hambre, pero eso era secundario. Luka regresó a su mente y con él las voces que le hacían compañía. Estuvieron tan silenciosas, que casi las extrañaba.

Si Luka te viera así. ¿Qué diría?
Nada, seguro te manda a la perrera.
Luka no es así.
Desperdiciaste la oportunidad de irte con él. Da igual, no iba a durar. Se da cuenta que eres un perro sucio y te devuelve a la calle.
Estoy bien limpio.
Pero sigues siendo un perro. Además, ya no lo vas a volver a ver.
No digas eso.
Devan te vendió por fin. Ya no vas a volver a ver a Luka o al enano de Pat. Idiota. Ahora vas a vivir en tu perrera, lamiéndole los zapatos al amo y sirviéndole de felpudo.
¡No!
¿No te diste cuenta? Dijo que alguien más te quiso comprar. Además, no estás en un hotel, como las otras veces. Tu amo nunca va a buscarte, a donde Devan. Te vendió, lo hizo, Devan por fin lo hizo.

—¡No! ¡No quiero esto! —Noel se puso de pie y de un tirón desenganchó la cadena de la pared.

Corrió a la puerta; estaba cerrada. Por supuesto que lo estaba, pero se abrió enseguida. Lyon apareció tras esta, pero Noel lo derribó saltándole encima. Con la sorpresa a su favor, abandonó la habitación, pero al momento supo que no iba a ir lejos.

Lyon lo alcanzó y sujetó de los brazos, pero Noel estaba fuera de sí. Le clavó los dientes al pelirrojo, le dio de patadas, se retorció… porque su vida dependía de ello. Pero Lyon no se defendía, lo contenía tratando de doblegarlo sin hacerle daño. Quería regresarlo a la habitación, pero no lo iba a dejar. El cachorro lanzó la última dentellada y consiguió morderle el hombro con tanta fuerza que salpicó sangre.

El amo llegó a prisa, justo a tiempo para escucharlo gruñir como perro rabioso. Vio bien el mordisco que le había dado a la otra mascota e intervino de inmediato.

—¡Toto! Basta ya. Sentado.

Su voz hizo que soltara a Lyon y se detuviera por un segundo. Al siguiente, volvió a patalear con más ahínco. Entre Tin Man y la otra mascota pudieron controlarlo.

Lo regresaron a la habitación a empujones y una vez dentro, el cachorro corrió a su jaula sin necesidad que su amo lo mandara. Estaba bien consciente de lo que acababa de hacer, pero el imaginarse una vida en manos de ese loco era peor que morir de una vez. Tin Man se acercó. Estaba enojado, pero lo disimulaba muy bien. Lyon regresó al suelo; gateaba a su lado.

—Toto. Ven aquí, ahora.

El cachorro se arrastró fuera de la jaula, su única protección. A los pies de su amo, con la cara sobre sus zapatos oscuros, ambas manos en el suelo, el cuerpo contraído y penitente. Lyon le puso la cadena en el collar, los grilletes en los brazos y las piernas, uno a uno. Muy obediente lo dejó trabajar, aunque sabía que era tarde.

—Te has portado muy mal, Toto. —Tin Man le dio un puntapié y lo hizo girar sobre el suelo.

Noel se quedó mirando al techo, aterrado. Lyon continuó con sus ataduras, vinculándole las muñecas a los tobillos. Luego enganchó una cadena de su collar a los grilletes de sus manos.

—Los perros malos se van a la perrera y los que muerden pierden los dientes —anunció Tin Man acuclillándose a su lado y apretándole el rostro con tanta fuerza, que lo hizo gritar—. No vas a volver a usar tu voz. Si te vuelvo a escuchar… ¡Lyon!

La otra mascota dejó lo que estaba haciendo y se retiró su propio collar sin chistar. Ahora podía entender porque era significativamente más ancho que el suyo. La pieza de cuero cubría una cavidad en la garganta que dejaba ver el interior de esta.

—Los perros no hablan porque pierden la capacidad de hacerlo. Que no se te olvide, Toto.

Tin Man tomó un bozal y se lo colocó a la fuerza, con ayuda de su otra mascota. La pieza de cuero le cubría la mitad del rostro e incrustaba una bola de goma dentro de su boca. Noel entró en desesperación, sentía que se ahogaba y a nadie le importó.

Una vez estuvo listo, Tin Man lo arrastró por el suelo, como si se tratara de un costal de verduras. Lyon levantó una trampilla y al ver el agujero donde lo iban a meter, el cachorro entró en pánico.

—Una semana ahí adentro —sentenció el amo—. La próxima vez no voy a ser tan piadoso contigo, Toto.

Consiguieron meterlo a viva fuerza. De pronto, se dio cuenta de que le era imposible moverse o cambiar de posición. Batalló contra sus ataduras, intentando arrastrarse fuera de ese hueco, pero Lyon cerró la trampilla y lo último que vio fue el rostro de su amo, sonriendo divertido.

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3 thoughts on “Capitulo 14

  1. *Saca la metralla y se da gusto ametrallando a Tin Man* MUERE!! MUERE!! MUERE!! *ametralla a todos los invitados* y ustedes tambien, bolas de criminales! Se los voy a dar de comer a los leones, a ver si siguen siendo tan amitos y amitas. Vamos a ver si hay bolas y ovarios para tratar asi a los leones, carajo!

    Puta madre.

    Bueno, ya sabes lo que conversamos respecto a la manera en que Noel se refiere a Tin Man. Me gustaria mucho mas ver el miedo de verdad en el, que se sepa que toda esa mierda es abuso y nada que ver con BDSM. De hecho, NADIE de los que participo en la locura con Noel merece ser llamado Amo o Ama. Son todos unos dementes locos por igual, y tan culpables y complices como Tin Man.

    Me gusto el hecho de que Noel haya tenido voluntad de luchar. Me gustaria volver a ver algo asi, y que a fin pudiera salir triunfante. O al menos encontrar la libertad.

    Un besote mi mosha.

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  2. ha en verdad lo vendio!? ese hijo de puta de devan aigghhhhhhhhhhhhhhhhh me da mucha rabia pero me la aguanto en serio adoro tu trabajo gracias por tu obra sigue asi

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  3. Yo lo que ni he logrado entender es si jade es una mujer o hombre o como nació??? Aveces te refieres co si fuera hombre u otras tantas como si fuera mujer y yo ya me hice bola

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