Capítulo 12

 

El cabrón de su jefe se enojó con él por desaparecer un rato. Si supiera que estaba ayudando a su novio el puto a conseguir dinero, de repente lo dejaba en paz. ¡Carajo! Mira que enojarse porque se había demorado un poco y porque olía a licor. Solo había tomado un par de tragos, ese cabrón de su jefe exageraba.

Brill renegaba camino al bar donde había dejado al puto haciendo lo que mejor sabía. Tampoco se iba a quedar allí esperando que terminara de mamársela a toda la ciudad. Total, tenía trabajo por hacer y el hijoeputa de su jefe andaba jodiendo.

En la barra, Randy lo recibió con su misma cara de mierda.

—¡Jódete, Randy! Sólo vengo a recoger el paquete y me largo —le gritó al barman, quien le levantó el dedo como respuesta.

A ver. ¿En qué andaba la novia de su jefe? Lo había dejado hacía un par de horas. No, quizá tres. Seguro había hecho dinero para comprar un carro viejo. Antes de abrir la puerta del baño, esta se abrió sola y salió un sujeto subiéndose la cremallera.

Brill lo dejó pasar, y entró al espacio hediondo y húmedo que era el baño de ese bar. No tenía ventanas, apenas un respirador en el techo, que además hacía mucho ruido. Bueno, a lo que iba. Se desplazó sobre charcos de líquido de dudosa procedencia y ahí estaba el gatito, tosiendo de rodillas, dentro de uno de los cubículos del baño.

—¡Mierda! ¿Ya terminaste de toser o todavía tienes bolas de pelo en la garganta? —Brill se rio de su propio chiste. Miau Miau no le prestó atención y siguió tosiendo hasta quedarse sin aire— A la próxima diles que se afeiten allí, pues.

De nuevo su comentario le pareció hilarante. Al verlo, el gatito intentó ponerse de pie.

—Vine a ver si estabas entero. A veces los muchachos son algo rudos. —El gatito tenía un ojo morado y la ropa rasgada. Brill concluyó que el daño no era mucho, así que ya podían salir de esa cloaca—. Súbete los pantalones y lávate la cara. ¡Apestas, carajo!

Noel se desplazó con cierta dificultad por encima de los charcos y condones usados. Tenía la mente nublada, tanto como la vista. Encontró el lavadero y se agarró bien de la losa para no caerse. El grifo de agua apenas funcionaba, pero igual se enjuagó la boca lo mejor que pudo.

—¿Qué hora es? —le preguntó al taxista, mientras se secaba con las mangas.

—¿Tengo cara de reloj? Es hora de irnos. Rápido o te quedas aquí.

Salieron a prisa de ese lugar hediondo y se dirigieron hacia la barra. El barman los recibió con su usual expresión de desagrado. Luego les mostró un fajo de billetes que dividió en tres partes y la más escuálida se la dio a Noel.

Tal y como sospechaba, no era suficiente y tendría que volver a la calle a conseguir el resto. Desolado y exhausto, deseó tener más energía para apoderarse del montón de billetes y escapar a velocidad suicida.

***

Eran las nueve y algo. No llegaba a distinguir las manecillas del reloj. Los ojos le estaban fallando. La calle seguía igual de floja, las putas circulaban sin rumbo e incluso el Gallinero estaba presente. Era una mala combinación.

De pronto, sucedió. Una de las chicas de Müller y una del Gallinero se fueron a las manos. A rodar sobre el pavimento, mientras se arrancaban los cabellos y se daban de puñetazos. El bullicio que se armó involucró al resto de gallinas y las demás putas que se formaron alrededor de las rivales. Müller apareció en escena. Llegó a toda prisa envuelto en la chaqueta que Luka le había regalado. En un par de minutos puso orden en la acera. El Gallinero se retiró a lamer sus heridas y la chica de Müller, a esconderse de él. No solo había acabado la gresca, sino que los pocos clientes que no tenían se dispersaron bien pronto.

Perfecto, exactamente lo que necesitaban, pensó Noel, mientras se marchaba rumbo contrario. La calle se quedó vacía, solo con las putas apostadas en los muros como parte del grafiti.  Le dio un par de vueltas a la acera entera y terminó sentado en el suelo, agotado. No tenía mucho por hacer más que regresar con el rabo entre las piernas.

Pensó en Pat, en que le hubiese gustado verlo de nuevo, pero desechó la idea porque de pronto dolía recordarlo.

¿Y Luka? ¿Acaso dejas de pensar en él?, susurró la voz más tímida, pero no pudo continuar.

La angustia deshacía el sonido de las voces que solo él escuchaba. Luka, repitió como un sollozo. Era como una droga pensar en los momentos que había pasado con el fotógrafo, breves, pero a su pobre juicio, intensos. La noche en que se conocieron le había tomado todas esas fotografías que nunca había llegado a ver. La segunda vez, despertó en el sillón de su departamento. La tercera, pasó la noche en sus brazos y solo se dio cuenta cuando despertó.

Estaba convencido de que era un idiota por albergar esas memorias. Guárdalas para después, siseó la voz más tímida. Para cuando de verdad las necesites. Cuando Devan cumpla su amenaza de venderlo y no le quedara otro remedio que encerrarse en su propia mente para seguir vivo.

Luka era un buen recuerdo, uno de los pocos que tenía.  Su memoria era bastante frágil y temía olvidarse del fotógrafo por completo.

Resopló congelándose de frío y contó los pocos billetes arrugados que traía en el bolsillo. Luego se frotó las manos para calentarlas con su aliento. Con eso terminaba todo, era hora de rendirse. No servía de nada dilatar lo inevitable.

Ahí venía Müller en el auto con el que circulaba la calle como un tiburón.  Noel vio que se detenía y, al ver que lo llamaba, se encaramó en su ventana, para ver que quería.

—¿Dónde andabas? —le ladró en su tono usual.

—Estaba acá, te lo juro —respondió el cachorro a prisa.

—No mientas, te vi con el pendejo de Brill hace rato. Ya Devan me contó todo. ¿Quiere que hagas el e doble, ah? Ese hijoeputa se quiere deshacer de ti, puto. —Y rio largamente—. Lástima, yo te puedo sacar provecho todavía. Ya, a la mierda. Ponte a trabajar o si no ya vas a ver.

—Sí. —El tono cansado de su voz no pasó desapercibido.

—Sí, ¿qué? —rugió Müller.

—Sí señor. —Y Noel se dio la vuelta a toda prisa para escapar de él.

Lo último que necesitaba era meterse en problemas con Müller. Al alejarse, le gritó un par de groserías antes de pisar el acelerador. Noel regresó a su lugar en la calle, a pararse junto al muro como un perro callejero. Estaba agotado, hambriento y casi no podía respirar. El viento helado le quemaba el pecho al inhalar. Tosió hasta ahogarse de nuevo. Sonaba a animal enfermo.

Una pequeña conmoción se dejó escuchar una cuadra abajo. Por fin un cliente y todas las putas de los alrededores tenían que peleárselo. Noel ya se había rendido, tosiendo y sin aliento, no podía distinguir con claridad en medio la pobre luz. Escuchó el auto arrancar y un conjunto de voces protestando. Un grupito de putas pasó apurado.

Viene para acá. Ya era hora, clientes.

Noel levantó el rostro lo suficiente para darse cuenta de que tenía la vista nublada. El dolor de cabeza se manifestó enseguida.

El auto se detuvo y la horda se le fue encima, a frotarse sobre las ventanas.

—¡Ah! ¿A quién? Espérate, papi, yo te lo traigo —dijo una voz del montón que se arremolinaba sobre el coche estacionado—. No te vayas a ir.

De pronto sintió que alguien lo jalaba del brazo mientras que le escupía por la prisa con la que hablaba.

—Te busca a ti. Dile que le hacemos un dúo, precio especial. Dile, anda, te está esperando.

Noel se levantó de un salto y casi a ciegas, siguiendo la voz que lo guiaba comentando lo bello de ese hombre: qué hombre tan bello, mírale el coche, es precioso.

Alguien lo tomó del brazo y el tumulto se abrió para darle paso.

—Sube de una vez —ordenó la voz de Luka.

Era real y en medio de la vorágine de voces, fue la que más fuerte se dejó escuchar. Noel lo hizo a toda prisa. Apenas cerró la puerta, varios cuerpos se aplastaron sobre las ventanas. La expresión de Luka era la de un león al borde del rugido. El tumulto entendió, el ruido que hizo el motor les explicó que o se movían o perecían.

—¿Dónde andabas? Te estaba buscando desde hace rato —le reprochó Luka.

Noel se quedó pensando que se había vuelto invisible y ni cuenta se había dado. No le quiso responder porque sospechaba que el fotógrafo no quería una explicación, solo alejarse lo más rápido posible.

—¿A dónde vamos? —Tenía que preguntarle. No estaba seguro de que quisiera ir al hotel de la vez pasada.

—Un hotel, pero yo lo elijo cuál. Mi departamento está infestado de molestas pestes, se llaman Amy y Mónica. Mañana se descontamina. Por cierto, hueles mal. Quítate esa capucha, quiero verte la cara. —Giró ligeramente para verlo bien, a pesar de la penumbra del auto—. ¿Dónde está la chaqueta que te di? Eso que traes puesto no abriga.

—No me puedo quedar toda la noche. —Noel odió el tono de alarma que traía su voz.

Luka volteó a mirarlo con esa expresión tan suya de estar a punto de rugir y mandar al diablo al mismo tiempo. Enseguida se quitó la capucha, francamente aterrorizado y apretando con fuerza las mangas de su polera. La expresión que vio en los ojos disparejos del fotógrafo fue espeluznante.

—¿Quién te hizo eso en la cara? —Pudo sentir pura rabia traducida en las palabras de Luka.

—No es nada —le respondió titubeando.

—¿Nada? ¡Mírate al espejo! Dime que no es nada.

Hizo lo que le ordenó, a toda prisa. En el espejo del parasol se reflejó lo precario de su estado. El labio partido, una cicatriz empozándose a un lado de su boca, un ojo morado. Noel trató de esconder su rostro, furiosamente avergonzado.

No, ahora Luka no podía detenerse. Esa fue la última gota, la que no solo derramó, sino que hizo pedazos el vaso de cristal que contenía su paciencia. Explotó, porque simplemente estaba fuera de su razonamiento, a millas de su comprensión, que alguien pudiera hacerle eso a otra persona.

—¿Te viste bien? No puedo creer que alguien pueda disfrutar de todo eso. —Apenas hizo una pausa para tomar aire y dejó salir lo que guardaba dentro—. No imaginé que te gustaran esas cosas. Porque te gusta todo eso, no engañas a nadie.

El mocoso estaba asustado, se contrajo un poco más sobre su asiento y respiraba agitado.

—Te tuve que despegar de encima mío la última vez porque querías que te follara como a un animal. Sí, quédate callado, no digas nada, actúa de ese modo, como si no te importara.

Vio que Noel echaba los ojos a la ventana y se apretaba contra la puerta del auto. Parecía que estaba listo para saltar y por si acaso, no fuera que se le ocurriera hacer semejante idiotez, Luka le puso el seguro a las puertas. Con ello solo consiguió que saltara del miedo. Hasta murmuró algo que sonaba a lo siento.

Luka respiró hondo y encendió la radio para dejar de escupir bilis.

No, al paso que iban y si seguía manejando tan furioso, terminarían a un lado de la carretera con el auto volteado. Maldita sea. En definitiva, no se lo esperaba. No estaba en sus planes y eso, solo eso, bastaba para arruinarle el humor por semanas. No, error de cálculo, mal juicio, eso es lo que consigues por buscar en la calle, Luka. No debió involucrarse con ese mocoso, no debió ni siquiera darle cabida en su mente y mucho menos en sus fantasías. ¿Qué estaba pasando con él? Lo que sea que fuese, tenía que terminar.

No, no hasta que obtuviese lo que quería.

Luka estaba tan ocupado renegando que se pasó la salida de la carretera. Razón para maldecir unas quinientas veces más y no se las ahorró. El montón de huesos se hundió aún más en el asiento. Iba a terminar por desaparecer allí adentro. Contrólate Luka, y retomó el camino. Unos minutos extra, no importaban.

Por fin, el bendito hotel apareció a un lado del camino. Condujo alrededor del estacionamiento hasta que se detuvo justo frente a la puerta principal. Apagó el auto, suspiró profundamente y se bajó primero, sin dirigirle la mirada al mocoso petrificado en su sitio, asustado hasta de respirar. Rodó los ojos. Estaba empezando a desesperarse de nuevo.

Noel vio que Luka abandonaba el auto y le entró un miedo irracional. De repente lo iba a abandonar ahí, como a un perro del cual su dueño se aburre. La angustia lo carcomía y no podía pensar claramente. Para empeorar las cosas, las voces en su mente decidieron agitarse.

No seas idiota, ve tras él.
Está furioso, mira lo que hiciste, ya lo hiciste enojar.
Es que no puedes hacer nada bien.

Siguió a Luka fuera del auto, dispuesto a lo que viniera. Cuando vio que éste regresaba sobre sus pasos, gimió aterrado. Era lo que temía, lo iba a abandonar ahí y tendría que regresar por su cuenta.

¿Ves? Es lo que te mereces porque no sirves para nada.
El primer cliente que te trata bien y tú lo dejas ir.

No, Luka tan sólo se había olvidado algo adentro. El alma le regresó al cuerpo y siguió al fotógrafo por el estacionamiento, manteniéndose a dos pasos de distancia. Aún tenía miedo de que se arrepintiera de haberlo llevado hasta allí. Tal vez se diera la vuelta y regresaba a su auto o se metía al hotel y lo dejaba afuera.

Como un perro.
¿Qué esperabas? ¿Qué te dejen dormir en el suelo ahí adentro?
Eso es solo para los perros finos, no para los callejeros. 

Ese era uno de esos hoteles que se anuncian en las revistas, nada a lo que estaba acostumbrado. Luka siempre se las ingeniaba para dejarlo sin saber qué hacer. Lo acababa de llevar a un lugar demasiado elegante para alguien como él. Bastó darle una mirada al interior del vestíbulo para sentir más vergüenza de sí mismo, de su ropa llena de huecos, sus pantalones sucios y sus botines gastados.

Te van a echar a la calle a escobazos, vas a ver. 

Cierto, las voces en su mente tenían razón. Estaba tan sucio y se veía tan mal que lo más probable era que no lo dejaran ni cruzar la puerta. No era demasiado tarde, aún podían regresar al auto. Luka no quería coger con él, ¿o sí? Nunca sabía lo que iba a desear, pero sí que ya estaba furioso. El asco que sentía hacia él era evidente. Entonces ¿para qué lo había llevado hasta ese hotel? ¿Para humillarlo un poco más? ¿Para burlarse de él?

Una pareja apareció en la puerta principal, peleando entre ellos y con los bultos que arrastraban. Terminaron enredándose y trabando la entrada. Luka se adelantó para ayudarlos y de paso para sacarlos del camino. No tenía intenciones de quedarse ahí toda la noche, esperando que el par de zopencos se digne a sacar sus porquerías de la entrada, maldita sea.

Les sostuvo la puerta y hasta tuvo que aguantar a la mujer quejarse del marido en frente de él. Al final, la pareja le agradeció la ayuda y blablabla. No iba a quedarse a hacer buenas obras de niño explorador. Tenía asuntos que arreglar. Hablando de esos asuntos, el suyo se acababa de escabullir. Y en sus narices. No fue muy lejos, ahí estaba Noel, escondido entre los arbustos decorativos que rodeaban el edificio.

—¿Se puede saber qué te pasa ahora? —le preguntó al mocoso, sin una pizca de paciencia.

—No me van a dejar entrar —susurró como respuesta.

A Luka le pareció una suprema tontería y bufó descontento. Pensándolo un poco, quizá tenía razón, el mocoso parecía que acababa de arrastrarse fuera de una alcantarilla, al menos olía como si lo hubiese hecho. Además, el estado de su rostro no era lo más terrible de todo el panorama. Otro bufido y se quitó la chaqueta que traía puesta para envolver al saco de huesos y le dio tirón para que lo siguiera.

Cuando entraron al hotel, descubrieron que, para ser tan tarde, tenía una nutrida concurrencia. Las luces altas, brillantes y un tenue aroma a café se cernían en el ambiente tibio.

Noel ingresó tras él, con el rostro escondido en la capucha. No se quiso poner la casaca para no ensuciarla y Luka lo dejó tranquilo. Tan sólo le tomó un segundo perderlo de vista, porque al mirar sobre su hombro, ya no estaba.

No fue muy lejos, solo huyó a la esquina más lejana del vestíbulo, intentando camuflarse con la decoración. El resultado fue el contrario del que mocoso esperaba, estaba siendo más obvio y uno de los empleados del hotel iba en su búsqueda.

Luka se adelantó y el empleado se detuvo a pocos pasos del chico.

—Deja de jugar a las escondidas —gruñó y Noel no hizo más que asentir—. ¿Hay algún problema? ¿Pasa algo?

El tono de su voz no daba cabida a réplica. El empleado titubeó antes de apurar un «Nada, señor, solo chequeando, nada más. No sabía que venía con usted. Sólo eso».

Mala respuesta, Luka percibió en ella un sutil reproche. No, si el modo como miró a Noel lo dijo fuerte y claro. Sabía que venía de la calle y probablemente lo que hacía y dejaba de hacer. El empleado no insistió y se retiró, no sin antes lanzar la última mirada venenosa al chico, quien no se atrevía a levantar los ojos del suelo.

Luka chasqueó los labios, en rabia plena. Avanzó con Noel a sus espaldas y se plantó en la recepción a exigir una habitación. Esperaba alguna objeción, la más mínima, para armar un lío, pero no hubo ninguna. Le entregaron una sola llave y no lo notó hasta que estuvieron dentro del elevador. El mocoso murmuró algo acerca de usar las escaleras, pero Luka ignoró sus palabras porque no entendía a qué se refería.

Apenas entraron a la habitación, lo mandó a tomar una ducha y Noel pareció agradecido por tener la oportunidad de desaparecer un rato. Luka aprovechó para ordenar servicio al cuarto y dio un par de vueltas de fiera enjaulada. Aún seguía rabioso por el episodio en el auto y la reacción de ese empleado tampoco le había causado gracia alguna.

El ruido del agua cayendo lo hizo acercarse a la puerta. Noel tan a su alcance y él soñaba con ese momento a diario, cada vez que se encontraba bajo el grifo de la ducha. Claro, que en su imaginación todo era diferente. Sí, el montón de huesos lo miraba con esos ojos enormes rellenitos de deseo. Le sonreía y entraba al agua junto a él, para dejar que lo recorriera completo con sus manos. Su piel olorosa al mismo jabón que él usaba, su cuerpo húmedo invitándolo a que lo invadiera en ese mismo instante. El deseo ganaba terreno, incontrolable. Iba a entrar y levantarlo en peso, ponérselo alrededor de la cintura, acomodarlo sobre su sexo impaciente y hacerlo gemir como nadie lo había hecho antes. Una línea de sudor le resbaló por la frente. Y no era la única parte de su cuerpo que estaba goteando.

Resopló como un equino, con las mejillas ardiendo. Por lo menos podía hacer que lo tocara, sí, que aliviara su ansiedad usando su boca. Noel no se iba a negar. Si el mocoso se le ofrecía, no era su culpa.  Además, era un puto de la calle, no una niña de su casa. Por favor, con cuántos había estado antes, con cuántos no iba a estar. Eso era lo que Noel quería, era lo que le gustaba, que lo tirara a la cama y lo follara como a un animal en celo. Tampoco era tan joven, no tenía diez años, tenía casi la mayoría de edad y estaba tan cerca, tan a su alcance.

Luka no tenía paciencia y terminó irrumpiendo en el baño. La puerta estaba abierta y el mocoso desnudo frente al espejo.

No debió entrar, sino esperar que terminara de asearse y buenamente saliera por su cuenta. Luka se lo merecía, se quedó sin saber qué decir y lo invadieron las ganas de gritar de rabia.

Quería tomar a Noel de los hombros y sacudirlo hasta que le explicara por qué dejaba que lo trataran de ese modo. Su espalda parecía una pintura abstracta, un lienzo pálido cubierto de tonos azules y rojos. El chico lo vio a través del espejo y solo bajó la mirada. Se quedaron en ese estado por varios minutos hasta que por fin Luka encontró su voz.

—Vine a ver qué tanto hacías. —Los ojos fijos en cada uno de los moretones y huesos salidos—. Te demoras demasiado.

Noel aún de espaldas, murmuró una respuesta, pero no la oyó. Solo vio que movía los labios.

—¿Te vas a quedar ahí parado el resto de la noche?

—No me puedo quedar toda la noche. —Esta vez audible. Noel se dio vuelta y avanzó hacia él. La mirada baja, uno de sus ojos a media asta por la hinchazón.

—Te voy a pagar por toda la noche —replicó bastante fastidiado.

—Te he dicho que no puedo —interrumpió Noel y pasó a su lado.

—Pues eso no estaba en los planes. —Luka odió el tono de su voz, el temblor que contuvo, porque las palabras del mocoso acababan de dejarlo sin piso.

Noel se encogió de hombros. Por el frente estaba tan mal como por la espalda. Tenía manchas moradas en el pecho y alrededor del cuello. Luka sintió cómo una rabia intensa lo invadía. Ganas de destruir, de gritar. No, Luka, tú eres el adulto aquí, contrólate. No pierdas los papeles.

El mocoso se deslizó aún mojado hacia la habitación. No había terminado de secarse; el pelo aún goteaba. Luka lo notó y le puso una toalla en la cabeza. Procedió a frotársela como si secara a un perro. El chico tensó los músculos, lo cual sólo intensificó la rabia del fotógrafo. ¿Creía que le iba a hacer daño? Hasta ese momento lo había tratado con mucha decencia, le había dado de comer y pagado muy bien por su compañía. A pesar de ello, Noel actuaba como si tuviera un león en frente, listo para devorarlo.

—El león se quedaría con hambre. —Sí, Luka a veces pensaba en voz alta. El muchacho se sorprendió y pudo sentir como se volvía a tensar ante su comentario al aire—. Acaba de secarte el pelo.

Noel pareció agradecido de que lo soltase y regresara a donde podía verlo bien. Luka terminó por enojarse aún más. Estaba a punto de irse del cuarto. Ahora estaba actuando como un niño. Él era el adulto ahí, quien estaba frente a él era un mocoso raquítico y muy maltrecho. Intentaba comprender sus motivos, pero nada parecía ser razón suficiente para que se dejara maltratar de ese modo.

—Vas a cenar conmigo. Nada de pizza y comida chatarra. Pedí comida de verdad —anunció mientras se tumbaba frente al televisor encendido, sin prestarle interés a la pantalla.

De reojo vio cómo Noel se encogía aún más, parado en medio del corredor. Ese chico le tenía miedo, no confiaba en él lo suficiente para acercársele. Resopló otra vez y cambió de canal. Lucha libre, lo que sea; mucho ruido, lo que fuera. Golpeó el colchón con la palma y Noel entendió que debía acercarse. Lo hizo y se acomodó a su lado.

—¿Sabes qué para ser…para trabajar en esto que haces, eres bastante tímido?

El chico suspiró levemente y no se molestó en levantar los ojos del suelo.

—Si te vas a quedar callado…

—A mis clientes solo les interesa mi boca para otra cosa —le respondió con cierta amargura.

La pudo sentir, en cada letra que pronunció Noel.

—Si te vas a hacer el listo conmigo, por lo menos mírame a la cara. —Luka lo tomó de la barbilla y le levantó el rostro magullado.

—¿Qué quieres de mí? —sonó a súplica, Noel de verdad quería saberlo.

Buena pregunta, díselo Luka, las ganas que tienes de tumbarlo sobre el colchón. Dile que en lo único que piensas es tenerlo debajo de ti y escucharlo gemir tu nombre completo. Dile cuánto piensas en él cuando estás solito y tus manos tienen que aliviarte las ganas de subirlo encima tuyo y verlo moverse como si estuviese sobre un caballo.

—Quiero que me respondas con la verdad. ¿Puedes hacer eso por mí? —le contestó Luka finalmente.

Noel solo asintió y esa muda respuesta no era suficiente. No, no para su cuerpo, nunca lo sería hasta que pudiese darse el gusto de tomarlo como tanto ansiaba. Esas ganas que le entraban eran tan difíciles de controlar. Sus manos actuaron por sí solas. De pronto, le estaban acariciando los labios, rodeando su cuello, posándose en su nuca, asiéndolo y atrapándolo en un beso hambriento. Lo tomó por sorpresa, pero el chico no se resistió. Dejó que probara sus labios magullados, que los separara con la punta de la lengua e ingresara explorando el interior tibio. Noel dejó que lo besara largamente, su lengua experta jugueteando con la de Luka, masajeándola con la bolita de metal que tenía sobre ella, acariciándolo con los labios.

Luka no resistió las ganas de estrujarle los hombros, de orillarlo hasta que ambos cayeron sobre la cama. Continuó besándolo como si se fuese a terminar el mundo si se separaban. Noel lo rodeó con sus brazos magullados, le acariciaba el cabello, hundiendo sus dedos largos sobre su cráneo y lanzando cosquillas sobre su espinazo. Hizo que su cuerpo reaccionara a la velocidad de un cometa, en especial su miembro dolorosamente atrapado dentro de los pantalones, pugnando por salir.

Luka abandonó los labios de Noel y descendió por su cuello con apetito feroz. Acariciándolo primero con sus manos y recorriéndolo con la boca luego. Escuchaba su propia respiración desbocada, su corazón como tambor de guerra, oyó un gemido y no fue de placer. Lo estaba lastimando.

Luka, le estás haciendo daño.  No le va a importar que lo tires contra las paredes si quieres, no se va a quejar por más daño que le hagas. Luka, tú no eres como el resto.

Apretó los puños con una repentina rabia invadiéndolo de nuevo. Su cuerpo protestaba mientras su mente recobrando el control. ¿Qué estuve a punto de hacer? Es menor de edad, maldita sea. Se forzó a sí mismo a ponerse de pie, a mantenerse a prudente distancia. En momentos de flaqueza, lo mejor era huir.

—Voy por hielo —masculló a toda prisa y abandonó a Noel sobre la cama. Era en lo único que podía pensar, en algo frío para aliviar su calentura.

Luka no quiso voltear a verlo, porque sabía que, si lo hacía, no iba a poder controlarse. Iba a tener que saltarle encima y darle rienda suelta a sus deseos.

Atravesó la puerta sin mirar atrás, como si estuviese huyendo de un incendio. La máquina de hielo se encontraba en el piso de abajo. Eso le daba más tiempo para pensar y a sus pantalones a volver a su forma normal. ¡Qué torpe! Había olvidado el envase para el hielo en el cuarto. No iba a regresar, ni hablar. Necesitaba descongestionarse, respirar el aire viciado del pasillo y olvidarse de que tenía un adolescente desnudo sobre la cama, esperando en el cuarto de hotel que había alquilado a su nombre. Ya podía leer las páginas de los tabloides que Amy leía de cabo a rabo. El escándalo y su propia madre atorando su casilla de mensajes con amenazas de muerte.

¿Cómo me puedes hacer esto? Estás cavando mi tumba, London, y a dos manos. ¿Qué va a decir tu hermana cuándo se entere de esto? ¡Nos quieres ver arruinados socialmente! ¡Qué va a decir la gente!

Sí, algo así, y se pondría peor cuando su propia hermana se uniera al jolgorio. Si hubiera sido más joven lo habría hecho sólo para atormentar a su familia, además de almorzarse a Noel como el lobo de cualquier cuento infantil. Lástima que su época de rebeldía había quedado atrás y a pesar de que lo último que quería era sentar cabeza, ya no estaba para esos trotes. Iba a evitar el escándalo y mientras tanto llevaría el hielo dentro de sus pantalones, para asesinar su erección palpitante.

Regresó al elevador y, al abrirse, un empleado apareció con un carrito de comida y presionando el botón para cerrarle la puerta. Luka se metió dentro y le robó una cubeta para el hielo, esperando que protestara para descargarse en su contra. El empleado no dijo nada y Luka fue por el hielo, pensando en lo bien que olía la comida. Con el hambre que tenía…

—¡Mierda!

Ese empleado empujaba el carrito con la comida que él había pedido. Iba a ir al cuarto y Noel le iba a abrir la puerta, totalmente desnudo… Y el escándalo, Luka, se supone que tenías que evitarlo.

—¡Nah! —Paranoia pura, no había nada de qué preocuparse. Dudaba que el mocoso abriera la puerta. Lo más probable es que hubiese huido del cuarto.

Alcanzó al carrito en la puerta de la habitación y despachó al empleado. Al ingresar se encontró con el chico y su ropa hecha bola, ambos en el suelo.

—¿Qué haces ahí? —Resopló con fuerza—. Ya llegó la comida, ayúdame a meter esto.

Noel le dio una mano y entre ambos situaron la cena en medio del cuarto. Luka no lo dejó vestirse. Tenía razón, su ropa apestaba a tres tipos de inodoro. Dejó las prendas sobre el suelo del baño y se lavó las manos para sentarse a cenar.

Era la segunda vez que cenaba con él y en esta oportunidad improvisaron una mesa para dos. Luka se sentó en una silla y Noel sobre la cama. La comida aún humeaba y ambos estaban hambrientos. Luka destapó el primer plato y un generoso rollo de carne, puré de papas y una combinación de vegetales cocidos aparecieron frente a sus ojos. Se le hizo agua la boca y sus manos atraparon una cuchara para hundirla en esa masita cremosa que era el puré.

Luka destapó el otro plato y una hamburguesa con sus papas fritas se manifestó frente a ambos.

—¿Qué? Yo puedo comer chatarra, soy un adulto. Tú tienes que alimentarte mejor. Dale, empieza a comer, no me esperes —le dijo Luka.

Cuchara en mano, Noel no se hizo de rogar y empezó por el puré, le siguió el rollo de carne y los vegetales quedaron al último. Comida caliente, sabrosa, increíble al paladar. Sería su última cena, pensó mientras intentaba alejar todo lo malo en su vida. Incluso en momentos de plena felicidad, cuando se llenaba el estómago, tenía que aparecer Devan a arruinarlo todo.

—Otra vez estás pensando demasiado. —Luka dejó su hamburguesa mordida sobre el plato para destaparla y rellenarla de kétchup—. Te va salir humo de las orejas.

Noel negó con la cabeza, la cuchara metida en la boca, aun saboreando el rollo de carne.

—¿Me equivoco? Mientes con todos los dientes. Tienes algo en mente porque nunca te vi tan concentrado. —Luka acababa de pintarrajear su hamburguesa con tanta salsa de tomate que cuando la mordiera iba a explotar—. ¿Qué? Me gusta el kétchup. ¿Algún problema?

—No. Sólo pensaba que la comida está muy buena —le respondió Noel, pero se quedó atento a la siguiente mordida.

Iba a suceder y sería divertido.

—Come todo. Los vegetales también, no son adorno. —Luka se metió una papa frita en la boca—. Necesitas alimentarte mejor. ¿Desde cuándo no comes?

—Desde ayer, creo. —Noel se encogió de hombros, saboreando la cuchara—. El negocio está malo, no hay mucho trabajo. Si no trabajo, Devan no nos da de comer.

El fotógrafo se lo quedó mirando e hizo una pausa. Al parecer la respuesta no era la que esperaba y acababa de sorprenderlo.

—Toma, ponte esto. —Luka se levantó y envolvió un puñado de hielo dentro de una toalla—. ¿Quién te hizo eso en la cara?

—Fue un cliente —respondió colocándose la compresa fría sobre su ojo dolorido.

—¿Lo del cuello también? ¿Todos tus clientes te tratan así?

—Ese fue Devan. —Se metió otra cuchara llena de comida a la boca. No le estaba gustando el rumbo de esa conversación.

—¿Quién carajo es Devan? —Y Luka le dio una mordida rabiosa a su hamburguesa.

En efecto, del apretón que le dio con los dientes, la hamburguesa disparó su carga de tomate sobre toda la mesita y hasta resbaló sobre los dedos de Luka.

—¡Mierda! —masculló el fotógrafo con la cara embarrada.

Luka tuvo que levantarse e ir por papel para limpiarse el rostro y las manos. Noel se mantuvo en su sitio, los ojos fijos en la comida para que no viera la risa que le había provocado.

—Me decías —Luka volvió a la carga al sentarse de nuevo—. Me hablabas de ese tal Evan.

—Devan es… —No quería ni mencionarlo—. Vivo con él.

—¿Es tu guardián o es familiar tuyo?

—No, no somos familia. Solo tengo un hermano y se llama Patrick. Lo conocí hace poco. Devan no lo sabe.

—Entonces no vive contigo, ese tal Patrick.

—No. Sólo vivo con Devan y Jade. No somos familia.

Luka decidió hacer una pausa porque Noel dejó de comer. Dejó la cuchara sobre el plato y sus ojos azules no abandonaban la mesa. Otra vez, la misma mirada nerviosa que ya le conocía bien. Cuando creía que el chico por fin actuaba normal, regresaba a su estado de animal maltratado. El fotógrafo resopló intentando llenarse de paciencia, sacarla de donde no había.

—¿Cómo te enteraste de tu hermano? —Y suavizó el tono de su voz—. Mira. ¿No quieres una hermana también? Te puedes quedar con la mía, te la regalo.

Maldita sea, era una broma. El mocoso no entendió y se le quedó mirando pasmado, como si estuviera hablando en serio.

—Por si acaso, estaba bromeando. —No le iba a regalar a Felicia, aunque ganas no le faltaban—. Parece que tienes el sentido del humor de esa cuchara. En fin, háblame de tu hermano.

—Pat es mi hermano por parte de madre, pero a ella no la conocí.

—¿Cómo sabes qué es tu hermano?

—Pat dice que me parezco mucho a ella, aunque no sé ni cómo se llamaba.

—Espera, que me perdí. Tienes un hermano, que no vive contigo. ¿Cierto? ¿No vive con tu mamá? ¿Dónde es que está tu hermano?

—Él vive con alguien más.

—¿Y tú por qué no vas con él? No tendrías que hacer esto.

—Vivo con Devan.

—Sí y trabajas en la calle. Encima ese tal Devan te maltrata y no te da de comer.

—Necesito trabajar para comer. —Noel dejó la cuchara sobre el plato, visiblemente nervioso.

—¿En qué trabaja el tal Devan?

—Tiene sus negocios.

—¿En serio? ¿Y el dinero que haces, qué? ¿Se lo das a él?

Noel dejó de comer. Era más que evidente que no podía pasar otro bocado. Luka lo estaba acorralando y casi llegaba a donde lo quería tener, sólo un poco más.

—Tengo que pagar por el techo que me da. Él nos cuida, a Jade y a mí.

—Mira, mejor estarías en un albergue. No tendrías que trabajar de esto, para que ese miserable te explote como lo hace. ¿Por qué no…?

—Devan no me dejaría ir.

—¿Qué? ¿Acaso es tu dueño? No, no tienes que contestar. —Estaba a una pizca de perder la paciencia. Ya casi Luka, resiste un poco más—. Da igual, mejor quédate esta noche aquí y…

—No le he pedido permiso a Devan. —Agachó la cabeza, avergonzado.

—¿Qué tienes cinco años? Llámalo y dile que te vas a quedar aquí. Te voy a pagar por toda la noche para que se quede tranquilo ese explotador. Además, duermes un poco.

Así nadie más te va a poner una mano encima, díselo, Luka, lo furioso que te pone la idea de que alguien más lo toque, que alguien lo lastime de ese modo.

Luka tomó su teléfono del bolsillo del pantalón y se lo tendió. El mocoso se lo quedó mirando como si acabase de amenazarlo. Luka no era idiota, se estaba dando cuenta de por dónde iba la cosa.

—¿No quieres hablar con Devan? Lo haré yo entonces, dame el número.

—No. —La angustia se dibujó en el rostro magullado de Noel.

—Sabía que ibas a decir eso. ¿Ahora por qué no? ¿Devan sabe qué haces esto?

—Sí.

—¿Entonces cuál es el maldito problema? Dame el número y yo hablo con ese hijo de puta.

—Él nunca contesta el teléfono. Sólo recibe mensajes.

—Perfecto, porque tengo un mensaje para él. Te vas a quedar esta noche y no se diga más.

—No puedo, hay otro cliente esperándome. —Noel intentó sonar convincente. No resultó.

—Mira, se supone que me ibas a decir la verdad y me estás mintiendo en la cara. Ese tal Devan es tu chulo, ¿verdad? Nada que tu guardián ni que ocho cuartos. Me dijiste hace un rato que no hay clientes. ¿Entonces qué carajo? Si no te quieres quedar conmigo, entonces dilo.

Noel negó en silencio, sus manos apretadas en puños.

—¿Entonces qué mierda pasa contigo? ¡Dime de una vez!

—De acuerdo, pero con una condición. —Le respondió Noel, pero no se atrevía a mirarlo a la cara.

—¿Estás hablando en serio? —Luka evitó una sonrisa triunfal. Aún era pronto para cantar victoria. El mocoso le podía salir con otro remilgo o algo peor.

—Sí, Devan no se tiene que enterar. Mañana temprano regreso. Se va a enojar, pero ya se le pasará.

—De acuerdo. —Acababa de ganar, de salirse con su gusto, lo de siempre, lo usual. Era momento de sonreír. Muy bien Luka, buen trabajo—. Termina de comer.

—Ya terminé —anunció Noel dándole una mirada lastimera a su comida.

—No tienes por qué quedarte con hambre. Termina.

Noel tomó la cuchara entre sus dedos nudosos y cortó un pedacito del rollo de carne restante. De pronto actuaba como si lo hubiese condenado a suplicio.

—Otra vez estás pensando demasiado. Mira, si te quedas callado nunca me voy a enterar de qué te pasa por la cabeza. No te voy a hacer nada, así que habla de una vez.

—¿Podríamos ir a tu departamento? —respondió Noel bajando la mirada como si acabara de hacer algo malo.

Luka tuvo ganas de lanzarse encima y besarlo por días enteros. Algo de interesante había en ese miedo irracional a expresar sus pensamientos. Algo que a la vez le resultaba atractivo.

—Sabes que es una buena idea. —Solo tendría que desalojar a las invasoras, aunque para esa hora seguro se habían dado por vencidas—. Entonces, apenas te vistas nos vamos. Esa ropa que traes puesta se tiene que ir a la basura. Apenas lleguemos a mi departamento, te daré algo de mi ropa.

Noel asintió y dejó la comida a un lado. Obedeció de inmediato, se volvió a sentar en el suelo para ponerse la ropa. El mocoso era lo de lo más extraño. Ahora parecía perdido en sus pensamientos, a millas de distancia, con la mirada en el vacío y mordiéndose el labio inferior con maña. Iba a terminar abriéndoselo.

La sola idea de irse con Luka lo animaba tanto que pensar en Devan no lo asustaba. Las voces en su mente protestaban más y más fuerte, pero decidió no prestarles atención. Quería saborear la idea en paz. Irse al lado de Luka, a su departamento en el centro de la ciudad. Le dijo que le iba a dar ropa. ¿Acaso quería que se quedara con él?

Qué idioteces se te ocurren.

Podía trabajar para él, sí. Haría mucho dinero, todos los días iba a salir a trabajar y hacer dinero para Luka.

¿Sigues con eso?

Para pagar sus gastos. No comía mucho, una vez al día era suficiente. Además, podría dormir en el sillón, el suelo también estaba bien.

Nadie quiere a un perro callejero.

Iba a trabajar muy duro para que Luka no lo echara de su lado.

Se va a cansar de ti muy rápido, porque eres un inútil. No sirves más que para abrir las piernas y chupar un rato.

No, el fotógrafo era diferente, no le iba a pegar como Devan.

Imbécil, dale un tiempo y vas a ver. Es el único modo para hacerte entender.
Además, a ti te gusta, no engañas a nadie. Porque eres un perro sucio y callejero que no conoce nada mejor que eso.

—¿Qué tienes? —Luka lo sacudió del brazo un poco más fuerte—. ¿Estás bien? ¿Te pasa algo?

—Lo siento —se disculpó Noel automáticamente.

—¿Siempre te quedas así como en otra dimensión?

Noel negó, avergonzado de sí mismo. Esperaba que Luka no le exigiera una respuesta, porque no tenía una convincente. A veces sucedía, las voces en su mente eran tan intensas que cancelaban todos los otros sonidos.

Tuvo suerte, Luka parecía estar más apurado por irse que por esperar que le respondiera.  Fue siguiéndolo por el pasillo y en el camino le dio su chaqueta para que se abrigara al salir. Noel la aceptó, pero no se la puso. No la quería ensuciar con la ropa que traía puesta.

Ingresaron al elevador y estuvieron solos hasta unos segundos después. Una mujer ya entrada en años, envuelta en un abrigo acolchado que le daba la apariencia de mitón de cocina, se abrió paso en medio de ambos, pero evitó mirarlos de frente. No tardó en arrugar la nariz y el resto del rostro. Incluso resopló con un tono de desagrado que no pasó desapercibido por los demás presentes.

—¡Qué mal huele aquí! —fue un reproche que no pretendía disimular su malestar en lo más mínimo.

Frente a sus ojos se encontraba el culpable. Ese joven zarrapastroso tenía muy mala pinta. Seguro era delincuente. La cara medio oculta por la capucha, y encima estaba todo sucio y traía los zapatos inmundos. El otro, en cambio, era apuesto, bien arreglado y bien vestido. Ese se veía bien decente. Tenía que tener cuidado, apretó su cartera contra su cuerpo. Ese muchacho podía intentar algo.  Seguro era drogadicto. Sacudió ligeramente su rostro mientras cerraba los ojos; le era tan difícil respirar con tanto mal olor. ¡Qué barbaridad! Gente como esa en un lugar tan decente, ya no se podía estar segura en ningún lado. Ojalá que las cámaras estuvieran grabando todo esto, pensó, mientras buscaba su ubicación. Si es que intentaba algo, ese delincuente…

—¡Qué peste! —insistió abanicándose la nariz con la mano.

No, no iba a ocultar su malestar. Tal vez con eso podía intimidar al drogadicto. Con la cara oculta, seguro era un prófugo de la justicia. Tendría que llamar al servicio de emergencias, seguro acababa de escaparse de prisión. Iba a avisar al hotel para que llamaran a seguridad, pero tendría que hacerlo con cuidado. Ese muchacho era peligroso. El drogadicto se contrajo contra la pared. Se lo merecía por andar metido en la mala vida, iba a llamar a la policía apenas se bajara. Lo haría gritando para llamar la atención.

—¡Huele tan mal que no se puede ni respirar! ¡Detengan el elevador! —Sus palabras tuvieron el efecto deseado.

El delincuente no iba a intentar nada con el otro joven ahí. Ese otro seguro la defendería, si hasta acababa de darle un golpe al botón, para detener el elevador.

—Fui yo —intervino el apuesto con los labios torcidos en una sonrisa—. Comí demasiado.

Un silencio profundo se dejó oír dentro de ese elevador. Esa ausencia de sonido que precede a una hecatombe. La reacción de la mujer fue la de esperarse. Bufó ofendida, pero la expresión de Luka no le dejó campo para seguir desparramando quejas. Ella les regaló a ambos una mirada de sorpresa y furia incontenible, pero se retiró sin más apenas abrió el elevador. Un poco más y se avienta afuera.

La escucharon vociferar llamando a la policía apenas se cerró la puerta. Luka rodó los ojos y la remedó sin voz, hasta sacudió la cabeza como lo hizo ella. Noel estaba demasiado pasmado para reaccionar, pero aun así le arrancó una sonrisa. Sí, todo estaba saliendo mejor de lo que esperaba, ahora sí estaba de excelente humor.

En la recepción, le indicó a Noel que se fuera a sentar mientras se encargaba de cancelar el hotel. Acababa de verlo sonreír y ahora se sentía codicioso. Quería más, quería ver esa boca que tanto ansiaba riendo a carcajadas. No iba a dejar que nada le malograra la velada. Ni siquiera la expresión de terror que le puso el mocoso, antes de verlo desplazarse por el vestíbulo.

Como era de esperarse, se fue a refugiar al rincón más apartado. Las paredes de vidrio daban hacia el estacionamiento y se quedó de pie, en lugar de sentarse como le había indicado. Luka se paró detrás de un par de chicas que esperaban que las atendieran. Las vio cuchichear entre ellas y luego reír como tontas. Una de ellas se giró para mirarlo, menos disimulada que la otra, y otra vez las risitas, como zumbido de abejorro. Las vio rebuscar entre las incontables maletas que traía cada una, hasta que de la cartera que tenía una al hombro, sacó un cuadernito. Lapicero, le murmuró la otra y otra vez la búsqueda infructuosa. Luka rodó los ojos de nuevo y hasta resopló aburrido. Los abejorros frente a él por fin encontraron el lapicero y ahora iban a zumbar para decidir cuál de las dos le pedía el autógrafo.

Estaban de suerte y Luka de buen humor. Las dejó debatir un rato, mientras le dirigían miraditas disimuladas y seguían zumbando. Hasta que por fin una de ellas, la más bajita y de gafas como las de Amy, reunió valor y colorada se dio la vuelta para encararlo.

—Hola. —Y risitas de las dos—. Mi amiga y yo… Hola…

De nuevo rieron nerviosas. Estaban agotando su inexistente paciencia.

—Dile —más risitas y una empujó a la otra—. Dile, un autógrafo por favor. Una fotito también.

 Luka, no seas malo. Intentó lucir amable y falló totalmente, porque con la mueca que hizo, ambas retrocedieron un paso. Intentó remendar su error y trató de sonreír. Dio resultado, de nuevo a zumbar los dos abejorros, lapicero en mano y el teléfono en la otra. No les vayas a decir que no les vas a autografiar las tetas, Luka. Sé bueno, que son chiquillas. 

Ellas le tendieron una libretita rosada y perfumada. Luka ni les preguntó su nombre, solo firmó el propio y dio el asunto por terminado. Un abejorro contento, el otro más osado, disparó una foto con la cámara de su teléfono. Luka, te persigue la chiquillada, estas son contemporáneas del saco de huesos. De nuevo, las risas de ambas. Acababan de tomarse una foto de ellas mismas, tomándole una foto a él.

—Chicas, ¿me pueden hacer un favor bien grande? —les dijo a los abejorros.

Perdió una oportunidad de oro. Por cómo lo miraron, Luka estaba convencido de que hubiesen hecho lo que a él le diera la gana. Ellas solo asintieron como hipnotizadas.

—Traigo algo de prisa. —Ahora era su turno de sonreírles. Los dientes perlados, todos afuera, sus ojos disparejos mirándolas con intensidad, el tono de su voz especialmente seleccionado para hacer que se les resbalaran las bragas.

Ellas asintieron como un par de robots, al unísono, con los ojos brillantes, las mejillas encendidas.

—¿Creen que podría pasar antes que ustedes?

Ellas dos no tuvieron que ni responder. En silencio, levantaron sus cachivaches y se hicieron a un lado con la rapidez que nunca antes creyeron tener. De nuevo las risitas y cuchicheos. Luka les agradeció con un gesto de cabeza y apenas pasó delante de ellas rodó tanto los ojos que casi se le voltean.  Por fin, la pareja que estaba acaparando el personal en la recepción se largaba de una buena vez. ¿Acaso todos tenemos su tiempo?

Volteó a ver al montón de huesos. Estaba donde lo había dejado, mirando hacia la calle. No podía esperar más. Apenas acabara con el trámite, iba a llevarse al chico a su apartamento, desvestirlo y ponerle su propia ropa. Carajo, Luka, concéntrate. Iba a dormir con él, literalmente. A su lado, tenerlo para sí mismo, para él solito, el resto de la noche. Luego, cuando se fuera por la mañana, quedaría ese vacío imposible de llenar. Hasta que otra vez, Amy y Mónica se pusieran a atormentarlo con preguntas acerca de esa personita especial que te tiene babeando, Luka, ya dinos quién es…, y no pudiera más.

Tomaría las llaves, les diría que iría por algo para cenar y desaparecería rumbo a la misma calle donde vio a Noel por primera vez.

Empezar todo el ciclo de nuevo. De pronto, se hacía cansino.

Por fin su maldito turno, carajo, se demoran dos eternidades. De inmediato, le explicó a la mujer tras el escritorio que quería registrar su salida. Ella estuvo a punto de retrasarlo con preguntas, pero luego de una de sus patentadas sonrisas amenazantes, entendió que mejor se apuraba. Le lanzó una mirada a la pared de vidrio. El saco de huesos, no, Noel seguía donde lo había dejado. Los ojos perdidos en la calle, seguro mirando al vacío de nuevo. Lo que sea, pensó, ya falta poco. Mi departamento, la cama y esta mujer que no se apura.

A pesar de la hora que era, la concurrencia no disminuía. Apenas bajaron al vestíbulo, entró una comitiva seguida de montones de maletas. Congestionaron la entrada y el espacio entero con el bullicio que armaban arrastrando sus bultos. Luka notó lo incómodo que se sentía Noel entre tanta gente y lo mandó a sentarse mientras él hacía un par de trámites. No perdió el tiempo y corrió a su refugio de más temprano, ese espacio menos iluminado tras una columna y los ventanales que daban a la calle.

Desde donde estaba, Noel podía ver bien el auto de Luka estacionado afuera, a pocos pasos de la puerta, brilloso, nuevito, bajo la luz del poste. De pronto, se dio cuenta y sintió que las rodillas se le doblaban. Casi si se tuvo que sujetar de la columna a su lado para no caerse, porque desde su lugar tras los ventanales, podía ver bien que apoyado sobre el coche se encontraba Müller.

Pánico fue lo que lo invadió y giró aterrado en busca de Luka. Estaba ocupado conversando con un par de muchachas. No, no se dio cuenta de lo asustado que estaba. Era Müller, era él en toda su gloria, fumando bien envuelto en la chaqueta que era del fotógrafo, recostado sobre su auto, como si fuera poco.

¿Qué? ¿Pensaste que te iba a ser fácil escaparte de Devan? Si serás idiota.

La voz más dura sonó tan convincente que la voz más tímida susurró lo mismo. Noel le dio un buen mordisco a su labio inferior, giró de nuevo y Luka aún estaba distraído, tomándose fotos con las chicas esas. No, no estaba mirando. Otra salida, tenía que encontrar otro lado por donde huir.

No seas imbécil, sólo empeoras las cosas.

No, Luka no debía saberlo. Que Müller estaba ahí, afuera.

Nadie debe saber de él, que existe, les dijo a las voces en su mente y ambas callaron. Luka es mi secreto, es algo solo mío y nadie más lo puede tocar. Si Devan se entera…

Noel volvió a girar. Ahora Luka estaba enfrascado con la recepcionista. Tuvo ganas de correr hacia él y abrazarlo con todas sus fuerzas. Aún tenía su chaqueta en la mano y la apretó para aspirar el perfume de su cuerpo, impregnado en las suaves fibras. Un sobre como los anteriores cayó de uno de los bolsillos internos. Lo tomó del suelo; le temblaban las manos, las piernas. No, no quería regresar a la vida que le esperaba, pero no tenía otra opción. Dejó la chaqueta sobre el silloncito que tenía a sus espaldas.

Luka no estaba mirando, muy ocupado con la mujer de la recepción. La comitiva haciendo laberinto porque se les había quedado algo en el auto. La oportunidad para escapar corriendo se presentó y no lo pensó dos veces. Atravesó la puerta, derechito a la boca del lobo.

Hizo un esfuerzo enorme por no voltear mientras avanzaba hacia Müller. Si Luka lo veía, no quería imaginarse que iba a pensar de él. Reunió el valor que no tenía y se acercó a Müller, quien hacía aros y esparcía la ceniza sobre el auto del fotógrafo.

—¡Ya era hora! ¿Ya terminó la princesa de follar con el príncipe del cuento? —Y una carcajada ronca que se convirtió en una tos ahogada acompañó el comentario de Müller.

Noel bajó la cabeza y apenas estuvo a su alcance, el socio de Devan lo tomó de un brazo y de un tirón lo estrelló contra el auto.

—¡Te he dicho que de tu zona no te salgas, cabrón! —Lo tomó de la muñeca y se la torció sobre la espalda solo para reafirmar su punto—. ¡Debería partirte el culo a patadas por desobedecerme! Me gusta cómo suenan tus huesos cuando se rompen.

Noel gimió más alto de lo que quiso, apretado contra el chasis del auto y con Müller encima, frotándose contra su cuerpo y mordisqueándole la nuca.

—Hueles a mierda, pero el pelo te huele bien. —Müller le dio una sonora aspirada a las hebras castañas húmedas—. ¡Estos riquillos, carajo! ¿Te bañó bien para sacarte las pulgas? ¿Te hizo que te lavaras bien por todos lados?

Le pasó la nariz larga y aguda por el cuello, recogiendo el olor del jabón de sobre su piel.  Otra aspirada escandalosa y le ajustó más el brazo a Noel.

—Todavía no te la he metido para que te pongas a chillar como perrita. —Una carcajada ahogada y por fin le soltó la muñeca—. ¡Ya sube, hijoeputa! Me la pusiste dura, carajo.

El cachorro obedeció de inmediato. Apenas estuvo dentro, le faltaron ojos para mirar por la ventana de atrás del auto. No, Luka no lo había visto aún, no se había dado cuenta. Date prisa Müller, por favor, arranca el auto rápido. Su propia voz acallaba a las otras dos entrometidas. Por favor, vámonos de una vez.

Müller encendió el auto y Noel intentó con todas sus fuerzas reprimir las ganas de lanzarse a la calle, rodar por el suelo y correr hacia Luka. No, tenía que ser menos obvio. Tomó el dinero del sobre escondido entre su ropa y lo apretó con fuerza.

Por fin, el auto arrancó, las llantas rechinaron y Noel sintió que le faltaba el aire. Apenas se alejaban y tenía la urgencia de lanzarse por la ventana. Luka estaba en el estacionamiento, alcanzó a verlo por uno de los espejos. Noel apretó los puños de su polera inmunda y se mordió el labio para no gritar.

—¿Qué estás esperando? —bramó Müller e hizo que saltara sobre su asiento—. ¡Empieza a chupármela cabrón! Mira cómo me la pusiste.

No, no, no, no, no.
No seas idiota. Va a ser peor si te niegas.
Tienes que hacerlo, es tu trabajo.
Es Müller, imbécil, nos va a ir peor. Haz lo que te dice idiota. Rápido.
No.
No lo hagas esperar, se va a enojar, Müller se va a enojar, se va a enojar.
Imbécil, para lo único que eres bueno es para abrir las piernas y mamar. La voz de Devan se colaba entre las otras dos. Así que hazlo.

—No.

—¿Qué carajo acabas de decir? —Müller era bien capaz de detener el auto a un lado del camino y darle la paliza de su vida por menos que eso.

—No. —Lo repitió un poco más alto y despacito, para que escuchara bien—. Y vete a la mierda.

Las voces de su mente se quedaron en silencio. Habían huido de su cabeza a quién sabe dónde. Lo abandonaron a su suerte. El cachorro cerró los ojos. El auto se detuvo a un lado del camino. Müller lanzó una carcajada. Noel respiraba agitado, la puerta de su lado se abrió y la verdad de las cosas…, era que ya no le interesaba seguir respirando.

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4 thoughts on “Capítulo 12

  1. NOOOO!!!! NOOOO!!!! NOOO JODER, NO!!!!

    Verga pana, me la tenias EXCELENTE con Luka, ya estaba sacando los pompones y me iba a poner a gritar “LUKA, LUKA, LUKA, LUKA, RAH RAH RAH!!!”, pero el grandisimo coño de la madre!!!! Noel, IMBECIL, porque no te aferraste a Luka!! Fuiste como el propio maricon hacia el pendejo de Muller!!!! *alista la metralla y le dispara a Muller* MUERE, MUERE, MUERE HIJO DE PUTA!!!

    Ay por la puta madre, que siempre termino alterada cada vez que te leo! Vas a pagarme los sedantes y la terapia, al paso que vamos!

    Un besote mi niña!

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  2. hay no se cada ves que leo tu obra siento que me va dar un infarto en cualquier momento por la emocion enserio hay nose que que decirte eres una maestra linda me gusta mucho tu historia gracias por compartila

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